Disclamier: Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este es un TWO SHOT que está participando del concurso New Year´s Elite Contest organizado por el grupo Élite Fanfiction ( facebook groups / elite . fanfiction / ) y su autor será revelado una vez terminadas las votaciones del mismo.
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Ángel de la guarda
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Summary
Navidad y la víspera del Año Nuevo siempre es la mejor época del año. Las fiestas, los regalos, pasar tiempo con la familia, hasta la comida tiene un sabor diferente en esas fechas. Sin embargo, ¿crees en todas esas cosas, las historias y personajes que te cuentan de niño? ¿Como en los Duendes, Santa Claus y en los Ángeles? Pues yo no creía en eso hasta que morí y me volví el ángel de la guarda del amor de mi vida.
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Capítulo 2
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BPOV
Otro año trascurrió y nuevamente es navidad. Parece que fue ayer cuando bajé a la tierra y ayudé a Edward, el Señor D me ha mantenido al tanto de él y de mis padres. Edward se casará, lo cual me alegra mucho; desde ese día no me he quitado esa hermosa placa, todas las noches me detengo a observarla y recordar esos días a su lado.
Mi trabajo en las nuevas admisiones va de maravilla, el Señor D me encargó la tarea de guiar a Thomas, el chico más lindo que he visto, cabello negro azabache, ojos azules una increíble personalidad; trágicamente murió al ser arrollado por un auto y llegó aquí en mi ausencia, así que Gabe estuvo pendiente de él.
Thomas es buena persona y me hace reír mucho, es como una especie de mejor amigo, pero creo que algo más fuerte me une a él, y no sé qué será.
—Oye, Bella, estás muy distraída —comenta Thomas en su intento fallido de sacarme una sonrisa.
—¿Sí, verdad? No sé qué me pasa. —Y era verdad. Desde que salí de mi habitación me siento desaminada y sin ganas de hacer nada.
—Es mejor que nos demos prisa, ya los demás deben de estar ahí —declara Thomas tomándome de la mano, es primera vez que lo hace y creo visualizar un destello saliendo de la unión de ellas. No digo nada y lo sigo. No sentía esto desde Edward, pero yo estoy muerta y no creo que pueda conseguir el amor aquí, ¿cierto?
Cuando llegamos, en medio de un pequeño parque todo está decorado con adornos navideños. Casi se encuentran todos los ángeles, pero falta el Señor D, así que me encamino a buscarlo a su oficina. Cuando estoy a punto de tocar las puertas se abren.
—Señor D, lo estamos esperando —digo antes de entrar. No lo veo por ningún lado, por lo que decido entrar—. Señor D, ¿está aquí? —Pero no me contesta. Cuando estoy a punto de darme vuelta y marcharme, escucho mi nombre en un susurro. Me quedo estática porque reconozco esa voz, es Edward. De un momento a otro sale un destello de la ventana ubicada detrás del escritorio del Señor D, la curiosidad me embarga, así que me acerco poco a poco y puedo ver el mundo entero desde aquí; de repente todo cambia y veo a mis padres en una casa nueva, ambos abrazados junto al fuego de la chimenea, están completamente felices y eso me llena.
La escena cambia nuevamente y visualizo el apartamento de Edward. Rápidamente me alegro porque él está sosteniendo una fotografía mía, todavía me recuerda. Estoy embelesada con lo que veo, Edward sigue perfecto como siempre. Pero esa felicidad se esfuma cuando escucho la voz de Isa, ambos giramos hacia ella, y me llevo la gran sorpresa de que está embarazada. Edward se acerca a ella y la besa, luego se agacha y le da un beso a su vientre. En ese momento caigo en cuenta que Edward ya debe de estar casado, y ahora espera un bebé.
En eso siento que una fuerza me saca de ahí y aterrizo sentada en la sala del Señor D.
—Isabella, la curiosidad no es buena —me reprocha.
—¿Por qué no me dijo que Edward estaba esperando un bebé? —le pregunto en voz baja y mirando hacia abajo.
—Te dije que él estaba bien.
—Sí, pero nunca fue específico.
—Esos son asuntos que no te conciernen, Bella. —Interrumpe Gabe detrás de mí.
—Sí, bueno, ¿recuerdan quién lo salvó? —replico a la defensiva.
—Era tu obligación. El Señor D me lo propuso a mí, pero fui yo quien pidió que lo hicieras tú. Yo te obsequié la oportunidad de volver a verlo, Bella —revela Gabe.
Yo me desplomo y caigo de rodillas.
