Llego el día, pase contando día tras día hasta esta fecha, la que según ellos sería mi último almanaque.

Aún recuerdo a ese juez, sentado allí, frente mío con todo el poder de su mazo diciendo que mi crimen seria pagado con la misma moneda… pena de muerte por homicidio culposo.

Morir siempre fue parte de la vida, un ser que nace algún día debe morir, pero saber exactamente la fecha y hora del último suspiro que sentiría en mi vida, no ha sido más que una tortura permanente para mi desde ese día hace casi diez años, cada tic del reloj era más doloroso que una puñalada, cada tac era sentir el tiempo perdido en una celda, cada minuto era extrañar más la que una vez fue mi familia y cada día era un paso sin vuelta atrás.

Me despertaron del sueño para vivir la pesadilla, no alcance a abrir los ojos que sentí el frio alrededor de mis muñecas y luego la presión de no sentir la libertad, una simple orden y me levante de la dura cama que me soporto por diez largos años y el agudo ruido de mi celda cerrando con fuerza seguido de los que serían mis últimos pasos junto con la despedida entre burlas y quizás, porque no, algún sincero sentimiento de tristeza de los que me decían eran mis compañeros.

Cada paso que daba por ese largo pasillo que llevaba a la habitación donde solo reposaba una silla era como sentir las palmadas en la espalda de aquellos que una vez se preocuparon por mí, era extraño, sentía que tenía mucho más en mí, que aun tenía esperanzas para mi vida, pero mi mente me decía que me merecía lo que pasaría, eso en cierto modo me daba una calma que muchos en mi lugar no sentirían jamás.aso

Sentarme allí no fue más que firmar mi contrato con la muerte y esperar mis últimos segundos en una calma casi inhumana, sintiendo el miedo a la muerte constante pero a su vez la mirada del joven cuya vida termine sobre mi como si el disfrutara de este momento, me merecía esto, por eso lo aceptaba, pero no podía dejar de sentir miedo…

Mis ojos observaban inquietos el lugar mientras el cura pagado pedía al Señor por mi alma pecadora y que mi castigo fuese leve, pero mi atención encontró en foco a una mujer casi anciana junto con un muchacho de unos 21 años a su lado que cargaba un bebe dormido en sus brazos…

Parecia ser mentira, parecía que estaba teniendo una pesadilla, pero no, eran ellos, mi esposa, hijo y al parecer nieto quienes habían venido aquí a ver mi último aliento, la sola mirada de ellos, no había pena, ni culpa, ni vergüenza en sus ojos, al contrario, parecían verme con ojos de perdón, fue lo último que vi antes de que pusieran esa capucha negra sobre mi cabeza y cegaran mi vista, parecía como si aquí me hubieran perdonado…

Solo pude sonreír, decir gracias una última vez y en pocos segundos sentí como algo recorría todo mi cuerpo, luego no sentí nada, no vi ni oí nada, solo era obscuridad, ya había partido.