Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría

Y ¿QUÉ PASÓ DESPUÉS?

Boston. Lunes, 16 de noviembre de 2009. 8:00 horas

BELLA POV

– Mamá… no lo entiendo ¿ya no nos quiegues? – se me partió el alma en mi pecho oír a mi niña lloriquear en mi cuello.

A pesar de que tenía una habitación a mis disposición en la casa de mis amigos yo preferí quedarme a dormir con ellos, había estado una semana lejos de ellos y ahora, inesperadamente me iba a tener que ausentar tres días más. Apenas había pegado ojo, por un lado terminamos de hablar tardísimo y aún así, todavía tarde unas horas más en poder dormirme debido a la ebullición que tenía en la cabeza: Esme, mis niños, Edward, pedir una ampliación en el permiso que tenía en el hospital para ausentarme, los regalos de Navidad, Edward, cómo decirle a mi madre que ese año no íbamos a ir a su casa el día de Acción de gracias, si me daría tiempo al día siguiente a hacer la maleta... y Edward, siempre Edward. Y por encima de todo ello, ahora tenía a mi bebe sentada sobre mí sin poder contener las lágrimas.

– Nessie cariño, tanto tú como tu hermano sois mis amores, os quiero con locura –. No entendía lo que le pasaba a mi pequeña. Nunca había hecho o dicho algo así, en otras ocasiones que me había tenido que ausentar y los había dejado al cuidado de Rose y de Emmett, o con mis padres y sus respectivas parejas nunca había llorado así, al revés era una niña muy alegre y cariñosa con todos. – ¿Qué pasa, qué te preocupa?

– No me quiego queda sola.

– Mi vida, no te quedas sola, tienes a tu hermano que te cuida y te quiere, tienes a los tíos Emm y Rose… y me tienes a mí, tú nunca estarás sola… yo no te voy a dejar sola.

– ¿Cómo lo zabes? – Preguntó contra mi cuello mientras se sorbía ruidosamente los mocos.

– Porque soy tu mamá, te quiero y las mamás nunca dejan solos a sus hijos–. O al menos yo no haría eso.

– Papá nos dejó zolos – tuve que tragar fuerte cuando hoy esas palabras proceder de mi pequeña.

– Renesmee – la llamé por su nombre completo para que me prestara toda la atención posible–. Vuestro papá os quiere también con locura, pero sabes porque no está aquí, sabes que él está cuidando a otros niños que están enfermos, que están necesitados y solos en el mundo

– Pero yo quiego a mi papa – Volvió a gemir hundiendo su cara en mi cuello.

– Ness, ¿qué pasa? – insistí mientras buscaba a Edward que atentamente nos miraba desde el otro lado de la habitación mientras intentaba con poco éxito atarse los cordones de los zapatos. ¿Qué le pasa a Ness, por qué esta así? – Le pregunté a él esperanzada de que al menos uno de mis hijos me dijera algo.

– Jane le dijó que su papá ega más guapo que nuesto papá, nosotos le dijimos que eso ega mentia, que papi ega mucho más guapo y que ega el mejó. Luego le dijo a Ness, cuando yo no estaba, que nuesto papa no eztaba con nozotos poque no noz queguía. – confesó del tirón y se encogió de hombros acto seguido. Mierda! Mi niño, el fuerte, también se había creído ese malintencionado comentario.

– Peques – los llamé mientras abría también mi brazo para acoger a mi chico– ambos sabéis que eso no es cierto. Vuestro padre os quiere muchísimo, él no esta aquí con nosotros pero ya veis los mails que os manda no? –esperé a que asintieran y asumieran todas mis palabras– y ¿qué os dice en esos mails?

– Que nos quiegue mucho

– Y que noz hecha de menos

– Eso es, vuestro padre os adora y… – suspiré fuertemente al darme cuenta que aquella conversación había inclinado la balanza de nuestro destino– y estoy segura que lo veréis dentro de poco.

– ¿En zerio, mami? – preguntó Edward ilusionado, olvidándose de la máscara anterior.

– ¿Eztaz zegura?

– ¿Noz lo pometes?

