¡LALALALAAAAAAAAAAA!
No hay mucho que decir, nuevo capitulo chicos! :D Eh vuelto de mis vacaciones, fueron geniales, fue a buenos lugares, comi demasiada comida (en especial alemana ;D) y me compre libroooooooooooooos :3
Bueno no vine a contar mis aventuras, vinieron para leer esta aventura, espero que les guste y ¡disfruten!
Oyó algo crujir a su lado, sobresaltado, James abrió los ojos para luego arrepentirse por la repentina luz pero no podía quejarse, la garganta le ardía por la falta de hidratación. La vista le tomo unos pocos segundos acostumbrarse a la ambientación, al ajustar sus ojos una figura blanca de pie junto a él lo intrigo.
Debía ser otro fantasma, no era el primero que veía. Solo que jamás uno de cerca. Y menos este.
Llevaba una bata blanca o suponía ser blanca por el tono amarillento que la teñía a causa del tiempo atrapado allí, piel arrugada envolvía su cuerpo, podía notarlo por los pliegues en su rostro y en las manos esqueléticas que temblaban erráticamente sobre su pecho. Un anillo violeta-verde estaba tatuado en sus muñecas, otra alma torturaba pensaba James; su cabello blanco alborotado como lo más probable su alocada vida adornaba su cabeza y sus ojos estaban igual de blancos.
Debía ser ceguera, ceguera para prevenir seguir viendo sus recuerdos.
James deseaba eso, aunque deseaba más que nada estar muerto.
-Oh p-pobre mucha-chito –oía a la temblorosa mujer hablar –s-siento que tu de-deseas la muerte…-
Todos allí la deseaban. Parpadeo lentamente, ordenándole a sus oídos que sigan funcionando, el sonido de una voz humana era algo extraño de oír para él en estos momentos como así también tranquilizante. La única voz que oía con frecuencia era de su peor pesadilla en persona, ya no podía ni recordar cómo era la suya propia, ya tampoco recordaba que podía cantar. Las cosas dentro de su cabeza se estaban esfumando como humo más rápido de lo que él podía apreciar.
En los pocos momentos en que su cerebro funcionaba bien, le costaba horrores recordar su propio nombre. Tal vez era lo mejor, o tal vez lo peor. A falta de pequeños detalles, aumentaban los recuerdos y pesadillas.
-Joven-cito, cada uno v-vive con…c-con… -oia murmurar a la anciana, intentaba sonreír pero los dientes podridos y negruzcos con la suma de la falta de algunos le dificultaba articular palabras.
James estaba más que cansado de ver eso, cerró los ojos y volvió a ocuparse de su propia miseria. No podía acarrear a las demás almas errantes que vagaban en ese escenario arruinado y compartido por razones en común. Ya no quería eso, no quería oír malas historias, malas personas que no saben la magnitud del daño que causaron con sus actos pero un así piden por consideración, pena, misericordia.
El era más que consciente, el sabia a la perfección que había matado a alguien. Y ese alguien se encargaba de recordárselo todo el tiempo, en sueños, alucinaciones, memorias de un pequeño bebe y un pequeño niño que deseaba tener la oportunidad de venir al mundo.
Y lo peor de todo es que ese niño siempre le recordaba a esa persona especial. ¿Por qué debían tener ese lazo? ¿Por qué tuvo que elegir a ese alguien en específico? ¿Por qué buscar a alguien que tenía dos caras?
-Uh –dijo la anciana, casi con sorpresa y alegría –t-tenemos visitas.
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Ambos se sobresaltaron al oír la puerta cerrarse con fuerza a sus espaldas, al voltearse se toparon con una fría, goteante y solida pared de piedra. Era una clara señal de que no había retorno por si se arrepentían.
-A seguir –dijo Ken, mirándolo con decisión.
Kendall asiente casi sin pensar.
A su frente un pasillo se pierde en una curva, humedad estancada, sangre seca y otros olores corporales le revuelve el liquido en su estomago. Todos recargados era una bomba mortal, le daba un terrible dolor de cabeza justo en la parte de atrás. Quería decir que tenía miedo pero se mentiría a sí mismo, estaba ansioso de ir, cortar la cabeza de Morgiana y salir con James, victorioso. Volverían, arreglaría todo con él y haría eso que tenía en mente desde hace mucho.
