Ep. 16: Incertidumbre
Gaara se preguntaba, por enésima vez ese día, para qué se había molestado en venir a clase cuando no estaba haciendo nada de provecho. Kakashi-sensei llevaba un rato explicando los fundamentos sociológicos de la anarquía, y él en cambio había desconectado el cerebro. Todo su interés se centraba en el exterior, con la vista fija en un cielo mate y completamente blanco, señal de que podía ponerse a nevar en cualquier momento.
Ino.
Era un pensamiento recurrente en su aislada mente, que insistía en volver a ella una y otra vez, sin importar todos los demás asuntos que requerían de su atención. Y no es que hubiera muchos en realidad... tan sólo un par de ellos, pero sumamente acuciantes. Su padre, el mayor de ambos.
- ¿Sabaku-kun? - le llamó el profesor tranquilamente.
Haciendo un esfuerzo, más que nada por buena educación, Gaara giró la cabeza en dirección al Hatake.
- ¿Sí?
- ¿Podrías repetir lo que acabo de decir hace cinco segundos?
- ... No, lo siento. En verdad no podría.
- Bien, bien - Kakashi se encogió de hombros, antes de continuar con su lección - Tú sabrás lo que te haces. Al menos eres un alumno del tipo ausente, y no del tipo incordio.
En cuanto el de cabello plateado retomó su perorata acerca de utopías políticas fallidas, Gaara volvió a sumirse en sus cavilaciones. El asunto de su padre le preocupaba sobremanera, pues no estaba seguro de qué podía esperar al respecto de esa maldita carta. Las palabras eran claras, nada nuevo, y sin embargo... entre líneas se podía percibir un futuro incierto.
No era como si su padre, el respetado gobernante de Suna, le hubiese amenazado ni nada por el estilo. Era simplemente su manera de hacer las cosas, pensando que cada persona era un peón más disponible sobre el tablero para cumplir su voluntad. ¿Por qué iba su propio hijo a ser diferente? Lo más probable es que estuviera sacando las cosas de quicio... ¿verdad?
E Ino, ¿cómo reaccionaría ella si se lo contara? ¿Se angustiaría y lloraría, o le daría completamente igual? Gaara tampoco estaba seguro de cuál opción sería peor para su corazón, si importarle demasiado a la chica o no importarle en absoluto. Tal vez lo mejor fuese no decirle nada, y ahorrarse la duda. Sabía que tomaba el camino fácil, la salida cobarde, pero lo prefería antes de forzar una situación inesperada con una joven temperamental que al parecer, todavía estaba lejos de corresponder sus sentimientos.
Sí, definitivamente se quedaría calladito. Quería disfrutar en paz de los últimos días en su compañía.
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Tal como Gaara había intuido, comenzó a nevar a últimas horas de la tarde. La posible oscuridad quedaba contrarrestada por la blancura resplandeciente de un cielo esponjoso y repleto de copos, si bien el frío viento que penetraba hasta los huesos quitaba gran parte del romanticismo que ello pudiera haber tenido.
A él no le molestaba el frío, después de todo provenía de Suna, y allí uno terminaba acostumbrándose a las temperaturas extremas.
- Gaara, ¿me estás escuchando?
Oh, qué despiste. ¿Se habría perdido algo importante en el parloteo de la hermosa chica que le acompañaba?
- No, ¿qué?
Ino apenas hizo una leve mueca ante la cruda honestidad del pelirrojo. Había esperado verle balbucear de manera torpe y adorable, tratando de convencerla inútilmente de que sí la escuchaba. En verdad, con Gaara una nunca podía dar nada por sentado.
- Ha comenzado a nevar.
- Ya me he dado cuenta - contestó, pero casi de inmediato agregó - Quiero decir... sí, está nevando. ¿Prefieres que dejemos el paseo y vayamos a algún sitio caliente?
- No, me gusta estar aquí contigo, a pesar del frío. La nieve se ve graciosa en tu cabeza - sonrió Ino, sacudiendo algunos copos traviesos con delicadeza - Resalta mucho.
