4. Una semana

DING, DONG.

Gaara se metió las manos a los bolsillos esperando que alguien abriese la gran puerta del viejo edificio. No tardó en asomar la cabeza una señora con una bata verde claro. Tenía el pelo entrecano, recogido en una coleta baja y una cara de aspecto cansado con bolsas alrededor de los ojos, aunque no tenía demasiadas arrugas. Sus finos labios no mostraban emoción, al igual que sus ojos verdes oliva. Gaara pensó que en su juventud posiblemente había sido muy guapa, y ahora lo seguiría siendo si no fuese por el abatimiento que mostraba.

–¿Quién es? –preguntó al joven con voz áspera y seria.

–¿Están los dueños? –interrogó éste a su vez sin contestar la pregunta de la mujer.

–Sí, pasa –ofreció abriendo la puerta tras un momento de pensarlo–. Espera un momento, ahora llamo a la señora Tsunade –le informó examinando su aspecto. No había duda, debía de ser uno de los amigos de Uzumaki. Uno de esos boneheads(1), como los llamaba Jiraiya.

Gaara asintió y murmuró un "gracias". Examinó el lugar. Había cambiado desde la última vez que había estado allí, hacía cuatro años. Ya no estaba el enorme reloj de cuco al lado de la escalera y ésta tenía una nueva moqueta, de color claro. El suelo estaba recién fregado y el gran pasillo olía a pino y comida. La puerta de la cocina, al fondo del vestíbulo, estaba abierta y por ella salía un leve vapor que se escabullía por una ventana. Las paredes tenían el mismo tono que la otra vez; igual de limpio, igual de agradable, el cual le daba un toque acogedor y familiar a la gran casa. Una serie de recuerdos le llegaron a la cabeza, pero tan rápido como aparecieron se fueron flotando por la ventana junto con el vapor, al oír que alguien bajaba por la escalera.

–La señora no puede bajar en este momento pero te atenderá en su despacho. Sígueme –ordenó la mujer.

El chico la siguió sin pronunciar palabra, prestando atención a todo lo que había a su alrededor. De las paredes colgaban fotos de niños, adultos y ancianos. Prestó especial atención a una de un hombre de exuberante cabello rubio y profundos ojos azules. Nunca lo había visto pero le era vagamente familiar. Anduvieron por un pasillo de paredes anaranjadas, sobre las que reposaban más fotos enmarcadas, pero éstas eran más grandes. De pronto divisó una de Naruto, con su típica sonrisa de niño despreocupado. En aquella foto tendría 15 años e iba rapado. Para esos entonces ya pertenecía a su cuadrilla.

–Es aquí –cortó la mujer sus pensamientos, y llamó a la puerta frente a la que se había parado.

–Adelante –respondió Tsunade desde dentro.

La abrió y le hizo una seña a Gaara para que entrara.

–¿Qué pasa? –preguntó a Sakura, sentada muy cerca de donde él estaba.

–Tenemos que hablar sobre el nazi. Por eso nos hemos reunido todos aquí.

–¿Ahora? Lleva bastantes días aquí –les recordó.

–No hemos tenido tiempo –intervino Kiba.

–¿Qué hace exactamente aquí? –preguntó Moegi arrugando la frente.

Sasuke suspiró. ¿Qué les iba a decir a ellos? "Bueno, veréis, lo he traído porque tenía la sensación de que no es mala persona. Además lo ha pasado fatal, tenéis que conocerlo." No, ¿verdad? Miró a Kakashi como pidiendo ayuda con la mirada, pero éste no dio señales de haberlo visto. Más bien parecía que observaba la pared a través de él.

–Bueno... –dijo al fin el moreno–. Supongo que por venganza –mintió.

–¿Por venganza? ¿Tu estás loco? Venganza es lo que buscarán ellos cuando se enteren de que está aquí, y seguramente ya lo sospechen –reprochó Sakura.

–Ya te dije que si vienen...

–Y yo te dije que acabarían contigo en menos de lo que canta una gallo –le interrumpió bruscamente Sai, sentado al lado de Ino.

–Tiene razón –corroboró ésta.

–Vaya. ¿Ahora le das la razón? –protestó Sasuke.

–Se la doy porque la tiene.

Varios asintieron.

Naruto lo estaba escuchando todo. Inmediatamente después de que Sasuke saliera de la habitación él también salió, ya que el moreno no había cerrado y quería oír la conversación, si podía. Y tal y como sospechó, estaban hablando de él. Se sentó en el suelo esperando a que continuasen, apoyando la espalda en la pared.

–¿Te parece bien una semana? –preguntó Kakashi a Ino repentinamente.

–¿Una semana para qué? –preguntó confusa.

–Uzumaki se queda aquí una semana más. En ese tiempo saldrá de tu habitación –miró a Sasuke– y ayudará por aquí, y de paso lo conoceremos. Tal vez sí que tengas razón y no sea tan mala persona. Supongo que tendrá sus razones para ser como es, y sospecho que tú ya las sabes.

Lo último lo dijo más como una pregunta que como una afirmación. Sasuke le miró sin entender, hasta que por fin comprendió lo que había dicho.

–Un momento. Yo nunca he dicho que no sea mala persona ni que...

–Ya, ya, pero es lo que piensas. Vamos, ¿crees que no conozco a mi propio hijo?

–¿Su hijo? –susurró Naruto aún detrás de la pared.

–No soy tu hijo –protestó el moreno.

–Como si lo fueras –le dijo Kakashi sin darle más importancia–. ¿A ti te parece bien, Sakura?

