Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría

Creo que de todo lo que llevo escribiendo aquí, hasta la fecha este es el capítulo que más me gusta. Así que espero que también lo disfrutéis.

DALE AL PLAY

Seattle, Domingo, 15 de noviembre de 2009

Esme POV

Poco a poco iba despertando de mi letargo pero todavía no quería abrir los ojos, quería grabar en mi mente todas las calidas sensaciones que me envolvían. Podía sentir tantas cosas que no me hubiera hecho falta la vista para pintar el cuadro de lo que me rodeaba. Era mi familia, mi marido y mis hijos. Todos estaban pendientes de mí, de mis deseos, de mis antojos, de mis pensamientos…. Pero mi único deseo y mi único pensamiento estaba dirigido a la única persona que faltaba en aquella habitación. Posiblemente me estaba comportando de un modo egoísta al pedirle a mi hijo que buscara Bella y la trajera de vuelta, y posiblemente era mucho más egoísta con Bella al chantajearla con mi enfermedad para que viniera a verme. Pero no quería pensar demasiado en aquellos detalles, había tomado la decisión el mismo día que me dijeron que esta vez el cáncer no era operable y yo no me podía ocupar directamente de arreglar aquel desaguisado. Ya no había marcha atrás. Se podía decir que aquella petición por mi parte era el último deseo del condenado a muerte.

Todo estaba fuera de lugar sin Bella, ella tenía que estar aquí, junto a Edward. Yo siempre había sabido que ellos estaban predestinados el uno para el otro de la misma manera que lo estaban Alice y Jasper. Por eso no me podía arrepentir de lo que estaba haciendo. Más bien si de algo me tenía que arrepentir era de haber dejado pasar tanto el tiempo y no haberlo hecho antes. Algo en el fondo de mi corazón me decía que aunque el proceso fuese a resultar doloroso para todos a la larga sería lo mejor. De todos modos, aquella petición no era un simple capricho de reconciliarme con ella antes de irme y estar en paz conmigo misma. Mis intenciones iban mucho más allá. La finalidad de mi plan era devolver la paz y el amor a mi hijo y por ende al resto de nosotros. Y desde luego que la felicidad de mi familia, sobre todo para cuando yo faltase, era un fin que perfectamente podía justificar los medios que tuviera que utilizar para conseguirla. El plan estaba trazado ahora solo había que esperar que Bella respondiera a los llamados de Edward y volviera a casa, a su casa, para poner en marcha el segundo paso del plan. Había estado pensando durante toda la semana pasada cómo podría acercarme a ella y cómo logar que ella se sincerara. Por ese motivo ya no hacía falta reflexionar más sobre ello, obligándome a mi misma a cesar el hilo de mis pensamientos y volver a concentrarme en las sensaciones que me rodeaban.

Podía sentir la cálida y fuerte mano de mi marido que en esos momentos sostenía la mía sobre la cama. Mientras tanto con su dedo hacía dibujitos en mi brazo esquivando las agujas, mariposas y vendas, en un gesto suave y lleno de amor.

Podía escuchar la cadente y algo inestable respiración de Edward. Se había quedado toda la noche haciéndome compañía aprovechando que tenía guardia. Era consciente que apenas le había dejado pegar ojo ya que se había pasado las horas cambiándome las compresas frías de mi frente por la fiebre y leyéndome una de mis novelas preferidas. Por lo que ahora me alegraba que hubiera podido quedarse dormido aunque fuera en un incómodo sofá de hospital, al menos podría descansar.

Por último, también podía oler el perfume de mi niña, de Alice. Aquel perfume que yo le había regalado cuando cumplió los trece años y del que nunca después se había desecho. Un olor floral que recordaba a la primavera, alegre y un poco atrevido como su propia portadora. Ya era toda una mujer, hacía unos meses que se había ido a vivir con Jasper su novio desde que eran pequeños y al que yo quería como uno más de mis hijos. Sabía que con él sería feliz incluso cuando yo faltase… ellos tenían que luchar por su felicidad al igual que Carlisle y yo lo habíamos hecho de jóvenes. De la misma manera que yo ahora iba a luchar por la de Edward, ahora que el se había rendido, aunque en ello invirtiera las últimas fuerzas que me restaban.

Estaba perdida en estos pensamientos cuando sentí la mano de mi marido recorrer mi cara suavemente arrastrando con ella una lágrima. Todavía no quería abrir los ojos, pero no pude evitar dibujar una sonrisa para poder regalársela al amor de mi vida, presente que me fue devuelto mediante un ligero beso en mis labios, a raíz del cual ya no me pude mantener los ojos cerrados y privarme durante más tiempo de su belleza. No hacía falta decir muchas palabras entre nosotros con lo que nos quedamos durante un largo tiempo mirándonos en silencio. Silencio que se vio interrumpido cuando las palabras somnolientas de nuestro hijo deshicieron nuestra particular burbuja:

– Bella–. Suspiraba en sueños mientras giraba sobre sí mismo en el sofá, llevándose consigo a Alice que dormitaba junto a él.