Gaara aprovechó ese gesto para tomar su mano entre las suyas, frotándola con suavidad.
- La tienes helada - comentó, dándole calor.
- Es lo que suele pasar en invierno, por eso normalmente uso guantes.
- ¿Dónde los tienes?
- Los dejé en casa hoy. Lo hice a propósito.
- ¿Por qué? - se extrañó él.
- Tenía la esperanza de que hicieras precisamente esto - admitió con picardía, refiriéndose a sus manos apretadas.
Un leve sonrojo apareció en la cara del chico, que bien podría camuflarse debido al frío, pero Ino ya conocía de sobra las tímidas reacciones de su acompañante.
- Sabes, Gaara... - comentó ella, reanudando la marcha y sin soltar la mano de él - Cuando me propusiste ir a pasear hoy, no esperaba que te refirieras exclusivamente al acto de caminar. Creí que sucedería algo más.
- ¿Algo como qué?
- No sé, cualquier cosa. Es que... andar por andar puedo hacerlo yo solita.
Gaara pensó por un segundo.
- Lo siento. Te estás aburriendo, ¿verdad? ¿Realmente no quieres ir a...?
- ¡Y ahí vas otra vez! - se exasperó la chica, soltando un suspiro - Hay veces que resultas agobiante, de buenas te lo digo. ¿Por qué te disculpas siempre? ¡No es como si hubieras hecho algo malo! No todos y cada uno de los minutos deben ser salvajemente divertidos para que yo me sienta a gusto contigo, Gaara, pero parece que siempre te sientas presionado a impresionarme de alguna manera.
- Perdó-
El chico iba a disculparse otra vez, pero se encontró con la imposibilidad de hacerlo cuando la boca de Ino tomó control de la suya.
- Basta ya, por favor - susurró ella - Estoy más que harta de esto, Gaara. No quiero que poses como el chico perfecto ante mí, todo eso se terminó con el boceto, ¿lo comprendes? No me gusta que tengas tanto miedo a equivocarte, como si fuera a ignorarte en caso de que algo vaya mal.
- ... ... ...
- ¿Estás sin palabras? Supongo que eso significa que el beso es bien recibido - de repente, una traviesa idea asaltó la mente femenina - Creo que lo haré más a menudo a partir de ahora. Sí, totalmente. Cada vez que vayas a disculparte sin motivo, te besaré. Y me dará igual el momento, el lugar o quién pueda estar mirando... de modo que tenlo presente, Gaara-kun~.
Y pretendió continuar andando como si nada, pero apenas dio un par de pasos cuando no pudo avanzar más, ya que su mano seguía cogida por la del Sabaku, y él a todas luces le había quedado petrificado en el sitio.
- ¿Gaara?
- Lo siento - barbotó él, tragando fuerte y clavando los ojos en los de ella - Lo siento por... por que esté nevando.
- ¿Qué? - dijo Ino confusa - ¿A qué viene eso?
- Siento que haga frío - añadió Gaara, estrechando con más fuerza su mano - Perdóname por que las farolas estén encendidas. M-me disculpo por dejar que la acera esté resbaladiza, y también...
Un fino dedo se posó sobre sus labios, acallándole. Ino estaba de nuevo frente a él, muy cerquita, y con una pequeña sonrisa llena de ternura al entender lo que él estaba haciendo.
- Lo prometido es deuda, Gaara.
Y efectivamente, dicho y hecho. Ino reclamó una vez más los labios del atractivo pelirrojo, quien lejos de protestar, se sumió de lleno en el placer que su sabor a moras le provocaba. Ambas bocas frías al comienzo, calentándose mutuamente a base de una adictiva fricción que nunca parecía ser suficiente. Gaara la estrechó entre sus brazos, cerrándolos en torno a su cintura, mientras ella se aferraba con fuerza a su abrigo, como si temiera asustarle con sus atrevidos besos.
