Ep. 3: El señor papá

El sonoro timbre de la universidad anunció el final de las clases por ese día. Entre los alumnos que se apresuraban en recoger sus cosas y marcharse, había uno en concreto que no parecía tener prisa ninguna, a juzgar por la parsimonia de sus movimientos.

- ¡Hey, Gaara! - le saludó animadamente un rubio de ojos azules, asomando la cabeza por la puerta - ¿Te vienes a tomar algo con la pandilla?

- Naruto, ¿cómo has llegado aquí tan rápido? - se sorprendió Gaara - Tu edificio está en la otra punta del campus.

- No he tenido la última clase de hoy, Yuuhi-sensei se puso de parto esta mañana. ¿Te vienes?

- No puedo, me toca trabajar - resopló el pelirrojo con algo de fastidio, saliendo del aula - Ino me estará esperando.

- Oh, comprendo... No queda bien hacer esperar a una linda chica, ¿verdad? - sonrió Naruto con picardía - No te entretengo entonces, no quiero que llegues tarde a tu cita por mi culpa.

- No es esa clase de cita. Ni siquiera es una cita en absoluto, sino un... compromiso. No, es una sesión de trabajo. Eso es, trabajo.

Gaara decidió callarse, porque cuantas más explicaciones intentaba darle a su atolondrado amigo, por alguna razón más avergonzado se sentía.

- Pues para ser "trabajo", te veo mejor vestido que de costumbre. ¿Cuándo compraste esta cazadora? ¿Es nueva, dattebayo?

- No, me la regaló Temari el año pasado, cuando le dije que me vendría a Konoha, pero no la había estrenado todavía - explicó - Y claro que tengo que ir bien vestido, si trabajo de modelo.

- Modelo nudista - recalcó Naruto - Lo cual hace que esto no tenga sentido. ¿Para qué vestirse tan bien, si para que ella te tenga en cuenta debes desnudarte?

- No es nudismo, es... es arte. Y ya déjame tranquilo.

- Oye, Gaara...

- ¿Y ahora qué, Naruto?

El Uzumaki se plantó de repente frente a él, sonriendo burlonamente e impidiéndole seguir caminando.

- ¡Te has sonrojado, dattebayo! - gritó, riéndose.

- No... ¡no es cierto! - negó el pelirrojo, pero se llevó una mano a la cara y, ciertamente, estaba más caliente de lo normal.

- ¡Sí que lo es, sí que lo es! Oye Gaara, dime una cosa. Cuando estás posando y ella te mira de arriba abajo, ¿no sientes... nada?

- ¿Qué clase de pregunta es esa? - inquirió él, confuso - ¿Qué se supone que debo sentir?

- Pues, ya sabes - Naruto definitivamente nunca sería bueno explicándose - Me refiero a que... ¿no te estimula? Vamos, si yo tuviera una hermosa chica mirándome durante horas como mi madre me trajo al mundo, con toda seguridad se me levantaría.

Gaara por fin captó de qué estaba hablando su amigo, y sin poder evitarlo, sintió que su sonrojo crecía.

- No digas tonterías, Naruto. Esto es trabajo, y hablas como si fuera una relación personal. En primer lugar, tan sólo he tenido la primera sesión con Ino, y me puse una toalla en la cintura; y en segundo, ¿cómo sabes que es hermosa?

- Sakura-chan me enseñó una foto de ellas dos cuando se matricularon en la universidad. Son amigas desde pequeñas, ¿sabías? Y también Shikamaru y Chouji la conocen, creo que son vecinos desde siempre, y que sus padres estudiaron juntos y no sé qué más. Que vamos, prácticamente es una más del grupo. Deberías invitarla a salir un día con nosotros... aunque cuídate de que Kiba no se te adelante, casi babeaba por ella.

- Te repito que Ino no es nada mío - insistió Gaara, desviando la mirada - Me pagará por hacerle un servicio, nada más. Por mí le puede babear encima quien guste.

- Con esa actitud pronto te dejará por otro. Sé más amable, dattebayo.

