Ep. 4: Tiempos perdidos
El siguiente día que Gaara atravesó la puerta de la mansión Yamanaka, Wilson le recibió con una sonrisa seria y formal, pero desde luego más agradable. Al parecer, el hecho de que lady Ino ya no estuviera practicando sus actividades a escondidas de su padre suponía un alivio para él.
- Bienvenido, Gaara sir - se inclinó levemente el mayordomo - Permítame acompañarle al estudio, donde lady Ino le espera. ¿Desea tomar algún refrigerio?
- No es necesario, gracias. ¿Está Yamanaka-san también en casa?
- Milord no suele encontrarse aquí a estas horas. Usualmente regresa sobre las 21.00h, después de atender sus negocios.
Gaara quiso preguntarle qué negocios eran aquellos, pero ya la vez anterior le había aconsejado preguntar lo que quisiera saber directamente a Ino, de modo que no quiso molestarle de nuevo. Como todo buen mayordomo inglés, Wilson parecía respetar la privacidad de sus señores sobre todas las cosas.
- Buenas tardes, Ino - la saludó en cuanto entró en el estudio.
- Hola, Gaara. ¿Qué tal te ha ido hoy?
El chico se quedó un poco cortado por la sencilla pregunta, a la cual no estaba muy acostumbrado.
- Bien, supongo... gracias.
- ¿Supones? ¿Es que ha ocurrido algo? - se preocupó ella.
- No, nada en particular. Es que... no es algo que me pregunten a menudo.
Por no decir nunca, añadió para sí.
- ¿No? Entonces, ¿qué te dicen cuando llegas a casa?
- ¿Quién me dice qué? - preguntó Gaara a su vez, confuso - Vivo en una habitación de la residencia de estudiantes, la gente va y viene constantemente. No hay nadie en especial esperándome allí para recibirme cuando llego.
- Oh, claro. Perdóname, no había caído en ello.
El pelirrojo se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. En su opinión, no la tenía en absoluto, así que tomó la toalla que Ino le ofrecía y se metió al pequeño aseo adjunto al estudio para cambiarse.
El trabajo fue bien ese día. Tras las dos primeras sesiones, Gaara ya se sabía la pose que Ino necesitaba, y la chica apenas tuvo que hacerle un par de comentarios para corregir su postura en algunos lugares para que quedara perfecto. También el ambiente se sentía mejor, ahora que ya se conocían un poco; todo era más relajado, más cálido. Sin embargo, a pesar del agradable silencio en el que estaban, hubo un pequeño detalle que poco a poco comenzó a molestar a Gaara, aunque no se imaginaba por qué...
Era precisamente ese silencio perpetuo lo que empezaba a incordiarle. Las veces anteriores, Ino había iniciado una conversación al cabo de un rato trabajando, y el chico estaba esperando que lo hiciera otra vez... pero al mirar la serena y concentrada expresión de la rubia, supuso que hoy no estaba por la labor. O quizá pretendía que fuese él quien le hablase en esta ocasión, todo era posible.
- ¿Ino? - murmuró apenas su nombre, no queriendo interrumpirla.
- ¿Sí? - contestó ella, prestándole atención - ¿Has dicho algo?
- No, nada.
De nuevo el silencio, e Ino se enfrascó en su lienzo otra vez. Gaara se hubiera mordido la lengua por la frustración, pero no lo hizo porque seguramente alguno de sus músculos se movería de más y ella lo notaría. Al cabo de un rato, decidió volver a intentarlo:
- Ino - la llamó, con más firmeza esta vez.
- ¿Qué?
- ... ... ...
- ¿Necesitas ir al baño? - inquirió Ino, desconcertada - ¿Quieres que hagamos una pausa? Podemos descansar un rato.
- No es eso.
- ¿Qué ocurre entonces?
- ... Ino, es que yo...
- ¿Sí? - insistió la Yamanaka, al ver que él no continuaba.
- ¡¿No vas a hablarme hoy?! - exclamó Gaara de sopetón, sacándoselo por fin de dentro.
Por un momento, Ino se le quedó mirando sorprendida, hasta que la risa se escapó de entre sus labios.