¿Cuántos besos iban ya? Bah, a quién le importaban las cuentas en semejante momento...
- ¡Ejem! - carraspeó fuertemente una mujer pasando por su lado, llevando a una niñita de la mano que les miraba embelesada - No es de buena educación quedarse plantados en mitad de la calle, ¿sabéis? Tsk, estos adolescentes de hoy en día...
La poco sutil llamada de atención sacó a ambos jóvenes de su particular burbuja, seguida de una graciosa risita por parte de la chavalina, antes de que la madre siguiera su camino.
- Vaya, no lo decías de broma - murmuró Gaara.
- ¿El qué?
- Que lo harías en cualquier momento o lugar, sin importar quién pueda vernos.
- Pfft... ¡ja ja ja! - Ino no pudo evitar reírse, reanudando su interrumpido paseo - Parece que así es, ¡ja ja ja! Es curioso cómo solamente contigo las cosas suelen ocurrir demasiado al pie de la letra. Ahora que lo pienso, de hecho fue un malentendido parecido lo que nos hizo conocernos...
Su despreocupada observación le hizo rememorar a Gaara todo lo que había pasado desde el mismo día en que sus vidas se cruzaron. Habían sido meses de tensiones, confusiones, ansias reprimidas... y maravillosos sentimientos, al menos por parte de él. De Ino suponía que también habría algunos. Y le daba miedo perder todo eso, por poca cosa que fuera... no, no debía pensar así, cuando en realidad en su interior ya sentía que era mucho.
- Ino - la llamó, tratando de sonar calmado - Si te pregunto algo, ¿me contestarás con sinceridad?
- Claro. Todo lo sincera que pueda.
Gaara dudó, meditando por un momento en la mejor manera de formular sus preguntas sin revelar nada demasiado concreto.
- N-no pretendo una respuesta complaciente, pero yo... ¿te gusto?
La chica tuvo un pequeño tropiezo al escucharle. En serio, de entre todas las cosas que podría preguntar...
- ¿Qué clase de pregunta es ésa?
- La que yo quiero saber.
- Bueno, pues... eso depende de a qué sentido de "gustar" te refieras.
Con esto, ella esperaba algo más específico por parte del chico, pero al parecer Gaara no estaba por la labor de facilitarle las cosas.
- ¿Sacrificarías tu futuro por retener el pasado?
- Uh... - decir que estaba confusa sería poco - No lo sé, tendría que pensarlo detenidamente.
- Y si hiciera algo que no te gustase, ¿me odiarías?
- No creo... o puede que sí. ¿De qué cosa estás hablando?
- Por favor, Ino, ¿no puedes contestarme algo más conciso?
- ¡Eh, discúlpeme usted, Sr. Misterios! ¡Tal vez si tú preguntases algo más específico, yo podría responderte de una manera más definida!
- De acuerdo - Gaara inhaló hondo, cerrando los ojos por un segundo para concentrarse, antes de mirarla de nuevo - Algo extremadamente nítido esta vez, entonces. ¿Me amas, Ino Yamanaka?
Fue el turno de ella de quedarse helada en el sitio. Perdió la sonrisa, y todo rastro de broma se esfumó del ambiente ante la intensa y seria mirada del Sabaku. ¿A qué venía todo eso? Él sabía bien la respuesta, lo mismo que la sabía ella... ¿no era así? ¿Qué necesidad había de repetirlo?
- Oh, por favor... - farfulló, dispuesta a ignorar lo último.
Pero Gaara no la dejó. No lo haría, cuando de sus palabras dependían tantas cosas para él. Antes de que ella pudiera alejarse siquiera un paso, la agarró de la muñeca y la atrajo hacia sí.
- No huyas - ordenó con tosquedad - Me aseguraste sinceridad. ¿Cuál va a ser entonces?
Ino estaba más desconcertada de lo que había estado en toda su vida, tanto por las peculiares preguntas del muchacho como por su súbito acto de rudeza, tan impropio de él. No le hacía daño, a pesar de la brusquedad del gesto, pero el mero hecho de verle comportándose así hizo que se disparase una alarma en algún rincón de su mente.
