N/A. Vaya, esta idea me gusta mucho. Está más o menos planeada, y espero que quede bien. La verdad que no recuerdo como se me ocurrió mezclar a estos dos personajes, pero encuentro un puntillo interesante a la conversación que puede salir jiji.
SAÑA
XVII. Color transparente
Los colores de la muerte la habían atraído y aterrado por igual desde que recordaba. Negro oscuridad, rojo sangre... y pálido, transparente.
¿Cuántas veces había sentido el entumecimiento de su cuerpo, su piel erizada y la sangre helada cuando un fantasma la había atravesado? Millones, estando en el lugar en el que estaba. Estaban rodeados de ellos.
Bellatrix alzó disimuladamente la vista del libro cuando el BarónSanguinario sobrevoló en silencio de muerte la Sala Común de Slytherin. Esa casa de serpientes, la misma a la que él había pertenecido hacía tiempo. ¿Cuánto? Eso no lo sabía. No conocía a nadie que se hubiera atrevido a intercambiar alguna palabra con él.
Se pasó la lengua por sus labios con deliberada lentitud, y pasó una hoja. Pero no leía. Sus ojos grises no se apartaban de la presencia. Recorrió la mancha de sangre plateada que había en su pecho, empapando sus ropas.
Muerte violenta.
Elevó la comisura de un labio, la curiosidad que sentía demasiado brutal como para ignorarla. Quería satisfacerla. Debía satisfacerla.
Y el hecho de que nadie osase dirigirle la palabra la aumentaba hasta límites insospechados.
Carraspeó un par de veces, ocultando una sonrisa mientras volvía a pasar otra hoja. Captó la atención del fantasma, y despacio, lo miró a sus ojos vacíos.
Fue cuestión de segundos que se decidiese a preguntar.
-¿Cómo moriste?
El BarónSanguinario no apartó la mirada, pareciendo atravesar a la chica. Recordaba -eran muchos años los que tenía que volver atrás-, recordaba una mujer, una amante. Y esa sonrisa sesgada que le volvía loco, que le obsesionó con ella. Sus cabellos, oscuros; esa melena salvaje por la que perdía la razón. Esas pestañas bordeando ojos tormenta, la misma que se desató una noche.
Traición.
Recordaba su daga, de incrustaciones de piedras preciosas, cuando se la clavó en el pecho. El atroz dolor... y los colores: el de la sangre, el de las gemas, el de la luz que le envolvía y el de la oscuridad que le amenazaba.
No entendió por qué ella lo hizo.
-Se parecía a ti –dijo con su voz grave y ronca, palabras que Bellatrix se tuvo que esforzar por oír.Pero que, aún así, no comprendió.
