Ep. 5: Fiesta de pijamas
La tensión podría haberse cortado con un cuchillo. Tanto Ino como Sakura se sentían fuera de lugar, las dos allí en la puerta, mirándose y sin saber qué hacer. Por fortuna, el mayordomo tomó la iniciativa al ver la indecisión reflejada en las caras de las chicas.
- Lady Sakura - la saludó formalmente - Hacía mucho tiempo que no nos honraba con su presencia. ¿Desea pasar? - preguntó, dejándole espacio.
- Yo... pues... supongo que sí.
Pero Ino seguía petrificada en su sitio, apenas creyendo que la pelirrosa realmente estuviera allí. Wilson, entonces, carraspeó discretamente para llamar su atención, con lo que la rubia pareció reaccionar por fin.
- Claro, claro que sí... pasa. Ven, subamos a mi habitación.
- ¿Desea que alguna de las criadas le lleve algo para tomar, lady Ino?
Nuevamente la indecisión. Más por costumbre que por otra cosa, asintió.
- Un... un té con leche, por favor.
El mayordomo asintió y se marchó, dejándolas solas. Sin nada que decirse por el momento, Sakura e Ino subieron despacio y en silencio la escalera. Una vez en el dormitorio, la Haruno miró alrededor con una leve sonrisa.
- Es curioso ver que tu habitación no ha cambiado nada en ocho años.
- Sí que ha cambiado - musitó Ino - Antes el color de las paredes era morado amatista cristalino, ahora es morado flor de azafrán.
- Ah, cierto.
Sakura comenzaba a preguntarse para qué había venido, porque ciertamente no era para hablar sobre dos colores de pared que a ella le parecían idénticos.
- Siéntate - le ofreció Ino, señalando los numerosos cojines dispuestos por el suelo - ¿Quieres una manta? Debes tener frío, prácticamente has venido en pijama...
- No, estoy bien - la tranquilizó Sakura, aceptando el asiento - Vine en taxi, no caminando.
- Hoy en día los taxis ya no son tan seguros... o más bien, los taxistas - comentó Ino, meramente por decir algo, sentándose frente a la pelirrosa en otro cojín.
- Hoy en día ya nada es seguro.
- Sí, eso creo también.
Pese a lo que había dicho, la Haruno tiritaba imperceptiblemente bajo su enorme chaqueta. En la calle todavía no hacía tanto frío, pero en la habitación de Ino, el ambiente era casi helado. No había nada que pudieran decirse... o quizá fuera lo contrario, que había demasiadas cosas por decir. ¿Pero por dónde empezar? No era como si hubiera un punto específico que debiera mencionarse primero. Un par de minutos en completo silencio pasaron, y justo cuando Ino comenzaba a preguntarse dónde demonios estaba el té que había pedido, Sakura finalmente dijo:
- Tu casa... huele a palomitas hoy.
Eso la pilló desprevenida, un comentario tan tonto. Todavía no había asimilado del todo la situación, y no sabía qué hacer.
- Sí, es que... una de las criadas encontró una bolsa para microondas a punto de caducar, y me preguntó si se la podía comer.
- Ah... bueno, mejor que se las coma la criada, desde luego. Tú ya tienes bastante con tus kilos.
- ¡¿Mis... mis... MIS KILOS?! - tartamudeó Ino, anonadada - ¿Me estás diciendo que me sobran? Ja, no te lo crees ni tú - replicó Ino, con aire presumido - Lo tuyo es pura envidia porque los tengo bien repartidos justo donde se debe, no como tú, que a los 21 aún sigues plana como una tabla de planchar.
- ¿A quién estás llamando tabla de planchar? ¡Que sepas que ya lleno una copa B! Y además, quién querría tener tu talla, si para sostenerla hace falta un trasero de proporciones descomunales.
- ¡Habló la de frente kilométrica sobre proporciones! Dime, ¿cómo haces para pasar por la puerta? ¿No tienes que agacharte hasta el suelo para que entre tu cabeza entera?
- ¡Si serás...! - gritó Sakura enfurecida - Debe ser que mi cabeza es grande para guardar toda mi inteligencia... dicho lo cual, la tuya no necesitaría ser más grande que una pelota de tenis. ¿Te la inflaron a propósito para poder lucir ese cabello de estropajo?