Carlisle me devolvió la mirada preocupada. Sabía que no estaba del todo de acuerdo con mis actos, pero me apoyaba en todo lo que hacía. Dirigí mi dedo índice suavemente a su rostro arrastrando las arrugas que se habían formado en su ceño.

– Confía en mí mi amor, yo solucionaré esto –. Afirmé, estaba muy segura de mi misma. Sabía que tarde o temprano Bella vendría a nosotros y cuando lo hiciera la obligaría a contarnos su versión y sobre todo a contarle a Edward la verdad. Una verdad que yo sospechaba al menos desde que la había visto en Boston hacia un par de meses. – Todavía no es tarde–. Le dije a la razón de mi existencia regalándole nuevamente una sonrisa esperanzadora, esperando con ello calmar nuestros nervios.

Mientras tanto en la otra punta del país

Boston

Acababa de entrar por la puerta cuando oí que sonaba el teléfono, corrí todo lo que pude a responderlo pero antes de llegar saltó el contestador. Cuando oí la voz que dejaba el mensaje resbalé sobre el marco de la puerta quedándome helada.

Hola Bella, soy yo otra vez. Edward. Ya no se que más decirte. De nuevo discúlpame por el tono de algunos de los mensajes que te dejé estos días atrás, de verdad que no era mi intención. Verás…. No quería decírtelo de este modo pero no me dejas ninguna otra opción: Esme esta… muy enferma, … se muere y… ha preguntado por ti. Te quiere ver. Bueno, yo ya no puedo hacer más. Si todavía te importa algo esta familia, o bueno ella al menos… tu-tu… s-sa-sabrás que hacer.

– Oh no, oh no! Dios mio, oh Dios mio… – sin poner demasiada atención a mis movimientos sólo concentrada en el ritmo de mis respiraciones marqué rápidamente el número de teléfono de mi mejor amiga. Rose lo descolgó al tercer toque.

– Bells, ¿eres tú?–. Me saludó con su usual alegría – ¿Ya estás en casa? ¿Qué tal el via…?

– Bien, Rose, bien ¿todo bien…?– me apresuré a preguntar, no tenía yo la cabeza como para andarme con preguntas de cortesía. – Por aquí todo bien ¿no?– Primero lo importante y luego…

– Sisisi… todo bien, ¿qué paso que estás tan acelerada?

– Rose… no te lo vas a creer, cuando llegué a casa estaba sonando el teléfono no llegué a cogerlo y saltó el contestador y ¿adivina quiÉn era? –grité medio histérica, del tirón y sin respirar. En esos momentos mi cerebro, que bien parecía que se había ido de vacaciones intentaba volver a ponerse en marcha dando diversas órdenes: a mi garganta la obligaba a emitir frases con sentido y a mis piernas que dejaran de temblar y se incorporaran. Si bien con las primeras disposiciones tuvo algo de éxito con las segundas resultaron totalmente infructuosas.

– No se cielo, quién…. – parecía dudar, ¿cómo si hubiera mucha gente capaz en el mundo que por una llamada me pudiera sacar de mis casillas? – o no, no me jodas Mr. Palo-de-escoba-metido-en-el-culo… – gruñó dejando salir una larga exhalación.

– Ahah –ya me había acostumbrado al sobrenombre que Rose le había dado, y desde luego que no iba a ser yo la que le llevara la contraria.

– No me jodas…. ¿En serio?

– Ahah– me hubiera gustado tener las fuerzas necesarias para gritarle que era todo una broma, pero no podía.

– Y ¿qué decía? – preguntó con cierto tono de premura. – Bella, sigues ahí ¿qué que decía? – Me gritaba al otro lado intentado traerme de mi estupidez de ahah's. Mi función cerebral parecía haberse consumido después de los primeros minutos.

– No se, Rose, no se que mierdas… –intenté hacer un esfuerzo por recordar las palabras que había escuchado a través del teléfono pero me había puesto tan nerviosa al escuchar su voz que me había perdido el sentido de lo que realmente decía. – Creo que algo de otros mensajes y de Esme, Oh no!… –suspiré al caer en la cuenta – algo le entendí que Esme estaba enferma… pero no te se decir, no estaba prestando demasiada atención.

– Bueno y a que esperas para volver a escucharlo.

– Ya, tienes razón–. Le concedí, era una gran idea que no se me había ocurrido.

– Bella, levanta el culo del rincón donde estés tirada y vete al contestador a dale al play, justo después de ponerme en manos libres –medio aulló– Espera un minuto voy a avisar a Emm que vigile a los niños.

– ¿Rose, están bien no? – Tuve que repetir la pregunta y asegurarme antes de seguir con aquella locura.

– Si, si no te preocupes… luego vienes a cenar ¿no?