–No sé... -suspiró y cerró los ojos arrugando el entrecejo y cuando los abrió dijo–: Supongo que está bien así. ¡Pero sólo una semana! Ni un día más– le advirtió a Sasuke.

–Vale, vale –le contestó éste con impaciencia–. ¿Habéis terminado?

–Supongo –dijo Ino.

–¡Pues yo no estoy de acuerdo! –intervino Moegi–. Y además no estamos todos. No vayáis ahora de líderes y decidáis por todos, eso es injusto.

–Acordamos una cosa, Moegi…

–Me opongo –la joven volvió a interrumpir, molesta–. Yo no accedí a esto, nunca he estado de acuerdo.

–Pero todos los demás sí –intervino Sasuke. Le sostuvo la mirada a Moegi, y ésta frunció el ceño molesta.

–Tampoco Kiba estará de acuerdo. Ni Shikamaru, ni Konohamaru…

–Eh, eh, que yo no he dicho nada, no me metas en líos –intervino Shikamaru desde el fondo de la sala. Moegi le dirigió una mirada severa.

–No se va a discutir más, Moegi. Si no estás de acuerdo, te aguantas –le dijo Sakura elevando levemente la voz. La muchacha bufó con considerable enfado y salió de la sala con los puños apretados. Los que quedaban se miraron unos momentos en silencio.

–¿Dónde está Yamato? –preguntó Sasuke percatándose al fin de que faltaba.

–Detenido –contestó Kakashi–, junto con Mizuki y Hayate(2). Sakura y Konohamaru irán a recogerlos más tarde.

–Vale –dijo el moreno, dispuesto a irse.

–¡Espera! –lo interrumpió la pelirrosa–. Tengo que hablar contigo un momento. Ven –le dijo, se levantó y fue hacia la cocina. Sasuke la siguió algo desconcertado.

Naruto se levantó apresuradamente del suelo y entró otra vez en la habitación de Sasuke, pensando lo que se había dicho en la "reunión".

–Tu eres Gaara, ¿cierto?

–Sí –asintió.

–Bien, ¿cuál es el problema? –preguntó Tsunade levantándose y metiendo unos documentos en un dossier. Después lo metió junto con muchos más en una estantería que había a su derecha.

Era una mujer bastante alta, rubia y muy guapa a pesar de su edad. Sus operaciones estéticas no eran ningún secreto. Tenía unos senos robustos y un gran escote que los marcaba aún más. Siempre iba sobre tacones. Pero a pesar de su belleza tenía muy mal carácter; le gustaba provocar para luego dar de hostias a los que se cebaban, que eran muchos. Sobre todo el pobre y pervertido Jiraiya, que cuando bebía un poco de más tocaba lo que no debía y acababa con algo roto.

–¿Ha estado Naruto por aquí últimamente? –preguntó esperanzado pero con voz seria.

–No, ¿por qué? ¿Le ha pasado algo? –preguntó la mujer preocupada. Para ella Naruto era como su hijo, lo había criado como tal, prestándole muchas veces más atención que a los demás niños. Tal vez fuera por su gran parecido con su verdadero hijo, que había muerto hacía 20 años.

–No, nada –mintió el pelirrojo.

–Mientes –dijo aún más preocupada–. Dime qué le ha pasado –exigió acercándosele y cogiéndolo por lo hombros para empezar a zarandearlo y volver a reclamarle la verdad–. ¡Dímelo!

–Tranquilícese. Está bien. Seguro. Es sólo que llevo varios días sin verle y no contesta al teléfono –le explicó, pero decidió suprimir la parte de la pelea con los anarquistas.

Tsunade se sentó otra vez en su silla, hundió la cabeza entre sus manos y suspiró.

–¿No se habrá metido en ninguna pelea, verdad?

–No creo –negó Gaara.

–¿No has ido a su casa? –preguntó.

–No –volvió a mentir.

Tsunade levantó la cabeza y lo miró con una ceja levantada.

–Pues ve. Lo más seguro es que esté ahí. Seguramente se habrá puesto enfermo, y como es tan cabeza-hueca no ha ido al médico aún –aseguró con una sonrisa nerviosa. En realidad estaba muy preocupada por el rubio. Estaba preocupada por que hubiese tenido una recaída, y lo peor es que no podía ir a su casa porque estaba muy ocupada.

–Vale. Déme su número de teléfono y la llamaré si lo encuentro –le dijo. Lo lamentaba, pero sólo podía mentir. No tenía ni idea de dónde estaba y había cometido un error yendo allí. Naruto le había contado lo sobre protectora que era Tsunade, y lo mucho que lo quería y se preocupaba por él. Pero él también se preocupaba, y era su última esperanza.

–Está bien –suspiró la rubia.

Cinco minutos más tarde Gaara estaba de nuevo en la calle, andando hacia la casa de su amigo, porque no tenía nada mejor que hacer. Sólo era cumplir con la rutina, nada más, porque sabía que el rubio no estaba.

–¡No iré al medico! –protestó.

–O vas conmigo o vas con Sakura, y decídete de una jodida vez porque no tengo todo el día para discutir contigo.

–¿Pero, por qué tengo que ir? ¿No dijo que tenía la mano rota?

–Sí, pero dice que es mejor que te la vea un médico de verdad –explicaba Sasuke por quinta vez. Se sentó abatido en su sillón renunciando a convencerlo.

–¿Puedo conocerla? –preguntó Naruto con voz infantil.

–¿Conocerla? ¿Seguro que quieres morir hoy?

–Oh, vamos, no puede ser tan mala.

