5. ¿Amor?
–-¡Cabrón, degenerado, pervertido... maricón, violador!
–¿Quieres dejar de pegarme? –le chilló Sasuke a Naruto perdiendo la paciencia. El rubio lo había atado a la cama, se había subido encima de él y no paraba de pegarle puñetazos por todas partes. Encima estaba desnudo, sólo con unas sábanas por encima.
–¡ERES UN...!
–¡QUE NO FUE CULPA MÍA, JODER! Al menos no sólo mía...
–¿Insinúas que fue mi culpa? –preguntó Naruto falsamente extrañado.
–De... maldito... Kakashi... speed.... ¡Seguro! –farfulló el otro.
–¿Qué coño dices? –le preguntó el de ojos azules sin entender ni media palabra.
–¡Claro! Tiene que ser eso. ¡Qué hijo de puta!
–¿Quién?
–¡DESÁTAME, QUE LO MATO! –gritó Sasuke exasperado retorciéndose debajo de Naruto, que lo intentaba agarrar por el cuello para que se estuviese quieto. Pero por mala suerte no resultó y se cayó al suelo haciendo mucho ruido.– Dios, qué tonto eres... –suspiró tranquilizándose un poco.
–Auuu... capullo... me duele –se quejó el rubio sobándose la cabeza por el golpe que se había dado.
A Sasuke no le dió tiempo a contestar, ya que alguien abrió la puerta con cara de sueño y miró a un desconcertado Naruto en el suelo y a Sasuke atado en la cama.
–¡OHHH! –exclamó Kakashi abriendo mucho su único ojo–. ¡Qué pillines! No os bastó con lo de anoche... ¿eh? Bueno, bueno, haced lo que queráis pero usad condón, ¿eh? Y por cierto, ¿lo usasteis anoche? -preguntó con cara de falsa preocupación.
–¿Y tú cómo sabes...? –empezó Naruto.
–¡CABRÓN DE MIERDA! ¡LO SABÍAS TODO DESDE EL PRINCIPIO! ¡ES TU PUTA CULPA! –gritó Sasuke moviéndo los brazos y las piernas como un desquiciado.
–Oye, oye... sin pasarse. Es por lo de las enfermedades y eso. Ahora os tendré que llevar a hospital a haceros pruebas.
–¿QUÉ? –chilló Naruto–. ¡Yo no tengo nada! En serio, ya me hice pruebas hace mucho, ¡no tengo nada! ¡No me obligues a ir al médico, por favor! –lloriqueó.
–Yo tampoco tengo nada, ya lo sabes –dijo Sasuke frunciendo el entrecejo. No era la primera vez que no usaba condón y Kakashi lo sabía, y nunca le había preocupado demasiado. Algo estaba tramando, seguro.
–¿Lo dices tú, precisamente? –protestó el peliplateado–. Has follado más de lo que has debido sin condón. ¡Quién sabe si has contraído alguna enfermedad!
–Maldita sea... ¿qué coño estás tramando? –le preguntó el moreno.
–¿Qué voy a estar tramando? ¿Es que no me puedo preocupar por mi hijito querido y su nuevo novio?
–¡Yo te mato! ¡Ni soy tu hijo, cabrón, ni este imbécil es mi novio!
–¡Oye! Un poco de respeto... –protestó Naruto, quien ya llevaba mucho tiempo callado.
–¡Pero si sólo os tienen que sacar dos gotitas de sangre! ¡No es pa' tanto!
–Nein! –negó Naruto.
–No me hables en alemán, capullo –le espetó Kakashi.
–¡Te hablo como me da la gana! ¡Y no pienso ir al médico!
–Jojojo... ¿entonces prefieres morirte de SIDA o algo por el estilo? –inquirió, pero no les dio tiempo a contestar–. No importa si no queréis ir, os obligaré. No me resulta nada difícil dejaros inconscientes. Tú, Naruto, porque eres más pequeño que yo y menos fuerte que Sasuke, que evidentemente lo es menos que yo. –El aludido quiso protestar pero no lo dejó.– Y tú, Sasuke, porque estás atado y no es que te puedas defender muy bien así. Es lógico... –explicó afirmando con la cabeza.
–Que te den... –murmuró Sasuke.
–Prefiero dar. Bueno, pues ducharos y bajad. En una hora nos vamos –sonrió, y desapareció por la puerta.
Naruto musitó algo ininteligible y se cruzó de brazos aún sentado en el suelo. Pronto se levantó y desató a Sasuke.
–Me voy a escapar. Ya ha pasado una semana y no tengo por qué estar aquí más.
–¿Tu eres tonto? Encima que me metes en este marrón... ¡Ni sueñes que voy a dejar que te vayas!
–¿Pero qué coño dices? ¡No fue mi culpa! –negó el rubio.
–¿Tu me crees gilipollas, o algo por el estilo? Vale que no me acuerde de todo lo que pasó anoche pero me acuerdo de que empezaste tú.
–Y tú que te dejaste...
–¡Estaba borracho! –se excusó Sasuke.
–¡No te jode, y yo! –lo imitó Naruto.
–Bah... que no me importa, lo hecho, hecho está...
–Pues a mi tampoco me importa. ¡Pero ni sueñes que me vas a volver a tocar!
–Es el sueño de mi vida –ironizó el moreno poniendo los ojos en blanco. Se levantó y fue hacia el armario. Sacó ropa, toallas y unas tiritas.
–¿Para qué quieres tiritas?
-Llevas desde que nos despertamos pegándome. Me has roto el labio y me has dejado lleno de moratones. Pero tranquilo, esto no va a quedarse así. Ahora porque estoy cansado y me duele la cabeza, que si no te habría arreado ya unas buenas hostias...
–Sí, ya, lo que tú digas –lo interrumpió Naruto sentándose en la cama, recordando su reacción al despertar.
Abrió los ojos lentamente. La cabeza le daba vueltas y le dolía, y tenía un sabor desagradable en la boca.
