Ep. 14: La cita
El cielo estaba completamente nublado, lo cual no era extraño, siendo uno de los primeros días de Diciembre. Por un momento, Gaara se preguntó si no sería mejor dejar la cita para otro sábado más propicio... pero teniendo en cuenta que el invierno seguiría avanzando, dudaba que el clima pudiera mejorar lo suficiente como para arriesgarse a perder su tiempo a solas con Ino.
Eran las diez de la mañana, y el pelirrojo se encontraba con una cesta en las manos cumpliendo fielmente uno de los clichés de historias románticas: la del caballero que espera, en este caso en el Ichiraku Plaza, junto a la parada del tranvía en la que la chica debía bajarse. Por cierto, llevaba un cuarto de hora de retraso. Tenía que haberse apeado en el tranvía anterior, pero no lo había hecho, de modo que le tocaba esperar hasta que llegara el siguiente...
- ¡Gaara, ya estoy aquí!
... O tal vez no.
Kami-sama, ¡vaya que iba linda! Su largo cabello platinado estaba trenzado como el de una princesa, era la primera vez que Gaara la veía con ese peinado. Una gabardina impermeable de color violeta, larga hasta las rodillas, y un pañuelo blanco en el cuello. Bajaba de un lujoso coche, y a través del cristal el chico pudo distinguir el perfil de Inoichi-san.
- ¡Hola, siento llegar un poquito tarde!
- No importa, no ha sido mucho rato. Pero creí que vendrías en tranvía.
- Iba a hacerlo, pero papá se ofreció a traerme porque justo a esta hora tenía una cita de negocios con Hyuuga-sama. Bueno - Ino suspiró, ajustándose la gabardina, y le dedicó una radiante sonrisa - ¿Adónde vamos a ir?
- Es... es una sorpresa - farfulló Gaara, tras quedar deslumbrado.
En realidad no lo era, al menos eso pensaba él. No es como si pretendiera esconderlo ni nada, se trataba de un sitio de lo más normal, pero quería "crear ambiente de cita" tal como le habían sugerido las chicas.
- ¿Para qué es la cesta?
- Forma parte de la sorpresa.
- ¡Hum, qué misterioso! - bromeó ella - Bien, vamos entonces. Llévame al lugar de nuestra cita.
Gaara asintió y se dio la vuelta inmediatamente, comenzando a andar. Ino se quedó desconcertada por un momento, viéndole alejarse. ¿Pensaba irse así sin más, sin ella?
Pero de nuevo, se trataba de Gaara. Un chico tímido, reservado, demasiado honesto y realmente con poca o ninguna experiencia en cuestiones románticas. Qué le iba a hacer... estaba claro que debía tomar las riendas del asunto, de modo que tras soltar un hondo suspiro, se apresuró en ir tras el pelirrojo. Cuando le alcanzó (él ni pareció darse cuenta de que ella se había quedado atrás), cogió sin dudar su mano libre.
- Esto parecerá más una cita si vamos los dos juntos, ¿no crees?
Juraría que a él ni siquiera se le había ocurrido lo de cogerse de las manos, a juzgar por el respingo que dio y el adorable sonrojo que cubrió por un segundo sus mejillas. Ino en verdad no entendía cómo su pretendiente podía pensar en cosas más, digamos, avanzadas como besos, y en cambio ser tan frágil ante muestras de cariño mucho más simples, como un abrazo o lo de ir de la mano.
Quiso meditarlo por un rato. De todas maneras, el chico tampoco estaba iniciando conversación (tendría que arreglar eso más tarde). ¿Qué había pasado con todo el afecto que un niño debía recibir durante su infancia? Recordaba que su madre había muerto al darle a luz o algo así, pero ¿qué hay de su padre? ¿Y sus hermanos y amigos? Ellos tenían que haber hecho su parte, ¿no?
- Gaara, ¿quién dirías que es tu mejor amigo? - le preguntó con curiosidad.
- Naruto - respondió sin dudar.
