6. Pasado

Sasuke llamó a la puerta. Tardaron en abrir.

–Buenas... –saludó Hinata tímidamente dejándolos pasar.

–Hola, ¿y Kakashi? –preguntó Sasuke entrando, seguido de Naruto.

–Ah... Kakashi no está. Salió hace rato. Dijo que... volvería pronto.

–Vaya... y nos hace venir hasta aquí para esto... Con lo bien que se estaba en ese restaurante –comentó Naruto. Después le dijo entusiasmado a la chica:– ¡Un día voy a invitarte! ¡Te va a gustar, estoy seguro!

–Va... vale –tartamudeó ella sonrojándose.

Sasuke echó a andar hacia la cocina, ignorándolos. El rubio se despidió de Hinata y fue detrás de él.

–Tengo sed –dijo entrando en la estancia.

–Los vasos están en el segundo armario empezando por la derecha, el que tiene la pintada del monstruo ese –contestó Sasuke.

Pasaron un rato en silencio. Tiempo que Naruto empleó observando los diferentes dibujos de los armarios de cocina hechos con spray. Sasuke lo llamó cuando estaba viendo uno indescifrable de color azul añil y negro.

–Ven...

–¿Qué quieres?

–A ti.

–¿Qué...? –preguntó el rubio sonrojándose un poco.

–Vamos... no te hagas el tonto. Me apetece besarte y no quiero esperar, así que ven aquí.

El chico obedeció y se sentó encima de sus rodillas.

–Esto es ridículo... –murmuró.

–Tu sí que eres ridículo –interrumpió Sasuke. Medio segundo después le tapó la boca con la suya.

Se fundieron en un mar de besos húmedos y deliciosos. La boca de Naruto aún tenía el reciente sabor a Ramen y la de Sasuke un exquisito aroma dulzón. Todo un manjar que el rubio no recordaba haber probado nunca. Se acomodó un poco sobre su pelvis, pasando una pierna por encima de las de Sasuke, quedando con una extremidad a cada lado del moreno. Sintió como el calor iba subiendo de su estómago hasta su cara y hundió más la legua en la boca del otro.

Perdieron la noción del tiempo, enfrascados en esos cálidos besos. Comenzaban a calentarse cada vez más. Tan idos estaban que ni se dieron cuenta de cuándo el peliplateado hizo acto de presencia y se acercó a ellos sin pudor alguno para observarlos de cerca. Naruto abrió un ojo al sentir una respiración que no era la de Sasuke muy cerca de su cara...

–¡... AHHHHH! –gritó separándose del Uchiha al ver el ojo de Kakashi tan cerca del suyo. Casi se cae y se lleva con él a Sasuke, pero éste lo sujetó.– ¿PERO A TI QUÉ TE PASA, JODIDO DESGRACIADO? ¿ES QUE NO SABES LO QUE ES LA INTIMIDAD? –volvió a gritarle, soltando todo el aire de sus pulmones.

–Jujuju... Creo que me pasé... –rió Kakashi.

–Eres un... –empezó a decir Sasuke–. Un día despertarás con la cara desfigurada y no sabrás por qué –sonrió con mucha falsedad.

–Oh, vamos, vamos... tranquilizaos –dijo sentándose en una silla, al otro lado de la mesa–. Cuando queráis empezamos.

Naruto se levantó de encima de Sasuke y se sentó en una silla, en medio de los otros dos.

–¿Qué pasa? –gruñó mirando con los ojos entornados a Kakashi.

–Bueno, bueno... –resopló éste. Después se puso bien el parche del ojo y sacó un sobre del bolsillo trasero de sus vaqueros. Se puso serio y continuó.– ¿Os acordáis de las pruebas que os hicieron ayer? –Los chicos asintieron.– Pues en realidad no eran para saber si tenéis alguna enfermedad de transmisión sexual, porque ya sé que ninguno de los dos tiene ninguna –hizo una pausa para asegurarse de que los dos le prestaban atención. Naruto lo miraba con la boca levemente abierta y los ojos desorbitados, así que decidió seguir antes de que se lo comiese.– En realidad las pruebas eran una prueba de paternidad...

–¿Qué? –interrumpió Sasuke–. ¿Para qué quieres tú una prueba de paternidad?

–No me interrumpas. Bien, como decía, lo que he hecho ha sido una prueba de paternidad. –Volvió a hacer una pausa y miró detenidamente a Naruto, quien a su vez lo miraba a él sin comprender.– Esto va a cambiar tu vida por completo. Lo cierto es que tenía mis dudas de que fuese verdad, pero...

–¡Dilo de una vez! –cortó impaciente el rubio.

–Como quieras. Sé quién es tu familia. Conocí a tu padre y tú te has criado con tu abuela.