–Maldita resaca...–-murmuró. Se dió la vuelta y se encontró con un bulto en la cama, al lado suyo, envuelto en unas finas sábanas. Tardó un poco en procesar la información. Alguien a su lado. ¿Eso significaba que se había acostado con una persona? Miró debajo de sus sábanas. Estaba desnudo. Sintió un pinchazo en el trasero–. Ay, ay, ay... –se quejó. Sólo había habido una vez que había sentido eso. Claro que miles de veces más fuerte, pero esperaba que no fuese lo que se imaginaba. Con manos temblorosas levantó la sábana que cubría a su acompañante. Lo primero que vio fue un cabello negro, sedoso y algo largo. Destapó más: una espalda llena de chupetones. Más... ¡Sasuke! ¡Y además en pelotas también!– ¡AHHHHH! –gritó tan fuerte que estuvo seguro de que lo oyeron hasta en su barrio.
Sasuke dio un salto sobresaltado casi cayendo de la cama.
–¿A ti qué mierdas te pasa? –rugió al rubió que se había pegado a la pared. Se llevó las manos a la cabeza.– Joder... Qué formas de despertar, y encima con resaca...
–¡Cabrón, cabrón, cabrón...! ¡MIRA! –gritó Naruto levantando las sábanas, dejándolos a los dos como sus respectivas madres los trajo al mundo–. Y me duele... –lloriqueó señalándose el trasero–. ¡Buuu! Hijo de puta, al final lo has hecho...
–¿Qué? –preguntó Sasuke sin poder creérselo. Entonces recibió un fuerte puñetazo en la cabeza y cayó al suelo. Naruto saltó sobre él, lo volvió a subir a la cama y aprovechando su aturdimiento lo ató. Le echó unas cuantas sábanas por encima y se puso algo de ropa. Después se subió otra vez encima de él y se puso a golpearlo furioso.
–Jejeje... te he dado un buena tunda, ¿eh?
–No tiene ni puta gracia, ¿sabes? –dijo Sasuke mirándolo mal, colocándose bien el pantalón del pijama–. Me voy a duchar.
–Espera, yo también voy.
–No intentes cosas raras, ¿eh?
–Como no tengo nada mejor que hacer... –ironizó Naruto mirando el techo con las cejas alzadas.
…
–Bien, pues entonces mañana –dio el visto bueno–. Heil –colgó–. Mañana iremos a su okupa. Como es domingo no se lo van a esperar, así que podremos atacar tranquilamente. Lo haremos al atardecer.
–Vale –asintió Gaara a su hermana. Ésta lo miró con una sonrisa orgullosa en la cara.
–Pronto lo volveremos a ver –aseguró.
–Sí –contestó el pelirrojo secamente. Quería quejarse por la tardanza, pero sabía que su hermana había hecho todo lo que había podido, así que no iba a reprocharle nada, porque al fin y al cabo ella había sido la única que se había encargado de todo.
–Kankuro ha reunido a mucha gente, y está ahora hablando con Neji. Tal vez logremos ponerlo de nuestra parte otra vez.
–Para mí ese tío ya está muerto.
–Pero nos conviene que esté con nosotros.
–Si tú lo dices...
–¡Vamos, Gaara! Sonríe un poco. Llevas una semana con esa cara –dijo la muchacha a su hermano menor con intención de animarlo un poco.
–La que tengo –contestó éste secamente.
Temari sonrió y se levantó. Su hermano era como un niño pequeño.
–Voy a salir –anunció–. Tengo que hablar con algunas personas para que me consigan algo. Luego nos vemos –se despidió saliendo por la puerta.
Gaara se tumbó en el sofá en el que estaba sentado y miró al techo distraído. Se había pasado días buscando a Naruto sin cesar, pero hacía ya dos que había renunciado a encontrarlo. Entonces Temari dijo que reuniría gente para ir a la okupa de ese Kakashi y buscar a Naruto. A pesar de eso llevaba dos días sin salir de casa.
No se había afeitado, no se había duchado y no había comido. Se había pasado todo el tiempo viendo la televisión y bebiendo alcohol en cantidades industriales. Su hermana lo había encontrado la noche anterior tirado en el cuarto de baño, ebrio y casi inconsciente. Lo tuvo que llevar a su habitación y tiró todo rastro de alcohol que hubiese en la casa, enfadada consigo misma por no haberlo hecho antes. A pesar de todo seguía en actitud cariñosa y comprensiva con él. Lo quería más de lo que se merecía, o eso era lo que él pensaba.
Se preguntó una vez si Neji no tendría razón y había acabado sintiendo algo más que amistad por Naruto. Pero poco después se dio cuenta de que no era así. Había una persona que le gustaba pero no era Naruto ni ningún otro hombre. Claro que esa persona se había largado hacía algo más de medio año, y sabía que no volvería.
Sin embargo no podía dejar de sentir lo que sentía por aquella mujer. Vale, tal vez fuese un poquito mayor que él, pero en la cama era un cielo y como persona también. Eran como la sal y el azúcar. No tenían nada en común, excepto que conocían muy bien la ideología NacionalSocialista. Ella estudiaba historia y, precisamente por sus estudios, se había tenido que marchar al extranjero.
Tenía 24 años, y era una mujer tan alta como él. Su cuerpo era perfecto, y de hecho había posado en alguna que otra revista en calidad de modelo. Tenía el pelo teñido de rojo rubí, brillante y largo, hasta la cintura. Una cara aniñada con unos labios carnosos que siempre llevaba pintados de rojo fuerte para resaltarlos y unos ojos azules como zafiros. Todo en conjunto la hacía parecer una muñeca de porcelana tremendamente frágil para quien no la conociera. Pero tenía carácter cuando se enfadaba o cuando algo no era de su agrado, y eso era tal vez lo que más amaba de ella.
Pero bueno, todo aquello era agua pasada, y aunque se seguían telefoneando de vez en cuando nunca volvería a ser como entonces. Nadie había sabido nada de su relación. Un año y nadie se había dado cuenta de nada. Empezaba a pensar que tenía dotes de actor. Rió un poco al imaginarse en un escenario vestido de Romeo y cerró los ojos dispuesto a descansar.
…
–¡Y entonces sacó esa enorme aguja! ¡Joder, casi me mata! Más que una aguja parecía una espada... –le contaba Naruto a Sakura mientras la ayudaba a recoger botellas.
