Capitulo 7

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¿Qué conseguiría Gray con todo eso? ¿Por qué seguía apareciendo cuando le dejo en claro lo que pasaría desde un inicio?

Había sido un poco descortés, solo un poco, pero no encontraba otra manera de explicarle mejor las cosas y ahora, los rumores de ella con ese chico con dinero aumentarían aun más.

No debía agregar más estrés a su cuerpo o colapsaría, solo ignoraría a cada persona a su alrededor que no mereciera su atención, gastar más energías de las necesarias era su principal manera de vivir. Cinco personas dependían de ella y no debía defraudarlos.

Sacudió su cabeza sin perder el paso, no debía pensar en eso, tenía otros asuntos que atender.
Era su turno de ir por Hikari y se encontraría en la estación del metro con Haru y los gemelos.
Solo podían permitir la salida de la pequeña a tres personas: Haru, su madre y ella misma. Las calles no eran seguras y menos para los niños.

— Mira, nee-chan.- dijo la niña señalando su frente. — Es una estrella.

— Lo sé, puedo verla.- sonrió. La tomaba de la mano y caminaba sin soltarla.

— La señora Dorothy me dijo que si era buena chica me daría una estrella.- explico adorablemente. — ¡Y lo hizo! - exclamo feliz. — Mira.- volvió a señalar su frente.

— Solo eres un ángel con la señora Dorothy.- la pequeña hizo un puchero y Juvia sacudió sus cabellos.

Observo a ambos lados de la autopista y cuando llego el momento de cruzar, corrió con todos sus fuerzas riendo con Hikari.
A lo lejos logró ver a Haru hablando con unos chicos sin perder de vista a sus hermanos.

A Juvia no le molestaba ni pesaba el sacrificar su vida de diversión por los pequeños, su familia era su vida, pero Haru tenía iguales responsabilidades.

Reía con los chicos que parecían ser sus amigos, él también merecía divertirse pero no había nadie más que cuidara a los niños. Se sentía mal por no permitirle la libertad que merecía como adolescente.

— Tu hermana está aquí.- dijo uno de los chicos.

Haru giró su cabeza y la observo acercarse. Rei y Mei corrieron hacia ella y la abrazaron de la cintura.

— Nos vemos mañana.- se despidió de ellos chocando los puños y se volvió con sus hermanos.

Haru desarreglo los risos de Hikari como acostumbraba a hacerlo y la pequeña pidió que la alzara en sus brazos y así lo hizo.
A simple vista su hermano no parecía afectarle nada de su situación, pero sabía que lo hacía, porque ella también sentía lo mismo.

Debía admitir que a veces era frustrante el no poder darles todo lo que se merecían, pero seguían juntos y como su madre siempre lo decía, era lo único que importaba.

— ¿Son tus amigos?

Asintió. — Están en mi clase.

— ¿Querías ir con ellos?- pregunto un poco culpable y la reacción que obtuvo le dijo todo.

Aparto rápidamente la mirada y sonrió mirando a Hikari. — Tengo que cuidarlos, no puedo ir a ninguna parte.

Sabía que no lo haría, él no las dejaría. Era un buen chico y no se metía en problemas que todo adolescente conseguía, necesitaba tiempo para ser un chico de su edad y disfrutar los momentos únicos en esta etapa de su vida.

— Lo siento.

Haru dejo a Hikari en el suelo. Era cierto que a veces quería divertirse un poco pero no podía permitirse eso, no cuando su hermana y su madre prácticamente daban su vida trabajando para poder conseguir algo de dinero.
Había demasiados niños en casa y era su deber y responsabilidad encargarse de ellos, era lo menos que podía hacer.

— No tienes porque disculparte.- comenzó. — Somos los mayores y debemos cuidarlos.- aclaró. — Además, me gusta estar con ellos.

Aunque la pequeña Hikari no entendía de qué hablaban, abrazo a su hermano de una de sus piernas.

— Te quiero, Haru.

El chico rió. — Especialmente con esta lindura.

Los gemelos protestaron celosos por la atención hacia Hikari y Juvia sonrió al verlos actuar de esa manera.

Lo recompensaría por eso, su hermano merecía un descanso y aunque ella también lo necesitaba, preocuparse por ellos siempre sería lo primero en su lista.

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Con lo sucedido podía notar perfectamente que Juvia era la chica más imposible, si lo pensaba bien en realidad era Ultear, pero Juvia era mucho más linda y nada superficial.

