Ep. 13: Calor invernal

Iba a hacerlo. Sí, definitivamente iba a hacerlo. Podía con ello. No era nada del otro mundo, la gente hacía esas cosas todos los días, en cualquier momento y en cualquier lugar. Él no iba a ser menos.

- Ino, ¿te apetece...? Digo, si no te importa... Lo que quiero decir es que... Bueno, que estaba pensando en... Si te parece bien, podríamos... Ejem... Me refiero a que si no estás ocupada...

Pues no, al parecer no podía. Mirándose en el espejo del baño, el reflejo le mostraba el "yo" más torpe e idiota que podía imaginarse, al menos en su opinión.

Suspirando profundamente, Gaara agachó la cabeza y abrió el grifo del lavabo, cogió agua y se lavó la cara tratando de refrescar sus calientes mejillas, que parecían haber decidido por cuenta propia que el rojo era un buen color ese día. Según él, no lo era, mucho menos si ya tenías suficiente rojo en tu cabello. No, tenía que hacer algo y verse decente hoy, que era un día importante... porque hoy tendría su última sesión de arte con Ino, y estaba decidido a pedirle una cita fuera como fuese. Debía verse bien, varonil, firme, y no esa pobre excusa de chico ruborizado que el espejo se empeñaba en mostrarle.

Una cita. La idea era confusa en su cabeza y la palabra rara en sus labios, ¿qué solía hacer la gente exactamente en una cita? Pero no importaba, lo averiguaría sobre la marcha. Sakura en persona le había aconsejado no pensar demasiado las cosas y dejar que todo fluyera de manera natural. También le había dado el visto bueno al sitio elegido al final. Lo único que faltaba es que la chica en cuestión aceptara... siempre y cuando él fuera capaz de hacer la invitación.

Para lo cual ya llegaba tarde, por cierto, si el móvil no le engañaba. Corriendo como un caballo desbocado, Gaara partió al Ichiraku Plaza, y de pura suerte llegó en el último minuto para coger el tranvía que le dejaba a un par de calles de la casa Yamanaka.

- Buenas tardes, Gaara sir - le saludó el mayordomo en cuanto llegó, con su acostumbrada reverencia formal - Hoy parece venir acalorado, a pesar de que pronto nevará. ¿Me permite ofrecerle algo para refrescarse?

- No hace falta, Wilson-san, gracias - respondió Gaara con educación - Iré directamente con Ino.

- Me temo que lady Ino aún no ha regresado - avisó el hombre, tomando su abrigo - Pero si gusta, puede esperarla en el estudio. ¿Quiere que le acompañe?

Eso era algo nuevo. ¿Ino no estaba? Siempre estaba ya esperándole cuando él llegaba.

- No se preocupe, no es necesario. Ya me conozco el camino.

Bueno, así tendría un rato para serenarse y elegir las palabras adecuadas. No podía ser tan difícil, o la gente no lo haría constantemente. Era cuestión de hallar el momento preciso, y lo demás se daría solo... bueno, contaba con ello. Se sentó cómodamente en el suelo del estudio, con las piernas estiradas, y se dispuso a esperar.

- ¡Gaara! - se escuchó un gritito repentino al cabo de media hora, y una rubia cabeza asomó por la puerta - Siento llegar tarde, me entretuve hablando con Sai.

¿Otra vez Sai? Gaara frunció el ceño, algo molesto. Ese tipo parecía tener más presencia en la vida de Ino de lo que aparentaba a simple vista, a pesar de que su relación sentimental hubiera terminado.

- No importa, a todos nos ocurre de vez en cuando.

- ¡Claro que importa! - replicó Ino ofuscada, preparando rápidamente el instrumental necesario - Las horas de luz son cada vez más escasas, y también hay días nublados. Ya sabes que no me gusta recurrir a iluminación artificial para trabajar. Desnúdate aquí mismo.

Oh, se trataba de eso. Por un momento había pensado que ella... Un momento, ¿qué había dicho? ¿Que se quitara la ropa ahí mismo, delante de ella, así como si nada?

Demonios, pensó el Sabaku, sintiendo una vez más el calor en sus mejillas. ¿Desde cuándo era tan auto-consciente? Desde que Ino apareció en su vida, eso era. Por no decir que su reacción no podía ser más estúpida, si a fin de cuentas ella le estaba dibujando desnudo. El resultado era el mismo al final, ¿qué podía importar desnudarse en el baño o directamente en el estudio? No debía importar, y sin embargo... lo hacía. No el hecho de estar como vino al mundo, sino quitarse la ropa frente a sus ojos.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Ino, afilando el carboncillo - ¿A qué esperas?

- Yo... yo no quiero... es que...

La chica le miró confundida por un momento, pero entonces sus palabras cobraron sentido para ella misma también. Sorprendida por su audacia, desvió la vista y se llevó una mano a la boca, sintiendo calentarse sus mejillas también.

