Crepúsculo no es mío, aunque me encantaría.
TODO HABÍA SIDO UN SUEÑO
Forks. martes, 24 de noviembre de 2009. 01:15 horas
Bella's POV
― Que pedorra eres ―exclamaron al otro lado del pasillo― Por Dios, di que sí de una puta vez a este llorón y a su mierda y patética petición de mano. ¡Virgen del amor hermoso! Es lo peor que he escuchado en mi vida.
Las cariñosas y dulces palabras de mi amiga cayeron sobre nosotros como un jarrón de agua fría pero al menos nos sirvieron para salir al mundo real, volviendo a hacernos conscientes de dónde nos encontrábamos y en las condiciones en las que estábamos.
― ¿Entonces? ¿Me dejaréis ser la niña de las flores? ― continuó irónica.
― Rose― Rogué acercándome a ella― no empieces...
― Vaya, quién lo diría ¿Parece que no quieres que sea la niña de las flores? ¿con lo guapa que iba a estar... ¿acaso pensaste en alguien más? Nessie lo haría también muy bien, podríamos ir las dos, juntas, sería perfecto. Pero la chihuahua, no, esa mejor que vaya de...
― Basta ― La corté sería. La muy hija de su madre era capaz de seguir y seguir, y seguir, y seguir hablando hasta volvernos a todos locos. ― No va a haber boda ― aclaré categóricamente.
― Cómo que... ― empezaba a protestar cuando nuevamente se vio interrumpida.
― Sí la va a haber ― Dijo Edward airado mirándome a los ojos de malos modos. ― Y si te callas de una puta vez―dijo ahora mirando a la rubia muy serio― podrás ser lo que quieras, la de las flores, la de los anillos e incluso mi padrino... pero, por favor cállate. ―terminó rogando.
― Edward... ― le llamé con toda la intención del mundo de exponerle los argumentos que le convencerían de que era demasiado pronto para hablar de boda.
― Bella― respondió adelantándose. ― Acaso te parece poco por lo que he pasado hoy que ni siquiera me puedes conceder por una noche la triste ilusión de que por una vez en tu vida vas a hacer algo de lo que yo te he diga.
― Pero...
― Entonces hay boda ― continuó Rose casi cantando.
― Por supuesto que hay boda. Pero antes, por todo lo sagrado, darme algo de comer y... necesito un baño. ―exigió yendo hacia el baño sin esperar por nuestra respuesta.
―Ok, te esperamos abajo ―volvió a intervenir Rose muy alegremente.
― Y después espero que alguien me confirmé que esta barbie no ha llamado a mi hija como creo que la ha llamado. ― continuó de muy mala manera asomando la cabeza por la puerta y dejando a mi amiga muda... por unos instantes.
― Entonces, siguiendo con el tema de la boda ― continuó tras recuperarse del impacto y nos disponíamos a bajar las escaleras ― crees que...
― Como me vuelvas a decir que quieres ir de niña de las flores, creo que te tiraré escaleras abajo ― corté sin miramientos.
― No, listilla, no... ― me devolvió airada pero con una sonrisilla bajo los labios fruncidos― de hecho lo que te iba a preguntar era que si crees que el bulldog ese que tienes por prometido me dejará ir de padrino ― continuó dejándome helada con su capacidad de reacción y su alocado hilo de pensamientos. La madre... seguro que ahora era capaz de colarse en cualquier boda vestida de padrino, cuando se le metía algo en la cabeza no daba para más.
.
.
.
Seguí a Rose en fila india hacia la cocina, cuando llegamos sentados a la mesa se encontraban Alice y Jasper compartiendo una copa de vino mientras esperaban por nosotros. Sobre la encimera había un plato con unos sandwiches fríos y unos cuencos vacíos que rápidamente, al vernos entrar, fueron rellenados por Jasper con una sopa de pollo que oía deliciosa. Edward solo tardó unos minutos más en volver junto a nosotros y sin decir nada a nadie ni levantar la vista, se sentó a mi lado y comenzó a comer en silencio, sin querer percatarse de que todos habíamos dejado de hablar cuando él había entrado ni que su hermana lo miraba con bastante cautela a la espera de que este le contestara a alguno de sus comentarios. Pero, a pesar de que este no había vuelto a aplicarles la ley del hielo, tan solo le devolvía gruñidos y malas palabras rumiadas que tajantemente cortaban todos los intentos de conversación que Alice iniciaba. Debido al ambiente que Edward insistía en mantener con su hermana, el resto de presentes nos limitamos a comentarios triviales y educados dirigidos en gran parte por Rose y Jasper, mientras que nosotros tres compartíamos un complejo juego de miradas y una discusiones silenciosas.
