Ep. 18: Juntos

Gaara se giró instintivamente en cuando escuchó al alguien gritar su nombre. A pesar del ruido del aeropuerto, la conocida voz femenina había resonado por todas partes como dentro de una campana. Y si bien él sabía a quién pertenecía, su cerebro todavía no lograba entender qué hacía ella allí, por qué había venido justo cuando él debía partir. Ese detalle era algo que se le escapaba.

- ¿Ino? - pronunció a media voz, extrañado pero siempre feliz de tenerla ante sus ojos.

- ¿Joven? - le preguntó la azafata que estaba a su lado - ¿Piensa embarcar o no?

- Esto... - titubeó, no sabía qué hacer - Sí, pero... déjeme para el final.

A fin de cuentas, había llegado de los primeros, por lo que la cola de gente esperando detrás de él era larga. Podía permitirse unos minutos de charla con la rubia.

Apartándose de la fila, guardó sus documentos de nuevo en el bolsillo y retrocedió hasta la zona de espera, donde el pequeño grupo de sus compañeros le aguardaba. Al ver que venía en su dirección, también Ino se bajó del asiento al que se había subido para llamarle.

- Ino, ¿qué haces aquí? - preguntó - ¿Y los demás?

- ¿Qué hago yo? - resopló ella, todavía tratando de calmar su corazón - ¡Qué haces ! ¿Quién te ha dado permiso para marcharte como si nada?

Para cualquiera que no la conociera, aquella reclamación tendría poco o ningún sentido, pero sus compañeros hacía años que habían asumido que el cerebro de la chica no funcionaba en la misma sintonía que el de las demás personas. Afortunadamente, también Gaara lo había ido pillando con el tiempo.

- No creo necesitar el permiso de nadie para volver a casa - trató de explicarle - En todo caso, necesitaría el de Tsunade-sama, el cual sí tengo.

- ¡No me vengas con ésas! - rechazó Ino - ¿Qué hay de mí? ¿De Naruto? ¿De la frentona?...

- A mí no me metas en esto, sea lo que sea - se defendió el Uzumaki, mientras Sakura simplemente soltó un suspiro.

Gaara se quedó callado por un minuto, tratando de adivinar lo que la chica intentaba decirle. No lo consiguió.

- ¿Por qué no habría de marcharme?

- Porque... porque... - tartamudeó Ino, insegura - Porque si te vas, yo...

- ¿Sí?

Se miraban fijamente, Ino buscando la respuesta correcta, y Gaara pendiente de escucharla. Pero sin previo aviso, ella se echó a llorar. Cálidas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos celestes. El pelirrojo dio un respingo, confuso por la situación. ¿Qué estaba sucediendo?

- Me duele - sollozó Ino, al fin hallando las palabras que permitían fluir todos sus sentimientos - La sola idea me hace daño. Si pienso en que te alejarás de mí... que no podré verte ni hablar contigo... besarnos hasta quedarnos sin alie-...

No pudo acabar esa frase porque la mano de Gaara sobre su boca se lo impidió. Sus mejillas se tiñeron de rojo a juego con su cabello, al percatarse de que repentinamente todos sus compañeros parecían estar muy interesados en la conversación.

- Cogerte de la mano - continuó Ino, haciendo precisamente eso - Verte sonreír. Rebuscar en tu mente palabras agradables para halagarme, y sonrojarte cuando algún pensamiento travieso se te viene a la cabeza, igual que ahora mismo...

- ¡Ino! - masculló - Eso es algo que sólo nos concierne a nosotros.

- ¡Exacto, eso es lo que trato de decir! - exclamó ella, frustrada - Es algo nuestro, de los dos. Si te vas, ¿con quién más voy a compartirlo?

Gaara sintió que pasito a paso ella se acercaba a la conclusión, pero aún necesitaba reflexionarlo un poco más. Aunque él mismo tampoco entendía muy bien de qué iba aquello.

