Ep. 17: No te vayas

Sakura Haruno se hallaba plácidamente dormida en su cama, como una niña buena, cuando el silencio de la noche fue quebrado por el aterrador grito de...

¡NI NA NO~, LU LI LA~, NI NA NO~!

... de su móvil, que se encontraba sobre la mesita de noche al lado de la lámpara.

La chica lo ignoró, pensando que seguramente sería una equivocación, porque ¿quién iba a llamarla a esas horas? Sucumbiendo al sueño de nuevo, abrazó la cabeza de su novio, que reposaba cómodamente entre sus pechos, apoyada junto al latido de su corazón.

¡NI NA NO~, LU LI LA~, NI NA NO~!

- Sakura... - masculló Sasori adormilado, apretando más fuerte los brazos en torno a la delicada cintura de la chica - Apaga esa cosa o sonará eternamente.

- Sí, ya voy... - respondió ella, sin la menor intención de hacerlo realmente, pues esperaba que quienquiera que fuese ya hubiera desistido.

¡NI NA NO~, LU LI LA~, NI NA NO~!

- Qué demonios... - protestó Sasori.

No quería perder el hilo del sueño, de modo que se desprendió del confortable cuerpo de su compañera y se giró hacia un lado, escondiendo la cabeza bajo la almohada cual tortuga. Sakura por su parte lamentó la pérdida del calor compartido.

- ¡Shannaro! - rugió, y se enderezó de golpe para coger el teléfono, dispuesta a decirle cuatro cosas al gamberro - ¡¿Qué pasa?! ¿Se puede saber qué horas son éstas para..?

- ¡GAARA HA DESAPARECIDO! - sonó enseguida un grito incluso mayor que el de la Haruno, que la hizo temer por su bienestar auditivo - ¡Auxilio, frentona!

- ¿Ino? - Sakura se desperezó de inmediato al percibir la histeria en el tono de su amiga - ¿Qué te ocurre? Son las cuatro de la madrugada, ¿qué haces todavía despierta?

- ¡Creo que le han secuestrado! - chilló la Yamanaka - Claro, como es tan guapo... ¿habrá sido por mi culpa? No lo entiendo, si ni siquiera he tenido tiempo aún de exponer mi boceto... ¿Quién habrá podido verlo y obsesionarse hasta tal punto con él?

- Cerda, cierra la boca. Creo que estás desvariando - le soltó Sakura, pasada la impresión inicial - Respira con calma, deja que el oxígeno llegue hasta tu cerebro. Sí, el oxígeno es tu amigo...

- Ah, ha... ah, ha... ah, ha... - increíble pero cierto, Ino en verdad lo estaba haciendo - Sakura, no estoy de broma. ¡Ven a mi casa pero ya!

Y colgó, así sin más, si el pitido de la línea era una señal. Sakura se quedó estática por un momento, preguntándose si eso realmente acababa de pasar o lo había soñado. Pero la rubia le oía terriblemente angustiada... Se mordió el labio, indecisa, antes de suspirar y bajar las piernas de la cama. Ugh, qué frío estaba el suelo...

- Sakura, ¿adónde vas a estas horas? - asomó la cabeza Sasori, encendiendo la lámpara de la mesita.

- Era Ino. Tengo que ir a ver qué tripa se le ha roto - le susurró ella, antes de darle un beso y coger ropa limpia - No te preocupes, sigue durmiendo.

El Akasuna no opuso resistencia y volvió a esconderse bajo la almohada, protegiéndose de la luz. Sakura estuvo vestida en unos pocos minutos, y en cuanto se enrolló una bufanda en el cuello salió sin hacer ruido, tras tomar prestadas las llaves del coche de su novio. En la calle, delicados copos helados caían, y ya una fina capa de nieve había cuajado en la calle. Afortunadamente, el trayecto hasta la casa de su amiga era de apenas unos minutos, pues no le hacía ninguna gracia tener que conducir en una noche helada.

Al llegar allí, decir que se quedó sorprendida sería un chiste, porque la escena la dejó completamente atónita... pues resultó que ella no era la única invitada: reunidos en el salón se encontró también con sus amigos Kiba, Chouji, Karin, Suigetsu y ¿la hermana menor de Hinata? ¿Qué pintaba Hanabi allí? El gordito venía con pijama y jersey, Karin y Suigetsu parecían a medio vestir, mientras que los atuendos de Kiba y la menor de los Hyuuga resultaban demasiado... reveladores para ser usados en pleno invierno.