- Gaara, ¿qué ocurre? - habló despacio y con suavidad - ¿Por qué estás hoy tan... extraño?
La confusión y la incomprensión formaban un rostro intolerable a la vista de Gaara, no soportando ver arruinadas las hermosas facciones a causa de su preocupación por él. Sentía que no lo merecía.
- No es nada - masculló, soltándola.
Sin decir una sola palabra más, Gaara se dio la vuelta y se marchó, caminando aprisa a fin de disuadir a la chica de ir tras él, en caso de que lo pretendiera. Y cierto que lo intentó, pero de repente la calle se había llenado de niños, alborotados por la idea de jugar bajo la nieve. No podía perseguirle a menos que arrollase a un montón de ellos en su camino, y por supuesto no iba a hacerlo.
De modo que Gaara la había dejado plantada, así sin más. Una nueva cosa que añadir a la lista de sus rarezas en ese día.
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En cuanto el chico entró en la oficina de la Hokage, lo primero que llamó su atención fue un sobre color sepia que había sobre su mesa. Maldición si lo reconocía... ¿cómo no hacerlo, cuando ayer mismo él había recibido una misiva similar?
- No hacía falta que me llamara por megafonía - fue su protesta de saludo.
- Menudos modales para el hijo del Kazekage - replicó la rectora Tsunade - ¿Ni siquiera un "Buenos días" por mera educación? Y sí que hacía falta. Con la de clases que sigues saltándote, a saber en dónde estabas metido... aunque últimamente se te veía más seguido. ¿A qué se debe esta vuelta a las andadas?
- Probablemente la razón sea la que está escrita en esa carta - señaló Gaara, tomando asiento frente a la mujer.
- Ah sí, la carta de Tadashi-san... - Tsunade la tomó y le dio un rápido vistazo por encima, sin mostrar mucho interés - Nada que me sorprenda, realmente. Como siempre, habla de las grandes expectativas que tiene acerca del futuro de su hijo menor, que será un gran orgullo para Suna el día de mañana. Un padre entregado, ¿cierto?
- Un gobernante entregado - corrigió el joven.
- Sí, me consta esa desafortunada diferencia. Tadashi sigue siendo el mismo aburrido de siempre. Por eso te he mandado llamar, porque tu opinión me interesa mucho más que la de él. ¿Qué vas a hacer?
- ¿Qué voy a hacer de qué? No hay nada sobre lo que discutir. Es una mera formalidad.
Tsunade se reclinó en su imponente sillón, juntando las yemas de los dedos, y mirándole con la sabiduría adquirida tras vivir muchos más años que él. Tras unos segundos de silencio, habló:
- ¿De verdad no te preocupa? - inquirió - No fue fácil sacarte de allí y conseguir este poco de libertad de la que gozas ahora. Si vuelves a Suna, ¿crees que podrás regresar aquí después?
- No veo por qué no - dijo Gaara con testarudez - Se trata de una simple reunión familiar por Navidad, nada del otro mundo. Muchas familias lo hacen. Y de hecho, lo nuestro será más una reunión política que una cena filial.
- Ése precisamente puede ser el problema - apuntó la Hokage - Se rumorea entre los kages que tu padre planea adelantar tu sucesión, para así poder ocupar la cabeza del Consejo. Buen movimiento, ¿cierto? Tener los dos puestos políticos más importantes de Suna bajo su control. Honestamente, Gaara, pienso que capacidades no te faltan a pesar de tu juventud... pero supongo que todos estos años rodeada de jovencitos asalvajados e inconformistas me ha pasado factura. Por eso te lo pregunto de nuevo, ¿qué quieres hacer tú?