- Todo eso puedes hacerlo con otro chico - sugirió, aunque la sola idea le rompía el corazón - Ya lo hiciste antes.

- ¡No, no puedo, idiota! - gritó Ino entre lágrimas, lanzándose sorpresivamente sobre él y abrazándole muy fuerte - ¡Ya no puedo hacerlo más! Tienes que ser tú. ¡Tiene que ser contigo!

El Sabaku abrió muy grandes los ojos, asombrado, no tanto por el abrazo sino por la involuntaria declaración de ella. No, un momento... puede que estuviera malinterpretando sus palabras. Kami-sama sabía lo enredada que era ella para todo. Aunque lejos de rechazar su gesto de afecto, también él la abrazó.

- ¿Por qué? - inquirió temeroso.

- Porque eres mío - fue la segura contestación de Ino - Lo siento en mi pecho, lo pienso en mi cabeza. De alguna manera, algo me dice que me perteneces a mí y sólo a mí. No me cabe la menor duda. Y de igual manera que eres mío, también siento que te pertenezco, Gaara. Total y absolutamente.

Antes de que Gaara pudiera replicar nada al respecto, Ino tomó posesión de sus labios en un beso devastador. Todos sus sentidos se inundaron de ella, su sabor, su olor, el contacto de su piel... su cuerpo entero estremecido hasta la médula. Todo a su alrededor pareció desaparecer, para él sólo existía Ino y el calor que le transmitía.

- ¿Qué significa esto en realidad, Ino? - replicó cuando al fin el mundo volvió a su sitio, abriendo a medias los ojos.

- Sí. No. No. Y sí.

- ¿Qué?

- Las preguntas que me hiciste antes de escapar y dejarme plantada en medio de la calle - aclaró ella, deteniendo al fin sus lágrimas y mostrando cierto enfado.

- Oh, cierto... me disculpo por eso.

Las preguntas. ¿Qué le había preguntado? Le costaba recordarlo bien, pues en ese momento su mente había estado ocupado con otros asuntos bastante menos placenteros que su compañía.

La primera fue... ¿Yo te gusto? .

La segunda había sido... ¿Sacrificarías tu futuro por retener el pasado? No.

La tercera... Si hiciera algo que no te gustase, ¿me odiarías? No.

Y finalmente la cuarta...

- ¿Me amas, Ino Yamanaka? - fue apenas un susurro, ansioso por confirmar la respuesta.

Y ella, malvada como era, le hizo esperar sus buenos cinco y angustiosos segundos antes de contestarle.

- Sí, Gaara - admitió ella, sonriendo.

- Dímelo, por favor - sin poder evitarlo, la estrechó de nuevo entre sus brazos, muy fuerte esta vez - Necesito oír las palabras, Ino.

Prendida a su cuello, Ino se acercó a su oído y dijo muy bajito, para que sólo él captara su confesión.

- Te amo, Gaara.

El Sabaku sintió ganas de reír. Y sintió ganas de llorar. Y por sobre todas las cosas, quiso detener el tiempo en ese mismo instante, retener a la chica que amaba por siempre entre sus brazos.

- ¿Cuándo sucedió? - le preguntó, separándose al fin.

- No lo sé - admitió ella - No puedo señalar un momento concreto en el que me conquistases, pero cuando me di cuenta, ya estaba metida hasta el cuello. Y justo cuando pretendía decírtelo, ¡vas y desapareces! ¿Cómo te atreves?

- No desaparecí, solamente decidí irme.

- Pues no volverás a hacerlo. Debes saber que soy una chica muy celosa y tremendamente posesiva.

- ¿En serio? Nunca me has dado esa impresión.

Lo cual era cierto. Ella parecía abierta y liberal respecto a cualquier cosa.

- Bueno... pues lo seré a partir de ahora. Eres mío para siempre, ¿te enteras? Que no se te olvide. Supongo que no puedo evitar que me abandones, ¡pero eso no es excusa!

