Ep. 2: Conociéndonos
Gaara miró nuevamente el papel que contenía los "requisitos", por llamarlos de algún modo, de su nuevo trabajo.
Un chico en buena forma física.
Con resistencia.
Que diera la talla.
¿Y se suponía que no debía pensar en nada sexual? Sí, claaaro...
En esto reflexionaba mientras caminaba por la calle aquella tarde, dirigiéndose a la dirección indicada en el sobre que la Hokage le había entregado. Casa de los Yamanaka, ponía... y por alguna razón el nombre se le hacía conocido, pero no lograba recordarlo con exactitud, lo cual le molestaba un poco. Él siempre había tenido una excelente memoria, gracias a lo cual podía mantener sus altas notas faltando tantas clases. Bueno, y a las horas de estudio que le dedicaba, por supuesto.
Al llegar, se detuvo frente a una imponente casa de estilo contemporáneo, moderno, vanguardista... vamos, de ese estilo que ni sabías lo que estabas mirando hasta que alguien te lo explicaba. Gaara no entendía mucho del tema, pero nadie iba nunca a convencerle de que cuatro cilindros machacados con tres barras de hierro sobresaliendo y siete cordones de lana verde eran "Golondrinas que parten durante la migración en busca de climas más benignos". Lo que era un adefesio, adefesio se quedaba, y no valía la excusa de ser arte abstracto o cualquier otra tontería.
En honor a la verdad, la supuesta casa Yamanaka que tenía enfrente no llegaba a esos extremos, por lo menos se podía distinguir que era un edificio habitable para personas. Tenía un jardín amplio y bien cuidado (al menos lo que se podía ver), rodeado de una alta valla de piedra, con una gran puerta de hierro forjado que daba paso a un caminito de guijarros hasta la entrada. Las líneas rectas y curvas de la fachada principal guardaban una cierta simetría, y las ventanas eran más o menos normales... pero Gaara echó en falta un tejado. Las casas que terminaban en una terraza plana nunca le habían inspirado confianza, seguro que estaban heladas en invierno y como un horno en verano. Y él bastante sabía de temperaturas extremas, proviniendo de la desértica Suna.
Dejando a un lado sus apreciaciones personales, el pelirrojo finalmente llamó al timbre que había al lado de la puerta de hierro.
- Casa de los Yamanaka, ¿qué desea? - preguntó una voz masculina.
- Buenas tardes, estoy buscando a la... - ¿señora, señorita? dudó Gaara - A Yamanaka Ino-san. Vengo de la Universidad de Konoha.
- Así que al final lo hizo - se oyó un suspiro de derrota - Adelante, pase.
Tras un agudo pitido, el seguro de la puerta se abrió y Gaara fue hasta la entrada principal, donde antes de poder tocar al timbre una segunda vez, salió un mayordomo al más puro estilo inglés, con su uniforme y cadena de reloj de bolsillo y todo. Con una leve reverencia, le hizo pasar al interior, donde se pudo apreciar un salón espacioso y luminoso de estilo europeo. Una de las paredes estaba completamente cubierta de ventanales, que permitían una amplia vista de la piscina y parte de un garaje.
- ¿Sería tan amable el joven sir de presentarme sus credenciales, por favor? - le pidió el mayordomo con extrema educación, si bien la mueca de disgusto de su cara no desapareció.
Y puede que por primera vez en su vida, Gaara agradeciese el formar parte de una familia noble y distinguida, siendo hijo del gobernador de Suna, pues de otro modo quizás no hubiera entendido la manera tan exageradamente rebuscada del criado de pedirle que se identificase. Era una de las cosas que siempre le habían desagradado de su entorno elitista, y que por una vez le resultaría útil.
- Soy Gaara Sabaku, estudiante de tercer grado de la Universidad de Konoha - dijo, mostrándole su carnet de alumno y señalando un sello rojo en concreto - He venido a cumplir un servicio para el programa laboral Jóvenes para todo, solicitado por Ino-san.
- Ya veo - el mayordomo le miró de arriba abajo, contrariado - A milord no le va a gustar esto cuando se entere. Espere aquí un momento mientras le anuncio, Gaara sir.
Y se marchó, subiendo una escalera al piso superior.
Kami-sama, ¿en dónde se había metido? Un escalofrío recorrió la espalda de Gaara, aquello no le gustaba nada. ¿Le iban a utilizar como conejillo de indias para una infidelidad o algo? ¿Un hurto encubierto? ¿Cómplice de un asesinato? No sería la primera vez que alguien intentaba liar a la universidad en asuntos turbios, con la intención de cargarles a ellos la culpa.
- Gaara sir, lady Ino le espera en su alcoba - apareció de nuevo el mayordomo, tendiéndole un par de zapatillas - Sígame, por favor.
¿En su alcoba? Eso quería decir dormitorio. Nuevamente, mientras se cambiaba de zapatos, el pelirrojo se convenció de que tendría que recordarle a su clienta que las tareas disponibles no incluían nada remotamente sexual.