–No, es peor –le dijo el moreno con cara de terror. Se levantó y fue hacia el armario. Sacó algo de ropa y se la tiró al Uzumaki.– Vístete –le ordenó.

Después de que lo hiciera, no sin antes protestar, bajaron al salón. Naruto se quedó mirando un gran bulto sobre un sofá arrinconado.

–¡Sakura! –llamó Sasuke.

La pelirrosa apareció tras varios segundos riendo entre dientes.

–¿Qué quieres? Anda... ya lo has traído –dijo cambiando repentinamente la cara, y mirando seria a Naruto.

–Sakura, te presento a Naruto. Naruto, ésta es Sakura –los presentó a regañadientes.

–¡Hola! –saludó el rubio entusiasmado.

–Hola... –prenunció ésta sin ganas–. Será mejor que vayáis al médico ya –les dijo seria–. Y mañana por la mañana iréis a comparar. Esta semana te toca a ti, "mi amor" –añadió sacásticamente, dirigiéndose a Sasuke–. Ciao.

–Adios –se despidió Naruto viéndola marcharse por donde había venido.

–Vamos –musitó Sasuke caminando hacia la puerta.

El moreno salió antes, se estiró e inspiró hondo el típico aire de ciudad que tanto le gustaba. Alzó la cabeza y miró al cielo levemente nublado. Suspiró y fijó su atención en el rubio que estaba extrañamente feliz.

–¡Me he enamorado! –exclamó con los ojos brillantes.

–¿Perdón? –dijo Sasuke sin poder creérselo.

–Sakura es... la tía más buena que he visto en mi vida –le explicó con una gran sonrisa.

Sasuke abrió la boca alucinado y después de un largo suspiro echó a andar hacia la derecha, seguido de Naruto que parecía estar en las nubes. En 15 minutos llegaron a la puerta del hospital. Por el camino casi atropellan a Naruto, y Sasuke tuvo que ir pegado a él lo que quedaba hasta llegar a la clínica, por miedo a que se perdiese o algo peor.

–Ya estamos –pronunció con voz grave.

–¡Vamos! Si Sakura dice que tengo que ir, es que tengo que ir –le dijo entusiasmado tirando de él y entrando por la puerta mecánica.

Sasuke volvió a suspirar. Conocía lo suficiente a Sakura como para saber que les había enviado al médico para que Naruto se escapara, y así evitar más problemas. Claro que no tenía ni idea de lo que había pasado aquella mañana ni conocía realmente a Naruto como lo conocía él. Estaba seguro de que ya no se iría, pero aún dudaba de la razón.

Esperaron unos cinco minutos hasta que los dos únicos pacientes que había en el pequeño hospital de urgencias se hubiesen ido, y entraron.

Dentro se encontraron a un médico anciano, medio calvo y con enormes gafas de culo de vaso. Tenía su típica bata blanca con varios bolígrafos dentro de un bolsillo a la altura del pecho. Los saludó cortésmente y se levantó de su silla para dejar unos papeles en un cajón.

–Bueno, ¿cuál es el problema? –preguntó con vocecilla aguda y ronca, ajustándose las gafas, que le aumentaban los ojos, haciéndole parecer un sapo.

–Mi mano –dijo el rubio remangándose la chaqueta y enseñándole la mano vendada–. Creo que está rota.

–Bien... Ven aquí –le indicó señalándole una camilla en la que Naruto se sentó–. A ver... –Le quitó la venda. La muñeca de Naruto estaba amarillenta por el ungüento que le había aplicado Sakura. La movió un poco y Naruto se quejó por el dolor.­– ¿Cuánto llevas con ella así?

–Unos dos días.

–¿Y has ido al médico?

–No.

–¿Y entonces quién te ha hecho esto?

–Una amiga...

–Bien, pues no queda mucho más por hacer. Te la voy a escayolar enseguida –le anunció, y se fue por una puerta que tenía a su izquierda.

–Si buscas al chico rubio, no está –le dijo una mujer anciana, que acababa de asomar la cabeza por la puerta de enfrente.

–¿Cómo sabes eso? –preguntó Gaara con el ceño fruncido.

–Hace días que ese mocoso no monta jaleo. A lo mejor ha tenido un accidente, jejeje... –comenzó a reír la vieja, con mala educación.

Gaara le dio la espalda y comenzó a bajar las escaleras de dos en dos.

"Puta vieja", pensó irritado. "Te partiría la cabeza si no fuese porque no es a lo que he venido", se dijo.

De vuelta a la calle empezó a caminar en dirección a un bar al que solía ir con Naruto hacía 3 años. Llegó en unos 20 minutos, entró y pidió una cerveza. Se sentó en la barra y miró el líquido burbujeante. Se lo bebió de un trago y pidió otra jarra. Si por lo menos supiese dónde estaban ese Kakashi y el tal Uchiha... Sólo Neji lo sabía, y él ya no estaba de su parte. No se lo diría. Se acabó la birra, pagó y se fue.

En casa, Temari estaba tumbada en el sofá, viendo la televisión.

–He pedido pizza –le informó.

Gaara no contestó. Tiró la Bomber(3) a un sillón y se fue a su cuarto. Rebuscó entre los papeles de su cajón. Se había acordado de que Neji le había dado una vez la dircción de la okupa(4) de Kakashi y sus amiguetes. Si no la había tirado debía de estar ahí. Buscó durante varios minutos pero no la encontró.

–¡MIERDA! –gritó furioso.

–Oye, oye... –le dijo Temari acercándose a él–. ¿Qué pasa?