Tardamos muy poco en terminar la frugal cena, Edward fue el primero en acabar. Devoro la comida en muy poco tiempo, algo muy raro en él ya que solía caracterizarse por ser muy lento en la comida. Se levantó en el mismo silencio que se había impuesto y recogió y fregó su plato junto a los pocos cacharros que habíamos usado para darme tiempo a terminar. Cuando él ya había acabado de secar, a mí todavía me quedaban un par de bocados por dar, pero su ansiosa mirada hacia el piso superior me impidieron continuar.
― Porque no subes tú a verlos. En cuanto terminé subo. ― le aseguré ganándome una sincera sonrisa.
― Edward ― lo llamó su hermana cuando estaba a punto de salir de la habitación.
― Alice... ― contestó con cierta desesperación en su voz― acaso no has intuido que no quiero hablar contigo.
― Ímbecil ― susurró ― solo te iba a decir que no podías utilizar tu dormitorio ― comenzó a explicar― es en el que se está quedando Rose.
― Como si se me hubiera pasado por la cabeza usarlo ― devolvió saliendo ya de la habitación sin mirar atrás.
― ¡Guauuuuuu! ― exclamó Rose imitando la voz de una jovencita y abanicándose con mi servilleta. ― Estoy durmiendo en la cama de Edward Cullen. Hoy mojo la cama fijo... ―terminó el teatrillo guiñándome un ojo.
Subí las escaleras, después de despedirme y desearles buenas noches, dejando atrás a Rose, Alice y Jasper justo cuando a la bocachancla de la rubia se le ocurría preguntar que cómo se consideraba convenientemente ir vestido a una boda en aquel pueblo entre dos personas emocionalmente inestables y en la que una mujer ejercería de padrino. Seguramente habría dejado desconcertados a sus oyentes pero podría jurar que le encantaría explicarselo todo con pleno detalle a Alice y si de paso la cabreaba un poco, pues seguramente que lo disfrutaría muchísimo más.
Subí las escaleras con una sonrisa, ambas se iban a volver locas entre sí, y se lo merecían. El piso superior estaba completamente en silencio, no se oía ningún ruido, y tampoco veía a Edward por ningún lado. Lo más silenciosamente posible que pude me acerqué a la habitación de mis pequeños para arroparles y darles un beso de buenas noches. La habitación no estaba completamente a oscuras pues bajo la rendija de la puerta que comunicaba con el baño y a su vez con el dormitorio donde me había quedado la noche anterior se colaba algo de luz. Creo que no fui muy consciente de que debí de dibujar una sonrisa cuando, con mis dotes detectivescas pude adivinar quien había encendido esa luz y dónde se encontraba Edward. Mis suposiciones se vieron confirmadas cuando al arcercarme a mis hijos pude comprobar como, frente a lo acostumbrado estaban muy bien tapados con las mantas. Los niños descansaban sorprendentemente muy tranquilos y con todo mi amor y mis ansias de protección les di un beso que esperaba, que en algún momento, cuando lo necesitasen, funcionara como un escudo de protección y que les mantuviera alejados de cualquier peligro. Grandes cambios se aproximaban y esperaba que ellos fueran lo suficientemente maduros como aceptar y asumir la aparición de su padre a nuestras vidas.
Me di la vuelta, y convenciéndome de posponer para el día siguiente la toma de decisiones, siguiendo el ejemplo de mi gran y estimada amiga Escarlata O'Hara. Entre en la habitación siguiente, cerrando puertas a mi paso, y encontrándome, tal y como sospechaba, con Edward durmiendo sobre la cama sin taparse y habiéndose quitado solamente los zapatos. Sin miedo alguno a que se despertará, ya que en ese momento bien parecía un oso hibernando que un hombre durmiendo, le moví para poder meterlo bajo las mantas. Una vez asegurada de que no se iba a quedar frío durante la noche, cambié mi ropa por un viejo pijama de franela y me metí en la cama. El día había sido duro, complejo, excitante pero muy reconfortante, y no esperaba menos del día siguiente.
.
.
.