- ¿Y antes de conocer a Naruto, quién era?
- Nadie.
- No digas que nadie, tuvo que haber alguien. Algún niño o niña con quien jugases, o te peleases, o...
- No, nadie - insistió Gaara - Naruto fue mi primer amigo verdadero. Por eso es también el más importante.
- ¿Qué hacías con tus compañeros en el colegio, entonces?
- Nunca fui al colegio. Mi padre siempre contrataba a los mejores tutores a domicilio.
Eso sonaba realmente deprimente, en opinión de Ino. No importaba si esos tutores le daban una educación personalizada cien veces mejor que en una escuela, ella jamás cambiaría los años pasados con sus amigos y compañeros.
- ¿Pero qué hay de tu padre y...?
- Mira, hemos llegado. Es justo aquí.
Bien, ahora era el turno de Ino de cumplir un cliché: el de casualmente llegar al lugar de destino justo cuando el acompañante no quería soltar más información. Aunque la verdad sea dicha, tampoco le apetecía indagar mucho más en algo que claramente era una triste historia.
Se concentró en el lugar. Ante sí había un gran edificio de piedra, de aspecto solemne. No había ventanas apreciables, pero mirando hacia lo alto, se podía distinguir el final de una enorme bóveda acristalada en el tejado. Y a pocos metros de la puerta, había una placa conmemorativa que Ino no necesitaba leer, pues conocía de sobra lo que estaba escrito.
Era el jardín botánico de Konoha. Su padre solía llevarla de visita a menudo cuando era pequeña, para que pasease por allí mientras él atendía algún asunto. Además, la empresa Yamanaka había donado varios ejemplares de flores exóticas. Un incontrolable cosquilleo se formó en el estómago de Ino, subiendo por su garganta hasta que no pudo retenerlo más y rompió a reír.
- ¡Ja ja ja, ja ja ja! - rió, tratando inútilmente de serenarse - Entre todas las cosas que se te pudieron haber ocurrido, ésta en verdad no la esperaba, Gaara.
- ¿Por qué? - preguntó él, desconcertado - ¿No te gusta?
- Oh, no se trata de eso - procurando hablar con normalidad - Ja ja... me encanta este sitio, te lo aseguro. Lo que pasa es que... ejem, ya lo tengo muy visto. La firma Yamanaka es la mayor empresa botánica de todo el País del Fuego. Mi papá y yo solíamos venir mucho por aquí, y él me enseñaba lo que sabía. Yo misma he sido guía turística aquí durante el verano.
- Sí, ya sé todo eso - admitió Gaara, para sorpresa y confusión de la chica - Pero esto es diferente, se trata de nuestra cita. No tienes que impresionar a nadie, ni hacer gala de tus conocimientos, ni aprender ni enseñar nada... a menos que quieras. Tan sólo disfruta del ambiente, como cualquier persona.
Vaya, eso... no se le había ocurrido. Ino intentó recordar si alguna vez había ido allí por el mero placer de estar rodeada de flores, nada más, relajándose en medio del verdor y esplendor natural. No pudo hallar ningún recuerdo semejante.
- Bueno, visto así... - titubeó.
- Estupendo, vamos entonces - se animó Gaara.
Y aprovechando que todavía iban de la mano (pues él no la había soltado), se apresuró con ella hacia la taquilla para pagar las entradas de los dos.
- Yo podía haber pagado la mía, sabes - comentó Ino una vez dentro.
- ¿Qué clase de caballero deja que la dama pague?
- ¡No me vengas con eso! - rió ella de nuevo - Esa clase de gestos ya están anticuados.
- Pero es lo que dicta el modo romántico, ¿no? Además, la cortesía no debería pasar de moda.
Ino no sabía qué replicar a eso, así que no dijo nada. Debía recordar que ésta era probablemente la primera cita del pelirrojo, y no quería que fuese una mala experiencia. ¿Él quería jugar a ser un galán del siglo XVIII? Muy bien, le seguiría el juego y fingiría impresionarse por cada gentileza que se sacara de la manga.
