Capitulo 3

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Juvia regreso a casa después de un largo día de trabajo. Después de lo ocurrido con ese chico, las cosas se tranquilizaron. Lidiar con clientes molestos era su especialidad pero ese día estaba agotada, solo había algo que podía animarla después de un día difícil.
Entro tratando de hacer el menor ruido posible pero sus hermanos eran más listos. Dejo sus zapatos en la entrada y no escucho absolutamente nada, demasiado sospechoso. Camino con cuidado mirando a su alrededor. Asomo su cabeza a una de las habitaciones y no vio absolutamente nada, se suponía que su madre debía estar en casa.
Estaba tan distraída que no noto cuando los gemelos se lanzaron sobre sus piernas impidiéndole caminar.

— ¿Qué están haciendo?- pregunto sorprendida.

— ¡Hikari ahora!.- gritaron ambos niños.

— ¡Hikari no!- grito Juvia al ver como la pequeña corría a toda velocidad hacia ella. Trato de apartar a los gemelos de sus piernas pero no se soltaron. Forcejeo tratando de zafarse pero alguien la tomo de los brazos. — ¡Haru!

El chico rió. — Me obligaron a hacerlo.- sabía que se divertía con eso.

La pequeña Hikari salto hacia Juvia haciéndola tropezar. Haru no tuvo tiempo de moverse y cayó justo debajo de Juvia amortiguando su caída. Los gemelos rieron a carcajadas por su travesura y todos los siguieron, tenía que admitir que había sido divertido.

— ¿Quieres moverte?.- le pregunto Haru. — No puedo respirar.

— Oh es cierto.- dijo la chica sin parar de reír.

Se puso de pie sacudiendo sus ropas y ayudo a los niños a hacer lo mismo.

— Creo que obtuve la peor parte.- se quejó el chico sobando su cabeza del golpe.

— Te lo mereces.- se burló la peliazul sacando su lengua.

— Basta ya niños, dejen a su hermana tranquila.- una voz dulce salió de una de las recamaras.

Su madre no era tan joven, los años se acentuaban a su cuerpo pero aún conservaba ese aire juvenil y una belleza única. Solo un estúpido dejaría ir a una mujer así y ella lo conocía muy bien. Los hombres eran unos idiotas.

— Hola mamá.- saludo la chica ignorando sus malos recuerdos.

— Hola cariño.- se acercó y beso su mejilla. — Vamos niños, es hora de la cena.- miro a sus hijos y después a Juvia. — Tú también debes comer algo o enfermaras.

— Y tú también debes hacerlo.- bajo la voz evitando ser escuchada por sus hermanos. — Deberías preocuparte más por tu salud.

— Hablaremos en otro momento.

— Mamá.

— No quiero discutir sobre esto ahora Juvia, sé que te preocupas por mí pero no tienes que hacerlo cariño, estoy bien.- acaricio su mejilla en un gesto tierno.

Miro a su madre fijamente. Sabía que diría algo así pero en serio estaba preocupada. Era su único apoyo y la amaba con toda la vida. Estaría devastada si algo le sucediera.

— Solo por hoy te dejare ir pero debemos hablar.

Soltó una carcajada. — Pareces mi madre.

— La abuela es mucho peor.- sonrió y entro al comedor.

La cocina y el comedor estaban juntos, no había mucho espacio en la casa pero podrían vivir con ello, el vivir en una casa lujosa no era importante, eran felices con lo que tenían aunque algunas comodidades no les vendrían mal.

— La abuela da miedo.- dijo Hikari.

Juvia acarició su pequeña cabeza y tomó asiento junto a ella. — Es aterradora.- susurro haciéndola reír.

Ella sonrió al escuchar su risa. Era tan pequeña e indefensa, al igual que los gemelos, al igual que Haru. Ellos merecían lo mejor del mundo y deseaba poder dárselos, sus sonrisas eran su felicidad, no había nada mejor que eso.

—¿Cómo estuvo el trabajo?.- pregunto su madre.

Suspiro. — Igual que siempre.