Forks. martes, 24 de noviembre de 2009. 10:07 horas
Bella's POV
Desperté al día siguiente algo incómoda sintiendo una dureza en mi espalda y un poco desorientada. Como si fuera una película, pero en esta ocasión a cámara rápida, en apenas tres segundos por mi cabeza pasaron un montón de imágenes que resumían el día anterior hasta llegar al momento en el que me encontraba: en la cama de uno de los dormitorios de los abuelos de mis hijos con el padre de estos y con estos a una distancia inferior a los 10 metros. Con esa idea en mi mente y procurando no realizar ningún movimiento brusco me estiré hacia la mesita de noche para poder recoger el móvil y saber la hora que era. Averiguar lo entrada que estaba la mañana me generó una nueva ola de preocupación ¿Cómo había sido capaz de dormir tanto? ¿Cómo mis hijos habían sido capaces de dormir tanto? ¿Cómo se me había ocurrido dormir con su padre a sabiendas de lo que a estos les gusta venir por las mañanas a despertarme? ¿Cómo... por qué...? eran tantas las preguntas que me rondaban y tan escasas las respuestas coherentes que se me ocurrían que con toda la intención del mundo me volví a echar hacía atrás en la cama solo para conseguir hacerme nuevamente daño con el codo de Edward. Seis años habían pasado y el tío todavía no había aprendido a dormir derecho y quieto. Fueron pocas las veces que habíamos dormido juntos pero en todas y cada una o bien me despertaba con una patada, un codazo, como en esta ocasión, o la peor de todas, destapada completamente y medio congelada muerta de frío puesto que con sus vueltas constantes acababa por llevarse toda la ropa de cama con él.
Aún así, ajeno al gritito que di, él seguía durmiendo a pierna suelta, con la boca abierta, emitiendo pequeños ronquidos y farfullando por lo bajo, por lo que decidí ir a ver a los niños a su cuarto y ver, primero si se acordaban de algo del día anterior y, después, comprobar cómo se lo habían tomado.
Pasé a la habitación por el baño comunicador, aprovechando de paso a hacer buen uso de sus instalaciones, para encontrarme con un habitación vacía y una cama muy bien hecha. Un pelín intrigada por quién, y con qué, había sido capaz de convencer a los peques de salir de su cuarto sin pasar por el mío, baje al piso inferior y me acerqué al lugar de donde más risas y voces salían.
Allí, en la cocina, se encontraban mis dos tesoros con su abuelo desayunando.
― Buenos días. ― Saludé olisqueando el olor del café recién hecho.
― Mami ― gritaron los dos a la par mientras me devolvían el saludo con sus tenedores al aire. Carlisle había preparado una gran torre de tortitas y ellos se las comían encantados de la vida. Eran tan golosos como su padres.
― ¿Quieres? ― Me ofreció Carlisle por encima de las voces de mis pequeños que a trompicones entre uno y otro me explicaban como habían ayudado a su abuelo a preparar el desayuno y lo rico que estaba.
― No gracias, ―negué recordando que apenas unas noches atrás me había puesto ciega comiendo un montón de ellas― De momento me conformó con un café y una de las tostadas ―Le dije sentándome a la mesa junto a ellos tras darle un beso en la mejilla a cada uno de los tres, dispuesta a disfrutar del momento. ― ¿Esme? ¿qué tal pasasteis la noche?
― Bien, tranquila ¿y tú? ¿Qué tal dormiste Bella? ― me preguntó en uno de esos extraños silencios que la conversación infantil había dejado entre mordisco y mordisco. Sorprendida por el tono irónico, levanté la mirada un pelín-bastante preocupada solo para encontrarme con un gran y risueño gesto.
― Yo... yo... nosotros no... no hicimos nada ―respondí insegura provocando en él una profunda carcajada.
― No, nada ―continuó burlón sacándome los colores― hay gente que considera que tener dos hijos no es nada.
― Mami ―me llamó mi bebé rescatándome de los comentarios de su abuelo― zabez que Ness y yo hoy zoñamos lo mizmo.
― Sí, mami ―continuó mi pequeña tras dejar el vaso de la leche sobre la mesa y se limpiaba los morritos con una servilleta― los dos soñamo con nuesto papi. ―Explicó con una sonrisa que casi detiene mi corazón― soñamo que venía y nos daba miones y miones de bezitoz.
― Zi, zi, y a mi tamben me dicho que eramoz peciozoz y que no ze volveguia a ir, que noz queguía musisisisimo y que...
― A mí, no me dio ezo...
― Y ¿luego que pasó? ― les preguntó Carlisle intentando desviar su atención de mí puesto que sus supuestos sueños y sus caritas sonrientes al hablar de su padre, me habían conmocionado lo suficiente como para que mis ojos se llenasen de lágrimas y alguna estuviera a punto de dejarse ir.
― No ze ― respondió mi hijo encogiéndose de hombros ― Despegté.
― Yo tamben depeté. ―coincidió Rennesme, haciendo ambos un gesto indifirente.
