Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría

¿LE DEJASTE ALGÚN MENSAJE?

Seattle, Lunes, 9 de noviembre de 2009. 21:48 horas

Edward POV

Habíamos estado toda la tarde en la habitación con mi madre, y más tiempo que nos hubiéramos quedado de nos ser porque ella misma nos echó a casa a mi hermana y a mi cuando se hizo de noche con la excusa de que le preparamos una pequeña maleta con ropa y enseres, ya que estaba más que claro que su estancia en el hospital se iba a alargar por un tiempo indefinido.

A pesar de que se me cerraban los ojos, no cedí a la petición de mi hermana en dejarla conducir. Ya había hecho demasiadas concesiones a lo largo del día. Además no iba a dejar que nadie salvo yo tocara mi coche, mi bebe, y mucho menos la loca de mi hermana. Conducir mi volvo era una de las pocas cosas que conseguían mantener mis nervios calmados y ahora era eso precisamente lo que más necesitaba. Como si la metástasis que habían diagnosticado a mi madre no fuera suficiente para volver a uno histérico ahora, encima, por culpa de mi bocota, tenía que lidiar con la estúpida promesa de encontrar a Bella y traerla de vuelta.

Con paso ligero nos escabullimos del hospital por la puerta de emergencias con la idea de no tener que encontrarme con ningún compañero y evitar así tener que dar más explicaciones y oir los mismos lamentos.

Llevábamos más de quince minutos en silencio dentro del auto, en nuestro estado de consternación ni música se nos había ocurrido poner. Yo dirigía de vez en cuando alguna mirada de reojo a mi hermanita, me tenía un poco preocupado, había estado muy parlanchina durante toda la tarde pero ahora parecía que le había comido la lengua el gato. En una de esas escrutadoras miradas me descubrió y me dijo demasiado risueña para mi gusto.

– Diez céntimos por tus pensamientos.

– Ni siquiera eso valen.

– Vamos Edward. Habla conmigo–. Pidió mientras me daba un golpe tonto en la mano. – No te encierres otra vez en ti –. Añadió bajando un poco la intensidad de su voz. Dicho eso, ya no hacía falta que nadie pagará por mis pensamientos, y seguro que, viendo la cara que estaba poniendo, por los suyos tampoco. Más bien al revés apostaría mucho más que diez céntimos a que ambos estábamos pensando en los acontecimientos ocurridos seis años atrás, justo en el momento que Bella desapareció de nuestras vidas y yo me convertí en zombi por primera vez.

– ¿Qué quieres que te diga Alice? –. Le dije con un tono demasiado tosco. En realidad su personalidad tan optimista y su actitud ya me estaban sacando de mis casillas. Así que sin darle mucha opción a replica, empecé a escupir todo lo que se me estaba pasado por la cabeza sin atenerme ni a las consecuencias ni al daño que le iba a causar. – Lo bien que me siento al ver a mama así, lo contento que estoy por ella, por su dolor, por lo bien que lo vamos a pasar de aquí en adelante…

– Vamos Edward no hace falta que seas así. – Me cortó con evidente disgusto.

– Noooo, hace falta que sea como tú ¿verdad?, que ni te enteras ni te quieres enterar de nada ¿verdad?, siempre dando saltitos y grititos de alegría… siempre tan optimista… pues entérate de una puta vez, mamá se muere, nos deja y va a sufrir… no hay vuelta atrás ¡SE MUERE!–. Acabé gritándole a pleno pulmón mientras seguía conduciendo el volvo a alta velocidad. Aunque no la había mirado ni una sola vez a la cara desde que había empezado a chillar, la había sentido quebrarse ante mis palabras, doblarse sobre si misma hasta apoyar la cabeza en sus rodillas, e incluso hasta juraría que oí a su corazón resquebrajarse. E inmediatamente me di cuenta de hasta donde había metido la pata.

