3. ¿Odio o amistad?
Sasuke sintió como algo húmedo le recorría la cara de arriba abajo y se despertó sobresaltado. Miró con los ojos muy abiertos al animal que tenía delante y le estaba babeando la camiseta.
–¡Jodido chucho! –le dijo a la "bestia"–. Akamaru, pesas. Quítate de encima –le ordenó empujándolo.
El perro se bajó pero no se fue. Se quedó mirándolo. Sasuke observó lo que había a su alrededor extrañado y de pronto se acordó de lo que había ocurrido la noche anterior. Se levantó del sofá, se puso las zapatillas y echó a andar hacia las escaleras que llevaban al segundo piso. Pero se paró en seco, se dio la vuelta y se encaminó en dirección a la cocina. Entró en ella con el perro aún pisándole los talones, buscó su cuenco y comida y le dio de comer. Después siguió rebuscando en los armarios hasta dar con un bol y los cereales de Moegi. Cogió una botella de leche del frigorífico y vertió un poco en el bol, luego echó cereales, cogió una cuchara y se fue a su habitación.
En ella el rubio aún estaba durmiendo. Sasuke dejó el desayuno sobre la mesa que había entre la cama y su sillón, rodeado de ropa del día anterior, y se acercó a Naruto para despertarlo. En cuanto se acordó de él le dio un poco de lástima haberlo encerrado como a un bicho en la habitación. Debía de estar hambriento y además no había podido ir al lavabo siquiera, así que le había llevado algo para desayunar. Aunque sabía que no debía darle pena, que era una mala persona, y que si la cosa hubiese sido al revés, Uzumaki lo habría dejado morirse de hambre; pero él no era así, no podía evitar compadecerse de él, porque al fin y al cabo era su culpa que estuviese en el estado en el que estaba.
–Eh, despierta –le dijo en tono serio.
–No... –musitó Naruto, y se tapó más con la manta.
–Claro que sí –murmuró Sasuke comenzando a zarandearlo tan fuerte que el otro dio un brinco asustado.
–¿Qué pasa? ¿Hay un terremoto? –preguntó confundido mirando a todas partes. Se paró cuando se dio cuenta de que había alguien a su lado.– ¡TÚ! –gritó saltando hacia atrás.
–No, tu abuela –le contestó Sasuke de mala gana–. Te he traído el desayuno.
–¿Eh? ¿El desayuno? –Miró el bol que aún estaba sobre la mesa. Sasuke se sentó en el sillón, pero no dijo nada.– ¿Y cómo sé que no lo has envenenado? –le preguntó acercándose al recipiente y arrugando la nariz, para ver lo que había en su interior.
–Allá tú, si no lo quieres ya me lo como yo –le contestó el moreno extendiendo los brazos para cogerlo.
–¡No! –exclamó el rubio, y lo quitó de la mesa antes de que Sasuke pudiese alcanzarlo.
El ojinegro sonrió con burla al ver la actitud tan infantil del chico.
–Ya decía –susurró mirándolo comer como si llevase días sin probar bocado, sorprendido por lo rápido que se había recuperado del dolor, pues a él aún le dolían todos los huesos del cuerpo. Se recostó en el sillón.– ¿Quieres ir a mear o algo? –preguntó.
–No.
–Como se te ocurra mojarme la cama sales volando por la ventana sin cabeza.
–Bueno, vale –se apresuró a contestar Naruto, mirándolo con cara rara. Dejó el cuenco sobre la mesa y preguntó riendo:– ¿No te da miedo que me escape?
–¿Y tú te crees que te dejaría ir solo? –preguntó el otro, sonriendo de medio lado.
-Borde...
–¿Ahora soy yo el borde? ¿No eras tú el que me insultaba ayer?
–Y lo seguiré haciedo, gilipollas. ¿Quién coño te crees, eh? ¡Que sepas que no te tengo miedo, por mucho que hables! –vociferó Uzumaki.
–Anoche no decías lo mismo –lo picó Sasuke.