Vale, ese era el momento de sacar el tema, yo lo sabía, Carlisle lo sabía y por eso me miraba y fruncía las cejas. Todos los adultos de la sala lo sabían, todos menos mi boca que era incapaz de decir nada... Obligándome a ser la mamá de la habitación, me dirigí hacia ellos para explicarles que no había sido un sueño. Que todo había sido real.
― Hey, chicos. ¿y os gustó ese sueño? ― pregunté, así, como casualmente, como si no hubiera una intención oculta, y esperando que ambos asintieran para continuar, aproveché para coger aire y decírselo― ¿Que os parecería si os dijera que papá...? ― Solo había acabado de empezar cuando un fuerte y terrible grito se oyó desde el piso superior.
Un segundo grito le siguió al primero y ahí fue cuando todos entendimos mi nombre. Tanto Carlisle como yo, poniéndonos en lo peor y pensando que el motivo de que se gritara mi nombre se debía a que algo le podía haber pasado a Esme, nos pusimos de pie como autómatas y todo el color se nos fue de la cara. En cuestión de segundos ambos habíamos muerto en vida. De hecho, tal fue nuestra impresión que apenas habíamos conseguido reaccionar, cuando el ruido de una especie de marabunta bajando la escalera principal nos despertó de nuestro letargo y ambos conseguimos salir corriendo de la cocina dejándolo todo atrás sin mirar. Debido a que me encontraba más cerca de la salida fui la primera de llegar al pasillo pero a penas había logrado atravesarlo cuando al girar para comenzar a subir los escalones me choqué con un pecho fuerte y sólido que venía hacía mi misma dirección.
― ¿Dónde estabas? ¿A dónde te habías ido? ―Exigía Edward con su voz ahogada entre mi moño mañanero― ¿Creí que te habías ido? ¿qué todo había sido un sueño?
―Edward ― Le llamaba intentado interrumpir su monólogo, mientras la mayor parte de los habitantes de la casa se agolpaban al borde la escalera y preocupados preguntaban por los motivos de los gritos ― ¿Estás bien? Tu madre ¿Esme está bien?
― Edward ―llamó, en esta ocasión Carlisle detrás de mí y elevando su tono por encima del de los demás. Llegó nuestra altura en apenas unos pasos y agarrándonos a ambos del brazo, le dio a su hijo un fuerte tirón. Su voz temblaba levemente y sobre su labio superior, ahora fruncido, asomaban diminutas gotas de sudor ― Responde ¿Tu madre está bien?
― Sí papi ― interrumpió rápidamente Alice tranquilizándonos a todos― Mamá está bien, estaba viendo la tele y no escuchó el ruido. Acabo de entrar a verla.
― Gracias Alice ―respondió este secamente dándole una mirada glacial a su hijo ― Voy a ver a tu madre, y ya hablaremos tú y yo después. ― Le indico dándole un golpe en el hombro bastante más fuerte de lo socialmente correcto.
Pasado el susto, creo que todos dimos un gran suspiro de alivio. Alice, Jasper y Rose, que aún asomaban sus cuerpos por la barandilla volvieron a sus cuartos no antes de dejar clara su opinión.
― Imbécil, idiota, pedazo de estúpido ― fue lo más suave que se oyó salir por sus bocas.
― Menudo susto que nos diste ― le dije apoyando mi cabeza sobre sus hombros ― Pensamos que...
― Lo siento... ―interrumpió― no hace falta que lo digas, me lo imagino. No era mi intención ―se disculpó, apretándome fuertemente contra su pecho ― cuando desperté y no te vi, corrí a la habitación de los niños y... pensé...
― que me los había llevado. ― terminé por él suspicaz.
― No, no, pensé que todo había sido un sueño. ― confesó depositando un dulce beso sobre mi frente ― ¿Dónde están?
― En la cocina. Vamos, deben estar asustados con toda esta que liaste ― le dije dándome cuenta en ese momento lo mal que me había portado con ellos al salir corriendo y no darles ninguna explicación. La verdad es que en ese momento en mi cabeza solo estaba el nombre de Esme y no pude pensar en nada más. Preocupada por mis pitufines y por lo afectados que podrían estar me separé de los brazos de Edward para girarme sobre mis pasos y volver junto a ellos. Pero no había conseguido girarme del todo, cuando ya un poco más consciente de mi alrededor oía unos pequeños sollozos venir de lejos. Sabiendo sin ninguna duda la procedencia de esos suspiros miré alarmada hacia el final del pasillo para encontrar a mis dos chiquitines abrazados el uno al otro, con los ojos llorosos y unas caras de susto que me rompían en mil pedazos.