- Buenas noches, lady Sakura - la recibió el mayordomo en un batín de rayas, mientras le recogía el abrigo - Sea bienvenida, aunque sea a estas horas intempestivas. ¿Se le ofrece algo para tomar? ¿Un té caliente, quizá?

- No, Wilson-san, gracias - rechazó Sakura, yendo con sus compañeros - Hola. ¿Qué hacéis todos aquí?

- Lo mismo que tú, supongo - contestó Chouji somnoliento - A Ino se le cruzaron los cables.

- ¡Tsk, gracias por tu apoyo! - refunfuñó la mencionada - Necesito ayuda con esto, ¡es muy importante! Por eso os he llamado.

- A mí no me has llamado - la contradijo Kiba con una mueca de fastidio - Me encontraste de casualidad por la calle.

- Sí, y no me hagas recordar haciendo qué con quién - Ino hizo una señal de cabeza hacia Hanabi - ¿En qué estabas pensando, Kiba?

- ¡Eh, soy un chico salvaje en un sábado noche! ¿Qué esperabas?

- ¿Por qué no puedo irme yo a mi casa? - suspiró hastiada Hanabi, sentada en el sofá con los brazos cruzados - No me escapé esta noche para escuchar un sermón, sino para divertirme. Lo cual, por cierto, estaba consiguiendo hasta que nos topamos contigo.

Ino le lanzó una furibunda mirada al Inuzuka.

- ¡Has corrompido a una niña inocente!

- Tengo 17 años, Ino-san - le defendió la castaña - No me confundas con onee-chan.

Kiba, por su parte, desvió la cabeza ligeramente avergonzado.

- Uno no elige quién le gusta - farfulló.

Sakura decidió que con lo poco que había escuchado de esa historia, ya sabía demasiado. No quería averiguar nada más.

- Esto... cerda, ¿puedes explicarme para qué cuernos me has sacado de la cama en la madrugada? Una cama en la que, por cierto, ¿disfrutaba de muy buena compañía?

- Qué me vas a contar... - comentó Suigetsu en voz baja, antes de que Karin le metiera un codazo en el estómago para que estuviera calladito.

- Es acerca de Gaara - aclaró Ino, y tomando aire, soltó su conclusión - Creo que le han raptado.

Crii, crii, crii.

Es lo que se hubiera oído de estar en verano y no en Diciembre, tal fue el silencio absoluto que siguió a la resuelta afirmación de la Yamanaka. Y después... un enorme suspiro colectivo brotó de las gargantas de todos los presentes (mayordomo incluido), que en mayor o menor medida dudaron por un segundo de la cordura y estabilidad mental de la chica.

Sakura, como cabría esperar de una mejor amiga, fue la primera en recuperarse.

- Cerda... - habló apretando los dientes, clamando al cielo que le concediera paciencia - ¿Hay, por casualidad, siquiera el más mínimo indicio de semejante cosa?

- ¡Claro que lo hay! - se ofendió la dueña de la casa - ¿Acaso crees que os llamaría por una tontería?

- ¿Es una pregunta retórica? - resopló Karin, suspicaz.

- ¡No, os lo digo muy en serio! - aseguró Ino frenética, comenzando a pasearse erráticamente por el salón - Hacía días que no le veía, en los que no se dignaba ni a contestarme al teléfono. Cada vez me sentía peor, intuía que algo malo pasaba pero no sabía qué. Y hoy mismo... bueno, más bien ayer, me presenté sin aviso en su residencia dispuesta a hablar con él y tranquilizarme un poco, ¡y no había nadie! ¡No había nada! Su habitación estaba completamente vacía, pero el encargado dijo que no había ningún aviso de abandono ni nada. ¡Así que tienen que haberle llevado contra su voluntad!

Uno a uno, los allí congregados fueron tomando asiento en donde pillaran libre. El desesperado tono de voz de su amiga había eliminado toda su furia hacia semejante ridícula suposición, pues resultaba evidente para cualquiera que aquello era de suma importancia para Ino, por más exagerada que ella fuese. En medio del silencio, se escuchó un reloj en alguna parte de la casa anunciar las seis de la mañana.

- De acuerdo, pensemos las cosas con tranquilidad - sugirió Sakura, lamentando en su fuero interno el no poder comenzar el domingo acurrucadita en la cama al lado de la persona amada - ¿Cuándo le viste por última vez?

- Hace tres días. Estábamos paseando.

- Bueno, yo le vi anteayer salir de la oficina de mi tía... quiero decir, de la rectora Tsunade. Eso ya le resta un día a este supuesto "secuestro". ¿Alguien más le vio después? - preguntó, dirigiéndose a los demás.