Silencio.

–¿Qué... qué estas diciendo? –preguntó Naruto con nerviosismo–. Eso es... imposible. Me abandonaron en la puerta del orfanato nada más nacer... Es... ilógico.

–No lo es. Tsunade tuvo un hijo, ¿verdad? –inquirió Kakashi.

–Sí... -musitó el Naruto. Las tripas se le revolvieron. No podía ser lo que se imaginaba.

–¿Has oído alguna vez hablar del "Rayo Amarillo" o "Yondaime", como lo apodaban?

Naruto asintió. Dos palabras más y le iba a dar un ataque. Pero contó lo que había oído de él.

–Es... –empezó con voz seca–. Es uno de los anarquistas más famosos de la ciudad, y también uno de los más odiados por los Nacional-Socialistas... Pero pensé... que estaba muerto... que sólo era una leyenda. Que todo lo que hizo es sólo una leyenda...

–No, no lo fue. Era hijo de Tsunade, la dueña de tu orfanato, y mi tutor, también. –Kakashi calló durante un instante y miró a Sasuke. Decididamente aquel era el momento de contarle toda la verdad. Absolutamente todo. Volvió a mirar a Naruto y prosiguió, dispuesto a acabar esa parte.– Murió hace 20 años, el día de tu nacimiento. Un día antes de morir me dio un frasco con un poco de sangre suya. No me dio explicaciones, sólo dijo que la guardara. Yo no sabía que su ex estaba embarazada, así que ni me imaginé en ese instante para qué me había dado aquel frasco. Hace unos días me di cuenta. Fue por eso que te pregunté en qué orfanato te habías criado; fue por eso que os puse el viernes por la noche Speed(1) en las bebidas, y el sábado os llevé al médico... Aunque no logro saber cómo se imaginaba que tú y yo nos íbamos a encontrar algún día, ni cómo sabía que iba a morir.

–Lo sabía... –suspiró Sasuke. Kakashi lo ignoró.

–Y las pruebas han dado positivo.

Se quedaron en silencio durante un buen rato. Naruto estaba asimilando la situación, hasta que por fin le vino a la cabeza una pregunta que nadie le había contestado aún.

–¿Cómo murió?

–Bueno... Murió en un incendio. Tengo una idea de por qué estaba allí, pero no sé si es verdad, es sólo una suposición. Salvó a varias personas, incluido un recién nacido. Entró a por la última persona y la salvó, a cambio de su vida. Era una mujer. Ella contó que el techo estaba por desplomarse y que él se metió en su habitación, la sacó en brazos, ya que ella apenas tenía fuerzas para caminar: acababa de dar a luz. La tiró al suelo para evitar que el techo la aplastase y él quedó ahí sepultado. La mujer salió arrastrándose. Dijo que él le había mandado que lo hiciera. Después de aquella noche desapareció y no se volvió a saber nada de ella –contó Kakashi. Pero no paró ahí y siguió con la historia.– Puede que fuera tu madre y que tú fueses ese recién nacido. También puede que ella provocara el incendio y que llamase a tu padre para decírselo. Él probablemente fue a intentar detenerla pero llegó demasiado tarde. Es duro, lo sé, pero tal vez no te quisiese o tuviese algún problema mental. También puede que él le pidiera como último favor que, ya que no iba a hacerse cargo de ti, te dejase en el orfanato del que era dueña su madre.

El rubio no dijo nada. Se sentía pequeño. Triste. Una lágrima que enseguida se encargó de secar brotó de uno de sus ojos celestes. Miró a Sasuke. Éste no lo miraba a él. Entonces oyó que decía:

–Vaya... así que al fin y al cabo no me has utilizado para nada... Hasta te agradezco que lo hicieras.

–No he teminado –le contestó Kakashi sereno–. Ahora viene tu parte.

–¿Mi parte? No me irás a decir que soy adoptado... –comentó el moreno levantando una ceja.

–No –interrumpió–. En realidad nunca conocí a tus padres.

–¿Qué? ¡Pero si dijiste que eras amigo de ellos! –exclamó el chico dando un bote en la silla.

–Es lo que dije. Pero en realidad al que conocía era... a tu hermano...

–¿Qué...? Tú... tú sabes dónde se encuentra, ¿verdad? –exclamó temblando.

–No, no lo sé. Mira... Itachi perteneció a mi cuadrilla hace ya muchos años. No era anarquista, ni nada por el estilo. Simplemente odiaba todo lo que oliese a nazi y le gustaba la violencia. No es por tratar de defenderlo y decir que no era mala persona, porque evidentemente una buena persona no hace lo que él hizo, pero tuvo una razón. Pongo la mano en el fuego a que lo hizo por algo, y también estoy seguro de que te quería, y aún te quiere, esté donde esté...