El inesperado apoyo por parte de la rectora pilló a Gaara por sorpresa. Mirándola aturdido, tras reflexionar por un instante, supo claramente qué decir:
- No es que quiera volver... es que debo hacerlo, tarde o temprano. Konoha es un buen refugio, pero no puedo escapar de mi padre para siempre. De modo que iré. Y también, puede estar segura, hallaré la manera de regresar aquí. Después de todo, aún tengo una licenciatura que obtener, ¿no?
Tsunade no pareció impresionada por su determinación, pero la amable sonrisa que le otorgó en respuesta demostró que al menos sí estaba complacida.
- ¿Tu licenciatura en Ciencias Políticas? - dijo con un tono ligeramente malévolo - Pues ya que lo mencionas, en este momento pende de un hilo, mi querido Gaara-kun...
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Si bien Ino se consideraba una persona perceptiva (más que nada por la tan afamada "intuición femenina", de la cual era una ávida defensora), nunca había sobrepasado la línea de algo realmente extrasensorial. Y sin embargo ahí lo tenía, una desagradable opresión en el pecho que vociferaba a gritos el nombre de Gaara. Y no se hacía una idea del porqué.
Hasta donde ella sabía, estaba bien de salud. No tenía conflictos con nadie. El único problema real que había llegado a sus oídos era referente a sus estudios, debido a las numerosas faltas de asistencia que tenía en su haber, pero incluso eso había estado últimamente bajo control. Entonces, ¿de qué demonios podía tratarse? Era evidente que algo no iba bien. Alguna cosa había que preocupaba sobremanera al pelirrojo, y de ahí su extraño comportamiento de unos días atrás.
Argh, ¡todo esto sería mucho más sencillo si el tipo se dignase a cogerle el teléfono! Pero no, desde su semi-cita bajo la primera nevada ni siquiera le había visto por la universidad. No había ido a comer con la pandilla en el comedor, aunque Naruto aseguraba que estaba yendo a clase con regularidad... o al menos, todo lo regular que cabría esperarse del Sabaku.
Ino le echaba de menos. Ya, lo admitía, ¿qué pasa?
No podía aguantarlo más, estaba harta de sentirse tan intranquila. ¿No quería hablar con ella? Muy bien, se plantaría directamente en su residencia, ¡y a ver cómo hacía el guapo para ignorarla entonces!
- ¡Wilson-san, prepáreme el coche, por favor! - gritó mientras bajaba apresuradamente las escaleras.
- Lady Ino, no corra. Es peligroso - la reprendió educadamente el entregado mayordomo - Y lamento decirle que el coche no está disponible, ya que milord aún no ha regresado de la compañía.
- ¿Todavía no? - suspiró ella.
Miró el reloj. Eran más de las nueve y media, seguramente el clima volvió a retrasar a su querido papi.
- ¿Puedo preguntarle a dónde quería ir? Ya es algo tarde para salir a comprar.
- No iba a comprar, sino a visitar a alguien. De hecho, todavía voy a hacerlo. Llámeme un taxi.
- Como desee.
El dichoso taxi se retrasó más de veinte minutos en llegar, debido (tal como ella había supuesto) al mal clima que había en las carreteras. Pero poco le importaba, así tardase cuatro horas, iba a ver a Gaara y hacerle confesar... lo que sea que tuviera para confesar.
- ¡Señorita, se deja el cambio! - le gritó el taxista, debido a que su pasajera salió pitando del vehículo en el momento en que se detuvieron frente a la residencia estudiantil.
- ¡Para usted! - dijo sin detenerse, ni que se fuera a morir por unas monedas.
Su corazón latía desbocado dentro de su pecho. Prácticamente arrancó la puerta de sus goznes en su prisa por ingresar al edificio.
- Por favor, ¿cuál es la habitación de Gaara Sabaku? - preguntó sin aliento en la recepción.
El encargado alzó una ceja ante la acalorada belleza que tenía enfrente.
- ¿Para qué deseas saberlo? El horario de visitas terminó a las 21.00h.
- ¡Yo no soy una visita! - se enfureció Ino.
- ¿Ah, no? ¿Qué quieres entonces?
Ino cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de controlar su temperamento.