- ¡Al menos a mí me enseñaron a no pegarme chicles de fresa!
- ¡Pues qué raro, si el rosa es el color por excelencia de todas las imitaciones de Barbie!
- ¡Escuálida!
- ¡Cabeza-globo!
- ¡Piruleta andante!
- ¡Desteñida!
- ¡Palo de escoba!
- ¡Cerda!
- ¡Frentona!
Y así, de repente, las dos se callaron al mismo tiempo y rompieron a reír, rodando por el suelo y sujetándose el estómago por la fuerza de sus carcajadas.
- ¡Ja ja ja, oh Kami-sama, hacía años que no me reía así! - dijo Sakura - ¡Ja ja ja!
- ¡Yo tampoco, ja ja! - confesó Ino - ¡Si mañana tengo agujetas, ja ja ja, será tu culpa!
Y sin darse cuenta, Sakura por fin había dejado de tiritar.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Un par de pisos más abajo, en la cocina, Wilson se apoyaba contra el borde de una mesa mientras removía una cucharita dentro de una taza de té. Apenas una leve sonrisa se mostraba en su cara, que muy fácilmente podría haberse confundido con su habitual expresión formal.
- ¿Frank-san? - le llamó extrañada una criada que pasó por allí - ¿No es ése el té que pidió para Ino-sama?
- Sí, lo es, pero tengo la impresión... - meditó por un segundo el mayordomo, con las risas de las jovencitas llegando muy débilmente a sus oídos - de que ya no le hará falta. Más bien, súbele las palomitas y el zumo que se le antojaron hacer hoy. Yo iré preparando toallas y algodones.
Y ante la extrañada mirada de la criada, Wilson se bebió toda la taza de una sola vez y fue a cumplir con sus deberes.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
- ¿Recuerdas cuando nos subimos a la valla de la casa Uzumaki, el verano que pasamos con Naruto? - rememoró Ino, tumbada boca abajo en el suelo, mirando un viejo álbum de fotos - Pudimos subir, pero después nos dio tanto miedo bajar que Itachi tuvo que rescatarnos a las dos.
- Claro que lo recuerdo - se rió Sakura, mientras escribía algo en su móvil que la rubia no podía ver - Tía Kushina casi nos asfixia entre sus brazos cuando nos tuvo de nuevo en el suelo. La pobre Hinata no dejó de llorar por nosotras hasta la hora de dormir.
- ¿Qué escribes? - preguntó Ino con curiosidad, levantando la vista del álbum.
- Nada, ya he terminado. Estaba mandando un mensaje sin importancia - aseguró la pelirrosa, cerrando el móvil y llevándose un par de palomitas a la boca - Ah, recuerdo esta foto. Tío Minato nos la sacó por sorpresa aquella noche que dormimos en la cabaña, y él se disfrazó de fantasma para asustarnos. Sasuke... - se calló de pronto, temerosa de haber metido la pata.
- ... Y Sasuke - continuó Ino, ayudándola - aprovechando que Itachi había pasado del plan, se hizo el héroe para defendernos a todos. Lo cual sentó fatal a Naruto, empezaron a pelearse sobre quién era más valiente, y al final el fantasma... digo, tío Minato se fue por donde había venido al ver que le ignorábamos. Pobre hombre, ahora que lo pienso me da algo de pena.
- Él se comportaba más como un niño que cualquiera de nosotros - opinó Sakura, e Ino asintió.
- ¡Qué buenos tiempos! - sonrió la rubia, enderezándose y bebiendo de su vaso de zumo - Por aquel entonces solíamos estar siempre juntos, pero ahora... apenas sé lo que ha sido de mis propias amigas en los últimos años. Gaara tenía razón, es muy triste.
- Hablando de Gaara... creo que le gustas.
- ¡PPFFFFFTT! - Ino escupió todo lo que tenía en la boca - ¡Cof, cof, cof!
- ¿Pero qué haces, cerda? - se medio rió Sakura, dándole golpecitos en la espalda - ¿No te parece que estás crecidita para jugar con la comida? Ahora a ver quién limpia eso de la moqueta.
