Crepúsculo no es mío, aunque me encantaría.

Último capítulo, espero que lo disfrutéis.

Ale74, ahora comprobarás si acertaste o no ;)


HAZME EL AMOR

Forks. jueves, 26 de noviembre de 2009. 23:38 horas

Esme's POV

― ¡Hey! ― me llamó mi marido al entrar a la habitación. ― Hoy te has portado como una campeona ― me animó sentándose a mi lado sobre la cama ― ¿estás cansada? has estado mucho tiempo levantada.

― No ― mentí, intentando ofrecerle una sonrisa tranquilizadora ― estoy bien. ―insistí ante su incrédula mirada ― Ven, échate a mi lado.

― ¿Lo has pasado bien? ― Preguntó mientras se incorporaba desobedeciéndome y ahuecando nuestras almohadas.

― Si, fantástico. ―Contesté acomodándome en mi sitio mientras hacía un gran esfuerzo porque no se notaran los pinchazos que me daban al moverme. Por suerte en ese momento él se dirigía hacia el vestidor para ponerse el pijama y no me podía ver― Ha sido un día muy especial.

Y así había sido, posiblemente uno de los mejores días de mi vida, y quizás la mejor de la semanas. Hoy, al igual que los días atrás, desde que había abandonado el hospital, había disfrutado por completo de mi familia, hablando con ellos, despidiéndome, recordando los buenos momentos, diciéndoles todo lo que me gustaría haberles dicho en el pasado. Había pasado ratos a solas con cada uno de ellos y ratos todos juntos. En estas últimas horas pude disfrutar de mis hijos, de mis nietos, de Jasper, de Bella, incluso de los amigos de ella Rose y Emmett a quienes les habíamos convencido de venir a pasar la fiesta con nosotros. Nos habíamos reído como familia, y en ningún momento les había dejado llorar en mi presencia. Para qué perder el tiempo.

Ahora me tocaba disfrutar de mi marido.

― Cierto ― corroboró saliendo del armario. ― Es la primera vez que está toda la familia reunida en una fiesta...― continuó tumbándose ahora sí a mi lado.

― La cena ha sido fantástica, los chicos se han esforzado tanto. ¿sabes que incluso los niños ayudaron con los postres?

― Cómo no saberlo, si lo repitieron un millón de veces.

― Ha sido genial. El mejor Acción de gracias de todos, mucho más de lo que me hubiera atrevido a desear... ― le dije intentando sacarle el tema. Mi actitud con los chicos y con mi marido era muy distinta. Los chicos lo sabían, comprendían que este era el final. Edward lo entendió desde el primer momento, a Alice, en cambio, le costó un poco más, pero finalmente lo asumió. Con ellos nunca hablaba de mi enfermedad, para que... aprovechábamos cada momento como si fuera el último. Estos días pasados me dieron mil besos, me ofrecieron mil abrazos y no dejaron de acariciar mi mano, mi cara, mis brazos y piernas ni uno solo de los segundos que pasaron a mi lado. Se estaban despidiendo, les estaba diciendo adiós. Pero con Carlisle era... totalmente... lo opuesto. Se negaba a verlo. Todavía tenía esperanza. Todavía pensaba que me iba a curar. No aceptaba mi próxima muerte y eso me daba más miedo que cualquier otra cosa. Saber que iba a sufrir y no poder siquiera consolarlo. No era justo.

― Esme... ― Me llamó irritado― Hey, no, no lo digas.

― Los médicos... ― comencé intentado explicarle nuevamente la situación.

― Los médicos son todos unos inútiles. ― me cortó dando un golpe sobre la cama.

― Tú eres médico ― contesté risueña intentado rebajar la tensión.

― Por eso se de primera mano que nos equivocamos un montón de veces. El cuerpo humano es un misterio. Estudiamos y observamos, pero no hay nada seguro. Siempre nos sorprende.

― Mi amor...

― Mírate Esme ―ordenó girándose hacia mí. ― Tú misma has sorprendido a todos los médicos. Y no solo una vez, sino dos. Y lo volverás a hacer ―aseguró tenazmente.

