Ep. 10: Liberación
Los nervios resonaron en Gaara igual que el timbre de la puerta en el momento en que llamó. Hoy era el día en que se mostraría ante Ino tal como vino al mundo, y honestamente, no sabía qué cosa esperar de la situación. ¿La desnudez? Ningún problema en especial para él. Esto se trataba de arte, no es como si fuera a exhibirse en plena calle y espantar a las abuelas. No había absolutamente nada carnal en eso... y tal vez ahí estaba el fallo, porque él no era una estatua, no estaba hecho de mármol. Era simplemente un chico enamorado hasta las puntas de los pies, de carne y hueso, y sangre que en ocasiones se atascaba en sitios donde era difícil ocultarlo.
Esperaba que hoy no fuera una de esas ocasiones.
- Buenas tardes, Gaara - le saludó Ino con una sonrisa en cuanto entró en el estudio - ¿Estás preparado?
Él asintió tranquilamente con la cabeza, y pasó al aseo para desvestirse. Una vez allí, le asaltó una duda. ¿Se suponía que saliera ya completamente desnudo, o todavía con la toalla en la cintura y que se la quitase en cuanto empezara a posar? Al pensarlo, un leve sonrojo cubrió sus mejillas. Era curioso que la idea de preguntarle algo así a la chica le avergonzase más que el hecho en sí, de modo que se decidió por lo segundo.
Mientras tanto, Ino ya tenía todo su material a punto. Se sentía emocionada. Si todo iba bien esta tarde, no necesitaría más días para acabar su boceto, puesto que la parte de Gaara que le faltaba por dibujar era poca en comparación con el resto del cuerpo, el cual ya tenía. Debía terminar hoy, y al fin se vería libre de toda la incertidumbre que la asaltaba cuando pensaba en él. En ningún momento se le ocurrió pensar que dicha incertidumbre tenía que ver con el pelirrojo en sí, y poco o nada con el posado. Craso error.
- Ya estoy, Ino - murmuró Gaara, saliendo del baño.
Llevaba la toalla en la cintura, pero esta vez no la había anudado, de modo que la sujetaba con una mano.
- Bien, ponte donde siempre - dijo ella, colocándose tras el lienzo y cogiendo el carboncillo - Ya conoces la pose.
Por supuesto que la sabía, después de llevar semanas quedándose quieto. Todos los músculos de su cuerpo parecían haber aprendido por su cuenta cómo organizarse para satisfacer a Ino.
... No, definitivamente eso no había sonado de la manera que él pretendía.
Gaara suspiró hondo, movió girando la cabeza para estirar el cuello, y flexionó hombros y rodillas. Ino esperó por él, esa clase de gestos se habían convertido en una rutina previa, pues después no le sería posible moverse hasta terminar la sesión. Y luego, la toalla simplemente cayó al suelo.
- ... ... ... - Gaara esperaba la reacción de la Yamanaka.
Pero Ino ni se inmutó. Apenas le miró unos segundos para después concentrarse en su trabajo, trazando cuidadosamente la línea de la cadera masculina y uniendo la parte superior de su cuerpo con la inferior.
En su fuero interno, Gaara se sintió apesadumbrado, decepcionado. Todo esto le hacía sentirse un poco ridículo también, puesto que no se había imaginado ninguna reacción en concreto por parte de la rubia... pero sí había esperado algo, cualquier cosa. ¡Sí, cualquier cosa que le indicase que no le era del todo indiferente! El otro día, cuando estuvo a punto de besarla mientras lloraba recordando a su madre, ella no le había rechazado ni mostrado disgusto por su cercanía. Eso le había dado algunas esperanzas, que ahora se desmoronaban ante sus ojos al comprobar lo poco que él la provocaba. Al parecer, lo mismo daba que se tratase de él o de cualquier otro tipo que estuviera desnudo en su puesto.
- Eso no importa - pensó, sin ceder a la resignación - ¿Qué más da que pudiera ser cualquier otro? Soy YO quien está aquí, soy YO su modelo, y es a MÍ a quien necesita. Porque me necesitas, ¿verdad Ino? Concédeme al menos eso, por favor.
Sentía su corazón empezar a arder por la necesidad de atraer el interés de ella, no por arte sino por sentimientos. Un casi imperceptible temblor recorrió su cuerpo, la tensión del momento haciendo mella en él. Sentía que podría reventar en cualquier instante.
- Mírame - anheló - Date cuenta de que estoy aquí, que estoy de verdad, Ino. No como tu obra de arte, sino como una persona, como un hombre. Nótame. ¡Siénteme!
