Aquí otro capítulo, espero que les guste, y… ¡Comenten! Así me dan más ánimos 3,
–Rin, llevamos juntos toda la adolescencia y ahora juventud –hablo nervioso –y se que contigo es con quien deseo estar toda mi vida –agrego temblando –deseo saber, deseo pedirte que compartas tu vida conmigo, Rin Kagamine ¿Deseas unir tu vida para siempre conmigo? –Pregunto cuando le abrió la cajita de terciopelo, ella tenía los ojos como plato sin reaccionar, sus ojos miraban el anillo y luego a él desesperando a todos.
Mal interpretación
Los segundos pasaban, todos comenzaron a sentir pánico a la falta de respuesta. Mikuo se levanto lentamente, su rostro paso por ilusión, aturdimiento, angustia y finalmente bajo el rostro, dejo la caja sobre la mesa junto con un suspiro, giro sobre sus talones y camino despacio a la salida, ya fuera corrió hasta que sus piernas pudieran.
–¿Rin? –Alzó la voz llamando su atención – ¿No lo amas? –Ambos rostros mostraban confusión y ella negó con la cabeza.
–Lo amo… es solo que no me lo esperaba, y no se supe que decir, y no sé que decidir –cada vez su tono disminuía, su madre la abrazo por los hombros.
–Miku –susurro a la chica, estaba sentada mirando la servilleta que se posaba en sus piernas, no podía procesar todo, su hermano pidiendo matrimonio, ella sin responder, él corriendo lejos, y ella sin poder decir que desea.
–¿Planeas quedarte ahí parada y dejar que él se vaya lejos? Acabas de decir que lo amas, pues si no deseas casarte aún o si es muy pronto el compromiso díselo, no dejes que piense cualquier cosa –regaño la Hatsune menor, miro a Rin quien estaba atónita – ¡Muévete! –Exclamó al no verla en movimiento, con el grito la rubia dio un brinco y salió corriendo del local con la caja en mano. Apoyo la mejilla en su palma mientras comía su postre.
Rin corría por las veredas tratando de encontrar a cierto chico de cabellos verde agua, pero parecía haberse evaporado en el aire, se detuvo ya cansada mientras regularizaba sus respiraciones, busco con la mirada. Un parque de diversiones le llamo la atención, fue y entro, los menores corrían por todos lados mientras los padres los perseguían o regañaban por las travesuras, una sonrisa se le escapó a la Kagamine al imaginarse en esa situación con Mikuo, ella advirtiéndole al pequeño cual sería su castigo, mientras él evitaba que le colocará uno; una lágrima cayó por su mejilla rodando hasta el mentón, una angustia enorme se apodero de su pecho, estaba asustada, asustada de que él creyera que ella ya no lo amaba, que pensará que no deseaba estar con él, más lágrimas rodaron bloqueando su campo de visión y pequeños gritos ahogados, tapo su rostro con sus manos tratando en vano de detener su llanto.
Mikuo ya sentado miraba a su alrededor, las lágrimas se habían detenido hace un rato, sus ojos hinchados y rojos observaba a la gente caminar y los niños jugar. Llevó sus manos a su cabello y escondió su rostro entre los brazos buscando seguridad, sus sentimientos explotaban uno tras otros con sus pensamientos. Tristeza, amargura y angustia, se levantó por inercia y camino hacia el hotel de cuando se fueron de casa, rento una habitación y mando un mensaje a su hermana, si las cosas iban bien, ella lo aceptaría y hasta lo ayudaría.
Su celular sonó, sonido típico de un mensaje, abrió el mensaje esperanzada por el nombre, pero luego quedo helada, quería ayudarlo pero sabía que debía decirle a Rin, apretó la mandíbula por no saber qué hacer, bloqueó el celular, se levanto y tomo una chaqueta, caminó al cuarto de Rin que estaba vació ya que en esos momento la estaba consolando su gemelo, abrió un bolso y comenzó a guardar ropa, documentos y dinero que él guardaba. Bajo las escaleras en silenció y solo le avisó a la matriarca. Salió de la casa y camino al hotel.
La puerta de su habitación sonó y corrió para abrirla, ahí estaba la figura de su hermana, ella entro cerrando la puerta, dejo el bolso al lado de la cama y le abrió los brazos para que él la abrazara.
–Ven, deja de hacerte el fuerte –corrió, sí, él corrió a abrazar a su pequeña, con solo tocarla comenzó a llorar desconsolado mientras ella le daba palmadas en la espalda –todo saldrá bien –consoló.
–N-no sé que pa-paso –sollozó con el alma hecha pedazos, algo en Miku se encogió, si bien antes de que Len apareciera ella era completamente distinta y el la hizo volver a como era antes, pero ver a su hermano así le partía el alma –Te ju-juro que pen-pensé de verdad, que ella acep-aceptaría –agregó en llanto.
–Todo pasará Mikuo, de verdad, todo mejorara no te preocupes –le acarició el cabello de manera maternal, luego de unos minutos el mayor ya estaba dormido, lo arropo en la cama y salió del lugar. Su cuerpo pesaba y su pecho dolía.
Len estaba al borde del colapso, Rin no paraba de llorar, todos sus intentos de calmarla eran en vano, además hace unos minutos se enteró que Miku había salido y ya era muy tarde. Suspiro con frustración, su hermana dormía en su cama, le quito los zapatos y coloco dentro de las sabanas, caminó hasta el pasillo y bajo las escaleras, en los sillones estaba sentada Miku cubierta por la oscuridad, camino hacía ella y le colocó una mano en el hombro sobresaltándola, ella giró el rostro y sonrió de manera triste.
–Él está bien –susurró y él asintió –pero está destruido, esto es solo una confusión, aún así –suspiró, llevó una mano a su frente –no quiere hablar con ella por ahora…
–Rin lloró hasta que se durmió –interrumpió enojado, ella se levanto y lo miró.
–¿Y qué quieres que haga?
–Pues es tú hermano, dile que paso –la enfrento.
–No es mi culpa que ella no le respondiera –defendió a su hermano enojada.
–¡Pues tan poco la de ella! ¡Él se fue sin esperarla!
–¡Le rompió el corazón!
–¡Y él a ella!
–Sabes que más… no quiero ni hablar de esto, estoy cansada, ahora molesta, y ¿Sabes? La culpa es de tu hermana –culpó, lo empujo con el hombro y subió las escaleras, entro al cuarto y vio a la rubia, cerró la puerta y se fue al cuarto de Rin, cerró la puerta y coloco el seguro lanzándose a la cama para poder desahogar sus propias penas.