Algo en la manera en que ella se había expresado durante toda la conversación hizo que Gaara frunciera el ceño, ligeramente confundido.

- Ino, que conste que nada me hace más feliz que saberme tuyo, y saberte mía... pero por la forma en la que hablas, cualquiera diría que me voy para siempre.

Se hizo un extraño silencio. Ino le miró fijamente, asimilando lo que él acababa de decir.

- ¿Y... no es... así?

- ¡No! - aclaró él, divertido - Meramente regreso a Suna por Navidad para una cena familiar. Aunque más bien es una reunión social para tratar negocios. Volveré después de Año Nuevo.

En ese momento, unas risitas ahogadas tras ella le hicieron darse cuenta de la escenita que habían montando delante de sus amigos... y de un montón de desconocidos.

- El tiempo corre, Gaara - dijo Naruto, con una sonrisa maliciosa de oreja a oreja - Deberías volver a la fila de embarque.

- Sí, Ino - añadió Karin, burlona - Suéltale antes de que os quedéis pegados.

- Por lo que veo, incluso trajiste testigos contigo para hacer tu confesión - Gaara no pudo evitar tomarle un poco el pelo a su... ¿novia?

- Es que... yo pensaba que... oh, al cuerno. ¿A quién le importa ya?

"Pasajeros del vuelo 904 con destino a Sunagakure, la vía de embarque cerrará en tres minutos".

Gaara se giró al escuchar el aviso, pero antes de poder dar un solo paso, Ino le aferró del cuello de la cazadora y atrajo nuevamente su boca. Él, lejos de resistirse, correspondió el beso con ganas, sintiendo su estómago llenarse de maripositas. Ella era suya, por fin. Suya y de nadie más por su propia elección.

- Por cierto, cuando regreses, acuérdate... - le dijo, pero el resto de su frase fue apenas un susurro reservado al chico, que no alcanzó los oídos de los demás espectadores.

Sin embargo, para cualquiera que estuviera mirando atentamente, el intenso rubor que cubrió enseguida la cara del Sabaku habría sido una buena pista. Dándose un último beso, ambos jóvenes se despidieron. Gaara se volvió en la puerta de embarque para saludar una vez más a sus amigos de irse.

En cuanto desapareció de su vista, Ino no puedo contener un hondo suspiro de tristeza, pero al menos sabía que pronto volvería a tenerle a su lado, entre sus brazos... y probablemente entre otros lugares también.

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Pasaron los días, fríos y nevados. La Navidad vino y se fue, regalos y fiestas por todas partes... pero a Ino le faltaba una persona para ser completamente feliz. Cierto chico pelirrojo que, con toda su timidez, se hacía desear mucho más que el sex-symbol de la revista de turno. De sólo pensar en él sentía que se prendía fuego en sus entrañas. Imaginaba cómo sería su respiración inquieta, sus manos indecisas cuando paseasen por su cuerpo...

- ¡Ino!

Una voz la sacó de su ensoñación, y se reprendió a sí misma. De verdad, ¿podía ser más tonta, especialmente en ese momento? Perdiendo el tiempo en fantasías cuando... cuando el protagonista real de ellas estaba justo frente a ella, con esa sonrisa inocente y el cabello alborotado que tanto le gustaba.

Era cinco de Enero, el día en que su novio-aún-sin-estrenar regresaba, y ella se encontraba esperándole en el aeropuerto, el mismo en el que apenas dos semanas antes le había dicho adiós. Kami-sama sabía que su ausencia se le había hecho eterna.

- ¡Gaara!

Y sin dudarlo un instante, corrió veloz a refugiarse entre los brazos del muchacho, que se cerraron en torno a ella anhelantes de su contacto.

- Te he echado de menos, Ino.

- ¿De verdad? ¿Mucho? - y sonrió cuando él asintió - Yo también. Tantísimo, Gaara...

Y mostrando la falta de vergüenza que la caracterizaba, se enzarzó con él en un fogoso beso allí mismo. No que el joven protestase tampoco.

