Desde ese día en mis momentos libres cuando no estaba castigaba, me encontraba con ellos dos, nunca les pregunte sus nombres pero no importaba ya que ellos hacían que esos tiempos fueran los mejores hasta que un día, mientras iba haciendo los cuartos porque nuevamente estaba castigada; al entrar a los cuartos donde los vio la primera vez estaba vacía, no sabía que había pasado entonces me la paso recorriendo todo el lugar hasta que los hayo en la puerta principal, siendo guiados hasta un elegante auto donde se encontraba un anciano, no quería creer lo que estaba viendo, entonces rápidamente bajo y trato de alcanzarlos pero fue interceptada por un hombre de mediana edad, me aventó a un lado de su camino
-Mocosa aléjate de ellos ahora nos nuestros-
Sin embargo hice caso omiso por lo dicho y otra vez trato de alcanzarlos les grite, trataba de que me vieran pero fue en vano, los subieron a ese auto, a gran velocidad se fueron del orfanato, se perdieron de mi vista sentí que nuevamente estaba sola otra vez, en ese entonces fue cuando estaba incorregible, mi carácter cambio mientras en mi mente solo estaba mi meta huir de ese lugar y encontrarlos, ya que ellos serían mi verdadero hogar; fue entonces que después de una separación absoluta de todo el lugar, el cariño me fue escaso y nulo hasta que finalmente logre mi fuga de aquel lugar, gracias a unos archivos logre encontrar la casa donde estaban mis amigos, esta vez no permitiría que me dejaran sola, según los datos era la residencia Kido, había oído de ellos eran la familia más importante de todo el país asi que no era gran problema en descubrir en donde se encontrarían.
Ingresé fácilmente saltando la barda, me di cuenta que era una gran mansión, poseía un gran bosque y al centro de este la casa se levantaba en todo su esplendor, trato de que nadie me vea porque la mansión todavía había varias luces prendidas, me subo a uno de los arboles hasta que la última luz se extingue, me baje de mi escondite para comenzar mi busquedad; en eso se escucha unos extraños ruidos, me le acerco a una pequeña cabaña escondida entre los árboles, y gracias a una ventana veo que era, observe aquel chico de ojos azules siendo golpeado sin poder defenderse por el mismo hombre que me enfrente; la ira se no hizo pesar con claridad, baje rápido del arból donde estaba, entre y me enfrento a ese hombre, al obsérvame dejo de torturar a mi amigo que con mucho esfuerzo lograba mantenerse despierto logro solo embonar una pequeña sonrisa en sus labios por verme y terminas desmayándose de dolor; se dirigió a mi amenazándose con ese palo de madera lleno de sangre.
-que haces aquí mocosa, este lugar es privado- me limite a no contestar y empezó a propinarme la misma paliza que a él, lograba con dificultad esquivar los primeros golpes pero que en vano, me dio un golpe en mi mejilla partiendo mi mejilla y empezó a darme la misma paliza, había colocado un de sus pies sobre mi cabeza para evitar escapar; evitaba gritar, sentía mi piel partirse en dos hasta que creyó que era suficiente me cargo a mí y aquel chico, a él lo subí a un auto y a mí a la cajuela , sentía cada movimiento hasta que me llego el olor a mar, abriendo la puerta, y pude ver los muelles de las costas japonesas, un viejo capitán había recibido a mi amigo, en cambio a mí solo me aventaron sola; con mucha difícil me arrastre hacia unas cajas, tratando de protegerme hasta que el cansancio me ganó, obligándome a cerrar los ojos.