– Lo siento, Alice perdóname, lo siento… – le supliqué dirigiéndole rápidas miradas mientras intentaba agarrarla de la mano para acercarla a mí. – Soy un cabrón, perdóname… eres lo mejor y único que me queda en la vida, y te trato así… perdóname de verdad –. De verdad que estaba arrepentido. No me merecía a Alice, ella nunca me había abandonado y había aguantado estoicamente mi mal humor en los peores momentos de mi vida y así se lo pagaba, insultándola y dañándola.

– Pues si lo eres, eres el mayor gilipollas que conozco –. Me dijo en voz baja pero muy intensa, cargada de inquina. – Eres un puto emo amargado e insufrible. Acaso crees que yo no sufro, que no sea médica y no conozca de primera mano lo que va a pasar con mamá no quiere decir que no me duela. Eres un puto egocéntrico. ¿Qué quieres que haga?, ¿que querías que hiciera…? pues lo único que pude hacer y que haré ahora será poner mi mejor sonrisa y fingir, fingir por mamá para que no me vea sufrir igual que finjo desde hace seis años por tí. Por intentar devolverte a la vida, por hacerte reir, para que superases tu puta depresión y no te volvieras loco… pero noooo! el niño eso no lo vio, nooo! el solo pensaba en llorar y llorar por las esquinas por su ausencia. Acaso te crees que los demás no perdimos nada cuando se fue, eh! Porque no solo tu la perdiste, piensa un minuto lo que supuso para nosotros. Papá y mamá no sólo perdieron a una hija y yo a mi mejor amiga, sino que en el camino te perdimos a tí también. Así que no te atrevas a pensar que aquí solo sufres tú.

A medida que ella iba articulando sus palabras yo iba bajando avergonzado la cabeza sobre mi pecho.

– Tienes razón soy lo peor del mundo, tu fuiste mi única tabla de salvación Dios siempre la cago, siempre destruyó todo bueno que tengo en la vida. Perdóname ¿si?, lo siento, por favor perdóname –. Le rogué mientras le daba besos en la mano. Siempre había sido consciente de que todos habíamos sufrido por la marcha de Bella, pero el que Alice me lo dijera de ese modo, el hecho de que yo también los hubiera hecho sufrir a ellos. Aquello pronunciaba un poco más el hondo agujero que se había ido remendando poco a poco con el paso del tiempo en mi pecho.

– Esta bien, Edward –. Me concedió tiernamente. – Perdóname a mi también ¿Si?, yo también me deje llevar… no quería decirte eso.

– No, tienes razón y siento no haberte agradecido tu presencia mucho antes, sabes que no me gusta demasiado hablar de mis sentimientos pero siempre te estaré agradecido por no dejarme solo y por devolverme a la vida poco a poco. – Le dije intentando ofrecerle la mejor sonrisa que pudiera sacar. Yo era el hermano mayor y ella era siempre la que me había cuidado y sostenido. Eso tenía que cambiar, tendría que empezar a asumir mis propias responsabilidades. – Vamos a casa ¿si? Prepararemos un poco de sopa e intentaremos dormir. Mañana será un día muy largo.

Alice asintió devolviéndome también una suave sonrisa cuya alegría nunca llegó a sus ojos. Su usual brillo de júbilo se había desdibujado por los acontecimientos del día. En verdad que era estupenda. Se había convertido en una preciosa mujer de veintisiete años y desde luego se merecía ser feliz, al menos ella había encontrado al amor de su vida y no lo había jodido.

Después de conducir durante cinco minutos más llegamos a la casa de mis padres en un confortable silencio. No hacían falta más disculpas entre mi hermana y yo. Ambos nos queríamos con locura y si a alguien podíamos permitir el lujo de gritar y chillar y decir las mayores tonterías o la más cruda realidad era el uno al otro.

– Alice, cómo lo voy a hacer–. Le dije cuando finalmente nos sentamos a cenar. – No me puedo creer que le haya prometido eso a mama.

– Yo tampoco me puedo creer que ella te lo haya pedido.

– ¿Por qué crees…?

– No lo se–. Me cortó.

– De verdad que no sabes por qué puede ser –. Insistí. –vosotras estáis muy unidas. Habláis de todo.

