Ep. 9: Terreno peligroso
El agua seguía cayendo con fuerza cuando Inoichi regresó a casa, rondando la medianoche, aprovechando un breve respiro que la tormenta dio durante un rato. Al llegar, no se sorprendió al encontrar todo a oscuras, puesto que en su oficina en la ciudad también había habido algunos problemas con el suministro eléctrico y cortes intermitentes.
- Buenas noches, milord - saludó Wilson en voz baja, recogiendo su gabardina.
Iba a preguntarle a su mayordomo por qué le hablaba en susurros, pero la respuesta se hizo evidente prácticamente de inmediato, en cuanto advirtió los farolillos de su difunta esposa esparcidos por doquier. A su luz cálida y reconfortante, pudo ver dos figuras tumbadas en el suelo frente a frente, en el centro del salón, acurrucadas con una manta.
- Wilson, ¿qué hacen los niños ahí? - preguntó él también en voz baja, curioso.
En su fuero interno, el fiel sirviente tuvo que contener una carcajada ante la mención de su amo respecto a "los niños".
- No había suficientes linternas en la casa para todos los presentes, milord, de modo que lady Ino bajó al sótano y prendió los farolillos de milady, que en gloria esté.
- Eso ya lo veo, me refiero a por qué están tirados en el suelo en medio de la habitación.
- Debido a la tormenta, lady Ino invitó a Gaara sir a pasar la noche. Supongo que el ambiente acogedor les provocó sopor mientras conversaban. Una de las criadas les trajo la manta al cabo de un rato, cuando notó que se habían dormido.
- Ah - el hombre rubio no sabía qué otra cosa decir - Haga que me traigan un café al despacho, por favor.
El mayordomo se inclinó y se retiró. Inoichi caminó cautelosamente, tratando de no hacer ruido para no despertar a su hija y a su invitado... pero al pasar a su lado, algo llamó su atención. Ino estaba dormida, de eso no había duda, pero el pelirrojo... ciertamente no lo estaba, a juzgar por sus ojos abiertos. Incluso en la difuminada penumbra, sus orbes aguamarinos resaltaban con un fulgor especial. Tampoco daba la impresión de haberse despertado repentinamente, e Inoichi supuso que en realidad nunca se había dormido.
El joven no se percató de la presencia del progenitor, o si lo hizo, no dio muestra de darle ninguna importancia. Todos sus sentidos estaban puestos en la chica que yacía a su lado pacíficamente, con un rastro de lágrimas secas en sus mejillas. Era bello verla dormir, sus manos colocadas cómodamente bajo la cabeza, y el casi imperceptible movimiento de la manta ocasionado por su respiración. Estaban tan cerca el uno del otro que Gaara podría tocar sus frentes si tan sólo se inclinase un poco en su dirección, pero temía despertarla si lo hacía. Aunque ansiaba alzar los brazos y envolver a Ino en ellos, acercándola a su cuerpo, hacía lo posible por contenerse y no perturbar su sueño.
Inoichi veía todo eso, y podía entender... oh sí, podía entender muy bien lo que pasaba por la cabeza del muchacho. Al contrario que su hija, él tenía las manos a la vista, y sus puños apretados eran una clara señal que lo mucho que se esforzaba para no tocarla. Y aquella mirada... la recordaba de mucho tiempo atrás. El color podía ser diferente, ojos aguamarinos en jugar de azules, pero los sentimientos que reflejaba eran los mismos. Había devoción, respeto, ternura... y un anhelo que rayaba casi en la desesperación. Él, que conocía bien esa mirada, veía nítidamente la sutil tristeza que se mezclaba con la pasión.
Era la mirada de un ciego que veía el Sol por primera vez. Gaara miraba así a Ino.