–¡No está! –exclamó Gaara con los ojos fuera de las órbitas–. ¡No está aquí! La maldita dirección no está... –dijo sentándose en la cama, con expresión triste–. Si le ha pasado algo... No debí haberle dejado sólo. Él es el mejor amigo que he tenido nunca... Es como un hermano –le explicó a la chica, que lo miraba compasiva.

–Volverá, no te preocupes. Él es fuerte, seguramente no le habrá pasado nada.

Temari no vivía con sus dos hermanos, pero ahora que Naruto había desaparecido decidió quedarse con ellos hasta que lo encontrasen o volviese. Aquella mañana había hecho un montón de llamadas a conocidos suyos y del chico, pero aparentemente nadie sabía nada.

De pronto sonó su teléfono y fue corriendo a atenderlo.

–¿Cómo? ¿Con el Uchiha? Ajá... ¿No sabes dónde viven? Vale, gracias. Sieg Heil –colgó–. ¡Gaara! Tengo noticias importantes.

–¿Qué pasa? –preguntó sin interés.

–Puede que Naruto esté con ese Uchiha. Si es así, iremos a esa maldita okupa y nos llevaremos a Naruto.

–Pero no sabemos donde está. Sólo Neji lo sabe.

–Tranquilo –sonrió–, de eso me encargo yo. La guerra acaba de empezar, jujuju...

–¿Por qué sigues aquí? –preguntó Sasuke de vuelta a la casa.

–¿Eh? ¿Dónde? –le preguntó el rubio apartando la vista de su mano y mirando a su alrededor confuso.

–Podrías haberte escapado, de hecho aún estás a tiempo. Es lo que Sakura quería que hicieses. ¿Por qué no te vas?

–Jejeje... –rió el rubio con picardía–. Conseguiré gustarle a Sakura, ya lo verás.

–Estás loco.

–¿Por qué? ¿Acaso te gusta a ti, y por eso no quieres que yo intente...?

–No digas tonterías –lo interrumpió el moreno–. Estuve con Sakura y la dejé. Si me gustase no lo habría hecho.

–¿QUÉ? –gritó el rubio poniéndose delante de Sasuke, atorándole el paso–. ¿Eso significa... que podré conseguirlo? –preguntó con una sorisita traviesa.

–No creo.

–¿Por qué?

–Porque ella... –empezó Sasuke.

–No me lo digas... está enamorada de ti –suspiró Uzumaki.

–Es lo que ella decía. No se si seguirá estándolo pero...

–Eso significa que aún hay esperanza –dijo sonriendo de nuevo–. ¡Vamos!

Por el resto del camino Sasuke le explicó cómo era la gente de la okupa. Le dijo que nunca debía llamar a Chouji gordo, porque acabaría muy mal; le contó que si necesitaba conseguir cualquier cosa al precio que fuere, consultara a Shino; le pidió que no hiciese rabiar a Sakura o acabaría en urgencias con todos los huesos rotos y le advirtió que Sai era un busca-pleitos, así que no debía tomarle muy en cuenta. También le dijo que dejara sus ideas racistas y homofóbicas de lado, o acabaría sin cara. Y por último le dijo que Iruka era peruano, así que tendría la oportunidad de conocer a un extranjero y ver que no era lo que él creía.

Llegaron a la casa y Sasuke le presentó a Kiba, Chouji, Shikamaru, Ino y Moegi, a la que ya "conocía", pero se la presentó de forma un poco más formal. Sakura y Konohamaru ya habían salido hacia la comisaría y no se sabía nada de Sai y Kakashi, y Hinata estaba trabajando. Iruka bajó a comer algo tarde porque era domingo, y no tenía nada que hacer. Todos hablaron un poco con Naruto y coincidieron en que no era tan mal tío. Sólo había que conocerlo, pero lo que sí era verdad es que era capaz de destrozarte los nervios en sólo 10 minutos.

La que se llevó mayor sorpresa fue Moegi, que descubrió en el chico rubio no era ni por asomo el tipo de hombre que tenía dibujado en su mente, tratándose de alguien como él. Tanto fue así que pensó que Naruto le gustaba, e incluso sería divertido que pasara algo.

El día siguiente pasó sin nada nuevo. Sasuke y Naruto fueron a comprar junto con Moegi, que se apuntó y se pasó todo el rato tirándole los tejos a Naruto, que no sabía como librarse de ella. El moreno se reía con ganas cada vez que veía las caras que ponía Naruto ante la preguntas que le hacía la chica.

–¿Cuánto te mide? –le preguntó cuando ya estaban en la caja, dispuestos a pagar.

–Eh... –Naruto no sabía qué decir de lo alucinado que le estaba dejando la pelirroja.

–La tiene pequeña, no te hagas ilusiones –se burló Sasuke.

–¿Y tú cómo la tienes, eh, pedazo de anormal? –saltó Naruto.

–Si no me la has visto, ¿de qué hablas? –le dijo haciéndose el tonto, Sasuke.

–A Sasuke se le marca bastante –intervino Moegi–. Y a ti también –le susurró a Naruto al oído, consiguiendo que se pusiese como un tomate–. Jajaja... ¡Te has puesto rojo! –rió metiendo las compras en bolsas.

Sasuke también reía divertido.

El martes fue una "pesadilla".

–¡Oye! –lo llamó el rubio poniéndose delante de él y acercando su cara a la suya, impidiendo que pudiese ver la tele–. A las dos tienes que ir a trabajar y son las doce. Sakura ha dicho que tenemos que limpiar.