Naruto bajó la cabeza y apretó el puño derecho, ya que el otro lo tenía magullado. Estaba dispuesto a saltar sobre el Uchiha y darle una paliza inolvidable. Pero se acordó de que tenía la muñeca rota y estaba herido; gran cosa no podía hacer.
–¡TE ODIO! –le gritó, y se volvió a tapar con la manta hasta arriba de la cabeza.
–Qué infantil eres –suspiró Uchiha.
–¡Y tu anormal! –exclamó Naruto, aún desde debajo de las mantas. Sasuke comenzó a reír. Le hacía mucha gracia ver cómo era en realidad aquel tío.– ¡No tiene ni puta gracia! –volvió a exclamar destapándose la cabeza y volviéndose para mirarlo con odio.
–Claro que la tiene –le contestó tranquilamente el moreno–. ¿Quieres ir a mear o no?
–Prefiero explotar a ir contigo hasta la esquina siquiera. A lo mejor me intentas follar, puto marica.
–Si quisiera hacerlo ya lo habría hecho, pero sinceramente prefiero follarme a un muerto antes que a ti –le contestó Sasuke mirándolo con cara de asco. Él, que había venido de buen humor, intentando ser amigable y ese niñato de mierda ya le había jodido el día.– Me arrepiento de haberte traído el desayuno. Tendría que dejarte morir aquí encerrado, como una rata –le espetó, se levantó del sillón y fue hacia la puerta–, porque personas como tú son las que no merecen vivir en un país como éste. Ojalá hubieses nacido en un país extremadamente pobre y te hubiesen matado en un guerra siendo aún un niño –terminó, para salir de la habitación y cerrar de un portazo.
–¡QUE TE JODAN! –le gritó Naruto tirando una almohada contra la puerta–. ¿Quién coño te crees que eres para hablarme así? Idiota, el que debería estar muerto eres tu, puto sucio –murmuró para sí mismo, y se cruzó de brazos. El maldito Uchiha había vuelto a cerrar con llave, y no tenía su móvil para llamar a nadie. Supuso que, o se le había caído cuando se estaba pegando con el otro, o se lo habían quitado. Miró hacia la ventana pero no sabía como abrirla, la cerradura era muy rara. Se levantó y miró por ella para ver cuánta altura había. Era demasiada y estaba herido; no podía escapar.– ¡Mierda!
…
–Su móvil está apagado –informó Gaara por enésima vez aquella mañana–. ¡Joder! ¿Dónde coño está?
–Déjalo ya, tío, lo más seguro es que la pasma lo haya cogido. Ya volverá –opinó Neji, que estaba más que harto de Gaara, y encima la noche anterior el jodido Kakashi se había metido entre él y su prima y no pudo seguirles cuando el muy cabrón se la llevó.
–Tiene razón, Gaara. No le ha pasado nada –afirmó Tenten–. Además Rock(1) ha ido a comisaría, traerá tanto a Naruto como a Temari.
"No es verdad", pensó Gaara. "A Naruto nunca le ha detenido un puto policía, es imposible que lo hayan hecho ahora. Le ha pasado algo, lo sé. Quería pelear con ese Kakashi. ¿Y si le ha hecho algo? ¿Y si se lo ha llevado?", se preguntó a sí mismo negando levemente con la cabeza.
La pelea de la noche anterior había sido una mierda. Los que se habían llevado la peor parte habían sido ellos, los skinheads. Para colmo habían detenido a Temari, Naruto había desaparecido y Kin y Zaku(2) estaban inconscientes. Estaban en casa de Gaara y Kankuro, el cual seguía durmiendo. La noche anterior habían ido todos allí, y se habían quedado hasta aquella mañana, descansando.
El pelirrojo volvió a marcar el número de su amigo y se llevó el teléfono a la oreja.
–El número al que llama está... –empezó a decir por millonésima vez la voz robótica al otro lado de la línea.
–¡Tu puta madre está apagada o fuera de cobertura! –le espetó Gaara, como si pudiese entenderlo.
–¿Te quieres callar de una puta vez, tío? ¡Aquí no hay quien duerma cuando estás preocupado! –le dijo Kankuro a su hermano menor. Llevaba ya un buen rato despierto pero pensó que podría volver a dormirse. Se levantó del sofá en el que se había quedado frito y se fue a la cocina a beber algo. Le dolía la cabeza.