Comencé a caminar hacia ellos sin saber todavía muy bien que decirles y con un único pensamiento en mi mente: Hice daño a mis hijos, lo único bueno de mi vida está sufriendo por mi culpa, soy lo peor, cuando una voz agitada y baja les saludo.
― Hola ― Dijo simulando una tranquilidad que ambos sabíamos que no tenía ― Soy papá. ― continuó atragantándose quizás un poco al final.
Me quedé tan pasmada cuando le oí escuchar esas palabras que casi me desmayo, las piernas me temblaban y mis rodillas titilaban la una contra la otra. Estaba tan congelada que aunque me hubiera gustado girarme y ver a Edward y poder intentar leer su expresión, no pude apartar la mirad de la carita de mis hijos. Ambos escucharon sus palabras con suma atención, ambos más como un reflejo el uno del otro, que como gemelos reaccionaron igual, sus ojitos comenzaron a pestañear muy rápidamente, a la par que su boquita comenzaba a abrirse muy lentamente y de sus gargantas salía una leve exhalación.
― ¿Papá? ―preguntó mi pequeño valiente, rompiendo la armonía al dar un paso al frente.
― Si, cariño. Soy yo ―respondió él cariñosamente, oyéndosele muy emocionado. ― ¿Te gus... os gustaría darme un abrazo? ―pidió abriendo sus brazos hacia ellos.
Más ahora que nunca, la respuesta a esa pregunta decidiría nuestro futuro. Mi corazón retumbaba fuertemente sobre mi pecho, mi corazón les animaba: Vamos, venga, es papá, no era un sueño. Pero mi cabeza dudaba, lo van a hacer, le van a abrazar... para al instante después pensar, Madre mía lo van a rechazar, ellos también le van a romper el corazón. No les quitaba los ojos de encima, por eso me llevé una gran sorpresa cuando fue mi princesa quien se soltó de la mano que aún mantenía cogida de su hermano y se lanzó a la carrera a los brazos de su padre. Por el contrario, Edward estaba totalmente preparado pues, para cuando Nessie había llegado a su altura, él ya se encontraba de rodillas esperando su ansiado abrazo.
Mientras ellos se fundían en un tierno abrazo yo, me comportaba como un juez de pingpong, intercambiando la mirada de esa escena que me llenaba de amor a otra que me rompía el corazón. Mi niño, mi hombrecito, aún se encontraba en el punto de salida sin saber reaccionar. Su atención estaba fijada en su padre y su hermana pero su ansiedad se mostró al rascar con la palma de su mano su pequeña nariz, un gesto que repetía cuando se encontraba nervioso. Intenté de varias formas llamar su atención pero ni siquiera cuando pronuncié su nombre en voz baja fue capaz de reaccionar. Sumamente preocupada, me acerqué a él, pero no hizo falta que hiciera o dijera nada más porque Edward se volvió a adelantar a mis intenciones.
― Campeón ― le llamó sonando mucho más cerca de nosotros de lo que antes estaba. Me giré para mirarle y vi que se encontraba justamente detrás de mí y que traía a nuestra hija cogida en sus brazos. De alguna manera que me resulta imposible comprender consiguió volver a arrodillarse sin soltar a Nessie de su abrazo, ponerse a la altura de nuestro pequeño y alargar una de sus manos hacia él aunque sin llegar a tocarlo.
― ¿Mamá? ―me pidió permiso tímidamente, mostrando a su vez su mayor temor. No dudé en asentir y en dirigirle una gran sonrisa, que todavía aumentó más al ver como poco a poco cedía a sus miedos y le cogía la mano a su padre para arrastrarlo hacía sí y fundirse los tres en un abrazo eterno.
Hoy al mirar el calendario me he dado cuenta de que el jueves es la fiesta de acción de gracias en Estados Unidos y que, hoy, al ser martes coincidiría con la fecha en la que se está desarrollando esta historia. Por ello, y pensando que podría estar bien hacerlo coincidir he pisado el acelerador para poder traeros hoy este capítulo y así el próximo, que ya es el último, publicarlo el jueves, para hacerlo así también coincidir con las fechas reales.
Por cierto, el próximo capitulo se titulará: Hazme el amor
¿Alguna idea de quién se lo dice a quién?
Muchísimas gracias a todas por seguir ahí y por todas aquellas que se han sumado en estos últimos días, no he podido contestar los reviews tal y como solía hacer antes, pero espero que me disculpéis, por eso aprovecho por aquí para agradeceros a todas vuestras palabras. Sois un cielo.
En cuanto al capítulo espero que os haya gustado.
Un besazo.
