Ep. 12: Avanzando hacia ti

- Gaara, ¿alguna vez te han dicho que eres hermoso?

La pregunta, dicha así tan inesperadamente y de sopetón, puso a prueba toda su voluntad para no girarse en dirección a la chica y dirigirle una mirada de asombro.

- ¿Herm... hermoso? - vaciló - No, no creo. En alguna ocasión me han dicho que resulto atractivo, pero nada más.

- Bueno, pues lo eres.

- Se nota que eres artista, Ino...

- ¿Qué se supone que quiere decir eso?

Gaara esbozó una pequeña sonrisa que desgraciadamente la pintora no pudo ver, al quedar oculta tras el lienzo.

- Nada, nada en particular - y volvió a ponerse serio - Por cierto, ¿puedo preguntarte algo? ¿Por qué me besaste el otro día?

- Pues... porque me apetecía - dudó la Yamanaka.

- ¿Solamente por eso?

- Sí, solamente por eso. Gaara, no te equivoques pensando que yo no siento nada en absoluto por ti, porque no es así - explicó ella - De alguna manera, te has convertido en alguien muy importante para mí en poco tiempo. Sé... sé que no comparto los mismos sentimientos que a ti te gustaría, pero hay muchos otros que podemos compartir. En aquel momento te besé porque eres mi amigo; a Shikamaru y Chouji les beso a menudo, porque son mis amigos, porque les quiero. Y esos besos también son importantes.

Por un momento, Gaara suspiró en silencio, reflexionando sobre lo que Ino había dicho. No acababa de entenderlo del todo, puesto que a él la única mujer que le había besado era su hermana mayor, Temari; y bueno, suponía que su madre también le habría besado alguna vez antes de morir. Sin embargo, saber que él era especial para Ino, aunque fuera de aquella manera, provocaba que un sentimiento cálido y agradable se instalase en su pecho.

Ino le echó una mirada discreta, contenta. Si tuviera una cámara a mano, habría fotografiado a su modelo en ese mismo instante para mostrarle lo adorable que se veía, con su tímida sonrisa y sus bellos ojos aguamarinos, y un ligero tinte rosado en sus mejillas. No sabía en qué estaría pensando, pero fuera lo que fuese parecía hacerle feliz.

- ¡Ino! - la llamó en un impulso - ¿Te... te gustaría salir conmigo algún día, a... algún sitio para... hacer cualquier cosa?

Bueno, ciertamente no podía decirse que la suya fuese la mejor proposición que le habían hecho nunca, ni tampoco la más definida.

- Si intentas pedirme una cita, Gaara, tendrás que hacerlo mejor.

El pelirrojo volvió a suspirar, apesadumbrado. ¿Qué podía hacer, si no tenía ni idea de cómo funcionaban estas cosas? Al menos no había rechazado la idea de salir con él.

- De acuerdo - pensó para sí - Esto tengo que pensarlo bien. Necesito alguna buena idea... o tal vez, ¿sería mejor pedirle consejo a alguien? ¿A quién podría preguntarle?

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- Naruto, ¿adónde llevarías a una chica en una cita?

- ¡¿CITA?! - respondieron muchas voces distintas en su lugar.

Desgraciadamente, el Sabaku no había encontrado mejor momento para tan importante cuestión que durante la reunión semanal de Jóvenes para todo, puesto que todo el grupo de amigos tenía clases distintas y únicamente se reunían a la hora del almuerzo, en el cual también estaba Ino. Como consecuencia, toda la pandilla se enteró inmediatamente de un asunto que él hubiera preferido mantener lejos del oído público.

- Gaara-kun, ¿vas a tener una cita? - curiosamente, Hinata fue la primera en asaltarle con preguntas.

- No... quiero decir, no todavía, pero...

- ¡Ramen, por supuesto! El ramen es perf...

- A éste, ni caso - le apartó Sakura de en medio, metiéndole un codo en la boca para que se callara - ¿De quién se trata? Es la cerda, ¿verdad? ¿Vas a salir con la cerda?