— Eso sonó bastante mal.

— Fue agotador.- se llevó un bocado a la boca. — Tuve que lidiar con un par de chicos presumidos.

— ¿Y les diste su merecido?- pregunto Haru.

— Por supuesto. A uno le vacié la soda en la cabeza y los hice huir.- sonrió con superioridad.

— Esa es mi hermana.- levanto la mano y chocaron los cinco.

— Nada de eso.- los reprendió su madre. — No deberías tratar a los clientes de esa forma.

— Pero ellos tampoco deberían tratarme así mamá.

— Tiene un buen punto.- se burló el chico.

Juvia sonrió triunfante hasta que vio a Mei levantar su vaso de agua contra su hermano. — ¡Mei baja eso en este instante!.- la niña se sobresaltó y lo coloco de nuevo en la mesa haciendo un puchero.

Su madre movió la cabeza en negación y continuaron con la cena hablando de temas de la escuela. Después de terminar, Juvia se ofreció a lavar los platos a lo que su madre accedió. Debía hacer que los gemelos y Hikari tomaran un baño. Lavo los platos rápidamente y se dirigió junto a su madre.

— ¿Necesitas ayuda?- pregunto, ya sabía lo difícil que era hacer que los pequeños tomaran un baño.

— Todo esta bajo control.- sonrió mientras jugaba con los niños con la espuma. — ¿Por qué no vas a dormir? Necesitas descansar.

— Tú también lo necesitas.

— Juvia.- la reprendió.

Apretó los labios tragándose sus palabras. —Está bien, no diré nada más. Buenas noches.

— Buenas noches.- sus hermanos contestaron al unísono.

—Descansa.- su madre sonrió, Juvia hizo lo mismo y se alejó a su habitación. Era pequeña pero podría vivir con ello. No necesitaba un lugar grande para dormir, con eso era suficiente.

No se molestó en tomar un baño, estaba demasiado agotada para hacerlo. El día siguiente seria su día libre y podría pasarlo con su familia. No había nada mejor que eso. Se dejó caer sobre la cama y se quedó dormida.

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La conversación con Gajeel había sido demasiado extraña, a veces su amigo pensaba cosas muy profundas. No tenía por qué molestarse por eso, ni siquiera pensarlo. Ninguna chica había llamado su atención antes. Había tenido algunas novias pero jamás sintió ese sentimiento de ''no quererse separar'', al paso del tiempo se fastidiaba de la relación y la daba por terminada pero todo cambio cuando llego Ultear. Debía ser cuidadoso si no quería ser descubierto saliendo con otra chica, a pesar de que su relación era falsa, pensó que podría llegar a sentir algo más por ella pero fue un gran error, apenas la soportaba. Era peor que un demonio. Necesitaba una chica dulce que derritiera su corazón, solo salía con chicas huecas y no solo de la cabeza, su vida lujosa a veces se sentía vacía. Las personas siempre fueron falsas con él, sin sus amigos no sabría lo que seria. Al menos Ur y aunque no quisiera admitirlo también Lyon le daban un mejor sentido a su vida.

Cuando llego la mansión estaba desolada como siempre. Ur siempre estaba en su oficina pero eso lo comprendía, ahora que ambos podían cuidarse solos, ella se tomaba el tiempo para sus atender las negociaciones.

Subió a su habitación, estaba agotado, solo quería dormir. No se molestó en quitarse los zapatos y se dejó caer sobre la cama. Su habitación era mucho más grande que la de Natsu aunque él tenía un departamento para él solo. Había libreros que jamás utilizaría en su vida y mucho menos leer los libros que ahí se mantenían, Ur había decorado su habitación como la de un estudiante sobresaliente, absolutamente nada que ver con su personalidad pero al menos le agradecía el gesto.
Estaba quedándose dormido cuando el celular vibro en sus pantalones. Sin abrir los ojos lo saco y se lo llevo a la oreja.

— ¿Si?- pregunto con voz adormilada.

— Necesito que vengas por mí.- por supuesto que reconocería esa voz y por el sonido de fondo, estaba seguro que no estaba en casa.