—¿Por qué tengo que estar muerta? —digo por lo más bajo. Gabe trata de acercarse, pero no lo dejo—. Siempre seré un impasse. No me permitiste tener hijos, un esposo, una familia. Me trajiste demasiado rápido —le recrimino al Señor D.
—Te equivocas, tu destino ya estaba escrito de esta manera en el libro de la vida, y no pudo haber equivocaciones porque yo mismo lo escribí.
—Yo merecía esa vida, él era el amor de mi vida.
—Tú misma lo dijiste, el de tu vida, más no el verdadero —corrige Gabe.
—Ustedes no saben lo muchísimo que deseo tener la oportunidad de saber qué hubiera pasado si no estuviera muerta —murmuro levantándome del suelo—. Disculpen, señores, no quiero arruinar su navidad —digo saliendo de esa oficina.
Corro por los pasillos, sollozado. ¿Por qué justamente el día de navidad ocurre esto? Corro más rápido hacia mi habitación y me encierro ahí, al cerrar la puerta ya me encuentro desplomada en el piso. Hay tantas preguntas que siempre me he hecho y hoy finalmente las expuse. ¿Por qué Gabe tuvo que meterse? Me dolió mucho que dijera eso. Es decir que el Señor D nunca me tomó en cuenta.
Alzo mi brazo izquierdo para ver la placa, pero no está en su sitio.
—Oh no… La perdí. —Eso era lo único que me quedaba de Edward.
Escucho que tocan la puerta. Me levanto rápidamente del piso y es Thomas.
—¿Por qué estás aquí? ¿Qué ocurrió, Bella? —inquiere con esos ojos azules que me hacen sentir extraña.
—No es nada, Thomas. Creo que extravié mi pulsera, ¿me ayudas a buscarla? —le pregunto con la mirada baja. Él me toma de la barbilla y me sonríe.
—Toma, la encontré de venida hacia acá —expresa sujetándola con dos dedos.
—Oh gracias, Thomas —declaro tomándola con mis dos manos.
—Oye, Bella, creo que eres la única que he visto con algo así, ¿qué significa? —cuestiona Thomas. Doy un suspiro. Decido contarle toda la historia, por lo que lo invito a pasar. Luego de contarle toda la historia de cómo llegue aquí, lo que estaba pasando con Edward y que el Señor D me permitió conservarla, Thomas permanece pensativo sentado a mi lado.
—¿Ocurre algo? —le pregunto.
—Solo tengo una duda —dice todavía pensativo—. Bella, siento que te conozco de otra parte, de mi vida en la tierra, siento haberte visto.
—Cuéntame de tu vida, por favor —le pido.
—Pues no hay mucho qué contar. Crecí con mi madre en Los Ángeles, luego nos mudamos a New York, terminé el colegio allí y me dediqué a tocar en bares. El día que tendría una entrevista para una disquera me atropelló un auto y, bueno, ya sabes lo demás.
No volvimos a hablar de nuestras vidas, solo hablamos de esas personas a quien extrañamos y nos gustaría volver a ver, aunque Thomas no paraba de bromear con que a mí ya me habían concedido ese deseo. Rápidamente se me vinieron las palabras de Gabe a la cabeza, no entiendo por qué tuvo que ser tan duro.
—Bella, ¿crees en los amores verdaderos? —me pregunta Thomas luego de un silencio.
—Pues, la verdad no lo sé. Estoy muerta, y no creo que aquí en el cielo se encuentre esa persona —digo sin ninguna expresión. Él se queda callado—. Disculpa si fui tan cruda con eso de estar muerta, pero es la verdad. Creí que había encontrado el amor de mi vida y no fue así, aparentemente estaba completamente equivocada.
—Yo creo que, aún muertos, todos tenemos un propósito qué cumplir —comenta sonriendo.
—Creo poder asegurar que ya cumplí mi propósito —replico viendo hacia otro lado. En eso escucho que tocan la puerta nuevamente, me levanto y era Gabe.
—Por fin te encuentro, Bella.
—¿Qué se le ofrece, señor? —digo en tono seco.
—Oh vamos, Bella. Somos amigos.
—Se equivoca, señor. —Gabe rueda los ojos.
—El Señor D solicita tu presencia. —Volteo para ver a Thomas, quien se levanta y me toma del brazo con la clara intención de acompañarme. Le sonrío y siento un cosquilleo por todo mi cuerpo.
Nos dirigimos en silencio por los pasillos, podemos ver a los demás ángeles hablando en la pequeña plaza, todos se ven felices. Cuando llegamos a la oficina, Thomas nos detiene.
—Hasta aquí llego yo —dice sonriéndome.
