Capitulo X
Esperanza, Diamante después de mucho tiempo sintió esperanza. La amnesia de Serena era la oportunidad perfecta para darse a conocer como realmente era y para tener a la princesa consigo. Era egoísta y lo sabia, pero necesitaba estar con ella. Ella era suya. Y el destino se lo confirmaba dándole esta oportunidad. Con una sonrisa se acercó al médico y con una mano le indicó que quería hablar con él afuera mientras le indicaba a Molly que no le dijera nada a Serena. Una vez fuera. Diamante le dijo al medico:
-¿Cuánto durará la amnesia?
-No estoy seguro-respondió el doctor-puede que unos días, unos meses, años o quizás nunca. Estas cosas son impredecibles. Lo que si se es que es que tendrá flashes de memoria cuando algún objeto o alguna persona diga algo, o tenga un sentido especial para ella. Aunque la memoria esté perdida, sus sentimientos y emociones siguen siendo los mismos y ahora mismo se regirá por ellos, ya que ahora mismo su razón no tiene fundamentos en donde basarse, así que la princesa será toda emociones. No se asuste si se pone a llorar o si se enfada repentinamente, es normal.
-Muy bien.
El medico se fue de allí, dejando al Demonio pensando en las palabras del doctor, "así que Serena será todo emociones, interesante, muy interesante" Diamante entró en la habitación donde una enfurecida Serena le exigía a Molly que le dijera todo de ella.
-Quiero saber ¿Dónde estoy, quien soy? Quiero saberlo todo. ¿Por qué no me lo dices?- Serena se puso a llorar, su impotencia le superaba, intentaba recordar pero solo veía una neblina blanca, se sentía sola, perdida, asustada e ignorante. Sentía una sensación de vacío que poco a poco se apoderaba de ella. Mientras ella lloraba, Diamante se acercó a la cama de ella y la abrazó. Ella le pasó los brazos por su espalda sintiendo un agradable calor, un calor que procedía de él.
-Shh tranquila pequeña. Todo está bien yo te lo explicaré todo, pero deja de llorar, ¿vale?- ella lo miro con sus grandes ojos cristalinos y asintió, se enderezó y espero a que el hablara- Te llamas Serena Tsukino y tienes 18 años, naciste un 13 de septiembre. Tus padres eran Ikuko y Kenji Tsukino, los reyes del Reino Dorado y el pequeño que ves allí-dijo señalando a Sammy que había quedado rendido después de tanto llanto-es tu hermano menor, Sammy.
- Y tú, ¿Quién eres?-pregunto ella, quería saber todo de ese hombre, el hombre que le trasmitía su calor.
-Yo soy Diamante, tu prometido-dicho estas palabras, la boca de molly se abrió y Serena lo miró aun mas intensamente que la primera vez.
- Si estamos prometidos, ¿no debería estar yo en mi casa? ¿O esta es mi casa? Si es así ¿Dónde están mis padres?
-Serena, esta no es tu casa, tu Reino quedó destrozado. Unos reyes sedientos de poder procedentes del Norte han arrasado muchos reinos, incluidos el tuyo. Tu padre murió en esa batalla.
-¿Murió?- nuevas lagrimas salieron de rostro, no sabia por que, pero sentía que se moría, su corazón se contraía de dolor- y… ¿mi madre?
- Tu madre murió hace un año, dando luz a tu hermano-dijo Diamante mientras le limpiaba de nuevo las lágrimas, ella se dejaba acariciar, Diamante le brindaba una protección que ella necesitaba.-Tu padre, sabiendo que el rey del Norte, quería conquistar su Reino, te dejó a mi cuidado. Tú y yo estamos comprometidos desde que tú tenias 14 años, por eso estas aquí, conmigo, porque es mi deber cuidarte, porque eres mi prometida y nadie te puede hacer daño.- dicho esto se inclinó y besó con dulzura los labios de ella y ésta, sorprendida, le devolvió el beso. Le gustó, sentía como todo su ser se calmaba, como su sangre circulaba mas rápido, ese beso le daba tranquilidad.
-Lo siento-dijo ella, después del beso-no puedo recordarte, seguro que ahora querrás que me marche, ya que no querrás estar con una enferma como yo.
- No Vuelvas A Decir Eso, ¿Me entendiste?, nunca te alejaré de mí, eres todo para mi, TODO-dijo un enfurecido Diamante mientras la tomaba por la cara y le daba otro beso, pero más salvaje que el anterior.
Serena pudo sentir en ese beso, la ira de Diamante, así como también su desesperación. Ella le correspondió el beso, no sabía por qué pero esos besos le gustaban, la calmaban, la hacían sentir especial.
-Siento haberte enfadado, pero no quiero ser una carga para ti.-dijo ella mientras acariciaba inconscientemente la mejilla de Diamante, éste simplemente se dejaba acariciar, cada caricia estimulaba cada poro de su piel.