- ¡Ja ja ja! - se reía con diversión - ¡Oh, Kami-sama, no puedes hacerte una idea de lo mono que has estado al decir eso! ¡Ja ja ja!
- ... No tiene gracia.
- Claro que la tiene, ja ja, ¿no ves cómo me estoy riendo?
Incapaz de hacer nada para detenerla, Gaara prefirió callarse y aguardar a que la chica se calmara.
- Lo siento, lo siento, ja ja... - dijo ella al fin - Perdóname, no quería ofenderte.
- No me has ofendido.
- Bueno... avergonzarte, creo que sería un término más apropiado.
- ... ... ... - eso él no pudo negarlo.
- ¿De verdad quieres que te hable? No estaba segura de si nuestras conversaciones suponían una ayuda para ti o un fastidio añadido.
- Escuchándote al menos se me pasa el tiempo más rápido. Además, me gusta el sonido de tu voz.
Ino meditó acerca de su comentario durante unos breves segundos.
- Gracias, supongo. ¿Es eso un cumplido?
- No, es meramente la constatación de un hecho.
Su escueta réplica hizo que Ino levantara una ceja, preguntándose qué se le ocurriría decir el día en que realmente se atreviera a piropear a una chica. Para el poco tiempo que conocía a Gaara, ya se había dado cuenta de que las pocas veces que él hablaba, lo hacía francamente y con poco o ningún tacto. Tal vez fuera por el rechazo que había mostrado hacia la rígida etiqueta de Suna, que le hacía apartarse de toda charla ceremoniosa.
- ¿De qué quieres hablar? - preguntó la joven, centrándose nuevamente en su lienzo de dibujo.
- De cualquier cosa, no me importa el tema.
- Bueno, pues... háblame del programa laboral de la universidad. ¿Cómo es estar en Jóvenes para todo?
- ¿No lo sabes? - se extrañó Gaara - La mayoría de "la pandilla", como nos llama Naruto, está adscrita al programa, incluida Sakura Haruno. ¿No te ha contado ella nada?
Ino se tensó un instante al escuchar ese nombre, aunque él no podía verlo.
- No, no me ha contado nada. Tampoco es que le haya preguntado - confesó - Hace ya algún tiempo que Sakura y yo no... digamos que nuestra relación no es lo que solía ser. De hecho, hacía bastante tiempo que ni siquiera hablábamos hasta que le pedí ayuda respecto a este servicio, aprovechando que es familiar de la rectora Tsunade.
- ¿Por qué? Creía que erais mejores amigas.
- Lo somos... o más bien lo fuimos. ¿Tal vez lo seamos todavía? - dudó - La verdad es que no lo sé. Cierto que nos hemos distanciado, pero... tampoco sé la opinión de Sakura al respecto. ¿Quieres saber lo que pasó?
- No, no es asunto mío. Pero - añadió el Sabaku rápidamente, picado por la curiosidad - si de todas maneras quieres contármelo y desahogarte, te escucharé.
Hubo silencio un momento, como si Ino estuviera pensándoselo, pero finalmente suspiró y decidió liberarse de esa carga.
- Conozco a Sakura desde que teníamos siete u ocho años - comenzó a rememorar - Las demás niñas la molestaban por su frente, pero yo estaba segura de que en realidad le tenían envidia, porque Sakura era más linda y lista que ellas. Un día la protegí y le regalé un lazo rojo para sujetarse el cabello, así fue como nos hicimos amigas.
La voz de Ino se había vuelto melancólica, como si no pudiera decidir si esos recuerdos le traían alegría o tristeza.
- Un día, no me acuerdo cuándo exactamente... tendríamos doce o trece años, Sakura me dijo que le gustaba un niño de nuestra clase, Sasuke.
- ¿Sasuke? ¿Sasuke Uchiha, el amigo de Naruto?
- Sí, ese mismo. El problema era que... a mí también me gustaba. Bueno, a mí y a casi todas las niñas del colegio, en realidad. Sasuke fue un crío muy mono, aunque ya desde pequeño tenía esa actitud arrogante y fría. Por lo que sé, no se puede decir que haya cambiado con los años.