—No creo que tarde mucho, así que no te diviertas tanto sin mí —bromeo. Thomas toma de mi mano y deposita un beso.
Visualizamos a Gabe pendiente de nuestros movimientos, por lo que rápidamente Thomas suelta mi mano y se va.
—¿Hasta cuándo seguirás molesta conmigo? —dice viéndome con ojos tiernos.
—No sé de qué habla, señor —le respondo muy seria, aunque admito que me gustaría dejar sufrir un poco más a Gabe.
Entramos a la oficina y el Señor D se encuentra en medio la estancia, de pie. Me acerco a él y bajo la mirada.
—Señor, antes de que diga algo, perdóneme, por favor. Nunca fue mi intención hablarle así, fui insensata e impertinente al fisgonear por la ventana.
—Bella, no te preocupes, me hiciste pensar en muchas cosas, así que quiero proponerte algo —expresa muy serio. Levanto la mirada y me regala una sonrisa.
—Lo escucho, señor.
—¿Qué tal si te doy la oportunidad de que tú misma reescribas tu destino? Y, si lo haces bien, te regalaré otra vez la vida.
Me quedo sin habla.
—Isabella, solo tienes una oportunidad de elegir —agrega Gabe detrás de mí. Respiro profundo y acepto.
De repente me encuentro fuera del departamento de Edward y no recuerdo cómo llegue aquí. Escucho ruidos extraños pero continúo adelante. Entro con el sillón, ésta será la oportunidad perfecta para decirle que sí me quiero mudar con él. Dejo el sillón en la sala y me encamino hacia su habitación, abro la puerta y me encuentro con algo que jamás pensé que vería: Edward y Tanya.
Salgo corriendo de ahí y Edward viene detrás de mí.
—Bella, te lo puedo explicar…
—No hay anda qué explicar, lo vi todo —asevero bajando las escaleras.
—Bella, por favor —ruega Edward halándome por el brazo, lo empujo y casi me resbalo cuando unas manos me sujetan por la espalda.
—Oye, ten cuidado —dice un chico que aparece de la nada, se me hace conocido de alguna parte.
—Gracias. —Logro decir. Me aparto de él y bajo las escaleras a toda prisa para que Edward no me alcance, salgo a la calle y siento una liberación por todo mi cuerpo; sorprendentemente no tengo ganas de llorar, solo quiero sonreír.
Camino por las calles sin ningún rumbo, no quiero llegar a mi casa así que decido ir a un café. Al llegar allí me siento y pido una late de vainilla. Observo por la ventana y casi me ahogo al ver el chico que me sostuvo en las escaleras entrar al café. Me pongo roja como un tomate y agacho la cabeza para que no me vea, pero es caso perdido porque al entrar posa su mirada en mí y se acerca a mi mesa.
—Oye, deberías de tener más cuidado en esas escaleras —me dice amablemente.
—Gracias. Disculpa, pero jamás te vi en ese edificio.
—Aunque te suene extraño, escuché gritos y entré a ver qué ocurría.
—Oh gracias, eres mi héroe —declaro sonriéndole un poco.
—Me llamo Thomas —dice extendiendo su mano.
—Soy Bella y gracias nuevamente por salvarme —comento tomando su mano. En eso siento un cosquilleo muy profundo que recorre todo mi cuerpo; es extraño, jamás había sentido algo igual.
—Bueno, Bella, fue un placer, pero ya tengo que irme —señala viendo hacia fuera—. Entré solo porque te vi y quería asegurarme que estabas bien, dejaste a ese tipo muy traumado.
Me rio. Le agradezco nuevamente, él sonríe y empieza a retirarse cuando de la nada me sale pedirle su número.
—Estoy seguro que nos volveremos a ver —asegura volteándose hacia mí para guiñarme un ojo y luego marcharse.
En ese momento suelto todo el aire que estaba reteniendo y me rio. Qué extraña sensación. Me tomo mi café aún pensando en él, a pesar de que no sé siquiera su apellido.
Los días pasaban y todo iba de maravilla. Edward entendió que las cosas no tenían remedio y escuché por ahí que sale con una tal Isa. Yo, en cambio, sigo sin salir con nadie. Todas las mañanas salgo a correr un poco, por las tardes estoy en la biblioteca y termino tomando mi café en el mismo sitio donde vi a Thomas. Desde ese día no lo he vuelto a ver y todavía recuerdo esa extraña sensación que ocupó todo mi cuerpo.
Voy de camino a casa cuando empieza a llover, decido apurarme así que corro por las calles, cuando estoy a punto de doblar la esquina tropiezo con alguien y caemos al suelo.