- I-Ino... - farfulló él ronco, calmando el beso - Este no es lugar para...

- Lo sé, lo sé - aceptó ella, pero sin una pizca de arrepentimiento - Ya avisé a mi padre de que hoy no dormiría en casa porque iba a estar contigo. ¿Los tienes?

Gaara se sonrojó inmediatamente, recordando el último mensaje de la chica antes de despedirse, pero asintió con la cabeza, incapaz de articular palabra.

Por cierto, cuando regreses, acuérdate de traer condones. Y muchos, porque los vamos a necesitar.

- ¡Bien! - rió ella, feliz - ¡Vamos entonces!

Y cogidos de la mano, salieron del aeropuerto y tomaron un taxi, rumbo a la residencia de estudiantes en la que Gaara vivía en Konoha. Los nervios le comían por dentro, pero no pudo evitar contagiarse de la alegría de Ino. ¿Qué más podía pedir? Iba a compartir una de las experiencias más importantes de la vida junto a la chica que amaba... a la única que era y siempre sería suya. Aun dentro del vehículo, una oleada de ternura le invadió y depositó un casto beso en la mejilla de la rubia, quien sonrió ante el adorable gesto de afecto.

Una vez dentro de la habitación, Gaara se sorprendió al encontrar su boceto colgado en la pared, aquél para el cual Ino le había contratado al principio de su relación. La miró interrogante, mientras colgaba su cazadora del respaldo de la silla.

- Decidí no presentarlo - le explicó con una leve huella de nostalgia en la voz - Durante el tiempo que me pasé dibujándote, me di cuenta de que no quería que nadie más lo viera. Incluso cuando Sai vino a darme su opinión me sentí reticente, aunque todavía no sabía por qué.

- ¿No lo entregarás? ¿Pero qué pasará con tu trabajo para el final de este semestre? Ya no tienes tiempo de hacer uno nuevo.

- No importa, porque... he abandonado arte - le informó, para sorpresa de él - Es algo que me gusta hacer como pasatiempo, pero es evidente que no tengo talento, y además tampoco es algo que me haga feliz. No me imagino dedicándome a ello como obligación el resto de mi vida.

- ¿Y qué harás entonces?

- Hablé con Hokage-sama al respecto, y he podido cambiar de rama - dijo Ino feliz - Claro que no podré recuperar este curso entero, pero al menos conservaré algunos de mis créditos. En cuanto se reinicien las clases, seré transferida a la sección médica general para así, el año próximo, comenzar una especialidad en psiquiatría.

- ¿Psiquiatría? ¿Eso es lo que realmente quieres estudiar? - y cuando ella asintió, preguntó - ¿Qué pasará con el bosquejo?

- Para ti. Considéralo un regalo - y traviesamente, se colgó de su cuello y comenzó a depositar besitos por ahí.

La mente de Gaara se convirtió en flan al sentir los cálidos labios femeninos sobre su piel, mordisqueando suavemente su clavícula. Un gemido involuntario escapó de su boca.

- ¿Tan pronto? - susurró Ino depravadamente - Qué mono... ¿o será que he encontrado una zona sensible?

Gaara no estaba dispuesto a que Ino fuese la única en divertirse a su costa, de modo que le alzó la barbilla para reclamar fervorosamente su boca. Mientras se besaban, el calor aumentó entre ellos y la ropa comenzó a estorbarles.

- Ino... - murmuró él entre besos mientras le desabotonaba despacio la camisa.

Ella en cambio lo tuvo más fácil, pues el chico llevaba un polo que simplemente tuvo que sacarle por la cabeza. Antes de que Gaara se diera cuenta, se sintió ya medio desnudo caer sobre la cama, con ella encima.

- ¿Dónde los tienes? - susurró Ino con ardor.

- En la maleta, compartimento superior.