– Si, os lo prometo –les dije llevando mi mano a mi pecho sonsacándoles una de las sonrisas más dulces y desdentadas que yo había visto en mi vida.

Boston. Lunes, 16 de noviembre de 2009. 11:37 horas

BELLA POV

– Bells, estate tranquila, ellos estarán bien – me dijo Rose, después de acompañar a mis hijos al colegio y pasar por mi casa a hacer una pequeña maleta, mientras nos dirigíamos al hospital donde ambas trabajábamos, tenía que ir a hablar con mi jefe y asegurarme, tal y como le había dicho a Rose que no habría ningún problema en alargar mi permiso unos días más. Después ella y su marido me llevarían al aeropuerto. El vuelo salía a la una y media de la tarde, al ser nacional y solo llevar equipaje de mano no tenía demasiada urgencia por llegar.

Tal y como marcaba nuestra agenda, llegamos al aeropuerto una hora antes del despegue y rápidamente me acerqué a la puerta de acceso a la zona de embarqué, odiaba las despedidas. A lo largo de la mañana Rose y yo habíamos intercambiado las últimas recomendaciones y consejos: "estate tranquila", "no les des demasiado chocolate por la noche", "diles la verdad", "cuidado con el helado", dale una patada en culo a Edward de mi parte", "dales un beso a mis niños de la mía", "te quiero amigui", "y yo a ti" – repetía antes de fundirme con ella en un abrazo.

– ¿Dónde está Emmett? – le pregunté girando sobre mí misma buscando al grandullón de mi amigo – quería despedirme.

– Te está esperando – dijo ella con una sonrisa traviesa.

– Pero dónde …. Oh no! – me lamenté cuando le vi alzar los brazos al otro lado del cristal como un loco tirándole besos a su mujer. – Puedo saber ¿por qué está en la zona de embarque?

– Cómo quieres que embarque si no.

– ¿Acaso se va de viaje?

– si, claro, sino porque iba a estar ahí.

– Y ¿adónde va?

– A la otra punta del país – reconoció mientras me empujaba hacia los guardias y les tendía mi billete.

– Eres una zorra – dándome cuenta en ese momento que él sería mi compañero de viaje.

– Si yo también te quiero.

– Me engañasteis.

– Un puquitín… no iba a consentir que fueses a la boca del lobo tu sola.

– Gracias – le grité ya desde el otro extremo del control de seguridad mientras con mi mirada observaba como Emmett se acercaba al cristal que separaba ambas zonas y le daba besos a la mampara. Por mantenerme distraída y que no me negara a que me acompañara no los había dejado despedirse en condiciones.

– Emmett, lo siento.

– ¿El qué? – me preguntó extrañado.

– Que por mi culpa, por mi testadurez no hayáis podido despediros en condiciones.

– Ay, Bella, Bella…– Me dijo cogiéndome de los hombros y atrayéndome hacia él…– En condiciones ya nos despedimos anoche – me susurró al oído antes de echarse a reir – Bien, y ahora cómo piensas entretenerme durante las nueve horas que dura este maldito viaje al infierno.

– No se… ¿quieres jugar al veo, veo?

– Me gustaría pero… tengo una idea mejor – me dijo alzando las cejas sugestivamente– que te parece si me compras una de esas chocolatinas gigantes de dutyfree.

– Eso está hecho.

Seattle. Lunes, 16 de noviembre de 2009. 12:30 horas

ALICE POV

– Mami – llamé alegremente mientras entraba con un ramo gigante de margaritas y amapolas en la habitación de mi madre. Entré dándole un vistazo rápido, no quería detenerme a mirar sus ojeras oscuras, ni su piel pálida y traslucida, ni su antiguo cabello que empezaba a caerse. Eran mis momentos a solas con ella, posiblemente los últimos que nos quedaban juntas y no los iba a desperdiciar llorando, para eso ya tenía mi cama y el hombro de Jasper. Para ella, para papá y para Edward yo iba a seguir siendo la alegre despreocupada que no quería ver lo cerca que estábamos del final.