- Mira, son hermosas - opinó Gaara, sonriendo levemente mientras paseaban por el inmenso invernadero - No creo haber visto ni la mitad de las flores que hay aquí.
Ella, en cambio, estaba segura de poder recitar el nombre de la mayoría. Pero no lo haría, no. Haría como Gaara y se contentaría con mirarlas y disfrutar de su aroma... y vaya que hacía calor ahí dentro. El inminente invierno se había quedado aparcado en la acera, obviamente, y ella se estaba asando. Despacio, comenzó a desabotonarse la gabardina.
- Esta flor tiene un color extraño, ¿crees que será... - se cortó Gaara, posando sus ojos en Ino por un momento, y observándola quitarse la ropa - un hipido? Digo, ¿un híbrido?
- Hum, eso es una buena señal - pensó Ino traviesa, habiendo notado claramente su equivocación - Quién me iba a decir que unos vaqueros de hace tres años todavía les sentarían tan bien a mis piernas. No, no lo creo. Ésta es una flor del sur, suelen tener colores y patrones peculiares.
Gaara parecía ahora más pendiente del contoneo de sus caderas al acercarse a él que de la flor por la que preguntaba. No que Ino se quejase, en absoluto.
- Vaya que hace calor aquí - suspiró teatralmente, abanicándose con la mano - Tú también deberías quitarte la cazadora antes de que te asfixies, además con tantos olores por aquí puedes marearte... Ven, deja que te ayude.
Con una mano ocupada llevando la cesta, Gaara no estaba en posición de resistir ante artimañas femeninas. Muy despacito, Ino levantó la mano hasta rozar accidentalmente su barbilla, agarrando el broche de la cremallera y bajándolo con cuidado, abriendo poco a poco las dos mitades hasta terminar... peligrosamente cerca de cierta parte debajo del ombligo.
- Mucho mejor ahora, ¿verdad? - sonrió con inocencia, apartándose y siguiendo el recorrido del invernadero.
Gaara no contestó, pero en su opinión, tenía más calor ahora de lo que había tenido estando abrigado un minuto atrás.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El paseo duró poco más de una hora. Ambos jóvenes lo pasaron conversando y riendo animadamente, aunque Ino procuró no excederse en sus jugueteos con Gaara. Estaba en su carácter comportarse así, pero se recordaba a sí misma que el Sabaku no era del tipo que chicos con los que ella pudiera flirtear impunemente. Lo que había dicho sobre valorar sus sentimientos era completamente cierto, aunque no los correspondiera.
Pasado el mediodía, alcanzaron la parte central del jardín botánico, un inmenso prado con fuentes, parterres, pérgolas y pequeñas zonas laberínticas diseñadas con setos de baja altura. La luz diurna se filtraba a raudales a través del enorme techo acristalado, dando la sensación de estar al aire libre. Aquí era donde la mayoría de los visitantes hacían su parada para comer y descansar, antes de continuar con la otra mitad del recorrido hasta el pabellón principal.
- Esto es gigantesco... - murmuró Gaara impresionado, no sabiendo adónde dirigirse.
- De pequeña me perdí un par de veces por aquí - rememoró Ino, sonriendo con dulzura - Mi padre tuvo que pedirle a la directora que ordenase a los jardineros que me buscaran. En una ocasión también me llevé una buena bronca por arrancar una flor que me gustaba mucho. Papá tuvo que explicarme durante horas que aquí no había flores silvestres como en el campo que pudiera llevarme a casa.
- ¿Cuál era tu lugar favorito? Vayamos a sentarnos allá.
- Hum... si no recuerdo mal, creo que estaba al Este. Quedaba cerca de los confines, pasando uno de los laberintos. Había un arco con enredaderas.
- Busquémoslo.
Ino mentiría si dijera que no estaba emocionada con la idea de volver al lugar donde jugó tantas veces de pequeña. De hecho, aunque no estaba resultando ser su idea de una cita típica, se sentía más animada y feliz que en mucho tiempo.