—Oh rayos, fíjate por donde caminas —dice esa voz que reconozco enseguida.
—Lo siento tanto, fue mi culpa —digo apenada. Thomas levanta la cara y me mira a los ojos.
—Bella, ¿eres tú?
—La misma, a menos que conozcas a otra —bromeo con una sonrisa.
Él sonríe y me ayuda a levantar. —¿A dónde vas? Estás toda mojada —manifiesta tomándome de los brazos.
—Iba de camino a mi casa, ¿y tú?
—A mi departamento.
—Bueno, en ese caso creo que es mejor que siga mi camino —expongo nerviosa por su contacto.
—Tonterías. Mi edificio está cruzando la calle, vamos, te secas y te pido un taxi. —Intento rechazar su oferta, pero Thomas me toma por la barbilla y me asegura que no es molestia. Termino aceptando. Thomas me toma de la mano y esa sensación vuelve a mí, cruzamos la calle y entramos a su edificio, subimos las escaleras y él todavía sostiene mi mano. Al entrar noto con regocijo que su departamento todo está muy limpio y ordenado para alguien que vive solo.
—El baño está allí, si quieres pasa, te quitas esa ropa mientras busco una toalla y una sudadera mía, si no te incomoda. —Asiento y me dirijo allí. Thomas me extiende sin mirar una toalla y la sudadera y yo le entrego mi ropa mojada y cierro la puerta.
Cuando ya estoy lista, salgo del baño sintiendo mucha vergüenza, prácticamente Thomas es un extraño y me encuentro con una sudadera nada apropiada que me llega hasta medio muslo.
—¿Te quedó bien? —pregunta desde el sofá.
—Gracias por tantas molestias conmigo. —Thomas le resta importancia con la mano y me invita a sentarme a su lado. Después de un rato nada incómodo, se levanta.
—¿Quieres que toque algo para ti? —Me encojo de hombros y acepto. Él sonríe y toma su guitarra, se sienta en frente de mí y empieza a tocar una hermosa canción. Yo estaba embelesada con la letra y verlo al cantar no tenía precedentes—. ¿Te gustó? —pregunta cuando terminó.
—Es perfecta. ¿Tú la escribiste? —cuestiono.
—Sí, la escribí hace un par de días —contesta visiblemente nervioso.
—Oh. Así que tienes una musa —bromeo sonriendo.
—Sí, la conocí hace días y no la había vuelto a ver hasta hoy. —Me quedo en silencio cuando noto que se refiere a mí—. Por si no entendiste, tú eres la musa de esta canción. —Sigo sin decir nada, así que Thomas deja la guitarra y se agacha frente a mí—. Discúlpame si soy irrespetuoso, pero es que desde que te vi no he parado de pensarte, siento que te conozco de otra parte. —Estoy estática, siento que me he congelado.
Thomas se acerca para besarme, pero escucho el ruido de la secadora y me aparto.
—Creo que mi ropa ya está seca —informo levantándome del sofá. Él se aparta y yo corro para sacar mi ropa y salir de ahí, estoy muy nerviosa. Tomo la ropa y me dirijo al baño para vestirme, cuando salgo Thomas está parado en medio de la sala hablando por teléfono, al verme sonríe y cuelga.
—Tu taxi está abajo —anuncia con una sonrisa que no llega a su rostro.
—Gracias por todo —digo. Él me toma de la mano y deposita un tierno beso en ella, cuando me suelta tengo un pequeño papel en ella—. Llámame cuando estés en tu casa. —Asiento y salgo por la puerta como si estuviera flotando, me subo al taxi y me dirijo a mi casa.
Al llegar hago lo que me pide y lo llamo, esa noche ninguno de los dos durmió, ya que amaneció y seguíamos hablando por teléfono.
Los días pasaban y no paraba de estar con Thomas, salíamos al cine, al teatro o a veces solo nos encerrábamos en su departamento a ver películas. En todo este tiempo jamás me besó ni se insinuó, únicamente me tomaba de la mano y una que otra vez me abrazaba. Hablábamos de todo, nada nos aburría estando juntos, había noches en que iba y lo veía tocar en bares y sé que había algo mágico entre nosotros dos.
Hoy es un día muy especial para Thomas, tendrá una entrevista con una gran disquera, pasó toda la noche hablando sobre eso y me pidió que hoy lo acompañara. Acabamos de salir del café de siempre y me tiene tomada de la mano; caminamos varias calles más hasta llegar a la disquera.