– Mami, estás guapísima – le dije toda melosa dándole un sonoro beso en la mejilla y provocándole una suave carcajada, mientras me sentaba a su lado en la cama.

– Mentirosa– me contestó risueña.

– Yo – dije regalándole mi famoso fruncimiento de morros. – Tengo dos regalos para ti. El primero es…

– O no, cariño… ¿tan mal me ves? – me preguntó mientras sacaba un pañuelo de seda verde con florecillas blancas de mi bolso.

– No mami, estás estupenda… y no es para la cabeza, tontita, es para el cuello… para que no te resfríes cuando dentro de unos días te saquen de aquí.

– Jajaja – se volvió a reir mi madre– mira que eres mentirosa. Anda pónmelo, mientras tanto, a ver que tal me queda. – dijo mientras se recogía su pelo hacia atrás y se colocaba una goma.

Estiré el pañuelo para que pudiera ver bien como lo doblaba en forma de triángulo. Me había pasado la tarde anterior viendo videos en Youtube de cómo poner un pañuelo y que quedara perfecto. Lo coloqué sobre su cabeza y dejé el nudo debajo de la oreja izquierda para después hacer una gran lazada.

– Te queda genial, mami. – le sonreí dándole otro sonoro beso y pasándole un pequeño espejo del neceser que estaba siempre sobre la mesita.

– Lo se, siempre fui un poco hippy– contestó guiñándome un ojo y se echaba a un lado de la cama para abrir sus brazos y que yo me tumbara a su lado. Era una postura tan típica en nosotras, cuántos domingos nos habíamos pasado en su cama así tumbadas, ella en medio y Bella y yo cada una a su lado, bajo su ala, como mamá gallina con sus polluelos, cotilleando sobre chicos, sobre las clases del instituto primero y de la universidad después, sobre la ropa, viendo películas. Era toda una institución familiar que la tarde de los domingos nos la pasáramos así, primero en nuestra casa de Forks, después cuando mis padres nos acompañaron a Seattle, mientras nosotros íbamos a la Universidad. Desde que tenía 13 años hasta los 23, cuando Bella desapareció, siempre que estábamos las tres en la misma ciudad nunca faltábamos a una cita dominguera. Después ya nada volvió a ser lo mismo... cierto que yo me seguía tumbando a su lado siempre que podía, que seguíamos hablando de todo un poco y de nada, pero ya no estábamos completas, faltaba una.

– Quién te viera en los setenta – murmuré en voz baja tragándome las lágrimas.

– Era una jovencita… ¿y mi otro regalo? – preguntó juguetona viendo que mi estado de ánimo decaía.

– Es una sorpresa mami... ¿a qué no sabes con quién hable ayer? – grité cambiando de registro. Nada de lágrimas, me ordené. Querría habérselo ocultado y darle una sorpresa pero había algo en el ambiente que quería evitar.

– Ni idea – respondió en voz baja y cruzando un dedo en los labios pidiéndome que bajara el tono de mi voz.

– Con Bella – susurré en su oído.

– En serio, y ¿qué te dijo? ¿va a venir? ¿tan pronto? – preguntó ansiosa mientras giraba la cabeza para mirarme a los ojos.

– Si mamá, en unas horas llega a Seattle. – contesté sin poder evitar mi alegría, sabiendo toda la ilusión que le iba a hacer – Quedé en ir a recogerla al aeropuerto, voy a ir con Jasper.

– Lo sabe tu hermano – insistió mientras me cogía de la barbilla y giraba mi rostro hacia ella. Asentí. – Y ¿que ha dicho?

Me incorporé de la cama y me volví a sentar de cara a ella, de repente se había puesto muy nerviosa y el labio le temblaba un poco. Sabía que se iba a poner un poco ansiosa pero ese estado no le beneficiaba en absoluto. Así que cogí de su neceser una crema de manos, eché un pegote y comencé a darle un pequeño masaje y poco a poco se fue relajando.

– Ya lo conoces, no mucho, llegó a casa cuando estábamos hablando, quería hablar con Bella pero nos negamos, se conformó con escuchar su voz, luego discutimos un poco… ya sabes lo emo que puede llegar a ser – le dije quitándole importancia al asunto.