Tuvo ganas de suspirar, pero no quiso que el joven Sabaku se percatara de que le había estado observando. Se sentía algo apesadumbrado por su descubrimiento. Siendo poco más que un niño, y cargar con unos sentimientos tan pesados... aquello no debería sucederle a la gente tan joven, que tenían la vida por delante. Inoichi siempre había intentado que su hija, por ejemplo, tuviera una vida liviana y con el menor dolor posible; ya tendría tiempo de sobra para ello al ir envejeciendo. Pero este muchacho, Gaara... aquella no era una mirada inocente, no, sino una mirada muy humana. Ojos que han encontrado sin siquiera buscar, y ya no pueden apartar la vista hacia otro lado.
Hacía mucho tiempo, su esposa le había mirado así el día que se conocieron.
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Al despertar en la mañana, Ino no pudo evitar un quejido al sentir su espalda agarrotada. ¿Desde cuándo su colchón era tan incómodo? La respuesta fue evidente cuando abrió los ojos y vio que no estaba en su alcoba, sino envuelta en una manta en el hall principal de su casa.
- ¿Qué hago aquí tirada en el suelo? - murmuró para sí.
Al ver la luz que entraba a raudales por los ventanales, como si anoche no hubiera caído una tormenta monumental, recordó lo que había pasado. Mirando alrededor, vio que las criadas ya habían recogido todos los farolillos de su madre, y probablemente guardado de nuevo en el sótano. Y también vio a Gaara a su lado, durmiendo plácidamente muy cerca de ella.
Un inesperado rubor asaltó sus mejillas. ¿A qué venía eso? No había razón para ello. No se sentía avergonzada, ni furiosa, ni enferma... ni ninguna otra cosa que pudiera colorear su cara de esa manera. ¿Entonces? Pero de alguna manera, contemplando el relajado semblante de su amigo, su corazón comenzó a galopar inesperadamente al igual que la noche anterior, cuando él bebió sus lágrimas en un gesto de consuelo. Y sus labios... se habían sentido muy bien sobre su húmeda piel. Todavía podía percibir el delicioso cosquilleo que el roce le había provocado. O no, no podía, ¡estaba exagerando! Un contacto tan leve y efímero era imposible que dejase una sensación tan duradera. Para eso, necesitaría un beso mucho más profundo y largo...
No. Un momentito, un momentito... ella no había pensado en besar a Gaara. A su AMIGO. No, no lo había hecho, ¿verdad? Estaba sacando las cosas de contexto. Rebobinemos, ¿dónde había empezado esta cadena de pensamientos? Ah sí, en su acalorado rostro sin motivo alguno. ¿Cuál podía ser el motivo LÓGICO? Hum... pues que... esto... ajá, ya lo tenía. Los farolillos de su madre, que habían caldeado la estancia durante toda la noche. Probablemente había tenido la cara caliente todo el tiempo, mientras dormía, pero fue al despertarse que lo notó. Ya, ¿veis qué fácil?
Y respecto al acelerado ritmo de su corazón al ver a Gaara a su lado, esto... que... Bueno, que ya iba siendo hora de desayunar, ejem.
- Buenos días, lady Ino - la saludó en voz baja Wilson al pasar por allí y notarla despierta - ¿Desea que le sirvamos ya el desayuno?
- Sí, Wilson-san, gracias. Buenos días - respondió la chica - En la cocina, por favor.
- ¿Despertamos a Gaara sir?
- No, dejadle dormir cuanto quiera - se levantó con cuidado.
Pero para sorpresa de ambos, la Yamanaka no se había alejado ni tres metros cuando Gaara notó su desaparición y se incorporó de golpe, desconcertado al hallarse en un sitio inhabitual para él.
- ¿Ino? - la llamó, mirando en derredor hasta encontrarla - Buenos días.
- Buenos días - le sonrió ella - Acabo de despertarme yo también, nos servirán el desayuno enseguida.
- Creo que tenemos suerte de que sea sábado - dijo el pelirrojo revolviéndose el cabello, gesto que a Ino le pareció adorable.
- Efectivamente, Gaara sir, puesto que son más de las 11.00h.
- ¡¿LAS ONCE?! - chilló Ino, sobresaltando al pelirrojo - ¡No, quedé con Sakura al mediodía! Va a matarme como llegue tarde, ¡es una psicópata de la puntualidad!