–Limpia tú, a mí Sakura no me ha dicho nada –protestó Sasuke, frunciendo el ceño e intentando ver la televisión.

–Ha dicho que lo hagamos los dos.

–¡Pues hazlo tú! Y quítate de en medio, que no veo dos mierdas.

–Ni hablar –negó intentando quitarle el mando de las manos, cuando de repente sintió algo chocar contra él por detrás y acto seguido se encontraba sobre Sasuke, con su boca unida a la del moreno. Ambos abrieron los ojos sobremanera pero ninguno movió ningún músculo.

–¡Hostia puta! –exclamó Sai, que fue el causante del "pequeño accidente".

–¿Qué pasa? ¿No te esca...? ¡KYAAA! –gritó al ver la escena Ino.

Entonces tanto Sasuke como Naruto reaccionaron y se separaron.

–¡Puagh! –exclamó Naruto–. Mi lengua se va a pudrir... –se quejó sacando la lengua fuera.

–¡Qué ascazo! –exclamó el moreno poniendo una mueca rara.

–¡ESTÁIS LIADOS! –gritó Sai lo más fuerte que pudo.

–¿Quiénes? –preguntó Sakura que acababa de aparecer al oír el grito de Sai.

–¡ELLOS! –gritaron todos los presentes señalando a Sasuke y a Naruto.

–¡No! –negó el rubio.

–¿Estáis locos? ¿Cómo me voy a liar con éste? A sido el bastardo el que me ha besado –se defendió Sasuke.

–Serás maricón –saltó Naruto–. El cabrón éste me ha empujado –explicó señalando a Sai.

–¡NARUTO! –gritaron Ino y Sakura a la vez–. ¡Ven aquí!

–¡NOOO! –lloriqueó empezando a correr por el salón entre los sofás.

El resto del día sólo fueron riñas. Todos contra todos. Menos Sasuke y alguno más, que como estaban trabajando no tuvieron que aguantar a la gente durante todo el día. Pero Naruto se encargó de compensárselo por la noche, cosa que le costó dormir en el salón con Akamaru. Sasuke había sacado un colchón de debajo de su cama y ahora dormían en la misma habitación; él en el suelo y Naruto en su cama.

El miércoles Naruto lo pasó con Konohamaru, viendo las nuevas películas porno de éste último. Konohamaru había decidido que ese día no iría a clase, sólo por joder a Moegi porque el día anterior habían tenido bronca seria. Naruto se llevaba muy bien con el menor. Se parecían mucho.

El jueves tuvo que salir a comprar alcohol –mucho alcohol– con Iruka y Mizuki para la fiesta de cumpleaños de Sai, que sería al día siguiente. Se había empezado a llevar muy bien con Iruka, y se dió cuenta de que era una de las mejores personas que había conocido. Mizuki no paró de meterse con él durante todo el camino, e Iruka lo defendió. Por la noche Sasuke no paró de putearle. Volvió a apagar la caldera mientras se estaba duchando, le robó la cena y lo dejó sin cenar y cuando se acostó se puso a escuchar música bastante alta y con la luz encendida para no dejarlo dormir.

–¡OYE! ¿QUÉ COÑO TE PASA A TI HOY, EH? –le chilló furioso el rubio.

Sasuke se comenzó a reír como un tonto.

–Es que hacía mucho que no te hacía rabiar y me apetecía –le dijo como quién no quiere la cosa.

–Vete a joder a tu puta madre, y a mí déjame en paz –le espetó furioso.

–Oh, vamos, no te enfades... –dijo con voz melosa acercándose a él por la espalda y soplándole en la oreja.

–¡AAARG! ¡YA TE VALE! –gritó aún más molesto.

–Jejeje... –rió Sasuke–. Buenas noches –le dijo con picardía apagando la música y la luz.

Naruto suspiró cansado y trató de dormirse.

Sasuke también se tumbó en su colchón y se quedó mirando la ventana. Estaba confuso. Y su amigo era quien provocaba esa confusión muy impropia de él. Se acordó de lo que había pasado el martes y miró a Naruto, que no paraba de moverse en la cama. Sonrió con tristeza.

"Vaya día más tonto ¿No te parece?", preguntó al rubio en silencio.

Naruto se revolvió en la cama hasta quedar viendo a Sasuke, el cual lo estaba mirando también.

–¿Qué miras? –preguntó Naruto en tono borde.

–¿A ti qué te parece? –lo imitó el otro.

–Un día me vas a comer lo que yo te diga... –suspiró el rubio y se volvió hacia la pared de nuevo. Un vez que Sasuke ya no le veía la cara sonrió.

–Ya, ya... –sonrió el moreno también.

Al día siguiente...

–Quita... –decía Naruto sin abrir los ojos. Algo le estaba haciendo cosquillas en la cara y oía una risita traviesa. Abrió lentamente los ojos al ver que la cosa seguía. ¡TÚ! –gritó–. ¡Ah! Cabrón de mierda. ¿Qué coño quieres ahora?

–Jujuju... Vístete, anda. Hoy vienes conmigo –le dijo Sasuke levantándose. Tenía una pluma en la mano.

–¿Adónde? –preguntó Naruto. Aunque no estaba muy seguro de querer saberlo.– ¿Qué me quieres hacer, degenerado?

–¡Pero qué malpensado eres! Vendrás conmigo a trabajar –le dijo sonriendo con prepotencia.

–¿Y eso por qué?

–Porque lo digo yo –contestó Sasuke.

–¿Y si no quiero ir?

–Te obligaré.

–¿Y si...? –comenzó el de ojos azules.