― No... no puedo más. ―confesé por primera vez en todo este tiempo. Estaba cansada. Ya no podía luchar más. La primera vez luché y gané, la segunda vez también luche, lo intenté con todas mis fuerzas, pero no fue posible. Sabía que el final estaba cerca, y él, si no me viera con sus ojos, también lo sabría. Apenas pesaba 45 kilos, mis piernas apenas me sostenían, y mis labios apenas aguantaban una sonrisa.

― Decían que había pocas posibilidades de superar el verano, y aquí estas, a finales de noviembre. ―continuó sin atender mi súplica.

― Cariño, tú mejor que nadie, sabes que esa fue mi prórroga.

― Pues ahora quiero mi prórroga. ― protestó.

― Carlisle, no puedo.

― Esme no... ―me cortó colocando uno de sus dedos sobre mi boca. ― Hasta Navidad. Promételo, promete que pelearás y pasarás las fiestas con nosotros.

― Amor, no. ¿Y después qué? ¿Hasta San Valentín? ¿Hasta mi cumpleaños? No, no puede ser. Te prometí que llegaría a Acción de gracias. Y aquí estoy. Yo he cumplido mi promesa, ahora tú cumple la tuya. ― le expliqué mientras me acomodaba un poco mejor sobre la cama. Tenía un ligero dolor sobre la cadera y creía que si me movía hacia el otro lado me dolería un poco menos.

―Esme no me puedo creer... no me puedes pedir eso ― Negó aludiendo al trato que habíamos realizado hacia ya unas cuantas semanas, un trato que le propuse cuando los médicos me desahuciaron. Yo pelearía hasta esta noche, algo de lo que estaba sumamente contenta porque me dio la fuerza para llegar hasta aquí, de conocer a mis nietos y de ver a mis dos hijos felices y enamorados. A cambio, él me había hecho una promesa, y la tendría que cumplir.

― Sí, te lo pedí en su momento, tú accediste y lo prometiste. Ahora lo vas a cumplir.

― No, no, no... ― negaba dándome un beso sobre la frente por cada una de las negaciones.

― Cariño, mírame. ―susurré apoyándome sobre su cara. ― Eres un gran hombre, un hombre guapísimo, y joven, y sano, y... eres perfecto. Has sido el mejor padre y el mejor marido que haya podido desear...

― Cállate, por favor, cállate ―dijo emocinado y escondiéndose en mi cuello.

― Me tienes que escuchar, me tienes que hacer caso ― insistí apartándolo con la poca fuerza que me quedaba― Nunca te he pedido nada y esto me lo debes.

― No te entiendo, no entiendo como me puedes pedir eso ― musitaba emocionado. Verle tan roto estaba causando estragos en mí, pero tenía que ser fuerte por él, y obligarle a cumplir su promesa. Si era tan pesada era por él.

― Porque te quiero, porque te conozco y se que te mereces volver a ser feliz.

― No me lo puedo creer. Tú eres mi felicidad, tú... ―seguía gesticulando y moviéndose bruscamente.

― Cariño, no lo veas así ― perseveré recogiéndole las manos nuevamente. Tenía que escuchar mis palabras y para ello, primero, tenía que atenderme― yo siempre estaré contigo, siempre estaré a tu lado, cuidándote a ti, a todos. Y quiero verte sonreir.

― Pero... cómo... no voy a poder. No te lo puedo prometer... ― rechazó.

― Puedes y lo harás.

― Entiendeme, si fuera al revés, ¿tú podrías?

― No, no podría, pero si tú me lo hubieras pedido yo, al menos, lo habría intentado.

― No, no creo... no hay nada por lo que...

― Carlisle, no te atrevas a decir eso. Tenemos dos nietos, y vendrán más, guapísimos, cariñosos, perfectos que necesitan al menos uno de sus abuelos que esté cuerdo y los mime y los consienta. Y ese, sabe Dios y toda la corte celestial, que no es Renne... así que solo quedas tú. ― él sería el único abuelo decente que les quedaría y tenía que responder a las expectativas que todos, que yo, habíamos puesto en él.

― Tienen a sus padres...