-No pasa nada, mi pequeña Serena.-dicho esto se levantó.- Tengo que hacer unos asuntos. Te dejo descansando, si quieres saber algo más de ti, pregúntale a la criada ya que ella siempre ha estado contigo. Ten por seguro que ella sabrá contestarte todas sus preguntas de una forma adecuada.- dicho esto se dirigió hacia Molly mientras le echaba una mirada cargada de advertencia y antes de irse se dirigió a ella y le dijo en el oído "no vayas a descubrirme si lo haces pagaras con tu vida"
Mientras en la habitación una curiosa Serena acribillaba a preguntas a Molly, Diamante se dirigía a las mazmorras donde una asustada Rei estaba encerrada. Abrió la celda y sin contemplaciones la cogió del brazo y la sacó de allí. La llevó hasta a su despacho personal. Su despacho era grande, con grandes ventanales, una mesa cuadrada con una silla, y una gran biblioteca, pero lo que verdad sobresalía era un gran cuadro. Un cuadro donde se podía ver a la princesa Serena sentada en el jardín de su palacio con unas fresias en sus manos. Rei cuando miró ese cuadro se quedó de piedra, ese cuadro era el que estaba en su palacio y ahora estaba allí en el despacho del Demonio, no había más cuadros solo el de ella, en el centro de la pared.
-Rei, Rei.-la voz del Demonio la sobresaltó.- lo que has hecho hoy no me ha gustado nada. ¿Te has dado cuenta ya? Tú solo fuiste una más de mi harén, mientras que tu prima es la única mujer para mí, la única que siempre me ha importado.- se acercó a ella, pegando su frente con la de ella.- cuando me la chupabas o cuando te follaba pensaba en ella, nunca tuve un sentimiento por ti. Nunca.
Esas palabras dejaron helada a Rei, se sentía inútil, estúpida y humillada.
-Mi querida Rei has cometido una falta horrible, al poner la vida de Serena en peligro, pero después de todo me ha sido de utilidad, así que no te mataré como pensaba hacerlo. Te dejaré con vida.- Rei al escuchar eso, sonrió y se relajó.- Pero no creas que eso se va quedar impune.- Diamante se dirigió a la puerta y llamó a un soldado. El soldado entró en el despacho y cogió a Rei de los brazos, ella se quedó estática y sorprendida.-Rei tu futuro no será tan distinto como el de ahora, harás lo mismo pero con otras personas.- una sonrisa maligna cruzó el rostro de Diamante.- Iras a una casa de citas, pero no a cualquier casa, sino a la peor y a las más sucia de ellas. –Rei intentó soltarse del agarre del soldado pero éste la tenía bien cogida y no la soltaba.- Llévatela, el dueño del burdel la está esperando afuera.
-No, mi Señor, no, por favor, no me haga esto.- suplicaba Rei mientras lloraba y lloraba.
-Llévatela ya, que no quiero escucharla ni verla más por aquí.-Bramó el Demonio a su soldado. Éste cogió a Rei y la llevó a rastras hacia fuera. Allí estaba un hombre gordo con un carruaje pequeño y sucio esperando a su nueva mercancía. Se relamió los labios al ver a Rei y con una sonrisa pervertida en su rostro, cogió a Rei y la encerró en el carruaje y partió hacia el burdel.
Era ya de noche cuando Diamante volvió a la habitación donde se encontrada Serena. Al abrir la puerta se encontró con una princesa vestida con un camisón de color rosa pálido, mirando a la ventana. Diamante cerró la puerta y ella lo miró con una sonrisa en su rostro. Una sonrisa solo dirigida para él. Diamante no cabía en sí de la felicidad. Su Serena le estaba sonriendo. Se acercó a ella y la besó, un beso suave, dulce y lento. Un beso que trasmitía cariño, seguridad, confianza y amor. Cuando el paró el beso, vio que ella tenía los ojos cerrados y un rubor encantador coloreaba sus mejillas.
-¿Has podido satisfacer tu curiosidad?- dijo Diamante.
-Si, aunque aún tengo unas preguntas pero creo que solo tú me las puedes contestar.
-Estaré encantado de contestar a algunas de ellas.
La cogió de la mano y la dirigió a la cama, los dos se sentaron, pero Diamante no soltó su mano.
-Dime, ¿Qué quieres preguntarme?
-Yo, bueno…. Quería saber, mmmm, esto, bueno.-farfullaba ella, mientras se mordía los labios y desviaba la mirada de él claramente ruborizada.
-Venga Serena, puedes decírmelo, sin miedo. Soy yo, no debes tener vergüenza.