En un pasillo pintado en tonos dorados, se detuvieron ante una puerta blanca, con un letrerito en forma de flor que decía "Ino", y el mayordomo llamó educadamente a la puerta.
- Lady Ino, su... "invitado", el joven Gaara, está aquí. ¿Me permite hacerlo pasar?
- Sí, adelante - dijo una voz femenina desde el interior - Ya lo tengo todo listo.
El criado abrió despacio la puerta, y con otra leve reverencia, primero le cedió el paso a Gaara. Entraron en un dormitorio grande, pintado de morado. Los muebles eran de madera blanca, igual que las cortinas, aunque ambos tenían motivos amarillos que casi parecían hacerlos brillar. Todo el suelo estaba cubierto por una moqueta azul celeste, lo cual hizo dudar a Gaara si debía quitarse las zapatillas que el mayordomo le había ofrecido antes para estar en esa habitación.
- Gracias Wilson, ya puedes retirarte - dijo una sonora voz femenina - Y no me pases interrupciones por el resto de la tarde.
Gaara se giró hacia el lugar de origen de aquella voz... e instantáneamente, cualquier protesta respecto a hacer nada sexual desapareció de su mente. La chica... la chica era preciosa, la más hermosa que alguna vez hubiera visto. Muy del tipo Barbie, la verdad sea dicha, con largo cabello rubio platino, ojos azules y pechos... ejem, cuerpo esbelto y redondeado justo en las partes exactas. Pero al contrario que la muñeca, ella no parecía artificial, su sonrisa era alegre y sincera; su piel, si bien pálida, tenía una leve y sana tonalidad rosada; y sus labios... eran como la jugosa pulpa de una fruta fresca, lista para comer.
Ella se le acercó lentamente, mirándole... no, inspeccionándole hasta el último detalle. Sus ojos le recorrieron de arriba abajo unas cuantas veces, incluso dando un par de vueltas a su alrededor, lo cual provocó un escalofrío por la espalda de Gaara, haciendo que nuevamente se pusiera en guardia. ¿Qué era lo que tanto miraba?
- Por lo que veo, me sirves, así que podemos empezar enseguida - le habló - Oh, discúlpame. Todavía no me he presentado, debes pensar que soy una maleducada. Soy Ino Yamanaka, la que te ha contratado - y se inclinó un poco - También estudio en la Universidad de Konoha, y por lo que veo, Tsunade-sama ha elegido bien. Ten - dijo, tendiéndole una toalla blanca - esa puerta de allá da al baño, te aconsejo que lo utilices. Luego puedes desvestirte y empezaremos de inmediato.
- ¿Desvestirme? - Gaara por fin reencontró su voz perdida ante el impacto de su belleza - Lo siento, Ino-san, pero me parece que no... no acabo de comprender exactamente lo que desea de mí.
- ¿No comprendes...? - titubeó Ino confusa - Por favor, ¡no me digas que realmente no sabes para qué has venido!
- Bueno, digamos que la rectora Tsunade no fue muy concisa al respecto. Si usted tiene a bien concretarme los detalles...
- ¡No me trates de usted, no es necesaria tanta formalidad entre nosotros! - estalló la joven, sobresaltándole - Perdóname, no quise gritarte, no es culpa tuya. Es que no... no soy buena dando explicaciones. Normalmente la gente que me conoce ya sabe cómo interpretarme.
- Si utilizas palabras claras y específicas, no creo que la situación necesite más explicaciones.
- Pues... yo quiero... - Ino comenzó a sonrojarse un poco - Quiero que te desnudes, para eso te he dado la toalla.
Durante unos segundos, reinó el silencio más absoluto.
- Rectifico, Ino. Creo que, después de todo, sí voy a necesitar alguna que otra explicación. En lo personal, me pareces una chica preciosa y no me importaría intimar contigo si nos conociéramos un poco mejor, pero seguramente estás al tanto de que el programa no acepta esta clase de trabajos.
A medida que hablaba, la linda cara de Ino se había tornado cada vez más roja, y cuando el chico terminó, le dio la única respuesta adecuada según ella... impactando fuertemente su mano contra la mejilla de él.
- ¡¿Cómo te atreves?! - exclamó, airada - No hace ni cinco minutos que nos conocemos, y ya me estás faltando al respeto. ¿Es ésta tu manera habitual de relacionarte con las chicas? ¿O es un trato especial reservado a tus clientas, las que supuestamente deben decidir el precio que vale tu trabajo y esfuerzo? ¡Pues da gracias a que yo necesite tan desesperadamente este favor, porque si no ya te habría echado de mi casa!
Con la mejilla ardiéndole, Gaara pensó que, en última instancia, el ofendido sería él por recibir semejante agresión física, y de ella la culpa por no saber explicarse mejor. Pero más que por el golpe, se sintió insultado por las falsas acusaciones de ella respecto a su persona.
- Entonces, supongo que si un hombre de la nada te pide que te desnudes para él, lo tomarías con absoluta calma, ¿verdad? No es como si la petición sonase indecente en lo más mínimo, o diera pie a malentendidos. Vamos, el tipo de cosas que se oyen todos los días.
