Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría
Me he adelantado un día, pero como ya lo tengo listo, para qué esperar más...
SIMPLEMENTE, LA CAGUÉ
Seattle. Lunes, 16 de noviembre de 2009. 20:37 horas
BELLA POV
El viaje desde el aeropuerto al hospital aunque en teoría debería haberse hecho bastante corto, ya que a esa hora de la noche no había mucho tráfico, en realidad se me hizo muy largo e incómodo. Jasper conducía, Alice, sentada a su lado, hablaba y hablaba como una cotorra llenando un silencio ya de por sí tenso, Emmett, a mi lado, solo me apretaba la mano y miraba el paisaje y yo, como un pez fuera del agua luchaba por boquear, o, para lo que viene al caso, intervenir en la conversación y convertir el monólogo de Alice en un diálogo. No lo conseguí hasta que llegamos al centro de la ciudad y se produjo una intervención divina.
– Alice, cariño, tienes que coger aire y dejar que al menos te responda a alguna pregunta.
– Lo siento, tienes razón, ya me conoces –añadió girándose hacia mí– son tantas cosas para ponernos al día –le dijo en un puchero.
– Poco a poco, seguro que tenéis tiempo –la tranquilizó mientras le daba un par de besos en la mano más cercana a el. – Entonces chicos –nos preguntó mirando por el retrovisor– ¿a dónde os llevó?
– Claro, es verdad, que tonta soy, no me di cuenta. Como me habías prometido quedarte en mi casa, ya te preparé una habitación pero eso solo para una persona y no creo que estéis los dos muy cómodos en ella, es un poco pequeña y la cama es de un metro veinte y él es tan, tan... grande. –concluyó señalando a mi amigo y abriendo mucho los brazos e hinchando los carrillos para darle más énfasis
– No te preocupes, ya reservé yo en un hotel–. Le respondió este, llamando mi atención.
– Pensé que ibas a venir sola – continuó ella mirando ahora hacia mí.
– Yo también – le confesé quedamente.
– Ok, entonces si me dices la dirección de hotel os puedo llevar hasta allí, seguro que estáis muy cansados para hacer otra cosa. – Añadió Jasper poniendo el intermitente para salir de la autopista e incorporarse ya al tráfico urbano.
– Si no te importa, preferiría ir ahora al hospital. – No quería retrasar más lo evidente. Y aunque no ocupara mucho mis pensamientos ahora, después de tanto tiempo, sentía como una especie de cuerda que me tiraba hacia esa familia, mi antigua familia.
– Sin problema. Alice, como ya es un poco tarde para las visitas qué te parece si entras tú con Bella, y Emmett y yo nos vamos a tomar unas cañas mientras os esperamos. ¿Te apetece? –preguntó dirigiendo sobre su hombro una rápida mirada a Emmett. – Además hoy te quedas tú a dormir con ella ¿no?
– Si, hoy me quedo yo. – Confirmó Alice iniciándose así una conversación entre la pareja que no nos concernía.
– Estas bien con eso –Aproveché a preguntarle a mi compañero ahora que no nos escuchaban.
– Si, por supuesto, parece majo. Y tú ¿estarás bien sin mí? – inquirió preocupado.
– Si, tranquilo, es algo que tengo que hacer sola. Avisaste a...
– mmmm– Asintió sin dejarme añadir el nombre de Rose y mostrándome el móvil donde se cruzaban varios mensajes y en el que pude leer que mis niños ya llevaban varias horas durmiendo y que se habían portado estupendamente.
– Hemos llegado – interrumpió Jasper aparcando justo a la puerta del Hospital. – Llámanos cuando quieras retirarte que te venimos a buscar con el coche –. Añadió antes de atender la demanda de un beso que le exigía Alice.
– Bella– me llamó Emmett para darme un guiño de ojo y una amplia sonrisa de apoyo que no borró mientras se mantuvo a mi vista.
– Es un gran chico – dijo Alice detrás de mi – se preocupa por ti.