Un hondo suspiro brotó de la garganta del Sabaku, desistiendo de explicarle a su amigo la no-existente relación con la chica de larga cabellera... la cual, por cierto, ya debía estar esperándole en casa.

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El austero mayordomo denominado como Wilson no pareció más feliz de verle de lo que había estado la primera vez. Gaara simplemente le ignoró, y le siguió cuando Wilson le condujo ceremoniosamente a la alcoba de lady Ino.

- Señor Wilson - le preguntó Gaara, incapaz de retener su curiosidad - La vez anterior, cuando me presenté, dijo que a milord no le iba a gustar esto. ¿Puedo saber a qué se refería?

- Un criado respetable no debe hablar de sus amos a sus espaldas - respondió el hombre con seriedad - Si en verdad desea saberlo, Gaara sir, le recomiendo que le pregunte directamente a lady Ino.

Tras llamar a la puerta de la joven y obtener su permiso, Wilson abrió y le dejó paso a Gaara, haciendo una pequeña reverencia antes de retirarse.

- Buenas tardes, Ino.

- Hola, Gaara. ¿Estás listo para empezar? Ya lo tengo todo preparado.

- Sí, enseguida me cambio, pero quería preguntarte algo antes. Tú... ¿tienes permiso de tus padres para contratarme?

- ... Por supuesto que sí. Bueno, más o menos - titubeó la chica, antes de apartar la mirada ferozmente - Soy una mujer adulta, ¡no necesito el permiso de nadie! Y el dinero que te pagaré también lo he ganado yo misma, de modo que tengo derecho a gastarlo como me plazca.

El pelirrojo entornó una ceja ante semejante respuesta, no satisfecho del todo. Lo que ella había dicho era cierto, no necesitaba el permiso de sus padres para esto, pero siempre ayudaba tenerlo. Varios de sus compañeros se habían visto implicados en conflictos familiares, cuando a ellos el asunto ni les iba ni les venía, y no quería pasar por una situación semejante.

- De todas maneras, preferiría si me dieras una respuesta clara.

Ino le sostuvo valerosamente la mirada por un momento, sin decir palabra, pero acabó por rendirse ante la presión de esos profundos ojos aguamarinos.

- Está bien - suspiró derrotada, llevándose una mano a la frente - A decir verdad, sí tengo permiso de mi padre para contratar un modelo. Es solamente que... bueno, digamos que él esperaba que contratase a un modelo artístico profesional, no a un compañero de la universidad.

- ¿Por qué?

- Supongo que por la mentalidad. Papá debe creer que un modelo sacado de quién sabe dónde saltará sobre mí con intenciones depravadas si le pido que se desnude para mí, o algo por el estilo. Los profesionales en cambio saben guardar la compostura.

En su fuero interno, Gaara tuvo que coincidir con el punto de vista del hombre, aunque optó por callarse su opinión. Él también pensó lo que no era cuando conoció a Ino y descubrió de qué trataba la solicitud de servicio. Y eso que ni siquiera se trataba de su hija.

- ¿Y tu madre qué piensa al respecto?

- Mi madre no tiene nada que pensar - la voz de Ino se suavizó con un tono de tristeza - Falleció cuando yo era pequeña.

- Oh... lo siento.

El ambiente se había tornado algo incómodo entre ellos, y Gaara maldijo por no saber cómo remediarlo. Las situaciones sociales nunca habían sido su punto fuerte, y esa era una de las razones que le habían impulsado a alejarse de casa, buscando entornos más relajados e informales. Aunque, por una vez, hubiera agradecido conocer la etiqueta protocolaria a seguir en estos casos.

- Bueno, no perdamos más tiempo - dijo Ino de repente, recuperando su habitual entusiasmo - En el baño ya lo tienes todo preparado para cambiarte, así que venga, ¡a trabajar!

El chico no se hizo esperar, y al cabo de unos minutos volvía a estar casi desnudo posando, con Ino a pocos metros medio oculta tras el lienzo y el caballete. La joven había recogido su largo cabello rubio en un moño, evidentemente para que no la estorbase mientras bosquejaba. El silencio había vuelto a ser agradable, pero mientras ella estaba entretenida con su labor, no pudo evitar el pensar que Gaara debía estar aburriéndose muchísimo.