Estás en lo cierto, pensó Gaara. Él no tenía ningún problema personal con el Uchiha, pero tampoco es que fueran cercanos precisamente. Su relación era amistosa, pero no especialmente profunda.
- El caso es que, cuando se lo dije a Sakura, pareció afectarle mucho. A día de hoy, todavía no comprendo qué pasaba por su cabeza... pero nuestra amistad comenzó a deteriorarse después de eso. Ninguna lo expresamos claramente, pero las cosas ya no eran lo mismo. Además, para el curso siguiente nos tocó en clases diferentes, ella con suerte de quedar junto a Naruto y Sasuke. A partir de ahí nos distanciamos más y más. Como ya te he dicho, hacía tiempo que ni siquiera hablábamos hasta que le pedí este favor.
- En el pasado de todas las personas hay cosas que hubieran preferido cambiar, cosas que sucedieron o no pudieron evitarse - opinó Gaara, con la cabeza fría - Ciertamente, no me parece que ésta sea una de ellas.
- ¿A qué te refieres?
- Tú misma has dicho que no entiendes qué estaba pensando Sakura. ¿Por qué no le preguntaste?
- No sé... supongo que tuve miedo de estropear aún más las cosas. Ya no me acuerdo, fue cuando éramos pequeñas. Además, Sasuke...
- ¿Qué pasa con él?
- Cuando Sakura me confesó que él le gustaba, creí que acabarían juntos al crecer. Él siempre era hosco con todas las chicas que se tiraban a sus pies, pero con Sakura... bueno, no diré que era amable, pero... uh, menos desagradable, por decirlo así. Si yo me le colgaba para abrazarle, Sasuke simplemente me ignoraba y me quitaba de encima suyo, pero a Sakura le hablaba y podían trabajar juntos en clase... cosas así.
Si Gaara hubiera podido moverse siquiera un milímetro para mirar en su dirección, la chica habría visto la expresión confundida del pelirrojo, que no sabía cómo darle la noticia.
- Ino... no llevo tanto tiempo en la pandilla como para conocer todas vuestras historias, pero hasta donde yo sé, Sasuke y Sakura nunca han salido juntos. Ni un sola cita. Naruto me contó que Sakura una vez tuvo valor suficiente para confesar sus sentimientos, pero él la rechazó sin contemplaciones.
- ¡¿Cómo dices?! - gritó Ino, furibunda - ¡Oh, ese desgraciado presuntuoso y ególatra...! ¡Espérate que le ponga las manos encima, se va a enterar de lo que es bueno!
- ... Hace ya años de esto, no creo que tenga mucho sentido que vayas a reclamarle nada ahora.
- Ya veo... - suspiró ella, calmándose - Qué remedio, lo siento por Sakura.
- Debió dolerle mucho en su momento, pero ahora parece que es feliz - continuó Gaara - Sale con alguien llamado Sasori Akasuna, un joven empresario. Casualmente, trabaja con Itachi, el hermano mayor de Sasuke.
- Gaara, de veras... - titubeó Ino, indecisa pero sonriendo - ¿De veras es feliz?
- Sí, yo diría que sí. Tienen sus peleas como todas las parejas, pero en líneas generales, les va bien. Al menos Sakura siempre sonríe cuando habla de él.
- Me alegro por ella.
La sinceridad con la que Ino expresó ese sencillo deseo hizo que Gaara se conmoviera un poquito.
- Si el obstáculo de vuestra amistad era Sasuke, ¿por qué no intentáis arreglarlo ahora que ya no estorba?
- Me gustaría, créeme... pero ha pasado ya tanto tiempo, no sé si será posible. No se puede simplemente retomar una amistad que has dejado aparcada desde la infancia.
- ¿Por qué no? - la animó el Sabaku, testarudo - ¿Quién lo dice? Y si no recuerdo mal, has dicho que no conoces la opinión de Sakura al respecto. Tal vez ella quiera hacerlo también, pero al igual que tú, no sepa por dónde empezar.
- Pero bueno, ¿en qué momento de los últimos diez minutos te has convertido en mi psiquiatra? - se rió Ino, divertida por la situación - ¿Qué recomendaría usted hacer en este caso, Sabaku-san?
