Ep. 11: Confusión

El frío del invierno se acercaba con rapidez, y el viento soplaba fuerte por la noche. Ino lo escuchaba perfectamente a través de la ventana, mirando la Luna pasearse entre las nubes, dando vueltas en una cama que no recordaba fuera tan incómoda para dormirse. ¿Qué le pasaba? Nunca le había costado tanto conciliar el sueño.

Era culpa de Gaara, desde luego. De un tiempo a esta parte, todos los pequeños problemitas de su vida parecían relacionarse con él de una manera u otra. Tampoco es que fuese intencionado, claro... pero ese chico sembraba caos en su mente sin siquiera advertirlo. Tenía algo que no podía resistir, algo que la atraía y la alejaba al mismo tiempo, y no sabía cómo lidiar con ello.

Y para colmo, la estrategia de "consultarlo con la almohada" no estaba dando resultado. ¿Qué iba a decirle mañana, cuando le viera en la universidad? ¿Se suponía que debía decirle algo de todos modos, o actuar como si nada hubiera ocurrido? Gaara había puesto su cabeza patas arriba. Hasta hacía poco más de un mes, tenía muy claro lo que hacía en el presente y también lo que quería hacer en el futuro, pero de alguna incomprensible manera, la presencia de su modelo estaba trastocando todo eso, y no tenía ni idea de por qué.

Y el hecho de que se estuviera haciendo de día y no tuviera más tiempo para pensarlo, como que tampoco ayudaba...

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- Cerda, ¿qué te ha pasado? Te ves horrible hoy.

- Tsk, gracias por tu apoyo, frentona.

- Lo digo de verdad. ¿Ocurre algo, Ino?

La preocupación en la voz de Sakura era sincera, y además la había llamado por su nombre, en lugar de usar alguno de sus cariñosos apodos. Las demás chicas, aunque repartidas por la mesa y comiendo sus almuerzos, también la miraban con cierta inquietud.

- ¿No estarás enferma, Ino-chan? - preguntó la dulce Hinata.

- No, no es eso. Es que...

- ¡Código de chicas Nº17! - vociferó Tenten, levantándose de golpe - ¡Llamada a las armas! ¡Es urgente!

- ¡Es urgente, es urgente! - coreó Yakumo, poniéndose en pie también - ¡Escondite L!

- ¡Es urgente! - se unieron las demás, saliéndose de la mesa y olvidando sus almuerzos a medio comer.

- Chicas, de verdad esto es un poco absurdo...

- ¡Cierra la boca y levanta el culo, Ino, si no quieres que te secuestremos y te saquemos de aquí a rastras! - respondió Tenten con una sonrisa triunfal.

Toda la conmoción había pasado un tanto desapercibida entre el jaleo del enorme comedor de la universidad, así que Ino decidió seguirles el juego. Además, tenía curiosidad por saber cuál era el "Escondite L" del campus, pues aún no se había puesto al día con la renovación del código de las chicas. Tantos años perdidos no se recuperaban en un día. Y así, marchando en procesión, se dirigieron al... club de lectura, que evidentemente estaba vacío al mediodía.

- No me imaginaba que todavía siguierais haciendo estas cosas - se rió Ino.

- En realidad ya no las hacemos - confesó Karin - pero situaciones ridículas requieren medidas estúpidas.

Nadie la corrigió por citar mal el dicho. Al parecer, de todas formas estaban de acuerdo con la pelirroja.

- ¡Presidenta Sakura Haruno, presente para la reunión!

- ¡Vicepresidenta Karin Seidou, presente para la reunión!

- ¡Secretaria Yakumo Kurama, presente para la reunión y lista para tomar nota! - dijo la chica, móvil en mano - Podéis proceder.

- Se acusa a Ino Yamanaka de violar el sagrado código de amistad entre chicas, artículo 17, establecido hace catorce años - enunció Karin - Sin embargo, ya que la acusada ha estado desamparada por largo tiempo, opino que podemos ser indulgentes. Se recomienda una sanción pertinente. ¿Presidenta Haruno?

- Me complace la sugerencia. ¿Votos a favor de la acusada?

Todas las manos libres se alzaron. Ino hacía lo imposible por aguantarse la risa. Era increíble la seriedad con la que se estaban tomando todo aquello, teniendo en cuenta que ya no eran unas niñas para montar semejante escenita.

- ¿Y mi alegato?

- ¿Qué vas a alegar si ya has sido indultada, cerda?

- ¿Cómo sabéis que es un Nº17 y no un Nº11?

- Aún no estamos en exámenes, Ino - comentó Shiho - Y si fuera el caso de que hubieras suspendido en algo, ya estarías rogándonos por tutorías.

- ¿Y qué tal un Nº9?