–Cállate –le ordenó el chico. Llevaba toda la noche sin dormir y sus ojeras estaban más marcadas que de costumbre. No estaba para que su hermano le echara la bronca.
–Joder... mi cabeza –murmuró Kin, que acababa de despertar y se estaba masajeando las sienes–. ¿Qué coño ha pasado?
–Que te dieron una paliza –le contestó Dosu.
Hubo 2 minutos más de silencio en los que Gaara no paraba de llamar al número de Naruto y cada vez se cabreaba más. Sabía que el móvil estaba apagado, sólo intentaba llamar para matar el tiempo. Llamaron a la puerta. Gaara se levantó de un salto y fue a abrir. Él era el que menos golpes se había llevado. Su hermana siempre decía que era intocable. Y justamente allí estaba ella. Pero no sonreía, como solía hacer cuando lo veía. Simplemente dijo un "hola" entre dientes y pasó por su lado sin volver a abrir la boca. Detrás de ella entró Rock, pero Gaara le obstruyó el paso.
–¿Y Naruto? –preguntó con mala cara. Ya se imaginaba la respuesta.
–No está en ninguna comisaría, ningún camarada sabe nada de él y no hay nadie en su casa –explicó con fastidio. Se había recorrido una buena parte de la ciudad para buscarlo y al final no dar con él.
Gaara lo dejó pasar, cerró la puerta y volvió a la reciente rutina. Llamó otra vez al móvil de su amigo.
–Así que tampoco sabéis nada –suspiró Temari. Le había cogido mucho cariño al rubio y no le hacía gracia no saber su paradero.– Voy a matar a esos putos sucios como le hayan hecho algo –dijo apretando los puños con furia–. Y encima ayer no pude acabar con ese cabrón.
–Ya somos dos –habló Neji, más para sí mismo–. Bah, dejad de preocuparos por ese capullo, ya volverá –les dijo. No era un secreto que a Neji le caía mal Naruto. De hecho pensaba que él era mejor líder que el otro–. Si es un inútil es su culpa, no es como para que...
Pero no pudo terminar, del puñetazo que le había soltado Gaara.
–¡CÁLLATE LA PUTA BOCAZA, MAMÓN! ¡TU NO SABES LO QUE ES TENER AMIGOS, ASÍ QUE NI SE TE OCURRA VOVELR A HABLAR MAL DE UNO DE LOS MÍOS! –le gritó hecho una fiera.
Nadie le llevó la contaria, excepto Neji que, como siempre, no podía callar ante la "injusticia" cometida contra él.
–Tanto que me llamáis a mí maricona –empezó, limpiándose la sangre del labio inferior–, ¿no será que los verdaderos maricones aquí sois vosotros? Sólo por él te preocupas así. ¿No será que te has enamorado de él? –le preguntó mirándolo con una mezcla de odio y asco en el rostro.
–No digas gilipolleces –le contestó el pelirrojo con la misma cara, pero intentando tranquilizarse.
–No lo hago, es la puta verdad, reconócelo –volvió a decir. Se levantó del sillón en el que estaba y se fue hacia la puerta–. Cuando encontréis a ese mamón avisadme, quiero reírme de él también un rato –concluyó, abrió la puerta y de un fuerte portazo cerró, dejándolos a todos en silencio.
–¡Me cago en la puta! –exclamó Tenten furiosa después de un rato, y salió detrás de Neji.
–¡Joder! –exclamó también Gaara.
…
–¿Cuánto tiempo piensas tenerlo aquí? –le preguntó Chouji.
–No sé –contestó con pereza, volviendo a cambiar de canal. Llevaba toda la mañana y la tarde delante del televisor. Era sábado y no tenía que ir a trabajar hasta la noche.
–Sakura dice que es peligroso.
–Ya... –masculló levantándose del sillón. Le dio el mando a Chouji y se fue hacia su habitación.– Avísame cuando esté la cena.
–¡Vale!