— Son las.- alejo su teléfono para ver la hora. — Doce de la madrugada Ultear.

— No me interesa, mueve tu trasero.- la música apenas lo dejaba escucharla.

— ¿Por qué diablos tengo que hacerlo?

— Porque si no lo haces, les diré a todos nuestro secreto.

Esa maldita siempre lo chantajeaba con lo mismo. — Si lo haces tu padre se molestará.

— Da lo mismo.

— Los contratos entre nuestras familias se anularían.

— Ya te dije que eso no me interesa, mi madre puede hacer mucho más dinero sin ustedes.

Era una maldita pretenciosa, lo sacaba de quicio. Solo por unos meses y el convenio entre ambas familias se daría por terminado. No tendrían que soportarse más. Debía hacerlo por Ur, solo unos meses más y seria libre.

Soltó un suspiro y salió de la cama. — ¿En dónde estás?

Ultear le dijo el lugar y salió rápidamente. No solo debía soportar su horrible personalidad sino también sus niñerías, estaba más que harto de ella. Era un antro conocido así que lo ubico inmediatamente y se dirigió hacia ahí en su auto. Tardo treinta minutos en llegar y estaciono el auto justo enfrente del lugar. Salió del auto y busco a Ultear con la mirada. Sus amigas estaban alejadas fumándose un cigarrillo y ella estaba besuqueándose con un tipo. El chico le metía la mano por debajo del vestido y le apretaba el trasero justo frente a todos. Estaban haciendo una escena muy prometedora. Gray estaba soportando con todas sus fuerzas no reírse a carcajadas. Frunció los labios evitando reírse pero daba por seguro que lo estaba haciendo. Se apoyó sobre el auto y se cruzo de brazos esperando a que Ultear terminara con su espectáculo. Después de varias manoseadas y lenguas, la chica vio a Gray apoyado sobre el auto, se separó rápidamente del chico y acomodo su vestido sin antes darle una bofetada. Camino hacia Gray que la miraba bastante divertido.

—¿Terminaste? - definitivamente se estaba divirtiendo.

— Llévame a casa.- demando la chica.

— ¿Y porque no le pides a ese chico que te lleve?- dijo sonriendo, la molestaría con eso por un tiempo.

Lo miro y levanto la comisura de sus labios. — ¿Por qué? ¿Acaso te molesta?

— ¿Por qué habría de hacerlo?- hundió los hombros en desinterés. En realidad no le interesaba en lo mas mínimo.

Apretó los dietes evitando decir nada más. — Cállate y llévame a casa.

No dijo más y le abrió la puerta del auto, a pesar de todo seguía siendo un caballero. Lo rodeo y entro encendiéndolo rápidamente.

— ¿Por qué no tu chofer no está contigo?- le pregunto a la chica, era extraño verla a esas horas fuera de casa.

— Mis padres no están y no deben saber que me escape.

— Sería una lástima si alguien les contara.

— Sería una lástima que algún día amanecieras muerto.- sonrío falsamente.

— Alguien no consiguió sexo hoy.- se burló.

— Todavía puedo conseguirlo, siempre consigo lo que quiero.

No se molestó en responderle, no quería causar una pelea y estaba aún más que agotado de lidiar con ella. Condujo en silencio hasta que llegaron. Una enorme mansión como era de esperarse. Pensó que Ultear se había quedado dormida hasta que abrió la puerta del auto.

— ¿No vas a bajar?- le pregunto.

— No tengo porque hacerlo.

— Deberías acompañarme hasta la entrada.

La miro por unos instantes debatiendo lo que debería hacer. A pesar de todo daba lo mejor de él para no molestarla o la peor parte seria para Ur.

— Eres un dolor en el trasero.- se bajó del auto y la siguió hasta la puerta.