No tardaron mucho en encontrar el rinconcito al que la chica se refería. Seguía siendo tan encantador como ella recordaba, ¡y además estaba libre! No había nadie cerca, y si bien los setos eran bajos (de apenas 1'5m de altura) cuando Gaara extendió un mantel sobre la hierba y se sentaron, fue como quedarse aislados del mundo en su propia burbuja, su propio espacio. No se podía ver ni oír nada alrededor que no fuese la naturaleza misma. Doblaron sus respectivos abrigos y se tumbaron para contemplar el cielo.
- ¿Vas a decirme ya lo que hay en la cesta, aparte de este mantel? - preguntó Ino con curiosidad, aunque ya hacía rato que se había imaginado la respuesta.
- Comida - respondió Gaara - Para un picnic. Es lo que había preparado para la cita. También hay agua, y dos mantas por si nos da frío.
- ¿Dos? ¿Para qué dos?
- Una para cada uno.
- Si se diera el caso - Ino contuvo la necesidad de suspirar ante la ingenuidad de su amigo - con una bastaría, porque nos acurrucaríamos juntos para darnos calor.
- ... ... ...
Increíble, ¡al parecer a él ni se le había pasado esa idea por la cabeza! En verdad tenía mucho que aprender respecto a chicas y citas.
- ¿Tienes frío, Gaara? - preguntó ella sugerente, apoyándose sobre un codo e inclinándose en su dirección.
- ¡No! - barbotó él, mirándola algo sonrojado - Quiero decir que... no, estoy bien, gracias. La temperatura es muy buena aquí.
Ino dejó caer la cabeza de vuelta sobre su gabardina enrollada, sintiéndose derrotada. Aquello era imposible, ¿cómo podía él reaccionar de manera tan adorable ante un leve flirteo, y en cambio no sentirse azorado en absoluto si ella le tocaba desnudo? No lo entendía, de verdad que no.
- ¿Tienes hambre, Ino?
- No, todavía no. Pero ya que lo mencionas, ¿qué has traído?
- Sandwich de pollo con pepinillo, y perritos calientes con mostaza. Un poco de ensalada, con maíz incluido. Y yogur con frutas del bosque.
- ... ¿Quién te ha dicho exactamente cuáles son mis aperitivos favoritos?
- Wilson-san. Pero los perritos debían comerse calientes... y seguramente estarán fríos. Lo siento.
¿A quién le importaba eso? Bueno, a Gaara, evidentemente. Saltaba a la vista que se había esforzado mucho pensando en todo para darle a ella una cita agradable, ¿pero qué había de él?
- ¿Te gusta este sitio, Gaara?
- Sí, es muy tranquilo y hermoso. Nunca había estado antes en un lugar así.
- Y la comida, ¿te gustará a ti también?
- No soy muy fan del yogur, pero me encanta la mostaza.
Gaara empezaba a sentirse un poco nervioso, y en el mal sentido. ¿Había hecho algo mal? ¿Algo que fallaba, y ella intentaba que se diera cuenta por sí mismo? Aparte de al principio, Ino no se había quejado por nada todavía... de hecho, ni siquiera lo del principio podía considerarse una queja, sino más bien una aclaración.
- ¿Hay... hay algo que te disguste?
- Pues ya que lo mencionas... - ella decidió ir directa al grano y soltarlo de una vez - Todo lo que has planeado hasta ahora está muy bien, pero no me siento realmente en una cita. Esto podría hacerlo también con mis amigos. Dijiste que querías ser romántico, pero aún estoy esperando a que hagas algo en esa dirección.
- ¿Ro-romántico? - repitió Gaara vacilante, sintiendo que se le subían los colores otra vez - ¿Como qué?
- ¿Qué tal si al menos intentas abrazarme, de la misma manera que hiciste aquel día en el estudio, cuando te confesaste?