- No lo dije en ese sentido - trató de disculparse - Estaba pensando en... bueno, lo de siempre. Ha sido mi culpa, perdóname. Ve al baño, después de todo un minuto más o menos no será ninguna diferencia. No pretendía incomodarte...

Gaara asintió en silencio y obedeció. En el estudio, Ino se hubiera dado de cabezazos contra la pared por su torpeza. ¿Cómo podía haber dicho algo semejante? Ella que se había prometido tener en cuenta los sentimientos del Sabaku, y en cuanto se descuidaba volvía a tratarle como un mero trabajo. ¡Se trataba de una persona! Debía esforzarse más para no herirle.

- Ya estoy listo.

El pelirrojo parecía haberse recuperado. Sin ningún problema soltó la toalla que sujetaba contra su ingle y se colocó en posición, pero Ino todavía estaba algo afectada. No quería sentirse como alguien cruel. Miró a Gaara a los ojos, y no vio ningún reproche en ellos. Paseó la mirada por todo su cuerpo. Vaya que era bello... ya se lo había dicho antes, y con toda sinceridad. Él era hermoso de la cabeza a los pies... y todo lo del medio también...

- Ejem, empecemos - habló Ino, intentando concentrarse - El codo izquierdo una pizquita más arriba, por favor... apoya más tu peso sobre el otro pie... perfecto.

Kami-sama, menos mal que ya estaban por terminar ese mismo día. En buena hora se filtraba por fin en su cerebro que Gaara era un chico completamente deseable y desnudo frente a ella, a sus órdenes... sentía que podía desarrollar un fetiche allí mismo, en ese mismo instante.

... Ojalá ese día acabase pronto.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dejando aparte el torpe y apresurado comienzo, la última sesión transcurrió sin más incidentes. Mientras posaba, Gaara repetía la invitación en su cabeza una y otra vez, mezclando palabras y cambiando expresiones, tratando de hallar la mejor manera de hacer su proposición. Pero, ¿cuándo lo diría? ¿Cómo reconocería el momento propicio?

Ino, en cambio, tuvo serios problemas para trabajar. Sus manos parecían haberse vuelto de mantequilla, y constantemente hubo de hacer movimientos para destensar los músculos. No se trataba tan sólo de la delicada parte del cuerpo de Gaara que estaba dibujando (pues tampoco era la primera vez que bosquejaba genitales), sino que se trataba de él. Su cuerpo. Su modelo. Gaara.

Kami-sama, en verdad marcar el último trazo se sintió como sacarse una ballena de encima.

- ¡Y ya está, terminado! - suspiró Ino alegremente, sonriendo - Por fin hemos acabado, Gaara. Ya puedes descansar.

Dicho y hecho, el chico aflojó todo su cuerpo y se dejó caer al suelo, así sin más, sin preocuparse lo más mínimo de cubrir su desnudez. Total, ¿qué importaba si ella ya le había visto todo lo que había que ver?

- ¿Gaara? - se le acercó ella, curiosa y algo preocupada - ¿Te encuentras bien?

- Perfectamente - él sonrió un poco también, cerrando los ojos - Muchas sesiones fueron agotadoras y aburridas, pero se siente bien haberlo logrado. Tan bien... estoy feliz de haber podido ayudarte.

No, esto ya era demasiado. Ino juraría que lo hacía aposta para tentarla. Tenerle allí, todavía en la gloria de su desnudez, tan calmado que casi parecía dormido, en una postura tan relajada e indefensa... Aunque apenas acababa de terminar un trabajo, sus dedos prácticamente temblaban con la excitación de coger un pincel y plasmar en un lienzo la seductora imagen que tenía delante.

Sin poder evitarlo, se agachó doblando las rodillas para disfrutarle más de cerca. Disfrutarle... esa idea sonó deliciosamente perversa en su mente. Estirando el brazo, deslizó lentamente su dedo índice por la mejilla de Gaara; él no hizo ningún intento de apartarla. Su piel era muy suave para ser de varón, tal vez por ser todavía muy joven... dudaba que tuviera que afeitarse a menudo.

Su dedo travieso bajó el arco de la barbilla masculina y se posó en el cuello, donde se unió con su dedo corazón. Pudo notar el pálpito de su sangre bajo las yemas, y la sensación le resultó sumamente erótica. Incitada por la falta de rechazo, Ino se aventuró a posar su mano entera en el pecho del pelirrojo, deleitándose con la tibieza de su cuerpo. Desde allí paseó erráticamente sobre sus músculos, relajados pero firmes; los brazos anchos, los hombros fuertes, la sólida cadera...