– ¿Y después? – persistió continuando ella ahora el masaje en mis manos.

– Se fue pronto a dormir y no lo vi más… ¿No vino hoy a verte?

– No, ahora que me dices eso supongo que me está rehuyendo – comentó en voz baja, intentando incorporarse de la cama. – Ayúdame a ir al baño.

– Puede ser – continué la conversación mientras le acercaba las zapatillas y la bata.

– Siento ponerle en esta situación… pero de verdad que es necesario. Lo hago por su bien. Creo que es lo mejor para todos. – confesó. Muy despacio se levantó de la cama y se dejó atar la bata por mí.

– Lo se, mami, confío en tí y se que lo haces más por él que por tí o por mí.

– Tú siempre tan intuitiva.

Nos reímos las dos a la par, mientras que avanzábamos por la habitación, pasito a pasito.

– Mami, no me vas a decir nada…

– No cariño no puedo… – me negó dándome una de sus mejores sonrisas– Primero quiero hablar con ella.

– Tú sabes por qué se enfadaron.

– No, pero ahora me hago una idea… espero equivocarme–. Habíamos llegado a la puerta del baño y en un gesto muy decidido me cerró la puerta en las narices. Esme tendría genio y figura hasta el final –¿Y tú? ¿Alguno de ellos te comentó algo? – le conseguí oír desde el otro lado.

– No, ninguno de los dos me dijo nada concreto. Me puedo hacer una idea por comentarios vagos, pero no lo tengo claro… – me apoyé contra la puerta a esperarla – De hecho nunca entendí el rechazo de Bella, éramos las mejores amigas del mundo y de la noche a la mañana me empieza a ocultar cosas para finalmente alejarme de su lado, y lo último que me dijo era que yo, o sea nosotros, le recordaríamos continuamente lo que se estaba perdiendo–. Habíamos tenido esta conversación un millón de veces y nunca llegábamos a una conclusión clara.

– Cielo, sospecho que ella tenía una razón bastante poderosa – escuché al otro lado de la puerta entre el ruido de la cisterna.

– Si mamá, pero porque no confió en mí… – gimoteé cuando se volvió a abrir la puerta – Era como mi hermana.

– Pero no lo era y quizás no podía… – dijo mi madre crípticamente. – tranquila cielo, no me pienso morir sin ver a mi familia reunida – me dijo con humor ácido al ver el puchero que estaba empezando a formarse en mi cara.

– Mamá, tú no te vas a morir nunca.

– No cariño, no pienso morir al menos de momento.

Norteamérica. En algún lugar entre Michigan y Dakota del sur. Lunes, 16 de noviembre de 2009. 16:07 horas (hora oeste)

BELLA POV

– Esta peli es una mierda, ¿queda algo de chocolate? – refunfuñó mi amigo revolviéndose en el asiento. Ya había comido de todo, la comida del avión, dos toblerones y un kit-kat y aún lloraba por comida.

– Nop, te lo has comido todo – le dije buscando en mi bolso, no fuera a ser que se hubiera quedado alguna chocolatina por allí perdida. Aún quedaba una bolsa con ositos de goma que compré mientras el grandullón iba al baño pero todavía quedaban varias horas de viaje y no quería quemar la última bala.

– Me aburro–. Recalcó mientras me daba golpecitos con su dedo índice en mi brazo.

– No te gusta esta peli–. Confirme. Durante la primera parte del vuelo había estado muy entretenido con un par de revistas que me había metido Rose de contrabando en mi bolso y la película del avión, me había dejado dormitar, pero la tranquilidad se había acabado.

– No – niega con la cabeza empezando a revolverse en su asiento– Y además ya la ví. Mierda de asientos hechos para gente pequeña. –refunfuña en voz bajita. Emmett viajaba un montón debido a su trabajo, se recorría todo el país dos o tres veces al año y yo ahora solo podía pensar en Mark, su ayudante, y en la paciencia que tenía que tener para llevar tanto tiempo trabajando juntos.

– ¿Y cómo es él? ¿Es más guapo que yo? – me preguntó mientras me pica insistentemente en el brazo.