- Ya sé que el otro día nuestro intento de conversación no fue muy bien - comenzó - pero puedes hablarme si quieres. Si en algún momento necesito que estés en silencio a causa del dibujo, te lo diré.

- ... No es que no quiera hablar, es que realmente no tengo nada que decir - replicó el Sabaku - Además, tampoco quiero distraerte.

- Puedo tolerar algo de charla mientras dibujo, no te preocupes.

- ... ... ...

Un nuevo silencio llenó la habitación por unos minutos. Gaara no pretendía ignorarla, es que estaba pensando en algo que decir. Esto de la comunicación tampoco se le daba muy bien.

- Yo... - se animó a decir al fin - no soy muy bueno con las palabras, discúlpame. Pero si me hablas, intentaré responderte.

- De acuerdo - aceptó Ino - ¿De dónde vienes?

- De Suna, en el País del Viento.

- ¿En serio? - se sorprendió ella, asomando la cabeza de detrás del lienzo - Espera, si eres un Sabaku de Suna, eso significa... ¿eres el hijo del gobernador Tadashi, el Kazekage?

- Sí.

- Ya veo. Bueno, lo lamento por ti - y volvió a ocultarse.

Gaara fijó sus ojos en ella (o lo que veía de ella) ante su último comentario. ¿Por qué decía eso? Normalmente, cuando la gente se enteraba de que estaba relacionado con el Kazekage, sólo veían la parte "brillante": riqueza, posición social, conexiones con los altos cargos de otros países...

- ¿Por qué dices que lo lamentas?

- He oído cosas, como que en Suna son muy rígidos con la etiqueta y eso. Sé que un poco de protocolo es necesario, pero allí se toman las cosas demasiado a la tremenda. Mi padre ha estado varias veces allí, y dice que las reuniones sociales son... abrumadoras. Aunque no puedo opinar en el ámbito familiar, desde luego.

- No hay mucha diferencia, en realidad. Al menos en lo que se refiere a mi padre.

El tema parecía ser incómodo para él, de modo que Ino preguntó otra cosa.

- ¿Y qué estudias?

- Ciencias políticas.

- ¡Ja ja ja! - se rió la rubia - Dices que no eres bueno con las palabras, ¿y decidiste estudiar política? ¿Cómo llevas la asignatura de relaciones diplomáticas?

- No soy bueno hablando, pero puedo escribir cartas y tratados. Estaré bien si simplemente leo un discurso.

- Algunas veces es necesario improvisar para llegar al corazón de la gente, Gaara. Para que te apoyen, no basta con que sepan qué eres... debes mostrarles quién eres en realidad.

- Es precisamente porque quiero demostrar quién soy que me fui de Suna.

- ¿Y elegiste Konoha para ello? ¿Por qué no fuiste a la Universidad de Ame?

- Las relaciones con el País de la Lluvia no son muy buenas en este momento. Además, en Konoha tengo algunos amigos.

- Ah, en ese caso te entiendo - asintió Ino, sonriente - Los amigos son algo muy importante.

- Por cierto, hoy Naruto me dijo que tú y Sakura sois amigas desde la infancia. Y que eres vecina de toda la vida de Shikamaru Nara y Chouji Akimichi. Eso me llamó la atención.

- ¿Por qué?

- Es una casualidad. Shikamaru Nara es el estudiante con el que intercambié mi plaza en la universidad.

- ¡Ah, de modo que eres tú! - volvió a reírse la chica, divertida - No sabía que procedes del programa de intercambio de estudiantes. ¿Cómo es la Universidad de Suna?

- Cambia un poco dependiendo de la facultad, pero por lo general es rígida, muy estructurada. Yo nada más conozco el área de ciencias políticas. ¿Qué estudia tu amigo?

- No lo sé exactamente, intentó explicármelo pero no acabé de entenderle - dudó ella - Sé que es una especialidad en matemáticas... estudia probabilidades, estadísticas, proyecciones y cosas así.

