Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría

ME DEBES UNA CONVERSACIÓN

Seattle. Martes, 17 de noviembre de 2009. 03:30 horas

BELLA POV

No fui hasta que oí cerrarse la puerta que me permití soltar el gran suspiro que se ahogaba en mi garganta. Abrí los ojos cuando sentí un dedo frío recorrer mi mejilla para recoger una lágrima traicionera que se había escapado.

– Tienes que hablar con él. – Me dijo mi compañera de cama dejando un par de besos en mi cabeza.

– Lo se – Le dije con la voz ahogada.

– Se lo vas a decir, ¿no?

– Si claro, ¿qué crees que pensará? – Contesté rápidamente. Me había sentido bien hablar con Esme, un gran peso se había soltado de mi espalda e intuía que hasta que no estuviera en paz con todos ellos no lo estaría conmigo misma.

– Se va a enfadar muchísimo –. Seguíamos en "botón de sinceridad modo on".

– Lo se – Repetí ahora con temor.

Conocía de primera mano los enfados y cabreos de Edward. Él era como un volcán que tardaba mucho en explotar, que podía pasarse décadas y siglos en estado latente pero cuando lo hacía era aterrador. Se lo llevaba todo por delante, dejando atrás destrucción, fuego y cenizas. Edward era igual, paciente y tranquilo en apariencia pero cuando explotaba, cuando un click sonaba en su cabeza, cuando el vaso se desbordaba se llevaba todo lo que tenía por delante. Su fuerza de destrucción no se encontraba en sus brazos, ni en sus piernas. Nunca se había pegado con nadie, nunca había golpeado una mesa o una pared. Su verdadero peligro se encontraba en su boca, en su afilada y viperina lengua. No gritaba, ni insultaba. Al menos pocas veces fueron las veces que delante de mi había utilizado palabras bastas y soeces en estos contextos. Él más bien dominaba el sarcasmo, la ironía; era un gran estratega, conocía los defectos y debilidades de su oponente, los manipulaba, les daba la vuelta y los arrojaba multiplicados a la máxima potencia. Yo había estado presente alguna que otra vez cuando ese infierno se había desatado y siempre había sido capaz de controlar esa energía desatada, de tranquilizar y de minimizar los daños. Siempre hasta que yo fui la destinataria. Aquel día, cuando arrojó todas sus armas contra mí fue el día que yo me rompí.

– Pero en cuanto te chille un poco le encantará la idea.

Seattle. Martes, 17 de noviembre de 2009. 06:30 horas

APOV

Desperté con el sonido del despertador. Habíamos llegado muy tarde a casa. Cuando llamé a Jasper el tono de su voz me indicó que había bebido lo suficiente como para no poder conducir y venir a recogerme al hospital, con lo que tuve que llamar a un taxi e ir yo a buscarlos, recogerlos y ocuparme yo de todo. Después de dejar al amigo de Bella en su hotel en no demasiadas buenas condiciones, también tuve que ocuparme de que Jasper llegara a la cama y no vomitara en ella.

Después de todo eso, de la energía quemada durante el día y el desgaste que tuve al manejar a esos dos hombretones, cuando pensé que iba a caer en la cama como una bebita tampoco me fue posible descansar bien. Primero porque mi compañero roncaba a pierna suelta y parecía que en cualquier momento un helicoptero aterrizaría en medio de nuestra habitación y segundo porque tenía demasiado que pensar y analizar. Cómo es que nunca había sabido que Edward y Bella se habían acostado juntos. Sospecharlo si, comentar la posibilidad de ese encuentro con Jasper o mi madre también, pero siempre lo habíamos considerado como algo imposible con lo que con el paso de los años todos nosotros también dejamos de considerar la opción. Y hoy, después de tanto tiempo, Edward me confesaba que en algún momento previo a su marcha se habían acostado untos. Me quede tan fría con el asunto cuando se le escapó y él estaba tan hablador que no quise preguntarle más ni insistir no fuera que se negara en banda y cerrara el pico. Por eso mismo yo quería llegar junto a mi chico, mi propio confidente y comentarlo con él.

