N/A. Hoy estoy... contenta, inspirada, y alegre porque la viñeta anterior ha gustado. Me ha dado un venazo por escribir que no me daba en meses, a pesar de ser casi las 4 de la mañana. Esta viñeta la tenía pensada incluso antes de la viñeta 10, pero ahí fui dejándola porque las otras me inspiraban más. A ver qué tal queda. En mi mente la tengo muy clara jeje. Hacia tiempo que no escribía algo sin parejas.
SAÑA
XIII. Humo
El recuerdo es un veneno que se forma en nuestra alma y que aniquila la sensibilidad del corazón. (Friedrich Von Schiller)
Espirales de humo, que se enredaban en su mente, confundiendo recuerdos.
Olía a humo en Grimmauld Place, ese verano, cuando se le cayó una vela encima de la mesa y el libro comenzó a arder. Todo quedó en cera endurecida pegada a la madera, un círculo negro de muerte y la ceniza del libro.
Olía a humo, el que desprendían las pociones. Todo en esa clase era mezcla de algo. El borboteo relajante junto a la tensión del cuerpo por hacerlo bien. Los olores que captaba, de los ingredientes que usaba, del líquido empleado para guardarlos, de la humedad de aquellas estancias. La satisfacción cuando Slughorn le decía que lo hacía bien, y el odio cuando se lo decía a otros.
Olía a humo cuando se unió a los mortífagos, cuando el Señor Tenebroso le hizo la Marca. Un dolor atroz, que la recorrió entera mientras se esforzaba por no gritar. Carne quemada y piel desaparecida, y un tatuaje que haría que no se olvidase de a quién pertenecía.
Olía a humo, durante los ataques, durante las explosiones que se reproducían con la misma rapidez que los muertos. Cadáveres y putrefacción. También olía a eso.
Olía a humo en la casa destrozada de los Potter. Fue cuando los aurores habían investigado, cuando habían ya recuperado los cuerpos. Todos menos el de Voldemort. Las cenizas la rodearon, junto a la niebla, convirtiéndola en una figura entre sombras. Así era como se sentía ahora, perdida. Y sin saber qué pensar.
Encogió las rodillas, pegándolas contra su pecho esquelético. Se recostó contra la pared, agotada, perdida en esos recuerdos, en esos olores.
Sólo para olvidarse de que en Azkaban no olía a humo.
Olía a muerte.