- Hay un... cof, cof... plástico protector por encima, cof cof, no soy tan descuidada - respiró hondo un par de veces - ¡¿Pero qué pretendes, frentona?! ¿Que me ahogue?
- ¿Por qué reaccionas así? Tan sólo he dicho...
- Sé lo que has dicho, ¡no lo repitas! Si me familiarizo con la idea, sea verdad o no, no me traerá más que problemas - la chica se enderezó, segura de sí misma - Además, es mentira.
- ¿Tú crees? - Sakura miró fijamente su reloj de muñeca por unos segundos - Quizá nos haga falta otra opinión, alguien imparcial.
- Sí, claro. ¿Y a quién le piensas preguntar?
- A alguien que debe llegar en 3, 2, 1...
¡DIN DAN, DIN DON!
- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Ino, recelosa, pues ya intuía que su recién recuperada amiga se traía algo entre manos.
- Creo que un elefante bajando por la chimenea.
- Hablo en serio, ¿qué ocurre...?
¡DIN DAN, DIN DON!
- No es más que un timbre, Ino. Concretamente el de la puerta de tu casa. ¿No deberíamos ir a ver?
Ino conocía muy bien ese tono de voz, oh sí, vaya que lo conocía. Puede que no lo hubiera oído en ocho años, pero nada le haría olvidarlo, ni tampoco esa traviesa expresión en la cara de Sakura.
- ¿En qué lío nos vas a meter ahora, frentona? - la acusó Ino burlonamente, pero corriendo a la puerta y siguiéndole el juego.
- ¿Yo? - replicó la pelirrosa inocentemente, mientras la seguía escaleras abajo - ¿Qué podría hacer yo?
- Cuando nos metimos bajo el viejo puente a buscar hadas fue tu idea.
- Sí, y cuando nos encaramamos a la enredadera para saludar al Sol, fue la tuya.
- ¿Y de quién fue la idea de comernos toda la masa para galletas de Navidad de tía Mikoto?
- No sé, creo que de Naruto - pensó Sakura.
- Por supuesto, de quién iba a ser si no.
- Luego Sasuke fue y quemó su muñeco ninja favorito como venganza.
- Menudo par, esos dos...
Ambas habían llegado ya al salón principal, donde estaba la entrada. Una vez más, Wilson, se inclinó en una leve reverencia como muestra de respeto ante los recién llegados.
- Lady Ino - informó cuando la escuchó llegar - Creo que hay más invitadas reclamando su presencia.
- ¿Invitadas? - repitió ella, confusa por el plural.
Y cuando se asomó, se encontró con cinco conocidas caras más.
- Vosotras... qué... - tartamudeó, sonriente - ¡Hinata, Tenten, Shiho, Karin, Yakumo! ¿Qué hacéis aquí?
- Bueno, digamos que Sakura nos envió una señal - trató de explicar Tenten - Por eso hemos venido.
- Yo... yo de verdad que no entiendo nada - admitió Ino, notando que todas ellas, al igual que Sakura, parecían venir en pijama y con una mochilita - Venga, no os quedéis ahí. Pasad, ya conocéis el camino.
- Pues teniendo en cuenta la de años que hace que no nos invitas, que no te sorprenda si se nos ha olvidado - la picó Karin.
- ¡K-karin! - susurró Hinata - No seas tan irrespetuosa.
- Oh, vale. Seré irrespetuosa sólo moderadamente.
Su prepotente comentario no hizo que más que arrancar unas risas al resto de las chicas, quienes conocían de sobra el arisco carácter de la pelirroja, prima de Naruto.
- ¡Wilson-san, por favor, más zumo y palomitas! - pidió la anfitriona, antes de desaparecer con su tropa de amigas escaleras arriba.
El leal mayordomo, sin mediar protesta, simplemente se retiró de nuevo a la cocina a cumplir con lo solicitado. Otra taza de té le esperaba... y parecía que iba a ser una larga noche.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
- Lo tenía todo preparado - confesó Sakura, una vez que las chicas estuvieron reunidas en la habitación de Ino, sentadas cómodamente en los cojines - Desde el momento en que Gaara me avisó, no dudé ni un instante en venir. Pero hacer una fiesta nosotras dos solas habría sido triste, así que les conté el plan a las demás. Quedamos en que si la cosa contigo iba bien, las avisaría para que se unieran también.
