Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría
FUERA DE SERVICIO
Seattle. Jueves, 19 de noviembre de 2009. 5:36 horas
Edward POV
Cinco treinta y seis de la mañana y aún sigo aquí tirao, despierto, contando las horas, viéndola dormir. A las dos de la madrugada se durmió la muy… la muy… la muy dormilona. Desde las dos de la mañana que lleva durmiendo, roncando a veces, suspirando otras, hablando un poco, moviéndose mucho y yo aquí, quieto, en silencio, sin atreverme a moverme. Necesito ir al baño, necesito echar otro tronco al fuego, necesito dormir, pero aquí sigo, hora tras hora, meándome, congelándome, desvelándome. Me siento como una puta estatua de sal con conciencia. Conciencia de que la mujer que amo está durmiendo a escasos centímetros de mí, conciecia de que aunque lleve un pijama cutre de franela lo único en lo que estoy pensando es en que se mueva un poco más hacia la derecha para que a través del mínimo escote que los botones le han dejado me dejen ver algo más de carne… Me siento como un perrito que ante cualquier caricia menea su rabito… literalmente, más por lo del rabito que por el perrito.
También me siento como si estuviera en una montaña rusa subo, bajo, hago un looping, me ponen boca abajo, de espaldas, tres loopings seguidos… estoy excitado, con ganas de gritar, con ganas de vomitar. Si mi vida es exactamente igual.
Aún no se como pude acabar en esta cama, con esta compañía y en estas circunstancias. Yo cuando llegue a casa me las hacía muy felices, duchita rápida y caliente, lasaña al microondas, una buena película (a poder ser histórica o de acción, nada de ciencia ficción… de esa tipología ya había tenido bastante esa semana) y ocho horas de sueño por delante. Nada de eso ocurrió, más bien todo lo contrario. La ducha no tuvo nada de acción, la película por lo visto me la había montado yo, la cena la tuve que hacer yo, el caliente lo llevo encima incorporado de serie, y las ocho horas de sueño ni siquiera se redujeron a ocho minutos y todo, todo por dos putas palabras que en un principio fueron un galimatías para mí, pero que al final todo cuadro como si de un puzzle de 1.000 piezas se tratara.
– Rose Butterfly
Fueron las dos palabras que me paralizaron en las escalera, camino de mi coche, camino de casa de Alice, camino del infierno. Y es que después de soltar una de mis tantas borderías (porque seamos sinceros cuando quiero soy un borde, y muchas veces sin quererlo ni poder evitarlo puedo llegar hasta a ser un cabrón) creo que hice una salida triunfal. Dejándola quieta, en silencio, con la cara estupefacta… un pequeño punto para mí. Edward 1-Bella O, teniendo en cuenta que el contador se había puesto a cero desde que ella decidió tomar mis tortitas. La alegría en casa del pobre dura poco, y yo aquí soy demasiado miserable.
– Rose Butterfly
Gritó la sirena de bel canto que ahora dormita a mi lado. Las palabras me sonaban pero no las ubicaba en mi memoria. Y fue precisamente en ese instante, en el que me detuve en el decansillo a pensar, cuando ella me alcanzó asomándose al hueco de la escalera.
– ¿Te acuerdas de Rose Butterfly? Emmett está casado. Está casado con Rose Butterfly. – continuó cuando no contesté y justo unos instantes antes de que me diera un infarto pensando que se había liado con un tío casado que se hacía llamar Rose Butterfly. Todavía ahora lo pienso y me entran escalofríos.
En ese momento, más bien saqué el cajón de los recuerdos, lo abrí y entre el montón de mierda que me encontré dentro localicé el absurdo título que me dijo, sobre todo cuando lo asocié al nombre que antes había mencionado Rose. ¡Joder! Me cago en mi puta cabeza, claro que me acordaba de ella. Aquella niña repelente con la que se pasaba horas chateando por Internet.