– Si, si, – Le confirmé incluso asintiendo con la cabeza como si pudiera verme. Rose era una cocinera genial y hacía unas tartas de rechuparse los dedos. Estaba segura de que sabiendo que iba a ir a su casa me había preparado mi favorita carrot pie. Y precisamente ahora no me iba a negar un más que necesario chute de azúcar.

Mientras ella se alejaba del teléfono yo intenté acercarme con mis inestables pasos al contestador automático. Me costó mucho tiempo y esfuerzo poder levantarme y caminar los escasos cinco metros que separaban la barra de la cocina donde reposaba el dichoso aparatito del lugar donde me había dejado caer. Me fui aproximando poco a poco, paso a paso, como si yo fuera una leona hambrienta a punto de cazar a su presa. Lo miraba como si de cualquier momento a otro el electrodoméstico pudiera salir corriendo… espero que no lo hiciera, yo desde luego en aquella situación, con aquel temblor de piernas, no me veía capacitada para correr detrás de él. Me reí de mi misma y de lo loca que parecía que me estaba volviendo. Mierda!, escucho su voz cinco minutos y ya me pone el mundo patas arriba, otra vez.

Poco a poco, el buen humor que tenía se fue disolviendo dando lugar aquella rabia contenida que tenía en el fondo de mi cabecita, escondida en aquel baúl de los recuerdos que tanto esfuerzo me había costado enterrar. Seis años sin saber nada de él ni su familia y ahora me llamaba tal y como si ayer hubiéramos estado tomando un café. ¿qué coño más quería de mí?

Cuando acabe con mis elucubraciones me di cuenta que ya estaba sentada junto a la barra de la cocina. Miré hacia una luz roja parpadeante y al número que esta iluminaba dejándome casi sin respiración. ¡Dios!, la lucecita intermitente señalaba que había 29 mensajes grabados. ¿De quién serían, sería todos de él?. Todas mis amistades, compañeros de trabajo y mis padres sabían que me iba a ausentar durante una semana, quién más me iba a llamar. Creo que en ese momento mi respiración se hizo mucho más pesada de lo normal.

– Bells, ya estoy aquí dale al play–. Me ordenó Rose devolviéndome al mundo real desde el otro lado del móvil.

– Rose no te lo vas a creer hay 29 mensajes grabados–. Le comenté apresuradamente.

– ¿Qué… todos de Mr. Escoba?

– YO QUE SE –chillé irritada. ¿Me habré vuelto loca ya?

– Hey amigui, relax, tú respira –. Bien parecía que Rose me enviaba ondas de paz y tranquilidad, con lo que me concentre en su suave voz intentando encontrar mi paz interior e imitando la respiración pausada y sonora de una embarazada. Cuando parecía que recuperaba la normalidad. Una voz femenina me ordenó exasperada. – y dale de una puta vez al play… espera, espera–. Volvió a interrumpir cuando mi dedo índice ya estaba presionaba el maldito botón de play. – ¿Has puesto el manos libres?

– ¿Quieres palomitas?–. Le pregunté irónica mientras la obedecía y colocaba el móvil al lado del contestador para que no se perdiera nada.

– No, es demasiado pronto para ellas, luego más tarde cuando comentemos la jugada–. Me contesto toda seria. Odiaba cuando adquiría esa pose de sabelotodo. –Venga, no pierdas más tiempo y dale…

– Al play–. Terminé su frase haciendo lo que me exigía, riéndome un poco por lo bajo dejando salir de paso un poco de tensión acumulada.

Tiene veintinueve mensajes –nos dijo la fría voz femenina y electrónica del contestador. Susan para las amigas. – Martes, 10 de noviembre a las 10:00 horas "[silencio] pipipi pipipi".

– Qué fue eso?– Inquirió Rose

– No se, ni idea, se ve que colgó antes de hablar con Susan. Lo mismo hace Charlie cuando llama, nunca dejan mensaje… que manía tienen los hombres con no hablar con las maquinitas–. Le conté despistadamente.

– Calla, calla, que hay viene otro –. Me interrumpió.

– Igual no era él –. Indiqué en voz baja. Posiblemente ese mensaje pudiera ser de mi padre… o de cualquier otra persona que odiara los contestadores.

10:30 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Otro en blanco… pues esto si que me entretiene – señaló mordazmente.

– Rose –le reñí.

13:23 horas "Bells, soy mama… te estoy llamando al móvil y no me lo coges. ¿Dónde estas? Llámame"

– Joder mamá –. Se me escapó el improperio, me lleve la mano a la boca mientras pensaba que si alguno de mis progenitores me hubiera escuchado me hubiera lavado la boca con jabón. Pero que le iba a hacer, de unos años acá me había vuelto bastante mal hablada aunque intentaba controlarme lo más posible en situaciones de stress mi verborrea era incontinente. Al fin y al cabo era la forma menos violenta que tenía para sacar toda la frustración.

