Decisión

La cena término, la charla finalizó y la velada dio fin, la familia Kagamine se despidió de cada integrante de la casa y fueron a la de ellos sin antes de que ambos enamorados se despidieran con un tierno beso y un "te amo"; Mikuo se encontraba frente a su padre, ninguno se dirigía la palabra mientras ambas mujeres de la casa llevaban los platos a la cocina. Finalmente el mayor abrió los labios tensando al primogénito.

–Mikuo, no volverás a Estados Unidos –sentenció su papá, con su semblante serio, inflexible, aquellas palabras generaron desconcierto en el menor, las palabras rebotaban en su cabeza como si se tratara de eco, miró a su padre quien claramente no bromeaba, apretó los puños molesto.

–¡¿Qué!? ¡Claro que sí! –Gruño enojado, desesperado golpeo la mesa con sus palmas mientras se levantaba del asiento. ¿Cómo que no volvería? La sangre comenzó a irse a su cabeza, sentía la cara caliente, sus pensamientos calientes de esos que te nublan la vista y cordura.

–Lo que has escuchado, no volverás allá, y te prohíbo ver a esa chica nuevamente.

Esa fue la gota que rebalso el vaso, el primogénito comenzó a reír mientras se una de sus manos posaba en su rostro, se sentó de golpe mientras lágrimas recorrían su rostro, no podía creerlo, como es que su padre podía hacerle esto, después de que demostró cuanto la amaba. Un golpe bajo.

–Mi-Mikuo –se acercó su hermana asustada por su estado, le coloco una mano en el hombro y este se lanzó para abrazarla. No comprendía nada, todo está bien y al segundo todo iba mal, abrazo a su hermano para calmarlo pero este solo se limitaba a llorar en su hombro. Levanto la vista y ahí estaba su madre quien como siempre no decía nada, miró a su padre el cual solo los miraba como si fueran la peor calaña, apretó los dientes, temía saber que era lo que pasaba – ¿Qué le dijiste? –Pregunto desafiante, aquél hombre simplemente sonrío burlescamente.

–Solo le comente que no volvería a Estados Unidos y que se despidiera de su pequeña novia, esa familia es de la peor calaña, y no permitiré que ustedes se junten con ellos y mucho menos de que se unan para "toda la vida" –respondió serio, impactando a todos con esa revelación, su propia esposa estaba en shock sin poder creerlo.

–Eres un desgraciado, ¿Crees que puedes venir y decidir por nosotros? –Pregunto alterada la menor llena de rabia –tú nos darás el apoyo económico pero jamás nos criaste, siempre excusándote de tus reuniones laborales, de que eso y aquello, y ahora cuando no te pedimos nada crees que puedes venir y mandarnos como si fuéramos tus trabajadores –comenzó a lagrimear –¡Pues no! ¡Tú no eres nadie para mandarnos!

–Entonces fuera de mi casa –finalizó el patriarca de la casa, dejándolos más atónitos aún.

–Miku tú quédate, el problema es contra mí –se alejó de su hermana con los ojos rojos –No tienes porqué dejar la casa…

– ¡Claro que no! –Le interrumpió –nos vamos ambos de acá, ahora mismo –tomo la mano de su hermano y lo guío a los cuartos –guarda tus cosas en una maleta, junta todo el dinero que tengas, nos vamos a un hotel o algo por el estilo, no te dejaré solo –lo dejo en su cuarto mientras camina al de ella, entro y busco sus maletas, guardo su ropa, el uniforme, cuadernos y útiles de aseo, su notebook, zapatos, todo lo necesario, busco su billetera junto con las tarjetas y lo guardo en la mochila de clases, se cambió el vestido por unos jean ajustados negros, zapatillas, blusa, polerón y una abrigo azul oscuro, se miró al espejo, tomo un algodón y crema quitándose el maquillaje corrido, tomo sus maletas y camino donde su hermano quien estaba sentado al borde de la cama con las cosas guardadas, saco su celular y pidió un taxi – ¡Hey! –El joven levanto la vista –no pasará nada –trato de calmarlo, dejo sus cosas en la entrada y camino hacia él.

–Me siento el peor novio, hijo y ahora hermano mayor del mundo, estoy haciendo que te vayas de casa porque tuve problemas con nuestro padre… yo debería protegerte y no tú a mi…

–Eso no importa –lo interrumpió –lo importante es que estemos juntos Mikuo –lo abrazo.