Ya había llegado, estaba en frente de la puerta. Se sacó la llave del bolsillo y extendió el brazo hacia la cerradura, pero no abrió al oír hablar a la persona que se encontraba en su interior.
–¡Lárgate!
–Jeh, es mi habitación. Me parece que tengo derecho a entrar –le contestó metiendo la llave en la cerradura y abriendo. Naruto estaba sentado en la cama, y lo miraba con un odio profundo reflejado en sus enormes ojos.
–¿Por qué no te vas a la mierda y me dejas largarme de aquí? Secuestrar gente es ilegal.
–Y también dar palizas a los que no pueden defenderse es ilegal, y tú lo haces.
–Muérete –murmuró Naruto.
–Y tú conmigo –le contestó el moreno sonriendo de medio lado.
Sasuke fue hacia su armario, lo abrió y sacó algo de ropa limpia. No había tenido tiempo de cambiarse ni ducharse. Ahora si Naruto lo llamaba sucio tendría razón.
–¿No quieres ir al baño?
–No contigo –le contestó el rubio de malas maneras.
–Eres un puto niñato malcriado –le dijo Uchiha mirándolo serio.
–Bah... –musitó y volvió la cabeza, molesto.
–Buenas noches, y que sueñes con los angelitos –se burló Sasuke. Después salió de la habitación y volvió a cerrar con llave.
–¡Y a ti que te atropelle un coche, pero no en sueños!
Naruto se dejó caer en la cama. Había perdido toda su dignidad y no sabía qué hacer. No, no podía rendirse. Atacaría a Sasuke la próxima vez que entrase a la habitación. Sólo tenía que estar atento al ruido del pasillo.
Bajó rápidamente de la cama y fue al armario del otro chico. Lo abrió y metió dentro la cabeza para ver lo que había. Rebuscó entre la ropa algún tipo de arma, lo que fuera, pero no había nada, sólo ropa y zapatillas. Pero, al contrario de lo que pensó, aquello no estaba para nada sucio. Arrugó la frente y se sentó en el suelo mirando el revuelto armario que aún estaba abierto, pensando lo que podría hacer.
…
Sasuke introdujo la llave en la cerradura, tratando de no hacer ruido. Eran las seis de la mañana y esperaba que Uzumaki estuviese durmiendo, ya que la luz estaba apagada. Abrió un poco la puerta, coló la mano en la habitación y encendió la luz. Abrió la puerta del todo pero no vio al rubio por ninguna parte. Suspiró y miró detrás de la puerta.
Sin previo aviso recibió un puñetazo en el hombro. En realidad iba dirigido a su cara pero se lo olía, así que se preparó para esquivarlo. Cogió a Naruto por la muñeca y le miró con una ceja levantada.
–¿Pretendes que te rompa esta muñeca también? –preguntó al tiempo que el otro chico se soltaba de un tirón del agarre.
–No sabes cómo te odio –susurró Naruto.
–Era de cajón –admitió–. Haber pensado en otra cosa si querías escapar.
No contestó, porque sabía que tenía razón, pero no podía hacer otra cosa sin una mano. Se echó a la cama resignado. Sasuke cerró la puerta, abrió el armario y metió dentro su chaqueta. Sonrió disimuladamente al ver el desorden. Después fue a sentarse en su sillón y miró a Naruto con pesadez. Se le estaban cerrando los ojos por el cansancio. Naruto también lo miraba a él con cierta curiosidad.
–¿Qué haces aquí a estas horas?
–No es asunto tuyo -le contestó Sasuke. Naruto frunció el ceño pero no dijo nada. En cambio Sasuke suspiró y añadió.– Acabo de llegar de trabajar.
–¿Trabajas? –preguntó el rubio extrañado.
–Nah... ¿Para qué? Si total, el dinero y la comida caen del cielo –le contestó Sasuke con ironía.
–¿Dónde trabajas? –le volvió a preguntar ignorando su comentario.
–En una gasolinera. A ti te mantendrán pero a mi no, así que de alguna forma me tengo que ganar el pan, ¿no?
–En realidad no me mantienen.
–Bien por ti -le dijo el moreno. Depués se levantó de su sillón, fue al armario y sacó dos pijamas. Seguidamente se puso a recoger la ropa que había en el suelo y le preguntó a Naruto sonriendo–: ¿Ha habido un terremoto?