–Y si no te callas te ato a una silla y dejo que Moegi haga contigo lo que le dé la gana –le interrumpió el Uchiha sonriendo con falsa dulzura.

–¡No! –exclamó Naruto con cara de terror.

–¿Ves como es mejor hacer las cosas por las buenas? –volvió a sonreir. Después abrió la puerta y le dijo que bajase rápido, antes de salir.

Naruto se vistió y bajó a desayunar algo, ya que la noche anterior no había cenado. En la mesa sólo estaban Kakashi y Sasuke. Éste último leía con especial atención un papel que tenía entre las manos.

–¡Bueno días! –saludó Kakashi feliz de la vida.

–Hola... –bostezó Naruto. Se sentó y le quitó el plato a Sasuke. Estaba lleno de mini-bocadillos de jamón. Abrió de golpe los ojos.– ¡Gracias por el desayuno!

–¿Eh...? –preguntó confundido Sasuke, y al ver que Naruto le había quitado su desayuno le gritó–: ¡DAME ESO!

–¡Ni hablar! ¡Tu ayer me dejaste sin cena y tengo un hambre que lo flipas! –exclamó el rubio sacando la lengua, como un niño pequeño.

–-Brrr... te vas a enterar –dijo el moreno entre dientes y se lanzó a por su plato. Pero Naruto fue más rápido y lo quitó de la mesa al tiempo que se levantaba.

–Callaos ya –interrumpió Kakashi–. Naruto, ¿en qué orfanato te criaste?

–¿Quién te ha dicho que me haya criado en un orfanato?

–Éste –comentó el peliplateado señalando a Sasuke, el cual dijo sin hablar "que te jodan", a Naruto.

–Hijo de puta –se defendió Naruto.

–Claro, claro, yo también te quiero... –ironizó Sasuke poniendo los ojos en blanco.

–Uy, Dios, pareceis niños pequeños –dijo Kakashi masajeándose las sienes–. Qué hijo más tonto me ha tocado tener... ¡Ay, Dios! En fin... Naruto, ¿en qué orfanato te criaste? –volvió a repetir.

–En Konoha... –dijo con desconfianza.

–¿Cuándo naciste?

–10 de Octubre de 1986. ¿Para qué quieres saberlo?

–¿Sabes quiénes son o fueron tus padres? –insistió el hombre.

–No. Sólo sé que mi madre se apellidaba como yo, y que fue ella la que me puso el nombre. No se si sigue viva, y de mi padre no sé absolutamente nada.

–Vale. Bueno, me voy. Portaos bien, ¿queréis? –les sonrió Kakashi. Se terminó su café y se fue sin darles tiempo a decir nada más.

–¿Para qué quería saber todo eso? –preguntó Naruto a nadie en particular.

–No sé, pero te quedas sin desayuno –le contestó Sasuke, quien le había quitado el plato de las manos sin que el rubio se diese cuenta, y lo estaba mirando con ojos devoradores.

–Oh, vamos, no seas malo... –dijo haciendo pucheritos con cara inocente.

–Vete a la mierda –dijo Sasuke frunciendo el entrecejo. Cogió dos mini-bocadillos y le dio el resto a Naruto.

–Juas, juas... Ya sabía yo que no te podías resistir a mis encantos –rió con un puño alzado.

–Cállate y come –ordenó el moreno.

Media después salieron de la casa y fueron hacia la parada del bus. Sasuke pagó dos billetes y Naruto le quitó el asiento a una anciana descaradamente, provocando los gritos e insultos de ésta y otro cabreo de Sasuke, que decidió bajarse una parada antes del autobús sólo para no oír a la vieja y a Naruto pelear.

–¡Qué guarra! –exclamó el rubio indignado–. ¿Es qué no ve que estoy malherido? –preguntó mirando a Sasuke y negando con la cabeza.

El moreno suspiró y echó andar por la enorme calle.

–Das vergüenza ajena –murmuró.

–¿Quién, yo? –preguntó el rubio señalándose casi sin poder creerse lo que acaba de oír.

–No, mi abuela. ¿Quieres dejar de montarla a todas horas? Como me despidan hoy por tu culpa te dejo sin cara –lo amenazó.

–¿Me estás amenazando?

–Sí.

–Que sepas que esta vez no te lo voy a poner tan fácil. Aunque tenga una mano inútil aún soy fuerte –alardeó Naruto.

–Sí, sí. Eso es lo que dicen todos...

–¡No te burles, cabrón!

–Cómeme el rabo –dijo Sasuke sin mirarlo.

–Ya te gustaría.

–No te lo niego –dijo de repente sonriéndole con sensualidad.

Naruto lo miró con una mueca fea en la cara. Sasuke no dijo nada más, solamente empezó a reír. Tardaron un poco en llegar a la gasolinera.

–¿En qué trabajas exactamente? –preguntó Naruto con voz seca.

–Dependiente.

–¿Y qué haré yo?

–Limpiar los baños –rió.

–Es una broma, ¿no? –preguntó asqueado Naruto.

–Para nada. Hoy el encargado de hacerlo no podía venir y yo le he dicho al jefe que vendrías tú. A cambio me dará más dinero.

–No... No quiero limpiar mierda... –lloriqueó.

–Están bastante limpios. Venga, hazlo, y a cambio te daré una piruleta –se burló Sasuke.

–Venga, no.

–Venga, sí –dijo Sasuke, y le dio un cubo con una fregona, unas cajitas, limpia cristales, limpiabaños y demás cosas perfumadas–. Si lo haces hago que Sakura se líe contigo esta noche –prometió.