Ayer en cuanto nos metimos en la cama sabría que iba a ser imposible mantener una conversación cuerda con él, no obstante intenté sacarle el tema pero me respondió con el primer ronquido de la noche, así que lo desterré. Fue en ese momento, cuando tuve que tener esa conversación conmigo misma cuando creo que me desvelé. Y cuando por fin cogía el sueño con ganas sonaba el puto despertador. Me hubiera gustado darle una hostia, dar media vuelta y seguir durmiendo, pero tenía tanto que hacer y el primer punto en mi lista era despertar a la marmota que me acompañaba y mantener la conversación pospuesta.

– Jasper, Jasper, Jasper – Le llamé lo más cariñosamente posible mientras que le picaba en la espalda.

Con lo majo que era mi chico y el mal despertar que tenía. Seguí insistiendo molestamente hasta que de muy mala leche se levantó y sin decirme nada, ni un buenos días se metió en el baño. Así era él, la mejor persona del mundo al menos durante 23 horas y cincuenta minutos del día, cada día, los otros diez minutos restantes eran la excepción. Y es que para llevarse bien con él cualquier persona sabía que los diez minutos siguientes a su despertar no se podía hablar con él ni cruzarse en su camino, si no querías recibir un gruñido como respuesta. Pasados esos diez minutos que él solía pasar en el baño y que yo nunca quise saber qué hacía volvía a ser él. Mi dulce chico.

Con todo, una vez cumplido mi objetivo y dejar el otro lado de la cama vacía, aproveché para salir yo también e ir a preparar nuestros desayuno: café, bizcocho, zumo e ibuprofeno, doble y para dos.

Pasados esos diez minutos y cuando solo me quedaba un trago de mi primer café apareció Jazz listo para iniciar el día.

– Buenos días preciosa. – Me saludo dándome un beso en los labios. Si, mi dulce chico ya estaba de vuelta.

– Hola campeón. – Le devolví muy socarrona esperando su mirada intrigada. – Campeón de las noches cerveceras. Te das cuenta que últimamente cada vez que sales de noche, vuelves con unas cervezas de más. – le dije fingiéndome enfadada.

– La culpa es tuya. – concluyó sirviéndome un nuevo café y sentándose junto a mí.

– ¿Mía?

– Si, tuya. Llevate a Edward a tomar algo y que despeje. – Respondió imitando mi voz. – Vete con Emmett, un chico al que no conoces de nada, y entretenle.

– ¿Qué te contó? – lo vi tragar fuertemente el bizcocho. Él había sacado el tema, no yo.

– Nada.

– ¿Nada? y de ¿qué hablasteis entonces? – No es que presumiera de intuitiva pero cuando un chico, tu chico para ser exactos, rehuye tu mirada, se mete un trozo enorme de comida en la boca y bebe sin descanso el zumo y el café: sospecha, algo te está ocultando.

– De su trabajo, del mio – Contestó con la boca llena.

¡Será gocho! Lo describí en mi cabeza. Y no por enseñarme todo el bolo alimenticio previo a tragar. No, después de tantos años juntos había confianza y a mi no me daba asco. Él me había visto en peores situaciones. Lo insulté, digo lo describí, porque me estaba ocultando algo. Y era algo importante.

– Y de Bella no te dijo nada, cuánto tiempo llevan juntos, si tienen planes... – Pregunté al aire dejándome llevar por la intuición.

– No, muy poco, no quiso tocar el tema demasiado... un poco al final. – Explicó fingiendo un tono ausente. Mi chico era listo, estaba esquivando mis preguntas, pero no se había dado cuenta de que nuestra unión superaba las palabras. Lo conocía muy bien, para su desgracia en estos momentos, así que…

– Me estás ocultando algo – Le dije mientras me levantaba de mi sitio y me aproximaba a él.

– Y tú, ¿qué tal anoche...? recuerdo que me constaste algo de Edward – intentó distraerme con otra conversación. Me hice la tonta, haciéndole creer que caí en su trampa. Así que me dejé llevar por esta nueva línea temática, que más daba, total todas llevarían a Roma, digo a Bella y Edward.

