Sadistic Eyes
Autora: Namida no YukaKyo
Serie: FullMetal Alchemist
Pareja: Roy x Pride-Ed, Roy x Ed.
Categoría: Angst, Yaoi (Situaciones Chico x Chico, si no te agrada la idea... Largo!!¬¬ )
Justificación: En si toda la historia esta basada (un poco o tal vez ni eso…) en el videojuego Chino, Blue Brids Ilusion!. Las demás incoherencias son totalmente… Mías xD.
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"Los recuerdos no son mas… que una dolorosa ilusión"
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5.- Before I'm Dead
La mañana transcurría tranquila y silenciosa, demasiado aburrida. Padre no había hecho movimiento alguno, así como tampoco, les había llamado llamar uno a uno, su inquebrantable costumbre que lo caracterizaba, para amedrentarlos por los planes fallidos, sus pecados no realizados o simplemente por el fastidio anhelado.
Y ciertamente estar ahí, en completo silencio, observando babear a Gluttony o contemplar a Lust pobletear entre sus dedos los rizados largos cabellos de su cabeza, para nada le entretenían.
Indudablemente aburrido cambio de posición sus pies estancados firmemente en el suelo.
Tal vez y Pride, su "nuevo" hermano, estuviese haciendo algo mucho mejor en algún recóndito lugar de la mansión.
Casi idéntico al movimiento de un rígido resorte de un solo movimiento se levanto del suelo, palmeando de sus ropajes negros el imaginario polvo que les había manchado, seguido de un descuidado pasar de sus dedos por sus cabellos verdosos acicalándose, que a decir verdad, dio la impresión de no hacer exactamente nada sobre los mismos. Rígidos y perpetuos a su forma original.
Una sonrisa socarrona adorno sus delgados y malignos labios antes de comenzar a alejarse, en completo silencio y sigilosamente, como si quisiera escaparse a hurtadillas y con ello evitar una severa reprimenda de su hermana.
La blanca y pesada puerta de encino rechinó solo hasta que fue cerrada, mas no era necesario, su delator sonido para que los purpúreos ojos gatunos de la joven se percataran de la ausencia de Envy. La blanca y perfecta dentadura de sus dientes se enmarco por labios carnosos oscuros, tan malignos y hermosos a la vez, esperaba paciente quebrarse en dolorosas y sádicos gritos para su testarudo hermano.
Eso si, Pride lo dejaba con vida.
Lo suponía y no estaba para nada equivocada, Envy buscaría el escondite de Pride y cuando encontrara lo que el rubio celosamente guardaba, no creía que, de buena gana compartiera su secreto.
Ya había hablado más de una vez con él sobre dejar en paz y por la buena a Pride así que…
— Esta por demás advertido— susurro con su voz melosa y atractiva, echándose un poco más contra los cojines del suave colchón en el que se encontraba. Su cabello oscuro brillo con destellos morados por breves segundos y su siseo no paso inadvertido para su rechoncho acompañante.
Un espeso hilo de babas unía involuntariamente el hueso corroído que segundos antes había estado siendo masticado por sus afiladas muelas, con sus regordetes labios. Los dedos grasosos y las migajillas de carne, astillas de hueso y más baba manchaban alrededor de la boca de Glutony. Aquello no dio asco alguno a la mujer, sino mas bien una mueca molesta se dibujo en sus labios.
¿Cuántas veces le había pedido que comiera o mas bien tragara con un poco mas de propiedad?
En verdad ya ni lo recordaba.
— ¿Puedo comerlo? — Lust rodó los ojos ante la pregunta sabiendo demás a que se refería.
— Hazlo— soltó sin mas y la sonrisa glotona del pecado fue tan rápida o incluso tardo un poco mas en presentarse en sus facciones, a lo que tardo en llegar a la mesa y devorar en cuestión de segundos todo el alimento que había para ellos.
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Pasillos, interminables pasillos oscuros.
Llevaba varios minutos enfrascado en ellos y comenzaba a hartarse.
Las pocas y contadas puertas que había dejado atrás no habían tenido nada interesante en su interior. Algunas de ellas tan solo guardaban mas que nada en su interior y otras uno o dos muebles dentro de la misma. Mas ni un solo rastro de Pride.
Comenzaba a hacerse a la idea de haberse quedado mejor con Lust y Gloutony.
Por lo menos con el último se hubiera divertido arrebatándole la comida y haciéndolo rabiar hartándose con la misma antes que él.
¡Ya bastaba!
Se regresaría con los otros dos, aunque tampoco fuera interesante lo que hicieran. Era mejor que estar pateando puertas sin encontrar lo que buscaba.
Mas sus ojos encontraron algo que hizo que en su boca una sonrisa triunfal se formara.