- ¿Q-qué cerda?

- Se refiere a Ino, es un apodo cariñoso - aclaró Tenten - Digo, supongo que lo es, ¿no?

- Ah, bueno... pues la verdad es que...

- ¡Sí, yo tenía razón! - exclamó Sakura, triunfante - Estaba clarísimo, se veía venir a leguas.

- Sakura, te lo inventaste y simplemente acertaste de chiripa - se burló Suigetsu.

- ¡Oye, no te atrevas a menospreciar el poder clarividente de una mejor amiga!

- Esto... como iba diciendo... - intentó explicar Gaara de nuevo.

- ¿Qué tiene de malo el ramen?

- Me estáis dejando sordo con tantos gritos - protestó Sasuke, cubriéndose los oídos.

La verdad sea dicha, en aquel momento parecía que estuvieran en una disputa callejera más que en el pasillo de una universidad.

¡ ¡ PPIIIII ! ! , resonó un silbido abrumador.

Todos se giraron hacia la fuente del sonido, una vez que dejó de reverberar, y se toparon con Tenten con un silbato en la boca.

- Veréis qué feliz se pone Gai-sensei cuando le diga que por fin he estrenado su regalo de cumpleaños - sonrió la castaña.

- Tenten, ¿a qué ha venido eso? - preguntó Gaara, sin atreverse a alzar la voz.

- No seas ingrato, encima que he calmado el gallinero por ti. Démosle nuestras ideas a Gaara por orden.

- Me largo - dijo el joven Uchiha, despidiéndose con un gesto de la mano - El tema no me interesa en absoluto.

- Creo que yo también - dijo Naruto, yendo tras él - Lo siento mucho, Gaara, pero es que aparte del ramen no tengo ninguna otra buena idea.

- Ésa tampoco lo era, dobe.

- ¡Teme!

Los ecos de su pelea se perdieron en la lejanía, mientras el resto de los presentes hacía su mejor esfuerzo para ayudar al pelirrojo. Sin embargo, ninguna de las opciones que le ofrecieron sus amigos le parecieron adecuadas. ¿Acuario? ¿Museo? ¿Cine? Eran lugares normales y corrientes, a los que cualquiera podría ir por su cuenta si le apetecía; de hecho, él mismo ya había estado en alguno de ellos. No servían, para Ino quería algo especial.

- Gaara, lo que hace especial una cita no es el lugar adonde vais ni lo que hacéis - trató de explicarle la Haruno - sino el sentimiento que os impulsa a tener esa cita.

- ¡Bien dicho, Sakura! - la apoyó Tenten - En nuestra primera cita, Neji y yo fuimos a ver una exhibición de esgrima. ¡Es algo inusual, pero los dos lo disfrutamos mucho!

- Pero Gaara-kun, no pienses en cosas que sólo le gustarían a Ino-chan, tienes que disfrutarlo tú también - opinó Hinata - Aunque estéis en un lugar que ella adore, ninguna chica lo pasará bien si nota que el chico que la acompaña en cambio lo detesta.

- Toma ejemplo de Sakura, su primera cita con Akasuna-san acabó en el hospital - se rió Suigetsu.

- ¡Eh, no fue mi culpa! A Sasori le dio alergia una de las setas que nos sirvieron en la cena.

¿En un hospital? Eso puede que tuviera su encanto para una estudiante de medicina como la Haruno, pero Gaara preferiría terminar sano y salvo en su habitación de la residencia.

- A mí me fascinaría ver la puesta de sol desde la playa - comentó la tímida Hyuuga con voz soñadora - Es una pena que Konoha quede tan apartada del mar.

¿Le gustaría a Ino el mar? Podrían hacer un viaje en tren, aunque les llevaría todo el día tan sólo ir y volver...

- Gaara, ¿por qué no pruebas yendo a sitios que a ti te gustaría, para que así Ino te conozca mejor? - sugirió Tenten.