– La llamé – comenzó a explicar bajando las escaleras para situarse justo un peldaño por encima de mí, lo se porque expiraba en mi nuca– El último día del hospital la llamé por primera vez, tenía su móvil solo para emergencias. Me equivoqué, ahora lo se, pero me quería ir. Sabía que si me iba con mi madre me ibas a encontrar y no se me ocurrió dónde ir. La llamé y me dijo que estaba en Colorado. Fui en autobus, me recogieron en Denver. Allí la conocí físicamente, a ella y a su marido. Emmett. Me acogieron aquellos meses. Estaban de vacaciones la primera vez, cuando fui, me cedieron una cabaña del resort para mí e iban a verme cada poco. Cuando tú fuiste era una de esas ocasiones. Recuerdo que el día que estuviste, había quedado a cenar con ellos y la familia de Emmett, él había ido a buscarme porque ya se me había pasado la hora…
La dejé hablar, no la interrumpí, me mantuve en silencio. Y ella lo dijo todo del tirón, muy despacio, respirando en cada coma, suspirando en cada punto. Sentí su mano calida, suave, amable tirando de mi cuerpo, otra vez, por segunda vez en el día y yo esta vez me dejé arrastrar por ella, antes de dejarme llevar por el agujero negro que se había generado en mi mente y que me llamaba a asumirme en él.
Bella un montón-Edward menos un montón.
Casado, matrimonio, amigo, amistad… todo era verdad. La cabeza me dolía, las venas palpitaban con cada pulsación, bum, bum, bum, me di la vuelta y la mire a los ojos. Ella me miraba de frente, con una mirada limpia y transparente. Era verdad. Abrí la boca para decir algo. Ella estaba esperando por mi respuesta. Pero mi padre una vez me dijo "si no tienes nada inteligente que decir, no digas nada", era un gran consejo. Lo sé porque nunca lo lleve a cabo y por eso mismo me había ido de culo. Así que por una vez, pensé antes de hablar y las palabras se ahogaron en mi boca, boqueé un par de ocasiones, un pez fuera del agua se hubiera encontrado mucho mejor en ese elemento que yo en aquel momento.
Soy consciente de que no pudo ser solo el recuerdo de mi padre lo que me detuvo de iniciar una diatriba contra mí mismo. Había tantas cosas pugnando por alcanzar el primer puesto de la lista: vergüenza, cobardía, torpeza, confusión… miedo, mucho miedo, tenía los pies fríos ante la posibilidad de volver a meter la pata.
Ella en cambio estaba en frente de mi tranquila, sin aquel gesto orgulloso que me reventaba y era bastante frecuente en ella, con una pizca de timidez y otra de remordimiento. Posiblemente, la Bella de veintitrés años hubiera bailado sobre mi tumba al verme caer en esta metedura de pata, sorprendentemente la Bella de veintinueve, mucho más madura que yo simplemente negó con la cabeza y sonrió apenada.
Bella infinito-Edward caca de vaca
Me dio una gran lección, me llevó de nuevo a la habitación y me obligó a tumbarme junto a ella. Me enseñó algunas fotos de ellos como matrimonio. Nunca había visto a pinkyfly como la llamaba entonces, y era una chica muy guapa y muy enamorada de su marido, se notaba. Las miradas que intercambiaban eran obvias. Me contó como la ayudaron aquellos meses, como la convencieron para que les acompañara a Bostón y retomará allí los estudios después de haberlos abandonado durante las dos convocatorias siguientes. Después de eso poco más podía decir yo, o mejor nada pude decir. Pasaron las horas y no emitía palabra tan solo leves balbuceos. Si ya me sentía horriblemente mal por todo lo que le había dicho cuando pensaba que tenía razón, en el momento que me enteré de la verdadera relación que tenían me avergoncé, un avestruz hubiera metido la cabeza bajo tierra, yo ante la dificultad de hacer lo mismo, le pedí perdón por primera vez en mi vida de palabra. Y ella, frente a todo pronóstico lo aceptó.
Después de eso, la conversación decayó, habíamos salvado un gran obstáculo aquella noche pero aún quedaban muchos en el camino… mil dudas se agolpaban en mi mente. La primera de ellas muy sencilla. Si no se acostaba con el ciclao por qué se fue. Si no se acostaba con él era por qué se tiraba a otro. Le hice la primera pregunta y me contestó con un bostezo. Solo un bostezo y a mí me quedo todo claro. Mentira.