- Suena un poco aburr-

- ¡ ¡ I-N-O ! !

El imponente grito vino acompañado por el estruendo de la puerta azotando la pared, al ser abierta con demasiada fuerza. A Ino, sobresaltada, se le fue la mano y trazó un borrón en su boceto; Gaara, por su parte, estaba tan concentrado en que no debía moverse mientras la chica le dibujaba, que realmente no lo hizo. Ni uno solo de sus músculos se movió un ápice... si acaso, el susto tan sólo le había paralizado más.

- Ino, mi hermosa flor, mi hijita adorada... ¡¿se puede saber por qué está este joven desnudo en tu habitación?! - vociferó al borde del llanto un angustiado hombre rubio.

- Es mi novio, papá - respondió ella con toda calma, girándose en dirección del recién llegado y prestándole toda su atención - Estamos haciendo travesuras de tipo carnal, y nos has interrumpido.

- ¿En serio? Lo siento, tesoro, no pretendía... ¡NO, NO ES VERDAD! - gritó de nuevo, al contemplar la escena en su conjunto - ¿Por qué está tu caballete aquí, entonces? ¿Y este lienzo? ¿Y el carboncillo? ¿Y los pinceles? ¡¿Y... todo?!

- Ay, papá... - suspiró Ino cansinamente - De acuerdo, lo confieso. No es mi novio, es el modelo que contraté para hacer mi proyecto de arte.

- ¿Modelo? - Inoichi dijo entonces su mirada en Gaara, quien seguía estático en su sitio - ¿Cómo te llamas, muchacho? ¿De qué academia vienes? ¿O acaso vienes recomendado por un museo o galería?

- Se llama Gaara Sabaku - respondió la chica por él - Y no viene de ninguna academia. Es un compañero de la universidad, le contraté por medio del programa laboral Jóvenes para todo.

- ¡¿Compañero de la universidad?! - se exaltó su padre nuevamente - ¡Ino, esto no es lo que habíamos acordado! Te dí permiso para contratar un modelo competente, no para esto.

- ¡Yo nunca te dije que contrataría a un profesional! - replicó Ino, molesta - Aquí no hay trampa ni engaño, te dije que necesitaba un modelo para posar desnudo y tú simplemente diste por hecho lo que quisiste. Además, esto es más barato.

- El dinero es lo de menos aquí, florecita. Quiero lo mejor para ti, y ciertamente un jovenzuelo que ni siquiera se digna a mirarme a la cara no me parece que lo sea.

- Lo haría si pudiera, pero no puedo - habló Gaara por fin.

- ¿Ah, no? ¿Y puede saberse qué te lo impide?

- Si me moviera, estropearía el trabajo de Ino.

Y de repente hubo silencio. No más gritos, no más acusaciones ni reclamaciones... Apenas unos segundos después, comenzaron a oírse los lentos pasos de Inoichi Yamanaka en su dirección, ahogados por la moqueta del dormitorio, hasta que finalmente entró en el campo de visión del pelirrojo. El padre de Ino tenía unos penetrantes ojos verdes, en cierto modo similares a los suyos propios, aunque de otro tono; largo cabello rubio como su hija, si bien más oscuro; y un rostro expresivo que en ese momento parecía estar escrutándole hasta el alma, a juzgar por su mueca de desconfianza.

- ¿Qué puede importarte el trabajo de mi hija? Si de todas maneras recibes tu dinero... no, de hecho, ¿por qué no te pago ahora mismo y te vas por donde has venido?

- No puedo hacer eso, Yamanaka-sama. Primero, no me sentiría bien aceptando dinero por un trabajo que en realidad no habré hecho, y segundo... fue su hija la que me contrató, no usted, por lo que no tiene autoridad para despedirme. Si tanto le desagrada mi presencia aquí, nos buscaremos otro lugar donde trabajar hasta que mi servicio haya concluido.

- A pesar de ser tan joven, hablas con mucha propiedad, chico - el gesto de Inoichi pasó a uno más cordial - ¿Eres estudiante de leyes?

- No, señor. Ciencias políticas.

- Bah, al caso es prácticamente lo mismo.