– Si, a veces demasiado – le expliqué caminando juntas hacia la entrada y justo antes de que la tensión e incomodidad se instalara nuevamente entre nosotras. Una de las dos teníamos que romper el silencio, y si yo quería que esto saliera bien tendría que ser rápido y sincero.
– Tú y yo tenemos una conversación pendiente – se adelantó Alice cuando llegamos al ascensor.
– Lo se.
– Muy seria –añadió pulsando el botón del mismo.
– Lo se.
– De la que no te vas a escapar.
– Lo se – contesté por tercera vez consecutiva.
– Ahora no es el momento pero... –
– Tranquila, no me iré sin que charlemos. – la tranquilicé cogiéndola del brazo– Yo soy la primera que quiero – Añadí girándola hacia mí, buscándole sus ojos por primera vez en lo que llevábamos juntas y sonriéndole un puqutín cuando por fin cruzamos la mirada.
Fue en ese justo momento, cuando se abrían las puertas del ascensor y vi un brillo muy característico en sus ojos, cuando sentí que todo aquello no era locura, cuando se me quitaron, al menos en un 25%, las ganas de darme la vuelta, huir, esconderme en mi madriguera.
– Emmett es un cielo, y guapísimo – me dijo juguetona y pinchándome con el codo en el brazo
– Si
– No pensé que te gustaran los chicos tan grandes – añadió dando un par de pasos más rápidos que yo y deteniéndose delante de una puerta.
– Ehhh y a quién no. – contesté distraidamente.
– Touché. Esta es la habitación – indicó con la cabeza y deteniéndose delante de unas de tantas puertas– por qué no entras tú sola y así le das una sorpresa, yo mientras voy a ver si encuentro a mi padre, creo que hoy tenía guardia. Vengo en un rato –Asentí, era buena idea, preferiría enfrentarme a ellos de uno en uno, poco a poco. Me disponía en ese momento a coger un montón de aire en mis pulmones, exhalar suavemente, picar a la puerta, volver a inhalar y exhalar y entrar, cuando me llamó en voz baja ya a unos cuantos metros de mí. – Nunca he dejado de quererte y pensar en ti. – añadió mientras dirigía una mano a secarse unos húmedos ojos, dándose la vuelta corriendo antes de escuchar mi respuesta y llevándose con ella todas mis energías. Me apoyé en la pared de enfrente, solo un instante, solo para renovar mis fuerzas, pero allí me quedé.
20 minutos en otra parte del hospital
EDWARD POV
Llevaba un día de mierda y aún no eran las 9 de la noche, todo el día corriendo de un lado para otro y ni cinco minutos había tenido de acercarme a visitar a mi madre. Apenas había desayunado, no había comido, no había merendado y ahora me dolía la barriga de hambre o de nervios, uno de los dos fijo. Quería ir a la cafetería a comer algo huevos, chorizo, patatas algo contundente para aplacar la ansiedad o una tila, lo que más a mano tuviera.
– Chist, chist, guapo!– me llamaron detrás de mí,
– Alice – adiviné con voz monocorde mientras me paraba y me daba la vuelta para esperar que llegara a mí.
– Te has dado la vuelta – se rió cuando me alcanzó – ¿A dónde vas a ese paso ligero?
– Me has llamado y a la cafetería– aclaré.
– He dicho guapo no Edward.
– He reconocido tu tonito.
– Si ya... eres un creído – siguió picándome obviando mi cara cansada, mi voz cansada y mis gestos cansados.
– ¿Por qué estás tan contenta?
– Llevo más de media hora dando vueltas por el hospital...
– Ya me encontraste – le corté, deteniendo nuestro andar.
– Clare me dijo que estabas en trauma y Maggie en el quirófano.
– He estado en todos esos sitios. ¿Qué quieres? ¿Le pasó algo a mamá? – le pregunté ansioso al darme cuenta de esa posibilidad.
– No, trans, ella está bien, esta igual. Estuve toda la tarde con ella hasta las cinco y media o así que llegó papá. Por cierto, ¿por qué no te pasaste hoy a verla?