– No tengo ni idea… y ya ves que de todo no. – Me dijo con un poco de dolor en su tono, refiriéndose al reciente secreto descubierto de la enfermedad de mi madre. – Igual se quiere despedir… – añadió con un tono de voz casi inaudible.

– No, no es que quiera despedirse… le quiere pedir perdón. – Dijo mi padre entrando en la cocina dándonos un susto de muerte.

– Perdón por qué… – preguntamos mi hermana y yo al unísono. No podía entender por que mi madre sentía la necesidad de tener que pedirle perdón a Bella, más bien tendría que ser al revés. Ella era la que tenía que pedir o incluso suplicar por nuestro perdón.

– No me ha dicho nada más, pero se que algo hay escondido, conozco a vuestra madre y se que hay algo más, pero no me lo ha querido decir. – continuó mientras se acercaba a nosotros para darnos un beso en la frente.

– Papá, ¿qué haces aquí?– le preguntó mi hermana cuando salimos de nuestro estupor abrazándose a él fuertemente.

– He venido a darme una ducha y a por la maleta de vuestra madre.

– Uy! Se me olvidó completamente, mientras te duchas la preparo –. Le dijo mi hermana dándose la vuelta hacia las escaleras. – Pero cena algo antes –. Gritó desde el piso superior.

Mi padre asintió con la cabeza mientras miraba nuestros platos vacíos sobre la encimera. Seguro que aunque no sintiera la necesidad de comer no había probado bocado en todo el día y necesitábamos que mi padre se mantuviera fuerte, así que sin darle opción a una negativa inmediatamente me levanté a servirle un plato de sopa que aún estaba humeante en la pota.

– Hijo, ¿podrás con todo? – Preguntó mirándome directamente a los ojos. No hacía falta decir más, mi padre también había sido testigo mudo de mis actos en el pasado, y conociéndome como me conocía sabía perfectamente en que tesitura me hallaba.

– Si papa, es lo último que puedo hacer por mamá ¿no? Pues que remedio –. Yo quería a mi familia con locura, y por cualquiera de ellos me comería mi orgullo y mi dolor, en total de darles un poco de felicidad, y si alguien era merecedora de ella esa era mi madre. Con lo que pasase lo que pasase no me echaría atrás. – Aunque no se por donde empezar siquiera.

– Toma –me tendió una pequeña libreta de cuero rojo – puedes empezar por aquí.

Extrañado la abrí y pude comprobar que se trataba de una vieja agenda de teléfonos, sin pensar demasiado en lo que hacía, pasé las hojas hasta llegar a la B. Nunca me hubiera imaginado que allí, con la letra pulcra de mi madre estaba escrito su nombre y apellido junto a un numero de teléfono.

– ¿Qué significa esto? – le pregunté sin apenas poder disfrazar cierta rabia en mis palabras.

– No lo se enano, no tengo ni idea –. Mi padre siempre nos llamaba cariñosamente enanos, aunque yo le sacara un buen cacho de altura. – Tu madre me lo dio en cuanto salisteis de la habitación.

– Pero ella cómo… están… acaso está en contacto… hablan a menudo? –. Apenas podía diseñar una frase coherente. Me sentía mareado, mi cabeza daba vueltas y tuve que agarrarme fuertemente a la mesa si no quería caer, ni siquiera recordaba en que momento me había sentado en la banqueta.

– No lo se, tu madre, no me quiso contar nada cuando le pregunté. Solo me dijo que ya nos enteraríamos cuando Bella estuviera aquí–. Me contó acercándose a mi lado, para apretar dulcemente mi hombro.

– No estoy yo tan seguro de que quiera venir. –le confesé bajando mi cabeza hasta casi tocar mi pecho.

– Ni yo, pero tu madre si lo cree y nuestro deber ahora es apoyarla en todo y por supuesto que no le pienso negar nada.

– Tienes razón papá.– Asentí mientras seguía jugueteando con la libretita. – Mañana mismo la llamo – le dije cuando al comprobar la esfera del reloj de pulsera que llevaba vi que eran más de las nueve de la noche. Tampoco es que fuera demasiado tarde, pero no me podía siquiera plantear llamarla en ese momento, al menos necesitaba pensar en que le iba a decir.

