Ep. 6: Gracias
Al día siguiente, cierto grupo de chicas apareció riendo y charlando a la entrada de la universidad, todas felices de la vida. Se veían algo cansadas, a juzgar por las leves ojeras que mostraban, pero se despidieron con brillantes sonrisas antes de encaminarse cada una a sus respectivas clases. Quienes las vieron se preguntaban qué habría pasado, pues varias de ellas eran personalidades conocidas en el campus, y no era nada común verlas llegar en grupo.
Sin embargo, la escena se repitió a la hora del almuerzo, cuando una por una, todas las chicas se reunieron en una mesa con los amigos de siempre... a excepción de una cara que a la mayoría no le sonaba haber visto antes allí: Ino Yamanaka.
- ¡Ino! - la llamó alegremente Sakura en cuando vio asomar su rubia cabeza - ¡Ven, estamos aquí!
- ¡Gracias, frentona! - suspiró ella agradecida, sentándose a su lado - Había olvidado lo concurrida que está siempre la cafetería aquí. La azotea de la facultad de arte está casi siempre vacía.
- ¡¿Ino?! - gritó Naruto, exaltado - ¿Tú eres esa Ino? ¡Dattebayo, cómo no te reconocí antes! En la primaria jugábamos mucho juntos, incluso pasasteis un verano en mi casa. ¡En la foto que me enseñó Sakura-chan de cuando os graduasteis se te ve muy distinta!
- Se le llama crecer, Naruto - respondió Ino, burlona - Dicho lo cual tú estás igual, no has cambiado en absoluto.
Todos en la mesa se rieron del comentario excepto el Uzumaki, no muy avispado para captar bromas ingeniosas.
- ¿Dónde está Chouji? Creía que también se sentaba aquí.
- Normalmente lo hace, pero creo que hoy tenía una reunión con el club de sumo - contestó Karin.
- ¿Cómo lo sabes?
- Estoy en el club de periodismo. Es mi deber estar siempre al tanto de todo lo que ocurra.
- Menuda excusa para justificar que eres una cotilla en potencia - la picó Suigetsu con una sonrisa maliciosa.
- ¿Quién ha pedido tu opinión, arenque hipertrofiado? - vociferó la pelirroja, furiosa - ¡Métete en tus asuntos!
- Prefiero meterme en los tuyos, gracias... a falta de otra cosa en la que meterme - susurró Suigetsu acercándose.
El último comentario pasó desapercibido para el resto de los comensales, debido al ajetreo de la cafetería, pero el enrojecido rostro de Karin mostraba bien claro que ella sí lo había oído. Si su rubor se debía a la vergüenza o a la ira, o a otra cosa, sólo ella lo sabía.
- Es bueno tenerte otra vez con nosotros, Ino-chan - dijo Hinata con una suave sonrisa.
- Gracias, Hinata.
- Sí, siempre es bueno tener a otra chica que no se arrastre detrás del teme.
- No te creía yo del tipo envidioso, dobe.
- ¡Teme! ¿Quién dice que te envidio lo más mínimo? - saltó Naruto - Todas las chifladas que te persiguen dan miedo. ¡Prefiero tener a una sola persona especial que me aprecie de verdad, en vez de una manada de fangirls rabiosas!
- ¿En serio? - contraatacó el Uchiha, con una sonrisa arrogante - ¿Y quién sería esa persona especial?
El silencio invadió la mesa por un momento, todos expectantes por la respuesta del rubio, sobre todo cierta chica tímida de ojos como la nieve.
- No... no he dicho que ya tuviera a esa persona, teme - tartamudeó el chico, volviendo a su asiento - ¡Pero la encontraré algún día, dattebayo! ¡Y será mucho más linda y cariñosa que cualquiera de tus perseguidoras!
Un hondo suspiro brotó en masa de las gargantas de los allí reunidos, todos decepcionados y una vez más convencidos de que al Uzumaki le fallaba la vista... o el cerebro, o puede que ambas cosas.
- Ayer dijiste que sueles comer con Sai, ¿no? - preguntó Tenten - ¿Por qué no le invitas también a almorzar con nosotros?
- Bueno, es que Sai es un poco particular a la hora de relacionarse con los demás.
- Tranquila, ya le conocemos - se rió Kiba - A ese tipo siempre le asignan los trabajitos más extraños. Pero parece que él y Naruto han hecho buenas migas.
- ¡No es cierto! - protestó el susodicho, pero fue ignorado.
- Vaya, no tenía ni idea. Bueno, entonces le invitaré a partir de mañana.
- Ahora que me fijo, también falta Gaara~ - dijo Sakura, mirando intencionadamente a su recién recuperada amiga con una mueca traviesa - Me pregunto dónde estará...
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El chico en cuestión por el que Sakura preguntaba, de hecho entraba en ese mismo momento en la cafetería, cargando con cuatro pesados libros en los brazos que había sacado de la biblioteca hacía un rato, de ahí la razón de su inhabitual retraso. Ocupado en no dejarlos caer, apenas prestó atención a su alrededor mientras seguía por inercia el camino hacia la mesa donde siempre comía con la pandilla... de ahí que no notase a la persona nueva allí sentada, pero bien que la conocía. Oh sí, claro que la conocía.
- Ino - murmuró apenas, sorprendido de verla.
Y es que, en su afán de ayudarla a recuperar su amistad con la Haruno, Gaara no había previsto más allá de la noche de pijamas. Qué pasaría en caso de que su plan funcionase o fracasase, era algo que no se había planteado. Por eso, ver a la chica allí en compañía de todos los demás le había pillado por sorpresa.
