N/A. OHDIOSMIOROSIERTEAMO. Le adoro, siriusly. Es tan jocoso, tan cabrón y me da tantísimo morbo. Un Bella/Rosier para aumentar la producción, jojo. El reto es algo raro, porque empecé haciendo uno, acabé haciendo otro... En fin, una mezcla de lemon sádico (sádico si tenemos en cuenta lo cabronazo que es Rosier y cómo la hace sufrir jaja), donde uno quiera más y otro deje con ganas de más. Empecé haciendo uno plan "no deberían, pero no pueden resistirse". Así que supongo que tiene algo de ambos :D
Advertencias: R. Masturbación.
SAÑA
XXIII. El desayuno
-Le quedaban bien -dijo Rosier, interrumpiendo la conversación-. El rosa especialmente.
-Mejor que no te escuche. -Bellatrix le hizo hueco en el banco, y el Slytherin se sentó a su lado. Como siempre, llegaba tarde a desayunar. Los Lestrange, enfrente suyo, casi habían terminado, y Rodolphus estaba enfrascado en las noticias de El Profeta-. Nunca había visto a Lucius así.
-En parte tenemos que comprenderlo, con el tiempo que pasa peinándose por las mañanas -dijo con sorna, ayudándose con el cuchillo a quitar los bordes de la tostada-, que vengan esos idiotas y le llenen el pelo de lazos. Um... y delante de todo el Comedor.
Después de un breve segundo, se echó a reír, y algunos Slytherins lo corearon. Al margen de lo mucho que odiaban a los Merodeadores, había que reconocerles el ingenio.
-Yo le habría dado un toque más duradero, en cualquier caso.
Bellatrix lo miró, enarcando las cejas, cínica, y Rosier se quedó mirándola divertido.
-Eres terriblemente cruel -se burló, llevándose una cucharada de cereales a la boca.
No llegó a tragarla. Se atragantó en cuanto sintió los dedos de Evan rozar el límite de su falda, bajo el mantel.
-No sabes cuánto -respondió con tranquilidad, ante los ojos abiertos de Bellatrix, que era incapaz de dejar de toser.
Lestrange apartó la vista del periódico, y se les quedó mirando fijamente durante un momento, antes de volver a la noticia que le interesaba. Poco podía imaginarse que la joven se veía invadida; de que las manos de Rosier escalaban por sus muslos esbeltos y de piel pálida hasta su sexo.
-El Ministerio está organizando medidas. Unos folletos de protección con normas básicas -resumió Rodolphus.
-Qué bien -consiguió balbucear Bellatrix, sus ojos brillantes, pero no precisamente por hablar del Señor Oscuro. Se mordió el labio, tragando saliva, y alargó el brazo para coger el vaso de zumo de calabaza. El pulso le temblaba.
Rosier se reía de los folletos, en su otra mano la servilleta enrollada, fingiendo que golpeaba mortífagos con un folleto. Pero Bellatrix sospechaba que sus dedos tenían vida propia, porque la acariciaban, se hundían dentro de ella, y jugaban como si hiciera malabarismos. Enrojecía, abrasaba, y notaba la mirada de Rodolphus escrutándola como nunca la había sentido.
-¿Black?
-¿Sí? -Si se mantuvo seria fue por estar mordiéndose la lengua hasta el punto de sangrar. Sus piernas se relajaron, se abrieron inconscientemente. Rosier entró más en ella, tres dedos ahora, y quería pararle pero, dios, no podía.
-¿Me pasas otra tostada? -pidió Rosier, interrumpiendo. Rabastan se le pasó. Él abandonó las piernas de Bellatrix sin explicación, sin ninguna razón. Como si ella se lo hubiera imaginado todo. Sólo que tenía que esconder sus jadeos, y sus mejillas ardían.
Se bebió el vaso de zumo de golpe, levantándose después de echar una mirada asesina a Rosier, que puso cara de incomprensión. La Slytherin se alejó de la mesa con grandes zancadas, su falda revoloteando algo arrugada en torno a sus muslos.
-Desde luego, mira que te buscas tías raras, Lestrange -masculló Evan, empezando a extender la mermelada por la tostada.
