¡Hey, este fanfic ya tiene título! :D ¡Hay que celebrarlo! Como ya sabéis, esto es un fanfic de regalo para Annalizz, por lo que quise que el título lo decidiera ella... ¡y debo decir que me encanta, es precioso!
Ep. 7: Punto de inflexión
Gaara estaba metido en un buen lío. Oh sí, metido hasta el cuello, estaba definitivamente jod... no, no se rebajaría a emplear un lenguaje tan vulgar y soez. Pero de que estaba en un aprieto, lo estaba. ¿El problema? Sus recién despertados sentimientos por cierta chica rubia de deslumbrante sonrisa y atractivos pech... ojos, atractivos ojos. Hermosos ojos azules como el cielo. Sí, eso.
Ejem, volviendo al principio... que estaba en un problema de los gordos. Tal vez no le pareciera tan serio al atolondrado de su amigo Naruto, que hacía ya un rato se desternillaba de risa sobre el césped, después de que Gaara le contase su situación. También la culpa era suya, ¿quién le mandaba contárselo? Pero lo cierto es que el Sabaku no contaba precisamente con un pelotón ingente de amigos como para ser selectivo. Bueno, al menos el Uchiha mantenía la compostura de forma admirable (eso, o que le importaba un comino).
- Dobe, no pienso pasarme esta hora que nos ha quedado libre escuchando tus carcajadas - amenazó Sasuke - De modo que cierras la boca en tres segundos, o te la cerraré yo.
Uno, dos, tres... y se hizo el silencio. Bueno, más o menos, porque el Uzumaki todavía soltaba algún que otro resoplido debido a la risa contenida, pero al menos ya se podía hablar.
- Sí, sí, lo siento - dijo Naruto - No pretendía reírme, me salió así. Es que, ¡es tan gracioso!
- Por favor, explícame en qué o cómo es gracioso, porque no acabo de pillarlo - pidió Gaara con toda la seriedad del mundo.
- Bueno, es que... si tengo que explicarlo, ya no resulta gracioso, ¡dattebayo!
Los otros dos chicos soltaron un hondo suspiro, una vez más asombrados por la poca madurez del escandaloso rubio.
- ¿Hay algún consejo que podáis darme? - preguntó Gaara, directo al grano.
- No sirve de nada que le preguntes al teme, nunca ha estado enamorado - dijo Naruto, pero el Sabaku captó la mirada asesina que le dirigió el moreno - Yo al menos estuve enamorado de Sakura-chan durante muchos años...
- Sasuke, ¿alguna vez te has enamorado? - inquirió Gaara, ignorando lo dicho por el rubio - No pretendo ser indiscreto, de modo que no necesito detalles, pero si pudieras...
- Sí - respondió él, y casi provocándole un infarto a Naruto - Pero nunca he esperado que mis sentimientos fueran correspondidos ni nada, al menos no en la forma que yo desearía. Mi situación es inusual y absolutamente inviable, no como la tuya.
- ¡¿Acaso se ha derrumbado el cielo sobre nuestras cabezas y no me he enterado?! - gritó Naruto melodramático, agarrándose la cabeza como si se le fuera a caer - ¡Mi mejor amigo Cubito-de-hielo Uchiha está hablando de sus sentimientos, y mi otro amigo emosocial parece al borde de recitar poesía! Ya me costó aceptar la declaración de Neji por megafonía, ¿pero esto? ¡Sólo faltaría que ahora Sai se pusiera a piropear chicas!
Sus dos compañeros se abstuvieron de informarle de que el pintor ya lo hacía, aunque pocas veces con buenos resultados.
- ¡Y luego Chouji dirá que va a ponerse a dieta, y me enteraré de que Shikamaru quiere ser atleta, y de que a Suigetsu le gusta Karin, y que...!
- ¿Quieres dejar de hacer el payaso y colaborar en este asunto diciendo algo útil para variar? - se exasperó el Uchiha, tirando con fuerza de la manga de Naruto y obligándole a sentarse de nuevo.
- Vale, está bien - refunfuñó él - Pero es que realmente no veo el problema. Ino te gusta, ¿no? Pues entonces díselo y pídele una cita o algo.
- No es tan simple...
- ¿Por qué no?
