Más allá del lago
Serie: Merlin
Advertencias: contiene spoilers del final de la serie. Aunque no lo parezca al principio, después de algunos capítulos será slash, es decir, mostrará la relación de Arthur y Merlín siendo más que amigos (aunque posiblemente sea muy leve).
Resumen: Arturo sabía que la espera no sería fácil, y eso lo supo desde el mismo momento en el que vio el reflejo de Merlín en el agua. Sin embargo, nadie le advirtió de lo difícil que sería la vuelta.
Disclaimer: para mi desgracia, la serie no me pertenece, y tampoco sus personajes. Hago esta historia solo por el mero hecho de entretener sin ningún tipo de lucro.
Más allá del lago
Avalon
Año 41
Veía a Merlín llorar cada día.
Lo vio llorar por la muerte de Hunith.
Lo vio llorar cuando abandonó por última vez Ealdor.
Lo vio llorar por no volver a Camelot.
Lo vio llorar la muerte de Gwen.
Y la de Leon.
Y la de Percival.
Pero sobretodo, lo veía llorándolo a él.
Y fue en ese momento cuando decidió que una vez que volviera, no dejaría que llorara más.
Solo reiría.
Él mismo se encargaría de ello.
25 de diciembre de 2012
Arturo no durmió aquella noche. Ya había pasado demasiado tiempo durmiendo.
Una vez que Merlín se tranquilizó lo suficiente como para poder caminar, se dirigió de nuevo al lugar donde residía, solo que esta vez acompañado de Arturo.
Ninguno de los dos habló durante todo el trayecto. Merlín no se sentía con fuerzas, y Arturo no sabía qué decir. Se preguntó si tal vez un "te veía desde el lago. Te he visto durante todos estos años" sería adecuado, pero pensó que era demasiado pronto para eso, que no podrían soportar esa conversación ninguno de los dos. Tenían todo el tiempo del mundo para hablarlo, pero eso sería más adelante, cuando Merlín dejara de llorar cada vez que volviera la cabeza para encontrarse con la sonrisa muda de Arturo.
Arturo era consciente de todo el tiempo que había pasado, no de cuantos años, pero sí de que habían sido muchos. Aun así se sorprendió al notar lo extraños que eran los ropajes de su amigo, y se sorprendió aún más al entrar en la casa. Había cientos de objetos que no conocía, como una caja de color negra con bordes brillantes, o un aparato rectangular con una serie de números. Aun así no le dio demasiada importancia, ya que aunque se moría de ganas de preguntar para qué servía todo eso, supo que, una vez más, no era el momento.
La sala contaba con un sillón justo delante de la chimenea. Merlín tomó asiento, sus ojos brillaron y en cuestión de segundos el fuego estaba encendido.
Arturo sonrió una vez más, porque aunque en otra vida tal vez había sido reacio a la magia de Merlín, después de tantos siglos le era muy agradable presenciarla.
—¿Puedes hacer lo que hiciste la última vez? —preguntó con curiosidad— El dragón de fuego.
Merlín se volvió hacia Arturo. No le había mirado directamente a los ojos desde que habían llegado a aquella casa, y Arturo se dio cuenta de que no había sido por cuestión de costumbre. Lo había estado evitando, como si hubiera sido un espejismo, una ilusión y ese fuera el momento de volver a la realidad.
Vio en la mirada del mago a un animal, un animal asustado, paralizado, aguardando el momento perfecto en el que saltar y así no ser cazado. Y sintió lástima por él una vez más, porque Arturo había estado esperando, aguardando como él durante quince siglos, pero él había visto el reflejo de Merlín en un lago día sí, día también. Lo único que había tenido Merlín eran sus recuerdos difusos y su soledad.
—Merlín —dijo, acercándose con cautela y paso lento—. Merlín, soy real. No soy una ilusión.
El mago no apartó la mirada de él, ni siquiera parpadeó, y cuando Arturo llevó la palma de su mano hacia delante, él alargo sus dedos y rozó los del rey.
—¿Ves? —preguntó Arturo, sonriendo.
Los ojos azules de Merlín se convirtieron en dorados durante un segundo.
En las llamas de la chimenea un pequeño dragón batía sus alas.
26 de diciembre de 2012
A veces Merlín se olvidaba de su presencia, Arturo podía notarlo. Sabía que tras tantos años de soledad, el mago necesitaría un tiempo para acostumbrarse.
Arturo le hacía preguntas, la mayoría de ellas sin importancia, como "¿para qué sirve eso?" o "¿dices que esto se llama café?" con el fin de que Merlín hablara y no se encerrara en aquella burbuja personal de indiferencia que había perfeccionado a lo largo de los años.
Descubrió que a su amigo le encantaba aquella caja oscura por la que había sentido curiosidad el día anterior, televisión le había dicho que se llamaba.
Era entretenida, y una vez que descubrió que los animales que aparecían en la pantalla no podrían salir de ella y acabar con su vida, comprendió porqué a Merlín le gustaba tanto.