- Gaara - le saludó ella... con una mueca terrorífica.
De pronto, el pelirrojo tuvo un repentino impulso de salir corriendo... pero no lo hizo, porque no habría sido digno, y porque además llevaba demasiado peso extra. Pero no pudo evitar un escalofrío al percatarse de la furia silenciosa y apenas contenida que brillaba en los hermosos ojos azules de su empleadora.
- Gaara - repitió ella, levantándose calmadamente y yendo en su dirección - Tú. Yo. Afuera. Ahora.
Y le dio la espalda así sin más, dirigiéndose a la salida de la cafetería, sin molestarse en comprobar si Gaara la seguía o no. El chico tragó fuerte, pero consideró que sería peor si ignoraba su orden... porque eso definitivamente no había sido una sugerencia.
Una vez afuera, el ruido disminuyó considerablemente a su alrededor, siendo sustituido por una fría brisa que anunciaba un pronto invierno. Gaara aguardó pacientemente a que la chica hablase, pero ella parecía estar tomándose su tiempo, todavía dándole la espalda. Además parecía estar algo nerviosa, a juzgar por la forma intermitente en la que frotaba las puntas de sus zapatos contra la gravilla del suelo. El viento volvió a soplar, agitando las largas y doradas hebras de su cabello, y casi llevándose su voz cuando al fin dijo:
- Anoche te estuve esperando varias horas, pero no apareciste - le recriminó, con un calmado enojo evidente en su tono - Me engañaste.
- ... ... ... - Gaara no sabía qué decir para defenderse, puesto que era verdad.
- ¿Por qué lo hiciste? Cuando Sakura se presentó en mi casa, me sentí entre la espada y la pared.
- No... no lo hice con mala intención - murmuró - Lo siento.
- Tomaste una decisión que no te correspondía, me tendiste una trampa, y traicionaste la confianza que puse en ti al contártelo.
La voz de Ino se quebró al final de la frase, intentando ahogar un sollozo, y a Gaara le dio un vuelco el corazón al percatarse de que ella estaba llorando. ¿Tanto la había herido? ¡No había sido su intención, en absoluto! Él tan sólo quería... quería... ¿qué quería en realidad? No podía explicárselo ni siquiera a sí mismo, por qué se había sentido tan incitado a intentar ayudar a la Yamanaka. Había sido un impulso irracional del momento.
- No pretendía herirte, Ino. Yo...
- Y aun así - continuó la chica, ignorando su interrupción - es debido a eso que...
Gaara apenas captó el revoloteo de sus cabellos rubios, pues cerró inmediatamente los ojos ante sl súbito movimiento, seguro de que ella iba a abofetearle. No se resistiría... en parte porque tenía las manos ocupadas cargando sus libros, y en parte porque sentía que se lo merecía un poquito tras escuchar las acusaciones de Ino, ninguna de las cuales era falsa. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, en vez de sentir un dolor punzante en su mejilla, sintió unos delgados brazos envolverle con fuerza, cerrándose detrás de sus hombros e impidiéndole escapar.
- Es debido a eso que he recuperado a mis amigas, especialmente a Sakura - dijo Ino, y a pesar de los sollozos, por el tono de su voz era obvio que sonreía - Gracias, Gaara. El regalo que me has hecho... no lo olvidaré en toda mi vida. Gaara - se apartó un poco para mirarle a la cara, aunque sin soltarle - ¿querrás ser mi amigo también?
El Sabaku se quedó mudo, no tanto por el desenlace de sus acciones sino por la visión que suponía Ino en aquel momento. Incluso con el cabello revuelto y los ojos anegados de lágrimas, toda ella parecía brillar como una estrella. Y el calor que se desprendía de su cuerpo... atravesaba la ropa en una tierna ola de sentimientos, derritiéndose a través de sus músculos y alcanzando el puro centro de su corazón, que hacía rato ya palpitaba desbocado sin él advertirlo.
- ¿Gaara? - repitió la chica con una mueca de extrañeza, al ver que él no contestaba - ¿Me estás escuchando? Te he preguntado si...
- ¡Sí! - soltó Gaara de sopetón - Sí, estoy escuchando. Y sí, me gustaría ser tu amigo también.
Su respuesta provocó otra sonrisa aun más feliz en la rubia, que volvió a abrazarle emocionada antes de desprenderse de sus hombros.
- Eso sí, vuelve a mentirme y no volveré a dirigirte la palabra, ¿me oyes? - le avisó, recuperando su mueca terrorífica de antes y dándole un tirón en la oreja, como si fuera un niño pequeño - A partir de hoy almorzaré con vosotros, y también traeré a un amigo de la facultad de arte - le informó, abriendo nuevamente la puerta de la cafetería - ¡No tardes!
Y sin más entró, dejando al pelirrojo allí plantado, criando agujetas en los brazos que sin duda alguna habrían de dolerle mañana. No que él lo notase tampoco, estaba concentrado en lo que acababa de decir. ¿Amigos? Iba a ser difícil a partir de ahora, en su opinión.
Epifanía. Catarsis. Nirvana. Sinestesia... Todos esos términos de los que no estaba muy seguro qué significaban, acudían en tropel a su mente ante la sensación que experimentaba ahora mismo. Sentía un agradable tintineo en cada poro de su piel, una cálida caricia que se extendía audaz por cada gota de su sangre, una emoción que se aferraba más profundamente a su carne cada vez que respiraba...
Era la sublimación anímica, etérea, de haberse enamorado por primera vez en ese mismo instante.