- El último Nº9 fue en el funeral de mi madre - susurró Hinata.

Ino maldijo inmediatamente su torpeza. No quería en absoluto recordarles cosas tristes a sus amigas.

- ¡Está bien, lo confieso! - se rindió la rubia - Es un Nº17.

- Código de amigas, artículo 17 - recitó Karin, ajustándose las gafas - Todo niño lindo que sea tan tonto como para no querernos o hacernos sentir mal de alguna manera, debe ser conocido su nombre para no jugar nunca más con él.

- Sabéis, creo que en verdad nuestro código necesita una renovación - advirtió Sakura, pensativa - Catorce años no pasan en vano.

Todas las chicas asintieron.

- Podemos ocuparnos de eso más tarde. Volvamos al asunto que nos ocupa - habló Tenten - ¿Quién es el chico que te hace sufrir tanto como para dejarte esa cara de mustia, Ino?

- Nadie - y eso al menos era verdad - Lo único acertado de ese artículo es que me hace sentir mal de alguna manera, pero no es su culpa. Él no ha hecho malo, os lo aseguro. El código está tan desfasado que no tiene ningún matiz para distintas situaciones.

- Me apuesto un brazo a que se trata de Gaara - adivinó Sakura - ¿Qué te ha hecho... o qué no te ha hecho? Espera, más bien ¿qué le has hecho tú a él?

- No nos hemos hecho nada el uno al otro, presidenta frentona - Ino trató de quitarle importancia al asunto - Aunque ayer...

- ¿Ayer qué? - preguntaron seis voces distintas.

- Ayer Gaara me confesó que me quería, durante la sesión. Y que quería quedarse conmigo aunque yo no le correspondiera. Me besó.

- ¡Kyaaa, Ino-chan, eso es maravilloso!

- No Hinata, eso es cualquier cosa menos maravilloso - la contradijo Sakura, mirando fijamente a Ino y entendiendo sus sentimientos - Maravilloso sería si la cerda también estuviera enamorada de él, así podrían ser felices y comer perdices. Pero ella no lo está, y teniendo en cuenta que Gaara es un buen tipo, es bastante triste.

- Pero con el tiempo, Ino podría enamorarse de él también, ¿no? - apuntó Tenten.

- Sí, podría... pero ya no sería algo espontáneo. No puedes forzar tus sentimientos para corresponder a alguien. Eso ni tiene valor ni tiene sentido.

Un suspiro de decepción colectiva brotó de las gargantas femeninas.

- ¿Y tú, Ino-chan? - preguntó la heredera Hyuuga - ¿No quieres a Gaara-kun ni una pizquita?

- No es que no le quiera, Hinata, es que... mis sentimientos no han llegado al mismo punto que los suyos. Me atrae mucho, eso te lo aseguro, y también le aprecio a nivel personal, pero definitivamente no puedo decir que le ame.

- Qué me vas a contar... yo podría escribir un libro sobre eso - murmuró Karin.

Las chicas se quedaron en silencio, meditando sobre el problema de su amiga rubia, hasta que un repentino grito las sobresaltó.

- ¡Hey, las del doble cromosoma X! - se escuchó la inconfundible voz de Sai que iba a buen paso hacia ellas - ¿No deberías estar en el comedor a estas horas?

- ¡Oh, demonios! - murmuró Tenten, mirando su reloj de muñeca - Esto ha durado demasiado. Ya no me dará tiempo a comer antes de la conferencia, y no pienso perdérmela.

- ¿Qué conferencia?

- Ha venido un campeón olímpico de natación a darnos una charla, invitado por Gai-sensei. Kisame Hoshigaki, creo recordar que se llama.

- Ah, ya le conozco. Trabaja con Sasori, es uno de los jóvenes empresarios de Akatsuki.

- Yo también, el salmón mutante le tiene en un pedestal - resopló Karin.

- ¿Y tú, Sai? - preguntó Ino - ¿Qué te trae por aquí?

- Voy a recoger la programación del próximo semestre. Yendo por aquí acorto el camino si atravieso el área de leyes.

- ¡Cuernos, lo olvidé! - Ino se levantó de un brinco - Yo también tengo que recoger mi copia. Voy contigo. ¡Adiós, chicas!

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Si había algo que verdaderamente le gustaba de Sai, es que nunca tenía que cortarse con nada ante él. Entre los dos, Sai era indudablemente el descarado y no ella, lo cual hacía que Ino sintiera una libertad sin límites cuando estaba en su compañía. Cierto que alguna vez debía lidiar con comentarios demasiado honestos e incluso ofensivos, pero había aprendido a valorarlos también. Si alguna vez quería una opinión o una respuesta 100% sincera, bastaba con preguntarle a él, aunque le doliera. Tal vez esa fuera también la causa por la que su relación no había prosperado... que Sai no era tan liberal únicamente con ella. No era especial en ese sentido.