La última puerta, olvidada en lo más recóndito del corredor, la pequeña rendija que la separaba del suelo evidenciaba que alguien la habitaba. Una ligera y casi invisible luz se notaba entre la oscuridad que lo envolvía. Envy trono los huesos de sus muñecas y con paso firme se dirigió hacia la estancia.
Más valía que ahí dentro Pride se encontrara.
Muy al contrario de lo que hizo con las otras puertas, la abrió sin necesidad de hacerla mil astillas antes de pasar por el marco. La perilla se giro con facilidad, ningún seguro estaba puesto. La estancia estaba fresca, ventilada por la única ventana de la habitación que se encontraba abierta, ondeando ligeramente las delgadas cortinas de encaje que cubrían sus vidrios transparentes.
Mas la habitación en completa en completa oscuridad se encontraba.
No había rastro de aquella luz que encontró por mera casualidad y por esa primera impresión que tuvo, había llegado a pensar que la habitación se encontraba habitada. Se introdujo llegando hasta la mitad de la misma y chasqueo la lengua al ver que había, al menos un poco mas de muebles que en las otras, más ninguna presencia del homúnculo en la misma.
Lleno de ira empezó a caminar de nueva cuenta dirigiéndose hacia fuera de la pieza y estuvo a punto de cerrar la puerta, cuando un muy breve pero audible quejido llego directo a sus oídos.
Se detuvo y volvió a mirar adentro y por un breve segundo pensó que lo había imaginado o bien confundido con algún sonido de la suave brisa que por la ventana entraba, más fue entonces que pudo distinguir algo.
Sus ojos inhumanos se habían acostumbrado a la falta de luz y de hecho veía todo como si bañados por la misma luz se encontraran. Una cama, enorme y cercana a la ventana había pasado desapercibida como un mueble mas, pero que, ahora que con sus ojos de homúnculo la estudiaba, evidenciaba sin ninguna duda el cuerpo de alguien que sobre la misma se encontraba.
¿Acaso Pride se encontraba durmiendo?
Emitió una pequeña risita perversa. Pues bien, le despertaría.
Sus pies desnudos hacían crujir las maderas viejas del piso, ahí mismo donde la afelpada alfombra no cubría. La cama estaba tan próxima y veía un poco mejor. El bulto que se suponía era el cuerpo del rubio, se notaba notablemente más crecido y robusto de lo que recordaba, aunque podía ser también que las mantas que lo cubrieran fueran lo suficientemente excesivas para dar aquella percepción a simple vista.
Envy se detuvo, había algo extraño en todo aquello, la respiración acompasada de quien ahí dormía y el extraño aroma que despedía.
Tremendamente humano, tanto que, daba náuseas.
Con pasos rápidos acorto la distancia y sin miramiento alguno desprendió a más de la mitad de aquel cuerpo las mantas que lo cubrían. Sus dedos soltaron la tela y sin creérselo dio dos pasos atrás, con una mueca de asombro matizada con una plena rabia.
Ahí, echado en esa cama había un humano…
Ese mismo humano que estuvo apunto de matar.
Ese mismo que Pride le había arrebatado de las manos para rematarlo él mismo.
Ese humano que aun vivía y respiraba el mismo aire que lo mantenía con vida.
— Roy Mustang— siseo con saña y sin saber como exactamente lo hizo, termino sobre él hombre, sumiso y a su completa merced bajo de su cuerpo.
Un temblor deliciosamente esperado le recorrió desde los erizados bellos de su cabeza hasta la punta de sus pies, ansioso. Sus dedos hormigueaban para cernirse sobre el frágil cuello desprevenido, o bien, encajarse como puños sobre las ya, magulladas mejillas.
En esta ocasión, estaba completamente seguro, lo escucharía gritar, gemir e incluso llorar…
No habría piedad y de hecho, jamás la había dado…
Para humano alguno
Agito con fuerza su puño al aire levantándolo en una flexibilidad innatural, expandiendo tal vez hasta el limite, la licra negra con la que estaba echas sus ropajes y los viejos resortes del colchón crujieron cuando con fuerza y mas por inercia su puño bajo.
Mas el frío tacto del metal cedió y enfrió por completo sus impulsos.
Una gota rojiza tan brillante y espesa se reflejo como molécula de plata, a pesar de ser tibia sangre. Delineando poco a poco el filo preciso de aquella arma. Un débil sudor acudió a su frente y para que notara que había desistido por completo en su intento sanguinario, bajo los brazos lánguidos a cada lado de su cuerpo.
Había visto por montones de veces como las cabezas de varios desgraciados habían caído sin dificultad alguna con un simple roce de aquella hoz, no deseaba morir en aquellos momentos para comprobar si las cabezas homúnculos eran tan frágiles como las humanas.
— Ya, le dejare tranquilo —
No recibió respuesta, tal vez porque no la necesitaba, solo sintió como el filo de la corva se alejaba algunos centímetros de su cuello, dejándole la suficiente movilidad para alejarse de aquel cuerpo, bajar de la cama y quedar dándole la espalda al dueño de la arma.