La segunda pregunta ya no me atreví a hacersela. Había sido una noche intensa, yo tenía mucho que considerar y ella estaba más cerca del mundo onírico que de mí, por lo que no era el mejor momento para empezar a discutir de nuevo. Aun así la pregunta se quedaba en el tintero, yo no había visto fantasmas… yo no era el niño del sexto sentido, ni veía muertos ni los oía susurrar. Y ella me iba a tener que explicar con pelos y señales todas y cada una de las sospechas y dudas que había tenido y no confirmado, al menos aún.
Por otra parte, y a cambio de dejarla dormir ella me prometió cenar conmigo esa noche, en un lugar público y tranquilo. Con suficiente gente alrededor para no comportarnos como niños pequeños, pero íntimo para poder sincerarnos sin temor a ser escuchados.
Hecha la promesa, ella dio la primera vuelta en la cama de la noche y se durmió. Yo le di la espalda durante unos instantes pensando que así le concedía más intimidad. No negaré que me sentí un poco frustrado por no sellar nuestra reciente alianza con un beso. Pero siendo sinceros el momento del baño había sido lo bastante inverosímil como para mantenerlo en un punto y aparte. Pero una vez que había vuelto a probar sus labios me negaba a pensar que no lo volvería a hacer. Había estado con el mono durante muchos años de forma constante y no quería volver a ir a rehabilitación, si se me permite continuar con el símil. En el momento que hable con Alice, había considerado dormir en habitaciones separadas, no me hubiera importado ir a mi antigua habiación tal y como había planeado inicialmente, pero ella insitió en que allí estaría más cómodo, y acertó.
Después de dormirse yo medité retomar el plan primario de retirarme, pero la pereza, la desvergüenza, la estupidez, el calor del hogar, el calor de su cuerpo, las ganas de abrazarla, de besarla, de… saber que estaba allí, que era real, que no lo había soñado, que habíamos hablado, acercado posturas, que la había besado, que había puesto el corazón en sus manos durante unos minutos en el baño y que luego le quité tan torpemente. Todas esas razones contrarrestaron los escasos esfuerzos que hice para salir de allí. Y por eso me quedé pensando en estupideces, contando los minutos, refrenando mis instintos, regodeándome en la mierda y demás imbecilidades que había dicho y hecho y, sobre todo, dándome cuenta de que si no hubiera sacado conclusiones aceleradas, si no me hubiera ido aquel maldito día de la puerta de aquella cabaña, si la hubiera obligado a abrime la puerta, si hubiera salido de aquel coche para encarar al ciclao aquel… si hubiera… si hubiera… si hubiera…
Esa fue mi noche, una larga noche. Las dos y media de la mañana me dieron pensando en mi madre y montando el discurso sobre qué le diría a mi jefe para poder ausentarme, cambiando guardias y pidiendo favores. Las tres me dieron llorando de pena y de vergüenza por todos los errores cometidos. A las tres y 28 estaba pensando en cómo aprovechar esta segunda oportunidad con Bella y cuál sería la mejor manera de proceder. A las cuatro contemplaba cómo podría ser la mejor manera de abordar a mi madre para que fuera sincera, algo olía a podrido en Dinamarca, y me había dado cuenta de que mi vida era Dinamarca hacia las cuatro menos diez. Tardé diez minutos en atar cabos. A las cuatro y veinte me di cuenta que la chimenea se estaba apagando. A las cuatro cuarenta y seis Bella se movió por décimo sexta vez y apoyó una pierna sobre mí. A las cuatro cincuenta y nueve volvió a su sitio original, dejando de tocarme. A las cinco y cinco yo seguía excitad doce volví a lagrimear por el tiempo y las oportunidades perdidas. A las cinco y veinte me entraron ganas de hacer pis. Dieciseis minutos después el mundo con todas las emociones del día, de la semana sumadas al hecho de que ella dormía a pierna suelta, se me cayeron encima y tuve que salir de la cama antes de cometer una locura: estrangularla, estrangularme, besarla, hacerle el amor, suplicar…
A las seis menos veinte ya comenzaba a entrar algo de claridad por la ventana, había sobrevivido al día anterior y a la noche, pero sin estar muy seguro de mí mismo me levanté con la intención de iniciar el día y no cometer una locura. Había muchas donde elegir y mi grado de gilipollez era elevado.
