Más allá del lago

Serie: Merlin

Advertencias: contiene spoilers del final de la serie. Aunque no lo parezca al principio, después de algunos capítulos será slash, es decir, mostrará la relación de Arthur y Merlín siendo más que amigos (aunque posiblemente sea muy leve).

Resumen: Arturo sabía que la espera no sería fácil, y eso lo supo desde el mismo momento en el que vio el reflejo de Merlín en el agua. Sin embargo, nadie le advirtió de lo difícil que sería la vuelta.

Disclaimer: para mi desgracia, la serie no me pertenece, y tampoco sus personajes. Hago esta historia solo por el mero hecho de entretener sin ningún tipo de lucro.


7 de febrero de 2013

La próxima vez que Arturo y Merlín van a Londres, el mago se empeña en entrar a una tienda de telefonía móvil.

"Si vas a ir a pasear tú solo, necesito poder contactar contigo en cada momento", le había dicho Merlín.

Arturo había asentido, había visto en televisión aquellos aparatos llamados teléfonos móviles, por lo que no se sorprendió demasiado acerca de las funciones que portaban.

Una vez Merlín había tenido uno, pero fue hacía tantos años que ni siquiera lo recordaba. Había sido muchísimo más grande que los pequeños aparatos que vendían en esa época, pero al no tener a quien llamar no le había dado demasiado uso (simplemente lo había comprado por la novedad).

Esta vez era diferente, porque lo utilizaría para contactar con Arturo, y así no esperar durante los diez o quince minutos que duraba su paseo hecho un manojo de nervios, caminando de un lado para otro y temiéndose lo peor.

Ambos salieron de la tienda con sus nuevos teléfonos, y Arturo pasó toda lo que quedaba de tarde investigando las funciones que tenía.

—Sonríe —le había pedido el mago, dirigiendo su teléfono a él.

Arturo le dedico una mirada dudosa, pero aun así sonrió.

—Mira —El mago volvió la pantalla de su teléfono para que el rubio la viera—. Ahora aparecerá tu foto cada vez que llames.

Arturo levantó las cejas en una expresión graciosa y se dispuso a hacer lo mismo.

La tecnología de esa época era fascinante.

Año 712

Arturo sabía, después de tanto tiempo observando a su amigo, que Merlín no podía morir. Al menos no por el paso del tiempo.

No podía huir de aquella realidad, no podía dejar de vivir, al igual que Arturo no podía evitar mirar su imagen en el lago. Aun así, y aunque supiera que el mago no moriría, no por ello dolía menos presenciar cierto tipo de escenas.

Había visto a Merlín llorar, enfurecerse, gritar, y caer dormido durante años. Sin embargo, aunque fuera el mago más poderoso de todos los tiempos (hacía años que Arturo lo había aceptado), también era humano, y un simple humano no podía soportar tal cantidad de siglos completamente solo.

Podía contar con la palma de una mano las veces que había visto a Merlín intentar acabar con su vida.

Y aunque sabía que esto no sería posible, no por ello era menos doloroso para el rey.

8 de febrero de 2013

17:03 Merlín:

¿Dónde estás?

17:04 Arturo:

Acabo de salir de casa, no exageres. Volveré pronto.

17:04 Merlín:

No te acerques al lago.

17:08 Merlín:

¿Dónde estás ahora?

17:09 Arturo:

En Avalon.

17:09 Merlín:

¡¿El lago?! ¡Te he dicho que no te acerques al lago! No te muevas de ahí, llego en dos minutos.

17:10 Arturo:

La cafetería…

17:10 Merlín:

Ah…

17:14 Merlín:

¿Sigues en la cafetería?

17:15 Merlín:

¿Dónde estás ahora?

17:15 Arturo:

Merlín, esto es absurdo.

17:15 Merlín:

Teniendo en cuenta la tendencia que tienes de encontrar problemas, no, no es absurdo.

17:17 Merlín:

¿Por qué no contestas? ¿Dónde estás? ¿Estás bien?

17:17 Arturo:

Gira la cabeza.

Merlín observó el último mensaje de su teléfono móvil y frunció el ceño en una expresión confusa. Sin embargo, giró la cabeza hacia la puerta, y sonrió al ver que Arturo había vuelto sano y salvo.