- Ver, no le vi - aportó Karin - Pero ayer al salir de la universidad escuché a mi primo hablar con él por el móvil. Y no parecía preocupado, ni dio señal de que algo fuera mal.

- ¡Puede que los secuestradores le estuvieran pidiendo un rescate!

- Ino, por favor... - dijo Chouji - ¿Quién iba a pedirle un rescate a Naruto? A él sólo se le ocurriría pagarlo con ramen.

- ¡Bueno, perdóname por no tener un cerebro tan brillante como el de Shikamaru! - se exaltó Ino, nerviosa - A todo esto, ¿dónde se ha metido? Intenté llamarle también para que viniera, pero no pude contactarle.

- Shikamaru sigue estudiando en Suna - le recordó el Akimichi - ¿Cómo esperabas que viniera?

- Oh cuernos, es verdad - se quejó Ino - Lo que faltaba, para una vez que puede ser útil, tiene que estar en el quinto pino. ¿Por qué tuvo que marcharse a...?

Ino se cortó de repente, extrañando a los demás. Sus ojos celestes se ensancharon lentamente, como si recién le hubiera alumbrado una idea portentosa, y la voz se le entrecortó en la garganta cuando intentó hablar.

- Eso es - musitó, tan leve que sus amigos apenas alcanzaron a oírla - Naruto. Suna. ¡Eso es! Gaara... ¿Gaara pretende marcharse a Suna? ¡No!

Y saltó del sofá, quién sabe para hacer qué cosa.

- ¿Qué? - inquirió Sakura, desconcertada - Cerda, ¿qué sucede ahora?

- Gaara es de Suna - trató de explicar la Yamanaka apresuradamente - Si desaparece, y no es porque le hayan raptado, ¡debe ser porque planea volver a casa! ¿Y a quién iba a contárselo si no es a su mejor amigo? Si hablaron ayer, ¡tal vez aún esté en Konoha! Wilson-san, deme mi abrigo, ¡rápido! Tengo que encontrarle antes de que sea demasiado tarde.

- Pero si regresa a casa, ¿qué tiene eso de malo, Ino? - le preguntó Karin - ¿Por qué te importa tanto?

La pregunta de la Seidou la petrificó instantáneamente. ¿Por qué? Era una buena pregunta, vaya que sí. ¿Por qué la mera idea de que Gaara se alejase de ella le resultaba tan dolorosa, tan insoportable? Además, sin ni siquiera decírselo, y sin despedirse... Y en cuanto a lo que la había llevado a esta situación, ¿cuál había sido el desencadenante? Fue el pensar que podía perder a Gaara. ¿Perderle cómo, si no era suyo? Recapacitando, era posible que Chouji tuviera razón cuando dijo que se le habían cruzado los cables.

- Yo... no lo sé - murmuró con total honestidad, pues no acertaba a comprender su propio enredo - No lo sé, pero de cualquier forma, sí sé que no quiero que Gaara se vaya.

- ¿Tienes idea de adónde ir? - continuó Karin, con el móvil en la oreja, hasta que alguien respondió al otro lado de la línea - ¡Naruto, pedazo de zopenco! ¿Se puede saber dónde estás? ¿Qué es todo ese ruido de fondo?

Todos los jóvenes aguardaron en silencio, pendientes de la conversación.

- ¿En el aeropuerto? ¿Qué diantres haces ahí? - la respuesta pareció conmocionarla - ¿Dices que... para llevar a Gaara? ¿Que se marcha?... No, no tenía ni idea...

- ¡No se lo permitas! - chilló Ino, abalanzándose sobre su amiga - ¡Naruto, no dejes que lo haga! ¡Detenle!

- ¡Ino, me vas a dejar sorda! - protestó Karin protegiendo su indefenso oído, mientras ocupaba el otro con el móvil - Primo, ¿a qué hora sale su avión?... Oh, ya veo... Sí, por supuesto que lo entiendo, pero aun así no creo que... Vale, se lo diré. Hasta luego.

La chica colgó, pensando en cómo darle la noticia a su amiga rubia, que se retorcía las manos ansiosa por información.

- Ellos han llegado pronto, pero el embarque para su vuelo comienza a las siete de la mañana - habló despacio - Es decir, en menos de una hora.

- Bueno, ¿y a qué estamos esperando? - saltó Ino muy optimista de repente - ¡Vamos?

- Ino, por mucha prisa que te des, hasta el aeropuerto son dos horas - trató de hacerla reflexionar Chouji.