Entraba a trabajar con el cambio de guardia a las diez y aún faltaba mucho tiempo pero si conseguía llegar al hospital pronto podría estar unas horas con mi madre, y quizás junto a ella, y a pesar de los ruidos propios del centro, podría descansar.
Tenía una cita esa noche, cita con conversación transcendente incluida y ni siquiera sabía como prepararme para ella. Aunque total, de poco servía planear u organizar las cosas porque al final todo se me daba la vuelta. Aún así no quise empezar jodiendo el día e irme de la cama por la puerta de atrás, como un amante avergonzado, porque no había sido su amante aunque si me encontraba avergonzado. Mi primera intención era dejarle una nota sobre la cama, pero con lo que se movía se podía extraviar. Mi segunda intención fue cogerle el móvil para saber cuál era su número y poder llamarla… pero me acojonó como la mierda tanto coger el móvil y una vez con él no poder privarme de cotillearlo y ver cosas en él que no querría ver, como que me pillara con las manos en la masa y que no entendiera el motivo de mi asalto. Ante esta situación volví a la idea original de dejarle un papel sobre la almohada:
– Bella, me he ido al hospital. Te recojo a las 6:30
Parece un mensaje sencillo pero tardé un desayuno entero en decidirme a escribirlo: sencillo, conciso, informativo y tajante.
También le dejé otro mensaje junto a la puerta de la habitación:
– Tienes un mensaje encima de la almohada
Directo y claro.
Y otro junto a la escalera:
– Tienes un mensaje encima de la almohada
El primero lo podía perder, el segundo podía no verlo, pero el tercero lo iba a ver sí o sí. A no ser que saltara por la ventana. Sería un opción, aunque bastante jodida. También consideré la opción de dejarle un mensaje único en la escalera pero me pareció muy frío y tonto.
10:15 horas
Llevaba más de dos horas trabajando. Cuando llegué al hospital entraban cinco ambulancias procedentes de un accidente múltiple en la autopista por culpa del hielo. Corrí a echar una mano y concentrándome en mi trabajo me olvidé de todos lo demás: de la carencia de sueño, de los problemas, de Bella, de todo.
12:26 horas
A media mañana, la intensidad ya se había reducido considerablemente y estaba haciendo mi rutina para aprovechar en un descanso entre visita y visita para mandarle un mensaje al móvil de mi padre
– Estoy d ronda, a q hora le dan el alta.
No había tenido ni un minuto libre para ir a ver a mi madre, pero si tenía suerte aprovecharía la hora de la comida para estar con ellos.
– Estamos ya rellenando los papeles, nos vamos en diez minutos. Iba a llamarte antes
Contestó mi padre dos minutos después, seguramente hubiera tardado un poco menos si acortase las palabras. Ni el diez lo ponía en número.
– Voy pa'lla
Deje la ronda en manos de Maggie para que acabase los papeles con el motivo de ir a despedirme de mi madre. En quince minutos estaría como mucho de vuelta.
Cuando llegue al piso octavo,ellos ya se encontraban junto al puesto de enfermeras dejando los papeles y despidiéndose de enfermeras y médicos. Había una nebulosa de tristeza en el aire que no quise atender… todas y todos sabían que se despedían de mi madre para no volverla a ver. Deseché, paso a paso, ese pensamiento de mi mente, fijándome en la sonrisa sincera de mi madre, en vez de su esquelética y pálida figura, y en la sonrisa tierna de Bella, que se encontraba detrás de ella sosteniendo la silla de ruedas. Espere a unos metros a que todo pasara, no quería oir conversaciones típicas y tópicas. La gente era idiota y siempre decía tonterías y metía la pata. Mejor no escuchar nada. Porque nada me iba a aliviar ni a aligerar el peso que descansaba en mi corazón.