Y salió corriendo escaleras arriba, presumiblemente a vestirse y asearse.
- ¿A qué viene tanto escándalo? - se oyó la voz de Inoichi desde el pasillo, antes de que el hombre hiciera acto de presencia en el hall, con un móvil pegado a la oreja.
- Al parecer, lady Ino llegará tarde a un compromiso con lady Sakura, milord.
- Ugh, pobre hija mía... Buenos días, Gaara-kun - saludó afablemente.
- Buenos días, Yamanaka-san.
- ¡Papi! - gritó Ino desde su habitación - ¿Qué tranvía queda más cerca de Ichiraku Plaza?
- ¡El Nº 10, tesoro!... ¿Qué? No, Hiashi, le decía a mi hija - le habló al teléfono.
- Wilson-san, ¿dónde está la falda que Sakura me prestó hace nueve años? ¡Iba a devolvérsela hoy!
- Si se refiere a la de Hello Kitty, ya la tiene aquí preparada, lady Ino.
- ¿Nueve años? - inquirió Inoichi, desconcertado, pero Gaara simplemente se encogió de hombros - ¿Qué?... ¡No, claro que no voy a tardar nueve años en enviarte el pedido, Hiashi! Estará listo para el memorial de tu esposa, no te preocupes.
- ¡Me voy, me voy! - se despidió Ino, saliendo a toda prisa por la puerta, vestida con una blusa y unos vaqueros - ¡Te quiero, papi! ¡Gaara, siéntete como en casa!
Y en un instante, todo volvió a ser tranquilidad en la casa Yamanaka. Inoichi sacudió la cabeza, divertido con el típico comportamiento de su hija, mientras regresaba a su despacho para continuar su conversación de negocios en paz. Wilson, que durante todo el proceso se había mantenido imperturbable, fijó la mirada en el invitado que aún seguía desorientado y sentado en el suelo en medio del salón.
- Gaara sir, en breve se le servirá el desayuno en la cocina. ¿Qué desea tomar?
- ... ¿Tostadas?
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Afortunadamente para Ino, el tranvía la dejó muy cerca del lugar de la cita apenas un par de minutos pasada la hora, de modo que Sakura no tuvo nada que reprocharle. Más bien al contrario.
- Es extraño que llegues tan puntual - le comentó, suspicaz - ¿A qué se debe?
- ¿Qué quieres decir? - protestó Ino, fingiéndose ofendida - Te recuerdo que soy una mujer adulta, responsable de mis compromisos, y...
- Corta el rollo, Ino, y suelta la verdad.
- Bah, está bien. En realidad salí de casa a toda pastilla en cuanto me desperté.
- Eso ya me suena más a ti - sonrió Sakura.
- Oye, vayamos a comer primero, me muero de hambre...
- ¿No desayunaste antes de salir de casa?
- ¿No te digo que salí corriendo? - repitió la rubia - Iba a desayunar con Gaara, pero...
- ¿Con Gaara? - se extrañó la Haruno.
- Sí, se despertó justo después que yo.
- ¿Despertar...? - Sakura abrió muy grandes los ojos - ¡¿Cerda, no me digas que tú y Gaara... habéis pasado la noche juntos?!
- Sí - contestó Ino tan tranquila, antes de advertir el sentido al que su amiga se refería - ¡No, Sakura, no! No de esa manera, te lo aseguro. Fue por la tormenta de anoche, ¡la tormenta! Teníamos sesión de posado, y cuando empezó a llover... le invité a pasar la noche. Luego se cortó la luz, y nos dormimos en el salón envueltos en una manta.
- Oh, venga ya, ¿sólo eso? - suspiró Sakura decepcionada.
- ¿Qué esperabas oír, los detalles más escabrosos de una novela X? - se burló Ino - Y pensar que de pequeñas pensábamos que al crecer la pervertida iba a ser yo...
- Qué pervertida ni qué narices, no te hagas la santa que aunque nos acabemos de reconciliar, bien que me enteré de cuando tú y Sai... en el aula de diapositivas...