– En serio ¿quieres hablar de él? – Le devuelvo la pregunta mientras intentó componer mi rostro por el ataque gratuito y en sorpresa que me dio.

– Bueno, de algo tenemos que hablar. – Responde de nuevo mientras frunce los hombros.

– Podemos hablar del tiempo, de la liga de baseball, de la de baloncesto, de Rose, de las navidades... – a qué coño venía tanta pregunta, él ya sabía como era Edward, lo había visto en fotos y si no fuera el caso, que lo era, tenía a un miniedward como compañero de videojuegos todos los viernes.

–¿Le quieres? – Interrumpé.

– De la fusión nuclear, del calentamiento global, de la influencia del embarazo del caracol sobre la velocidad de los barcos de vapor... – Continúo la lista evitando la muerte por atragantamiento. – Son tantos temas, ¿elige uno?

– Si, aún le quieres – Aseguró tajantemente mientras levantaba la cabeza con un halo de orgullo que se lo hubiera bajado de una hostia sino hubiera llamado a la azafata. – Sería usted tan amable de traernos unos cacahuetes y ¿sirven alcohol? – le preguntó dándole una maravillosa sonrisa – Si, pues dos cubatas, gracias. Estoy tan nervioso y emocionado que necesito una copa y no me gusta beber solo – Me explicó mientras la azafata traía el carrito y se disponía a preparar su pedido.

– No creo que sea buena idea beber alcohol. – Refunfuñé mientras le daba un primer sorbo a mi bebida.

– ¿Sabes? Ese tío me da pena. – Dijo a lo bajini, como si la cosa fuera con otro. Aún así si se refería a Edward si que merecía la pena beber alcohol, me refuté mientras le daba otro trago más largo. – Pobre tío – insistió mi acompañante ante mi silencio.

– .tío – deletreé las silabas sin creerme que lo estuviera defendiendo.

– Pero, ¿por qué lo defiendes? – le dije dolida. Volví a abrir el bolso para sacar un libro y cerrar así la conversación con Emmett. Estaba aprentándome demasiado las cuerdas y no quería discutir ni enfadarme con él. – Eso es corporativismo – le eché en cara intentado suavizar lo más posible mi tono.

– Bueno, qué quieres, alguien lo tenía que defender.

Pesado, cabezota, no lo va a dejar correr ¿verdad? – ¿Por qué? – le entré al trapo finalmente.

– Por qué, ¿qué?

– Por qué alguien le tendría que defender, por qué hay que defenderle, ya le defendió bastante su familia – negué dolida– por qué hay que defenderle – insistí intentando encontrar una respuesta – y por qué tú, por qué precisamente tú tendrías que hacerlo. Además delante de Rose no piensas eso – le reproché angustiada aunque él simplemente se limitó a cruzar los brazos y negar con cabeza – ¡Cobarde! – le gruñí volviendo a prestar toda mi atención a la bebida que tenía entre mis manos y dejando de lado el libro.

– ¿Qué vas a hacer con los niños? – cambió de tema

– No se si los oíste esta mañana.

– Si, y te oí también a ti.

– Pues eso creo que es lo que haré. Igual ha habido una fusión interplanetaria y ya es hora de qué se conozcan, ya veré como van las cosas... pero no me cambies de tema –. Si él había sacado el tema ahora que diera la cara y apechugara con las consecuencias.

– Pues aunque no te lo creas lo hago por tus hijos –. Le miré un poco sorprendida y dolida por su comentario.

– Yo nunca hable mal de él delante de los niños–. Me defendí, nunca había dicho nada malo de él, y trabajo me había costado recrear una figura paternal a la que ellos pudieran admirar en la distancia.

– Lo se, lo se... sino ellos no lo querrían tanto –concedió– solo que estuve pensando – me miro sonriendo y me dio un ligero golpe en la nariz con su dedo acusador– si yo también pienso... que con lo guapos, listos y buenazos que son, algo de eso procederá del padre y que no puede ser tan malo cuando tú misma te enamoraste de él.