Estaba molesto y frustrado por no comprender a la peliazul, nada de lo que hacía parecía agradarle y a decir verdad, dudaba demasiado que en realidad le agradara, no parecía soportarlo.

¿Por qué había ido a buscarla? ¿Para disculparse? Él no era capaz de hacer eso, su orgullo no se lo permitía, pero antes de que lo pensara fue tras Juvia y diablos, eso era muy extraño.

Ninguna chica capto su atención así de rápido. Tal vez era su belleza natural o simplemente que no lograba comprenderla en lo absoluto.
No tenía planes ese día, ninguno de sus amigos tenia ánimos de salir y él tampoco, así que volvió a la mansión.

Entro a la cocina prácticamente arrastrando los pies y con un gesto molesto.

— Ese rostro de nuevo.- hablo la única mujer a parte de Ur que podía leer su interior. — ¿Esa chica de nuevo?

Delia limpiaba a su alrededor y parecía divertirse con su situación, a veces era adorable pero malvada. Tenía que admitir que era divertido hablar con ella, a pesar de ser una mujer con hijos era muy fácil entablar una conversación.

Se sentó sobre una de las sillas y dejo caer su rostro sobre la cubierta.

— No entiendo a las mujeres.- admitió. — Son complicadas, imposibles e insoportables, no sé cómo se soportan ellas mismas.

La mujer golpeó su cabeza con un trapo sucio y Gray se enderezo rápidamente.

— ¡Hey!- protesto.

— No me hagas hablar mal de los hombres.- lo reprendió.

Sonrió. — Creo que olvide decir tenebrosas.

Delia rió un poco y giró los ojos, nunca espero tener esta charla primero con otro chico antes que sus hijos.

— Las mujeres no son complicadas, imposibles ni tampoco insoportables.- habló. — Bueno, tal vez un poco, pero somos igual que los hombres, necesitamos una ayuda, un impulso para ser descubiertas.

Gray hizo un gesto de confusión ¿De qué diablos estaba hablando?

— Toda mujer guarda un secreto y puede ser descubierto por el hombre si sabe cómo hacerlo.- comenzó con la explicación. — Somos como un cofre del tesoro.

Definitivamente no tenía idea de que hablaba.

— No estoy entendiendo nada.

Se apoyo sobre la cubierta para hablar con mayor claridad.

— El cofre tiene dos caras.- continuó. — Por fuera puede ser viejo y sucio, pero dentro esta su verdadero valor. El tesoro.

— ¿Y cómo lo consigues?- pregunto interesado.

— Primero tienes que buscarlo, nada llega solo.

— ¿Y si lo encontré?

— Esa es la mejor parte.- sonrió. — Hay miles de llaves y puedes intentar abrirlo a toda costa, pero solo una será la indicada y la que conseguirá el premio mayor.

Era una metáfora un tanto extraña pero logró comprenderla. Era interesante esa forma de pensar y una explicación muy buena.

— Así que prácticamente estas diciéndome que debo pelear para ser el indicado y conseguir que ese tesoro se abra a mí.- la mujer asintió y sonrió. — ¿Por qué no dijiste eso desde el inicio?

Delia soltó una carcajada. — Somos complicadas ¿recuerdas?

En verdad lo eran, pero su inteligencia, ingenio y fortaleza era impresionante. Solo él sería capaz de descubrir su interior, el hombre era la llave y la mujer el tesoro, Delia decía cosas muy interesantes.

— Al parecer esa chica es difícil.- Gray asintió. — ¿La conoces desde hace tiempo?

— Hace unos días.

La mujer abrió los ojos en sorpresa. Hombres. La edad de piedra aún mantenía su esencia en la edad moderna.

— Gray.- lo llamó. — Recuerda que a la mayoría de las chicas no les hasta que un chico este tras ellas. – aclaró. — Al menos que sea guapo.- Gray alzo la ceja tratando de ser bastante obvio y Delia lo notó. — Eres muy atractivo, cariño, así que esa chica solo debe ser difícil.

Y vaya que era difícil aunque Delia tenía razón, solo la conocía desde hace unos días y ya estaba tras ella ¿acaso era estúpido? Él jamás haría algo así antes.

Aun así, no podía negar que estaba bastante atraído por Juvia y su personalidad de fiera solo levantaba más su curiosidad, porque sabía que ella no era así, solo debía encontrar ese tesoro.

— ¿Cómo sabes tanto sobre esto?- preguntó Gray, Delia debía tener experiencia, ya era una mujer pero aun así lo pregunto.

— Tengo un adolescente en casa y una chica de tu edad.- admitió. — Debo estar preparada para este tipo de situaciones.