Le propondría matrimonio.
Pega un salto al ser atrapado por el brazo y no era Ken, miro hacia abajo y vio una mano delgada, sucia cerrada en su miembro, al volver a levantar los ojos un rostro contraído en expresión dolorosa atrapo y aumento su sorpresa. Grandes ojos hundidos cargados de lágrimas pedían algo de piedad, la boca floja con labios resecos, capaces de solo decir unas cuantas palabras. Kendall no se movió, lo observo inmóvil mientras Ken ya tenía la mano en la empuñadura de su espada, aguardando al momento de atacar si algo salía mal.
El dueño de esa mano y ese rostro demacrado emergían de las sombras detrás de unos barrotes, aprisionados dentro de una celda al igual que otras almas en otras celdas que se disponían cada tanto en ese pasillo. Pensar que Morgiana tiene un calabozo para torturar personas no era nada descabellado.
En tanto, el hombre, siendo reconocido por una espesa barba blanca, balbuceo algo, un nombre:
-¿C-Charlotte? –Susurro -¿e-eres tú, Charlotte?
Una pequeña y torcida sonrisa apareció, los ojos brillaron por un instante. Kendall sintió pena de ese pobre bastardo, pero no era Charlotte, alguien al parecer importante para ese hombre.
-Lo lamento.
De inmediato, la expresión de ese hombre cambio, los dedos en el brazo de Kendall se cerraron con mayor fuerza causando que este sintiera un gran dolor. Los ojos se arrugaron en ira, los dientes chocaban con rabia. La antes pena era odio.
-¡Mientes! ¡Se que eres tu perra! –Bramo, sacudiendo su mano en un intento de arrancarle el brazo al chico rubio -¡Se que eres tú! ¡Debí haberte degollado ese día, sucia mujerzuela!
Kendall lucho para liberarse pero su captor tenia gran fuerza, el corazón le palpitaba con la adrenalina. Por suerte Ken estaba allí quien no dudo y golpeo con su espada al atacante, una mano cayó al suelo aun retorciendo los dedos sin embargo el hombre no se inmuto, siguió gritando barbaridades, agitando su brazo cortado a través de los barrotes.
Aturdido por el ataque, Kendall continuo el camino, guiado por Ken. Otras voces se unieron en un coro de gritos y gemidos, la cabeza comenzó a dolerle peor, casi como un continuo martilleo contra su cráneo. Ya no se sentía tan fuerte, toda la culpa pesaba en sus hombros de nuevo…debía concentrarse, debía cumplir su misión.
Pero esa decisión se cortó abruptamente por un tirón de su brazo de nuevo, estaba por pegar un pequeño grito cuando la mano de Ken tapo su boca y lo pego contra la pared haciendo un gesto con sus labios para que no hablara. Kendall asintió y entonces su boca quedo libre. Observo a Ken mirar por sobre el hombro, espiando al otro lado de la pared.
-Demonios –anuncio Ken, volviéndose –demonios están vigilando y no son de los buenos.
-Dime de algún buen demonio –respondió Kendall con sarcasmo.
Ken lo fulmino con la mirada y retomo el espionaje por la esquina. El líder se maldijo por tener una boca muy grande.
-¿Qué es lo que ves? –pregunto, intentando enmendar su error.
-Solo uno –dijo su acompañante.
-¿Qué dices? –Kendall se inclino sobre su amigo y allí lo vio.
No era a nada a lo esperaba, no había criatura encorvada cubierta de ropa andrajosa, nada de gemidos ni pies arrastrándose. Solo un hombre, casi de dos metros y de traje. Esto no tenía sentido.
-Eso no es un demonio –declaro Kendall.
-Lo es, solo que diferente a los que conocemos. Son demonios poseyendo personas.
Kendall lo miro incrédulo. Ese tipo de cosa solo pasa en las películas, como el Exorcista o Poltergeist o algo así.
-A veces la realidad supera a la ficción –comento Ken, acorde a sus pensamientos –debemos movernos.
Antes de que el rubio de ojos verdes objetara, Ken saco su espada y se levanto, con la espalda pegada a la piedra listo para atacar. Kendall ansioso por lucha, no dudo y lo imito.