–¿Que me quiere? –interrumpió Sasuke sarcástico, sin poder creerse lo que llegaba a sus oídos–. ¿CÓMO COÑO VA A QUERERME SI ASESINÓ A TODA NUESTRA PUTA FAMILIA Y DESPUÉS ME ABANDONÓ COMO A UNA RATA INÚTIL? ¡Si eso es amor es que yo he estado ciego durante toda mi jodida vida! –le dijo cabreado.

–Cree lo que quieras, pero si algún día le vuelves a ver podrás comprobarlo por ti mismo. Antes te he dicho que no tengo ni zorra de dónde está, pero sí sé algo de él.

–¿Qué? –preguntó incrédulo. Se levantó de la silla a toda prisa, se acercó a Kakashi y lo cogió por el cuello de la camiseta gritando histérico.– ¡DIME TODO LO QUE SEPAS SOBRE ESE MALNACIDO! ¡AHORA!

–Suéltame –ordenó Kakashi serio. El joven obedeció–. Tu hermano pertenece a una mafia. Es un asesino muy temido entre las mafias de . y Japón, que es donde se mueve la suya principalmente. No te recomendaría nada que intentaras localizarle. Deberías dejar que él lo hiciese. Estoy seguro de que lo hará.

Sasuke se puso a dar vueltas por la cocina, nervioso. Naruto miraba a Kakashi con cara interrogativa. Éste le hizo una señal con la mano de que ya se enteraría de qué iba la cosa más tarde. Pero el rubio comenzó a hablar.

–Una vez oí... que hace como 7 u 8 años hubo un asesinato en el barrio en el que vivo. Un tío mató a toda su familia, menos a su hermano... Eras tú, ¿verdad? –preguntó a Sasuke, quien paró de repente, de espaldas a ellos, con la vista fija en la ventana–. Por eso estabas tan raro cuando fuimos...

–¿Qué? –interrumpió Kakashi, alterado–. ¿Vives en esa zona? –El rubio asintió.– ¿Y... No se puso violento? –volvió a preguntar, mirando a Sasuke, que no se movía. Naruto negó con la cabeza.

–No haré nada, tranquilízate –susurró por fin el moreno, con la voz un tanto inestable.

Se volvió y los miró. Sus ojos estaban empañados y reflejaban una profunda tristeza. Naruto saltó de su silla y lo abrazó, preocupado. Sasuke correspondió al abrazo.

–Siento no habértelo dicho antes, pero tenía que esperar a que encontrases algo que te mantuviese atado aquí. Ha sido por tu bien. Ahora podrías estar muerto, aunque no espero que me perdones –dijo Kakashi. Poco después salió por la puerta de la cocina y oyeron como la puerta de entrada se cerraba con un fuerte ruido.

Sasuke se aferró con mucha fuerza a la espalda de su "amigo", tratando de no llorar, aunque sin demasiado éxito. El rubio comenzó a acariciarle el pelo con mimo. Poco a poco, Uchiha fue soltando la espalda de Naruto y levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.

–Lo siento... –musitó.

-No tienes por qué disculparte -sonrió el otro dándole un beso en la mejilla, secándole una lágrima solitaria que se había escapado de su prisión. El moreno trató de sonreir.– Escucha... Tengo que ir a ver a Tsunade. Por favor, ven conmigo.

Diez minutos después estaban en la calle, caminado rumbo al orfanato.

–¿Dónde está Temari?

–Ha dicho que tenía que hablar con Tenten de una cosa...

–¿Pero está loca? –interrumpió Gaara impaciente.

El pelirrojo se puso a dar vueltas por la habitación mirando a su hermano con enfado. Algo más de cinco minutos después oyó la puerta de entrada y fue corriendo a recibir a su hermana.

–¡Por fin has llegado! ¿Qué hacías hablado con...?

–Cállate ya, Gaara, qué plasta eres.

–No lo soy.

–Mira –dijo tendiéndole un papel.

–Calle... número... ¡Vámonos ya!

Media hora después había un gran grupo de Skinheads y Skingirls reunidos en un parque. Iban armados con navajas, bates y sus armas preferidas: puños americanos.

Gaara estaba parado mirando la calle, esperando a que terminasen de llegar las últimas personas. Estaba decidido: iba a golpear a todo el que viese, destrozar todo lo que se opusiese en su camino y buscar hasta en el último rincón de aquella maldita casa de sucios. "Tonterías de adolescentes", le había dicho una vez su padre, hacía dos años, uno antes de morir. Tal vez tenía razón al decir que lo que ellos hacían (pegarse con los anarquistas y montarla en todas partes) eran tonterías de adolescentes, pero aquello ya no lo era. Aquella vez no iba a luchar por el mero placer de hacerlo, sino por salvar a un amigo, a una persona que de verdad le importaba. Seguía sintiéndose culpable por no haberlo encontrado antes y por una vez en su vida estaba dispuesto a pedir perdón.