- Porque soy su modelo. Ese trabajo es muy importante para ella, hasta su padre había insistido en contratar un modelo profesional precisamente porque no quería que Ino se relacionara sentimentalmente con su modelo. Sabiendo eso, ¿con qué cara voy a decirle que me he enamorado de ella?
- Ese trabajo no durará eternamente - comentó Sasuke, siendo la voz de la razón - Espera un poco hasta que termines el servicio, y declárate después.
- Si eso fuera todo, sería muy fácil - admitió Gaara bajando un poco la voz, avergonzado - Puedo esperar para hacerlo, pero es que ahora... cada vez que pienso en volver a posar para ella... me siento extraño.
- Ah, ¿ya se te levanta? - evidentemente, Naruto había captado lo más importante, en su opinión.
- ¡NARUTO! - vociferaron los otros dos chicos.
- ¿Qué?
- ¿Es que no puedes sacar la cabeza de tus pantalones? - dijo Sasuke fastidiado - Para el resto de nosotros existen otras preocupaciones aparte de las físicas, ¿sabes?
- No... no llego a tanto - confesó Gaara, su cara casi haciendo juego con su cabello - Porque... intento no pensarlo y distraerme con otras cosas, pero ya no puedo... no puedo mantenerme completamente sereno ante la idea. ¿Qué voy a hacer? - se llevó una mano a la frente, angustiado - Ya llevo casi un mes trabajando con Ino, no pasará mucho tiempo hasta que tenga que desnudarme por completo. Antes no había inconveniente, pero ahora... ahora todo ha cambiado.
Se hizo el silencio entre los tres jóvenes. Lo único que se oía era el viento soplando de vez en cuando, y el crujir de las hojas al irse cayendo de los árboles. Todos estaban pensando en el problema del Sabaku, intentando hallar una buena solución.
- Bueno, eso es por tu parte - milagrosamente, Naruto al fin parecía haberse puesto serio al respecto - ¿Pero qué hay de Ino?
- Sigue tratándome igual, tal vez un poco mejor ahora que somos oficialmente amigos. Pero su comportamiento es más o menos lo mismo, nada indica que algo haya cambiado para ella.
- Hum...
- Mi hermano se graduó con honores el psicología - dijo Sasuke, sin venir a cuento - A veces, solía explicarme algunas de las cosas que estaba estudiando. Si estuviera aquí, creo que diría que el problema puede resolverse de forma psicológica.
- ¿A qué te refieres? - preguntó Gaara, interesado.
- Mi hermano siempre ha opinado que la mente es más fuerte que el cuerpo. La situación no le afecta a Ino porque para ella, probablemente tú no seas alguien sino algo. No eres un hombre desnudo, sino un modelo posando. Lo que podrías hacer es intentar separar los dos aspectos de Ino en tu mente, y que tu cuerpo lo asimile para restringir sus reacciones... o algo así.
- No sé si acabo de entenderlo...
- Por una parte está Ino como tu empleadora, una cosa - trató de elucubrar el Uchiha, no muy seguro - Y por otra, está Ino como la chica que quieres, una persona. Si consigues dividir ambas personalidades, igual podría funcionar. Ya sabes, piensa en rasgos inherentes a una sola de esas mitades. Diferéncialas.
Gaara se quedó pensativo un momento. La idea del moreno, así vista, no parecía mala. No parecía sencillo de hacer tampoco, pero menos era nada. Por el bien de Ino y de su trabajo, Gaara se callaría sus sentimientos y esperaría, esperaría hasta el instante oportuno de revelárselos a la chica. De una manera u otra, debía aguantar.
- Es la primera vez en mi vida que alguien me provoca esta clase de emociones - habló luego - Cada vez que pienso en ella, siento como si el corazón me fuese a estallar. No sé cuánto podré resistirlo...
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Por desgracia para Gaara, que apenas había comenzado a experimentar los estragos del amor, aquella misma tarde le tocaba sesión con Ino. Se encaminó a su casa mucho más apesadumbrado que de costumbre, recordando lo que Sasuke le había aconsejado y tratando de mentalizarse. Debía conseguir controlar sus reacciones y que la chica no notase nada, al menos durante el tiempo suficiente hasta que acabasen sus servicios; entonces Gaara le confesaría sus sentimientos, se convertirían en pareja y serían felices... o no. Tal vez estuviera apresurándose. Después de todo, nada indicaba que Ino fuera a corresponderle.