– Papa, ¿todavía aquí? –. Le dijo mi hermanita bajando con una maleta ligera en la mano. – Toma, le metí un par de camisones, zapatillas, una bata y el neceser. Mañana le preguntaré si quiere que le lleve un libro.

– Bien, hija muchas gracias – le dijo mi padre dándole otro beso en la coronilla. – Gracias por la cena, bueno me ducho en cinco minutos y me voy. No quiero que este tanto tiempo a solas. Oye – dijo volviendo sus pasos cuando ya se iba. – Si te vas a quedar a dormir aquí acuérdate de avisar a Jasper–. Le dijo a mi hermana que nada más escuchar sus palabras puso los ojos en blanco.

– Papá. – Le dijo con un tono de mamá disgustada que nos hizo sonreir a ambos–. Jasper ya lo sabe. Lo llamé mientras estaba haciendo las maletas.

Esperamos en el salón a que mi padre acabara de asearse para desearle buenas noches y mandarle un beso a mamá de nuestra parte. Nos quedamos en la entrada hasta que vimos su coche desaparecer por el sendero de gravilla. Fue en el momento en que cerré la puerta tras nosotros cuando se me echó encima todo el cansancio acumulado a lo largo de aquellos nefastos días. A pesar de mi cansancio y de las insistencias de mi hermana me obstiné a quedarme con ella viendo un rato la tele. En realidad no quería irme solo a mi antigua habitación donde lo más seguro es que malos pensamientos me robarían el sueño. Prefería tumbarme en el sofá, haciendo compañía a mi hermana y ver alguna vieja peli. Con lo que ninguno de los dos contaba era que inconscientemente ambos nos dormiríamos a los pocos minutos abrazados del mismo modo que cuando éramos pequeños.

Martes, 10 de noviembre de 2009. 19:55 horas

Edward POV

– Edward, una cosa ¿hablaste ya con Bella? – Nos habíamos pasado todo el día con mi madre en el hospital, y ella no había mencionado siquiera ni una sola palabra acerca de la promesa. Yo había decidido ir aquel día también a trabajar, pues mientras aprovechaba que estaba cerca de mi madre podría reservar esos días libres para cuando realmente hicieran falta. Con lo que cada hora y poco me acercaba a la habitación a verla. Precisamente fue en una de esas visitas cuando aprovechando cinco minutos que nos quedamos solos, hizo alusión al tema. – ¿va a venir?

– Lo siento mamá – le dije con evidente disgusto– la llame un par de veces pero no me cogió el teléfono, luego lo vuelvo a intentar–. Tuve que añadir al ver el ligero pucherito que me hacía. – ¿Por cierto de donde sacaste el número? –. Realmente estaba intrigado por aquella cuestión.

– Me lo dio un pajarito. – respondió mi madre un poco altanera y con cara de satisfacción. Fue en ese momento cuando le di la razón a mi padre al comprobar que mi madre si se traía algo entre manos.

Miércoles, 11 de noviembre de 2009. 20:35 horas

ALICE POV

Apenas había podido hablar a solas con mi hermano desde ayer por la mañana cuando nos habíamos despertado juntos en el sofá del salón de casa de mis padres. Más de veinticuatro horas muriéndome de la intriga por preguntarle si había efectuado la famosa llamada. Pero sabía que el tema era lo suficientemente doloroso como para comentarlo delante de cualquiera de las amistades que se habían acercado a visitar a mi madre. Por eso mismo había insistido en que me esperara a que saliera del trabajo para acompañarlo a comer en la cafetería del hospital. Conocía a mi hermano y para poder hacerle la famosa preguntita sabía que tenía que pillarle un poco desprevenido así que esperé hasta la hora de los cafés.

– Ya la llamaste

– Si – me respondió con cierta desidia

– Y que te dijo – Apenas podía controlar mis nervios

– Nada… no me respondió –aclaró ante mí más que posible mirada de confusión

– Mmmm! ¿Por qué crees que no te respondió? – le pregunté mientras yo misma intentaba hallar una posible respuesta.