–¡Qué exagerado eres! –le dijo ella.
–¡Es verdad! ¿Para qué necesitan agujas así? Con una más pequeña y que haga menos daño les bastaría.
–¿Y por qué fuisteis exactamente al médico?
–Por nada importante –interrumpió Sasuke dejando unas bolsas llenas de basura al lado de un sofá–. Tú ven conmigo, que me tienes que ayudar con algo –dijo arrastrando a Naruto.
–¡Pero tengo que ayudar a Sakura! –protestó éste intentando soltarse del agarre del otro, pero sin conseguirlo. Sasuke se lo llevó a su habitación.
La pelirrosa se quedó mirando las escaleras.
"Así que se han acostado", suspiró tristemente. "¿Qué es lo que planeas, Kakashi? Te vi echándoles speed en unos vasos, sabiendo las consecuencias que eso traería", se dijo cerrando la bolsa que tenía en la mano.
...
–¿Tu estás loco? –lo reprendió Sasuke ya en su habitación.
–¿Por qué?
–¿Para qué le dices nada a Sakura?
–¿Pero qué más te da? ¿Tú y ella no tenéis nada, no? ¿Qué más te dará que lo sepa o no? Además, sólo fue un error, los dos lo sabemos –le contestó Naruto cruzándose de brazos–. Sólo un error por culpa del alcohol.
–Esa no es razón para ir por ahí contándolo.
–Pero Sakura es mi amiga, y si quiero se lo cuento...
–¡No lo harás! –le espetó Sasuke cogiéndole del cuello de la camiseta.
–¡Suéltame! ¡Haré lo que me dé la puta gana! ¡Tú no eres nadie para mandarme!
–¡Joder! –exclamó cabreado soltándolo–. ¿Cómo coño puedes cambiar tu estado de ánimo tan rápido?
–Experiencia. Pero no te voy a contar nada a ti. ¡Déjame en paz! Además, ¡me voy ahora mismo! –anunció Naruto furioso.
–¡Ni hablar! –negó el moreno agarrándolo por el brazo.
–Ya ha pasado una semana y no te pertenezco, así que puedo hacer lo que me dé la gana –le recordó el rubio con el ceño fruncido, soltándose del agarre.
–No –volvió a negar Sasuke.
–¿Y por qué no? –perdió la paciencia. No entendía que diablos le pasaba a ese ahora.
–Porque no. Además, no ha pasado una semana. Mañana habrá pasado una semana.
–Hoy, mañana, ¿qué más da? ¿Sasuke, qué coño te pasa ahora? Deja de poner excusas tontas...
No le dijo nada. Sólo se limitó a sentarse en la cama con la cabeza entre las manos.
"¿Qué coño pasa?", se preguntó a si mismo. "Quiero que se vaya para poder descansar un poco, porque con él aquí es imposible, pero a la vez quiero que se quede. Me he acostumbrado tanto a él en tan poco tiempo que ya no sé cómo es la vida sin que nadie te moleste." Se masajeó la frente y miró al rubio, quien lo miraba con mala cara.
–¿No contestas?
–... No sé –dijo el ojinegro levantándose de la cama y poniéndose a pasear por la habitación.
–Oye... lo de anoche...
–Lo de anoche sólo fue un polvo –interrumpió–. Nada más... –añadió en un susurro.
–Bien –dijo Naruto en voz muy baja–. Quiero irme. Ya no hay nada por lo que quedarme aquí. Ni Sakura, ni ninguna otra cosa.
Sasuke lo miró con los labios apretados y un deje de tristeza en la mirada.
–Te acompaño –dijo finalmente.
Bajaron y Naruto se despidió de todos los que estaban ahí. Dijo que algún día volverían a verse, que le gustó mucho conocerlos y que esperaba no haber causado problemas.
Ya en la calle caminaban el uno al lado del otro sin hablar, hasta que Naruto decidió romper el silencio.
–¿Por qué me acompañas? –preguntó curioso.
–Por si te atracan –dijo sin más.
Naruto comenzó a reír a carcajada limpia, y Sasuke también al darse cuenta de la grandísima tontería que había dicho. El rubio le pasó un brazo por los hombros y lo empujó hacia adelante. Y así volvieron a empezar una de sus peleas, como dos niños pequeños, y se estuvieron riendo durante mucho tiempo. Hasta que comenzaron a acercarse al barrio en el que vivía Naruto. Entonces Sasuke dejó de reír misteriosamente y aminoró el paso.
–¿Qué pasa? –preguntó Naruto extrañado, al ver su cara. Estaba pálido y completamente serio. Sasuke negó con la cabeza.– ¿Seguro? –se preocupó. Sasuke asintió.– Vivo muy cerca de aquí. Si no quieres venir no lo hagas –le dijo.
–Iré –asintió.
–Bueno... como quieras.
Tardaron unos cinco minutos más en llegar. En ese corto período de tiempo Sasuke estuvo de lo más raro. Miraba sin parar a su alrededor, como un paranoico; no hablaba y estaba muy, muy pálido. Estaba nervioso, eso se notaba a leguas.
–Bueno, no es un barrio de lo más pacífico, lo sé –dijo Naruto–, pero no es como para ponerse así, jaja... –rió con nerviosismo. Unos pasos más y se paró delanate de un portal–. Las llaves –pidió extendiendo la mano hacia su acompañante.
–¿Qué? Las... ah, sí... –dijo Sasuke distraído sacando las llaves del rubio de un bolsillo. Habían decidido quitarle las llaves, el móvil y cualquier otro objeto personal (como en las cárceles), por si acaso.
–¿Tienes fiebre? –preguntó Naruto poniendo una mano en su frente–. No, no tienes. ¿Estás bien?
–Sí, abre de una maldita vez –se impacientó el moreno zarandeando las llaves para que el chico las cogiera y abriera la puerta.
–Bueno, bueno, tranquilo –le dijo él mientras las cogía. Abrió y subieron por las escaleras, ya que el ascensor estaba roto–. Lo rompí yo... jejeje.