—Ya he vuelto —dijo, colgando en el perchero su chaqueta—, ¿contento?

—Mucho —Merlín sonreía—. Pero, ¿por qué has tardado tanto?

Lo único que escuchó como respuesta fue un gruñido.

19 de febrero de 2013

La mayoría de los días Merlín despertaba antes que Arturo. Abría los ojos con parsimonia, debido a la claridad que se filtraba por la ventana; suspiraba, apartaba las sábanas y se dirigía a la cocina, muy posiblemente a preparar el desayuno. En estos días, Arturo despertaba solo, se desperezaba (siempre con la nobleza de un rey, debía aparentarlo aunque ya no lo fuera) y se dirigía allá donde provenía el olor a comida.

Sin embargo, había días en los que Merlín se permitía soñar un poco más, y Arturo despertaba primero. Esos días eran extraños para Arturo, y traían con si un sinfín de pensamientos en los que el rey prefería no reparar. En ocasiones al abrir los ojos encontraba a Merlín durmiendo plácidamente en su lado de la cama, pero a veces (y he aquí donde residía el problema) lo encontraba apoyado en su hombro. El pelo de Merlín le hacía cosquillas contra la piel, y la respiración del mago chocaba contra su cuello, provocándole numerosos escalofríos.

A veces incluso, Arturo podía encontrar que en algún momento de la noche, Merlín había colocado su mano contra su pecho, siempre sobre su corazón, con el fin de cerciorarse de cada uno de sus latidos.

Había otras noches en las que Merlín se acercaba a él, y Arturo, en un estado de seminconsciencia, lo rodeaba con su brazo para que tomara su pecho como almohada. Esas eran las noches que más preocupaban a Arturo, porque aunque sabía que nada había cambiado entre los dos, lo cierto era que estaba completamente seguro de que algo estaba cambiando.

1 de marzo de 2013

A cada día que pasaba Arturo se sentía más y más… la verdad era que no había ninguna palabra que describiera la situación en la que se encontraba.

¿Problemática? Tal vez.

Tras más de tres meses de convivencia, Arturo empezaba a sentir que las horas, días, semanas y meses que había vivido en compañía de Merlín comenzaban a pasarle factura.

Durante su vida en Camelot, Arturo podía haber admitido con los ojos cerrados (solo para sí mismo, por supuesto) que Merlín era su mejor amigo, pero ahora… Ahora no sabía muy bien qué era.

En la actualidad, tras más de mil cuatrocientos años en los que habían estado separados, Arturo conocía a Merlín muchísimo mejor de lo que lo había hecho anteriormente. Había aprendido del mago a través de su reflejo en el lago, y el cariño que le procesaba se había triplicado.

Merlín era su familia ahora, era la única persona que le quedaba, el único que había desafiado a la muerte mil y una veces con tal de esperarlo. Era su mejor amigo. Y aun así, pese a que seguía siendo su mejor amigo, también era la persona más importante de su vida.

Merlín era aquel que sonreía por las mañanas y hacía que el corazón de Arturo bombeara solo un poquito más fuerte. El que adoraba las pizzas de microondas, el que veía la televisión a todas horas y el que reía con fuerza por cualquier estupidez que hiciera Arturo. El que mandaba mensajes al teléfono de Arturo cada veinticinco segundos. El que había desarrollado un terrible pánico a los lagos. Merlín era aquel que encogía los dedos de los pies al ver películas de terror, aquel que con un solo chasquido de dedos podía hacer que el mundo se arrodillara ante él.

Y sin embargo, seguía siendo Merlín. El mismo Merlín que conoció en las calles de Camelot y que lo desafió de una forma en la que los demás nunca lo habían hecho.

Seguía siendo Merlín, pero también era mucho más.

Tal vez, a eso se refería Freya con destino.

14 de marzo de 2013

Fue uno de los muchos días en los que Arturo y Merlín se acercaron a Ávalon para tomar un café que el antiguo rey leyó un cartel que citaba:

Se necesita camarero.


Se que este capítulo es muy corto, pero era necesario que terminara aquí, sino se metía de lleno en la trama y se hacía todo muy forzado.

Espero poder actualizar pronto, ¡muchas gracias por leer!