–No. Buscaba algo para golpearte, como por ejemplo un bate pero no hay nada –suspiró.
Sasuke comenzó a reír.
–¿Y crees que dejaría algo así en la habitación sabiendo que estás dentro?
–Siempre queda la esperanza –dijo Naruto lloriqueando–. Déjame irme... o te... eh... o te pego una paliza que te dejo más seco que el Sahara –le dijo al final–. Bah, olvíadame –añadió por no seguir haciendo el gilipollas más de lo que ya lo había hecho.
–Bu, que miedito. Hoy estás agudo –se burló Sasuke–. Supongo que tus amiguitos te estarán buscando.
–Supongo...
–¿Y tus padres?
–¿Qué padres? –preguntó el rubio como si fuese lo más normal del mundo hacer aquella pregunta.
–¿No tienes? –se extrañó el otro.
–No... ¿Por qué?
–Porque ya somos dos –suspiró Sasuke y se sentó en la cama al su lado.
–¿En serio? Yo creía que eras el típico "rebelde" que se escapa de casa porque sí... Oye, ¿cuántos años tienes?
–20. –Sasuke se encogió de hombros.
–¿En serio? Parece que tengas 16 o 17 –le dijo Naruto arrugando la frente.
–Vaya... ¿Y tu qué?
–Igual. ¿Cuánto llevas viviendo aquí?
–Desde los 12. Cuando murieron mis padres Kakashi me adoptó; era amigo de ellos. ¿Sabes quien es, no?
–Sí... jeje, le quería pegar.
–Habrías muerto, él no es tan compasivo como yo –se burló Sasuke.
–Vaya... ¿Tienes hermanos?
–... por desgracia –dijo después de pensárselo un rato, mirando con odio por la ventana.
–¿Por desgracia? –se extrañó el rubio.
–Sí, cosas de la vida. En fin... ¿Quieres ducharte o algo?
–¿Puedo?
–Claro, vamos –afirmó Sasuke dándole uno de los pijamas y ropa interior limpia. Después cogió la suya y salieron de la habitación.– No hagas mucho ruido, los demás aún están durmiendo.
–Vale.
Entraron al baño y Naruto se quedó un rato observándolo. Había dos de cada cosa. Dos duchas, dos lavabos, dos wáteres que tenían puerta, como los de los baños públicos, etc. Sasuke fue a mear al mingitorio y Naruto hizo lo mismo porque llevaba días sin hacer sus necesidades.
–Qué pequeña la tienes –dijo Sasuke intentando aguantarse la risa y mirando para otro lado. En realidad no era ciertp, pero quería hacerlo rabiar un rato.
–Que te den... –le cotestó el rubio subiéndose la cremallera y yendo a lavarse las manos.
–Pero desde luego no serás tú –le picó.
–Ya te gustaría –le contestó Naruto siguiéndole el juego. Ya sabía lo que buscaba el moreno y no lo iba a obtener. Esta vez no se picaría.
Sasuke sólo sonrió. Ya se la jugaría en otro momento. Se desnudó y se metió en la ducha. Naruto lo imitó y cuando sintió el agua tibia recorrerle la cara quiso quedarse ahí horas. Terminó de enjabonarse y de aclararse y oyó como Sasuke cerraba el grifo y salía de la ducha de al lado, pero quiso quedarse 5 minutos más ahí. Era una gozada darse una ducha después de tanto tiempo. Pero ni se imaginaba lo que estaba por venir.
Sasuke se puso una toalla alrededor de la cintura y salió por la puerta del baño sigilosamente, para que el otro chico no lo oyese. Fue hasta el final del pasillo y abrió la puerta que daba a la habitación de la caldera. Levantó la tapa de ésta y la apagó de golpe, con una sonrisa divertida en la cara. Cerró la puerta de la habitación y echó a andar rápidamente por el pasillo de vuelta al baño. Cuatro segundos después oyó la voz del rubio gritar:
–¡ME CAGO EN LA PUTA HOSTIA!