– He tenido un mal día. Luego me pasaré a verla. – Le prometí rápidamente antes de que comenzará a psicoanalizarme y reiniciando nuestro camino, seguía con hambre, seguía con ansiedad.
– ¿A qué no sabes con quién está ahora? – comentó tras haber estado unos dos minutos en silencio.
– Me has dicho que con papá.
– No eso era antes, ahora te digo AHORA MISMO. – Incidió en esa fórmula temporal. Miré el reloj sabiendo que ya era muy tarde para recibir visitas.
– No se... ¿Carmen? – aventuré sin ganas el primer nombre que se me ocurrió. No estaba para demasiados jueguitos pero también conocía a mi hermana y sabía perfectamente que si no le entraba al trapo AHORA MISMO lo acabaría haciendo en diez minutos y total, para que retrasar lo inevitable.
– No, más joven – Cacareó abriendo para mi la puerta de la cafetería.
– Tania – Segundo nombre rápido que se me ocurrió, era improbable pero también una buena opción.
– No, más guapa.
– Dídime – última opción para seguirle el juego. Pensé antes de dirigirme al mostrador donde un montón de alimentos esperaban por mí: lasaña, carne guisada, tortillas, huevos, macarrones con queso.
– No, más buena persona.
– Puff, ni idea... y déjate de jueguitos que no estoy de humor – tenía que apurarla de alguna manera. Me acerqué a la camarera que esperaba por mi pedido aún indeciso. Le iba a preguntar a Alice si le apetecía algo cuando reconocí en ella una sonrisa y un brillo en su rostro demasiado malvado para ser un día normal, como otro cualquiera. Mierda. No se me había ocurrido pensar en ella. Doble mierda. Todo el día pensando en ella y ya estaba aquí, era real, estaba aquí. Mierda. Mierda. Y más mierda. – Una tila – le dije a Mindy, la camarera, según rezaba su etiqueta, decidiéndome finalmente por lo más ligero que se me ocurría, si tomara algo más consistente como una sopa, estaba seguro que la vomitaría. – No, no, no puede ser. Cuándo llegó, pero cómo... – interrogué a Alice.
– Ayer lo dijo delante de ti – Me respondió muy sobrada de sí misma. – A mi me gustaría tomar una cocacola. –Pidió mientras sacaba el dinero de su bolsillo. Tampoco pasaba nada si invitara ella por un día, yo hoy tenía todo mi derecho a estar en los mundos de Edward.
– Si, si, claro pero... – claro que lo recordaba pero... ¿entonces no lo había soñado? – y ¿cómo está? – se me escapó la pregunta cuando nos sentamos a la mesa con nuestras comandas.
– Estupenda, está guapísima... Quieres verla, ¿eh? –añadió mientras se sentaba a mi lado. Sentí como me acariciaba el pelo, si intentaba tranquilizarme no lo estaba consiguiendo. – ¿Qué pasó? – La miré interrogante, despistado, sin volver de mi mundo todavía. – Hace seis años, ¿qué fue lo que paso en realidad?
– Nada
– No me jodas, cómo que nada. Ella desaparece, no me coge el teléfono y tú te conviertes en un zombi que va de aquí para allá, desapareciendo durante meses, sin tener una noticia tuya salvo un triste mail muy de vez en cuando, después, de repente te cansas de vagar por el mundo y vuelves sin dar ninguna explicación y me dices que no pasó nada – exigió dando un pequeño golpe sobre la mesa.
– ¿Qué quieres que te diga? – Estaba tan cansado de soportar aquello.
– ¿Qué es lo que pasó?
– ¿Tú qué crees que pasó?
– Que la cagaste – me contestó altanera.
– Chica lista – le corté levantándome de golpe y dirigiéndome hacia la mesa de al lado para recoger unas servilletas y secar el líquido que se había derramado.
– La cagaste ¿Qué exactamente cagaste? – Insistió al ver mi reconocimiento.