― Tenemos también dos hijos... y ambos me tienen un poco preocupada. ― le exageré para sustentar mi argumentación. Es cierto que una madre siempre se preocupa por sus hijos, pero ahora, sabiendo que ambos no estaban solos, me podía ir más tranquila. Sobre todo sabiendo que Carlisle se quedaba aquí para velar todavía por ellos. ― Necesitan a su padre.

― Necesitan a su madre ― Contratacó mordazmente. Él estaba enfadado con la situación, pero puedo jurar que no lo estaba más que yo. ¿Justo? Por supuesto que no era justo que ahora que podía disfrutar de una familia feliz iba a perder la vida. Jo... yo era joven, quería vivir, quería vivirlo todo... pero, ya que yo no lo iba a conseguir, que por lo menos alguien lo hiciera por mí. Y que mejor que mi media naranja para hacerlo.

― Y yo a ellos ― contesté levantando todo lo que pude mi voz― pero en esta vida no podemos tener todo lo que queremos ―continué intentando contemporizar― Así que tendrás que ejercer por los dos. Además, ambos me tienen un pelín preocupada. Lo van a pasar muy mal.

― Por lo menos tienen a alguien a su lado que les ayudará ― señaló sonriendo por primera vez desde que había entrado por la puerta.

― Sí, cierto ― reafirmé aprovechando la ocasión para cambiar de tema ― Estoy muy contenta con sus elecciones.

― Más con Jasper que con Bella ― aclaró ― Por lo menos Jasper no ha desaparecido seis años y nos ha escondido a nuestros nietos.

― Tenía sus razones... además, pensé que la habías perdonado.

― Si, pero... no dejo de pensar en el poco tiempo que hemos pasado todos juntos.

― Tienes razón, el tiempo ha sido escaso pero maravilloso. ― Confirme totalmente de acuerdo con él, pero no podía dejar en él este sabor agridulce sobre Bella. Él no era rencoroso, y este tema no debía enquistarse, debía quedar atrás, en el pasado. ― Estos días con ellos han sido un gran regalo para mí. Verlos estos días interactuar entre ellos, viendo lo bien que han aceptado a su padre y lo bien que se han adaptado a nosotros, es algo que me llevo como un tesoro.

― ¿Tú crees que se quieren de verdad? ― preguntó torciendo un poco la ceja dudoso― Edward y Bella ―aclaró como si hubiera hecho falta.

― No me cabe ninguna duda ―contesté sincera recordando todas las escenas que desde el martes había presenciado― Actúan como si estuvieran atados por un hilo muy fino e invisible que no les permite moverse a tres metros uno del otro.

― Espero que les vaya bien.

― Les va a ir bien. Seguro. ―Tenía fe en ellos.

― ¿De verdad lo crees?

― Por supuesto. Ellos ya han sufrido bastante y si el tiempo que han estado separados no les ha servido para olvidarse el uno del otro, al menos si les ha servido para madurar. Pero... ¿tú te has fijado como se miran?

― No, ¿cómo se miran? ― Pregunto curioso.

― Pues se miran como se debe de mirar cuando se ama... como yo te miro a ti y como tú me miras a mí.

― Es que yo te amo más que a mi vida ― confesó sorprendiéndome con un beso en mis labios.

― Pues eso ― contesté risueña.

― No Esme, lo que te he dicho no es una frase hecha. Es la verdad. Seré un mal padre, seré una mal abuelo, por no pensar en ellos, pero... es que... tú eres lo único que me impulsa cada día y cada noche... yo sin tí... yo... ―aclaró emocionándose un poco al final. Se le podían ver un poco los ojos llorosos y yo no podría aguantar ver a mi chico llorar.

― Tú sin mi... pues tienes un montón de cosas que hacer ―le dije tontamente para aligerar el ambiente― Tienes que llevar a Alice al altar, tienes que llevar a Bella al altar...

― ¿Qué? ― grito sorprendido ― No sabía, no tenía ni idea...