Sasuke comenzó a descojonarse vivo en el pasillo y terminó de recorrer el tramo que le quedaba hasta llegar al baño. Se puso a la ducha en la que estaba Naruto, riendo en silencio.
Naruto cerró lo más rápido que pudo el grifo y salió corriendo de la ducha, cogió la primera toalla que vio y se envolvió temblando en ella. Cuando reparó en la cara que tenía Uchiha quiso asesinarlo.
–¡Tú! ¡Maldito bastardo! ¿Qué pretendes? –le espetó furioso. Vaya forma de cortar el rollo.
–Jeje... –rió el moreno con picardía–. No te lo esperabas, ¿eh?
–¿Por qué coño no me lo he imaginado? –suspiró. Se secó y se vistió esperando que el Uchiha hiciese lo mismo.
Sasuke también se puso su ropa y fueron a llevar la ropa sucia a una lavadora que había en el piso de abajo.
–¿Quieres desayunar? –ofreció Sasuke.
–¿Gusanos? ¿O mejor ratas a la parrilla? –preguntó Naruto con cara de asco.
–¿Tan malo me crees? –preguntó el ojinegro con fingida inocencia.
–De ti ya cualquier cosa –le contestó Naruto con indiferencia.
–Que son las seis y media de la mañana, ¿por qué coño no dormís? –preguntó Moegi, que ya estaba más o menos recuperada, tallándose los ojos. La acababa de despertar el grito que había pegado Naruto en el baño: su habitación estaba muy cerca de los aseos. Abrió los ojos para ver quiénes estaban armando tanto alboroto.– Sasuke y... ¿tu no serás...? –preguntó mirando a Naruto muy de cerca.
–Moegi, te presento a Naruto –dijo Sasuke algo nervioso.
–Hola –saludó el rubio con recelo.
–Un momento... Tú eres... ¡Un puto nazi! –exclamó al darse realmente cuenta de quién se trataba– ¡Sasuke! ¿Qué coño hace éste aquí? –le preguntó la muchacha cruzándose de brazos.
–Nada, ya se iba –dijo cogiendo a Naruto por lo hombros y llevándoselo hacia su cuarto.
–¿Cómo que ya se iba? ¡Oye! ¡No huyas! –Pero no pudo decir nada más porque ya se habían escabullido por las escaleras.– Qué líos...
Sasuke cerró la puerta de su habitación y se apoyó sobre ella.
–Por que poco... –resopló rascándose la cabeza–. Luego traigo algo de desayunar.
–¿No saben que estoy aquí?
–Claro que sí, pero es que ella y unos pocos más estaban inconscientes cuando volvimos de la "guerra" y parece que nadie les ha dicho nada. Pero con ella sabiéndolo voy a tener problemas.
–Déjame marcharme –sugirió Uzumaki.
–Ni hablar.
–¿Cómo que ni hablar? ¿A ti no te han enseñado que secuestrar gente está mal?
–Sinceramente, no.
Naruto suspiró y se tumbó en la cama.
–Oye... –lo llamó el moreno.
Levantó la cabeza para mirarlo y ver qué era lo que quería. Sasuke dudó. Llevaba dos días dándole vueltas al mismo asunto. No sabía si debía preguntar, pero decidió que era lo mejor, así que fue al grano.
–¿Qué te pasó la otra noche?
Naruto no contestó. Frunció el ceño y volvió a dejar caer la cabeza. No sabía si decírselo o no. No se lo había dicho ni siquiera a Gaara, que era su mejor amigo. Nadie lo sabía a excepción de Tsunade y Jiraiya, los dueños del orfanato en el que se crió, y el psiquiatra al que fue. Se sentó en la cama y se rascó el cuello con nerviosismo. Sasuke fue a sentarse en el sillón y se apoyó en el respaldo.
–Bueno... –comenzó. No sabía ni por dónde empezar. No le gustaba hablar de eso, le traía malos recuerdos y no quería romper a llorar como solía hacer. Aún no lo había superado del todo.– Yo... fue una cosa que...
–Si no quieres, no me lo cuentes –interrumpió el moreno al ver lo mucho que le costaba hablar.