Y ella le miró, con el ceño ligeramente fruncido, confusa. Y en el momento en que sus miradas se cruzaron, Gaara sintió repulsión de sí mismo. ¿Cómo podía pensar de manera tan egoísta? Quería que Ino dejara de verle como un modelo, cuando eso era precisamente lo que ella necesitaba, lo que les había hecho conocerse. Si no fuera por eso, ¿qué valor tendría él para ella?
Por su parte, Ino no comprendía qué estaba pasando, pero intuía que algo estaba fuera de lugar. Cuando Gaara salió del aseo dispuesto a trabajar, todo parecía estar bien, nada se diferenciaba de los otros días. Fue en el momento que él soltó la toalla que algo pareció torcerse, pero que le cayese un rayo encima si sabía de qué se trataba. Su inmediata conclusión fue la vergüenza, probablemente Gaara se sentía un poco cohibido al mostrarse así ante ella, y se le pasaría en un rato; así que decidió ignorarlo y dedicarse al lienzo.
Pero la cosa fue a peor. La artista no sabría explicarlo, pero el ambiente se había vuelto tenso con el paso de los minutos. De nuevo, nada parecía diferente, pero indudablemente algo lo era. Una sensación que la atrapaba, que la ahogaba. Y esa sensación provenía directamente de Gaara.
- ¿Gaara? - susurró confundida, mirándole.
El Sabaku pareció sorprenderse, pero no despegó la vista de ella. Sí, con toda seguridad algo iba mal con él, y estaba decidida a descubrir qué era. Recorrió de un rápido vistazo su cuerpo, por si acaso la situación le había hecho excitarse y así causarle incomodidad, pero no. Sí advirtió en cambio su ligero tiriteo, que había echado a perder la pose. Pero eso no le importaba ahora.
- ¿Tienes frío? - preguntó, acercándose a él - Puedo pedirle a Wilson-san que traiga un radiador si quieres.
Gaara tragó fuerte y no dijo nada, pero movió levemente la cabeza en negación. Sus intensos ojos aguamarinos no se movían de ella, atrayéndola cada vez más hasta que estuvo a su lado. Y con toda claridad, percibió que la tensa sensación del ambiente irradiaba directamente desde él.
- Es evidente que algo te ocurre, Gaara - dijo, mostrándose comprensiva - Quizás esto es más difícil para ti de lo que esperabas. Ahora que ya lo sabes, si prefieres que lo dejemos para otro día...
- No - barbotó él, cerrando los ojos de golpe - No es eso. No es nada. No te preocupes.
- Bueno, eso son cuatro noes de una sola vez. Definitivamente algo va mal, Gaara. ¡Dime qué es para poder ayudarte!
Kami-sama, ¿es que esa muchacha no dejaría de torturarle sin siquiera saberlo? ¿No se daba cuenta de que moría por tocarla?
- Yo... estaré bien, dame sólo un segundo. Vuelve al caballete.
- No, no lo creo. ¿Tienes fiebre? - inquirió Ino, llevando una mano a la frente de su amigo para comprobar su temperatura.
Esa fue su perdición. En el momento en que Gaara notó su piel contra la suya, reaccionó de forma instintiva. Sus brazos se movieron por cuenta propia y apresaron a Ino, atrayéndola contra su pecho, encerrándola. La chica soltó un pequeño chillido de sorpresa, pero él lo ignoró. Su frente buscó refugio en el hueco del delgado cuello, aspirando el aroma primaveral como si de elixir de la vida se tratase. Su agitada respiración contra la piel provocó que un escalofrío bajara por la espalda femenina.
Ino no sabía qué hacer. El repentino "ataque" del pelirrojo la había pillado desprevenida, desde luego, pero no parecía que él tuviese intenciones de hacerle daño. De hecho, aparte de ese extraño abrazo dado un poco a lo bruto, no hacía ningún avance, se limitaba a mantenerla apretada contra sí. ¿Estaría realmente tan nervioso como para perder el control de esa manera? No lo sabía, pero entendía que necesitaba tranquilizarse de alguna forma. El contacto humano era una defensa instintiva. Ahora, si tan sólo Gaara no hubiera atrapado uno de sus brazos... pero al menos le quedaba el otro, con el que había tocado su frente.
- Cálmate, Gaara - le habló con voz sedante, moviendo su brazo libre para acariciar la parte posterior de su cabeza - Todo está bien, no pasa nada.
- No, nada está bien, y tú no te das cuenta de ello - pensó el chico, frustrado - Ino...
- ¿Qué?
- Nada, sólo "Ino".
- Oh... vale.