- Hoy estás distinta, rubita - le comentó Sai mientras caminaban - Como apagada. Una bombilla a la que se le ha quemado el filamento.

- Gracias por otro más de tus peculiares piropos, Sai - bromeó la chica.

- Lo digo en serio. ¿Algo va mal?

- No, nada va mal - suspiró ella, agotada - No en el sentido de que algo pueda arreglarse, de todas formas. Simplemente estoy frustrada con cierto asunto.

- ¿Quieres que volvamos al aula de diapositivas?

- ¡No se trata de esa clase de frustración, Kami-sama!

- Ah, bueno.

Ya estaba. Apenas un par de frases, y ya se sentía mejor. No mucho, pero algo sí. Era la recompensa por tener un amigo sin tapujos... ni tacto alguno. También era un detalle que, muy remotamente, le recordaba un poco a Gaara.

- ¿En quién estás pensando?

- En mi modelo, el que contraté para posar como el David.

- ¿Estás pensando en otro hombre mientras disfrutas de mi compañía? - sonrió Sai, fingiéndose dolido - Oh rubita, cómo puedes ser tan cruel...

- Vamos, vamos, pajarito - le consoló la Yamanaka, acariciándole juguetonamente el cabello - Sabes bien que a ti nadie puede sustituirte.

- Claro que lo sé. ¿Quién más iba a decirte todas las cursiladas que te gusta oír? - el moreno atrapó su mano y la besó delicadamente, antes de carraspear - Ejem, tus cabellos son largos y brillantes como rayos de Sol. Tus ojos tan azules como el cielo de primavera, haciéndome desear poder volar en ellos.

- Sai, ¿todavía sigues leyendo esos libros de poesía barata?

- Tu piel, tan suave y rosácea como un melocotón, me provoca morderte y saborearte durante todo el día - con la mano que aún le sujetaba, la hizo dar una vuelta de bailarina - Y tus piernas, que son la escalera hacia un paraíso prohibido...

- Tú sí que estás llegando a terreno prohibido, Sai - le cortó Ino, aunque por dentro sentía ganas de reír - Déjalo ya.

- Está bien. Qué poco aprecias mis lindos embustes para conquistar chicas.

Ino iba a replicar algo ingenioso, pero antes de poder hacerlo, fue otra voz más grave y masculina la que lo hizo.

- No son lindos embustes.

No, por favor, esto no podía ser. Se sentía morir en ese preciso momento, rogaba por que se la tragara la tierra allí mismo. ¿Por qué, Kami-sama, por qué entre todos los estudiantes del campus justo debía ser Gaara quien la escuchase bromear y hacer el tonto con Sai?

- Gaa... ¿Gaara? - tartamudeó, paralizada - ¿Qué haces aquí?

- ¿Por qué no habría de estar aquí? - inquirió el pelirrojo - Mi facultad está contigua a la de leyes.

Lo había olvidado por completo. ¿Cómo podía ser tan despistada?

- Perdonad la interrupción. Ya me marcho, tengo cosas que hacer.

- No, espera... - pero él era rápido, vaya si lo era - ¡Gaara!

- Es obvio que no va a hacerte caso - apuntó Sai - Recogeré tu copia del semestre por ti. ¿A qué esperas? Si quieres decirle algo, ve tras él.

Ino dudó apenas un instante, antes de salir corriendo a lo más que le daban las piernas.

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Ella iba detrás suyo, lo sabía. Escuchaba sus zancadas sobre la hierba cada vez más cerca, pero no pensaba detenerse. No tenía motivo para hacerlo.

- ¡Maldita sea, Gaara, espera! - gritó la chica, y su mano se aferró desesperadamente a la tela de su espalda.

Bueno, había cambiado de opinión. Sí se detendría, de hecho lo hizo tan de golpe que Ino chocó contra él. Gaara no se inmutó, pero al parecer ella se hizo daño.

- ¿Se puede saber... haa, haa... por qué sigues andando... haa, haa... cuando te llamo? - preguntó ella, respirando aceleradamente.

No contestó. No tenía nada que contestar. Se dio la vuelta y la miró.

- Escucha, lo de hace un momento... con Sai... no significa nada. Solamente estábamos bromeando, no te lo tomes en serio.

- ¿Por qué me das explicaciones? - preguntó ahora Gaara, sin entender - ¿Por qué crees que debes dármelas?

Ino le miró, ya recuperada de la carrera. Él no parecía molesto, ni enfadado, tan sólo algo confundido quizá.

- Es que... - titubeó - No quiero que pienses cosas que no son. Entre Sai y yo... esa es la clase de relación que tenemos. Somos amigos, nada más.