–Yo... quiero contarlo. La verdad es que no lo sabe casi nadie. Ni siquiera Gaara. Si... si se lo dijera a alguno de mis camaradas no se que pasaría –explicó, y después tragó saliva. Sólo de recordarlo le apareció un nudo en la garganta. Inspiró hondo y siguió-. Hace 9 años, una noche...
Un niño de 11 años iba caminando solo por un parque oscuro. Era otoño y serían las ocho y media, pero aún así en esa época del año oscurecía muy pronto. Naruto volvía al orfanato después del entrenamiento de fútbol. Iba leyendo un papel que le había dado el entrenador, con la lista y los precios de lo que tenía que comprarse para los partidos. Había una farola a cada cuatro metros y tenía que entornar los ojos para poder leer. Iba tan distraído leyendo su papel que no se dio cuenta de que alguien había comenzado a perseguirlo desde que había entrado en aquel parque. Pasó por unos columpios y se paró para leer con atención lo que había escrito en el papel.
Un hombre alto, de piel oscura, corpulento y de ojos negros se acercaba al chico, por detrás. No llevaba ningún arma aparentemente; no le hacía falta. Doblaba al chico en altura y fuerza. De un sólo golpe lo podría dejar inconsciente. Pasó por su lado. Naruto no le prestó la menor atención y suspiró al ver lo caro que le iba a salir todo el equipamiento. Alzó la cabeza dispuesto a irse cuando vio al enorme hombre que tenía delante. Éste se había parado a un metro de él más o menos, y se había dado la vuelta para mirarlo. El pequeño no pudo verle la cara hasta que el hombre se acercó más a él. Era feo, con una cicatriz en la cara y tenía la piel muy oscura.
–Vaya, vaya... que lindo zorrito tenemos aquí –habló con una voz grave que le heló la sangre a Naruto.
–¿Qui... quién es usted? –preguntó el pequeño inocentemente.
El hombre acercó su cara a la del rubio y lo miró con una expresión de profundo odio. Naruto se echó para atrás, asustado. Pero el hombre se acercó más a él y lo cogió por el cuello.
–Jeje... ¿Quién soy? El que te va a quitar esa preciosa expresión de la cara –le contestó con sadismo. Naruto se asustó más aún.
El hombre se acercó más a su cara y apretó el agarre del cuello.
–Me hace daño... –lloriquó el niño. Pero el hombre no lo escuchó. Hizo que se diese la vuelta y lo cogió del cuello por atrás. Después lo condujo hasta un lado del parque que estaba más oscuro que los otros.– Por favor... suélteme –le suplicó Naruto, quien no había podido evitar romper a llorar.
El mayor no le hizo caso y lo tiró al suelo. Después se desabrochó el pantalón y se lo bajó.
–Vamos, ven aquí –le dijo al chico, pero éste último negó con la cabeza y no se movió–. Con que esas tenemos.
Se acercó a Naruto y tiró de él hasta ponerlo a la altura de su pene.
–Venga, dale vida –le ordenó. Pero el pequeño no se movió–. ¡Que me la chupes, coño! –exclamó perdiendo los nervios.
Naruto seguía sin moverse, así que el hombre lo volvió a empujar al suelo y empezó a masturbarse, mirándolo con cara de loco. El rubio temblaba de miedo, se estaba imaginando lo peor. Había visto muchas veces casos de violación por la televisión y Jiraiya le había explicado qué eran las violaciones y le habló algo de sexo, pero nunca se imaginó que le tocaría a él sufrir algo así.
–¡Date la vuelta! –le volvió a ordenar el hombre que ya tenía el miembro erecto. Pero como supuso, el chico no se movió, así que él mismo tiró de él hasta ponerlo a cuatro patas–. Vamos a ver... –murmuró tirando de la chaqueta de Naruto. El chico comenzó a retorcerse y a chillar.– ¡Cállate! ¡Aquí no te va a oír nadie! –le dijo.
–¡Suéltame! –chillaba el otro–. ¡Maldito degenerado! ¡Suéltame! ¡Déjame en paz!
–¡Que calles, coño! -le ordenó el mayor dándole una fuerte bofetaba que lo hizo caerse.