- Recomendaría repetir el último gran momento juntas antes de que todo se estropease - reflexionó Gaara, ignorando su burla - ¿Cuál fue?
- ¿Que cuál fue? - repitió Ino, pasmada al ver que él lo decía en serio - No lo sé, ¿cómo voy a recordarlo después de tanto tiempo? Tuve muchos buenos momentos con Sakura.
- Haz memoria, entonces. Recuperar una amistad bien merece el esfuerzo.
Ninguno de los dos se había dado cuenta, pero ya hacía un rato que Ino no trazaba nada en el lienzo, la mano que sujetaba el carboncillo descansando sobre el borde del caballete; por su parte, también Gaara había realizado una serie de movimientos inconscientes, por lo que si bien su postura general seguía siendo correcta, ya no se asemejaba ni de lejos a la perfección que la chica requería.
- Yo... creo... creo que fue un par de días antes. La invité a mi casa junto con otras amigas para hacer una fiesta de pijamas - la voz de Ino estaba a punto de traicionar la emoción impregnaba en el recuerdo - Iba a ser como nuestra despedida, porque al año siguiente ya seríamos estudiantes de instituto, y ese tipo de reuniones nos parecían algo cada vez más infantil. Fue... fue la mejor fiesta de pijamas de todas - y muy pesar, tuvo que limpiarse una lágrima que traidoramente se deslizó por su mejilla.
- Organiza otra fiesta de pijamas entonces, e invita a Sakura.
- ¡No, no! ¿Me tomas el pelo? - negó la chica, soltando una carcajada sarcástica - ¿Qué cara crees que pondría si le vengo así de repente con semejante idea? Ya no estamos en el colegio, Gaara, sino en la universidad. Pensaría que me burlo de ella.
- ¿Qué importa que estéis en la universidad? Se trata de una oportunidad para divertirse y recuperar antiguos lazos. ¿Realmente importa tanto de qué evento se trate?
- ... Supongo que no, no importa. Pero que no, definitivamente no pienso hacerlo. ¿Y por qué te importa tanto esto?
Gaara no supo qué contestar, pues ni él mismo sabía la respuesta. Ese asunto ni le iba ni le venía, no tenía nada que ver con él... pero sencillamente, valoraba demasiado el sentimiento de amistad como para mantenerse ajeno ante una que estaba siendo desaprovechada, muriendo un poquito más a cada día que pasaba. En su fuero interno, sentía que no podía permitirlo... que no quería permitirlo.
- No me importa - admitió con sinceridad, abandonando del todo el posado y caminando hacia ella - Lo hagas o no, a mí no me afectará en absoluto. Es solamente que me da pena. A ti, cuando piensas en Sakura... ¿no te duele algo aquí adentro? - preguntó, aferrándose el corazón - ¿Por qué quieres retener ese dolor en lugar de curarlo?
- ... Es obvio que no sabes la cantidad de cosas divertidas y tremendamente ridículas que se hacen en una fiesta de pijamas, Gaara - intentó escaquearse Ino, reacia todavía ante la idea - No es el tipo de cosas a las que juegan chicas mayorcitas.
- Enséñame entonces - se ofreció Gaara en un impulso - Me gustaría saberlo. Todas las "fiestas" a las que he asistido eran reuniones protocolarias con altos cargos de Estado, sumamente aburridas. La única excepción fue una fiesta que Naruto montó en mi nombre en la residencia de estudiantes cuando me mudé... y prácticamente no conocía a nadie.
- Sí, puedo imaginarme a Naruto haciendo eso - sonrió - Pero realmente no creo que una fiesta de pijamas sea lo tuyo.
- Deja que sea yo quien decida eso.
Y ésa fue una petición que Ino no pudo negarle, porque a fin de cuentas, ella no tenía derecho a decidir nada por él. Si el pelirrojo quería pasar una noche haciendo tonterías de niños... o más bien, de niñas, por ella estaba bien. Prepararía palomitas, le pintaría las uñas de los pies, cotillearían de cualquier cosa y fingiría asustarse viendo la película de miedo de turno. Oh sí, iba a ser una noche genial.