– Pero... ¿no sabía que te ibas a San Diego?– Me preguntó mi amiga.

– Si pero…

– Otro, otro… – me avisó expectante sin dejarme recordarle la mala cabeza que tenía mi madre para fechas, citas y agendas de compromisos.

14:10 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– ¿Entiendes algo?

– Poco, la verdad, poco–. Le concedí.

17:48 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Tú eres la que lo conoce, era tu mejor amigo ¿no? –indicó con bastante sorna. Aunque nada nos indicara que él estaba detrás de los mensajes ambas asumíamos que era así.

– JA-JA –Me reí sarcásticamente marcando fuertemente las sílabas. – Odia los contestadores–. Le recalqué evitando recordar todas sus manías.

19:03 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Que raro es chica…

– ¿Cuántos van?

21:38 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Siete, seis del Sr. Escoba y uno de tu madre.

– Puede que no fueran de él – desee creyéndome mis propias ilusiones.

– ¿No sale el número desde donde llama?

– Nop–. Mucho contestador y mucha leche pero Susan no guardaba los teléfonos.

Miércoles, 11 de noviembre, 08:00 horas "[silencio] pipipi pipipi"; 13:00 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Bella, cariño, perdona, pero este tío es tonto –. Me quede callada ante su afirmación. Cómo rebatir tamaña verdad.

14:33 horas "Señora Swan le llamo para comunicarle que la cita del próximo martes día 17 de noviembre tiene que ser anulada por motivos personales. Por favor llámenos cuando pueda y le asignaremos otro día y hora".

– ¿Que cita era esa?

– Cotilla.

– Mucho

– El dentista – le aclaré.

– ahh!

17:43 horas "[silencio] pipipi pipipi"

23:02 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Me abuuuuurrrrrrroooo! –. Canturreó. – ¿Cuando crees que dejará el primer mensaje?

– No tengo ni idea.

Jueves, 12 de noviembre, 09:10 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Por las mañanas no es muy hablador ah!–. Broméo con un deje cansado.

– No se, nunca tuve la oportunidad de comprobarlo.

– Joder! Bella a tu edad y diciendo mentiras.

10:00 horas "[silencio] ehhh mmmmh pipipi pipipi"

– Eheheh! ahí dijo algo más, da para atrás –. Me pidió un poco más alegre.

– Rose no dijo nada –. Yo también estaba cansada ya de todo aquello ¿cuántos quedaban? Apoyé mi cabeza sobre la barra de la cocina abrazándola con mis manos.

– 10 pavos a que la próxima habla –. Ilusa.

19:00 horas "Ehhh Hoola mmmhmm… soy yo Edward… solo quería hablar contigo… veo que no estás en casa. Te volveré a llamar más tarde".

– Bingo…. Bella, Bella. – Me llamaba Rose. Sin pensarlo le di al stop. Era verdad, no había sido mi imaginación, él me había llamado, él me había llamado a mi. – BEEE-LLAAA!

– Estoy aquí –. Le dije conteniendo la respiración. Estoy aquí, en mi cocina, tirada sobre la barra del desayuno, sin poder respirar… embriagada por una voz aterciopelada e irresistible. Su tono era brusco y cortante pero aquella voz producía verdaderas sacudidas en mi cuerpo. Al menos hay algo que no ha cambiado entre nosotros.

– ¿Estas bien? Bueno ya se que no, pero… quieres que vaya para ahí.

– No, no, no hace falta, todavía quedan catorce mensajes, –le dije mirando al display del teléfono, me acababa de dar cuenta de que la lucecita roja iba dando la cuenta atrás. – Los escuchamos juntas y luego me paso por tu casa.

20:56 horas "Ehh verás… soy yo otra vez, veo que ahora tampoco estas, el caso es que… tengo que hablar contigo… te llamo".

– ¿Qué coño querrá? – Me preguntó súbitamente. Cómo iba a abandonar yo mi manía de decir tacos con las influencias que me rodeaban.

– Creo que es por lo que le entendí de su madre

– ¿Qué le pasaría?

21:30 horas "Hola, supongo que no quieres hablar conmigo… (Hombre ahora que lo dices –interrumpí el mensaje–) no lo entiendo pero… en fin… (cómo que no lo entiende, no se lo dejaste claro –interrumpió esta vez Rose–) quiero que sepas que no te llamo para hablar de nosotros…. Es urgente… sino no lo haría. Te llamaré".

– Será cab…

– Rose, ya sabes que no me gusta que le llames así–. Mío. Sólo yo podía llamarlo cabrón, y gilipollas, e imbécil y….

– Perdóname Bella, tienes razón… pobres maridos de las cabras.

23:43 horas "Bells, de verdad es importante. Cógeme el teléfono, no hace falta que me hables, me conformo con que me escuches".

– Ja, creo que sigue tan estirado como siempre.