El hombre le quitó los pantalones de un tirón.
–Y... –La voz de Naruto comenzó a quebrarse.– Me... me violó –susurró, mientras una lágrima le caía por el rostro–. Después...
Naruto lloraba de dolor. El hombre se abrochó los pantalones y sacó una navaja de un bolsillo.
–No... por favor... –seguía suplicando el pequeño con voz lastimera–. Por favor... déjame marchar...
–Eso no te lo crees ni tú –le dijo el otro y se acercó con la navaja a su cara. Le hizo tres cortes en forma de bigotes en cada mejilla. El pequeño chillaba y se retorcía de dolor, pero el otro reía como un sádico para, por último añadir:– Ahora sí que pareces una zorra barata, blanquito de mierda...
Se levantó riendo y se fué de allí, dejando al chico ensangrentado y llorando. Naruto trató de vestirse como pudo y diez minutos más tarde intentó arrastrarse fuera del parque, a un lugar iluminado y pedir ayuda.
–Después de eso... alquien me llevó al hospital. No... No recuerdo nada de lo que pasó porque me quedé inconsciente... –contaba llorando, tratando de serenarse. Pero aunque no conseguía que sus lágrimas dejaran de salir no callaba.– Los dueños del orfanato me llevaron a un psiquiatra, pero... nunca lo superé, a... al menos no del todo. Traté de fingir que... que nada había pasado construyendo una máscara que lo ocultara todo. Repetí sexto de primaria... y cuando entré en secundaria... conocí a Gaara. Y desde entonces fuimos amigos... –siguió, limpiándose la cara–. Y después él me integró en su grupo de amigos... que eran racistas, y yo me volví racista por culpa de aquel tío... y... y... le busqué y... le maté –eso último lo dijo muy bajo, pero Sasuke lo oyó. Se levantó de su sillón y se sentó al lado del rubio, que sollozaba con la cara escondida en el hueco del codo. Le pasó una mano por los hombros para intentar que se tranquilizase.– Soy un monstruo –musitó Naruto.
–No lo eres –le dijo Sasuke convencido.
–Pero... yo le maté. Hice daño a muchas personas –añadió, y abrazó a Sasuke por la cintura, escondiendo la cabeza en su pecho, empapándole la camiseta de lágrimas. Hacía mucho que no lloraba así.
–Tranquilo... –le dijo correspondiéndole al abrazo inseguro. No tenía ni idea de cómo consolarlo. Se tumbó en la cama con el rubio aún sobre su pecho.– ¿Por qué me lo has contado? Apenas no conocemos.
–Porque... No lo sé... Solamente necesitaba que alguien me escuchara. Necesitaba un amigo. –Y no dijo más. Solamente siguió llorando sobre el pecho de su nuevo amigo.
Sasuke sonrió con tristeza. Amigos... De repente tenía un nuevo amigo.
Ninguno de los dos supo cuándo se quedó dormido.
De pronto, Sasuke abrió los ojos al oír la voz de Sakura al otro lado de la puerta.
–¿Estás ahí?
–Sí –gruñó de mala gana.
–Baja, tenemos que hablar contigo –le informó.
–Joder... –susurró–. Enseguida voy.
…
1.Lee suena demasiado Chino, así que lo voy a llamar Rock simplemente.
2.Kin y Zaku: Son dos ninjas de la villa del Sonido que aparecen en el examen de chunin, junto con Dosu. Kin es la chica, Zaku es el chico que tiene el pelo negro y revuelto y Dosu es el de la cabeza vendada.
Un poco de información: Los punks, en sus inicios, no tenían nada que ver con los anarquistas. Los anarco-punks surgieron más tarde y siguen existiendo hasta nuestros días, pero dudo mucho que siga habiendo punks como los de los '70. De hecho el punk es provocación, simplemente. Muchos confunden la canción "Anarchy in the U.K." (Sex Pistols) con una canción anarquista, cuando en realidad esa canción es una burla hacia ellos. Muchos punks llevaban símbolos nazis, pero también era provocación.
Para más info Google estará encantado de ayudar.