No me molesté en contestar a sus palabras. Me había enamorado de Edward como una loca ni siquiera sabía cuando había sucedido, quizás siempre había estado ahí. Él era amable, cariñoso y protector, divertido, simpático y me hacía reír, era culto e inteligente era... era... era un hijo de puta, asqueroso, cabrón y... era tan guapo, me hacía tan feliz, pero me hizo tan desgraciada, tan asqueada...

– Bella – me llamó tirando de la manga de mi jersey sacándome de mis pensamientos.

– Por su culpa me volví bipolar – ironicé a tenor de mis propios pensamientos.

– No te enfades –suplicó sin atender a lo que yo había dicho. – Solo digo que siempre cuentas lo que él te dijo, lo que te hizo... y pocas veces hablas de lo que tú le dijiste o le hiciste.

Emmett, mal, muy mal, si de verdad no quieres que me enfadé no me digas esas cosas. Le dije con la mirada.

– Vale, vale – continuó haciendo caso omiso a mi supermirada– te conozco desde hace muchos años y eres buena persona, fiel a sus sentimientos, inteligente y pasional, pero Be tienes un defecto y muy gordo, bueno en realidad tienes dos y es que eres muy orgullosa y muy cabezota... acaso le dejaste explicarse.

– Emm... que había que explicar. Estaba todo clarísimo – Le repliqué a viva voz.

– Vamos Bella... – Interrumpió en un tono condescendiente

– Qué cojones crees tú que habría que explicar en la frase: "te quiero como a una hermana" – Grité imitando una voz ñoña e infantil para después suspirar, coger más aire y volver a gritar– Joder! – ahí queda eso. A ver Emmet –intenté explicarle lentamente, aunque sin bajar demasiado mi tono de voz, posiblemente era el tercer defecto a implementar en la lista cuando me enfado no controlo el tono de voz– Justo después de follar como conejos, va el tío listo, y me dice eso, pervertido cabrón, follahermanas postizas... que piensas tú acaso de la gente que piensa y hace eso.

– Bella, creo que deberías bajar el tono, te debe estar escuchando hasta el controlador aéreo–intentó interrumpirme inultimente.

– Y no fue solo eso, me echó en cara el haberme acogido en su casa, me humilló, me insultó, me...

– Todo el mismo día – interrumpió ahora una grave voz al otro lado del pasillo.

– Bueno no... pero ¿quién es usted? – le pregunté al vecino cotilla.

– Disculpe, pero es que está hablando tan alto y la peli es tan aburrida – explicó pareciendo al menos un poco avergonzado.

– Creo que te quería – Continuo el que protamente iba a ser mi examigo intentado evitar la risa causada por el reciente episodio.

– No nunca, solo fui un desahogo– Negué volviéndole a prestar toda mi atención.

– Los desahogos no duran tanto – replicó.

– Imbécil – Qué más podía decir a eso, él tenía toda la razón. Habíamos estado manteniendo relaciones, intermitentes, durante una buena temporada.

– Sip, pero me quieres – Gimió poniendo ojitos de perrito degollado.

– Te quiero– Le concedí acompañado de una gran sonrisa, porque era la verdad a él y a Rose les quería con todo mi corazón.

– De verdad creo que te quería–. Insitió.

– No.

– Joder, te pidió que te casaras con él – Exclamó perdiendo la paciencia.

– Por pena.

– Por qué te quería.

– Por qué estaba embarazada y hacía como que era de él –. Le expliqué justo antes de darle el último trago a mi cubata.

– Joder es que eran de él – Contestó imitando mi gesto y reforzándolo cuando aplastó el vasito de plástico entre sus dedos.

– Si, pero él no lo sabía – En ese momento fui consciente de que ambos habíamos pasado de levantar mucho el tono de voz a otra vez gritarnos.

– No se lo dijiste – Siguió mi terco amigo tensando la cuerda, tampoco era hora de reducir el tono de voz.

– Porque él me echó en cara que me había acostado con otro y yo entonces le dije que...

– Señorita ¿se encuentra bien? – nos interrumpió la misma azafata de antes.