Naruto abrió la puerta del apartamento, dejando ver un mini-pasillo con una enorme bandera roja con una esvástica. Sasuke entró y examinó el lugar. El rubio le indicó que pasara al salón, algo nervioso. La estancia tenía una mesa de cristal de color negro, con patas de metal. Había un sofá y dos sillones rodeándola y muchas fotos y banderas en las paredes. En una esquina vio un maniquí con un uniforme alemán de la Segunda Guerra Mundial. Parecía de las SS(1). También un texto enmarcado, cerca del maniquí. Sasuke lo leyó. "Yo te juro, Adolf Hitler, Führer y Canciller del Reich, fidelidad y valor. Prometo obediencia hasta la muerte a ti y a los superiores por ti designados. Que Dios me ayude."(2) No sabía qué era eso exactamente pero no le gustó. También había muchas más tonterías que hablaban del III Reich(3), una gran imagen de Hitler y otras cosas a las que no prestó mayor atención.
–Amm... ¿bienvenido? ... a mi casa –dijo Naruto sin saber qué otra cosa podría decirle–. Ya sé que no te gusta, no me lo digas.
–En realidad sí me gutsa –contestó Sasuke sonriendo, al fin.
–¡Oh! ¡Has recuperado el color! ¿Qué hostias te ha pasado?
–El pasado... –dijo misteriosamente. Naruto lo miró sin comprender–. Déjalo... tonto.
–¿Te meto dos hostias?
–¿Te las meto yo?
–¡Guarro pervertido! –le espetó escandalizado Uzumaki. Sasuke rió.
–¿Guarro pervetido? Yo no he dicho nada guarro y pervertido. Has sido tú el que ha pensado en sexo.
–Calla... –le dijo haciéndole señas con las manos para que se callara–. Es tu culpa.
–¿Por qué? –se interesó Uchiha.
–Porque haces que piense guarradas cuando hablas... –susurró para sí mismo.
Sasuke empezó a reírse. Naruto lo miró con cara de pez y se fue a su habitación. Salió a los cinco minutos con una camiseta blanca de tirantes y unos pantalones cortos naranjas, bastante ajustados.
–Se ha puesto a llover –le dijo a Sasuke levantando la persiana del salón, que estaba bajada y Sasuke no la había visto por otra bandera nazi que colgaba a modo de cortina–. ¿Me ayudas a quitar los trastos éstos? –le preguntó tirando de la bandera.
–¿Y eso? –se extrañó Sasuke–. Te habrás gastado un dineral en toda esta mierda.
–Sí... he tirado todo mi dinero. Y pensar que si no lo hubiese hecho ahora viviría en un barrio decente, con gente decente y con una casa decente... Bueno, así es la vida –suspiró Naruto desprendiendo un fuerte aura depresiva.
Se pusieron a recoger. Sasuke se entretenía cada dos por tres mirando fotos y demás chorradas que había en el apartamento, y Naruto le echaba la bronca como a un niño pequeño.
–¿Y qué harás con todo esto?
–Supongo que se irá a la basura.
–No... me lo quedo yo todo... me haré rico con esto... –rió Sasuke aplaudiendo como un niño que aplaude en el circo.
–Pues al cincuenta por ciento, ¿te parece? Así me iré de vacaciones, que las necesito –insinuó el rubio mirándolo acusadoramente y pronunciando un poco más alto la última frase.
–¿Y por qué me miras así? –preguntó el otro con inocencia, como siempre, fingida.
–Porque me estresas, joder.
–¿Yo? ¡Ja! ¡Encima! ¡Que le estreso, dice! ¿Y tú qué? Que eres capaz de marear a cualquiera en sólo dos segundos. Imagínate lo que ha sido aguantarte una semana... Y me pregunto cómo será aguatarte toda una vida... –dijo pensativo.
–Ahora por joder no me pienso separar de ti hasta que te mueras. Veras lo que es ser pesado... ¡Ja!
–Ay, Dios, ¿por qué me maltratas así? No me lo merezco, en serio –dijo Sasuke hablándole al techo.
–Dios no está aquí hoy... ¡Sasuke!(1) –le dijo Naruto saltando sobre él, tirándolo al suelo.
–¿Pero qué haces? Si al final Kakashi va a tener razón. No tuviste bastante con lo de anoche –le dijo el moreno intentando zafarse.
–Bobadas... Pero a ti sí que te gustaría... –sonrió con malicia.
–¿Tu crees? –preguntó con la misma malicia del rubio, tumbándolo de espaldas en el suelo y poniéndose a cuatro patas sobre él.
–Desde luego –le dijo Naruto seductoramente rodeándole el cuello con los brazos.
–Pues tienes razón...
–Lo sé.
–¿Y... qué te parece si...? –sugirió pícaramente.
–Claro... ¿por qué no? –asintió el rubio acercando la cara de Sasuke a la suya–. Pero esta vez... –susurró–, tú serás mi juguete.
–¿A que no? –rió el moreno.
–¡Pues hala! ¡Te quedas sin sexo! –exclamó Naruto apartando a Sasuke–. Y esto por capullo –terminó, dándole un rodillazo en la boca del estómago.
–¡Me cago en tu...!
–Ché... un poco de respeto, ¡eh! –lo interrumpió levantándose del suelo.
–Paciencia, Sasuke, paciencia... –murmuró para sí mismo levantándose también, conteniendo las ganas de pegar a Naruto.
–¿Quieres cenar...?
–¿Qué hora es? –preguntó con desconfianza Sasuke.
–No sé, pero ya ha anochecido.
–Venga, va...
Como en el frigorífico de Naruto sólo había cerveza, tuvieron que encargar dos pizzas grandes de jamón y queso.
La cena transcurrió en silencio. Sasuke le echaba miradas vagas a Naruto pero éste parecía muy concentrado en lo que llevaba su pizza, así que no se dignó a mirarlo ni una sola vez.
–¿Estás bien? –preguntó después de un rato al ver que no decía nada, lo cual era extremadamente raro.
El rubio asintió y lo miró con tristeza.
–¿Te vas a quedar hoy?