Cuatro Skins enormes llegaban corriendo en ese momento.

–Heil –saludó uno de ellos–. Perdonad la tardanza, camaradas. Hemos tenido una avería con el jodido coche y no hemos podido llegar antes.

–Es igual, vámonos ya –dijo Temari mirando a su hemano pequeño.

–Vamos –dijo éste apartando la vista de la calle.

Partieron hacia la casa. La gente se apartaba de su camino por miedo o se cambiaban de acera al verlos acercarse. Cuando ya estaban cerca de la casa vieron a un hombre de pelo gris sentado en un banco. Gaara lo reconoció enseguida.

–Kakashi -murmuró.

Echó a andar hacia él. Los demás iban a seguirle pero Temari lo impidió y ordenó que entrasen en la casa.

–¿Dónde está Naruto? –preguntó el pelirrojo al acercarse al hombre del parche.

–No lo sé –contestó él sin mirarlo.

–¡Claro que lo sabes, hijo de puta! –exclamó Gaara furioso cogiéndolo del cuello de la camiseta.

–No, no lo sé –contestó Kakashi con tranquilidad.

Cogió a Gaara por la muñeca e hizo que lo soltara. Después empezó a caminar hacia la okupa. A Gaara se le desorbitaron los ojos por el enfado y se lanzó contra él cogiéndolo del cuello. Kakashi no tardó en deshacerse del agarre y lo empujó, haciendo que se tambalease.

–No esperarás que me quede de brazos cruzados viendo como tus putos coleguillas destruyen mi casa, ¿no?

–Te mataré... –susurró Gaara volviendo a lanzarse contra él con el puño en alto.

...

–¡SAKURA! –gritó Shikamaru corriendo por las escaleras, dejando a Iruka y Chouji con los ojos muy abiertos al verlo realizar una actividad física.

–¿Qué pasa? –preguntó ésta saliendo de la cocina.

–Los nazis están aquí, avisa a todo el mundo –habló deprisa, para después darse la vuelta y repetir el mensaje por toda la casa.

Sakura se tapó la boca con una mano, después salió corriendo y subió las escaleras hacia su habitación, no sin antes decirles a Kiba e Ino lo que había ocurrido. De debajo de la cama sacó un bate de hierro y después volvió a bajar al tiempo que la puerta de entrada era derribada.

Iruka, Chouji, Shikamaru, Moegi, Kiba, Konohamaru e Ino estaban en el salón con las armas preparadas. En la puerta vio una chica rubia con coletas que tenía la vista fija en Shikamaru, quien también la miraba a ella con una mueca extraña, como si le acabasen de dar una patada en el estómago.

–¿Dónde está? –preguntó dejando de mirar al chico y paseando la vista por todos lo presentes.

–¿Quién? –preguntó Sakura haciéndose la tonta.

–Lo sabes perfectamente, puta.

La pelirrosa sonrió con prepotencia.

–Ni aunque lo supiese te lo diría.

–Sí, ya, y yo me voy a tragar ese viejo cuento. ¡BUSCADLO! –ordenó a la peña que tenía detrás suyo.

–¡MOEGI, LLAMA A TODO EL QUE PUEDAS Y DI QUE VENGAN CON TODAS LAS ARAMAS QUE PUEDAN! ¡ESTO ES LA PUTA GUERRA! –gritó Shikamaru yendo hacía un tío alto que corría hacia las escaleras.

Ahí se desató la pelea. De nuevo anarquistas contra Nacional-Socialistas.

TOC, TOC, TOC.

Naruto llamó a la puerta del despacho de Tsunade nervioso.

–Adelante –contestó una voz de mujer desde dentro.

Se quedó un instante parado ante la puerta. Entonces sintió como una mano de Sasuke agarraba su izquierda. Volteó la cabeza para mirarlo. El moreno lo miraba con serenidad y una sonrisa tranquilizadora en los labios. Naruto asintió, le soltó la mano y giró el pomo de la puerta para después empujarla levemente hasta que quedó abierta de par en par.

Tsunade levantó la vista de sus papeles y tardó en reaccionar.

–¡Naruto! –exclamó cuando por fin lo hizo, levantándose y corriendo hacia el rubio que aún se encontraba en la puerta, con Sasuke detrás–. ¡Mi niño! ¿Dónde estabas? –preguntó alterada, abrazándolo con fuerza–. ¿Estás bien? –volvió a preguntar dejando de abrazarlo para acariciarle la cara y llenarle las mejillas de besos.

