Nuevo capitulo, por cierto;
FELIZ 2014 :D!
En fin, es algo corto porque creo que me estoy saboteando a mi misma...no quiero que llegue el final *oculta su cara en una almohada* pero hay que hacerlo, es duro, lo se...pero asi es la vida.
Y dejando de lado el dramatismo, dire que actulizare The Best Mistake of my Life y la proxima semana...no hare nada, me voy de vacaciones por primera vez en 12 años :D
Aclarare, todo eso por culpa de mi hermana...ignoren eso xD, nos vemos y disfruten leyendo!
Esas palabras relatando el horror de hace unos días seguían bailando en su cabeza.
Flashback
-Dime que ocurrió.
Pidió caritativo Kendall. Ken lo miro por debajo de sus pestañas y bajo la mirada después, sus dedos se movían inquietos, pegados prácticamente a sus rodillas.
-Ocurrió un poco después de que te marchaste, primero comenzó con ruidos sordos, lejanos que se acercaban luego vi como tiraron la puerta abajo a golpes –relato Ken en voz neutra, apenas audible –estaba sorprendido por la agresividad que sus gemidos transmitían, podía percibir esa sed de sangre que tenían hacia mi, me las ingenie para escapar y salir pero…allí me acorralaron.
Kendall trago saliva de solo pensar en cómo se debió sentir de aterrado Ken en ese momento, el estaba aterrado cuando lo encontró, aterrado de perderlo también al igual que James.
-Pero luego tu apareciste –ken levanto la vista y sus ojos oscuros brillaban de emoción –y…me salvaste de esos demonios.
-No hubiera dejado que te hicieran algo –dijo el rubio de ojos verdes conmovido, tomando con una de sus manos el rostro de Ken.
-Lo sé –musito con una ligera sonrisa.
-Pero aun no entiendo porque te atacaron –Kendall bajo el brazo y se levanto de la cama, a caminar en círculos por la habitación.
Ken ahogo un suspiro y volvió a fijar su atención en sus manos que continuaban retorciéndose angustiosas. Recordar ese episodio no era agradable para él, aun podía recordar con lujo de detalles la manera en que los demonios aspiraban su miedo aquel día, como gemían exigiendo por su cabeza en una estaca y todo eso con solo estar parados a metros de ellos.
Cerró los ojos y sintió sobre su piel la fría piedra de las paredes que chocaban con él en su huida.
-No debí hacerlo…-murmuro para sí.
-Malditos demonios –mascullo Kendall, sin haber oído a su amigo hablar –jamás puedes confiar en ellos, son todos unos malditos bastardos que deberían quedarse aquí y sufrir por lo que son. Pudriéndose.
-Kendall…estoy cansado, ¿podrías…? –Dijo indeciso Ken, señalando la cama –me gustaría descansar.
-Sí, si claro –el rubio respondió a la ligera-te dejare descansar.
Así Ken se arropo bajo las sabanas y se acurruco contra la almohada, cerrando los ojos en un pequeño descanso para su conciencia. Deseaba no recodar pero su cabeza estaba empecinada en mostrarle solamente eso y lo estaba torturando. Necesitaba descansar.
En tanto, su acompañante lo observaba en sumo silencio a sus movimientos. Intento imaginarse que podría estar pensando su sombra en ese mismo instante y tratar de sentirlo el mismo, por mera simpatía porque lo apreciaba y era terrible el verlo en ese estado sin poder hacer gran cosa.
Se acerco y se sentó a su lado, luego acaricio su cabello y planto un beso allí, un pequeño beso de buenas noches.
-Flashback End-
Golpeo su espalda contra el árbol, y se quedo allí, inmóvil aguardando al momento de poder seguir, con espada en mano. Cada sentido de su cuerpo estaba alerta al más mínimo ruido, a la más mínima señal del enemigo. Miro sobre su hombro y la niebla no le dejaba ver mas allá de unos pocos metros, entonces decidió usarla como ventaja.
Se metió de lleno en la espesa niebla en ese marchito bosque, sintiéndose como un fantasma más que vagaba en busca de memorias pérdidas, cuidadoso de donde ponía cada paso y así no delatar su ubicación.
Kendall hizo un recorrido visual de lo poco que podía ver y creó un mapa en su cabeza. Así no se perdería tan fácilmente sin mencionar que así tendría una vía de escape rápida por si algo salía mal. La suela de sus botas crujía casi sordamente contra el suelo y sus brazos extendidos le daban cierto equilibrio para avanzar como ninja, sus ojos estaban atentos a cualquier cambio. El había tenido muchos durante el último tiempo.