Para colmo de males, no le bastaba con las dudas que empezaban a arraigarse en su mente, sino que también el tiempo se había estropeado poco antes de terminar las clases. Durante la charla con sus amigos, había habido alguna que otra nube en el cielo, pero ahora el cielo entero estaba encapotado de feas nubes grises. La luz de la tarde escaseaba, y el frío de Noviembre calaba en los huesos. Gaara rogaba que no le pillara la lluvia antes de verse a cubierto, pero por suerte ya estaba llegando. Haciendo de tripas corazón, llamó al timbre y esperó a que Wilson le abriera la puerta. Pero para su sorpresa, no fue él quien le recibió sino la propia causa de sus pesares, Ino Yamanaka en persona.
- ¡Hola Gaara, bienvenido! - le saludó feliz - Hoy llegas más temprano de lo habitual, aún no he terminado de preparar las cosas en el estudio.
Le dejó pasar, pero el pelirrojo no contestó. Se sentía desarmado por aquella resplandeciente sonrisa de ella, que parecía iluminarlo todo a su alrededor. Parecía destacar incluso más que de costumbre en esa sombría tarde.
No pudo evitar contemplarla mientras la seguía escaleras arriba. Su largo cabello rubio, la estrechez de su cintura, la curva de sus caderas, la firmeza de su trasero, sus contorneadas piernas... él deseaba poseer todo eso, cada centímetro de su cuerpo. Sentir el latido de su corazón, la suavidad de su piel, el arrullo de su respiración, la tibieza de su carne... anhelaba fundirse con ella.
Gaara agitó la cabeza, tratando de librarse de semejantes pensamientos que no le ayudarían en su situación, más bien al contrario. ¿Qué le había sugerido el Uchiha? Ah sí, que intentara partirla por la mitad... o algo así. No debía pensar en ella como una chica, una persona, sino como su empleadora, una cosa. Sus instintos físicos debían quedarse en una imagen remota, una mera ensoñación de feminidad, y permanecer con él la parte racional de su ser, la que sabía qué hacer para no meter la pata. O más bien, la parte que sabía qué no hacer.
- ¿Me ayudas, Gaara?
¿En qué momento habían llegado al estudio? Se había distraído por el camino, pero no lo dejó notar. Tras encender la luz del techo, siguió las instrucciones de Ino, apartó los pocos muebles que había allí y la ayudó a desplegar la vieja sábana ocre que normalmente usaban en el suelo. Luego fue a desnudarse como siempre, asegurándose más que nunca de que su cuerpo se mantenía bajo control... al menos por el momento.
- Maldita sea, esta oscuridad va a fastidiarme el sombreado del boceto - refunfuñaba Ino cuando él salió del aseo - Y poner un foco artificial extra distorsionaría los ángulos. Creo que hoy tendré que centrarme únicamente en el delineado.
Gaara no sabía de arte, de modo que no opinó nada y se limitó a colocarse en su pose habitual. Ino colocó el caballete y se refugió tras el lienzo, carboncillo en mano.
- ¡Argh, odio el carboncillo! - dijo la rubia al cabo de un rato - Hay veces que no distingo si un trazo es una línea o una sombra.
El pelirrojo permaneció mudo, tratando de abstraerse hacia un mundo imaginario donde sus pasiones no se reflejaran en ojos azules ni sinuosas formas femeninas.
- Y encima si te sale mal, como que no es fácil borrarlo tampoco... casi siempre es peor el remedio que la enfermedad.
Esta vez Ino tampoco recibió respuesta, lo cual le extrañó, teniendo en cuenta que los días anteriores el Sabaku había participado de forma amena en sus conversaciones. Se asomó levemente por el borde del lienzo, mirando a su atractivo modelo, pero no vio nada de particular. Tal vez hoy no estuviera demasiado animado.
- Gaara, quería preguntarte algo - comentó Ino de nuevo, pasado otro rato - Ya tengo el boceto prácticamente acotado y terminado. ¿Podrías desnudarte en la siguiente sesión?
Y en ese preciso instante, todo el esfuerzo que Gaara había estado haciendo se fue al garete. Un aluvión de imágenes, a cual más erótica, desbordó su mente. ¡Y todavía daba gracias a que nunca había sido demasiado imaginativo! Era una verdadera suerte para él que el día se hubiera tornado nublado y oscuro, aunque antes le fastidiase, porque de no ser así, estaba seguro de que el rojo de su cara se distinguiría a kilómetros.