Cuando terminaron, los cuatro caminamos hacia el coche de mi padre, Bella llevando la silla, yo llevando la maleta, mi padre buscando las llaves en su maletín y peleándose con el paraguas. Acomodé a mi madre en el asiento del copiloto lo mejor que pude evitando hacerle daño. Fracasé estrepitosamente en mi misión, cada gesto, cada movimiento denotaba un dolor silencioso del ella que nunca se iba a quejar. Finalmente nos despedimos también nosotros tras darles los consejos de rigor sobre conducir con lluvia intensa y bajas temperaturas y prometerles que a continuación iríamos nosotros. Por suerte, llegarían siendo aún de día.
Tras eso, acompañé a Bella al coche que Alice le había prestado, en silencio. Cuando llegamos y antes de abrir la puerta del coche le pregunté si había visto la nota que le había dejado, una pregunta demasiado tonta pero la más sencilla de realizar entre todas las que había anotado en mi libreta mental. Me contestó con una sonrisa y una risa ligera.
– ¿Por qué no te vas ahora con ellos? – Le pregunté realmente intrigado.
– Tengo una cita esta noche – Respondió tras unos instantes.
Ninguno de los dos dijo nada más. ¿Acaso hacía falta?
No.
Ella se metió en el coche y se fue. Yo esperé a perderla de vista antes de volver a mi rutina.
16:47 horas
En trece minutos entraba en una cirugía la cual por protocolo sabíamos que iba a durar un mínimo de cuatro horas. Mierda al cubo multiplicado por mil. La decisión a tomar era jodida:
Charlotte Preston, doce años, desde los diez enganchada a la diálisis. En lista de espera para recibir un riñón desde entonces. Un riñón compatible venía de camino desde San Luis. Aterrizaría en el helipuerto en veinte minutos.
Edward Cullen, veintinueve años, desde los 19 enganchado a Bella Swan. En espera de saber algo de ella desde los veintitrés. La chica de sus sueños estaría esperándolo en su casa. Él debería de pasar a recogerla en una hora cuarenta y tres minutos.
No, mentira, la decisión era muy sencilla, no había dudas, Charlotte ganaba de goleada. Era una alegría para todo el equipo poder darle aquella oportunidad, era una niña encantadora, ella siempre estaría por encima de todo. Y aunque hubiera sido una verdadera niña repollo también sería la prioridad.
Quise llamar a Bella pero no tenía su móvil y el teléfono de casa estaba fuera de servicio. La única opción era pedírselo a mi hermana y me lo envió al segundo. Mi hermana podría ser definida como "érase un móvil a una mujer pegado". Por fin un poco de suerte a mi favor.
16:51 horas
– Cirugía d urgencia, trasplante d riñón, 12 años. Lo siento
Fue le mensaje que le envié, ella era médico, lo entendería. O al menos eso esperaba
– No t preocupes, spero q todo salga bien ;) Avísame si sales pronto
Contestó al instante
21:25 horas
– Hemos tenido complicaciones. Ahora stá estable, stán cerrando. M quedo aquí. Lo siento
– Tranquilo, lo entiendo. Necesitas algo?
– Nada, cenaré algo con l equipo pero stamos pendientes
– Perfecto, mañana hablamos
– Hablamos, 1b
Le devolví cerrando la conversación y atreviéndome, después de pensarlo, a enviarle un beso que, al menos virtualmente esperaba que me devolviera.
Seattle. Viernes, 20 de noviembre de 2009. 18:43 horas
Tarde mil años y un día en poder salir del hospital tranquilo. Charlotte había tenido problemas durante toda la noche, le había subido la fiebre, e incluso nos temimos que el riñón fuera rechazado. Esa siempre era una posibilidad pero el hecho de que se manifestara tan pronto nos tenía a todos un poco más preocupados de lo normal. A lo largo de la noche y sobre todo ya a última hora de la mañana habíamos conseguido estabilizarla. Ahora descansaba todavía en la UCI para que los compañeros que quedaban de guardia pudieran atender inmediatamente cualquier constante que se disparara aunque todo parecía indicar que habíamos superado esa crisis.