–¿De verdad? –preguntó con ojitos brillantes.

–¡Claro! –exclamó el moreno imitando el tonito de felicidad del otro.

No tuvo que repetirlo. El chico cogió el cubo y se fue por la puerta equivocada, por lo que Sasuke tuvo que ir a por él y llevarlo a los baños. Acabó rápido por lo que se pasó el resto del tiempo leyendo revistas y molestando a Sasuke, lo que le costó varias hostias y muchos insultos, aparte de que el moreno le mandó fregar el suelo.

A las ocho vino un compañero del pelinegro y se fueron.

–Sakura, Sakura... hoy me liaré con Sakura... –canturreaba Naruto por el camino de vuelta.

–Qué canso eres... llevas horas diciendo eso.

–Pero lo vas a cumplir, ¿cierto? –preguntó con cara de pez.

–Que sí, pesado.

–Nyaaa... como te quiero –le dijo saltando sobre él y abrazándolo como si fuese un peluche.

–¡Quita, idiota!

Siguieron peleando el resto del camino, y en el autobús Naruto se lió a empujones con la gente, cosa que le costó una buena hostia por parte de Sasuke, pero a pesar de todo no perdió su felicidad. Cuando llegaron a la okupa la fiesta ya había empezado. Konohamaru y Kiba estaban llevando una batería y unos cuantos instrumentos más a un lado del salón.

–¡Ah, Sasuke! –exclamó Kiba cuando lo vió–. Sólo faltabas tú.

–Vale, me voy a dar una ducha. Luego bajo.

–¡Eh, espera! –lo llamó Naruto, y se fue corriendo detrás de él.

Se ducharon y en media hora volvieron a bajar, para emborracharse y lo que surgiera después...

Una hora y media más tarde...

–El mundo es cruel... –decía Sasuke sentado con Naruto, apoyándose el uno en la espalada del otro.

–Sí... –admitía el rubio–. Y lo peor es que Sakura te quiere y me ha rechazado... –le contó con cara inexpresiva dándole otro trago a su cerveza.

–¿Y eso?

–-Bueno... pues fué hace media hora más o menos, cuando tú estabas tocando, que por cierto nunca me habías dicho que tocases en una banda...

Sasuke, ven –lo llamó Ino tirándole del brazo–. Vamos a tocar ahora la canción, antes de que te emborraches.

-¿Qué canción?–-preguntó Naruto extrañado sentándose en un sofá al lado de Sakura.

Sasuke, Kiba y Konohamaru tienen una banda. Pero Ino canta con ellos de vez en cuando y ha compuesto una canción para Sai, como regalo de cumpleaños. Además, esta noche van a acabar follando como conejos, ya verás –dijo la pelirrosa.

Jejeje... Oye... te quería preguntar una cosa –le dijo poniéndose serio.

Dime.

¿Sigues enamorada de Sasuke? –preguntó Naruto en voz algo baja.

Sakura tardó bastante rato en contestar. La pregunta la había pillado de sorpresa; no se lo había esperado para nada.

Pues... –titubeó–. Supongo... ¿que sí? –dijo poniendo cara de circunstancias.

Vaya –susurró Naruto bajando la cabeza–. Y... ¿tu te liarías con alguien sin que te gustase esa persona?

La verdad es que no –negó–. No soy de esas que se lían con cualquiera porque sí. Me tiene que gustar, por lo menos, esa persona. ¿Te quieres liar conmigo? –preguntó levantando una ceja.

Jeje... algo así... Pero no va a poder ser, ¿verdad? –preguntó forzando una sonrisa.

No. Lo siento, de verdad. Eres un tío de puta madre, ahora que te conozco mejor. Puede que seas incluso mejor que Sauke, pero no puedo evitar sentir lo que siento por él.

Amm...

Mira, ya empiezan a tocar –trató de animarlo.

Esta canción está compuesta especialmente para ti, Sai. Espero que te guste–-le sonrió Ino al joven.

La guitarra empezó a tocar, seguida de la voz de Sasuke...

La vela se apaga

Le agarraron por el cuello

y exigió venganza.

Le exprimieron hasta no

poder gritar:

¡Ya basta!

Le cubrieron con formol,

todas las heridas,

conservando el dolor...

Una lata de cerveza,

una vela y un cochón.

El fracaso se ha adueñado

de toda la habitación.

El suicidio permanece,

aunque esté escontido...

¿Quién acaba conmigo?

Soñando contigo...

cerca de tí. ¡Sí!

Los aplausos terminaron,

el publico abandonó.

Este payaso ha acabdo

su última actuación.

El camino de regreso

suele ser más duro...

Desnudo el infierno,

¿acaso no es cierto,

que estás aquí?

Restos de ropa y de carne,

miembros que aún

escupen sangre...

Sentir que aquí todo acaba (de empezar)...

Sin ley no vale la pena,

juzgar a nuestra manera,

riesgos que nadie condena (no hay dolor)...

"Dolor" fue quien te vió nacer,

solo, tus lágrimas arden...

Sexo comprado en la calle (y olvidar)...

Buscar otra vez la herida

como si fuera una amiga...

Tragar de nuevo saliva (y esquivar)...(5)

No había acabado la canción cuando el móvil de Sakura comenzó a sonar.

¿Me perdonas? –le dijo a Naruto. Después se levantó del sofá y se fue.

Qué problemáticas son las mujeres... –oyó que le decía Shikamaru, que se sentó al lado suyo. Se estaba fumando algo.

¿Eso es…?

Un porro. ¿Quiéres? –ofreció.