– Ni idea… – Sus respuestas podían ser vagas e imprecisas pero yo sabía que algo me ocultaba, en sus ojos se podía adivinar cierta sombra de angustia y duda. Sería que había algo más.

– ¿Le dejaste algún mensaje?

– No – Contestó rápidamente. Bingo! De eso se trataba

– ¿Por qué? – Le volví a preguntar dispuesta a no darle tregua hasta conocer sus razones.

– Sabes que no me gusta hablar con maquinas –. Si eso lo sabía pero también sabía que algo más debía haber. Pero por ahora lo dejaría pasar.

Jueves, 12 de noviembre de 2009. 18:26 horas

JASPER POV

Había ido a llevar a Alice una muda de ropa limpia al hospital ya que pensaba quedarse aquella noche con su madre para poder darle un alivio a Carlisle que apenas se había separado de su esposa desde el lunes. Y para sacar a Edward a dar una vuelta, mi querida e intrigante novia me había insistido demasiado como para negarme en que tenía que distraer y sonsacar a su hermano como iba con la misión "llamar a Bella, recordarle quiénes éramos y traerla de vuelta"

– Hey, ¿cómo lo llevas? – Me atreví a preguntarle después de tomarnos unas cervezas.

– De puta madre, ¿tú que crees? – Mal, le podría haber dicho, pero conocía a mi amigo desde hacía demasiados años como para tomarme a mal su arrogancia. Por esta vez le reconocería cierta razón para ese comportamiento antisocial crónico.

– Si que estas agresivo. Es por Bella… ¿Hablaste con ella? – Valientemente le pregunté con la intención de cumplir con la misión que me había encomendado mi niña. A sabiendas que todo lo que me pudiera pasar o hacer recaería sobre su conciencia.

– No… – Contesto más apaciguado.

– ¿La llamaste?

– ¿Tú que crees? – Me devolvió otra vez sarcásticamente.

– Me dijo Alice que no le dejaste ningún mensaje, como quieres que te conteste sino sabe quien la llamo –. Le dije en tonito de sabelotodo, de ya me estas hinchando las pelotas pero te concedo otra oportunidad.

– Como si me fuera a contestar cuando supiera que la llamo yo – Bufó.

– ¿La llamaste hoy? –Insistí obviando sus palabras

– Un par de veces.

– Pues vuelve a hacerlo y le dejas un mensaje en el contestador–. Casi le ordené girándome sobre la silla e indicando al camarero que trajera otras dos cervezas.

Sábado, 13 de noviembre de 2009. 03:47 horas

ALICE POV

– ¿Estas borracho? – le pregunte directamente a mi hermano cuando vi que Jasper apenas podía arrastrarlo.

– ¿Y? – Me contestó con suficiencia, dejándose caer sobre el sofá de la casa que compartía con mi novio.

– ¿Qué pasó Jasper? ¿lo sacas a tomar unas cervezas como ayer y lo traes así? –le pregunté muy molesta. –¡Y tu, échame también el aliento! – Le ordené mientras me paraba delante de él y subía mi cara para quedar bajo su boca. También apestaba a alcohol aunque no tanto como mi hermanito.

Le di un suave empujón para que cayera al lado de Edward en el sofá mientras me dirigía a la cocina a preparar un poco de café. Mañana desde luego que hablaría muy seriamente con ellos dos.

Diez minutos después volví al salón con tres humeantes cafés negros y unos emparedados, bien sabía que lo mejor para la resaca era meter algo sólido en el estomago. Cuando entre en el salón pude comprobar como mis chicos habían modificado el tono de su conversación hasta llegar casi al susurro. Un hecho que me intrigó bastante porque hasta el momento los había podido escuchar dando voces y hablando de deportes desde la cocina. Con lo que no pude evitar pararme y escuchar el final de la conversación.

– Te vas a arrepentir mañana cuando te acuerdes de lo que hiciste – Le decía Jasper dándole un fuerte apretón en el cuello.