Después de todo, charlas con la familia, el papeleo atrasado e intentar cuadrar mis horarios con el resto de compañeros a instancias de mi jefe fue lo que me mantuvo el resto de horas atado al hospital. Al final todos habían sido bastante considerados conmigo. Hoy tendría libre el resto del día, el día siguiente haría una guardia de 24 horas y la ligaría con una jornada de 8 horas el domingo. Después sería libre de irme a Forks durante las dos semanas siguientes. Después, si todo seguía igual tendría que volver a organizarlo y comprar favores.
Las perspectivas eran desoladoras frente a mí, pero no cabía otra.
Por otra parte, me había pasado la mañana llamando a Bella a casa, comprobando que el teléfono seguía fuera de servicio y al móvil, comprobando que la tía debía estar totalmente sorda porque ni me lo cogió ni una vez, ni contestó a ninguno de mis mensajes posteriores, solo a uno y dándome las gracias por la información, así sin más, sin devolverme el beso que con tanto esfuerzo me había decidido a enviarle. Igual se había asustado con el tema del beso. Mierda, sabía que no debería de haberlo mandado. A mi favor podría decir que estaba demasiado cansado como para pensar coherentemente. En mi contra cabía decir que lo seguí mandando durante el resto de la mañana. Consideré seriamente en dar un paso atrás, pero después de mandarle el primer, quería que ella me lo devolviera, que diera la cara.
– A las 3:30 horas: Supongo q stás durmiendo, yo aquí sigo, C ha yegado a picos d 40 grados. 1b
– A las 6:18 horas: Hemos bajado uns grados. L cicatriz tiene buena pinta. 1b
– 8:37 horas: M alegro 1 montón, spero q mjore. Gracias x mantenerm informada.
Me contestó ella finalmente, ¿Y mi beso? ¿Dónde estaba? Igual era que no sabía lo que era 1b, cuando yo creía que estaba clarísimo que 1 es de uno y b de beso, igual para otros era confuso, además ella también abreviaba en sus mensajes. Le contesté inmediatamente
– 8:38 horas: Ahora mucho mejor. Estamos + tranquilos. Qdamos hoy? 1 beso
Le envié siendo más explícito
– 11:26 horas: Ya no hay fiebre. Rcibist l último sms? Qdamos hoy? 1 beso
Insistí
– 13:30 Horas: Stoy yamando a ksa pero no funciona. Querría ir a comer pero no creo q yegue stoy organizando el horario
En esta ocasión la dejé sin beso… ya tenía muchos y yo ninguno de vuelta.
– 16:19 Horas: Estas bien? Ha pasado algo? Llámame por favor.
Ese fue el último de los mensajes que le envíe… tampoco iba a estar desesperado por su respuesta siempre. Mi teléfono tenía batería, estaba en sonido alto, y recibía mensajes, lo había comprobado una vez, o diez. Además ya había recibido unos cuantos de mi madre y mi hermana comentándome como se encontraba.
Llegué a casa de mis padres preocupado, cansado y mosqueado. Necesitaba meterme en la cama y descansar. Pero sabía que no iba a poder hacerlo hasta que supiera que ella no estaba muerta, violada y tirada por alguna cuneta. No tenía demasiada hambre pero me obligué a ir a la cocina a comer algo de alguna lata. Para mi sorpresa encima de la encimera había una bandeja de canelones de carne, mis preferidos, con una nota encima.
Voy a Forks
Supongo que estarás cansado, lo he hecho para ti. Come y vete para la cama. Espero que te gusten
Pd-. 10 minutos al microondas con grill y listo.
Hablamos
No tenía intención de mandarle más mensajes pero, obviando mis intenciones a raíz de este detalle, cogí el móvil y mandé un nuevo mensaje
– Muchas gracias por la comida, seguiré tus órdenes. Yamamé cuando yegues
Que se joda, le contesté agradecido pero no le envié el beso.