- No... es que tampoco estoy seguro de qué sitios me gustarían a mí - admitió el chico, cabizbajo.

- Pero si te has enamorado sinceramente de la cerda, entonces ya debes conocerla bastante bien. No puede ser tan difícil averiguar algo que le gustaría hacer o visitar.

El Sabaku suspiró. Si tan sólo fuera tan fácil... los lugares que le habían propuesto sus amigos estaban bien para citas cotidianas, pero él no tenía tiempo para perderlo. En un par de días tendría su última sesión con Ino, y después no estaba seguro de lo que pasaría. Suponía que seguirían siendo amigos, pero ya no compartirían ese punto en común que les hiciera encontrarse. Gaara en realidad no sabía cómo continuar a partir de allí.

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- Papi, quisiera hablarte de algo - dijo Ino cuando entró silenciosamente en su despacho - ¿Estás ocupado?

- Nunca estoy demasiado ocupado para ti - respondió Inoichi, apartando la vista de su portátil inmediatamente - ¿Qué sucede?

- Creo que necesito consejo - murmuró la chica, deteniéndose frente a la ventana y contemplando el exterior - Se trata de Gaara.

- ¿Gaara-kun? ¿Qué ocurre con él?

- Él... me ha dicho que me quiere.

Instintivamente cerró fuerte los ojos, esperando oír a su progenitor poner el grito en el cielo y montar una de sus típicas escenitas... pero no hubo nada, y cuando se giró extrañada, le vio mirándola con una sonrisa pacífica.

- Ya veo. Bueno, en ese caso enhorabuena.

- ¿Enho... enhorabuena? ¿No estás molesto o algo?

- ¿Por qué habría de estarlo? Es bonito saber que alguien te quiere, y él me parece un muchacho sincero. De hecho, me da la impresión de que incluso lo es demasiado, no sabe cómo fingir.

- Pero... pero...

- Tesoro, ¿cuál es el problema en realidad?

Ino soltó un largo suspiro, cabizbaja, y fue a sentarse en las rodillas de su padre para que la reconfortase, igual que solía hacer de pequeña. Inoichi la abrazó y le acarició la cabeza, dándole tiempo a que encontrase las palabras adecuadas.

- Cuando él me confesó sus sentimientos, se sintió extraño. Yo ya me he enamorado antes, pero él fue tan, tan... ah, no sé cómo decirlo, ¿tan determinado? No, esa no es la palabra correcta.

- ¿Indefenso?

- ¿Indefenso? - ella lo meditó por un momento - Sí, creo sí. Casi sentí que me dejaba expuesto su corazón en bandeja de plata, sin ninguna protección. Admito que me aterró un poquito. Papá, ¿cómo lo has sabido?

- Bueno, porque... hace muchos años, yo me sentí igual cuando conocí a Mokuren.

La joven se mordió el labio, dubitativa. Siempre pasaba lo mismo cuando su mamá aparecía en la conversación. Por mucho que quisiera saber, sabía el dolor que le causaba a su padre hablar del pasado, y pese a ello nunca se había negado a responder.

- Explícame más, ¿a qué te refieres?

- Al tratar más con Gaara-kun después de que le contratases como tu modelo, él me dio... cómo decirlo... las mismas vibraciones que tu madre. La forma en que te miraba, tan anhelante; la forma en que te tocaba, como algo sumamente valioso... tu mamá se comportaba igual conmigo.

- Todas las parejas hacen eso, supongo.

- Sí, las parejas, pero vosotros no lo sois. En muy poco tiempo te has vuelto alguien irreemplazablemente especial para él, y según Mokuren... será así por siempre.

- Los amores vienen y van.

- No, no es así - la contradijo Inoichi - Yo aún amo profundamente a tu madre.