- ¿Y si hubiera salido mal? - preguntó Ino.
- Pues simplemente no las avisaba y ya está.
- ¿Qué pensáis hacer ahora? - inquirió Hinata.
- Tengo preparado esmalte de uñas y una película de Freddy Krueger. ¿O preferís el karaoke?
- No, me refería a...
- Déjalo estar, Hinata - le sonrió Sakura - Continuaremos donde lo dejamos, simplemente.
- Se me hace extraño estar todas aquí reunidas otra vez, ya casi no recuerdo la última fiesta - comentó Tenten.
- ¿No fue aquella vez que Karin vomitó el ron de tío Inoichi en las escaleras? - sugirió Yakumo.
- ¡Fue vuestra culpa! - se defendió ella - ¿A quién se le ocurre retar a una cría de 12 años a beber alcohol?
- ¡Seidou-san, esas son las normas de "Beso, verdad o reto"! - se alzó Sakura, señalándola amenazante con el índice - ¡Y usted, señorita, las aceptó como todas las demás!
- Sí, cómo no. Yo a beber ron, y Hinata simplemente tuvo que traer unos calzoncillos del tío Inoichi.
- ¡No... no me lo recuerdes! - se avergonzó la Hyuuga, escondiendo su sonrojado el rostro entre las manos.
- Me pregunto si deberíamos hacerlo otra vez - la desafió Ino.
- Ya no tendría gracia - opinó Shiho - Está más que habituada al ron, Suigetsu siempre la hace beber eso en sus peleas.
- ¡¿Suigetsu?! - corearon todas las demás chicas.
- ¿Qué te traes tú con Suigetsu? - sospechó Sakura - ¿No decías que "ese engendro de sardina importada de Kiri" era el ser más insoportable y repulsivo del planeta?
- ¡Y... y lo mantengo! - gritó Karin - ¡Es su culpa, que siempre me enreda en discusiones tontas y peleas estúpidas!
- Vamos Karin, toda la pandilla sabe que Suigetsu babea por ti - Tenten echó más leña al fuego - En cuanto apareces, es incapaz de apartar la vista de tu trasero.
- Si ese atún con patas babea, es problema suyo - la pelirroja ignoró a propósito la segunda parte.
- Ahora entiendo que Sasuke se haya hecho tan buen amigo suyo - la molestó Sakura, sonriendo maliciosamente - Será porque cuando Suigetsu está presente, toda tu atención la atrae él.
A esto, Karin ya no pudo replicar nada. Su derrota ocasionó nuevas risas en el resto de las chicas.
- Ya me gustaría a mí que Neji me prestara siquiera la mitad de atención, Karin - suspiró Tenten, tumbándose cómodamente en el suelo.
- Por mí te lo puedes quedar enterito y envuelto para regalo.
- Gracias, pero no es mi estilo.
- Creí que salíais juntos - dijo Ino - Al menos eso tenía entendido.
- Y salimos juntos... pero en un sentido literal de la palabra, hace una eternidad que no salimos a ninguna parte. Neji está demasiado ocupado con su tesis - la tristeza se notaba en la voz de la castaña - No quiero ser el tipo de novia pesada y exigente que atosiga a su chico, pero a veces pasan incluso días sin que nos veamos.
- Oh, Tenten - se lamentó Hinata - ¿Por qué no me lo dijiste antes? Podría hablar con Neji-niisan.
- No lo hagas, Hinata, no quiero que... - se detuvo al sentir una extraña humedad en los dedos de los pies - Yakumo, ¿qué haces?
- Estar deprimida no te sienta, Tenten - aseguró la joven pintora - Deja la melancolía y depresión para artistas como yo, que podemos aprovecharla para crear maravillas. Un rojo pasión en los pies te animará cuando estés cabizbaja.
- Mis ojos no ven a través de los calcetines.