– Tú lo has dicho y ahí tienes tu respuesta... simplemente, la cagué.
– Todavía la quieres– afirmó sin atisbo de duda alguna.
– ¿Qué?, yo..., nunca estuve enamorado de ella. – Declaré sin demasiada convicción. Ya no tenía nada claro, la habría querido, la habría amado, antes pensaba que no... ahora ya no estaba tan seguro. No tenía nada claro, éramos amigos, como hermanos, no había amor, pero si no había amor, por qué cuando ella se fue mi luz se apagó.
– Te conozco desde que éramos cigotos y desde ese momento ya estabas destinado a amarla. Hecho que haces desde los nueve años, cuando se cayó de mi bici, y tú te tiraste en plancha al botiquín de la cocina a por alcohol, gasas, anestesia local, bisturí... cuando solo necesitaba agua, jabón y una tirita y por cierto –añadió señalándome con un dedo− lo seguirás haciendo hasta que te mueras.
– Y que, si eso fuera cierto... – declaré ya dudoso, ya no tenía muy claro que pensar y encima Alice me hacía dudar aún más– Ella nunca me quiso – dije en un tono muy, pero que muy bajito. Quizás demasiado lastimero como para engañarme a mi mismo y hacerme creer que de ser así no me importaba.
– Que idiota. Ella nació para quererte y ser querida por ti. Y no se qué coño le hiciste para cagarla pero tuvo que ser muy gordo. – Exclamo enfadada y dando un largo trago a su bebida– Pero después de todo, todavía si hay algo indignante en esta historia es que tú todavía la quieres y ella a ti... eso es algo que se nota. Por que madura, eso que no sabes lo que es, es amor. Por otra parte, le he dado algunas vueltas al tema –continuó tras una pausa cargada de efecto para obligarme a pensar en lo que había dicho– y solo se me ocurre un buen motivo para que llevarais una discusión tonta de amigos a estas consecuencias.
Tuve que mirarla a los ojos, me había estado buscando la mirada durante los últimos minutos y yo se la había rehuido con una estúpida excusa entre avergonzado y tímido, pero realmente ese comentario había llamado mi atención. Su razonamiento era lógico, mi hermana dentro de su locura, era muy inteligente y la lógica se le daba muy bien, y si a su edad todavía seguía siéndolo llegaría a la conclusión más lógica. La verdadera.
– Creo que en algún momento traspasasteis la barrera de la amistad. ¿Me equivoco? –Ni la Inquisición española insistía tanto en un tema.
– ¿Preguntó por mí? – Conseguí esquivar la cuestión devolviendo la conversación al punto principal, quizás, solo quizás demasiado ansioso de también conocer esa respuesta. Aún así en esa pregunta de Alice había algo sobre lo que tenía que volver, algo sobre lo que nunca quise indagar por miedo pero que ahora me alegraba infinitamente de corroborar, y es que, por lo menos en algo, Bella había sido sincera cuando me prometió que no le había contado nada a Alice.
– ¿Qué dices? Ni de coña – contestó toda ufana mirándome muy descaradamente.
– Entonces ¿cómo sabes que sintió algo por mí y que aún lo siente?
– Lo se y punto. Confórmate con eso – sabía que se estaba riendo de mí, lo peor de todo es que yo se lo estaba permitiendo.
– No te creo
– Pero te gustaría hacerlo. ¿La vas a ir a ver?
– No se si querrá verme – De hecho, sabía que no quería verme, ella muy claro me lo había dejado tiempo atrás, sus palabras arrojadas a través de aquella maldita puerta aún dolían como cuchillos – Lo último que me dijo fue que me fuera de su vida, que no querría volver a verme y que era lo peor que le había pasado nunca.
– Quiere – respondió mi hermana sorprendida de mi confesión – y estoy segura de que no lo dijo en serio. – Añadió tras cogerme de la mano.
– No se que decirle –el confesé un poco ahogado−. Pero ¿cómo me pudo decir eso después de lo que pasó con sus padres? –continué agradecido que en esta ocasión Alice dejará fluir la conversación y no profundizara en mi desliz.