Física y mentalmente ya no era el mismo, pero, ¿Quién podría seguir siendo la misma persona luego de tantos retos, tantos malos tragos y sobretodo tanta porquería?
Había pruebas más que irrefutables de que el viejo "él" ya no estaba.
Avanza un poco mas hasta que un rápido sonido se escabulle por su oído derecho, se vuelve en esa dirección y va por allí, con la sensación de que algo se acercaba o él se acercaba a eso. Preparo la espada para un golpe seco si lo necesitaba, oyó otro ruido ahora de la dirección contraria.
Luego de otro lado, y de otro y de otro. Los ruidos provenían de todas partes, era como un cascabel sacudiéndose o un gran enjambre de abejas revoloteando a su alrededor.
Se aproximaban, olía su esencia nauseabunda, mejor prepararse y no arrepentirse luego.
Segundos después figuras oscuras emergieron de entre la niebla, pesadas criaturas se abalanzaron desde todos lados, casi una docena de demonios dispuestos a atacar, Y Kendall estaba dispuesto a desmembrar a quien se interpusiera en su camino.
Un circulo de fuego se levanto en medio de ambos objetivos, sus paredes no dejaban ver nada desde afuera, los demonios se detuvieron gimiendo y balbuceando, aguardando a que algo sucediera.
Sin previo aviso algo salto de entre las llamas y clavo su espada en el pecho de un demonio, tumbándolo al suelo con el encima, lanzo una mirada fría a los demás a su alrededor mientras se levantaba y retiraba el arma, dejando que la sangre negra goteara del filo.
-¿Quién quiere ser el siguiente?
Todos fueron a por él. Los más cercanos encontraron muerte segura bajo la espada y el resto no se tardo en unírseles, cada movimiento era más refinado, rápido y preciso. Las habilidades de combate de Kendall habían incrementado, pulido gracias a arduo entrenamiento como así también con un poco de ayuda "especial".
Cuando el ultimo cayó abatido, espalda golpeando un árbol y la espada incrustada en su corazón, Kendall se detuvo un segundo a admirar su trabajo, una fina sonrisa de satisfacción helada paso por su rostro, entre la fina capa de barba que crecía también. Se corrió el cabello de los ojos que ahora estaba un poco más largo, se veía mayor y mucho, las pequeñas arrugas en sus ojos lo avejentaban como así también las ojeras.
Ya lo había dicho, el había cambiado mucho.
-¿Ya te cansaste tan rápido?
Pero Ken no había cambiado, no mucho al menos. Seguía teniendo la misma figura, mas abatida y cansada pero un paso más lento que Kendall. Ahora estaba a pocos metros con su espada en mano y los ojos saltando por un desafío.
-Siempre te escondes –dijo Kendall con ligereza.
-Como dicen, lo mejor se guarda para el ultimo –respondió Ken, despreocupado -¿comenzamos o qué?
Kendall torció la cabeza y rio divertido antes de dar unos pasos y posicionarse para atacar. Ken lo imito.
-Cuando quieras, cariño –Kendall guiño el ojo.
Aunque no lo pareciera, era una provocación. Su amigo la encontró ofensiva, luego de unas cuantas semanas de ser tratado como una delicada dama debido al ataque de los demonios; él se había propuesto a proteger a Kendall y no al revés. Choco su espada contra la de su amigo rubio de ojos verdes y este le devolvió el golpe con facilidad, dando una vuelta, una y otra vez lo intento pero Kendall no se dejaba vencer tan fácilmente.
El tampoco se dejaría derrotar. Poco a poco lo acorralo contra un árbol porque sabía que Kendall lo evadiría hacia un lado, rodando por el suelo e intentando atacarlo por detrás. Claro, solo era una suposición.
-Debes pensar un poco más, dulzura.
Ken abrió los ojos justo antes de que Kendall plantara su mano en el pecho de su amigo, entonces este salió volando hacia atrás, chocando con el suelo con fuerza pero allí no acababa; una bola de fuego iba a caer sobre él, rodo sobre su espalda y se levanto de un tiro antes de que lo calcinara. Sin embargo no era solo una bola de fuego, era una espada envuelta en fuego.
Ken pasó su lengua por sus labios mientras observaba a Kendall que retiraba la espada del suelo y sonreía, como si intentara ocultar su enfado. Ken conocía bien ese gesto, lo había comenzado a adoptar un tiempo atrás, cuando todo esté entrenamiento exhaustivo comenzó, luego de que los demonios del castillo intentaran arrancarle la cabeza por cierta cosa que él sabía que estaba mal hacerla allí pero que tuvo que hacerla para poder recuperarse más rápido y no dejar solo a Kendall. Su plan salió al revés.