Nuevamente un silencio abrumador, pero esta vez la rubia agachó la cabeza avergonzada.
- Ti-tienes razón, lo siento mucho... No debí pegarte, por favor, perdóname. Es que últimamente estoy de los nervios, no siempre he sido así, tan exagerada. ¿Te duele mucho? Admito que te dí con fuerza. Puedo pedir que te traigan hielo.
- No te preocupes, sobreviviré - frunció el ceño Gaara, desconfiando de sus súbitos cambios de humor - Pero si puedes explicarme de una vez para qué exactamente se supone que he venido, te lo agradecería.
- ¡Claro, naturalmente! - sonrió Ino, deslumbrándole con su radiante belleza otra vez - Soy estudiante de arte, tercer grado, en la Universidad de Konoha. Para este semestre debemos hacer un proyecto referente al arte renacentista, y he elegido pintar un David con proporciones de una persona real, no copiando los cánones de la belleza clásica ni las medidas en parte desproporcionadas del maestro Miguel Ángel.
Un chico en buena forma física.
Con resistencia.
Que diera la talla.
Ahí estaba el secreto del misterio, lo que esa chica necesitaba era un modelo masculino que posase desnudo para ella, y nada más. Ciertamente, no había nada remotamente sexual en ello, era puro arte. A Ino ni siquiera le importaba de quién se tratara mientras le sirviese para su proyecto, y el darse cuenta de ello fue un pequeño golpe para el orgullo del pelirrojo.
- El David es una escultura completamente desnuda - comentó el chico - ¿Para qué me das la toalla entonces?
- Bueno, es que... esto va a ser un trabajo largo y complicado, no creas que será cosa de una sola tarde. Requeriré varios días de ti para posar, por lo que había pensado que te sentirías incómodo, de modo que no había necesidad de que te desnudaras por completo hasta que... que nos sintiéramos más en confianza. A mí no me importa, estoy acostumbrada a ver modelos desnudos, pero a veces los hombres tienen ciertos... "inconvenientes" durante las sesiones.
Un modelo, alguien que posa frente a ella, no una persona. Eso era todo Gaara para ella, un trozo de carne con buenas medidas, lo mismo que sería un montón de arcilla para un escultor o un bloque de madera para un tallador. Pero ciertamente, él seguía siendo alguien vivo, un chico joven y sano, y ciertamente no querría sufrir ninguno de esos "inconvenientes" que mencionaba su clienta.
- Dame dos minutos, y enseguida salgo - aceptó, antes de meterse en el baño.
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Con la toalla firmemente asegurada alrededor de su cintura, Gaara se pasó casi veinte minutos escuchando las indicaciones de Ino sobre cómo colocarse, hacia dónde mirar, levanta ese brazo, flexiona esa pierna, gira la cabeza hacia allí, no te muevas, no suspires, no fuerces el músculo que se deforma el ángulo... y un montón de cosas más. Pero eso no fue lo peor, qué va... cuando por fin todo estuvo al gusto de la chica, resultó que ya no se podía mover. Ni un ápice, ni un solo pelo... ¡durante casi tres horas! En mal momento comprendía el porqué ella le había aconsejado utilizar el retrete antes de empezar.
La próxima vez le haría caso, sin duda. Y tampoco bebería nada.
- Estás aguantando muy bien, Gaara - reconoció ella en algún momento, tal vez para darle ánimos - No sabes lo mucho que te lo agradezco. Sé que esto debe resultarte tremendamente aburrido.
- ... ... ...
- Me gustaría poder hacer algo para que la espera se te haga más fácil, pero las otras veces que lo he intentado ha resultado ser un error. Una vez le puse música a uno de los modelos, y no dejaba de hacer tics inconscientes con el ritmo, era imposible dibujarle así.
- ... ... ...
- También probé a dejarle leer un libro de su elección a una chica, con una criada pasándole las páginas cuando se lo indicase con un movimiento de ojos. Y resultó que en un momento dado se echó a llorar porque era una novela tristísima.
- ... ... ...
- Esto... Gaara, puedes contestarme si quieres. En este momento estoy bosquejando las líneas de tu pie derecho, puedes mover la boca.
- ... No es que tenga mucho que decir tampoco. Cierto que estoy aburrido, pero nunca he sido alguien de muchas palabras.
- Ya veo, discúlpame - se lamentó Ino - ¿Preferirías seguir en silencio hasta que terminemos?
- Eso depende de ti. Tú eres la clienta y la que paga, por lo tanto, debo hacer lo que digas para ganármelo.
Ino abrió la boca, asombrada de su poca delicadeza, aunque por supuesto él no podía verlo.
- Creo que, para ser alguien de pocas palabras, por hoy ya has dicho suficientes.
De modo que continuaron en silencio hasta el final de la tarde. Su despedida fue meramente un acuerdo para su próxima sesión, y mientras Gaara estiraba sus músculos agarrotados una vez ya en la calle, no podía decidir si la esperaba con ganas o con fastidio.