Ino fue a por ellos, dándole un instante para tranquilizarse... o al menos intentarlo. Todo el ambiente parecía haberse impregnado del calor desprendido por los dos, y eso que apenas acababan de empezar. Sentía el latido de su corazón golpear más fuerte que nunca en su vida.

- Sigamos - dijo la provocativa chica, dejando los condones sobre la mesita al lado de la cama.

Sin darle tiempo a responder, su lengua inició de nuevo una deliciosa danza con la suya propia, que él ansiosamente correspondió. Gaara posó las manos sobre las firmes caderas femeninas, inseguro del siguiente movimiento. Básicamente, sabía lo que había que hacer, pero no cómo hacerlo. Ella en cambio no parecía tener ningún problema, a juzgar por la suave mano que notó sobre su entrepierna mientras le desabrochaba los pantalones.

- Ino... - la llamó nervioso cuando ella se deslizó sobre su torso.

- ¿Qué?

- Yo... yo no... - tragó fuerte, abochornado - No sé qué hacer, cómo continuar...

Ino se detuvo de inmediato y le miró, decidiendo si él hablaba en serio. Pero Kami-sama, ¡se veía tan adorable! Debería ser un crimen que un hombre pareciera tan tierno y apetitoso al mismo tiempo. Y recordó que en numerosas ocasiones Gaara le había dicho que ella era su primer amor, que nunca había estado con una chica de forma íntima.

Por un momento se sintió francamente mal. Si bien lo recordaba, daba por sentado que él sabría cómo llevar la situación una vez que se pusieran a ello; obviamente, se había equivocado. Lo cual, si lo pensaba, era lo que cabría esperarse. Todos conocían las bases de lo que hacer, pero era diferente hacerlo realmente. Durante ese rato, Ino había estado ocupada haciéndole sentir bien, y en ningún momento se le había pasado por la cabeza que también necesitara guiarle a él para complacerla a ella.

- Oh, Gaara... - a duras penas ahogó la risita que burbujeaba en su garganta - Eres la fantasía de cualquier mujer depravada, te lo aseguro.

Él quiso preguntarle a qué se refería, pero antes de poder hacerlo, ella le cogió de las manos y las guió un poco más arriba de donde estaban, sobre su cintura. La chica todavía conservaba puestos los vaqueros, de modo que fue una diferencia notable para él notar de repente cálida piel bajo sus dedos en lugar de tela.

- Acaríciame - le indicó, moviendo las manos de ambos sobre la zona de su vientre y baja espalda - Siénteme. Estoy aquí contigo.

Llevando las cosas a un ritmo más pausado, se tumbó a su lado en lugar de encima y le besó despacio, estando muy cerca para que Gaara pudiera tocar todo a lo que sus manos llegasen.

Tímidamente al principio, Gaara comenzó a explorar. Primero apenas rozó donde Ino había colocado sus manos, pero pronto sintió el impulso que conocer más a fondo la tibia carne que había a su alcance. Deslizó las yemas a lo largo de toda su espalda, pero con cada caricia el borde del sujetador se le hizo más molesto, aunque tapase nada más un sólo centímetro. Seguía siendo un centímetro que él no podía tocar, y lo mismo pasaba más abajo, donde el borde de los vaqueros le impedía acceder a la firmeza de su trasero.

- Ino... - suspiró de nuevo, ardorosamente, mientras lamía bajo la elegante curva de su mandíbula.

Ella captó lo que intentaba decirle, pues también su cuerpo estaba ansioso por recibir más atenciones. Enderezándose, se colocó de nuevo sobre él, y cuando la mirada de Gaara estuvo pendiente de ella, llevó las manos atrás para soltar el cierre de su sostén. La prenda se resbaló por sus brazos de manera provocativa, lujuriosa. Gaara no perdió detalle, anhelante de recorrer la nueva zona que se le ofrecía.