–Sí, tranquila, estoy bien.

–¿Dónde has estado, mi amor? El otro día vino un amigo tuyo preguntando por ti. ¿Has estado enfermo? ¿Tuviste una recaída? ¿Por qué no me lla...?

–¡Tranquilízate! –la interrumpió el chico sonriendo–. No me ha pasado nada. Estuve con él... –dijo apartándose un poco para dejar pasar a Sasuke.

–Hola –saludó éste.

–Oh... Hola... –saudó la mujer. Después miró a Naruto como pidiendo explicaciones.

–Te lo contaré todo. Vamos a sentarnos.

Tsunade se sentó detrás de su mesa y Naruto y Sasuke frente a ella.

–Esta semana he estado viviendo con Sasuke –comenzó el rubio, señalándolo–, y han pasado muchísimas cosas, y demasiado rápido... ¿Estuvo Gaara aquí? –preguntó de repente.

–Sí.

–Vaya... En fin, luego hablaré con él. Como te decía, han pasado muchas cosas. Lo más importante es que... No sé como decirlo –musitó rascándose la cabeza–. Creo que... tú eres mi abuela... y que mi padre fue tu hijo.

La mujer quedó con la boca abierta al escuchar aquello, pero se apresuró a decir:

–Te pareces, sí, pero... él nunca me comentó que tuviese un hijo, o que su novia estuviese embarazada... –susurró Tsunade cada vez hablando más bajo, y con la mirada más triste–. Aunque tampoco teníamos una relación demasiado buena... Yo... –la voz se le quebró y empezó a sollozar, escondiendo el rostro entre sus manos.

–No pasa nada –dijo Naruto con voz suave levantándose de su silla y yendo a abrazar a la desolada mujer–. No llores, ¿vale?

–No quiero que pase lo mismo contigo –murmuró correspondiendo al abrazo.

–No pasará lo mismo. Te prometo que siempre nos llevaremos bien, y que siempre serás mi abuela preferida...

–La única que conoces, tontín –dijo ella tratando de sonreír, volviendo a llenarle las mejillas de besos.

–Sí, jeje, tienes razón –rió Naruto.

–No se te ocurra volver a preocuparme de esta manera, ¿me oyes? –lo reprendió secándose las lágrimas.

–Pero si no he hecho nada –musitó el rubio volviendo a sentarse en su silla.

––Cómo que no has hecho nada? ¿Desaparecer durante una semana sin avisar siquiera te parece nada? ¿Estar con el móvil apagado y preocuparme de esa manera te parece nada? ¿Venir ahora aquí, tan de repente como si no hubiese pasado nada, te parece nada? -preguntó muy alterada.

–Relájate, no ha pasado nada. Estoy bien, soy feliz y todas esas cosas... No ha pasado nada –comentó Naruto moviendo los brazos, como restándole importancia al asunto.

Sasuke asentía en silencio.

–¿Y quién es él? –preguntó la rubia de repente.

–Es un amigo –sonrió con picardía su nieto.

–¿Un amigo? –murmuró irónicamente Sasuke.

–Sí, un amigo –le contestó Naruto con cara de pez–. Que yo sepa sólo somos amigos...

–Como dice Sakura: "amigos con derecho a roce".

–Sí... eso.

–¿Eres gay? –preguntó Tsunade con los ojos fuera de sus órbitas–. ¿Pero tú no eras homofóbico, racista, antisemita... y todo eso?

–Sí... bueno, es una larga historia...

–No lo es –cortó Sasuke–. El viernes hubo una fiesta y...

–Vale, vale, creo que no le interesan los detalles.

–...y nos colocamos y acabamos...

–¡Sasuke, vale ya! –volvió a cortar el rubio perdiendo la paciencia.

–...follando como conejos... –suspiró Tsunade.

Su nieto se quedó con la cara desencajada.

–Exactamente –concluyó Sasuke.

–Ay... La juventud de hoy en día...

–N... no fue mi culpa –se apresuró a decir el rubio.

–Pero gracias a eso sabes quién es tu familia, idiota.

–Sí... Pero no fue mi culpa.

–¿Gracias a eso? –preguntó Tsunade sin entender.

–Sí... me hicieron una prueba de paternidad diciendo que era una contra el SIDA... Pero no fue mi culpa...

–No tienes que darme explicaciones. Ya tienes edad para hacer lo que quieras... Esto es increíble... Pero eso significa que ya has superado tu problema, ¿no?

–Tú no te cortas nada, ¿verdad? –dijo el chico, molesto.