– Eso parece–. Asentí. Él era orgulloso, prepotente, pedante y muchas cosas más. Pero yo lo conocía perfectamente y en el tono de este último mensaje ya no era tan áspero como los anteriores. Allí, escondido había cierto resquicio de ¿apremio? ¿necesidad? No estaba del todo segura.

– Lo que si parece claro es que tienes toda la razón cuando dijiste que algo grave debió pasar con su madre –. Bien, parecía que Rosalie también había notado su inquietud.

Viernes, 13 de noviembre; 11:00 horas "Soy yo otra vez, Bells, por fff…"

– Páralo, Bella, páralo–. Chilló dándome un susto que casi me hace caerme de la banqueta.

– Me asustaste.

– Casi dice por favor…

– No creo… – Edward diciéndome por favor era algo que no iba a suceder.

– Que si, que si, Sr. Estirado casi pide por favor– canturreó alegremente.

14:15 horas "Bella, cógeme el teléfono…

(– ¿por qué no lo has parado?...

– Rose, calla y escucha.)

qué quieres que te ruegue, qué te suplique, me quieres ver humillado nuevamente, pues no pienso hacerlo… no se trata de mí, de verdad que es importante. De verdad que no quiero decírtelo por medio de una maquina. Llamamé"

– Ahora si lo pararás no–. Me urgió.

– Ya está–. Le confirme secamente cuando paré la cinta de grabación.

– A que vino eso?– Me preguntó haciendo referencia a todas las interrogaciones que el demandaba. Como si yo tuviera todas las respuestas.

– No se–. Le dije dubitativamente. Recordando los verbos que había utilizado: rogar, suplicar, humillar… podría entender el punto de sus reproches pero no el tono de desesperación con el que me los reclamaba.

–Quién cojones se cree que es, después de lo que te hizo, después de lo que te dijo… FLI-PO! –. Me volví a quedar callada, yo no era tan resoluta como Rose, ella creía que yo había hecho las cosas más o menos bien, pero yo a veces dudaba. Durante muchos años Edward había sido mi mejor amigo y creía conocerlo bastante bien. No podía negar que a pesar de todo lo que había pasado entre nosotros él tenía un gran corazón. De otro modo no me hubiera enamorado de él como lo hice. Del mismo modo también era consciente de todo el daño que nos habíamos hecho mutuamente y que ya era demasiado tarde como para recuperarle.

– Rose podemos seguir –. Le rogué intentado abandonar el funesto color por el que se encaminaban mis pensamientos

– Sisi… dale al play – repitió toda ansiosa.

20:58 horas "Isabella de verdad, ya me estas hinchando los… no, no me pienso cabrear. Está siendo una semana de mierda, solo respóndeme".

– ¿Eso era una orden? –. Preguntó al aire Rosalie cada vez un poco más furiosa.

– Eso parece.

– No es por molestar pero ¿te fijaste en lo sexy que es su voz?.

– Rosalie McCarthy –. La reñí nuevamente, como si yo no lo supiera, pero por qué tenía que decirlo en voz alta, por qué tenía que recordármelo…

– Ok, ok!

21:05 horas "Bells, peach. Perdona lo de antes, de verdad que no es por ti, ni por mí, por favor llámame… de verdad créeme cuando te digo que es importante. Llámame a mí o… en cualquier caso a cualquiera de nosotros… no hemos cambiado de número".

– ¿peach?, ¿qué es eso de peach?

– Broma privada –. Le corté rápidamente antes de verme obligada a tener que contarle la procedencia de aquel apodo.

– Bien ya me lo contarás –. Ya sabía yo que no lo iba a dejar pasar. – Por cierto no habías borrado los teléfonos de todos ellos.

– Sip–. Los había borrado de mi agenda del móvil el mismo día que lo había visto por última vez, tres horas y cuarenta y siete minutos después de haberle cerrado en sus narices la puerta de aquella casa donde me había refugiado; cuatro minutos después de haber dejado de llorar durante las tres horas y cuarenta y un minutos anteriores. Los dos minutos que restan son los que demoré en dejarme caer a lo largo de la puerta y aovillarme en posición fetal junto a ella.

21:10 horas "Estaba pensando que igual no tienes nuestros teléfonos, no te culparía si los has borrado. Te los repito por si acaso: el mío es: 555-34-54-27, Alice y Jasper están viviendo juntos… 555-24-26-24 y te digo el de mi padre por si las moscas: 555-55-98-27".

– Si primero lo digo.

Sábado, 14 de noviembre, 01:30 horas "Bella…. Ossstia ya! Que te crees que ssto es por mí. De verdadd creesss que esss porque tengo alguna ilusión de hablar contigoo. ¿Tan imporrtante te creessss? Puesss esss importante ¿sabess? Pero no por ti. No todo gira en torno tuuyyyo".

– Estaba borracho–. Atestiguó Rose intentando suavizar sus palabras.