- ¿A quién le importa? Quédate quieta o también te pintaré la nariz.
- ¡No te atreverías! - se enderezó Tenten, pero con cuidado de no mover los pies.
- ¿Quieres apostar, chica panda? - Yakumo se puso de rodillas, sujetando el pincel de esmalte como si fuera un kunai.
- ¡Pelea, pelea, pelea! - animaron las demás chicas, dando palmas y formando un círculo para dejar espacio.
- ¡Vamos, dame tu mejor golpe! - la incitó la castaña, agarrando rápidamente uno de los cojines y sujetándolo frente a sí como un escudo - ¿A qué esperas?
- ¡Allá voy! - se rió Yakumo, cargando contra ella y apuntando el pincelito a su nariz.
Con mucha habilidad, la castaña bloqueó el ataque, que dejó una pequeña mancha roja en el cojín.
- Huy, eso no saldrá con nada - avisó Shiho.
- Qué más da, las fundas son del Todo a 100 - confesó Ino - Puede que haga años que no monto una fiesta de pijamas, ¡pero aún recuerdo todos los trucos!
- ¡Cuidado! - chilló Hinata, agachando la cabeza antes de recibir un cojinazo destinado a Yakumo... y que entonces recibió Karin.
- ¡Ay! - protestó la Seidou, ajustándose las gafas - ¿Pero adónde estás mirando, so cegata?
Y no siendo chica que deja pasar una afrenta sin defenderse, Karin agarró otro de los cojines dispersos por el suelo y se unió a la lucha.
- ¡Sakura, cúbreme!
- ¡Voy!
Dicho y hecho, la pelirrosa se armó con otro pincel de esmalte, color amarillo, y se metió de lleno en el fragor de la batalla.
- ¡No, no, amarillo no! - suplicó Yakumo - ¡Por favor, cualquier cosa menos amarillo! ¡Ino, socorro!
- ¡La valerosa Ino, siempre al rescate de damiselas en peligro! - presumió la rubia con aires de grandeza - ¡Dejad paso a la heroína del fanfic!
Su arma secreta, al contrario que las demás, no fue un cojín ni un pincel de laca... sino unos habilidosos dedos para hacer unas cosquillas invencibles. Sin distinguir amiga de enemiga, se sumó al caos del campo de batalla dando traicioneros pellizcos a diestro y siniestro.
- Hinata... - susurró Shiho desde una distancia prudencial - ¿No crees que deberíamos firmar la paz?
- Supongo que sí, Shiho-chan, pero para que nos escuchen harán falta argumentos contundentes.
- Contundentes, ¿eh? - la chica miró en derredor, hasta dar con la solución idónea - ¿Qué te parece eso?
- Creo que nos puede servir - sonrió Hinata.
Y así, las dos chicas restantes tomaron posesión de sendas armas de alto calibre... concretamente, las dos almohadas de la cama de Ino, cada una tres veces más grande que cualquiera de los cojines. Las temerarias guerreras se lanzaron sin miedo al combate, sacudiendo almohadazos a cuanta cabeza vieran, espalda contra espalda para evitar emboscadas. Pronto el terreno se llenó de sangre... digo, la habitación se llenó de plumas revoloteando por todas partes, por haberse roto dos de los baratos cojines. Esto provocó una oleada mayor de risas, al ver todo nevado como si fuera Diciembre, que Sakura bien supo aprovechar como táctica de distracción, soplando puñados de las mortíf... bueno, de plumas en la cara de sus adversarias. Finalmente, tras varios minutos de cruenta guerra, todas las combatientes se rindieron y acordaron una tregua.
- Kami-sama, no me puedo mover... - dijo Ino, sonriendo de oreja a oreja.
- Dímelo a mí - coincidió Karin, aún tratando de calmar su respiración.
- Sois unas tramposas, Shiho y Hinata - las acusó Tenten, riéndose - ¡Las almohadas son armas de destrucción masiva!
- Todo sea en nombre de la paz - se defendió la Hyuuga, satisfecha de sí misma.
- La noche apenas empieza, y ya hemos dejado todo perdido - opinó Yakumo, echándole un vistazo a la habitación - Además, hay partes del suelo que están mojadas y pegajosas. ¿Qué estabais haciendo antes de que llegáramos?