Aquel día... aquel día sentía su corazón al borde del colapso, por eso lo había hecho. No había habido forma ya de contenerse. Pero ahora se encontraba mucho más calmado, habiéndose liberado de semejante opresión en su pecho por el secreto de amarla. ¿Podría hacerlo de nuevo? No parecía difícil, se trataba simplemente de rodear con los brazos a otra persona, ¿no?
Con timidez, Gaara se giró un poco hacia Ino y abrió los brazos, dejando espacio para acomodarla entre ellos. Inseguro, cerró las manos alrededor de sus hombros, haciéndola apoyarse contra sí mismo. Se sentía... raro, tener el peso y la forma de otra persona contra su cuerpo. No desagradable, tan sólo... raro. Y el cabello de Ino le cosquilleaba contra la mejilla, produciendo un suave y relajante roce.
- No, no fue así - protestó Ino sin poder evitarlo - Me sujetas como si fuera de porcelana y temieras romperme, o como si tuvieras que protegerme para que no me hiciera daño. Apenas puedo sentirte a ti de esta manera.
- Perdón - se disculpó él, soltándola - No... no sé cómo hacerlo.
Parecía totalmente sincero, para frustración de Ino. No le estaba tomando el pelo. ¿Qué hacía falta para... prenderle la chispa?
- Está bien - se serenó la rubia, sonriéndole - Déjamelo a mí. Cierra los ojos y déjate llevar, ¿vale?
Gaara lo hizo de inmediato, dispuesto a hacer lo que fuera para complacerla. Resultaba demasiado tentador... Ino sacudió la cabeza, regañándose mentalmente para concentrarse.
Comenzó con algo suave, acariciando el cabello rojo que tanto atraía su atención. Siempre parecía estar un poco despeinado, al estilo rebelde, como si el viento hubiera soplado a propósito entre sus mechones. Luego bajó deslizando la mano por la mejilla masculina, hasta sujetar con firmeza un lado de la mandíbula. Y entonces, le besó. Fue un beso simple, para empezar, y aun así Gaara dio un respingo de sorpresa, pero no la apartó; obediente, se dejó hacer. Ino no quería hacerle reaccionar mal apresurándose demasiado. ¿No le había dicho él con anterioridad que le besase ella primero? Bueno, pues ahí lo tenía, lo estaba haciendo.
Le trató con delicadeza, frotando sus labios juntos, apenas atreviéndose a rozar la comisura de su boca con la lengua, hasta que Gaara empezó a responder a sus movimientos. La cosa tomó más ritmo a partir de entonces. Tentativamente, Ino mordisqueó su labio inferior, y como respuesta inconsciente él abrió un poco la boca, cosa que ella aprovechó para deslizar la lengua en su cavidad, buscando compañera.
Otro respingo por parte del chico, esta vez más notable, e Ino juraría que había abierto los ojos por el asombro que esa nueva sensación le había provocado. Pero Gaara parecía disfrutarlo, a juzgar por la mano que sin saber cuándo se había posado en la parte baja de su espalda para mantenerla cerca de él. No que ella tuviera ninguna intención de separarse tampoco, justo cuando las cosas se ponían interesantes. Convencida de tenerle apresado, se dejó llevar ella también por el beso y colocó los brazos alrededor de su cuello, girando la cabeza para llegar más profundo.
De un momento a otro, Ino se encontró tumbada de espaldas sobre el mantel, ambas muñecas apretadas contra el suelo, siendo sujetas por el chico encima suyo que estaba jadeante, ruborizado y desorientado.
- Basta, Ino - le pidió, respirando agitadamente y sin atreverse a mirarla a los ojos - Déjalo ya, por favor.
La sostuvo así por un momento, quieta, antes de soltarla y sentarse de nuevo, dándole la espalda. Ino se sentó también, sintiéndose herida y rechazada, lo cual hacía brotar la furia en su interior.
- ¿Quieres explicarme qué sucede? - dijo, conteniéndose a duras penas de gritar - ¿Acaso no te gustó? ¿No te estaba haciendo sentir bien?