Ino volvió a suspirar, apoyando la cabeza en el hombro de su padre, mientras él rememoraba el pasado. Recordaba el hanami de aquel año, el templo que visitó con Shikaku y Chouza, la danza kagura de las sacerdotisas... y a una en especial, una de las damas, de cabello blanco como las plumas de un cisne, vistiendo un kimono celeste y plateado que hacía resaltar sus ojos azules.

- ¿Fue amor a primera vista? - preguntó Ino de repente.

- En absoluto. ¿Acaso él te ha dicho que se enamoró inmediatamente de tu lindo rostro?

- No, tampoco. De hecho, la primera vez que le vi, le abofeteé en menos de dos minutos.

Inoichi no pudo evitar reírse.

- Ya es un avance. Yo le tiré un cubo de agua fría a tu madre, aunque fue sin querer.

- Pues yo lo hice queriendo mucho, pero después me disculpé. ¿Por qué crees que Gaara me amará para siempre?

- Ino... - fue el turno de su padre de suspirar - Yo no puedo asegurarte estas cosas, sólo repito lo que decía tu madre porque creo que Gaara-kun es igual. Mokuren siempre dijo que fue algo inesperado, que en el momento de conocernos no hubo nada en mí que le gustase especialmente. Simplemente sucedió... cogió mi mano, un mero roce fortuito, y dijo que se sintió como vivir la eternidad en un instante. Desde entonces sus ojos sólo me veían a mí. Su mundo entero se había girado hacia mí.

- Me pregunto por qué - habló Ino - si esto son el tipo de cosas que deberían sonar románticas, suenan en verdad algo dolorosas.

- Puede que lo sean - coincidió él - Si yo no me hubiera enamorado también de Mokuren, ella habría permanecido al servicio del templo por el resto de su vida, guardándome en su corazón. Cuando me lo decía estaba tan seria... realmente daba un poquito de miedo, viéndola tan segura, como si aquello fuera una verdad universal e inamovible.

Ino calló, no queriendo preguntar nada más. Se sentía angustiada al pensar que Gaara pudiera tener sentimientos tan arraigados por ella, incapaz de olvidarla. Su papá había dicho que por mera suerte él había correspondido también los sentimientos de su madre, ¿pero si no hubiera sido así? Ella no quería que Gaara fuese desgraciado, pero tampoco podía forzar su corazón.

- Papi, ¿qué puedo hacer para enamorarme de alguien?

- Cielo, eso no es algo que puedas decidir - masculló Inoichi, acariciándole la cabeza - Has dicho que ya estuviste enamorada antes, ¿lo planeaste acaso?

- No. ¡Pero es que no quiero que Gaara sea infeliz por mi culpa!

- No será por tu culpa, igual que tampoco lo será suya. Estas cosas simplemente pasan. El corazón de unas personas es más vulnerable que el de otras. Hay quien puede resistir un corazón roto, recuperarse y volverse a enamorar; y hay quienes no pueden, se quedan aferrados de por vida a un solo amor. Creo que tu madre y tu modelo son del segundo tipo.

Después de hablar con su progenitor, Ino en verdad no sabía si se sentía mejor o peor. De todas formas ya le había interrumpido demasiado, así que se levantó y se dispuso a marcharse para dejarle continuar su trabajo. Pero al llegar a la puerta, no pudo evitar voltearse y hacerle una última pregunta:

- Papá, ¿por qué nunca has vuelto a casarte?

Él alzó la cabeza y la miró, algo sorprendido.

- Creo que amé... amo tanto a tu madre, que no me queda espacio en el corazón para nadie más.

Después de esto, Ino cerró suavemente la puerta al salir. Quería reflexionar sobre todo lo que su padre le había dicho. Si ella no amaba a Gaara, seguramente alguien más podría hacerlo, ¿pero él? No le gustaba la idea de que fuese algo así como un esclavo de sus sentimientos, ¿qué felicidad podía haber en ello? Tal como pintaban las cosas, no le traerían más que dolor y sufrimiento.

Aunque tal vez... si fuera posible... ¿podría Ino hacer que Gaara se desenamorase de ella?