Ino tomó una de las fuertes manos masculinas, como antes, y la posó sobre el costado de uno de sus pechos, permitiéndole descubrir su peso y redondez. Él se maravilló ante esa zona de su cuerpo, tan tierna y suave como un bizcocho, pero a la vez firme. En un impulso que no se molestó en refrenar, envolvió la cintura de Ino con su brazo libre y la atrajo con desesperación hacia sí, capturando entre sus labios la corona del hermoso pecho, todo en uno. Ino soltó un gemido al sentirlo, encantada por el tardío pero bien recibido despliegue de pasión.

Gaara no era capaz de saciarse. La cálida carne entre sus labios le volvía loco, anhelaba más y más de Ino. Y al parecer ella sentía lo mismo. La sentía tironear de sus cabellos, los dedos de una mano enredados entre sus mechones rojos como la sangre, mientras con la otra volvía a intentar desabrocharle los pantalones. Y vaya que le hacía falta quitárselos... nunca en su vida se había sentido tan apretado ahí abajo.

- Gaara... - dijo Ino entre gemidos - Levántate un momento.

Pero no podía estar un sólo segundo despegado de ella, de modo que en lugar de levantarse, se enderezó hasta quedarse de rodillas. Ella entonces hizo lo mismo, y mientras Gaara continuaba deleitándola con húmedos besos por todo su cuerpo, se las apañó para bajarles los pantalones a los dos. Ambas prendas estuvieron rápidamente en el suelo. Aprovechando la posición, Ino introdujo su mano libre en los calzoncillos de Gaara, arrancándole un sensual gemido cuando tocó su dureza.

- Mira lo que he encontrado - le incitó perversamente mientras le acariciaba.

Gaara dejó caer la cabeza sobre el hombro de su compañera, incapaz de continuar con sus atenciones mientras ella le torturaba tan deliciosamente, teniendo su suave mano sobre una parte tan sensible de su anatomía. Apenas podía respirar por la excitación.

Ino percibía claramente su dificultad, pero lo que planeaba hacer era por su propio bien, lo sabía. A pesar de lo mucho que la deseaba, le notaba demasiado tenso, y esperaba que esto le ayudase a relajarse.

- Espera, Ino - trató de decirle él - Si sigues voy a...

Ni siquiera llegó a terminar la frase, cuando Ino apretó una zona especialmente delicada. Una humedad cálida y pegajosa resbaló entre sus dedos.

- No te preocupes - le aseguró Ino, sacando la mano y limpiándose contra sus propias braguitas - Estarás más relajado ahora.

Gaara no respondió, su respiración demasiado acelerada para ello, pero advirtió que ella decía la verdad. Todavía estaba muy excitado, duro como una piedra al punto de ser casi doloroso... pero ya no se sentía como si le estuviera echando una carrera a un tren.

- Ino - la llamó cuando se calmó un poco - Te amo.

Y despacio, con mucha ternura, la besó. Recorriendo con dulzura toda su boca, con si el tiempo se detuviese para ellos... o como si tuviesen todo el tiempo del mundo solamente para amarse.

- Déjame amarte también, Gaara.

Él apenas abrió los ojos, un inmenso anhelo de fundirse con ella reflejado en su mirada aguamarina. Ambos sentían que era el momento de convertirse en uno.

Se quitaron el uno al otro la última prenda de ropa que les separaba, que les impedía unirse. Llevando el control, Ino tumbó a Gaara de espaldas sobre la cama, tal como habían estado al principio, y estiró la mano para alcanzar la cajita de condones. Tomando uno, lo abrió y colocó adecuadamente sobre el miembro de su novio.

- ¡Espera! - la detuvo Gaara un segundo - Tú no has... quiero decir, que yo no te he... esto... ¿no te haré daño?

Por segunda vez, Ino tuvo que ahogar una risita ante lo adorable que él se veía, pero su inquietud era merecida. Después de todo, él más que nada había seguido los pasos por los que ella le guiaba, y en ningún momento le llevó a esa parte tan íntima de su cuerpo. Pero no debía preocuparse, en realidad ella estaba más que preparada. Supuso que el Sabaku debía saberlo también para estar tranquilo. De todas formas, algo más de estimulación nunca venía mal.