Ultear solo sonrío. Entro a la mansión y dejo la puerta abierta esperando a que Gray entrara. Justo después de que entro, cerró la puerta rápidamente y se lanzó sobre Gray besándolo con fuerza. Al principio se sorprendió pero le siguió el ritmo, ya sabía lo que quería. Ya se había acostado con ella anteriormente y en ese momento es justo lo que buscaba. Subieron las escaleras sin separarse hasta llegar a la habitación de Ultear. Las sirvientas debieron ver ese momento íntimo pero no importo. Entraron a la habitación y cerraron la puerta. Le saco el vestido rudamente y ella hizo lo mismo. Sus frustraciones y odio se hacía presente durante el sexo, jamás habían sentido lo que era algo dulce y apasionado pero estaban bien así. A pesar de ser sin amor era bueno y no iban a quejarse. Gray no se quejaría, ya lo había hecho varias veces y una mas no le haría daño.

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Sus hermanos se despertaron más temprano de lo habitual e hicieron lo mismo con ella.

— ¡Nee-chan despierta!- Reí saltaba sobre la cama tratando de despertarla.

Juvia gruño en desaprobación y se cubrió con la sabana completamente. Los tres pequeños se molestaron y las dos niñas se subieron junto con su hermano y saltaron juntos a su alrededor.

— ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta!- sus voces chillonas sonaron en perfecta sincronía haciéndola reír.

Se levantó rápidamente sin salir de la cama y sin apartar la sabana que la cubría y tomo al primero de sus hermanos. Mei fue atrapada por Juvia, reía sin parar ya que su hermana le hacía cosquillas. Sus hermanos se unieron haciendo una guerra de cosquillas.
Lograron escapar y se dirigieron a la habitación de Haru para hacer lo mismo. Juvia se apartó la sabana del rostro y salió de la cama sin dejar de reír. Lavo su rostro y fue en busca de su madre.
Su sonrisa se borró de sus labios cuando la vio sosteniéndose con fuerza de la pared.

— ¿Estas bien?- pregunto alarmada llegando rápidamente a su lado.

— Si, no te preocupes.- trato de restarle importancia fingiendo estar bien.

— ¡Por supuesto que me preocupo! Mamá debes tomar un descanso, es en serio.

— Y en serio tú debes de dejar de preocuparte por todo Juvia, estoy bien.

Su madre se soltó de su agarre y camino lentamente hasta la nevera buscando algo de tomar.

— He estado pensando...- la peliazul miro a su alrededor sin ver señal de sus hermanos, no debían escuchar su conversación. — He pensado que deberías dejar el trabajo.

Su madre la miro con ojos abiertos. — ¿De que estas hablando?

— No sé a quién tratas de engañar pero se perfectamente bien que tu salud ha estado empeorando.

— Esta fuera de discusión, no dejare de trabajar. Necesitamos el dinero.

— Yo… puedo dejar la universidad y…

— No.

— ¡Mamá!

— No dejaras los estudios Juvia, fin de la discusión.- saco los ingredientes para preparar el desayuno.

— Si consiguiera un trabajo mejor podríamos pagar los estudios para Haru.

— Me preocupare por eso después, tu no debes hacerlo.

— Pero…

— Suficiente es con tu ayuda cariño.- camino hacia ella. — Debes disfrutar tu juventud, conoce algún chico, sal con Lucy, diviértete y olvídate de todo esto. Yo soy la que debe cargar con todo, no tú.

Su madre también tenía el derecho de hacer lo mismo, aún era joven y además hermosa. Siempre había sido dedicada a su familia y se lo agradecía, era la mejor madre del mundo, al menos para ella. Sin darse cuenta sus ojos se pusieron vidriosos amenazando con llorar.

— No es justo.- mordió su labio tratando de soportar.

Le sonrío dulcemente y la abrazo. — No lo es, pero somos felices así ¿no es verdad?

— Lo somos.- le respondió el abrazo y apoyo su cabeza sobre su hombro.

Podrían faltarles demasiadas cosas pero su familia siempre estaría ahí. Solo los tenían a ellos y para ella, eso era suficiente.


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Subiré otros dos posiblemente el martes.

Espero les haya gustado, gracias por leer!
Hasta la prox. actualización ;D


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