–No sé... supongo que sí –asintió el moreno–. Con este tiempo como para salir a la calle –disimuló mirando hacia el salón, ya que la persiana de la cocina estaba bajada. En realidad no había podido con la cara de perrito abandonado que le había puesto su amigo y había tenido que aceptar.
–Vale –sonrió Naruto–. Pero... creo que hay un pequeño problema –rió nervioso. Sasuke lo miró sin comprender–. Verás... sólo hay una cama: la mía; y una manta: también la mía... –Calló un rato.– Así que, o duermes en el sofá y te cubres con lo que puedas, o duermes conmigo, porque la calefacción está estropeada y aquí hace mucho frío.
–Qué remedio... –suspiró el Uchiha.
–Pero duerme... nada más –añadió el rubio.
–¿Por quién coño me tomas? No haría nada raro con alguien como tú estando sobrio –dijo con cara de flipado.
–Por Sasuke Uchiha, y no diré más.
Sasuke lo miró con una ceja levantada.
"En fin…", pensó.
Después de cenar recogieron los trastos que habían dejado tirados por el salón y los metieron en bolsas dejándolos en una esquina. Se les hizo bastante tarde.
Naruto dijo que su piso era alquilado y que la mañana siguiente llamaría al dueño (nunca antes lo había llamado para que no viese el circo que tenía ahí montado o lo echaba) para que viniera con los electricistas o con los que hubiese que venir a arreglar la caldera para poder ducharse.
Sasuke le dio el móvil pero no lo encendió. Sabía que debía de tener el contestador a reventar de mensajes y no le apetecía nada oír como el móvil sonaba una y otra vez, así que lo dejó en el salón y se fueron a dormir. Naruto le dejó algo de ropa al moreno, apagaron la luz y se acostaron.
Se pasaron un buen rato tratando de taparse los dos con la manta y las sábanas, pero eran bastante pequeñas por lo que acabaron tirando de ellas y quitándoselas el uno al otro. Al final ganó Naruto, y se envolvió con la manta más gruesa como si fuese una momia. Sasuke intentó en vano arrebatársela, pero el rubio no la soltaba y no paraba de decirle que se fuese a la mierda, que había ganado y quería disfrutar de su premio.
Al final Sasuke se acabó cabreando y dejó en paz a Naruto. Se quedó en su lado de la cama, temblando de frío.
–Desagradecido... –murmuró.
Naruto no le hizo caso, aunque en el fondo le daba pena. El moreno estuvo varios minutos así, en el borde de su cama, pensando. Entonces se le ocurrió algo. Se dió la vuelta y se acercó de golpe a Naruto para abrazarlo con fuerza por la espalda.
–¿Pero qué haces, desgraciado? –chilló éste por la sorpresa.
–Tengo frío.
–¿Y a mí qué me cuentas? Yo he ganado la manta, así que te jodes.
–Eres un puto egoísta.
Naruto se dió la vuelta como pudo para encarar a Sasuke.
–Suéltame –exigió con el ceño fruncido.
–Ni hablar... Así estoy calentito –murmuró apretando más el abrazo.
–¡Joder! Me estás sofocando –se quejó Naruto intentando zafarse.
Sasuke lo soltó y el rubio se destapó cogiendo aire. Uchiha aprovechó para quitarle la manta y taparse con ella hasta las orejas.
–Ahora te vas a joder, porque no pienso dejar que te tapes, y te vas a congelar...
–¡Mi manta! ¡Dámela!
–Ni hablar.
–¡Que me la des, coño! –exclamó saltando sobre Sasuke. Pero tampoco le sirvió porque el otro no la soltaba por nada del mundo. Probó lo que él había hecho antes y lo abrazó tratando de sofocarlo, pero no fue así.
–Qué buen amigo eres... evitas que tenga frío... ¡Te quiero, amiguito! –exclamó Sasuke con voz de infantiloide, riéndose del rubio. Éste dejó de abrazarlo y se fue a su lado de la cama. Pasaron varios minutos hasta que sintió como la manta volvía a taparlo–. Venga, va... te dejo que te tapes con la manta. Y luego dices que soy mala persona.
–Te puedes meter la puta manta donde te quepa –dijo Naruto con fastidio, y se destapó. El orgullo no iba a permitir que Sasuke se burlara de esa forma tan descarada de él.
–Qué borde –susurró volviendo a taparlo.
–¿Tu estás sordo? –preguntó el rubio con enfado contenido. Le sorprendió que Sasuke lo abrazara. Era un abrazo cariñoso, lleno de afecto.– ¿Qué crees que estás haciendo? –preguntó frunciendo más el entrecejo.
–Estás temblando –volvió a susurrar Sasuke tirando de él hasta pegar la espalda del chico a su torso y taparlo un poco más con la manta.– Tranquilízate, no voy a hacerte nada, ¿vale?
Tras varios intentos más de Naruto de escapar de las "garras" de Sasuke, por fin se tranquilizó. Se dio la vuelta y miró a su amigo, quien abrió los ojos por la sorpresa.
–¿Por qué? –preguntó con voz ronca, frunciendo el entrecejo.
–Por ser Naruto Uzumaki... y no diré más –sonrió Uchiha. Naruto frunció más el entrecejo.
–Te odio, ¿lo sabes?
–Sí... –pronunció en un susurro. Acercó su cara a la del rubio y depositó un corto e inesperado beso. Naruto se puso tan rojo que Sasuke lo notó en la oscuridad de la habitación, sólo iluminada por la luz de las farolas que entraba por la ventana. Sonrió divertido.– Te has puesto rojo.
–¡Idiota! ¿Por qué has hecho eso? –preguntó separándose un poco de él, avergonzado.
–No sé... me apetecía –le contestó el moreno sonriendo con lujuria.
–No... no me mires así... Maldito pervertido de mierda... dijiste que no me harías nada... –dijo alejándose cada vez más de él hasta que ya no hubo cama por la que alejarse. Sasuke gateó hasta él y acercó su cara a la del Uzumaki.
–Y no te haré nada... malo –rió. Se apartó de Naruto y se levantó. Encendió la luz y miró por la ventana, de pie. Naruto lo observaba confuso.
–¿Qué coño te pasa? Llevas comportándote de forma extraña desde que vinimos aquí –le dijo–. ¿Cuál es el maldito problema?