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Las llamas gentiles pero abrasadoras de la chimenea de piedra se aseguraban de hacer de esa sala acogedora, hogareña pero no era lo suficiente, la frialdad del dueño de casa estaba impregnada en su piel y en su alma.
Reposo la copa de vino tinto en la pequeña mesa junto a su sofá de orejas altas, cruzo las piernas con ímpetu y apoyo la barbilla sobre su puño. Observo la chimenea, uno de lados de sus labios se estiro en una leve sonrisa, socarrona.
Por las ventanas podía verse la nieve caer con suavidad, casi con elegancia, los pinos decorados de manto blanco era de postal. Su morada en medio de hectáreas de pinos, alejado del mundo era perfecta para pasar desapercibido en especial en momentos como este donde dentro de poco un joven adversario volvería, o no, para retarlo. Hasta eso decidía quedarse calmo en su hogar, aguardando por una visita de gran importancia.
La puerta sono.
-Adelante –ordeno Howard.
Oyó pasos tras de sí, zapatos de tacón repiquetear el piso. La joven mujer de cabello cobrizo dentro de un traje sonrió cuando el hombre miro por sobre el hombro a su persona.
-Morgiana, ansiaba tu visita.
Señalo al sofá a su lado y Morgiana ocupo su lugar allí, al tiempo que Howard sirvió una copa de vino para ella. La mujer lo observaba cautelosa bajo sus tupidas pestañas, una de sus largas uñas negras señalando su ceja y los labios tensos en una sonrisa.
-Sabes que el chico Knight está cerca de tu nieto, ¿no es así? Por eso me llamaste, porque sabes que están en mi castillo, buscándome.
-Se acerca el evento final –dice Howard, retomando su guardia sobre el fuego –la última prueba. Es la que mas ansió.
-La propuesta –dice Morgiana atrapando la copa y meciendo con gentileza su líquido –me entere de ella.
-Todos se enteraron.
-Lamentablemente, todos lo saben.
Los ojos del hombre giran hacia ella, Morgiana bebió del vino con una sonrisa juguetona en su rostro. Howard levanto y dejo caer su pecho en un gran suspiro, el fuego le recordaba muchas cosas. Viejas memorias, viejos cuerpos gritando de dolor. En especial uno.
Pasaron los minutos, el reloj de péndulo sobre lo alto de la chimenea sonó 12 veces. La campana de medianoche.
-Estas poniendo un precio alto sobre tu cabeza, Diamond –advirtió Morgiana, dejando la copa vacio en la mesa.
-No me preocupa en lo mas mínimo, es solo un chico enamorado.
-No me refería a él.
-Tampoco me atemoriza su "sombra" –recito la última palabra con énfasis, había un doble sentido en ella que ambos sabían que significaba –James está cumpliendo mi castigo. Engañarlo fue más fácil de lo que crees, me avergüenza que tenga mi apellido. No tiene lo que yo tengo.
-¿Maldad? Eso lo tiene todo el mundo, solo que tu supiste aprovecharla o ¿me equivoco? –sugestiono ella.
Howard volteo la cara, esta vez. Ahora ya no sonreía, se veía mortalmente serio.
-Un claro ejemplo es Henry o mejor dicho, fue –continuo ella, riendo por la ahora expresión de asco en el rostro del hombre.
-No lo menciones –mascullo Howard, aferrándose a los apoyabrazos –el era un bastardo, el era una pequeña pestilencia que no merecía llevar nuestro nombre, el no merecía vivir.
Siseo sin darse cuenta. Morgiana fingió un bostezo, no era la primera vez que tenían esta conversación, fueron miles de veces las que vio esa misma sala ser destruida por las manos de su más recurrente cliente.
-Pero era tu hermano. Por eso lo degollaste para darme su alma.
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-Fue demasiado fácil –dijo Ken, limpiando el filo de su espada cubierta de sangre con su capa.
-¿Tú crees?
Se volvió hacia Kendall, estaba de pie frente a un hombre de estatura promedio, cabello oscuro y piel morena, también llevaba traje y estaba muerto en el suelo con una herida en la altura del corazón. Otros 6 cuerpos más yacían en el suelo, tan muertos como ese.
Pero no eran los cuerpos lo que le llamaba la atención, era la voz vacía y monótona de su acompañante, y por la forma en cómo miraba la sangre chorrear de su propia espada. El miedo de hacia un rato había desaparecido de su piel, la batalla le había devuelto confianza y frialdad.