–¿Qué más te da? Si ya lo sé... –contestó Sasuke.

–¿Y si no lo supieses?

–Déjalo ya, Naruto, no sé por qué te avergüenza. Aquello no fue tu culpa.

–Pero es asqueroso –dijo el rubio con una mueca.

–Lo es, pero no fue culpa tuya –insistió su abuela.

–Eh... ¿Qué tal si dejamos el tema? –dijo hartándose.

–Como quieras.

–Por mí bien –susurró Sasuke encogiéndose de hombros.

–Emm... Creo que nos vamos a ir. Sólo venía a decirte eso. Volveré a visitarte dentro de poco.

–¿No queréis tomar algo?

–No, gracias...

–Yo quiero... –interrumpió Sasuke, que a su vez fue interrumpido por Naruto.

–No quieres nada, ¿verdad? –preguntó amenazante.

–Quiero un vaso de agua –dijo pasando del rubio olímpicamente.

–No quieres nada y se acabó. Ya nos vamos, ¿eh? Bueno Tsunade o abuela o... lo que sea. Ya nos veremos. Ciao –se despidió Naruto escabulléndose por la puerta y tirando de Sasuke para que lo siguiese.

–¿CÓMO QUE ABUELA? –oyó que gritaba Tsunade–. ¡NO ME VUELVAS A LLAMAR ABUELA! ¿ME OYES? ¡NO ESTOY VIEJA!

–Bueno, bueno... lo decía en el buen sentido de la palabra –musitó bajando las escaleras de dos en dos.

–¿Ya os vais? –preguntó la asistenta saliendo de Dios sabe dónde, sorprendiendo a los muchachos.

–¿Eh? Sí, hasta luego.

Ya en la calle Naruto apoyó la espalda en la pared y miró a Sasuke, quien también lo miraba a él con una ceja levantada.

–¡No me mires así! ¡Y no vuelas a hacer eso! ¿Me oyes? No sabes lo plasta que puede llegar a ponerse a veces...

–Idiota...

–¡Si tú te hubieses críado con alguien como ella me darías la razón!

–Ojalá me hubiese criado con alguien como ella -suspiró el moreno comenzando a andar.

–¿Qué? ¿Por qué? –preguntó el otro curioso, siguiéndolo.

–Ya lo sabes.

–¿Cómo fue? –volvió a preguntar poniéndose delante de él, caminando de espaldas.

–Qué puto cotilla eres.

–Va... cuéntamelo –dijo el rubio poniendo cara de cordero degollado–. ¡No seas malo!

–Y tú no seas crío.

–¿A que me lo vas a contar? ¿A que sí? Me lo vas a contar porque me quieres mucho-muchísimo y no quieres que me enfade, ¿verdad?

–No –dijo Sasuke sin más.

–Pues ahora me enfado y no respiro –dijo cruzándose de brazos, cerrando los ojos e hinchando los mofletes.

Sasuke comenzó a reír hasta que vio como Naruto perdía el equilibrio al chocar con una papelera. Se apresuró a cogerlo para impedir que se cayese. Lo agarró justo a tiempo por la cintura, quedando sus caras a escasos centímetros la una de la otra. Entonces sonrió con malicia y le dio un beso rápido antes de levantarlo para que se estuviese de pie solo.

–No hagas esas cosas –dijo el rubio en voz baja, frunciendo el entrecejo.

–¿El qué? ¿Esto? –preguntó Sasuke volviendo a besarlo.

–¡Bastardo! ¡He dicho que pares! –volvió a decir, levantando la voz.

–¡Vamos, ven conmigo! –exclamó el moreno tirando de él y echando a correr por la gran calle.

Hinata estaba sentada en el columpio en el que solía sentarse de pequeña, en el parque al que llevaba acudiendo toda la semana desde que había visto a su primo, en la pelea. Cada vez que pisaba ese lugar se deprimía más al recordar lo bien que lo pasaban de pequeños y después ver cómo había intentado matarla antes de que Kakashi interviniese, hacía tan solo una semana.

Como la mayoría de los días las lágrimas volvían a brotar de sus ojos claros. Se pasó la mano por ellos secando las lágrimas, pero ellas volvían a brotar. No pudo evitar comenzar a sollozar y escondió la cara entre sus pálidas manos.

–¿Por qué...? –le preguntó al silencio que reinaba en el solitario parque. Ya estaba anocheciendo por lo que todos los niños se habían ido a sus casas.– Esto no debería estar pasando... No... –Lloró con más fuerza, bajando la cabeza hasta las rodillas, respirando con dificultad. Por muchos años que pasasen nunca olvidaría lo mucho que quería a su primo. Era un amor inocente e infantil, como cuando eran críos, pero ella lo seguía sintiendo, y seguía sin entender por qué sus padres los habían separado, por qué él la odiaba.