Comí con fruición, estaban buenísimos y me sabían a gloria, y no me había limpiado bien los morros cuando ya me encaminaba a la habitación de mis padres para descansar. Aún no había luz, y teniendo en cuenta de que estábamos a viernes seguramente no la hubiera ya hasta el lunes. Fui para la habitación derechito, sin pensar en otras opciones. Total para que… a nadie engañaría si negaba que quería dormir en su lado. La almohada conservaba su olor a colonia, una delicia que solo pude disfrutar los pocos segundos que me mantuve despierto.
Seattle. Sábado, 21 de noviembre de 2009. 08:15 horas
Dormí del tirón hasta que sonó el despertador del móvil a las 8 de la mañana. Una verdadera putada porque nada más apagar la aplicación del despertador vi que tenía una llamada perdida de Bella a las siete y media de la tarde y eso que había dejado el móvil con sonido.
Me estuve cagando en unas cuantas cosas durante un buen rato, al menos hasta que salí de la ducha y desayuné. Bueno mentira, incluso una vez que llegué al hospital para iniciar la guardia todavía de vez en cuando miraba la pantalla del móvil retándolo a que me volviera a decir que me había perdido una llamada tan importante por su culpa, por no sonar más fuerte. La idea no se me quitó de la cabeza hasta que no entré en la dinámica del hospital llena de los accidentes y problemas propios derivados de un noviembre de Seattle: gripes, catarros, neumonías, bronquitis, caídas, esguinces y roturas. Nada serio pero todo de continuo. Los pocos minutos que tuve libres los usé para visitar a los pacientes de la semana que aún estaba ingresados y comentarles a sus padres que me iba a ausentar durante un tiempo pero que estarían perfectamente atendidos por mis compañeros y visitar a Charlotte, quien ya se encontraba muchísimo mejor aunque no la había pillado despierta ya que debido a los analgésicos y antibióticos dormitaba bastante. Lo normal.
No pudo ser hasta la hora de las cinco de la tarde cuando pude tener un descanso, fui a la cafetería para relajarme, rellenar el estómago y llamar a casa, a Forks, quizás de una conseguía hablar con mi madre y con Bella, dos pájaros de un tiro.
Recogí un café y dos croissants uno clásico y otro relleno de almendra y me senté en una de las mesas más aisladas pues aunque era sábado y había menos gente que durante la semana, siempre había compañeros por allí que podían interrumpir mi descanso y mi llamada.
Después de comer el primero de los croissants y beber la mitad del café me dispuse a llamar a mi madre. Lo que no sabía es que, después de tantas atenciones iba a mantener una de las conversaciones más surrealistas de mi existencia, al menos por teléfono y con una desconocida.
– Zi –contestó una voz demasiado dulce e infantil como para permanecer a mi madre o mi hermana.
– ¿Mamá? – pregunté estupefacto mientras miraba la pantalla para comprobar que no me había equivocado al marcar.
– Hoa – insistía la voz desconocida.
– ¿Mamá, eres tú? – insistí yo a mi vez pensando que igual tenía mala cobertura y había interferencias.
– ¿Quiee habar con mi mamá? – Me preguntó muy seria al otro lado del teléfono. Parecía ser una niña pequeña con la que hablaba. Pero qué hacía una niña pequeña en mi casa.
– No gracias, llamaba para hablar con mi mamá – Le contesté igual de formal. Por mi experiencia con mis pacientes sabía que siempre era mejor tratar a los pequeñajos como personas adultas y tratarlos con seriedad.
– ¿Quién eh tu mamá? – Me preguntó muy curiosa, igual que todos los niños, sin pelos en la lengua nada comedida. Por eso me gustaba tanto tratar con los niños eran inocentes, sencillos, sin maldad.
– Esme
– No ha conoco – Respondió trabándose con las palabras, debía ser muy pequeña, y dejándome todavía más confundido. Si no conocía a mi madre qué hacía allí.
– ¿Y quién es tu mamá? – Le devolví sospechando que igual su madre o abuela eran amigas de mi madre y habían ido a verla. Espero que no terminaran con sus fuerzas. Había gente que nunca tenía en consideración lo que podían agotar los niños pequeños a los enfermos tan graves. Aunque, también estaba demostrado que si bien los cansaban también les contagiaban su alegría y ansias por vivir.