- Sí, claro que sí - admitió Gaara, sin darse la vuelta - Pero no... no está bien hacer esto delante de otras personas.
- Este sitio es enorme, y además estamos rodeados por un laberinto de setos de un metro y medio. ¡Nadie puede vernos aquí!
- Pero yo no... es que...
Ino estaba harta de que él no la mirase al hablar, de modo que le agarró del hombro y le forzó a girar en su dirección, encarándola. La reacción del pelirrojo fue subir inmediatamente las rodillas contra su pecho, haciéndose un ovillo. Ella supo enseguida lo que pasaba.
- Gaara - le habló con una paciencia que estaba lejos de sentir en realidad - Es normal excitarse por esta clase de cosas. No es algo de lo que asustarse.
- Ya lo sé - replicó él, incómodo - No es eso.
- ¡Dime entonces qué es, porque te juro que no lo entiendo! - gritó al final, pudiéndole la furia - Dices que me amas, pero pareces incapaz de acercarte a mí si no es bajo presión. Cuando estás completamente desnudo parece que te dé igual, como si no sintieras nada en absoluto, pero si intento darte una muestra de cariño, eso te atemoriza. Tampoco te importa lo más mínimo si otros hombres me tocan o coquetean conmigo. ¡Simplemente no tiene sentido! Cuando amas a alguien deseas hacer este tipo de cosas con la otra persona, cosas como abrazarse, besarse... ¡y deseas que lo hagan contigo y con nadie más!
Gaara no dijo nada durante su lista de reproches, lo cual terminó de agotar a Ino. Se dejó caer de nuevo sobre el mantel, cerrando los ojos y llevándose una mano a la cabeza. Ya no sabía qué más hacer.
- Yo... también quiero hacer esa clase de cosas contigo - murmuró Gaara bajito - Te aseguro que sí. Pero todas estas sensaciones... para mí son algo único, especial, y... y no sé bien cómo sobrellevarlas. Y también... pensar que tú las has compartido con otros hombres... me duele aquí adentro.
Ino le miró fijamente, viéndole sumamente triste.
- Dijiste que no te importaba.
- No, lo que dije es que entendía que hubieras tenido otras relaciones, porque no hay nada malo en ello. Pero el pensar que tú lo sabes todo, cuando yo no sé nada... me pone muy nervioso, más aún sabiendo que tú no compartes mis sentimientos.
- Gaara... - suspiró Ino conmovida, y sintiéndose de pronto demasiado cansada para seguir discutiendo - Dime, ¿qué es lo que tanto te gusta de mí para enamorarte así?
- No lo sé, no sabría decirlo. En aquel momento, simplemente estabas frente a mí hablándome... no ocurrió nada en especial, pero supe que moría por ti.
- ¿Entonces por qué me apartas cuando intento acercarme a ti? Hago mi mejor esfuerzo para corresponderte, y sin embargo tú...
- Ino, no... - Gaara se agachó en su dirección con cuidado, todavía algo incómodo - Tú no... no tienes que hacer nada. ¿No lo dije aquel día? Yo no te pido nada, no necesito nada. Lo único que quiero es estar a tu lado.
- ¿Son ésos tus sentimientos por mí? ¿Un amor dulce y platónico? - una duda apareció repentinamente en la mente de Ino - Piénsalo y contéstame con sinceridad, ¿serías capaz de acostarte conmigo?
Gaara abrió muy grandes los ojos ante su pregunta, pero no tuvo que meditar la respuesta.
- Sí - dijo con firmeza - Si tú también me amases, no dudaría en hacerlo.
La chica no dijo nada por un rato, asimilando la información. Sin darse cuenta, alzó una mano hasta la cabeza del pelirrojo, atusando su cabello de forma juguetona como había hecho antes de besarle.
- ¿Por qué no pudiste enamorarte de otra chica menos complicada que yo? - suspiró.
Gaara no pudo evitar sonreír.
- A veces yo también me lo pregunto.