Si bien ya lo había pensado, Delia era atractiva y su hija debía serlo igual, después de todo los genes eran hereditarios.

— Podrías presentarme a tu hija.- incitó y la mujer rió.

— No le agradarías.- dijo divertida y se alejo por el pasillo para continuar con su trabajo.

— ¡Eso no me hace sentir mejor!- gritó esperando que escuchara.

Al menos había conseguido un buen consejo y lo tomaría. No había nada que hacer, no pensaba en Juvia como un capricho pero definitivamente había algo que lo atraía y lo descubriría.
Tal vez con ella encontraría ese interés a su alrededor y un poco de felicidad sin ayuda de su estúpido dinero.

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Al terminar el trabajo decidió tomar el autobús allí mismo, prefería gastar ese poco dinero antes de volver a encontrarse con Lyon y sus amigos.

Realmente no entendía como esos chicos disfrutaban hacer ese tipo de cosas aunque debió esperarlo. Una persona con poder siempre se sentía superior y Juvia solo era una hormiga en su camino o si es que así la consideraban, podía ser menos para ellos.

Debió tomar el consejo de su madre y no meterse en problemas por su enorme boca, pero no debía permitir que nadie la pisoteara.

¿Y que había conseguido por tratar de defenderse?

Solo más problemas y un montón de chicos pretensiosos detrás de ella tratando de hacerle la vida imposible.

Honestamente no pedía nada más que un poco de tranquilidad, se la merecía y la imploraba. Aun seguía esperando a que algo bueno apareciera en su vida.

Las cosas en casa eran las mismas, sus hermanos haciendo travesuras y su madre jugando con ellos y ese día no era diferente.
La música retumbo en sus oídos y se encontró con su madre y sus hermanos bailando en medio de la pequeña sala.
Haru solo observaba la escena divertido sin unirse, bailaban como si estuvieran en un club y vestían atuendos ridículos, incluso Hikari usaba las zapatillas de su madre y le quedaban enormes.

Sus carcajadas revelaron su ubicación y su madre se acerco rápidamente a ella.

— ¡Vamos, Juvia!- tiró de ella hacia la ''pista'' y todos bailaron a su alrededor.

Se rindió y comenzó a hacer un baile gracioso y todos la siguieron haciendo reír a Haru.
Esos momentos eran únicos, adoraba volver a casa y ver ese tipo de situaciones, era lo mejor que podía vivir en todo el día.

Bailo unos minutos y se escabulló silenciosamente, los amaba pero estaba agotada. Admiraba a su madre, a pesar de todo el cansancio aun podía estar con una enorme sonrisa, hacerlos reír y jugar con ellos, su trabajo era doble.

Mientras tomaba una ducha escucho como la música se detenía, también los pequeños necesitaban dormir. Ayudo con el baño de sus hermanos y cuando por fin todos estaban limpios se dirigió a su pequeña habitación.

Se dejo caer sobre la cama y fijo su vista en la nada, había considerado demasiadas veces que sería lo mejor dejar de estudiar y enfocarse solo en lo laboral. Los chicos seguirían creciendo y debían darles la educación apropiada y eso sería demasiado para su madre, no podría hacerlo sola.

Tal vez se preocupaba demasiado pero era su deber hacerlo, el ser la mayor requería responsabilidad y no podía ir por ahí perdiendo el tiempo.
Cerró los ojos y trato de relajar su cuerpo para poder sumirse en un sueño profundo hasta que sintió un peso del otro lado de la cama.

— ¿Puedo dormir contigo?- pregunto una voz dulce y chillona.

Sonrió y abrió los ojos encontrándose con una belleza de cuatro años.

— ¿Quieres dormir conmigo?- la pequeña sonrió y asintió. — De acuerdo, ven.- dijo y Hikari la abrazo tiernamente.

— ¡No es justo!- gritó Mei. — Mamá, yo también quiero dormir con nee-chan.

Juvia alzo un poco la cabeza y observo a su madre con los gemelos en la puerta de la habitación.

— ¡Y yo!- gritó Rei.

Delia soltó una carcajada. — ¿Qué tal si todos dormimos juntos? Hace tiempo que no lo hacemos.

— ¡Si!

Juvia se enderezo, sería imposible conciliar el sueño con Hikari saltando sobre la cama de la emoción.

— Haru, ayúdame con el futon.- pidió su madre al chico que pasaba por allí.