- Sé que tuviste algo con él. Ya lo sabía de antes. No te reprocho nada, es algo natural. Sin embargo, aún no me has respondido por qué crees que debes explicarte ante mí.

¿Que por qué? ¿Acaso no estaba más claro que el agua? Al parecer no.

- Porque tú me quieres. Y yo no deseo hacerte daño.

A su alrededor sólo había silencio. El descanso del almuerzo ya había acabado, y todos los estudiantes se habían marchado a sus respectivas clases. Nadie les interrumpiría. Era el momento perfecto para decirse cualquier cosa que tuvieran que decir.

- Hace un momento, cuando estabas con él... - despacio, Gaara levantó una mano y le acarició tiernamente la mejilla - te veías preciosa. Parecías tan libre y tan a gusto como una mariposa. Nunca has estado así conmigo. Me quedé extasiado cuando te vi.

- ¿Entonces por qué huiste?

- Esas cosas que te dijo no eran embustes. ¿Por qué los llamó así? Yo... jamás comprendí el sentido de decir las cosas de una manera rebuscada y complicada - deslizó su mano a través de la larga melena de Ino - Tus cabellos sí son como los rayos del Sol, largos y relucientes. Es un hecho que cualquiera puede constatar. ¿Pero por qué cuando lo digo yo no suena igual?

- Gaara, porque son cursiladas que lo mismo valen para mí que para otras mil chicas con largo cabello rubio. No son nada concreto, nada especial.

- Pero sonreías cuando él te las decía. Yo también quiero hacerte sonreír.

- Ya lo haces - y sí, sonrió con ternura - Basta con que seas tú mismo. No te compares con Sai, ¡no te compares con nadie! Lo de él son meras bromas para adularme que me hacen gracia, por eso me río. Si tú me dijeras algo así, no lo tomaría como un chiste.

- ¿En serio? Déjame hacer un intento, entonces - la miró fijamente, pensando en algo para decir - Me gustan tus labios. Tienen el tono suave y maduro de las manzanas. Siempre me ha gustado su olor, su sabor... y también me gusta el tuyo.

Su voz había ido convirtiéndose en un susurro, inclinando lentamente la cabeza en su dirección, hasta quedarse a escasos centímetros de su boca justo como ayer. Ino se preguntó cuánto más tardaría en besarla... pero para decepción suya, no lo hizo. Gaara tragó fuerte y se apartó, levemente sonrojado.

- Bueno, ¿qué tal?

- ¿Eh? ¿Qué cosa?

- El piropo, ¿qué tal ha estado?

- Uh... ¡ah, sí! Claro, el piropo. Diría que muy bien, para ser el primero. Sincero y escueto. Gracias.

- De nada. Pensaré en algo más para decírtelo la siguiente vez que nos veamos.

Y ya volvía a irse, sin siquiera despedirse. ¿O sí se había despedido y ella no lo había oído?

- No, ¡quieto parado! - estiró el brazo antes de que se alejase y le retuvo - ¿Por qué... por qué no me has besado esta vez?

- Ino - murmuró deliciosamente su nombre - Porque tú no quieres que te bese. No deseas que lo haga, tanto como yo me estoy muriendo por hacerlo.

¿Era eso cierto? ¿No quería que Gaara la besara? La verdad era que ya no estaba segura de nada.

- ¿Cómo lo sabes? - le desafió, terca - ¿Y si digo que sí, que quiero que me beses?

- Entonces demuéstramelo. Bésame tú primero.

Tonta de ella, había sido una jugada pésima. ¿Por qué él tenía que responderle con tanto anhelo? Ino se crucificó a sí misma, primero decía que no quería hacerle daño y después le salía con esto. Casi parecía que estuviera jugando al gato y al ratón con él, pero Ino sabía bien lo que quería hacer. Tenía sentimientos innegables por Gaara, sentimientos que tenía derecho a expresar aunque no fueran iguales a los del chico, lo cual lamentaba profundamente.

Gaara estaba esperando. Sabía que ella no lo haría, pero quería ver cómo se las ingeniaba para salir del atolladero en el que se había metido. Una de las muchas cosas que Ino siempre le causaba era curiosidad, no conocía ninguna otra chica tan entretenida como ella. Pero para su sorpresa, la rubia no escapó como había supuesto. De hecho, se plantó frente a él con un gesto muy seguro en su bello rostro. ¿Qué pretendía hacer? ¿Realmente le besaría?

Y lo hizo. Una poderosa y determinada caricia de la boca de manzana sobre su mejilla fría, que inmediatamente se calentó ante el contacto. Cuando ella se separó, sonriente y satisfecha, Gaara no pudo evitar sonreír también.