– Ah si, muy fuerte. – Le conté exageradamente dejándome caer en sus rodillas y abrazándome a él– ¿Sabes que me dijo que se había acostado con Bella antes de que esta se marchara?

– ¿Qué me dices? – Preguntó con demasiado entusiasmo. Mierda, él ya lo sabía.

– ¡Eh!

– ¿Y eso? – Insitió un poco tenso.

– ¿Qué esta pasando aquí? – Le pregunté separándome un poco de él.

– ¿Sobre qué?

– Con esto, ¿qué está pasando?

– No te entiendo. – continuó intentando distraerme esta ocasión cambiando de estrategia y dándome besos muy, pero que muy calientes para ser las siete de la mañana, en el cuello.

– No te has sorprendido. – No iba a caer en su juego sucio. – Ya lo sabías ¿verdad? – Le dije a la par que le tiraba del pelo para que separara su cara de mí y obligarle a mirarme a los ojos. Él muy cobarde tan solo pudo mantenerla durante apenas unos segundos. – Mierda Jasper ¿desde cuándo lo sabes? No me vas a decir nada. – Concluí apoyandome nuevamente contra su pecho y hablándole a su garganta.

– No – Me contestó apenado pero muy firme. Llegados a este punto sabía que no iba a poder sonsacarle nada, pero tenía que intentarlo ¿no?

– ¿En serio?

– Sí.

– ¿Por qué?

– Secreto profesional.

– Me estas diciendo que Edward te lo contó bajo tratamiento – Ja! Poco pero algo ya me había dicho. Bien por mí, por insistir.

– Sí.

– Y, ¿qué más sabes?

– Alice sabes que no te puedo decir nada. – Insitió a su vez, girando mi cara para darme un pico en la boca.

– ¿O sea que sabes algo más? – Para pesada yo, pero es que me negaba a creer que sabiendo lo preocupada que había estado por mi hermano y mi amiga, él me ocultara información. – ¿De qué grado de importancia es la información altamente confidencial que me ocultas?

– Alto – Respondió tras una leve vacilación. Sabía que esa respuesta era vaga e imprecisa pero no se había atrevido ni a esquivarla ni a mentirme. Nuestra relación estaba muy por encima de estas cosas, pero cuando era de mi familia de quien se trataba, no podíamos andarnos con chorraditas ni pijadas.

– Mierda, joder. A ver si me centro, tú no me puedes contar nada que un paciente tuyo te haya contado durante una sesión ¿verdad? – le argüí intentado otras vías.

– Efectivamente – Confirmó relajando sus brazos a mi alrededor.

– Pero como tu novia, tu futura mujer y tu futura madre de tus hijos tampoco me puedes mentir en algo que atañe a mi familia ¿verdad?

– Alice, por favor no me hagas esto. – Suplicó con voz, cara y cuerpo de estreñido, nuevamente. Averiguando por donde podía continuar la conversación se movió bruscamente intentado hacer que me levantara y así esquivarme. Ni de coña.

– Contesta ¿Verdad? – Insistí asentando fuertemente mi cuerpo encima de él, impidiendo que nos movieramos. Era pequeña y ambos sabiamos que si se esforzaba podría levantarme en menos de un suspiro, pero mi voluntad era fuerte y más grande que la de él. Y en ese momento, Jasper sabía que no iba a ceder, con lo que se quedó algo más tranquilo bajo mí.

– Verdad. – Contestó con un suspiro lleno de derrota.

– Si tú no me cuentas nada pero yo te hago preguntas, que no sean especulaciones sino afirmaciones me podrías responder al menos un si o un no.

– No creo que sea...

– Me importa una mierda. Es lo más que voy a ceder – Le gritó mi voluntad por mí.

– Alice en esto yo no puedo ceder, lo siento pero es mi integridad profesional.

– No se lo voy a decir a nadie. – Le prometí suavemente y en voz baja y mimosa a su oido reduciendo un poco la intensidad anterior.

– Yo lo sabría. – Negó. Cerrando con eso todas las vías de negociación y forzando mi capitulación.

– Ok, ok... sabes que te voy a odiar toda mi vida por esto ¿no? – Me rendí levantádome y apoyándome de espaldas a él en la encimera.