– Eso parece…

– Menudo carácter tiene…

Tampoco pude contestar a esa afirmación, mientras repasaba sus últimas palabras qué era lo que había dicho qué no tenía ninguna ilusión por hablar conmigo. – Entonces por que llamas, imbécil.

– Qué? – Mierda lo debí de decir en voz alta.

02:26 horas "I-sa-be-lla eresss una pppuuuta orgullossa de mierrrrda. (Ah!– Abrí la boca bruscamente casi desencajando la mandíbula y dejando salir todo el aire de mis pulmones hasta dejarlos secos). Tan despota y engren-greída como siempre. Te debessss estarrr parrrrtiendo el culo por misss lla-llamadassss… eresss tan orrrgullossssa y désssspota…

(– Bella para esa maldita maquina ahora mismo. ¿Cómo estas?–. Gritó mi amiga.

– B-bbien – Manifesté bastante contenta de haber podido contestar algo coherente.

– Te acabo de decir que no me mientas…. No le hagas mucho caso me da la sensación de que estaba muy borracho. Parece más amargado de lo que…–. No quería escuchar sus consuelos así que sin dejarla terminar le volví a dar al botón poniendo en marcha la cinta. Además en que momento Rose había decidido defenderle).

Te encanta verme suplicarrr… es eso verrdad?... pues eres… odiosa… (Parecen que siguen los insultos) ¿te parece que me hiciste poco daño?... porrrrque me matasste y…

(– Y yo qué tarado de mierda, como crees que me quede yo –Grité a Susan como si ella pudiera contestarme.

– Bells, estate tranquila, sssshhh–. Oí al otro lado del móvil).

Y ahora… me obligan a hablarrrr contigo…. (eso si que no lo entiendo) Y tu igual de essstirada que siempre, eressss una auténtica zooo….! (Bueno a este imbécil ahora si que me lo cargo, ¿será gilipollas?). Ehh, ya te vale. Estás borracho. Dame el teléfono. (Decía otra voz que después de un breve forcejeo se presentó). Hola Bella, soy Jasper ¿qué tal?

(–¿Jasper, quién es Jasper?

– El novio de Alice y un amigo de la pandilla de toda la vida, el único que me prestó un poco de apoyo cuando…–. Intente aclararle a sabiendas de que no se acordaría. Mierda Rose te lo explique mil veces, cuando me prestaras atención.

– Ahh).

Solo quería decirte que disculpes a Edward, no se muy bien lo que te habrá dicho pero está muy borracho y no creo que sea consciente de lo que te contó. Bella de verdad que si ahora se ha puesto en contacto contigo es por un motivo de peso. Sino quieres hablar con él, al menos llámame a mí… ¿si? Y perdona a Edward de verdad… ha sido una semana muy dura para él y para el resto. Adiós Bella… por cierto todos te hemos echado de menos".

– Eh, ¿Rose? ¿acaba de decir lo que acaba de decir?– Le pregunté sorprendida, más de lo que lo había estado en toda mi vida.

– ¿Que todos te echaron de menos?

– Si.

– Sip.

– Hipócritas– Sentenciamos las dos a la vez.

05:34 horas "Bells, por favor… mi vida…

(– Mi vida, ha dicho mi vida– volví a repetir en voz alta.

– Creo que sí… de verdad que tenías razón…. Este tío es un bipolar. – Lo mismo que tú, quise decirle que pasaba de atacarle a intentar entenderle)

¿por qué me odias? ¿Dónde estás? ¿tanto me odias?, por favor, por favor… ¿ya me has olvidado?, ¿no me has perdonado?

(– Bella no es por joder la marrana, ya sabes que yo a ese bicho le tengo mucho asco pero de verdad que ahí parece sincero e impaciente)

Porque yo… yo no… Bells, yo… yo todavía…pipipi pipipi"

(– ¿Tu todavía que, todavía qué…? – chillé desesperada meneando a Susan en espera de una respuesta.

– Creo que te iba a decir que él todavía te quie…–.

Mis deseos nunca se cumplían ahora la respuesta que quería oir venía del móvil y de la persona equivocada.

– Ni se te ocurra decirlo…– la corté, antes de que dijera algo y se volviera a abrir la compuerta de los sentimientos, que quisiera oir "aquella respuesta" no quiere decir que la fuera a creer. Así que recordando todo el dolor que me había causado le tuve que recordar a Rose que él nunca me había querido. Eso era lo único que me había quedado claro de nuestras últimas conversaciones.