El muchacho no quiso decir nada más, porque notaba que la Yamanaka estaba al borde de un colapso emocional, a pesar de la alegre fachada que pretendía aparentar. Esas cosas no se le escapaban, ya iban muchos años siendo amigos inseparables. Cundió el silencio.

- Son dos horas si conduces por la autovía - se oyó la determinada voz de la olvidada Hanabi - Pero si en las afueras tomas la ruta de las granjas y sigues campo a través, recortando camino por la carretera comarcal del bosque, puedes reducir el tiempo casi a la mitad. Eso si no te importa el olor a estiércol, desde luego.

- ¿Cómo sabes eso? - preguntó Kiba, pasmado con su semi-novia.

Ella mostró un papel doblado varias veces.

- Se llama mapa de trayectos, cachorrito - respondió, ufana - Además tengo memoria fotográfica. A mí este asunto ni me va ni me viene, pero para ti parece ser muy importante, Ino-san. ¿Puedo comprar tu silencio con esto? Neji-niisan llega a ser incluso más protector que mi padre.

- Dalo por hecho - asintió Ino con una leve sonrisa

- Pero incluso si seguís esa ruta, no creo que a estas horas haya muchos transportes disponibles - opinó Suigetsu - Como mucho, algún taxi de guardia.

- Emm... bueno, si sirve de algo, yo tomé prestado el Maserati de Sasori para venir - confesó Sakura.

- ¡¿Has dicho un Maserati?! - exclamó Kiba, agarrándola por los hombros - ¿Uno de verdad? ¿Auténtico? ¿Original?

- Naturalmente. Sasori no compraría una imitación.

- ¡Oh Kami-sama! ¡Sakura, te lo imploro, déjame guiar esa preciosidad! - el Inuzuka, sin ninguna vergüenza, se dejó caer de rodillas y abrazó las piernas de la Haruno - ¡Por favor, por favor, por favor! ¡No creo que vuelva a tener una oportunidad como ésta!

- Podría pensármelo... ¿serías capaz de llegar al aeropuerto a tiempo, siguiendo la ruta de Hanabi-chan?

- ¡Dalo por hecho! - dijo el chico perro, repitiendo las palabras de Ino.

- Me refiero a si eres capaz de llegar sin hacerle el más mínimo rasguño al coche - especificó Sakura, endureciendo el tono de voz - Porque como haya un solo y minúsculo desperfecto, Sasori es capaz de convertirte en eunuco.

El castaño tragó fuerte ante la amenaza, pero asintió vehemente con la cabeza.

- Levántate, cachorrito - dijo Hanabi, tirándole de la oreja para alzarle del suelo - Ya te has humillado bastante por hoy.

Ino miró a su alrededor, sintiéndose exultante. Tenía vehículo, tenía conductor y tenía tiempo... y sobre todas las cosas, tenía amigos. Nada podía salir mal. Sí, iba a conseguirlo, sentía que podía. De una manera u otra, ella iba a encontrar a Gaara.

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Afuera, más allá de los límites del coche, el frío aire se escarchaba en las ventanas. Hermosos cristales helados parecían formarse ante sus ojos, pero Ino no se preocupaba de apreciar dicha belleza. Su vista estaba al frente, dirigida al camino que había de llevarla cuanto antes hacia el Sabaku. Distrayéndose por un momento, frunció los labios, insegura. ¿Qué le diría cuando le viese? ¿Cómo podría explicarle este repentino e inesperado comportamiento? En su mente, trataba de hallar las palabras que su boca se atoraba en pronunciar.

- Sakura, ¿puedes repetirme para qué demonios nos has obligado a venir? - se quejó Karin en voz baja, sentada en el asiento trasero del coche, entre la Haruno y el chico pez.

- Entre otras razones, porque seguramente Ino necesitará apoyo moral en algún momento, y yo no seré suficiente para dárselo - dijo Sakura, hablando bajito también - Vamos, zanahoria-chan, estamos en uno de esos momentos en los que dejas de fingir que eres antipática para comportarte como una buena amiga.

- Ajá, ¿y yo estoy aquí por...? - inquirió Suigetsu con desgana, con la mejilla apoyada en la mano.

- Porque te gusta rondarle las faldas a Karin - soltó Sakura con malicia - Ahora, ¿queréis decirme vosotros por qué estabais a medio vestir en casa de Ino?

Un notable sonrojo cubrió las mejillas de la chica, mientras que el joven decidió mirar hacia otro lado.