Sasuke suspiró, se dio la vuelta y se apoyó en el marco de la ventana para mirar al rubio.
–Pasa que... Que no se qué me pasa. Eres tú. No se que haces pero creas mucha confusión en mi cabeza...
–Obvio –interrumpió Naruto cruzando los brazos a la altura del pecho–, te has enamorado de mí –le dijo como si fuese la cosa más normal del mundo–. Si ya sabía yo que no podías resistirte –concluyó asintiendo.
–Es lo que yo pensaba –le dio la razón el otro–. Pero me niego a creérmelo. ¿Cómo he podido enamorarme de ti? Eso es ilógico. Eres demasiado... opuesto a mí –explicó cerrando los ojos, intentando comprender.
–Un momento... ¿estás hablando en serio? Yo... lo decía de broma –dijo un poco asustado.
–Idiota... pues claro que hablo en serio –dijo Sasuke frunciendo el entrecejo–. Y eso que normalmente me cuesta mostrar lo que siento... Pero no sé... es raro. No te lo sé explicar, pero contigo no me importa realmente.
–Oye... ¿en serio hablas en serio? –insistió el Uzumaki.
–Sí –contestó con impaciencia Sasuke.
–Va... vaya... Esto sí que no me lo esperaba. Es... raro, pero... creo que yo... podría sentir lo mismo –dijo mirando el suelo, pensando si realmente sentía algo por él. Si es que era así, él también lo veía ilógico, porque no se parecían en nada. Además, siempre le habían gustado las mujeres. Pero podría ser. Le gustaba estar con Sasuke, y pelearse con él, y reírse con él... y que lo besase. Se sonrojó al pensar en eso y negó levemente con la cabeza.
–¿No, qué? –preguntó el moreno.
–No... no puedo estar enamorado de ti –dijo inesperadamente alterado–. Tú ni siquiera me gustas, creo, y además... eres un hombre, y... ¡yo no soy maricón! –exclamó indignado–. ¡Es totalmente imposible que te quiera! Retiro lo que he dicho. No te quiero.
–Idiota... ¿En qué mundo vives? -le espetó Sasuke cabreado–. Te dije que no hicieras eso.
–¿El qué?
–Lo de decir que no eres maricón, como si fuese algo malo serlo. Eres un gilipollas, ¿sabes? No se cómo coño he podido llegar a enamorarme de alguien como tú.
–¿Por qué haces siempre lo mismo? –dijo de repente Naruto levantando un poco la voz, dolido–. ¿Sabes que duele? ¡Duele, joder! Siempre dices "alguien como tú" y no tienes ni idea de lo que me duele que me digas eso –chilló enfadado. Lo ojos se le humedecieron.
–No soy el único que te lo dice y no montas tanto escándalo...
–¡PORQUE NO ME IMPORTA LO QUE DIGAN LOS DEMÁS! –gritó aún más enfadado. Una lágrima cristalina brotó de su ojo derecho recorriéndole la cara–. No me importan los demás... porque tú eres el primero que me aceptó sin importarle quien fuera o lo que pudiese haber hecho en el pasado... –contó en voz baja–. Porque... eres la primera persona a la que quiero de verdad y a la que nunca me perdonaría perder. He... mentido. Realmente te quiero, porque me gusta mucho estar contigo y me importa lo que piensas sobre mí, aunque no me importa comportarme como un imbécil contigo...
Otra lágrima más, seguida de otras muchas. Sasuke no dijo nada. Se había quedado algo impactado con la respuesta del rubio. Hubo un silencio infinito antes de que Sasuke hablara y dijera en voz baja, en un susurro casi inaudible:
–Lo siento...
Se sentó en el suelo y bajó la cabeza.
–Yo sí que lo siento... –dijo Naruto con la voz quebrada–. Siento ser así...
–¡Cállate! –explotó Sasuke. Se levantó del suelo y abrazó a Naruto en actidud paternal.– Tú eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, no voy a permitir que hables así. Lo que dije no lo dije en serio, pero a veces me sacas de mis casillas y digo cosas que realmente no pienso –intentó disculparse.
Naruto correspondió a su abrazo. Permanecieron varios minutos así, en silencio. Sólo se oía la respiración agitada del rubio. Cuando se tranquilizó, pidió:
–Sasuke... por favor, no te vayas.
–No lo haré –sonrió con ternura.
–Te quiero –susurró Naruto–. De verdad que te quiero.
–Lo sé –contestó el Uchiha. Naruto le dió un beso corto y sonrió–. Yo también te quiero –añadió. Volvieron a besarse durante un buen rato.
–Oye... –llamó Naruto intentando separarse de la boca del Uchiha, el cual no se lo ponía muy fácil que digamos.
–¿Qué? –gruñó éste de mala gana, separándose por fin de él para mirarlo a los ojos.
–Estoy cansado, ¿qué tal si nos dormimos?
–Joder... Vale, como quieras... –asintió el moreno. La verdad era que no le apetecía nada dormir. No en ese momento.
–No te enfades, ¿vale? –dijo Naruto al ver la cara que ponía.
–No me enfado –contestó tumbándose en la cama–. Ven.
Naruto se acostó a su lado y se taparon con la manta. El rubio abrazó a Sasuke con cariño y no tardó en dormirse, con una sonrisita de felicidad en los labios. Al Uchiha le costó más dormirse, pero antes de decidir que no valía la pena cabrearse por tonterías así suspiró y sonrió de medio lado. No con prepotencia, sino con felicidad. Si estaba bien o mal lo que hacía le importaba poco. Sólo le importaba la felicidad que hacía mucho que no tenía.
...
A la mañana siguiente...
–Sí... Quiero tener la ducha hoy mismo.
–Hoy tengo que ir con mi señora al parque. No estoy para atender tus tonterías, muchacho –le contestaba el dueño del piso al otro lado de la línea telefónica, con notable impaciencia.
–¿Pero cree que me importa? ¡Es más importante lo mío! –replicaba el rubio con su mismo humor.
–Bueno, vale, tranquilízate... Joder con la juventud de hoy en día, no tiene nada de respeto por sus mayores...