No lo era en absoluto, pero Gaara se abstuvo de contradecirle.

- ¿Y bien, papá? ¿Qué te parece? - Ino se plantó ante su padre con ojos enormes, sonrisa irresistible y manos juntas en actitud implorante - ¿Me lo puedo quedar, me lo puedo quedar? ¡Dime que sí, porfa, papi!

- Ugh... - trató de negarse él, ante la carita de cachorrillo con que su hija le chantajeaba - Supongo que sí. Pero debes cuidarle bien, ¿entendido, princesa? Yo no pienso ocuparme de él.

- ¡Sí, gracias! - la chica le saltó encima, estrujándolo en un abrazo - ¡Te quiero, papi!

- No soy una mascota - protestó débilmente Gaara.

Pero fue ignorado por ambos rubios, perdidos en su mundo de amor familiar.

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Un ruido sordo se oyó en el amplio y soleado estudio de la casa Yamanaka cuando Gaara posó el maltratado boceto de Ino sobre el caballete.

- ¿Crees que podrás arreglarlo? - preguntó el chico dudoso, mirando el tachón ocasionado por el susto anterior - Yo no entiendo de arte, así que no sé lo grave que es esto.

- Tranquilo, no te preocupes - le quitó importancia Ino - Intentaré borrarlo y algo lograré, pero incluso si no queda perfecto, esto no es más que un borrador. La pintura real la haré en otro lienzo más grande, uno a escala 1:3 comparado con éste.

- Oh... creí que posaba ya para el original.

- En absoluto. Carezco del talento natural para ello, siempre hago borradores y pruebas antes de intentar los proyectos reales.

Ino se detuvo frente al bosquejo, contemplándolo con una vaga sonrisa que poco a poco se escurrió de su hermoso rostro, dando paso a una expresión mezclada de resignación y pena. Gaara la observó en silencio, inquieto, no sabiendo decir qué le ocurría a la rubia, ni pudiendo decidir si debía interrumpir sus pensamientos y sacarla de aquella especie de trance en el que parecía haberse sumido.

- Me pregunto si a mi madre le hubiera gustado - habló ella de repente, con suavidad - Ella sí que era una gran artista.

- ¿Lo era? ¿Se dedicaba a pintar o algo así?

- No, no es eso. Quizás algún día te lo cuente - Ino desvió rápidamente la conversación hacia temas más alegres, mirando a su alrededor - Qué bien que papá nos permitiera continuar con el trabajo en casa, y poder mudarnos al estudio. Aquí es donde debería haber empezado desde el principio, pero no quería que lo descubriera antes de tiempo. Aunque al final acabó haciéndolo de todas formas, incluso ocultándote en mi dormitorio... pero me alegro de que todo haya salido bien.

- Si tú lo dices - para Gaara, realmente no había diferencia entre posar en una habitación u otra.

- Por hoy ya hemos terminado. Te acompañaré hasta la puerta.

- No te molestes, no es necesario. Conozco el camino.

- ¡No es molestia! Ya que ahora cuento con el permiso de mi padre, no tengo que tratarte como un infiltrado. Eres más bien... un invitado recurrente.

- Ah, supongo que he subido de status.

Una cantarina risa brotó de la garganta de la chica. Gaara la miró en silencio, extrañado, pues no pensaba haber dicho nada gracioso, pero no la interrumpió. Se dio cuenta de lo musical que resultaba su risa, recordó la suavidad de su voz al hablar con su padre, su sonrisa amable al dirigirse al mayordomo... le costaba encajar todo eso con la artista entregada que era, o con la enérgica chica que le había abofeteado a pocos minutos de conocerse. Ino era en verdad polifacética.

- Te espero de nuevo el jueves, Gaara - se despidió ella, abriendo la puerta - Hasta pronto.

- Hasta el jueves, Ino.

Y se marchó, oyendo el sonido de la puerta cerrarse a sus espaldas. Y mientras recorría el sendero de grava que conducía a la calle, por alguna razón tuvo que luchar contra las ganas de girar la cabeza y comprobar una última vez que la chica ya no estaba ahí.