-Estas un poco más…lento –dijo Kendall, haciendo algunas maniobras con su espada, casi al punto de presumir su superioridad en combate.
-Puedo sorprenderte –respondió Ken, falto de aire.
-Pues no estás haciendo un buen trabajo.
El descaro de las palabras colmo su poca paciencia existente. Ken suspiro, tenso los músculos de su mandíbula y sus cejas se juntaron ligeramente. A Kendall sele cayó de inmediato la expresión en su rostro.
-Terminemos por ahora…estoy cansado.
-¿Acaso estas enojado porque soy mejor que tu ahora?
Su amigo no respondió, simplemente lo miro dos segundos, suspiro, guardo su espada y le dio la espalda para irse.
-¿Otra vez? ¡Oh vamos! –exclamo Kendall, frustrado, Ken lo ignoro y retomo su camino de vuelta al castillo.
El no quería ser un cretino, pero lo era. El había cambiado mucho. El había cambiado su relación con Ken en muchas formas, quería protegerlo, por eso lo trataba como un niño con esos sobrenombres, la estúpida superioridad que sentía al tenerlo bajo su protección y el constante pensamiento de ocultarle la verdad sobre aquel pequeño trato con cierto brujo embustero.
Lo hacía más que nada por James, el era la prioridad ahora. Luego tendría tiempo de arreglar las cosas con su compañero de viaje, antes de que…antes de que todo esto termine.
Llego al castillo, cuantas horas sabrá, después con ese maldito malestar aun pululando en su cabeza. Miro a su alrededor y todo estaba como siempre, ruinas, demonios gimiendo y arrastrándose por allí, olor a pestilencia inundando el aire; ese había sido su entorno desde…ya ni recordaba si era meses o años.
En su pesado viaje hacia su habitación se repetía una y otra vez las razones por la que hacia esto. James. James. James. Maldito James que era su único pensamiento coherente en su cabeza.
Cada paso, cada cambio radical era un efecto colateral de la necesidad de recuperar a James. No hace falta recordarlo pero él debía recordarse esa prioridad por sobre la de Ken, aunque este fuese tan importante para él. ¿Qué demonios le estaba pasando?
Golpear su propia cabeza como pequeño castigo usando sus manos era lo necesario para aclarar sus pensamientos, temporariamente.
Entro a la habitación y se encontró con un bulto durmiendo acurrucado en la cama, se acerco a Ken procurando no hacer ruido, se quedo observándolo parado al lado de la cama. Se preguntaba porque debía hacer todo esto tan difícil.
Se trepo a la cama y se acostó cerca de su amigo, pasando un brazo sobre este para atraerlo contra su cuerpo, Ken puso algo de resistencia aun entre sueños pero al final se acurruco en el pecho de Kendall. Este rio conmovido y comenzó a frotar con calma la espalda de Ken, oyendo detenidamente como respiraba con calma. Beso su frente y apoyo su barbilla sobre la cabeza del otro.
Las cosas deberían ser así, pensó Kendall, dejándose llevar por sus pensamientos por un tiempo indefinido. Se sentía realmente bien en esa situación, le recordaba los primeros momentos que compartió con el ahora chico durmiente en sus brazos, charlas estúpidas sin sentido que acababan en una gran pelea pero al final terminaban riendo por algún comentario ingenioso de Ken. Esa pequeña chispa de entusiasmo y alegría se había ido con el paso de las últimas semanas y era culpa suya.
Pero podía arreglarlo, no sabía cómo pero lo haría de una forma u otra.
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¿Morí? Por favor, ojala este muerto…
Abrió los ojos, buscando algo de mínima fuerza en su maltratado y abusado cuerpo, y de inmediato la luz lo cegó por unos segundos, sus pupilas ardían como el carbón, el aire pesado que entraba por su nariz apenas llegaba a sus pulmones cubiertos de cicatrices y hematomas. Su garganta gritaba de dolor con cada inhalación escasa de aire que la atravesaba y su boca estaba más seca que un desierto.
A simple vista, cualquiera diría que solo le quedaban unos días de vida, máximo 3, pero la suerte no estaba de su lado en estos momentos. Las torturas y alucinaciones llevaban semanas atormentándolo, cada parte de él las soportaba como podía hasta llegar al punto de quiebre.
Su piel se torno verdosa, por falta de alimentos, seca y cubierta por cicatrices y sangre por todos lados. Los huesos en su cuerpo se notaban a simple vista, cada día perdía mas peso con rapidez, como así también ganas de vivir.