–Joder... –resoplaba Naruto perdiendo la poca paciencia que le quedaba.
–¿Estás seguro de que no funciona?
–Que sí...
–Bueno, escucha. Voy a llamar ahora a unas personas para que te la arreglen.
–Vale –dijo Naruto juntando las manos, como dándole las gracias a Dios.
–En una hora como mucho estarán ahí.
–Un hora... está bien.
–Pues nada más. Venga...
–Adiós –se despidió colgando. Apagó el móvil y lo tiró al sofá. Se fue a la cocina, a ver si quedaban restos de pizza. Nada; vacío.– ¡Sasuke, despierta! –llamó.
El moreno no dio señales de vida. Esperó unos minutos pero no apareció nadie. Volvió a llamarlo: nada. Fue a la habitación. Sasuke estaba durmiendo con la cabeza debajo de la almohada. La manta y las sábanas estaban por los suelos, dándole a la pequeña habitación un aspecto más desordenado que de costumbre. Naruto se acercó, le quitó la almohada y se puso a golpearlo con ella.
–Vete... –oyó que decía el moreno con voz ronca y perezosa.
–Que te lo has creído.
Le dió un empujón muy fuerte, tirándolo de la cama, y empezó a reírse entre dientes al ver como Sasuke pegaba un bote por el susto y lo miraba con el pelo revuelto y el entrecejo fruncido.
–¿Contigo siempre me voy a despertar con dolores de cabeza? –preguntó con fastidio al ver que el rubio se reía de él.
–Ya te lo dije ayer. Vas a ver tú lo que es ser plasta... jajaja... –empezó a reírse–. ¡Señoras y señores! ¡El gran Sasuke Uchiha despeinado! ¡El mejor espectáculo del mundo! ¡No se lo pueden perder! En mi casa por una pizza... –anunció a las paredes–. No tenemos comida, Don Perfecto. Hay que salir –dijo después, dirigiéndose a Sasuke–. Levántate, anda –dijo ofreciéndole una mano para levantarse.
Sasuke no aceptó la ayuda y se levantó solo. Dijo algo entre dientes y se fue a buscar alguna cosa. En realidad el baño. No le resultó difícil encontrarlo porque la casa sólo tenía un dormitorio, un salón desde el que se veían todas las puertas del piso, una cocina y un baño. Ni siquiera tenía balcón o algo por el estilo, y para colmo estaba muy desordenado. Entró en el baño.
–¿No piensas limpiar nunca? –preguntó saliendo después de dos minutos. Naruto ya se había vestido.
–La verdad es que tenía pensado que lo hicieses tú. Al fin y al cabo me has explotado limpiando baños... –le dijo mirándolo con los ojos entornados–. Me las vas a pagar, desgraciado –susurró.
–Claro, claro... lo que tú digas. ¿Dónde está mi ropa?
–En el dormitorio. Date prisa porque en... –miró su reloj– media hora vienen a arreglar la caldera y tenemos que ir a comprar.
–Pues vamos luego –dijo Sasuke yendo a la habitación. Se vistió rápidamente y salió al salón. Naruto estaba escuchando algo en el móvil–. ¿Qué haces?
–Shhh... –lo acalló. Un rato después apartó el móvil de su oreja–. Los mensajes del contestador. La mayoría son de Gaara.
–Tu amigo, ¿no?
–Ajá... –contestó distraído, volviendo a acercar el teléfono a su oído.
–¿Dónde mierdas estás, tío? Llevas dos días sin dar señales de vida. Espero que no te haya pasado nada –le decía la voz del pelirrojo, al otro lado de la línea, muy alterada.
–Naruto, estamos muy preocupados. Por favor llama si oyes este mensaje. Ya no se que hacer con Gaara –contaba Temari con voz algo triste–. Se ha abandonado completamente.
–Naruto, ¿dónde estás? –oyó la voz de Rock después de unos cuantos mensajes más de Gaara–. Estamos preocupados por que te haya pasado algo. Neji se ha cabreado. Dice que quiere ir por su cuenta, que le dejemos en paz. Tienes que volver, las cosas van mal.
–Joder... –susurró Naruto preocupado.
–¿Qué?
–Neji... El del pelo largo. El primo de Hinata. Ya no está con nosotros... Y ese tío es muy peligroso.
–¿Primo de Hinata? –se extrañó Uchiha.
–Sí. ¿No lo sabías?
–No.
–Bueno, pues...
Fue interrumpido por el móvil de Sasuke, que empezó a sonar en ese momento.
–¿Qué hostias? –dijo éste sacándolo del bolsillo–. ¿Kakashi? ¿Sí? ¿Qué quieres?
–Tengo que hablar contigo. Es urgente. Vuelve a casa, y si puedes trae a Naruto también.
–¿A qué viene eso?
–No te lo voy a decir por teléfono, pero ven.
–Vendremos dentro de una hora y media más o menos. ¿Te parece bien? –preguntó el moreno al aparato.
–Vale, daos prisa.
–Tienes menos derecho que nadie a decir eso... –empezó a decirle. Kakashi pasó de él completamente y le colgó.– Bueno... Luego tenemos que volver a la okupa. Kakashi quiere decirnos no sé qué.
–¿Será lo de las pruebas médicas?
–No lo creo, no salen tan rápido.
–No habrá pasado nada, ¿no? –preguntó preocupado el rubio.
–No sé –contestó Sasuke con impaciencia–. Vamos a ordenar esto un poco, anda.
Se puso a recoger algunas cosas del salón. Naruto lo siguió y consiguieron ordenar un poco hasta que vinieron dos hombres a arreglar la caldera. Tardaron unos 20 minutos y se fueron.
–Qué rapidez –se extrañó Naruto–. Bueno, nos duchamos y nos vamos, ya comeremos algo donde Kakashi.
–No... Te voy a llevar a un lugar al que hace mucho que no voy.
–¿Ah, sí? –preguntó ilusionado–. ¿Me invitas a comer?
–Sí –contestó Sasuke encogiéndose de hombros. Naruto saltó sobre él y lo abrazó. Después le plantó un morreo del quince dejándolo medio ido–. Bueno... Vámonos.