—Hoy es el mejor día para preguntarte algo, Bella. —Asiento emocionada—. Aunque te lo diré cuando haya hablado con el jefe de la disquera.
Thomas me abraza y besa mi frente.
—Ven, vamos —dice.
—Adelántate, tengo que contestar una llamada —le comunico sacando mi celular.
Él sonríe y cruza la calle. Cuando estoy a punto de contestar, escucho un estruendo y gente gritando. Dirijo mi vista hacia allí y veo a Thomas tirado en medio de la calle, al parecer un auto lo ha atropellado.
Veo que a su alrededor hay un gran charco de sangre; corro, lo tomo en mis brazos y débilmente todavía está conmigo.
—Thomas, quédate conmigo —le grito. Las personas a mi alrededor están llamando al 911—. Thomas, resiste —pido llorando. Él débilmente acaricia mi rostro con su mano.
—¿Sabes qué quería preguntarte? ¿Quieres ser mi novia, Bella? —dice débilmente.
—Claro, Thomas. No debías haber esperado para preguntármelo —reprocho llorando.
—Bésame, Bella, por favor. —Pego mi frente con la de él y nuestros labios se unen, en ese momento todo parece detenerse.
Rápidos recuerdos pasan por mi cabeza y todos con Thomas, pero de muy antes, nos vemos de niños y en el colegio, también nos vemos como desde hace días atrás. Recuerdo la conversación con el Señor D y caigo en la cuenta que Thomas siempre fue mi amor verdadero, siempre fue él, lo tuve tan cerca y no me di cuenta.
Todo desaparece y me encuentro en la oficina del Señor D.
—¿Qué fue todo eso? —pregunto.
—Alguna parte de tu verdadera realidad —contesta el Señor D.
—¿Por qué tengo la sensación de que conocí primero a Thomas? —Vuelvo a preguntar.
—Porque estás en lo cierto, Bella. Creciste con Thomas hasta que él murió.
—Pero yo llegué primero aquí. No entiendo nada.
—Al morir, Thomas me pidió que yo borrara todos sus recuerdos de tu vida.
—¿Por qué?
—Porque tú estabas sufriendo como lo hizo Edward, también me pidió junto con Gabriel que tratáramos de encontrarte a alguien. Ese alguien era Edward. El mismo Thomas junto con Gabriel lo escogieron. Aunque no funcionó, tú conexión y la de Thomas es una de las más fuerte que pude haber creado.
Yo trago grueso. —Eso quiere decir que por eso morí, fue por Thomas la razón que hoy me encuentro aquí.
—Sí, Bella. Lo que te mostré fue si las cosas hubieran sido al revés. Pensé que si estabas primero con Edward y después conocieras a Thomas, también podrías reescribir su destino, pero me equivoqué, ya que de todas maneras él moriría.
Yo estoy con la boca abierta. —¿Por qué cuando llegué aquí no lo vi?
—Él se ocultó de ti, pensó que te había fallado en tu tiempo de ausencia. Hablé con él pero no quiso que te devolviera sus recuerdos, así que hice que trabajara contigo.
—¿Y si yo nunca me hubiera dado cuenta que era él?
—Te equivocas, ya lo sabías. Cuando tomaste su mano de camino hacia la plaza hubo un destello, tarde o temprano tus recuerdos volverían, pero te adelantaste haciendo un berrinche.
Yo me rio. —Gran explicación, Señor D. —Él se acerca a mí y me toma de las manos.
—Todo lo creé por un por qué, no dudes de mi palabras, pues nunca te fallaré —dice sonriéndome.
—Gracias por todo, de verdad —digo apretando sus manos. Él sonríe.
—Es mejor que te des prisa.
—¿Y para qué?
—Hoy es fin de año, así que creo que tienes exactamente un minuto para buscar a Thomas.
No lo pienso y salgo corriendo de esa oficina, veo a los ángeles concentrados en la plaza, corro más rápido y diviso a Thomas alejado de los demás. Puedo escuchar el tic-tac en mi cabeza.
—¡Thomas! —grito. Él se levanta y al verme sonríe. Sigo corriendo y, cuando llego a él, me lanzo a sus brazos que me esperan—. Siempre has sido tu —exclamo muy feliz.
—Discúlpame, solo esperé a que te dieras cuenta. —Yo sonrío y lo beso, él me corresponde el beso y es como si cada pieza encajara. Gracias al Señor D podríamos disfrutar juntos toda esta eternidad.
Todavía nos seguíamos besando cuando los ángeles gritaron ¡Feliz Año Nuevo!
Y sí que sería un gran Año Nuevo.