Esa noche Arturo se sentó a su lado, comió la comida que le había preparado Merlín, una especie de masa de pan redonda que se hacía llamar pizza y que se cocinaba introduciéndola en otra caja ("esta época está llena de cajas mágicas"), y prestó atención a la televisión, donde una mujer parecía estar echándole en cara a su marido que le fuera infiel.
Al poco tiempo notó como algo pesado se apoyaba en su hombro.
Merlín dormía.
27 de diciembre de 2012
Arturo descubrió que le gustaban las duchas largas, porque aunque no fuera lo mismo que un baño en sus aposentos de Camelot, después de todo aquel tiempo esperando junto a un lago era de agradecer un poco de agua templada contra su piel.
También descubrió que le gustaban aquellas masas de pan llamadas pizzas (a las cuales Merlín parecía adicto), y el tacto que los calcetines y la ropa de esa época dejaban contra su cuerpo.
Le gustaba la televisión, la música, el café (con tres cucharadas de azúcar) y como Merlín apoyaba la cabeza en su hombro cada vez que dormía en el sofá (porque nunca desde que Arturo había vuelto, había visto a Merlín dormir en su cama).
Pero lo que más le gustaba era sin duda que su amigo había vuelto a hablar con él, y aunque no fuera como lo había sido antaño (con todas las bromas y Merlín burlándose de él), al menos era un avance.
1 día tras la muerte de Arturo
Merlín oía el ir y venir del agua, sentado en la orilla.
2 días tras la muerte de Arturo
Percival observaba a Merlín, mas este no le devolvió la mirada.
—El rey ha muerto —dijo, y por primera vez en dos días no derramó ni una lágrima.
—Gwaine ha caído —respondió con voz solemne.
Merlín no apartó la mirada del lago.
—Lo sé —fue todo lo que dijo—. Lo sentí en el aire.
3 días tras la muerte de Arturo
Percival le rogó que volviera a Camelot junto a él, que explicara los hechos a Gwen. Merlín perdió la cuenta del número de veces que el caballero había insistido.
Al final, tras muchos "no" y "no puedo volver", Percival preguntó:
—¿Y qué harás?
—Velar por Arturo. Como siempre he hecho.
4 días tras la muerte de Arturo
Percival se marchó la mañana del cuarto día, no sin antes despedirse del mago con un caluroso abrazo que Merlín no devolvió.
Oyó el trote difuso de su caballo, y pronto no hubo nada.
Merlín no volvió a verlo nunca más.
Al menos no en esa vida.
5 días tras la muerte de Arturo
Ese día llovía.
28 de diciembre de 2012
22:58
Arturo tomó la decisión de que ya era suficiente. Si iba a quedarse en esa época y esa casa durante tiempo indefinido, al menos debería dormir de forma correcta, y no en un sofá compartido por un mago que se negaba a descansar en su cama.
Por eso, al escuchar cerca de su oreja el primer ronquido de Merlín de la noche, se incorporó y cargó a su amigo sobre su hombro, tal y como había hecho hace quince siglos cuando este recibió una herida de espada. Avanzó hasta el cuarto de Merlín y lo metió en la cama, con cuidado de no despertarlo. Arturo sonrió, satisfecho de sí mismo, y se dispuso a volver al sofá para dormir tanto como pudiera.
Avalon
Año 115
Arturo observaba el lago, siempre lo hacía.
Veía a Merlín viajar, conocer gente, pero nunca lo vio volver a Camelot.
Año 223
Durante las últimas horas de su vida, Arturo había sabido de boca de Gaius que Merlín era poderoso, "el mago más poderoso de todos los tiempos" había dicho; y aunque lo había creído, había tenido poco tiempo para conocer aquella faceta oculta de Merlín.
Sin embargo, tras cientos de años (suponía que había pasado mucho tiempo) de observarlo, Arturo podía reconocer abiertamente que por fin, conocía a su siervo. Conocía sus manías, la forma en la que sus ojos brillaban con un tono dorado cuando hacía magia, y millones de detalles que hacían que Merlín fuese Merlín.
Se preguntó si durante todos los años en los que vivió, su amigo lo había conocido tan bien como él lo conocía ahora.
20 días tras la muerte de Arturo
Tenía hambre.
Merlín había perdido la noción del tiempo, no sabía cuantos días habían pasado. Tal vez fueran meses (aunque lo dudaba).
El mago tenía hambre, tenía sed y tenía sueño; y cuando no comió, no bebió y no durmió, supo que algo iba realmente mal.
Avalon
Año 448
A veces Arturo miraba el reflejo de Merlín en el lago y sentía que una sonrisa se le formaba en los labios. Lo había visto utilizar su magia miles de veces, vivir decenas de vidas, a veces con su aspecto real, y otras veces no. Lo había visto convertirse en anciano, en anciana, en niño y en mujer; y aunque debía admitir que al principio había sido bastante extraño ver cambiar sus túnicas masculinas por vestidos entallados, lo cierto es que lo encontraba muy divertido.