17:35 horas "[silencio] pipipi pipipi"

– Bien volvemos al silencio

17:38 horas "Bella, estoy desesperado por favor… no se muy bien que te habré dicho ayer pero quiero que me disculpes… se que fuera lo que fuera estuvo mal, salí con Jasper a tomar algo y… (Como si me importara) Creo que se me fue la mano… y la pague contigo… como siempre… ¿verdad? (Noooo!, pensé dejando lo ojos en blanco) es por eso por lo que te fuiste ¿no? … es por eso por lo que te alejaste de mí… se que metí la pata, se que te hice daño… (¿Ah sí, don perfecto reconoce que se equivocó?) pero tú también a mí… me quitaste algo muy importante… ¿Todavía me culpas verdad?... de eso no te culpo… yo todavía lo hago… no dejo de pensar en él sabes, ahora podría tener… me mata pensar que… (ya estaba cansada de tanto psicoanálisis, quería apagar la maquina, borrar los mensajes, matar a Susan a martillazos, por un instante me vi con los ojos inyectados en sangre dando golpes al contestador hasta dejarlo en arenilla. Por desgracia mis impulsos solo eran en mi imaginación. La realidad distaba mucho de esa fantasía. La realidad es que seguía paralizada sobre la banqueta de la cocina, que en los últimos minutos apenas me había podido mover ni para pestañear, y la más pura verdad es que si alguien hubiera interrumpido en aquel momento en la cocina solo las lágrimas que rodaban por mi cara le hubieran indicado que seguía con vida).

Bueno, (seguía hablando Edward ajeno a mis locuras) eso ya no viene al caso… Bella perdóname por lo de ayer, por favor… no quiero que haya más… no te preocupes ya no te molesto más… creo que contigo ya más bajo no puedo caer… solo te pido que me hagas este favor y me llames es importante para mí… creo que me lo debes… (mhmm mhmm carraspeé) bueno no quise decir eso… mierda cuanto más hablo más la cago…. Lo siento Bells pero ya no puedo dejar que pisotees más el poco orgullo que me queda. (¿queeé?. Realmente toda esta situación ya me estaba cabreando seriamente, como podía seguir siendo tan ególatra de pensar que no quería hablar con él por un simple capricho, por lo que él sabía de mí yo podía estar muerta en el mismo momento en que me dejaba ese mensaje y él solo pensaba que lo hacía para fastidiarle y obligarle a suplicarme. Y si estuviera en el hospital enferma, y si me hubiera cambiado de número y si… Espera, espera ¿cómo consiguió mi número?) Mañana te volveré a llamar entre las seis y las siete. Si hasta entonces no me has llamado tendré que contarle lo que pasa al contestador. A partir de ahí ya lo dejo en tus manos. Adiós".

Cuando acabó el mensaje volví a darle al stop, esta vez sin que Rose me dijera nada. De hecho bastante sorprendida de que durante ese último mensaje ella no hubiera abierto su boca.

– Rose, ¿sigues ahí?.– Pregunté acercando mi boca al móvil.

– Si–. Dijo de modo ausente.

– ¿Por que no has dicho nada?

– ¿Qué quieres que diga a ese mensaje?

– Ha sido intenso ¿verdad? –. Le pregunté todavía un poco acalorada por el enfado.

– Más que eso… Se ve arrepentido –. Me dijo en voz muy bajita, un poco avergonzada .

– No se Rose, ya no se como se ve –. Le dije yo ausente y disgustada.

– Hablaba de…

– Creo que si.

– Ahí si que se te fue un poco la mano.

– Pensaba que estabas de mi parte. Además sabes que era la única forma de que me dejara irme–. Le reproché gruñona.

– Eso lo se, pero aun así parece que sufre.

– Tu no estabas allí –. La actitud de Rose ya me estaba incomodando, siempre me había dado la razón incluso en algunas ocasiones me recriminaba haber sido un tanto blanda y ahora, después de haberle escuchado a través de unos mensajes parecía habérsela ganado a su causa. Tampoco me extrañaba, ese era el efecto que solía causar a todo el mundo, pero desde luego que no era justo que me quitara también a la única amiga que tenía.

– No, pero cualquiera se sentiría culpable por lo que paso… o por lo que el cree que pasó–. Rectificó.

– No él… él parecía muy contento cuando me echo de su vida. Se lo merecía. – Le recalqué recordando mis mentiras con cierto deje de orgullo y rencor. Si ella era la que ahora dudaba yo me reafirmaría. No estaba arrepentida de lo que había hecho aunque tampoco orgullosa. Posiblemente ahora con la experiencia de los años no hubiera hecho lo mismo, no hubiera huido ni tampoco mentido, pero en aquel tiempo me pareció la única posibilidad.

– Bella, eso no es cierto. Nadie se merece algo así y tú también parecías muy contenta cuando lo echaste de tu vida y no lo estabas.

– ¿Cual es tu punto? –incidí cortante por el camino que estaba siguiendo la conversación. Demasiadas veces habíamos tenido el mismo debate llegando siempre a las mismas conclusiones.

– Mi punto es que los dos sois igual de tercos, orgullosos y prepotentes…

– Eso ya da igual… Rose ¿lo estás defendiendo?, porque sería la primera vez –. Le recordé intentando cambiar el tema. Ella siempre había permanecido firme a mi lado, dándome la razón y apoyando mis decisiones mientras que yo era la insegura y temerosa a cerca de las mismas. Y ahora después de esos mensajes bien parecía que se hubieran tornado las posturas.