– Pues tendré que beber un poco más para no acordarme – Bromeó Edward

– Yo te lo contaría otra vez

– Porque eres un cabrón

– Y tú imbécil – No tenía ni idea de por donde iba la conversación hasta que Edward le preguntó haciendo bastante hincapié en el artículo la.

–¿Por qué la estas defendiendo?. – De eso se trataba, algo más había pasado con Bella, y por algún motivo no quería que me enterase. A buen lado había ido Edward a parar tenía mis propias técnicas para sonsacar a Jasper todo lo yo quisiera que me contara.

– Tú que crees, te parece normal el mensajito que le acabas de dejar en el contestador– Le regañó mi chico.

– No era lo que vosotros queríais que hiciera que le dejara un mensaje. – contestó hirientemente.

– No hay quien trate contigo cuando estas así–. Estaba claro que de esa no me iba a enterar tendría que esperar a mañana a que bajadas las borracheras pudiera preguntar.

– Chicos los cafés… – les dije dándoles a cada uno una taza y quedándome yo con la tercera.

Sábado, 14 de noviembre de 2009. 19:08 horas

CARLISLE POV

– Hola papá. – Me dijo Edward cogiéndome desprevenido por la espalda mientras miraba los últimos análisis de sangre de Esme.

– No tienes muy buena cara. – Le indique con un dedo, de hecho tenía una cara espantosa. Alice me había avisado de que había salido con Jasper a dar una vuelta, pero esto había sido algo más que unas copas

– Si lo se… – me contestó poniendo cara de circunstancias – ¿sabes algo más? – preguntó señalando con la cabeza al expediente.

– Los resultados no son definitivos pero el tratamiento paliativo parece funcionar. Al menos ya no tiene dolores. – Le comenté.

– Bien, ahora eso es lo que importa–. Su voz era tan triste y apagada, donde estaba aquella voz dulce y aterciopelada que había heredado de mi bella esposa…

– Edward, supiste algo de… –fui incapaz de mencionar su nombre, aún me dolía su ausencia y ver la expresión de angustia de mi hijo no me aliviaba en absoluto. – No quiero presionarte pero no nos queda mucho tiempo – Le comente en voz baja.

– Lo se, papá, acaso te crees que no lo se. Pero la llevo llamando toda la semana y no me contesta, le dejo mensajes una y otra vez y nada… no quiere saber nada de mí, ni de nosotros... Nos olvidó. – Añadió finalmente con un murmullo y una mirada demasiado triste como para querer verla en un hijo.

Sus palabras me hacían un daño profundo en mi alma, era increíble que después de tantísimo tiempo el siguiera sufriendo por su ausencia. Nosotros creíamos que ya lo había superado, que se estaba recomponiendo pero a la luz de su cara más bien parecía que todo era una máscara y que apenas hubiera pasado un mes y no seis años de su marcha. De verdad que no entendía muy bien porque Esme le había pedido, precisamente a él y no a cualquiera de nosotros traerla de vuelta. Por supuesto que confiaba en mi esposa pero todo esto se me hacía demasiado intrigante y raro. En cuanto nos quedásemos solos esa noche tendría que hablar seriamente con ella y obligarla a contarme la verdadera intención de sus actos.

Bostón, Domingo, 15 de noviembre de 2009. 18:19 horas

BELLA POV

Acababa de entrar por la puerta cuando oí que sonaba el teléfono, corrí todo lo que pude a responderlo pero antes de llegar saltó el contestador. Cuando oí la voz que dejaba el mensaje resbalé sobre el marco de la puerta quedándome helada.

– Hola Bella, soy yo otra vez. Edward. Ya no se que más decirte. De nuevo discúlpame por el tono de algunos de los mensajes que te dejé estos días atrás, de verdad que no era mi intención. Verás…. No quería decírtelo de este modo pero no me dejas ninguna otra opción: Esme esta… muy enferma, … se muere y… ha preguntado por ti. Te quiere ver. Bueno, yo ya no puedo hacer más. Si todavía te importa algo esta familia, o bueno ella al menos… tu-tu… s-sa-sabrás que hacer.

-.-.-.-.

Mañana más y muchísimas gracias a todas por seguir ahí.