Vale...

Sasuke tocó varias canciones más antes de volver con Naruto, que ya estba un poco pa'llá.

–Y nada más –concluyó Naruto dándole otro trago a su cerveza–. Me voy a mear –dijo levantándose.

–Espera, yo también voy.

Salieron fuera pero no se fueron muy lejos. Se bajaron la bragueta y se pusieron a hacer sus necesidades en el muro.

–No te mereces que Sakura te quiera –dijo Naruto de repente, arrastrando las palabras.

–¿Tu te lo mereces más? –preguntó sarcástico el ojinegro.

–¡Pues claro! ¿Lo dudabas?

–Mucho.

–¡Capullo! ¡La tienes más grande! –saltó de pronto inclinándose para mirar el miembro de Sasuke.

–¿Tu eres gilipollas? ¡Estáte quieto, que me vas a salpicar!

–Cállate –le ordenó el rubio terminando la faena.

–¿Me vas a obligar? –preguntó Sasuke haciendo lo mismo.

–Sí, ¿pasa algo?

–Pues claro que pasa –dijo el moreno dándole un leve empujón.

Pero Naruto se lo devolvió más fuerte. Al final acabaron liándose a puñetazo limpio y diez minutos más tarde estaban de nuevo en la casa. Naruto con el labio partido y Sasuke con un ojo enrojecido y un arañazo en la mejilla izquierda, aparte de más dolores por todo el cuerpo.

El moreno se tumbó sobre la tripa del otro, que se estaba escurriendo por el sofá.

–Has empezado tú –le acusó Naruto perezosamente.

–Mentira, has sido tú por mandarme callar –replicó el otro dándole una calada a un porro que le había birlado a Shikamaru.

–Dame eso –exigió el ojiazul quitándole el canuto de las manos. Le dio un par de caladas largas y lo tiró–. Quita...

–Que molesto eres, déjame estar tumbado y consígueme otro peta(6) ahora. Además, ¿no se supone que tú estabas en contra de las drogas?

–Y lo estoy. No son más que mierda.

–Pues no me la quites a mi, anormal, que de vez en cuando tengo que desconectar. Y consígueme un porro, ¡ya! –exigió el moreno.

–Ni hablar, consíguelo tú.

–¡Si has sido tú el que me lo ha robado! –exclamó Sasuke levantándose para mirarlo con cabreo.

–¿Y qué?

–¡Que consigas otro! –le exigió tirándose sobre él.

–Sasuke, idiota, levántate.

–No me da la gana –se negó haciendo presión sobre el pecho del rubio.

–¡Au! ¡Idiota! Ahí me duele –se quejó Naruto tratando de golpear a su amigo.

–Te jodes.

–¿Ah, sí? ¡Pues toma! –le dijo dándole, al fin, una hostia en el estómago, en el mismo lugar en el que le había dado hacía una semana.

–¡Cabrón!

Y así se volvieron a liar a golpe seco hasta que vinieron a separarlos, gente que no conocían de nada. Se sentaron en un sofá y se pusieron a beber pacíficamente.

–¿Atracamos un banco? –sugirió el rubio tragándose lo que le quedaba de whisky.

–Es el segundo whisky que me robas.

–¿Atracamos a Shikamaru? –volvió a preguntar arrastrando las palabras, y sin hacerle el menor caso.

–Nah, ese es pobre –negó Sasuke cerrando los ojos por la borrachera que llevaba ya.

–¿Me dejas robarte? –preguntó otra vez Naruto.

–¿El qué?

–Amm... no sé. ¿Tienes alcohol?

–Ya me los has robado todo –le recordó Sasuke volviendo a abrir los ojos para mirarlo, al tiempo que extendía la mano para coger algo del suelo.

–¡Mentira cochina! ¡Estás bebiendo algo! –exclamó abalanzándose sobre él tratando de quitarle el vaso que acababa de coger. Pero hubo mala suerte y se lo derramó todo encima.

–¿Pero qué haces, imbécil? –le espetó Sasuke.

–¡Es tu culpa! Si me lo hubieses dado desde un principio... Pero tengo una idea... –sonrió con malicia, para acto seguido volver a abalanzarse sobre el moreno y apresar su boca en un beso húmedo, con "mono" de alcohol. Tardaron en separarse porque Naruto no le soltaba ni aunque lo pegara. Cuando por fin lo hizo sólo fue para insultarle.– ¡Cabrón! Eso era birra.

No dijo una palabra más y volvió a besarlo, dejándose llevar. Y con la tontería acabaron revolcándose en el sofá, en medio de mucha gente que apenas les prestaba atención, comiéndose la boca mutuamente sin importarles nada que no fuera el otro. Sasuke había decidido no resistirse a los besos del rubio. Además, para qué engañar, le gustaban. Y estar ebrio no lo ayudaba a reaccionar con racionalidad.

1.Bonehead: Literalmente "cabeza hueca". Es una forma vulgar de llamar a los skinheads nazis.

2.Mizuki y Hayate: Por si alguien no lo recuerda, Mizuki es el ninja de pelo gris que en los primeros capítulos el manga/ anime hace robar el pergamino prohibido a Naruto. Hayate es el "árbitro" de los exámenes de Chunin, el que está enfermo (me encanta ese tío).

3.Bomber: Cazadora que suelen llevar los skinheads.

4.La okupa es la casa okupa en la que viven Kakashi, Sasuke...

5. realidad la canción es de Parabellum junto con una tía, que no me acuerdo como se llama. Si os la podéis bajar os la recomiendo.

6.Peta: porro, canuto.