– No, no… bueno no lo se… me da lastima ver como se estropeo vuestra relación por….

– No fue ninguna tontería –. La interrumpí bruscamente. Lo que nos había separado no había sido ninguna herida. Dicen que el daño lo hace quien puede no quien quiere, y él me lo hizo, porque podía y quería hacerlo.

– No, ya, eso lo se, no era lo que iba a decir pero… no deja de ser una lástima, podríais haber sido felices –. Me explicó lentamente, soñando en voz alta.

– Te repito que él nunca me quiso –. La desperté, ese sueño también lo había tenido yo durante muchos años y siempre se acababa convirtiendo en pesadilla.

– Pero tú a él si –. Si hasta la locura y ese fue el origen de la pesadilla.

– Y, que hubiera hecho yo con eso, yo no podría estar con alguien que no me quería a su lado –. Le dije rudamente ya estaba cansada, muy cansada de esa conversación… de qué me serviría elucubrar ahora.

– No me da esa sensación– insitía Rose. No había manera que cambiara de tema una vez que se ponía a darme consejos o a hacer cuenta de todos mis errores pasados.

– Tu misma… queda el último mensaje. ¿Lo quieres escuchar?–. Incitarla con el último mensaje era la última posibilidad que tenía para que cesara el tema.

– Por supuesto.

Domingo, 15 de noviembre. 18:20 horas "Hola Bella, soy yo otra vez. Edward… Ya no se que más decirte. De nuevo discúlpame por el tono de algunos de los mensajes que te dejé estos días atrás, de verdad que no era mi intención. Verás…. No quería decírtelo de este modo pero no me dejas ninguna otra opción: Esme esta… muy enferma, … se muere y… ha preguntado por ti. Te quiere ver. Bueno, yo ya no puedo hacer más. Si todavía te importa algo esta familia, o bueno ella al menos… tu-tu… s-sa-sabrás que hacer".

– Así que de eso se trataba. Su madre que está, por lo visto, muy enferma pregunta por tí y te quiere ver –. Resumió Rose.

Por lo visto yo había entendido mucho más de lo que hubiera deseado. – Ahah!

– Nunca me has hablado mucho de ella. – nunca me has dejado contarte mucho de ellos. Quisé volver a reclamarle pero no necesitaba más frentes abiertos. Suspiré profundamente y comencé a hacerle una breve descripción.

– Es muy buena persona, dulce, cariñosa… – Le intenté explicar lo más vagamente posible. Cómo decirle que para mí Esme había sido mucho más que la madre de mis amigos cuando ella nunca los había conocido salvo por mi historia y siempre lo había odiado. Como decirle que Esme para mí había sido casi como una madre, sobre todo después del divorcio de mis padres, como decirle eso cuando ella perfectamente sabía que toda la familia Cullen me había dado la espalda en uno de los peores momentos de mi vida. – Se que tanto ella como Carlisle, su padre, me quisieron mucho, casi como una hija… – Al menos eso si que les podía conceder a su recuerdo.

– Pero…

– Pero al final ellos apoyaron a su hijo. – Le comenté adelantándome al final de la historia. Aunque eso ella ya lo sabía.

– Es lógico…

– Si, es lógico… al fin de cuentas yo era solo la vecina. – Dije apenada porque dolía aun después de tantos años, aquello todavía dolía.

– ¿Que vas a hacer?– Inquirió un poco inquieta después de compartir unos minutos en silencio.

– No lo se Rose, tendré que ir, de hecho quiero ir, me gustaría verla… – Nunca había pensado la posibilidad de volver, o más bien nunca había querido pensar que existía la posibilidad, pero ahora que sabía que existía la posibilidad de encontrarme con ella, y que ella me estaba buscando... quería verla, hablar con ella e igual, si las cosas se daban bien podría hasta sincerarme y contarle la verdad. Después de todo teníamos algunos vínculos en común…

– ¿Y con Edward?– me interrumpió Rose, trayendo a colación mi tormento.

– No se Rose, no puedo pensar ahora en él, estoy demasiado abrumada. Supongo que tendré que llamar a Jasper. Te importa si me doy una ducha y luego me acerco a tu casa. Ya tengo ganas de ver a mis pequeños.

Le susurré emocionada al recordar la paz que me daba abrazar a mis hijos, los había echado de menos durante la última semana aunque los había visto todos los días a través del skype aun así añoraba el calor de sus abrazos y sus besos. Y para colmo de males, ahora que después de tanto tiempo separada de ellos, los mensajes que su padre me había dejado me habían robado un tiempo precioso de su compañía.

No hay nada peor para autohumillarte como estar borracho y tener un móvil a mano.

Sobra decir que los números de teléfono son falsos ¿no? Por si acaso ;)

Y mañana el capítulo cuatro que se títula: llama, llama, llama