–¡Sí! Y dime... ¿adónde iremos? –preguntó Naruto con curiosidad.
–¿Eh? Ah, sí... Es un restaurante japonés. Se llama Ichiraku. No está muy lejos de aquí. Solía ir hace años. Te va a gustar, ya verás.
–Nunca he probado la comida japonesa.
Salieron del piso, anduvieron durante unos diez minutos y llegaron a un edificio no muy grande con un letrero en japonés. Naruto dijo que el chino era muy raro y miró con una ceja alzada las letras con la pintura un poco desconchada, pintadas de negro.
Entraron y los atendió un hombre anciano de ojos rasgados, con un kimono de color azul claro. Era más bajo que ellos y andaba un poco encorvado. Estaba bastante arrugado y tenía una barba blancuzca, igual que su pelo. Levantó la cabeza para mirar a sus clientes y tardó un poco en hablar. Observó detenidamente a Sasuke y abrió los ojos por la sorpresa.
–¡Sasuke! ¡Cómo has crecido, hijo! Oye, siento muchísimo lo de tus padres. Me supo muy mal cuando me enteré –dijo serio cogiéndole una mano y apretándola entre las suyas.
–No pasa nada, Sarutobi-san –le contestó Sasuke, tratando de sonreír.
Naruto los miró sin comprender.
–Aún te acuerdas... –sonrió el anciano, soltándole la mano–. Me algro de verte, muchacho. Presentame a tu amigo, ¿no?
–Claro. Naruto, éste es Sarutobi-san, el dueño del restaurante. Sarutobi-san, éste es Naruto, un amigo.
–Encantado de conocerle –dijo el rubio tendiéndole una mano. El anciano la estrechó y le dijo:
–Aquí es más común saludarse haciendo una reverencia. Así –pronunció con su leve acento asiático, inclinándose un poco hacia adelante.
–¿Así? –preguntó el chico imitándolo.
–Exacto. Bueno, vamos, os buscaré una mesa.
Anduvieron por un estrecho pasillo de brillante madera, que olía a incienso. Enseguida llegaron a una estancia llena de mesas bajas de dos y de cuatro personas. El hombre les indicó que se sentaran en una mesa algo apartada, de dos personas, y les dio la carta.
–Bueno, cuando os decidáis me llamáis –les dijo, para después marcharse.
Sasuke asintió y el rubio se quedó mirando a su alrededor. A pesar de lo descuidado y viejo que parecía el restaurante por fuera, había bastante gente y la decoración de dentro era como la de las películas de Ninjas y Samuráis. A Naruto le gustó. De pronto reparó en algo y dijo:
–Creía que los japonese se quitaban las zapatillas cuando entraban en lugares así. Sale en las películas...
–En Japón. Aquí no lo hacen... –rió Sasuke. Naruto asintió vagamente y siguió mirando a su alrededor ensimismado.– Elige algo para comer –le dijo, despertándolo de sus pensamientos.
–¿Qué...? Ah... –cogió la carta y la miró–. Todo tiene nombres raros... Mmm... ¿Qué es el Ramen? Es lo único medianamente pronunciable...
–Una sopa de fideos.
–¡Me encantan los fideos! Quiero esto, entonces.
–Vale...
El moreno llamó al dueño del restaurante, le dijo lo que iban a comer y se puso a hablar con Naruto sobre lo que le parecía el restaurante. Diez minutos después les trajeron la comida.
–Que la disfruten –dijo la mujer que había venido a traérsela. Hizo una reverencia y se marchó.
–Emm... Yo no sé comer con los palillos éstos –dijo Naruto mirándolos raro.
–Ay, Dios... Mira... –Sasuke se levantó de su cojín y se puso detrás del rubio; cogió los palillos entre sus dedos.– Se cogen así, ¿ves? Pones este dedo aquí... y este otro aquí –explicaba mientras ponía cada palillo en su lugar–. Ahora tú.
El rubio cogió los palillos e intentó sujetarlos como Sasuke, pero sólo consiguió que se le cayeran sobre la mesa. El ojinegro los recogió y se los puso en la mano, sujetándola para indicarle cómo se hacía. Naruto se sonrojó un poco ante el contacto.
–Vale... creo que ya lo pillo.
–Bien –asintió Sasuke dándole un beso fugaz sobre la mejilla y yendo a sentarse en el otro lado de la mesa..
Naruto se sonrojó más si cabe, y centró su atención en la sopa humeante que tenía en frente.
–Huele bien... –comentó. Con un poco de dificultad empezó a comer, muy lento al principio porque se le resbalaban los palillos, después cada vez más rápido hasta que se la acabó–. ¡Wa! ¡Qué buena! ¡Quiero otro cuenco!
Sasuke simplemente rió y pidió más Ramen. Uzumaki lo engulló a toda pastilla y después pidió otros 3 cuencos más. Cuando se fueron se encontraron a Sarutobi en la salida.
–Vaya apetito tiene tu amigo –le comentó riendo a Sasuke, el cual sonrió.
–¡Es que el Ramen está buenísimo! –exclamó Naruto entusiasmado–. Volveremos pronto, ¿verdad, Sasuke?
Se despidieron y se fueron hacia la okupa, pensando qué era lo que Kakashi les quería contar.
…
1.SS: Eran una organización de élite. En un principio fueron creados como guardia personal de Hitler, bajo el control de las SA (no me apetece seguir explicando. Si quereis saber más, ya sabeis: Google).
2.Juramento de las SS. No se fielmente si estas son las palabras exactas, pero viene a ser algo así.
3.III Reich: Literalmente "tercer Imperio". Es como llamaban a la alemania nazi. Hoy en día hay gente que espera un Cuarto Reich, que dure más de 12 años.
4.Esta frase es de "El Exorcista: el comienzo", pero en realidad es "Dios no está aquí hoy, Padre" XD.
Un poco de innformación: Los NS (nazis) utilizan el número "88" para decir "Heil Hitler", y el "14" para referirse a las catorce palabras (Debemos asegurar la supervivencia de... bla, bla, bla. Salen el primer capitulo.).
Para más info Google estará encatado de ayudar.