La peliazul salió de la cama y consiguió algunas almohadas y sabanas con ayuda de los pequeños. Siempre acostumbraban a dormir juntos sobre futones en su anterior hogar, tenían solo un año viviendo en esa deteriorada casa, era la única que podían pagar.

Dormirían en la sala, era la habitación más espaciosa de la casa.

Haru se negó a dormir con ellos pero con ayuda de todos lo forzaron a hacerlo. Seis personas sobre un futon era algo incomodo y aun así decidieron quedarse allí, bromearon y rieron hasta que se quedaron dormidos.

A la mañana siguiente su rutina volvía a ser la misma, todos peleando por el baño y el almuerzo. Juvia fue la primera en salir de casa, se despidió de todos e hizo su camino hasta la universidad.
No recordaba el día anterior y lo hizo en cuanto todos la miraron curiosos y sabia que los rumores ya habían comenzado.

Los rumores iban desde que estaba embarazada y por eso estaba con ella, hasta que era traficante de drogas, todas bastante estúpidas.

— Supongo que ya los escuchaste.- Meredy estaba sobre pupitre esperando la llegada del profesor.

— No puedo creer que las personas crean eso.

— Oye, no los culpes, nadie tiene nada mejor que hacer. Necesitan distraer sus propios problemas indagando en los asuntos de los demás.

Ella también tenía problemas pero no buscaba alguna excusa tonta para huir de ellos.

— ¿Seguirás diciendo que no son nada? Porque no parecía así, todos fueron testigos.

Perfecto, lo que faltaba, ¿Acaso esas chicas no tenían otros problemas en que meter sus narices?

— Pensé que sería un anciano o algo así, pero resulto ser un chico y uno muy guapo.- menciono la otra.

— ¿No tienen nada mejor que hacer?- pregunto Meredy. Ella sabía perfectamente la situación de Juvia y como trataba de manejar todo a su alrededor, era molesto que se metieran con ella cuando jamás había hecho algo para merecerlo.

— Meredy, no.

— No me detengas, Juvia, solo les gusta molestar y estoy harta de ellas.

Las personas a su alrededor miraban disimuladamente y curiosos, una pelea en clases no se veía todos los días.

— Esta bien, solo no le des importancia.- la pelirrosa trato de protestar. — Por favor.

Lo pensó un momento y suspiro. — De acuerdo.

— Son unas aburridas, solo quería saber la verdad.- bufo una de las chicas. — Aunque es obvio que es una interesada.- ambas rieron y se alejaron a sus asientos.

Juvia notó la expresión de Meredy y negó con la cabeza indicando que no hiciera nada estúpido u obtendría problemas.
Estaba acostumbrada a ese tipo de situaciones, no era nada que no pudiera manejar, pero definitivamente Gray había arruinado todas las cosas al aparecer frente a Phantom Lord, los rumores continuarían durante un tiempo más.

Cuando llego el momento de salir, corrió a toda prisa rogando con no encontrarse con Gray y agradeció infinitamente en cuanto no vio su auto allí.

Ese día debía ir por Hikari de nuevo, acordaban eso de acuerdo a sus horarios y el lugar en donde cuidaban a la pequeña estaba más cerca de la universidad.
Llego rápidamente al lugar, busco a la pequeña entre los niños y le pareció extraño que no corriera hacia ella, no estaba en ninguna parte.

— Juvia, ¿Sucede algo?- una mujer mayor se acerco, la señora Dorothy.

— ¿Hikari está aquí?

— ¿Hikari?- pregunto recordando. — Oh si, la pequeña se fue hace diez minutos.

Su pulso se acelero en temor, se suponía que era su turno de ir por Hikari, nadie más podría hacerlo.

— ¿Con quién? ¿Quién se la llevo?- pregunto temerosa.

— Haru.- confirmo. — Hikari se fue con él.

¿Haru? Se suponía que él debía ir por los gemelos.

— ¿Estaba solo?

— Si…¿Sucede algo malo? Luces algo pálida.- pregunto algo preocupada.

— Yo… no… tengo que irme.- dijo nerviosa y salió sin decir algo más.

Haru debía estar con los gemelos y aunque la señora Dorothy conocía a Haru su memoria podía fallar. Llegaría tarde al trabajo pero debía saber primero en donde estaba Hikari y sus hermanos.
Corrió a toda velocidad hasta la estación en donde siempre se reunian y no los encontró por ninguna parte.

Sus manos comenzaron a temblar, no quería pensar en lo peor pero su mente comenzaba a jugarle malas bromas.

Tomó un taxi y se dirigió a casa, era el único lugar posible en donde podrían estar.