- ¿Gaara? - le llamó Ino, indecisa - Hoy pareces estar en la Luna. ¿Te ocurre algo?
- No, no es nada - logró decir apenas el chico.
- Entonces, ¿te parece bien?
- ... ... ...
No sabía qué decir, se sentía acorralado. Si aceptaba, con absoluta certeza no podría controlar sus reacciones físicas cuando la chica le mirase, no tan pronto después de desarrollar sentimientos por ella. Y si se negaba, su presencia allí perdería todo sentido, porque a fin de cuentas Ino le había contratado precisamente para que se desnudase.
Unos pasos muy cerca de él le sacaron de sus pensamientos, y se encontró frente a frente con Ino. La joven le miraba dubitativa, como tratando de discernir cuál era el maldito problema con él ese día. Sin embargo, su voz fue amable al hablarle.
- ¿Estás seguro de que todo va bien?
- Sí, perfectamente - barbotó, pero sus ojos aguamarinos se desviaron, incapaz de soltarle semejante mentira a la cara.
- Escucha, no voy apresurada con el trabajo - le dijo Ino, comprensiva - De modo que no importa si lo retraso unos cuantos días... pero tendrá que ser tarde o temprano.
- Lo sé.
¡Ése no era el problema, demonios! No el que ella parecía creer. Gaara nunca había tenido reparos con su desnudez, ni se había mostrado excesivamente tímido. Claro que eso era antes de que Ino provocase una revolución en su organismo, ocasionando que de repente ciertas partes de su anatomía decidieran desconectarse de su cerebro y actuar por su cuenta. Pero no se lo diría... no podía decírselo aún, y menos de aquella manera que no terminaba de sonarle bien ni siquiera a él mismo. Debía haber alguna manera de informar a la rubia de todo eso sin que sonase depravado, pero él no la conocía.
El silencio se había hecho tremendamente incómodo entre ellos, pesado, casi frío. No se parecía en nada a los ocasionales silencios que había en sus conversaciones, donde ambos se sentían a sus anchas para iniciar un nuevo tema de conversación cuando se les antojase. No, este silencio casi asfixiaba.
Ino no insistió más. Estaba convencida de que algo le pasaba a su nuevo amigo, pero no se sentía con el derecho de presionarle más al respecto. Si él quisiera contárselo, lo haría, o al menos eso esperaba. Quizá todavía no le tenía la suficiente confianza. Era comprensible, después de todo no hacía tanto que se conocían. No era como su recuperada amistad con Sakura, en la que cada una sabía los secretos de la otra.
Un trueno repentino. Un apagón. Y la oscuridad se los tragó a ambos.
- ¡¿Pero qué cuernos...?! - maldijo la Yamanaka - ¡Oh genial, lo que faltaba!
- ¿Lady Ino? - se oyó casi enseguida la voz del mayordomo - Parece que se ha cortado la luz en buena parte del vecindario debido a una tormenta. Por favor, tengan cuidado usted y Gaara sir si bajan las escaleras. Parece que esto tardará lo suyo.
- De acuerdo, gracias Wilson.
En la oscuridad, Gaara la oyó suspirar. Sintió ganas de abrazarla y reconfortarla, ya que no tenía sentido seguir posando.
- Ve a vestirte, Gaara. No parece que hoy vayamos a avanzar mucho de todas maneras.
Cierto, que estaba prácticamente desnudo, lo había olvidado. A tientas, recogió su ropa y se dirigió al aseo, tratando de descubrir si se la estaba poniendo al revés. Cuando salió, el estruendo de la lluvia contra los cristales era apabullante, casi habría pensado que granizaba en vez de llover. Un súbito relámpago hizo resaltar la silueta de Ino en uno de los ventanales del estudio, y por alguna fuerza inexplicable, Gaara se sintió atraído hacia ella como una polilla a la llama.
- Gaara, no has traído paraguas - dijo ella como si nada cuando percibió su presencia a su espalda - Por favor, sé mi invitado esta noche.
Él no pudo sino asentir en silencio. No se iría a ninguna parte mientras ella le quisiera a su lado, así fuera una sola noche o el resto de su vida.