No lo oyó, pero Neji se sentó en el columpio de al lado y comenzó a balancearse lentamente, sin hacer ruido, mirándola serio. Ella levantó la cabeza dispuesta a secarse las lágrimas cuando se dio cuenta que había alguien a su lado, y se asustó mucho al comprobar quién era.

–¿Qu... qué haces aquí? –tartamudeó casi cayendo del columbio.

–Tranquila, no vengo a hacerte nada –contestó el otro con voz serena.

–Yo... ya me iba... –dijo levantándose, dispuesta a salir de aquel lugar lo antes que pudiera.

–Si es por mí no te molestes.

Hinata volvió a sentarse con un leve rubor en las mejillas y la cabeza agachada. Su primo la miraba serio sin decir palabra. Ella levantó un poco la vista para preguntar en un murmullo.

–¿Por qué no haces nada?

El moreno sólo se encogió de hombros.

–Neji... ¿por qué no nos dejaron jugar más?

Él volvió a encogerse de hombros, aunque realmente sabía la respuesta. A Hinata volvieron a brotarle las lágrimas de los ojos. Su primo no hizo ningún ademán de moverse durante unos minutos. Entonces habló.

–Nuestros padres son hermanos, ya lo sabes. En el pasado, antes de que nuestro abuelo muriese hubo una discusión muy fuerte. Nuestro abuelo no quería repartir la herencia y al enterarse de esto la codicia pudo con nuestros padres. Compitieron por la herencia y Hiashi ganó. Entonces nuestros padres tuvieron una discusión muy fuerte y se distanciaron. No querían ningún tipo de conexión entre nuestras familias y mi padre me dijo que no debía hablar más contigo, que te iban a convertir en una corrupta y querrías acabar conmigo. Por eso decidí adelantarme y acabar yo antes contigo.

»Eso surgió cuando mi padre la palmó. Yo pensé que era culpa tuya y de tu familia –explicó sin apenas cambiar la expresión de su cara. En cambio la de la chica sí cambió a una de espanto y angustia.– Pero esta última semana –prosinguió–, me he alejado de todo el mundo y me he puesto a pensar y buscar en la historia de la familia. Durante generaciones han sido unos malditos corruptos, violentos y cabeza huecas, y eso es lo que me han hecho ser a mí.

»Tú, sin embargo, no has caído, y por eso de una forma u otra te admiro. Esta noche iba a irme de la ciudad y no volver nunca más, pero quería pasar por este parque por última vez para recordar lo estúpido que he sido. Y por último... iba a pedirte perdón por cómo te he tratado y por haberme dejado llevar por las estupideces de nuestra maldita familia.

La chica se mordió el labio inferior por no empezar a sollozar de nuevo. No sabía que decir.

–Es comprensible que no me vayas a perdonar. Es normal, después de todo, he intentado matarte –dijo. Su cara reflejaba cierta tristeza cuando se levantó del columpio y sin decir nada más comenzó a caminar despacio, con las manos en los bolsillos, dándole la espalda a Hinata.

–No te vallas –dijo ésta sin voz–. ¡Neji, por favor, no te vallas! No otra vez... –pidió levantándose del columpio y corriendo hacia él para abrazarlo por la espalda–. No puedes dejar que nos vuelvan a separar sin luchar.

–Es el destino, Hinata –dijo él sonriendo con melancolía.

–El destino no existe, y si me equivoco se puede luchar contra él.

–¿Quién te ha dicho esa tontería? El destino existe, y mi destino es irme de aquí. No quiero que sigas sufriendo...

–Entonces quédate –lo cortó soltando el agarre para ponerse frente a él–. Tienes que quedarte, por favor.

–¿Por qué tengo?

–Porque ahora... las cosas son diferentes. Ahora todo va a ir bien –aseguró sonriendo con dulzura.

Neji también sonrió.

–Si tú lo dices... debe ser verdad.

Y la abrazó con fuerza, como si no la hubiese visto en muchos años.

–Te pillé. Eres muy escurridizo pero no voy a dejar que te escapes tan fácilmente.

–Vamos, mujer, no seas así. Esto no tiene sentido –le dijo por decimoquinta vez.

–Claro que lo tiene –contestó ella blandiendo el bate que sujetaba con las dos manos–. La otra vez nos quedamos a medias por la puta pasma, pero esta vez no me van a joder a mí, sino a ti.

–Oh, vamos... ¿Eh... cómo te llamas?

–Temari.

–Vamos, Temari, yo ni siquiera te conozco, no me apetece pelear contigo –dijo Shikamaru con voz cansada.