― Claro que no... esta tarde Edward me ha pedido el anillo de pedida de tu madre. Le ofrecí el nuestro tras insistir que Alice no lo quería, pero me dijo que prefería guardarlo para su hijo. Así que le di los dos. ― le dije quitándole importancia al momento. ― Y después, cuando pase todo eso, pues tendrás un montón de cumpleaños, de fiestas, de barbacoas, de días en la playa, de días lluviosos y tendrás que cumplir tu promesa. ― le recordé, a cabezona no me gana nadie.

― Mira que eres... ―negó sonriente― No entiendo cómo te quiero tanto con lo terca que eres, pero, precisamente por eso, creo que te amo aún más.

― Te quiero ― Le devolví mirándole a los ojos. ― Pero vas a cumplir... y lo sabes. Sabes que de no hacerlo soy capaz de...

― Cómo te tengo que decir que no me voy a volver a enamorar ―me cortó airado.

― Sí, lo vas a hacer. ― Pedí irritada. ― Tienes que hacerlo, lo prometiste, me lo debes, tú me...

― Esme... cariño, no. ― llamó limpiándome cariñosamente la cara de algunas lágrimas que se me habían escapado ― No llores cielo, no...

― No me puedes hacer esto... ―corté enfadada― Tienes que conocer a alguien, enamorarte... tú, tú...

― Esme...

― No, no mereces estar solo ― confesé ya cansada de la conversación. Igual si compartía con él mis pensamientos, así quizás me entendía y seguía mis consejos ― Tienes por delante una larga vida... y yo... no quiero... no puedo... ― balbuceé antes de romperme ― Lo siento, yo no quería... no quería joderte la vida.

― Cielo, nadie quiere... no digas eso. ― dijo atrayéndome contra su cuerpo y dejando sobre su pecho mi cabeza. ― Me has hecho feliz durante tanto tiempo que me sobra felicidad para toda la eternidad. Tú no te preocupes por mí. Estaré bien ― mintió lo mejor que pudo ― Solo entiende que esté un poco triste.

― Bueno vale ― concedí limpiando alguna de las lágrimas sobre su camiseta ― pero un poco solo ¡eh! ― Carlisle, ¿te puedo pedir otra cosa? ― pregunté acariciando su pecho.

― ¿Otra más? Bueno, pero que no sea la luna ¿eh? ― comentó juguetón ― Qué está demasiado frío fuera.

Cerré los ojos y negué con mi cabeza intentando coger fuerza, quería tanto a ese hombre, me había hecho tan feliz durante el tiempo que habíamos pasado juntos. Siempre me animaba cuando estaba preocupada, siempre me tranquilizaba cuando me ponía demasiado nerviosa, siempre me había hecho de reír, y muy poco de llorar, me había dado lo más grande, y siempre, siempre, siempre, todos los días de nuestra vida me había hecho el amor, en todos los momentos que habíamos estado juntos. Con una mirada, con una sonrisa, con una caricia, con un abrazo, con una palabra, siempre y en todo momento él me había hecho el amor. Pero hacía unos meses que el aspecto más físico de la relación había quedado atrás.

― Hazme el amor ―pedí sin atreverme a mirarle a los ojos por miedo a su rechazo― por favor, por favor, hazme el amor... por última vez.

...

Y fin!

Me ha costado un montón escribir este fin, me he emocionado un montón, pero creo que desde el principio no se podía esperar otra cosa de la enfermedad de Esme. Como curiosidad me gustaría decir que cuando se me ocurrió este fic, este final fue la segunda escena en la que pensé, tras la primera conversación de Edward y Bella en el baño. Siempre supe que acabaría así, con un final abierto pero encaminado, y aunque algunas cosas se han modificado del diseño original me alegro haber podido conservar esta. Con todo, me da no se que acabar con un capítulo tan triste, así que me estoy planteando hacer un epilogo narrado por Edward. Creo que se lo merece ¿No?

Muchísimas gracias a todas por estar ahí durante todo este tiempo, aguantando mis idas y venidas. Y muchísimas gracias más para todas aquellas que con sus comentarios me han dado ánimos y alegrías, esta vez tampoco he podido contestaros ya que prioricé subir este capítulo, pero os prometo que os recompensaré lo antes que pueda ;)

Ahora me toca terminar mi otro fic, Diez años Después y alguna otra cosa que tengo por el ordenador

Un besazo