- De acuerdo, si tanto insistes... - cedió la chica al fin - Entonces supongo que la sesión de hoy ha terminado. Te avisaré cuando lo tenga todo listo. Ve a vestirte.
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Unos días más tarde, Gaara estaba en el descanso del mediodía, almorzando con Naruto y los demás en la cafetería de la universidad, cuando recibió un mensaje de Ino en el móvil. El sms decía así:
Ya está todo preparado, ¡de modo que ni se te ocurra dejarme tirada ahora! :-( Si lo pensaste mejor, pues mala suerte, ya no puedes rajarte.
El miércoles te espero a las 18.00h en la puerta de mi casa. Tienes que traer un pijama, objetos de aseo y una muda de ropa para el día siguiente. Y también un muñeco de peluche, ¡el peluche es imprescindible! :-)
Bye, bye!
Tras leer el mensaje, una pequeña sonrisa apareció en la cara de Gaara. Al parecer, después de haberla convencido, Ino se mostraba tan entusiasmada como él con la fiesta de pijamas... o eso creía ella, porque en honor a la verdad, el pelirrojo no pensaba asistir. Nunca había sido esa su intención real.
Guardándose de nuevo el móvil en el bolsillo, buscó entre los compañeros sentados a la mesa hasta que halló a la persona que buscaba, una con llamativo cabello rosa.
- ¡Sakura! - la llamó, y cuando ella le prestó atención - Por favor, cuando tengas un momento... necesito hablarte de algo muy importante.
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Llega tarde, refunfuñó Ino para sí misma, mirando por quinta vez el reloj de su dormitorio. Marcaba casi las ocho.
- ¡Señor Wilson! - llamó por el pasillo, tras abrir la puerta - ¿No ha llamado nadie al timbre?
- No he escuchado nada, lady Ino, al igual que las cuatro veces anteriores - se excusó el mayordomo - ¿Podría saber si está esperando alguna visita a estas horas?
- No, en absoluto - negó Ino, ni loca le iba a decir lo que tenía planeado - Es que me pareció oírlo... déjelo, me lo habré imaginado.
Metiéndose de nuevo en su habitación, Ino apoyó la espalda contra la puerta y se dejó escurrir hasta el suelo enmoquetado. Se sentía tan tonta... debía admitirlo, no es que Gaara llegase tarde, si fuera eso estaba segura de que la habría avisado... es que no iba a venir, ésa era la pura verdad. ¿Pero por qué se había mostrado tan insistente entonces? Era ella la que no quería hacer esa estúpida fiesta de pijamas desde el principio.
Eso sí, lástima de palomitas. Se echarían a perder si alguien no se las com-
¡DIN DAN, DIN DON!
Ino interrumpió de inmediato el tren de sus pensamientos. ¿Qué había sido eso? ¿Lo estaría alucinando a fuerza de desearlo tanto?
¡DIN DAN, DIN DON!
No, no se lo estaba imaginando. Era imposible que confundiera el musical timbre de la puerta principal de su casa por otro sonido. ¿Habría venido Gaara después de todo?
- Pues si así es, le voy a echar una buena bronca por el retraso - se dijo Ino mientras salía corriendo de su dormitorio y bajaba las escaleras.
Esta vez era verdad, ¡realmente había alguien esperando en la puerta! Wilson ya se estaba inclinando para recibir al visitante, como de costumbre. Pero cuando Ino finalmente llegó hasta el umbral, y vio de qué persona se trataba, se quedó congelada en el sitio y su corazón dio un vuelco. Definitivamente, no era quien ella esperaba ver.
- Sakura - susurró, apenas creyendo que fuera real - ¿Qué... que haces aquí?
- Pues, yo... he recibido una invitación - respondió la Haruno, titubeando.
Ino la miró confusa por un momento, ¿una invitación? ¿Para qué? Entonces se fijó en la pequeña mochila que cargaba Sakura en una mano, una mochilita demasiado pequeña y vieja para llevar a la universidad... algo que ninguna mujer adulta traería.
El detalle que le dio la pista final, en cambio, fue el cuello de una camiseta que asomaba por debajo de su chaqueta... era un pijama de cerecitas.