Tal vez cuando volviera (si es que lo hacía. A Arturo le gustaba pensar que esto ocurriría más tarde o más temprano) podría echarle en cara que al final sí que tenía algo de chica muy en el fondo.
29 de diciembre de 2012
00:03
Arturo se incorporó rápidamente del sofá al escuchar el grito proveniente de la habitación contigua.
Corrió hacia el cuarto de Merlín, escuchando su respiración agitada y observando como sus ojos recorrían la habitación en busca de algo (o alguien, se dijo a si mismo).
—¡Merlín! —le dijo, tomando asiento en el borde de la cama— ¿Qué ha pasado? ¿Te duele algo?
El mago negó con la cabeza e hiperventiló.
—¡¿Por qué estoy en mi cama?! —preguntó con nerviosismo y una voz entrecortada— ¿Por qué no estoy en el sofá?
—Tranquilízate —susurró—. Yo te traje, te metí en la cama cuando te quedaste dormido.
Merlín pareció comprender las palabras del rubio y asintió en silencio.
—He tenido una pesadilla —confesó.
—¿Quieres hablar de ello? —Arturo no sabía qué hacer, no estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, y aunque había visto a Merlín a través de un lago durante cientos de años, y las pesadillas no eran algo nuevo en la vida del mago; no sabía cómo reaccionar. ¡Había estado más de mil cuatrocientos años en un lago! ¿Cómo iba a estar preparado para algo como esto?
Finalmente, Merlín negó con la cabeza.
—Vale —respondió Arturo.
Se levantó del borde de la cama, decidido a dirigirse al sofá una vez más.
45 días tras la muerte de Arturo
Merlín fue a Ealdor una vez que aceptó que Arturo no volvería en un corto periodo de tiempo, y para su sorpresa, todo fue como antes de llegar a Camelot.
Cada día, Merlín trabajaba en los campos, se encargaba del ganado, y ayudaba a su madre en las tareas de la casa. Incluso dormía en el mismo colchón de paja en el que una vez había soñado con dragones, princesas, príncipes y hazañas heroicas.
Su madre le sonreía cada mañana y le besaba la frente, tal y como siempre había hecho.
Todo volvía a ser como antes.
Salvo que nada lo era.
125 días tras la muerte de Arturo
Había días en los que Merlín reía con los comentarios de la gente del pueblo. Días en los que sonreía al comer ese tipo de manzana que le gustaba tanto y que era su favorita.
Días en los que hacía llover con su magia, solo para que el maíz creciera más rápido. Días en los que Hunith suspiraba al ver como su hijo se escaqueaba del trabajo.
Pero también había días como ese. Días en los que Merlín se sentaba junto a la ventana, veía el exterior y se preguntaba si realmente valdría la pena.
29 de diciembre de 2012
02:11
Arturo fue despertado por un segundo grito de Merlín aquella noche.
Cuando entró en la habitación notó como el mago temblaba de pies a cabeza y ocultaba su rostro entre sus manos.
Pensó en acercarse y posar la mano en su hombro, pero tal vez, debido al sobresalto, Merlín terminaría por utilizar su magia de forma inconsciente contra él; y si hiciera eso, Arturo sabía que empeoraría todo mucho más (con el paso de los años había aprendido que Merlín era adicto a la culpabilidad).
Así que se decidió a llamarlo por su nombre.
—Merlín.
Merlín no contestó.
—Merlín, ¿estás bien?
El mago asintió.
Arturo suspiró. Ahí estaba otra vez esa faceta autosuficiente de su amigo que tanto odiaba.
—Entonces volveré al sofá.
Arturo ya se había dado media vuelta cuando Merlín habló.
—No te vayas.
Arturo sonrió con aprensión.
—¿Quieres hablar? —le preguntó.
Nunca se les había dado bien a ninguno de los dos hablar de sus sentimientos, y esta vez, Arturo intuía que no sería una excepción.
Merlín negó con un movimiento de cabeza.
—¿Quieres dormir?
Esta vez asintió.
Arturo se metió bajo las sábanas. No era la primera vez que dormía con su siervo (en ocasiones olvidaba que ya no lo era), a veces lo hacía en sus viajes de caza, y lo había hecho durante tres noches seguidas en el sofá que acababa de abandonar; por lo que la presencia de Merlín a su lado no le era ningún problema.
Lo que sí no esperaba era que Merlín se alejara lo máximo posible de él.
Sin darle importancia ("tiempo, Arturo, tiempo"), Arturo cerró los ojos y se dispuso a dormir una vez más.
Merlín no volvió a tener pesadillas esa noche.
Notas de la autora: aquí vengo con la segunda parte de la historia. Me alegro mucho de que esté teniendo buena aceptación, muchísimas gracias por leerla. Quería comentar que he recibido bastantes reviews de personas que no están registradas, y me apena muchísimo porque no puedo responder a sus reviews, así que si queréis que os responda, por favor, registraros. Responder reviews es lo que más me gusta de publicar, así que estaré encantada de responderos.
¡Saludos!