– En cuánto a lo primero no le digas nada. Y a lo segundo pues estaría cabreada, algo le habrías dicho tú antes igual de doloroso.
– ¿Qué quieres decir? – le pregunté atendiendo a las dos conversaciones paralelas que manteníamos.
– Tenéis los dos un humor de perros así que me imagino que os tirasteis un montón de mierda encima. – aclaró poniendo los ojos en blanco, como si fuera evidente lo que había dicho y cerrando la conversación ahí. – Hijo, que lento eres – añadió un minuto después aprovechando la ocasión para darme un golpe en la nuca.
– ¿Perdón?
– No le digas nada y no pienses nada... actúa... espabila y por Dios por una vez en tu vida oblígate a ser sincero contigo mismo, y con ella. – explicoteo otra vez enfadada.
– Si tú fueras yo, ¿qué harías? – Necesitaba un consejo, una guía. Ya había confesado que había metido mucho la pata con Bella. Tenía ahora una oportunidad de cerrar una herida, de dejarla marchar, de hablar con ella del pasado y así retomar mi vida con normalidad, yo aquí y Bella donde coño se hubiera escondido.
– La cogería, la empotraría contra la pared y le daría el mejor beso de la historia – Casi se me cayó la taza de cerámica ante ese alocado e irreflexivo consejo.
– Y si tú fueras ella y yo te hiciera eso, ¿tú qué harías? – Le pregunté quizás más seducido por la idea de lo que pensaba. Era una puta locura.
– Pues después de recibir el mejor beso de la historia y de devolvertelo, obvio, rompería mi mano en tu cara – Ole mi hermanita, sinceridad y buenos deseos ante todo.
– Y entonces, yo que ganaría – De verdad que estaba muy interesado en tener claras todas las opciones.
– Sabrías que te quiere
– No te sigo
– No te sigo, no te sigo. A ti hay que explicártelo todo: 1. Te ganas un gran-gran beso, 2. Sabrías que te quiere y te desea porque te lo devolvió, 3. Sabrías que todavía le importas porque sigue guardándote rencor, como la buena ostia demostrará... ¿lo pillas?
–Algo más maestro – Creo que si, que lo había pillado... pero y de qué me servía si yo solo quería que arregláramos las cosas y mantener una conversación cordial a lo sumo. Y lo peor de todo, si solo quería eso porque se me había vuelto el estomago boca abajo tan solo de pensarlo.
– Si, que si de verdad vas a hacer eso, procures evitar al buenorro que la acompaña. – Añadió con un poco de suspense y una estúpida sonrisa mientras se levantaba y atendía mi empapizamiento dándome unos buenos golpes en mi espalda, nada grave solo que la bebida se pasó por otro lado de la garganta y salió por la nariz. Yo, eso... en pediatría lo veía todos los días. – Voy a ir a ver a mamá y darle las llaves de casa a Be, estará cansada del viaje y querrá irse ya. − Hoy me quedo yo con mamá. – Aclaró a la par que me rodeaba para darme un beso en la coronilla.
–Entonces se va a quedar en tu casa – Inquirí con denuedo pues aún me quemaba un poco la garganta del esfuerzo anterior. Además tenía que saber esa información con seguridad, los últimos días había alternado mis estancias en el hospital con la casa de mi hermana y estaba claro que si ella iba a quedarse en la habitación de invitados yo no podría volver y tendría que mudarme otra vez a casa de mis padres.
– No lo se fijo, creo que reservaron un hotel, pero por si acaso quiero darle una copia de la llave – Dijo tranquilamente la muy sibilina, cómo si no me hubiera dado cuenta de que utilizó la tercera personal del plural.
–Ok, ahora me toca hacer ronda. – Conseguí esquivar el temita como mucha dignidad – Cuándo acabe en un par de horas voy a veros a ti y a mamá. ¿Querrás que te lleve un café?
– Sí, por favor, Caramel Macciato con mucha vainilla.