– Perfectamente – le contestó Emmett dirigiendo la conversación hacía él mientras tiraba de mi hombro para acostarme sobre su pecho.

– ¿Necesita que le traiga algo? – preguntó amablemente – Le importaría entonces dejar de molestar a sus compañeros de viaje –pidió después de mi negativa.

– Ella no nos esta molestando – Contestó una señora mayor detrás de nosotros. Cerré los ojos y me obligué a respirar profundamente, me quería morir de la vergüenza y por un microinstante quise desaparecer y olvidarme de todo, o al menos dormirme y permanecer ajena a las miradas del resto del pasaje. Sabía que no me iba a dormir tenía demasiadas cosas en la cabeza como para ello, pero tampoco pasaba nada si lo fingía.

– Y ¿qué pasó después? – preguntó la señora que me había defendido dándole unos golpecitos a Emmett en el brazo.

En ese momento, este se giró y juro que sentí como le sonreía a la anciana.

– Que se fue de casa sin avisar y tuvo dos hijos, gemelos – apuntilló, volviéndose al frente sin ser muy consciente que el interrogatorio no iba a quedar ahí.

– ¿En serio? ¿Y eran de ese chico del que hablais?

– mmmmm! – Asintió sin poder hablar de lo apretada que tenía la mandíbula.

– ¿oiste Martha? –preguntó la dichosa mujer a alguien más – y ¿qué pasó con él? – volvió a preguntar.

– No volvió a saber de él hasta ayer que la llamó ayer por la noche– explicó después de tragar duro.

– Y ahora ¿qué va a pasar? – preguntó nuevamente la voz masculina del otro lado del pasillo.

– No tengo ni idea – respondió de nuevo ya serio y dándome un nuevo apretón en la espalda.

– Ay Martha –exclamó la mujer de mi espalda a la que debía ser su acompañante– cómo nos vamos a quedar así, con la duda.

– No se preocupen, señoras y señor, de nada, Bella es mi hermanita pequeña y les prometo que a partir de ahora solo va a ser feliz.

Seattle. Lunes, 16 de noviembre de 2009. 19:30 horas

BELLA POV

Cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Seattle yo era un manejo de nervios, el viaje había sido bastante duro pero me había dado tiempo a hacer un poco de todo dormir, leer, ver la tercera peli, rescartar alguna gominola del apetito voraz de mi acompañante y sobre todo compartir mis preocupaciones con él.

Bajamos del avión sin esperar a penas colas y en pocos instantes salimos a la zona de llegadas, Emmett me frotaba la espalda en un vano intento de transmitir un poco de tranquilidad y calor. Pero yo solo podía pensar en quién o cuál de los Cullen iba a acudir a buscarme. Esperaba que a Alice en ningún momento se le ocurriera delegar el encargo en su hermano… como si él fuera capaz de aceptarlo. Se me escapó un profundo suspiro cuando vi al fondo de la sala de recepción a una pequeña morena agarrada a un esbelto rubio para impulsarse a dar saltos más altos. Alice me vio a la par que yo a ella, y sin dar tiempo a reaccionar a mi cerebro nos encontramos las dos corriendo la una hacia la otra para chocar en un abrazo. Irremediablemente nuestras lagrimas caían mezclándose las unas con las otras, nos separamos al cabo de unos segundos cuando oímos una voz masculina a mi espalda.

– Bells, espero que conozcas a esta duendecillo… porque sino esto sería demasiado raro.

– Ups, lo siento perdonar… Emmett –le llamé tendiéndole mi mano para acercarle a nuestro abrazo grupal – estos son Alice y Jasper, ya te hable de ellos. Chicos este es mi buen amigo Emmett.

-.-

Bueno, ya tenemos a Bella en Seattle, cada vez falta menos para que haya algún que otro reencuentro.

De nuevo muchísimas gracias a todas por seguir ahí y acompañarme con vuestras opiniones. Este ya es uno de los capítulos que no había escrito con anterioridad por lo que a partir de ahora las actualizaciones serán semanales, concretamente los domingos.

A modo de avance, el próximo capítulo se titulará: "Simplemente la cagué" y lo dice... Ups! ;)