– Cariño, estoy seguro que en nada lo vas a saber. – Quiso prometer acercándose a mí y abrazándome.

– ¿Y tú qué entiendes por nada? ¿unos días o unos años?

– Apostaría en que en menos de cinco días te vas a enterar por ti misma – comentó girándome y obligándome a devolverle el abrazo.

– Ok, solo dime dos cosas. ¿Cuándo te contó mi hermano lo de que se había acostado con Bella esta semana o hace tiempo?

– Hace mucho tiempo. – confesó en voz baja y arrepentida.

– ¿Y ayer Emmett te contó alguna cosa que yo debería saber y no me vas a contar? – Le pregunté dándole unos cuantos besitos melosos por la mejilla. – Gracias cariño, tu silencio me basta. Pero, que sepas que me debes una conversación, y muy seria. – Cerré yo ahora el asunto dándole un pico bastante largo. Había sido duro, había perdido algunos juegos y ganado por la mínima, pero al final había sido: juego, set y partido para Alice.

Seattle. Martes, 17 de noviembre de 2009. 08:00 horas

Después de nuestra breve pero intensa conversación en la cocina, le concedí a mi chico algo de respeto y no quise insistir más, sabía que era una tumba y no quería que por mi tuviera una crisis de conciencia, ya había confesado más de lo que él querría y por el momento me conformaría, aunque la venganza estaba cerca. Así que mientras él recogía la cocina y la habitación yo me di una ducha rápida y me vestí con ropa cómoda preparada a pasar las siguientes 24 horas fuera de casa.

Llegamos al hospital juntos y nos despedimos en el hall con un beso rápido quedando en que a lo largo de la mañana Jasper pasaría a verme. Corrí a ver a mi madre, y a Bella, con un poco de suerte aún seguiría durmiendo y así la podría ayudar a arreglarse.

Cuando llegué al pasillo la vi hablando por teléfono, estaba de espaldas a mí y hablaba en voz baja para no molestar al resto de enfermos. Me acerqué a ella haciendo todo el ruido posible pues no quería por nada en el mundo que se asustara ni mucho menos que pensara que la estaba espiando. Aún así, debía estar bastante concentrada en la conversación pues no sintió mi llegada hasta que le apreté ligeramente el brazo. Se giró bruscamente y bastante sorprendida, pero en seguida reaccionó y sin separar el teléfono de su oreja me explicó que la enfermera le había pedido que saliera para atender a mi madre en su rutina. Asintiendo a sus palabras me separé y me apoyé al otro lado de la puerta para ofrecerle algo de intimidad. Saqué mi móvil para distraerme y decidí enviarle un mensaje a mi hermano. Cuando fui a abrir la aplicación me fijé que ya tenía un mensaje de él que por las prisas de la mañana no había visto.

Eres 1 HP

Me reí lo más en silencio que pude porque sabía a que se debía el arrebato y el insulto. Ayer habíamos quedado en que me llevaría un café cuando tuviera un minuto libre en su noche y si realmente cumplió su palabra tenía que haberse encontrado con Bella.

Hiciste lo q t dije :P– le escribí inmediatamente.

Si lo hiciste adrede no t lo perdonaré nunca.

Mierda, no me había dado cuenta de ello. Si se habían encontrado como me temía en la habitación igual habían discutido con mi madre presente, y estando ella tan enferma. Mierda, yo tampoco me lo perdonaría. Le llamé inmediatamente para aclarar este punto pero no me cogió el teléfono así que le escribí lo más rápido que pude un nuevo mensaje.

No, ella quiso quedars olvido q habíamos quedado. No m acordé hasta ahora mismo. Sorry.

Dónde estás, no puedo hablar

Con mamá

Perfecto, n 5 minutos m pasó x ahí y hablamos.

También está Bella. – Quisé avisarle y no volver a meter la pata con él, así al menos, si la veía era porque él lo decidía.

En cuanto le dí a la tecla de enviar Bella llamó mi atención colocándose a mi lado. La miré atentamente para ver si observaba en su rostro alguna traza de la posible discusión que Edward me había dado a atender pero aunque tenía los ojos un poco rojos e hinchados parecía tranquila.