Mientras tanto, muy cerca del hospital
EMMET POV
– ¿Quieres otra cerveza? – Me preguntó el greñas que tenía a mi lado mientras se ponía de pie para llamar la atención del camarero. Le había dicho a Bella que se fuera tranquila, que Jasper me parecía majo y era verdad. Llevábamos un par de cervezas hablando de todo un poco y volviendo siempre al mismo tema. De verdad que me estaban divirtiendo sus ingeniosas triquiñuelas para sacarme información sobre nuestra amiga común.
– Siempre.
– Otra ronda por favor – Pidió al otro lado de la barra. – Así que trabajas como observador de los Red Sox. – Inquirió volviendo al ataque.
– Sí, me dedicó a seguir la carrera de unos cuantos chavales de ligas inferiores y, si al final todos estamos interesados, tutelarlos en los siguientes pasos hacia el mundo profesional.
– Viajas mucho entonces
– Más de lo quisiera – le confesé esperando el próximo ataque, sabía que se acercaba. – Pero me encanta mi trabajo, los chavales son estupendos.
– Y acompañas a Bella en viaje de trabajo o placer. – Bingo.
– Ambas – Contesté obtusamente a sabiendas que solo estaba alargando un poco más la conversación.
– ¿Hace mucho que la conoces?
– Bastante y ¿tú? – El greñas rubiales era muy insistente y, sinceramente, estaba ya muy cansado de esquivar sus indirectas.
– Bastante más... ¿De qué la conoces?
– No entiendo la pregunta. Qué quieres saber exactamente. Cómo la conocí, qué relación tenemos o algo más preciso de nuestra vida – Le respondí enfrentándome a él un poco irritado por sus preguntas.
– El cómo
– Nos presentó una amiga en común – Bueno, quizás no estaba aún demasiado cansado para seguir jugando
– Y ¿qué relación tenéis?
– Una muy buena. – Estaba claro que no iba a parar hasta que yo le contará algo decente.
Nos mantuvimos en silencio durante unos instantes, el chico de la barra nos trajo los botellines y durante un rato ambos nos dedicamos a rayar con la uñas las etiquetas húmedas. Él estaba pensando en iniciar una nueva estrategia y yo solo estaba esperando a verla para reacomodar mi defensa.
– ¿Qué tal está? –inquirió cambiando de estrategia, iniciando un asalto frontal y sorprendiéndome gratamente.
– Por fin una pregunta decente, chaval – le reconocí dándole un golpe en la espalda – Tenías que a ver empezado por ahí
– Gracias – me sonrió pensando que de este modo me iba a abrir.
– Llevo esquivando tus preguntas capciosas toda la tarde y he sido sincero... no me gusta mentir así que ¿cuánto puedo confiar en ti? – de verdad que estaba cansado, pero todavía me podía divertir un poco más con él.
– Soy psicólogo – me reconoció con una sonrisa ladina.
– Y eso qué coño quiere decir.
– Que si invitas tú a esta ronda, lo consideraremos como una especie de contrato por una sesión y tú eres sincero y yo me comprometo a guardar la confidencialidad paciente-médico. – Reconocí que se la estaba jugando a una última carta.
– Es decir que, te cuente lo que te cuente, no se lo vas a decir a nadie – quise asegurarme – De verdad te preocupa Bella y no es por cotillear.
– No se lo voy a decir a nadie y me ofende lo segundo – me confirmó frunciendo el ceño realmente picado.
– Ni siquiera a tu mujer.
– Tampoco.
– ¿Seguro? – Quería asegurarme de verdad. Sabía reconocer cuando entre las parejas había ese algo más, como lo que yo tenía como chica, y ellos lo tenían. En ese tipo de relaciones mantener secretos era duro, muy duro, sobre todo como el que yo tenía entre manos.
– Seguro. Además si rompiera el contrato podrías demandarme y lo más seguro es que perdiera mi licencia por una temporada.