- Eso es agua pasada, y además fue solamente por experimentar un poco - la rubia le quitó importancia.
- Tienes razón. Sigamos entonces con el pececito de turno, ¿qué hay con Gaara?
- ¿Otra vez, frentona? Te repito que no hay nada.
- Pues a juzgar por el color de tu cara, este nada ya no es tan nada como el nada de hace unas semanas atrás.
Sin poder evitarlo, la Yamanaka se llevó las manos a las mejillas, y para mortificación suya, volvían a arder como cuando se despertó. ¡Y sin necesidad de farolillos!
- Eres una arpía, cabeza de chicle - farfulló.
- Y bien que me quieres, cerda - Sakura sonrió triunfante - Ya, desembucha.
- Está bien, está bien - Ino cedió por fin, poniéndose seria - Pero de veras te digo que realmente no hay mucho que contar... aunque siento que de alguna manera, las cosas se están complicando.
- ¿Por qué?
- Bueno, Gaara... tú le conoces mejor que yo, le has tratado más. ¿Se comporta distinto?
- No que yo haya notado.
- Pues conmigo sí. Cualquiera puede ver que no es un chico muy abierto, pero hasta ahora, una vez superada su timidez inicial, la relación entre nosotros había sido fluida. En cambio, ahora siento que está más distante, como si intentara apartarse de mí.
- Hum... - meditó Sakura - Te falta poco para acabar el trabajo, ¿verdad? Tal vez es por eso, por saber que ya pronto tendrá que desnudarse.
- No lo creo, en ningún momento se mostró incómodo con la idea.
- ¿Y sus sentimientos?
- ¿Qué pasa con sus sentimientos? - inquirió Ino, confundida.
- Ino, deja ya de ignorar el tema aposta. Tanto yo como las demás chicas te hemos dicho que muy probablemente a Gaara le gustes. No lo hemos dicho por burlarnos de ti, ¿sabes? Bueno, tal vez ellas sí, por seguirme el juego y todo eso... pero por lo que conozco a Gaara, yo te lo he dicho muy en serio.
- Y aun en el caso de que fuera cierto, ¿qué tiene que ver? - replicó la rubia, testaruda.
- Para él no debe ser fácil esta situación si realmente se ha enamorado de ti, sobre todo cuando tú has marcado bien clara la línea que os separa como artista y modelo. Estás en tu derecho, por supuesto, pero no se puede decir que le hayas dejado abierto otro camino para desahogarse.
- ¡Ahora somos amigos!
- Oh sí, qué gran solución es ésa... ¿necesito recordarte lo bien que salieron las cosas cuando Sasuke y yo éramos "amigos"? - la voz de Sakura se tornó áspera - Aquello me hizo mucho daño, Ino. No puedes contener tus sentimientos por alguien eternamente, y cuando terminan por reventar, sólo causan dolor. Me costó mucho superar lo de Sasuke y formar de nuevo una verdadera amistad con él, como cuando éramos niños. No dejes que te pase lo mismo con Gaara cuando puedes evitarlo.
- Bueno, doña Suprema-Sabiduría-Universal, ¿y qué me sugieres que haga entonces? - se enfurruñó Ino.
Sakura suspiró profundamente y pensó con calma por un momento, tratando de darle el mejor consejo posible a su amiga.
- Los sentimientos de Gaara le corresponden a él decidir cómo sobrellevarlos - opinó - Pero, ¿qué hay de los tuyos?
- Yo... - la rubia desvió la vista, no sabiendo bien qué decir - Creo que será mejor acabar el posado cuanto antes, porque como ya he dicho, las cosas empiezan a complicarse. Y no sólo para Gaara... para mí también.
No necesitó explicar más, Sakura comprendió perfectamente. Puede que hubieran estado separadas mucho tiempo, pero su amistad nunca había llegado a romperse, y tampoco su entendimiento mutuo. Al fin y al cabo, unas mejores amigas no se hacen así como así; hacía falta un lazo verdaderamente especial.
- Pues yo que tú me daría prisa, cerda, antes de que uno de los dos reviente.