– Hola, ¿qué tal la noche?

– Bien.

– ¿Estás cansada?

– Si, no dormimos mucho. –Me explicó provocando en mí más temor– Cuando os fuisteis tu madre despertó y estuvimos hablando hasta las tantas.

– ¿Todo bien? – le pregunté todavía con un poco de miedo así que quería confirmar que solo se había tratado de un asunto entre ellas dos.

– Si, genial. Hemos llorado un poco pero... – explicó frunciendo los hombros para restarle importancia, mientras veíamos como la enfermera abría la puerta de la habitación y con una sonrisa nos invitaba a entrar.

– Me alegro que hayais aclarado las cosas. – le contesté sinceramente mientras me dirigía hacia el interior de la estancia.

– Y yo. – Confirmó deteniendo mi andar para hablar conmigo – Ya se Alice, se que te debo un millón de explicaciones y que te tengo que contar otro millón de cosas pero ahora estoy agotada.

– No olvides que me debes una conversación.

– No lo olvido y te lo contaré todo. Pero tienes que entender que preferiría antes hablar con Edward, pero si quieres podemos cenar juntas y ponernos al día.

– Quiero, pensaba quedarme hoy todo el día pero si no...

– Genial – interrumpió– también podemos preparar algo de comida y hacer con ella una especie de picnic en la habitación.

– Seguro que le encanta. – Era una idea estupenda que a mi madre le encantaría y nos permitiría pasar algo de tiempo las tres juntas. –¿Entramos?

Estábamos cruzando ya la puerta de la habitación cuando un ruido bastante estrepitoso provino desde el punto de enfermeras. A Elaine, la enfermera que acababa de salir de la habitación de mi madre, se le había caído la bandeja donde llevaba los termómetros y demás enseres justo enfrente de las escaleras y del ascensor. Tanto Bella como yo nos acercamos a ella para ayudarla cuando, en ese momento, estando las tres agachadas se abrió el ascensor y de él salió con cara cansada pero paso decidido mi hermano.

Justamente en ese mismo instante, cuando ambos se encontraron uno frente al otro, experimenté algo totalmente nuevo para mí, sintiendo una sensación muy rara casi mística. Quizás, debido a mi cercanía al epicentro, pude percibir como una bruma de tensión nos envolvía a los cuatro, nadie habló y ningún ruido se escuchó a partir de ese momento. Elaine y yo permanecíamos como dos espectadoras invisibles, dos convidadas de piedra ansiosas, yo con conocimiento ella sin él, pero ambas percibiendo en su plenitud todos los sentimientos que flotaban en el ambiente: rencor, ira, pasión… Ambas vimos como Bella se levantó muy despacio, como estiró los pantalones que llevaba hacia bajo, como planchaba unas inexistentes arrugas y como daba un par de pasos vacilantes hacia la figura que estaba delante de ella con ojos de sapo y cara de haber visto un fantasma. Y ambas vimos como en ese mismo silencio, mi hermano sin pestañear, sin mirar, sin respirar se daba la vuelta y aún de espaldas a nosotras presionaba alguno de los botones del ascensor. Ascensor que con un ding procedente del interior del mismo en menos de dos segundos lo ocultó y que sirvió para devolver a la vida al resto del mundo que nos rodeaba.


Ya hemos dado un paso más, cada vez queda menos para lo que todas estais esperando… se que os gustaría que avanzara todo más rapido pero hay cosas que llevan su tiempo. Aún así espero que os haya gustado.

Este capítulo quiero dedicarselo en especial a Green'splace que acertó al apostar por Alice y Namy33 que aunque no acertó lo intentó ;). A las demás muchísimas gracias por seguir ahí, leyendo y comentando. También me gustaría recordar a los guest que me dejen un mail separando las palabras para poder enviarles también un preview.

El próximo capítulo se titulará "Día de mierda, semana de mierda, vida de mierda" y creo que es bastante fácil adivinar quien lo dirá.

PD-. En mi perfil de facebook estoy subiendo de vez en cuando avances, comentarios y algunas imágenes sobre el fic.