En la puerta del cuarto estaba su madre, pálida como un fantasma, camino hacia ellos en silencio, ambos hermanos giraron para verla, tenía los ojos rojos y vidriosos, les entrego una billetera, suspiro tratando de calmar la tormenta dentro de ella y comenzó a hablar.

–Sé que estarán bien, cada vez que pueda yo les depositare dinero sin que su padre se entere, cuídense por favor –los abrazo a ambos –son lo único importante en mi vida, si me he quedado callada es para poder ayudarles económicamente. Los amo, si necesitan ayuda vayan donde los Kagamine, sé que les darán una mano pero por favor no se separen, Mikuo tú deberás buscar la manera de poder solucionar lo que se aproxime, y tú –miro a la menor –no dejes de estudiar –le ordeno con el ceño fruncido –los amo –les dio un beso en la corona a cada uno y salió del cuarto casi corriendo.

–Vamos, el taxi esta abajo –se levantó de la cama seguida por mi hermano y ambos bajaron con sus maletas, el lugar estaba en silencio así que se apresuraron a salir a toda velocidad, arriba del taxi el mayor dio una dirección a lo cual el chofer asintió y los llevó.

Era un hotel ni muy llamativo pero tan poco se veía mal, la fachada era de piedra, ambos se apresuraron a entrar ya era bastante tarde, caminaron a la recepción en donde los atendió una mujer con cara de pocos amigos, decidieron dar el nombre del mayor y les entregaron una llave. Cruzaron una mirada y subieron al ascensor. Finalmente llegaron al cuarto, el cual tenía dos camas individuales, un televisor frente a ellas, un baño, una pequeña sala y una mesa pequeña donde podrían sentarse a comer, cobertores verdes, paredes celeste cielo. Rápidamente se asearon y durmieron.

Era un nuevo día y los hermanos Hatsune no sabían que hacer, se encontraban en el restaurante del hotel desayunando, antes de que su padre les pudiera cancelar las tarjetas adicionales de él les sacaron dinero para poder pagar el hotel sin gastar sus ahorros, se sentían por un lado tranquilos al saber que podrían estar más tiempo ahí sin problemas, ya era medio día cuando decidieron salir a dar una vuelta, después de todo nadie lo estaría esperando. Pasaron por el centro y el parque tratando de pasar el tiempo. Mikuo saco su celular, Rin lo estaba llamando, suspiro y negó con la cabeza, si algo no quería hacer era alarmar a la rubia, Miku al verlo le quito el celular y contesto.

–¡Oh Rin! Sí, no… está bien, sí solo ocupado, claro yo le digo, no te preocupes –respondía dejando a un Mikuo con muchas dudas –claro, ¿Te parece si nos juntamos todos en el hotel central? Dicen que la pastelería es riquísima. Muy bien nos vemos a esa hora, adiós –colgó y miro a su hermano quien tenía cara de cachorro –nos juntaremos con los chicos a las seis… parece que quieren decirnos algo.

–Espero que sea algo positivo –hablo agobiado.

La tarde llego y los chicos decidieron volver al restaurante del hotel donde esperarían a los gemelos, el lugar estaba algo lleno pero aun así encontraron una mesa, Mikuo vestía con unos jean azules y zapatos, una camisa abierta negra, debajo una camiseta azul, sus ojos demostraban cansancio mientras que Miku traía un short de mezclilla, zapatillas blancas, una polera larga de color rosa pálido, su cabello hasta los hombros con pequeñas trenzas, ninguno tenían los mejores semblantes, la menor veía la carta buscando algo que pedir mientras el mayor pensaba.

–Len, ahí están –susurro la mayor a su gemelo viendo a los agua marina sentados casi al fondo del lugar, caminaron tranquilos, pero a medida que se acercaban podían ver los rostros, comenzaron casi a correr entre las mesas, llego y abrazo a su novio quien se tardó en reaccionar –¿Por qué esas caras? ¿Qué sucedió?

–Rin, cálmate –le rogó su gemelo sentándose al lado de Miku quien solo le sonrió al bajar la carta.

–Hola Len, Rin –saludo la menor tratando de esbozar una sonrisa decente, pero a los segundos se resignó – ¿Qué querías decirnos Rin?

–Hola Miku-chii –saludo el menor mientras veía la carta – ¿Ya sabes que pedir? –la chica solo negó –pues elijamos –abrió el cuaderno para ambos.