-Yo quería preguntarte, si tú y yo… bueno si tú y yo hemos hecho… ya sabes…
- Quieres saber si tu y yo hemos mantenido relaciones.-ella se puso roja y desvió la mirada hacia la ventana, Diamante con su mano, cogió la cara de Serena y le besó los labios.- No tengas vergüenza cariño, tu y yo estamos juntos. Pero antes de contestarte, ¿Por qué me preguntas eso?
-Porque tengo dos marcas a cada lado en el cuello y no son ninguna picadura, así que creo que me lo has hecho tú.
Diamante le apartó el pelo para ver las marcas que le dejó la noche pasada. Allí estaban, dos a cada lado del cuello, de un color rojizo llamativo.
-Te las he hecho yo, pero sigues siendo virgen. Tú querías esperar hasta la noche de bodas y yo te respeto, pero.-se inclinó hacia ella.- como las noches se me hacen tan duras estando a tu lado, tu y yo tenemos algunos encuentros.
-Has dicho hasta la noche de bodas, ¿vamos a casarnos pronto?
-Si mi princesa, en dos semanas.
-¿Tú sigues queriéndote casarte conmigo a pesar de mi… bueno, mi condición?
-Claro, Serena tú eres mi vida.
Serena se sonrojó aun más de lo que estaba y le besó. Diamante se sorprendió pero no por ello dejó de disfrutar el beso tímido que le daba ella. Un beso de ella. El primer beso que Serena le daba, en el que ella había tomado la iniciativa.
Pronto Diamante tomó el control del beso, haciéndolo cada vez más profundo y más pasional, sin miedo empezó a tocar la espalda de ella mientras que ella subía sus manos a su cuello. Pronto sus lenguas se entrelazaron con ahínco, Serena se acercó más a Diamante, sentía como un calor la embargaba y la empujaba a estar más cerca de él. Diamante la cogió por la cintura y la subió encima de él, pronto ella quedó en horcajadas sobre su regazo. Sin dejar de besarse, Serena se acercó más a Diamante, cuando en ese acercamiento su sexo tocó el miembro de él y los dos soltaron un gemido del placer.
Serena no sabía lo que estaba haciendo y cada vez se restregaba más al miembro de Diamante, no le importaba nada, solo quería placer y el contacto de los dos sexos le daba un placer sin igual. Diamante no estaba mucho mejor, la lujuria le absorbía por completo, el sentir a ella tan cerca, sentir su sexo contra él, sentir su calor, su humedad, oler su excitación y oír sus gemidos era demasiado para él, pero sabía que tenía que parar, le había dicho a Serena que no habría sexo hasta la boda y quería que fuese así. ella era un ángel y como un ángel que era no debe pecar, su alma le importaba, por eso quería hacer las cosas bien. Con un gran esfuerzo, paró el beso y la miró a los ojos, esos ojos que reflejaban puro fuego de placer.
-Serena, cariño, debemos parar.-dijo Diamante.
-Pero yo no quiero parar Diamante.-dijo ella.- Acaso ¿estoy haciendo algo mal?
-No, mi dulce ángel, pero si no paramos te voy a tomar aquí mismo y debemos esperar, ¿vale?
-Tienes razón Diamante, yo me dejé llevar. Lo siento.-dijo una ruborizada Serena.
-No fuiste la única, ahora descansa.
Serena se quitó del regazo de Diamante y se tumbó en la cama y Diamante hizo lo mismo, cuando el se hubo tumbado, ella se abrazó a él con fuerza y Diamante se entretuvo acariciándole el pelo.
"Solo en dos semanas serás mía, en cuerpo, alma y corazón"
Mientras a muchos kilómetros de allí, una tropa de soldados entró en el antiguo Reino Dorado, un Reino Dorado devastado y consumido por el fuego. Solo quedaban las casas de los campesinos pero el gran palacio estaba en ruinas. Uno de los jinetes se apeó del caballo, se acercó al palacio donde cayó de rodillas.
-Hemos llegado demasiado tarde. Maldita sea. ¡Hemos llegado tarde! Serena, perdóname, Serenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.-gritó Darien llorando amargamente mientras golpeaba su puño con fuerza en el suelo.
-Darien, no hemos podido hacer nada para salvarla pero aún podemos recuperar este Reino, que su sacrificio no sea en vano. Darien escuchó las palabras de su tío y asintió, se lo debía a Serena, él no había estado allí para cuidarla por eso lucharía con fuerza para que el Reino Dorado volviera a brillar con fuerza y lo primero que haría sería matar a ese ser que le había quitado al amor de su vida. Ya se estaba levantando cuando vio algo que brillaba en el suelo, era el medallón del símbolo del Reino, y estaba casi seguro que era el de Serena. Lo cogió, lo besó y lo agarró fuertemente mientras pensaba
"Te vengaré princesa., aunque sea lo último que haga en esta vida, mataré al que te ha matado" "Prepárate Demonio, porque yo seré quien te elimine"
Continuara