- Lo siento - habló con más calma - Supongo que sí soy una visita, pero será sólo un momento. Y es importante.
El encargado no pareció ni lo más mínimamente convencido.
- ¿Cómo de importante?
- Pues... la verdad es que no lo sé.
- ¿Eh?
- Oye, ya sé que esto te sonará a locura... pero realmente, de verdad de la buena, tengo que ver a Gaara.
- ¿Pero por qué? - insistió él, abriendo las manos en un gesto de esperar un motivo - No puedo dejar pasar a la gente así por las buenas. Vuelve mañana.
- ¡No! - chilló Ino - Esto no puede esperar. Escúchame, por favor. Lo que te he dicho de no saberlo, ¡es cierto! Necesito verle desesperadamente, porque... porque tengo este presentimiento clavado en el pecho. Es muy grande, y duele mucho, y...
- Hum...
- Te aseguro que no pretendo colarme aquí esta noche ni nada por el estilo - Ino estaba dando lo mejor de sí por una oportunidad - Es más, ni siquiera me quedaré mucho. No necesito más que un minuto, ¡un solo minuto! Puedes acompañarme para comprobarlo si quieres, no me importa. Pero si no veo a Gaara ahora mismo, creo que este presentimiento me...
- Vale, vale, ¡ya corta el rollo! - la interrumpió el pobre encargado, rodeando el mostrador de la recepción - En este mundo ya pasan suficientes cosas raras como para que me muestre escéptico ante "presentimientos"... Sígueme. Habitación 309.
Lo poco que Ino vio de la residencia le pareció sencillo pero pulcro, una pena que en ese momento no se sintiera de ánimo para hacer turismo. Aunque a las escaleras no les haría mal un pulido...
- Aquí es. Habitación 309, Gaara Sabaku.
- Gracias - lo agradeció la chica sinceramente, antes de llamar a la puerta.
Esperó un momento, pero nada sucedió. Volvió a llamar, pero nuevamente sin respuesta. ¿Estaría Gaara ya en la cama? Aún no era muy tarde, pero tal vez el pelirrojo se acostase temprano.
- No parece que haya nadie - dijo el encargado a su lado.
- ¡Lo he notado! - resopló Ino sin poder evitarlo.
Se estaba poniendo cada vez más nerviosa. ¿Cómo osaba una simple puerta a interponerse en su camino hacia la tranquilidad mental?
- Anda, aparta - indicó su acompañante, desabrochando un gran manojo de llaves que colgaba de su pantalón - Aunque te lo advierto, como le pillemos dormido o en alguna situación vergonzosa, te hago plenamente responsable.
Ino asintió frenética, estaba dispuesta a aceptar cualquier cosa. Aguardó impaciente a que el hombre probase tres o cuatro llaves maestras diferentes hasta dar con la buena.
- Ya está - dijo al fin, entornando ligeramente la puerta abierta - Después de ti.
No se lo tuvo que repetir dos veces. A oscuras y todo, la rubia irrumpió en la modesta habitación de Gaara, mientras el encargado pulsaba el interruptor de la luz.
- Gaara, perdona por aparecerme así, pero...
Se cortó de repente, porque bien podía estar hablándole a las paredes: el cuarto estaba completamente vacío. La cama bien hecha, ni una mota de polvo en el suelo, ni libros en el escritorio... nada que indicase que allí vivía una persona, ningún efecto personal. En un arranque de verdadero pánico, Ino abrió de par en par el armario: al igual que el resto de la habitación, vacío. Apenas quedaban un par de camisetas y un calcetín desparejado.
- ¿Estás... estás completamente seguro de que es la habitación correcta? - tartamudeó la Yamanaka en un hilillo de voz.
- Por supuesto. Míralo tú misma, la placa de la puerta dice Sabaku.
Aguantándose las lágrimas que repentinamente pugnaban por abandonar sus ojos, Ino no pudo sino repetirse mentalmente una y otra vez:
- Gaara, ¿adónde has ido?