-Es claramente una trampa –volvió a hablar Kendall, vacilante –ella quiere que nos acerquemos.
Guardo la espada sin molestarse en limpiarla y se volvió a Ken.
-Y eso haremos.
Siguió caminando, ignorando los muertos.
-No puedo objetar –comenta Ken, con algo de humor. Pero no funciona, Kendall ya esta lo bastante lejos para poder decir que no lo oyó.
Caminos de piedras, escaleras, calabozos repletos de almas que están pagando por sus pecados le pone los pelos de punta a Ken por muchas razones, en cambio a Kendall le da dolores de cabeza, no puede dejar de pensar en James, en como esta, donde se encuentra y como liberarlo de allí.
Gritos, llantos, maldiciones hacia personas ya muertas o amantes mártires comienza a marearlo pero intenta decirme que está bien, que todo está bien y saldrá bien. Puede oír su corazón latir, como tambores en sus oídos, palpitando la sangre contra sus venas en cada parte de su cuerpo.
Mas calabozos, siente que están dando vueltas porque vuelve a oír las mismas voces o tal vez son voces combinadas. Estaba desorientado. Se detiene abruptamente cuando ve una figura, Ken choca a sus espaldas sin prever la acción.
-Tú –sisea Kendall mientras Ken mira sobre su hombro.
-Hablando del diablo –canturreo el brujo. Apoyada contra una pared –sí, soy yo y ustedes se ven algo perdidos. Qué raro
Exclamo con Sarcasmo.
-¿Qué haces aquí? –interrogo Kendall desvainando su espada.
-Trato de ayudar…-pero la espada de Ken apuntando a su cuello lo hizo callar, ambos chicos lo tenían acorralado –inténtelo, no puedo morir, no al menos aquí.
-Podemos comprobarlo –considero Kendall.
-Hazlo y te pierdes la oportunidad de que te guie hacia la superficie.
-¿Por qué quieres ayudar? –insistió Ken.
-Porque como tu amigo aquí sabe –señalo al rubio de ojos verdes –detesto a Morgiana y deseo ver su cabeza empalada.
-Aun sigo teniendo mi espada en tu cuello.
El brujo hecho un vistazo y era cierto. Necesitaría convencer a la sombra, vaya trabajo, pensaba. Al menos que Kendall diga una sola palabra.
-Suéltalo.
-¿Qué? –Protesta Ken, Kendall ya ha bajado su arma pero se mantiene alerta -¡Acaso confías en…!-
-Confía en mí.
-P-pero…-la frustración lo hace callar y no le queda otra que obedecer a su líder.
Baja el arma y el brujo se arregla el chaleco, un poco mas aliviado.
-Gracias, joven sombra.
-Mejor ahórratelos.
-No es tiempo para discutir –corta Kendall –ahora, tu, nos dirás como salir de este maldito laberinto.
-Me siento como una prostituta, solo necesitas partes de mi cuando estas necesitado –soltó en burla pero ambos rubios bufaron –vaya, estamos de mal humor.
-Llévanos a la maldita salida.
-Bien, lo hare –el brujo accedió, a regañadientes.
Y refunfuñando maldiciones, rebusca entre su ropa como aquella vez y saca una pequeña y antigua llave, solo que esta vez tiene forma de calavera. La muestra por un segundo con una mueca y va a la primera puerta a él, justo a dos metros.
-Recuerda, este es un atajo, el resto del camino estarán solos.
Sin necesidad de otra advertencia, giro la llave y abrió la puerta, apartándose a un lado que ambos cruzaran.
Podían sentir el caliente y seco viento de afuera, el olor a carne quemada y azufre. También veía un puente que apenas se mantenía colgando desde una punta a la otra de los extremos, las ataduras chirreaban por las ráfagas de viento y el rio de lava burbujeaba enfadado.
Un camino peligroso junto a un destino incierto. Vaya que les gustaba complicarse las cosas estos dos.
-¿Qué esperan? –Las palabras del brujo sacude sus pensamientos -¡corran tontos!
Un simple empujo basto para que crucen el puente colgante. Al otro lado, un castillo devorado entre la piedra emergía y los llantos podían oírse a lo lejos.