– Mamá – Me respondió no carente de lógica y sacándome una sonrisa. Obvio, su mamá, para ella simplemente era mamá. La criatura era encantadora y no cabía ninguna duda de que era lo mejor que me había pasado durante el día.
– ¿Y que haces ahí, no hay ningún adulto cerca? – pregunté cuando me di cuenta del tiempo que llevábamos hablando sin que nadie nos interrumpiera. Tendría que hablar seriamente con sus padres o responsables no era bueno que a esa edad no estuvieran más vigilados. Podía ser peligroso. En urgencias se veían accidentes domésticos causados por tonterías todos los días.
– Toy con mi abuea, ¿quedes que la llame? – dijo confirmando mis sospechas.
– Me encantaría.
– Die que ahoa viene – me explicó tranquilamente después de mantener el teléfono en espera mientras que yo solo escuchaba las carreras que daba en la ida y la vuelta. Estaría poco vigilada pero la niña estaba muy bien educada. Yo, a mi edad, hubiera pegado un gran grito con tal de no moverme.
– Genial, y ¿cómo te llamas? – Continué dándole conversación encantado de saber más de aquella pequeñaja tan simpática.
– Nenesmé, y ¿tú? – Me dijo sin que yo le entendiera nada de nada. Seguro que también, además de una niñera mejor cualificada necesitaba un logopeda.
– Edward.
– Yo tamben conoco un Ewad – Querría decir que también conocía a un tocayo mío, o a un Edgard.
– Y ¿qué tal estás? – Le pregunté una vez que me quede sin tema de conversación.
– Ben, aier me caio oto dente, el cuadto. Y vino gatoncito pegez. Me ha dado un dolag. Zoy guica, ya teno cuato, pego mi hedmano ze guie de mi. – Rápidamente utilice mi traductor basado en la experiencia con mis minipacientes para traducir sus palabras a algo más o menos comprensible. La niña, por lo visto no necesitaba un logopeda, sino que le salieran los dientes definitivos. Me reí solo de imaginar su imagen, me encantaban los niños cuando estaban todos desdentados. Ellos se daban perfectamente cuenta de que no hablaban bien y era muy curioso observar sus esfuerzos por pronunciar correctamente, repitiendo una y otra vez las mismas palabras hasta que les salían mejor. Esta niña más bien era todo lo contrario, se encontraba tan segura de sí misma que no le importaba nada, aunque dijera que su hermano se reía de ella. Si de verdad le afectara estaría corrigiéndose continuamente. – Ia vine mi abuea, ta luego ewad, un beito, ados – Añadió despidiéndose antes de pasarle el teléfono al adulto que ella había llamado, al parecer su abuela. Al menos, ella si me mandaba un beso… una tontería como otra cualquiera que me inundó de calor y emoción el corazón.
– ¿Si? ¿Hola? – Preguntó el otro interlocutor al que la niña había llamado abuela cuando por fin recogió el teléfono.
– ¿Mamá? – Pregunté intrigado cuando reconocí su voz
– ¿Edward? ¿eres tú?
Buff, menudo lío en el que han metido a Esme… a ver cómo se escapa de esta. Hemos dado un nuevo paso, pequeñito pero muy importante.
Espero que os haya gustado
Muchísimas gracias a todas por seguir ahí.
Princesa Luthien * Christti * Escarlataojala * Kpatycullen * Green'splace * Nikoliwis * Cherry SA * DeMorcef * Jacke94 * Yarely Potter * Sophia18 * Angelita del mal * Maiy * DuLce aMoR * Cullen Vigo * Tulipan 8 * Yels99 * Rosemarie Cullen Hale * Alice-halenn * Maia91 * Ninacara * Bellaliz * Namy33 * Darky1995 * Vikkii Cullen * Tulgarita * Torposoplo12 * Morymalfoy21 * Katyms13 * Isa-21 * Marian24 * Yasmin-Cullen * Katty Grey * Marianacs * Yolabertay * Anto * Marah2221 * Mary de Cullen * Florence15 + Guests + followers… gracias a todas.