Ino se detuvo repentinamente al notar que su jueguecito había traspasado la frontera del ombligo. Retiró la mano de golpe como si se hubiera quemado, sintiendo arder su cara, y se puso en pie. ¿Qué demonios estaba haciendo? O mejor dicho, ¿qué estaba haciendo Gaara para no detenerla? Girándose hacia él, le encontró con los ojos abiertos, su mirada aguamarina clavada en ella. En su expresión podía leerse cierta extrañeza, como si le preguntara por qué no seguía.

- Levántate y vístete antes de que te resfríes - dijo Ino, procurando aparentar normalidad y que su voz no flaquease.

Él no respondió, pero obedeció y fue al baño a ponerse la ropa.

- Maldita sea, Ino - se regañó la chica mentalmente - ¡Céntrate, Kami-sama! Es una persona. No es un medio de trabajo, no es una estatua de mármol, no es un objeto de estudio... no es tu juguete sexual. Persona, persona, persona, persona, persona... Eso es.

El ruido de la puerta la sacó de sus cavilaciones. Gaara la miraba intensamente.

- No me hubiera molestado que siguieras tocándome - dijo con toda tranquilidad, como si estuviera hablando del clima.

Por un instante, la Yamanaka no supo qué responder.

- Ya que hemos terminado, deberíamos decidir el pago por tu servicio - cambió de tema - Te he tenido empleado durante dos meses y una semana. ¿Cuánto sueles cobrar por ese tiempo?

- No lo sé. Éste ha sido mi primer trabajo tan largo. Normalmente me asignaban tareas que pudiera finalizar en un mismo día.

- Entonces hablaré con la rectora Tsunade al respecto. Te pagaré lo máximo, también como disculpa por la bofetada del primer día.

Gaara frunció el ceño, angustiado. No le gustaba el rumbo que estaban tomando las cosas. Se suponía que como poco eran amigos, pero Ino estaba hablándole como si fuera una herramienta que ya no servía y quisiera deshacerse de él...

- Te lo diré mañana en la cantina, cuando nos reunamos con la pandilla para comer - finalizó la rubia.

El Sabaku ahogó un suspiro de alivio. No, ella no estaba intentando perderle de vista; meramente estaba teniendo una conversación normal y corriente.

- ¿Puedo verlo? - preguntó súbitamente - Me gustaría ver cómo ha quedado, ya que apenas lo vi al empezar.

- Por supuesto - accedió Ino, yendo hacia el caballete y retirando la tela de protección que ya le había puesto - ¿Qué te parece?

... Vaya, no estaba mal. No estaba pero que nada mal, ¿realmente se trataba de él? Casi no se reconocía, a pesar de que la imagen era idéntica a la que le mostraba el espejo todas las mañanas. Puede que se debiera al contexto, ya que aquí él estaba posando como el David, o al hecho de estar en blanco y negro. El caso era que... Gaara se repitió una y otra vez que él no sabía de arte y por lo tanto no tenía derecho a juzgar el trabajo de Ino, sabiendo apenas lo que enseñaban en el colegio por ser cultura general.

- ¿Qué sucede? - preguntó Ino, notando su indecisión - ¿No te gusta?

- No es que no me guste... No es nada, no me hagas caso.

- No, sí es algo - insistió ella - Dime qué es.

- Pues... - Gaara buscó la mejor forma de explicarse, mirando de nuevo el boceto - Está muy bien hecho, eso no lo dudes, pero de alguna manera se siente tan... frío y vacío. Yo no entiendo de estas cosas, pero habitualmente cuando veo una estatua o miro un cuadro, siempre transmite algo, como si un pedazo del alma del artista fluyera a través de la obra. Pero el tuyo es... no sé cómo decirlo... tan técnico...

Se calló y no dijo nada más, frotándose la parte posterior de la cabeza. Sus palabras parecían haber surtido un mal efecto sobre Ino, a juzgar por su cara. No estaba ofendida ni triste, tampoco enfadada, sino más bien... ¿frustrada? Sus hermosos ojos azules se clavaban en el dibujo con tanta fuerza que no le hubiera sorprendido si éste se cayera al suelo por algún efecto sobrenatural. Su mandíbula estaba tan apretada que él podía notarlo claramente. Daba la impresión de odiar el bosquejo por el que tanto se había esforzado.

- ¡Ino, tengamos una cita! - barbotó sin pensar.

Estupendo, sencillamente estupendo. Tanto tiempo comiéndose la cabeza para que todo resultara perfecto, y ahora se lo soltaba así sin venir a cuento. Pero es que no soportaba ver a la chica que amaba en ese estado, siendo atormentada por algo que él no alcanzaba a comprender. Quería distraerla de tan angustiosos pensamientos, capturar su atención con alguna cosa... con cualquier otra cosa, y eso había sido lo primero que se le ocurrió.

- ¿Q-qué? - reaccionó Ino, mirándole inmediatamente - ¿Una cita?

Se había recuperado, volvía a ser ella misma. Bueno, a fin de cuentas, tal vez el momento no pudo haber sido mejor.