N/A. Estaba aquí mirando, como últimamente hago todas las noches, pensando que fic podría seguir. Me he parado en la carpeta de Saña y me he dicho... ¿con quién lio a Bellatrix? Solución instantánea: Rodolphus ;-) No hay nadie mejor para ella jiji. El personaje que creé con Linaje, Dinero y Poder se ha convertido en uno de mis favoritos, aunque no tenga nada que ver con el libro. A saber lo que pasa por la mente de JK cuando piensa en él... en el sexto no funcionó ni siquiera el apellido Lestrange. Recuerdo lo que me traumatizó una frase que era algo así "entraron en Azkaban Bellatrix, Crouch y dos más"... Sin comentarios T.T ¿No podría ni siquiera decir "los Lestrange"? Para solucionar mi pequeña crisis tengo que acudir a mis fics xD
Joanne
PD: No he podido decidirme por ninguna de las dos frases, así que he optado por hacerlo fácil y poner las dos. Me parece que ambas representaban muy bien la relación que mantienen en esta viñeta Rodolphus y Bella. En mis otros fics su relación es algo más profunda, siempre con trasfondo sexual, pero el límite de palabras no da aquí para mucho más.
SAÑA
V. DependenciaLos hombres que tienen los mismos vicios se sostienen mutuamente. (Juvenal)
Sabía lo que pasaba por su mente cuando la miraba. Su rostro era ya impenetrable, y no cambiaría con los años, pero Bellatrix no tenía necesidad de leer en sus gestos, en su expresión ausente. Ella lo conocía bien, y eso era suficiente.
El primogénito de los Lestrange la había elegido como prometida, aunque no hubiese anuncio oficial. Se lo decían sus palabras al hablar, sus sonrisas sutiles, sus ojos al buscarla entre la gente... Sus manos al recorrerla por la noche en lugares secretos.
No se engañaba; su familia le había enseñado a desterrar el amor. Ella buscaba su Sangre, su linaje antiguo; su poder, que la llevaría a la cima; y su fortuna, que le abriría las puertas.
Rodolphus no era como los demás. A Bellatrix le gustaba estudiarlo de espaldas, sin sentir sus penetrantes e inteligentes ojos devolviéndole la mirada. Aprovechaba esos momentos para contemplar cómo llevaba la capa negra con elegancia, cerrada en el pecho con un broche de plata; su pelo recogido en una coleta baja, oscuro, atrayente; su figura, que gozaba del buen porte que sólo da la Sangre. Aprovechaba, porque segundos después él se volvería a mirarla.
En ese momento sentía como si invisibles y finos hilos tirasen de ella hacia él, manejándola como una simple y ridícula marioneta. Rodolphus le hacía un gesto, y poco después ella lo seguía para encontrarse con él a solas. A partir de ahí todo era brusco, apasionado y violento.
Lenguas de serpiente encontrándose, enredándose y ahogando el ardor que consumía sus cuerpos. Pero no se sentían saciados por mucho tiempo, y todo volvía a empezar.
Círculo vicioso.
Toda necesidad se calma y todo vicio crece con la satisfacción. (Henri Frédéric Amiel)