Su corazón golpeaba con fuerza en su pecho y pensó que se desmayaría. Respiraba agitadamente y salió de prisa del taxi en cuanto arribo y se apresuro a llegar a la puerta.

Giro el pomo y se dio cuenta que la puerta estaba cerrada. Saco las llaves de su bolso sin dejar de temblar y la abrió con dificultad.
Solo rogaba que estuvieran allí o si no se desplomaría, no sabría que hacer.

Camino lentamente con los ojos cerrados, tenía miedo de lo que podría ver ¿Y si no estaba allí? ¿Y si alguien más se la había llevado?

Todas sus preguntas murieron en cuanto escucho unas risas provenientes de la sala. Entro rápidamente a la habitación y Hikari la recibió abrazándola.

— ¡Nee-chan!

Se dejo caer de rodillas a la altura de la pequeña y soltó un suspiro de alivio.

— Oh dios mio, pensé que te había sucedido algo.- la abrazo con fuerza y beso su rostro causándole cosquillas. — Te amo, pequeña traviesa. No vuelvas a asustarme de esa manera.

Los gemelos corrieron y la abrazaron de igual manera.

— Los amo, no vuelvan a hacer eso.- beso sus mejillas de igual manera y los protegió en un abrazo.

Se separó y los observo bien, estaban allí, no estaba soñando.

— ¿Cómo…?- su pregunta se detuvo al igual que su mirada sobre esa persona en la casa. Se puso de pie sin dejar de mirarlo. — Niños… ¿Qué les dije sobre dejar entrar a desconocidos?

— Oye, yo no soy ningún desconocido, me conocen ¿recuerdas?

Gray. Debió imaginarlo.

— Solo te han visto una vez.

— Oh, estas aquí.- la voz de Haru resonó a sus espaldas y se giro a encararlo.

— ¿Qué reacción es esa?- pregunto irónica y molesta. — ¿Por qué están aquí? Se suponía que nos veríamos en la estación.

— Fui por los gemelos y me encontré a Gray allí, se ofreció a llevarnos y acepte, Mei necesitaba usar el baño.

— Pensé que te encontraría allí.- respondió Gray. — Pero me encontré con Haru y decidí venir.

Miraba a su hermano sin poder creerlo ¿Por qué aceptaría ayuda de un extraño?
Pero si lo pensaba bien, ella había hecho lo mismo. No haría más preguntas o llegaría tarde al trabajo y ya estaba retrasada.

— Tengo que irme, tu.- señalo a Haru. — No vuelvas a aceptar nada de extraños y tu.- señalo a Gray. — Fuera.

Suspiró y se puso de pie, había estado jugando un juego de mesa sobre el suelo junto a los pequeños. Por alguna razón el comportamiento de Juvia no le sorprendió, es lo que esperaba.

— Tengo que irme.- las niñas se acercaron a él.

— ¿Vas a volver?- pregunto Mei sonriendo, era adorable con ese hueco entre sus dientes, uno de sus colmillos había caído.

— No lo sé ¿Qué tal si le preguntamos a Juvia?

— Nee-chan, ¿el príncipe puede volver?- pregunto Hikari.

¿Príncipe?Se pregunto, Gray era muy atractivo y sabía que tenía el dinero, no le sorprendía que Hikari lo llamara así y a él no parecía molestarle.

— Hablaremos cuando vuelva ¿está bien?- sonrió y se despidió de cada uno de ellos.

Se había escabullido de la pregunta y tiró de Gray hasta la salida. Advirtió a Haru una vez más sobre la entrada a desconocidos y salió por la puerta.

¿Por qué tenía que estar allí? ¿Y porque había estado esperando por ella?
Ese chico no se rendiría y tenía que descubrir que era lo que tramaba al tratar de acercarse.

— ¿Quieres que te lleve?- su ronca y ardiente voz se escucho cerca de su oído.

Juvia se giró su cabeza un poco y se encontró con el rostro de Gray a escasos centímetros del suyo. Podía sentir el aroma de su colonia y ver los atractivos rasgos de su rostro.

Esos ojos azul oscuro eran filosos y penetrantes, no parecía mala persona pero no iba confiarse.

— Ni loca.- respondió serena y comenzó a caminar ignorándolo completamente.

No la siguió pero Juvia sabía que no sería la última vez que lo vería y tenía que admitir que Gray era interesante.


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Adoro a Hikari *v* es tan adorable.

El capitulo 8 lo tendrán en el transcurso de la semana.

Espero les hayan gustado, gracias por leer!
Bye,bye!


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