Se giro sorpresivamente encarando a quien sabía, era su perdido hermano rubio, quien lo recibió sin expresión alguna en su rostro, pero si con la presión de la hoja filosa presionando peligrosamente el cabello que se encontraba atrapado entre la hoz y la piel que cubría su nuca.
— ¿No crees que ya es suficiente? —
Como respuesta para Envy, la guadaña fue retirada, sin ninguna delicadeza de su cuerpo y de no ser porque se había movido en el momento justo, más que cabellos hubieran caído en el alfombrado suelo cercano a aquella cama.
Un profundo odio se reflejo en sus ojos violetas, pero más coraje sintió al ver que las orbes doradas del otro no mostraban más que vida muerta en las mismas. Definitivamente, prefería una y mil veces la ira decidida y feroz que mostraba ante sus insolencias antes de que en homúnculo fuera convertido.
Y mas odiaba ahora el no poder hacer absolutamente nada en contra de ese enano protegido.
— ¡Largo!—
Padre se enteraría de esto, seguro.
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Era la tercera vez que leía el informe mal redactado del nuevo integrante de su grupo, Alphonse Elric era tremendamente inteligente, extremadamente practico, pero nulamente ordenado al momento de pasar en hoja los por menores de las misiones que le concedía.
Había hallado el inicio de toda la operación en la mitad del informe, la siguiente parte de lo que le seguía en las primeras hojas y lo demás desperdigado entre las restante que ahora hastiado descifraba. Era una pena que no fuese el mismo Alphonse quien se lo entregara, sino el hermano de este y que para su pesar bajo sus órdenes ya no más lo disponía.
Debía aceptar también que el tenerlo ahí, sentado frente a su escritorio completamente callado y perdido en quien sabe donde en sus pensamientos, para nada concentrase lo dejaba. Había pasado sus ojos en más de una ocasión de las blancas hojas al ceño fruncido y notoriamente confundido del rubio.
— Hagane…— susurro y apenas, pero lo suficientemente fuerte como para sacar de sus pensamientos al rubio, haciéndolo casi saltar de su asiento.
— ¿Hablaba de algo? — Lo vio estampar su mano contra su frente en un pensamiento que al parecer debía ser obvio para ambos — Ha de haber estado hablándome por mucho y yo ni caso —
— ¿Qué sucede? — su voz era tranquila y calmada, acostumbrado a utilizar ese particular tono desde hacia ya algún tiempo con el rubio. Desde el momento en que, su manera de actuar había pasado de la explosiva y rebelde a la mas tranquila y distraída que pudiera conocer.
El rostro de Edward se había ensombrecido, mostrando una sonrisa triste en sus labios, mientras movía nerviosamente sus dedos entre sus manos. Indeciso tal vez de compartir sus ideas con su superior. Minutos después de todo aquello y sin ninguna respuesta por parte del joven alquimista, se dispuso de nueva cuanta a encontrar la siguiente parte perdida del informe. O al menos lo intento hasta que…
— Roy— le llamo suavemente, empleando su nombre en lugar de su rango de generar bastardo, que prefería mil veces utilizar.
— ¿Qué harás después de que muera? —pregunto, como si de lo mas normal se tratara.
Roy parpadeo varias veces, mirándolo desconcertado, no entendía a que venia aquella pregunta y de hecho dudaba mucho que algún día la entendiera. Tal vez y Edward sufriera en aquellos momentos alguna crisis de identidad o más bien de existencialismo típica para la edad que cursaba.
Nunca había entendido esa pregunta y de hecho nunca antes también la había respondido…
Hasta ahora…
Despacio abrió sus ojos, acostumbrándose apenas a la nítida luz proveniente de la mesita cercana, donde una simple lámpara de petróleo les alumbraba. La pequeña toallita húmeda y fresca era un delicioso bálsamo refrescante para sus heridas aun abiertas y era reconfortante para aquellas otras que hinchadas y moreteadas se veían.
No se había atrevido a mirar ni de reojo a aquel que con tanto cuidado intentaba sanarle. No quería volver a verle, no requería una vez mas darse a la idea de todo aquello.
Pero fue imposible no hacerlo cuando el tacto frío de sus dedos le delineo suavemente una de sus mejillas.
Sus pupilas de un azul intenso como la noche próxima, contra puestas contra unas de oro líquido frías y completamente neutras.
La visión de esos ojos que segundo a segundo comenzaban a hacerse borrosas y al final indistinguibles para su mirada.
Pues sus ojos se habían llenado de lágrimas gruesas.
Que casi con el mismo cuidado o tal vez un poco más fueron retiradas gentilmente de sus pómulos, esta vez por las heladas yemas de los dedos de ese rubio.
Roy… ¿Qué harás después de que muera?
Llorare Edward
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Continúa…