–Rin… –nombro el chico, ella solo se sentó a su lado, suspiro y volvió a respirar hondo –no volveré a Estado Unidos… no por ahora –habló el chico, su novia se tensó, desvió su vista a la carta la cual apretaba con fuerza –mi padre no me apoyara más, no nos apoyara –finalizó sorprendiendo a ambos jóvenes.

–¿Qué desean pedir? –Interrumpió un joven con el traje de garzón.

–Yo quiero un chocolate caliente y un pie de limón –hablo Len.

–Que sean dos más un sándwich de ave mayo –agrego Miku, ahora solo faltaban los mayores.

–Y-yo quiero un… café cargada con unas tostadas –pidió el mayor.

–Quiero un café cortado junto con un trozo de pastel príncipe negro –cerro la carta, el joven anoto los pedidos y fue a buscarlos – ¿Cómo que ya no los apoyaran? –Pregunto con miedo en su voz, miraba a ambos hermanos alternadamente.

–Mi padre no quiera que me fuera nuevamente y que estuviera contigo así que Miku lo desafió y nos expulsó de nuestra casa –apoyo los codos en la mesa mientras se tapaba el rostro con sus manos, los Kagamine estaban sorprendidos por lo relatado, ninguno podía decir algo, Len por su lado miró a Miku quien tenía las mejillas rojas al escuchar y recordar lo que vivieron mientras que Rin no sabía que hacer ¿Lo abrazaba? ¿Una palmada? Se sentía culpable –así que estamos viviendo acá hasta que podamos ver que hacer –continuó.

–Mi-Miku-chii –Len se levantó y la abrazo, no sabía que más podía hacer –eres muy valiente y una gran hermana –admiración.

–Gracias –susurro tratando de no llorar, se había mantenido fuerte, evito llorar por su hermano quien más sufría, no podía lanzar todo ese esfuerzo a la borda.

–¡Cómo se le ocurre a ese viejo! –Chilló Rin para luego llevarse las manos a la boca y disculparse con el resto –nos vamos a nuestra casa –escupió la rubia.

–¿Eh?

–Nuestra madre los acogerá –apoyo a su hermana, y antes de que pudiera decir algo sus pedidos habían llegado.

–No estoy segura… eso es mucho pedir –trato de convencerlos pero ninguno cedía, aquellos ojos celeste cielo estaban llenos de determinación. Tomó su tenedor para postres y probó un trozo de su pie.

–Es mucho pedir –suspiro cansado el mayor, bebió un poco de su café y arrugo la nariz –esto es un café cortado –le lo entrego a Rin y tomo el de él –mucho mejor…

–Terminando esto nos vamos a nuestra casa –anunció Rin mientras que su hermano asentía.

Y así fue, pagaron la cuenta tanto del alojamiento como de la comida, buscaron las maletas y los arrastraron hasta la casa Kagamine, en cosas de horas ya tenían ordenadas sus cosas, la madre de Rin y Len al enterarse había dejado todo listo, Len compartiría cuarto con Miku ya que él poseía una cama nido, y así le darían privacidad a los hermanos mayores que ya eran novios, nadie refutó ya que finalmente estaban de allegados y no deseaban molestar más; aquel rubio de ojos celestes presentía que en cualquier momento le daría un infarto, ahí estaba su mejor amiga, la que comenzaba a despertar sentimientos en el joven, ahí estaba con un short y polera para dormir, mientras que en la otra habitación estaban los mayores abrazados apoyados en la pared, sin saber cómo poder mantener su relación.

–Miku-chii... ¿Segura que quieres ir a verla? –Pregunto el rubio con un dejo de amargura, odiaba recordar lo que había pasado aquel día, el no haberla podido rescatar de esas chicas.

–Sí Len, solo acompáñame, le entregaré algo que la hará ver la verdad, ella debe saber lo que le han ocultado toda su vida –respondió la chica, ella estaba sentada en la cama de abajo mientras apoyaba su rostro en la cama de arriba –le hice daño y quiero remediarlo…

–Ella te hizo más daño –murmuro amargado sentado en su cama, le acaricio la cabeza tratando de calmarse –lo lamento Miku-chii, y lamento que tengamos que compartir habitación, menos mal que mi cama es nido…

–No te preocupes, gracias por aceptarme en tu cuarto, debe ser incomodo compartir con una chica –sonrió sinceramente sonrojándolo.