Pasaron un par de minutos así, hasta que finalmente Ino pudo sentir que la tensión abandonaba a Gaara y todo su ser se relajaba. Despacio, el chico desprendió sus brazos de ella y la dejó libre.
- Perdón - murmuró, sin mirarla a la cara - Yo no pretendía...
Era desconcertante que antes fuera incapaz de apartar la mirada de ella, y ahora no se atreviera a hacerlo. Este chico era a veces desesperante.
- No ha sido nada - dijo Ino restándole importancia, pero le sobrevino una repentina duda - O... ¿sí ha sido algo?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Porque a pesar de haberte calmado - ella posó la mano sobre su pecho - tu corazón sigue latiendo muy deprisa.
Por fin volvió a mirarla, pero esta vez su mirada no se parecía en nada a la anterior, aquella tan llena de anhelo y desesperación. No, ésta le transmitía una emoción fuerte pero suave, cálida, agradable. Le gustaba que la mirase así, tanto que no se percató de que Gaara había agachado un poco la cabeza en su dirección hasta que le tuvo a muy escasos centímetros. ¿Qué pretendía...?
Oh, Kami-sama. Esto no podía ser... iba a besarla, seguro que sí. No había otra razón por la cual que le acercaría tanto y de esa forma. Gaara quería besarla, y aun así, le estaba dando margen suficiente para evitarlo en caso de que ella no quisiera. ¿Por qué demonios no aprovechaba la salida que él le brindaba? De verdad la besaría si no se movía ya, inmediatamente, ahora mismo...
El roce de sus labios borró de un plumazo todos sus pensamientos. Sus ojos se cerraron por voluntad propia mientras su boca se movía deliciosamente contra la de él. Cómo podía un hombre ser tan brusco un momento y luego tan delicado al siguiente, era algo que escapaba a su comprensión. ¿Pero a quién le importaba, mientras siguiera disfrutando de ello? Y vaya que lo hacía. Ni siquiera se trataba de un beso profundo, pero Ino jamás se había sentido tan especial en toda su vida por el mero hecho de ser besada.
- Ino...
El suave suspiro que llevaba su nombre la sacó de su ensoñación, lamentando desprenderse de aquella tierna caricia que Gaara había posado sobre sus labios. Lentamente, sus ojos volvieron a encontrarse. Y entonces lo comprendió todo, supo lo que había provocado sin ninguna intención, y vio la magnitud de los sentimientos de su amigo en las profundidades de sus ojos aguamarinos. Sintió formarse un nudo en su garganta, ¿qué había hecho?
- Lo siento, lo siento... - no acertaba a decir otra cosa.
- No, no digas eso - Gaara la tomó de las manos y las acercó a su corazón - Por favor, no digas que lo lamentas cuando esto es... lo más maravilloso que he sentido alguna vez. Yo... no te estoy pidiendo que me aceptes, Ino. No te pido nada. Lo único que quiero es estar contigo, en la forma que tú me permitas quedarme.
Ino se sentía abrumada; desgraciadamente, no del mismo modo que él. No estaba llena de todos esos hermosos sentimientos que Gaara parecía profesarle. Mentiría si dijera que no sentía absolutamente nada por él, era su amigo... y tal vez algo más, pero era demasiado pronto para ella. No podía aceptar los sentimientos de él alegremente y no ofrecerle lo mismo a cambio. Lo mínimo que debía hacer era mostrarle ese respeto.
- Claro que puedes quedarte, Gaara - esbozó una sonrisa temblorosa - No tengo motivos para apartarte. Aunque debes saber que yo no...
- Lo sé - la interrumpió - Lo sé, pero me basta con saberlo, no quiero oírlo también. Sin embargo, mantendré la esperanza de conquistar tu corazón hasta el último día de mi vida. Eso eres tú quien debe saberlo.
¿Hasta el último día de su vida? ¿Qué clase de declaración era ésa? Por mucho que valorase sus sentimientos, Ino tuvo la impresión de que en realidad no tenía ni idea de dónde se estaba metiendo.
- Bueno, si quieres... - empezó a decir, hasta que notó algo - Gaara, estás desnudo.
- Sí, ya lo estaba antes.
- Pero es que...
Es que toda la situación se había tornado absurda, y los dos lo advirtieron al mismo tiempo. La risa subió por sus gargantas y estalló sonoramente en el estudio, relajando el ambiente de una manera inverosímil. Lo suyo había sido como una escena de teatro, y qué digno que el protagonista estuviera en su traje de recién nacido. ¿Pero qué podía importarle a Gaara, cuando el peso que le faltaba en ropa lo había llevado cargado en el corazón?