Los labios resecos no emitían sonido alguno, estaba prácticamente mudo y aturdido, a causa de las constantes torturas emocionales y psicológicas que producía los recuerdos dentro de su cabeza. Por ello no hacía falta ya mantenerlo atado a la fuerza a esa camilla, el peso de su culpa lo retenía a estar allí, sufriendo, corrompiendo cada parte de sí mismo, retorciendo viejas creencias y recuerdos.
Los recuerdos eran los que más dolían.
Torturar a sus huesos ordenándoles que muevan su cabeza era una gran tarea, gastaba energía pero quería ver donde se hallaba esta vez.
Una pequeña línea negra apareció de inmediato en su borrosa vista, un poco de enfoque ayuda a distinguir el fino tubo que se enterraba bajo la piel de sus muñecas, no le sorprendía seguir recibiendo dosis de ese liquido espeso negro, ahora era el doble por la evidente entrada intravenosa en su otro brazo.
Miró con detenimiento ese tubo, negro, ese mismo liquido que le daba pesadillas o el atribuía que eso las provocaba, intoxicaba su sangre, sus músculos, su mente, su percepción ya desviada de la realidad. Su cerebro no procesaba la información a tanta velocidad, se quedaba minutos y minutos hasta poder comprender lo que veía o sentía.
Atrofiado.
Atascado.
Obsoleto.
Insulso.
Inútil.
Muerto.
No respiro con un largo tiempo, esas simples cosas que debían ser automáticas para su cerebro, se le olvidaban. Se forzaba a sí mismo a seguir respirando, a que su corazón siga latiendo sin un propósito concreto. Debía borrar recuerdos, voces, rostros, palabras, personas, situaciones, sentimientos si quería recuperar valioso espacio dentro de su cabeza, la información se le escapaba como arena de entre los dedos y lo que dejaba atrás era solo partes oxidadas e inutilizables.
Ahí su deseo de morir.
Prefería morir que terminar en algo que ya no era él. Solo un cuerpo vacio y maltratado que apenas recordaba como respirar, que era infectado por pesadillas y culpas como veneno negro a través de sus venas.
¿Por cuánto más…por cuanto más deberé soportar esto? Solo pido…p-pido…
-0-0-0-0-0-0-0-
-Aquí estamos.
Kendall miro a Ken, con el ceño ligeramente fruncido por el tono de optimismo en su voz.
-Dime algo que no sepa –comento y su amigo le devolvió la mirada.
-¿Comenzaras de nuevo a ser un gruñón? –suspiro Ken.
-¿Por qué tenemos de nuevo esta conversación? –contesto Kendall.
-¿Por qué no puedes dejar de ser tan molesto por al menos un minuto? –suplico su amigo de ojos negros.
-¿Por qué debes seguir señalando cosas obvios con ese tono molesto de burla? –retruco el rubio de ojos verdes.
-¿Por qué no podemos dejar de discutir?
Ken levanto la voz con impotencia. Solo entonces noto algo entre los dos, sus cuerpos estaban a menos de un paso de distancia, sus puños contraídos y sus ojos atrapados sobre el otro.
-Lo siento –dijo Kendall.
-No lo sientas –dijo Ken.
-Pero lo hago.
Sin más, hecho sus brazos alrededor de Ken, en un abrazo estrecho que tenia escrito por todos lados "Lo siento". Los recuerdos de hace pocos días atrás volvían a Ken, luego de encontrarse durmiendo como un niño bajo la protección de Kendall, se intento alejar de él pero a la larga las discusiones estúpidas volvieron aparecer. Termino presenciando derramamiento de lagrimas, disculpas y un beso.
Esto último era algo que se había prometido dejar en el pasado sin embargo en ese instante no se pudo negar, la necesidad de contacto y satisfacer un sentimiento olvidado por la falta de James en la vida de Kendall era algo más que consciente para Ken. Solo que no quería lastimarlo.
Retorno de sus pensamientos al sentir el contacto del otro cuerpo alejarse, se dio cuenta que estuvo todo el tiempo estático, sin siquiera mover algún musculo.
Fijo la vista en Kendall y la comisura de sus labios se elevaron ligeramente, el imito el gesto.
-Mejor vamos. Terminemos con esta locura de una vez.
Saco la llave que el brujo le entrego hace lunas atrás de su bolsillo, levanto la mirada y Ken la observaba con atención, la movió entre sus dedos y se volvió hacia la puerta en medio de la nada.
A paso lento se acerco, metió la llave en la cerradura y la torció, 2 vueltas eran suficientes para escuchar un clic. Estaba desbloqueada.
Era la hora de ir por Morgiana.