- No hay mucho que contar - dijo él sin darle importancia - Ino se puso histérica en la residencia al ver que Sabaku se había evaporado sin dejar ni rastro, y armó tal barullo que la gente comenzó a salir de sus habitaciones, pensando seguramente que había alguna emergencia o yo qué sé. Yo fui uno de ellos, porque mi cuarto estaba en el mismo piso. Apenas abrí la puerta, y en cuanto me vio, prácticamente me sacó a rastras... a mí y a la deliciosa acompañante de la que disfrutaba en ese momento.

- Ya cállate, atún en escabeche - murmuró Karin por lo bajo, abochornada - Pero en serio, ¿qué le pasa a Ino con todo este asunto del chico del desierto?

- ¿Acaso no es obvio? - suspiró Sakura de forma romántica - She is in denial, como dicen en el extranjero. Significa que está enamorada, pero ella misma no lo sabe aún. O si lo sabe, intenta negarlo.

- Hay que ver, lo complicadas que sois las mujeres - opinó el Hozuki - Y luego si nosotros vamos directos al grano, resulta que somos unos salidos...

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Una curiosidad de los aeropuertos, es que siempre están a rebosar de gente. No importa si es bien temprano en la mañana o muy tarde en la noche, que un aeropuerto siempre parecerá un hotel abierto 24h, un verdadero hormiguero humano. E Ino se decía que nunca antes había odiado las multitudes tanto como en ese momento.

- ¿Le veis por alguna parte? - preguntó Ino a sus amigos, poniéndose otra vez nerviosa - ¿Algo? ¿Nada?

- No, nada.

- ¿Naruto? Soy yo otra vez. ¿Dónde estáis? - Karin intentaba hacerse oír en el teléfono - ¡¿Cómo dices?!... ¡No le dejes, tarado! No me he jugado la vida en una carrera automovilística por nada. ¡Dile cualquier cosa, pero que se espere!

- ¿Qué hay? - preguntó Sakura - ¿Dónde están?

- Ala norte, puerta de embarque número 4.

Y apenas habían llegado a la primera.

- En fin, podría ser peor - se animó Ino, corriendo como buenamente podía a través del gentío - Sabéis, de entre todas las cosas, hay una en especial que no logro comprender... algo que simplemente no me entra en la cabeza.

- ¿El qué?

Sakura e Ino, corriendo una al lado de la otra, intercambiaron miradas.

- ¿Cómo demonios hizo Naruto para mantener la boca cerrada? - respondió la Haruno en lugar de su amiga - Él no se calla ni debajo del agua. ¿Cómo es que no le dijo a nadie que Gaara pensaba marcharse?

- Esa es... una muy buena pregunta - concordó Kiba.

- Mi primo dice que sencillamente nadie se lo preguntó, no pensaba que se tratase de un secreto ni nada parecido. Fue él quien ayudó ayer al Sabaku a hacer las maletas y le recibió en su casa esta pasada noche, ya que iba a traerle aquí por la mañana.

- ¡Eh, creo que le veo! - vociferó Suigetsu, tratando de hacerle oír - El cabeza de plátano que hay allí, ¿no es Naruto?

- ¡¿Dónde?! - chilló Ino, mirando en la dirección señalada - ¡Sí, es él! Pero, ¿dónde está Gaara?

El pequeño grupo apresuró todavía más el paso, aprovechando cualquier pequeño hueco que hubiera entre la gente para alcanzar al Uzumaki. Por desgracia, para cuando estuvieron a su lado, le encontraron solo. No había nadie más con él.

- ¡Naruto! - le llamó Ino - ¿Dónde está Gaara? No me digas que... que él ya se...

Naruto la miró con una leve tristeza, pero señaló detrás de ella. Sofocada por la carrera, Ino apenas tuvo algo de tiempo para recuperar el aliento cuando, al darse la vuelta, vio a su anhelado pelirrojo ya en la fila de pasajeros, a punto de entregarle su billete al revisor.

- No puede ser... - se dijo, negando con la cabeza - No, no he llegado hasta aquí para que te escapes delante de mis narices, Gaara.

E ignorando toda la vergüenza que seguramente iba a sentir en cuanto volviese a ser consciente de sus actos, Ino se subió en uno de los asientos de espera (a fin de sobresalir entre la multitud) y, llenando de aire sus pulmones, gritó a toda potencia:

- ¡GAARA, NO TE VAYAS!

Por un segundo, pareció que se hizo el silencio, la gente de alrededor dándose la vuelta buscando el origen de semejante grito. Y de entre esas personas... unos ojos aguamarinos, muy sorprendidos, se cruzaron con los de ella.

- ¿Ino?


En fin, sólo queda un último capítulo, y creo que todas sabéis lo que toca para la gran despedida... ¡LEMON! :D