– Genial... – Ese último detalle había decantado la báscula a su favor, se lo iba a contar bajo secreto profesional y me iba a divertir con ello – Entonces, trato hecho – le confirmé entrechocando nuestras botellas solo un segundo antes de advertirle. – Te vas a cagar.
– No será para tanto, seguro que he escuchado secretos más jugosos y ya se los he ocultado a Alice, ella entiende mi profesión. – Aseguró un poco sobrado. Yo ya le había advertido, si ahora era él quien se quería lanzar a la piscina ya era adulto como para tomar sus decisiones. Oh cómo me iba a divertir.
– Las está pasando putas... – comencé, con todo él me había confirmado que se preocupaba por ella, así que quizás, a pesar de todo, podría echarle una mano– Está jodida, muy jodida, ha tenido algunas citas durante estos años pero han sido un desastre, ahora está mejor pero tenías que haberla visto cuando la conocí. No somos nada, yo en realidad soy el marido de su mejor amiga, Rose, pero la quiero y la defenderé como a una hermana. La acompañó porque no queríamos que estuviera sola y volviera a pasar por una depresión, además aprovechó a ver a uno de mis chavales. Mi mujer insistió en que me quitara la alianza y me hiciera pasar por su pareja o que al menos sembrara la duda – añadí mientras le enseñaba el dedo anular y me tomaba un respiro para dar un buen trago. – ¿Qué te parece?
– Que, a parte de que tenías mucha gana de soltarlo, no es para tanto. Es decir, lo gordo del supersecreto ya me lo imaginaba todo, tu solo has confirmado mis sospechas y las de Alice también, hemos hablado de ello un montón de veces. Tenías que haberlos visto juntos, a Bella y Edward, eran... – explicó contemplando la botella fijamente – eran estúpidos. Todo el día juntos, eran como un matrimonio de esos de cincuenta años casados, pero de los que se aman, pendientes el uno del otro todo el día, terminando las frases, cuidándose... todos sabíamos que estaban el uno loco por el otro... todos menos ellos. Nadie sabe muy bien que pasó entre ellos, Edward nunca contó nada, o al menos demasiado como para formamos una idea clara y ella desapareció de la noche a la mañana.
– Qué crees que pasó – Le pregunté interrumpiendo su divagación.
– No tengo ni idea, me imaginó que dentro de su burbuja se coló un alfiler que la hizo explotar. Pareces un buen tipo y me alegro mucho que tanto tú como tu mujer hayáis estado a su lado durante este tiempo – me dijo antes de volver a chocar su botella ya vacía con la mía. – ¿Otra?
– ¿Por qué no?, esta la pagó yo. – Le dije antes de avisar al camarero de que repitiera nuestro pedido. – Entonces no se lo vas a contar a tu mujercita.
– Nooo – negó con una sonrisa– puedo mantener el secreto, como te digo no es para tanto.
Qué no era para tanto, pensé riéndome. Había llegado el momento de hacerle cumplir mi advertencia. Se iba a cagar – ¿Y podrás subsistir cuando tu mujercita se entere qué le has ocultado que tienes dos sobrinos de cinco años clavaditos a su papi?
Ya los tenemos a todos juntos y en el mismo espacio ;)
Muchísimas gracias a todas por seguir ahí.
En el capítulo anterior os comenté que este capítulo se titularía con una frase de uno de los personajes. Tanto bellaliz como darky1995 me siguieron el juego intentado adivinar quien decía la frase y ambas acertaron con que era Edward quien lo decía. Como premio les envíe un avance del capítulo donde justamente se decía esa frase. A la vez me pareció oportuno enviar ese mismo avance a aquellas que se molestaron en enviarme un review y dejarme su opinión a modo de agradecimiento. Así que como premio entonces solo queda mi reconocimiento público.
Si os parece bien seguir esta tónica por mi parte encantada… de este modo os puedo decir que el próximo capítulo se titulará "Estás preciosa"… y os adelanto que ya lo empecé a escribir y está siendo uno de los más complicados y complejos.
Hasta el próximo domingo.