- Ino escupió zumo - se burló Sakura.
- ¡Fue tu culpa, frentona!
- ¿Por qué? - panda de cotillas, todas las demás amigas.
- Solamente dije que a Gaara le gustaba Ino, y creo que es cierto.
- Para ser supuestamente la más lista, a veces dices cosas la mar de estúpidas, ¿a que sí?
No se trataba de una pregunta retórica, la Yamanaka realmente esperaba que el resto de chicas estuvieran de acuerdo con ella, pero ninguna dijo una palabra. O al menos, no en su favor.
- No me parece algo estúpido, de hecho creo que tiene razón - afirmó Tenten.
- Gaara-kun no habla mucho - añadió Hinata - Pero últimamente, te menciona a menudo, Ino-chan.
- Eso no quiere decir que yo le guste. Simplemente soy la última novedad en su vida, nada más.
- Tú siempre tan modesta, Ino - se burló Karin.
- Gaara es el chico que contrataste como modelo para el proyecto de semestre, ¿no? - inquirió Yakumo - Tenten y yo le hemos visto a veces por la universidad, aunque no de cerca. Sus proporciones parecen buenas.
- ¿Es ése el tipo de comentario por el que Sora debería sentirse celoso, Yakumo querida? - la picó Ino, tratando de desviar el tema hacia otra persona.
- Sora es más que un chico de buenas proporciones, Ino. Es mi "muso", el amor de mi vida - replicó Yakumo, perdiéndose en su fantasía por un instante - Pero no ha colado, estamos hablando de ti y de ese pelirrojo antisocial.
- Antes dijiste que la idea te traería problemas - recordó Sakura - ¿Por qué lo crees?
- Gaara es mi modelo, un empleado, lo mismo que Wilson o cualquiera de las criadas. Si comienzo a verle de otra forma, las cosas se... uh, complicarían.
- ¿Complicarse? ¿Cómo?
- Yo entiendo el punto de Ino - la apoyó Yakumo - Cuando estudias arte, debes tener presente que cualquier cosa que puedas crear es únicamente tu visión de esa cosa. Lo que para algunos es hermoso, para otros es feo; lo que para algunos es conmovedor, para otros es terrorífico; y lo que para algunos es arte, para otros es pornografía.
- ¿Qué tiene eso que ver con Gaara?
- Tu proyecto es el David del maestro Miguel Ángel, ¿verdad? - preguntó Yakumo, y la rubia asintió - Tarde o temprano, Gaara deberá posar completamente desnudo para que Ino le plasme. Mientras sólo sea un modelo, estará bien, pero si comienza a verle como una persona real... la situación puede tornarse incómoda.
- Sigo sin entenderlo - admitió la Haruno.
- Tsk, por favor... Sakura, imagínate una escultura desnuda - la pelirrosa lo hizo, sin mostrar ninguna reacción en su cara - Ahora, imagina a Sasori desnudo - esta vez, una leve sonrisa y un favorecedor sonrojo aparecieron en su rostro - Y ahora, imagina que otra chica es quien ve a Sasori desnudo.
El bello rostro de la chica mostró inmediatamente su disgusto, con una gran mueca de enfado.
- ¿Lo ves? - retomó Ino la palabra - Si me hago a la idea de que yo le gusto a Gaara, dejará de ser algo para convertirse en alguien. No podré mantenerme fría mientras le dibujo, porque en vez de un modelo, tendré un atractivo chico delan-
- ¡OOOHHH! - chillaron alborozadas las chicas - ¡Lo ha dicho, lo ha dicho!
- ¿Qué? Oh vamos, ya estamos mayorcitas para esto...
- ¡A Ino le gusta Gaara~, a Ino le gusta Gaara~! - canturrearon todas.
- No puedo creerlo... - Ino agachó la cabeza abochornada, llevándose una mano a la frente.
Pero aun así, mientras sus queridas amigas la avergonzaban con su cantinela, una sibilina sonrisa en sus labios se negó a abandonarla por el resto de la noche. Aunque jamás lo admitiría, había echado mucho de menos todo eso.