Así pensando, cogió una de las manos de Gaara y la llevó al centro de su cuerpo, esa zona de donde provenía todo su apasionado calor y las mieles del placer. Estaba húmeda e increíblemente caliente allí, en opinión del chico. Sin pensar, deslizó un dedo entre sus pliegues, y la sintió estremecer con su contacto. Ino echó la cabeza atrás por la arrolladora sensación que provocó en todo su cuerpo, y él bebió ávido de esa imagen, grabándola a fuego en su mente. Continuó tentándola, acariciándola... su voz gimiendo era la música más erótica que había escuchado jamás.

- G-gaara... - tartamudeó ella, apartando entonces su mano y encaramándose con cuidado sobre él - Gaara...

Despacio, poquito a poco, Ino se colocó en posición sobre él y le atrajo hacia su interior, mezclando el calor de ambos en una espiral indescriptible de éxtasis. Gaara se sentía como si hubiera tocado fuego con sus propias manos... bueno, no con las manos exactamente. Todo su ser se concentraba en ese punto en que su esencia se revolvía con la de su amada.

Entre ambos forjaron un ritmo abrasador, delirante, enloquecedor. Gaara no quería que nada de ese furor apasionado se escapara entre ellos, de modo que a duras penas logró enderezarse y estrechar a Ino otra vez entre sus brazos. Al notarse tan cerca, sus bocas se fundieron en un beso arrasador. El latido de sus corazones resonando fuerte en sus pechos, el sudor de la pasión envolviéndoles en una burbuja resplandeciente, hasta que de pronto... el mundo pareció estallar a su alrededor. Todo y nada existiendo al mismo tiempo. Con un último gemido, ambas voces se rindieron al nirvana y se apagaron.

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Gaara se despertó, cansado pero extrañamente feliz como no se había sentido jamás en la vida, al notar una suave caricia sobre su mejilla. Abriendo un ojo, lo enfocó sobre la deseada compañera que yacía a su lado, aún en la toda la gloria de su desnudez.

- Buenos días - la saludó, inclinándose para darle un beso.

- Buenas tardes - replicó ella, riendo - Hace unos minutos acaba de pasar el mediodía.

- ¿Mediodía? - dijo él, sonriendo asombrado pero sin preocuparse lo más mínimo - ¿Hemos dormido toda la mañana?

- Tu vuelo llegaba demasiado temprano. Y no, no hemos dormido toda la mañana. ¿No recuerdas qué más hemos hecho hoy?

Claro que lo sabía. ¿Cómo podría olvidarlo? Pero de alguna manera, se sentía extrañamente juguetón en ese momento... en más de un sentido.

- Lo que recuerdo es que... todavía queda mucho en ese paquete que compré en la farmacia - fue el turno del chico de esbozar una sonrisa perversa, mientras su mano se perdía bajo la sábana quién sabía adónde - Y pienso aprovechar todo lo que pagué por él.

- Bueno, su fecha de caducidad suele ser de varios meses... o incluso más, en buenas condiciones - jugó Ino.

- No van a durar tanto.

- Vaya... y si lo gastamos todo ahora, ¿qué haremos durante los próximos cincuenta años?

- Hay más farmacias en el mundo - la voz de Gaara se escuchó camuflada bajo la manta.

Ino pensaba replicarle, pero su garganta pronto se vio ocupada con otra clase de sonidos. Y algo le decía que tardaría mucho, mucho en poder hablar de nuevo.

F I N


¡Feliz Año Nuevo! :D Gracias, inmensas gracias por haber leído este fanfic y haber soportado las largas esperas... ¡espero que hayan merecido la pena!

Y una disculpa muy sincera a Annalizz... Cuando empecé a escribir esta historia como agradecimiento, te aseguro que nunca esperé tardar tanto en terminarlo O_O