–Tú no me conoces pero yo a ti sí, y pienso dejarte sin cara, igual que dejaste tú a mi ex. ¿Te acuerdas de ese tío al que pegaste, alto, de ojos verdes, pelo rapado, y que ese día llevaba unos vaqueros piratas y una Bomber azul marino? Pues como a él te voy a dejar yo.

–Oh, vamos, si es tu ex, ¿qué más te da lo que le haya hecho?

–Es mi ex porque se ha ido a otra ciudad y yo me voy a vengar por él.

Shikamaru resopló con pesadez. ¡Hasta dónde había llegado eso! Estaban en el tejado de la casa. Había logrado burlar sus golpes y huir, pero ella no se había dado por vencida. Empezaba a pensar que las mujeres le tenían manía, porque todas iban a por él. Si no a pegarle, a insultarle. Pocas veces recordaba haber conocido a una mujer sin acabar a insultos con ella. Por desgracia aquella no era una de esas pocas veces.

–¿Por qué las mujeres no me quieren? –preguntó al cielo para volver a empezar a correr por todo el tejado.

...

–Os tenemos rodeados, ya no tenéis nada que hacer, nazis de mierda –insultó Kiba con una sonrisa de autosuficiencia en la cara.

–Cabrones –dijo Kankuro, al que Shino tenía agarrado por el cuello, tumbado en el suelo.

–Reconocedlo, no servís ni para putas... ¿qué coño? Eso es un trabajo digno, vosotros no sevís ni para tiraros a la basura –soltó Ino.

–Sí... clavaremos vuestras cabezas en estacas –rió Sai.

Habían llegado muchos anarquistas para apoyar a los que ya estaban. También Sai había aparecido en cuanto Ino lo hubo llamado. Eran más del doble de anarcas que de nazis y los habían pillado a todos, menos a Temari, que seguía en el tejado con Shikamaru.

La cuestión era qué hacer, y dónde estaba Kakashi. ¿Soltar a los nazis sin más o hacer algo con ellos? Sakura optaba por sacarles por la puerta de una patada en el culo, Sai quería ver sangre, Ino los quería tirar por la ventana, Moegi quería pegar a Konohamaru por razones desconocidas, Kiba quería despedazarlos... En fin, muy pocos querían dejarlos ir sin más porque pensaban que retenerlos ahí era una tontería.

Los nazis en cambio se cagaban en todo lo que se movía y lo que no. Los habían vuelto a humillar y no había nada que hacer. No tenían líder, ni armas, ni absolutamente nada. Algunos hasta tenían miedo de lo que pudiese llegar a ocurrir.

Un rato después en el tejado...

–¿Y fumas todos los días esta mierda?

–Sí... es relajante –dijo dándole una calada al canuto que Temari le pasaba.

–Sí que lo es –comentó ella asintiendo.

–¿No ves? Si es que la paz es mejor que la guerra.

–Eres un puto hippie –se buló la rubia.

–Bah... lo que sea. Pero tengo razón.

–Si tú lo dices... jujuju...

–¿Qué pasa?

–Nada... juju... –reía ella con los ojos brillantes.

–¿Nunca antes habías fumado porros? –preguntó Shikamaru extrañado.

–Sólo tabaco –contestó la rubia asintiendo.

–Claro, claro, que los nazis no sois yonkis.

–A diferencia de otros –rió.

–No eres la más indicada para hablar en estos momentos, ¿sabes?

–Cállate si no quieres que te dé de hostias –amenzó Temari estirándose.

–Bueno, vale...

–¿Vamos a quedarnos aquí toda la noche? –preguntó Naruto inspeccionando el salón de la casa de Uchiha.

–No. No hay agua corriente, ni calefacción, ni luz, ni nada. Vamos a ir a tu casa, que está aquí cerca –contestó el otro desde uno de los dormitorios.

–¿Qué buscas exactamente?

–A lo mejor mi hermano dejó algo... No sé. Simplemente se me ocurrió que aquí podría haber algo. Gracias por haber venido.

–No es nada. ¿Pero si había algo, no lo habrá cogido la policía? –se extraño el rubio.

–Supongo.

–Amm...

Sasuke siguió buscando en los cajones aunque sabía que no habría nada ya que la policía había registrado la casa hacía años, pero no quería rendirse. Salió de lo que había sido el dormitorio de sus padres para dirigirse al de Itachi. Buscó entre papeles, libros, cuadernos y todo lo que hubiera en aquella habitación, pero no encontró absolutamente nada. Buscaba algo parecido a una nota. Miró debajo del armario con la linterna del mechero. Nada. Lo levantó un poco para mirar debajo de sus patas. Tampoco había nada. En aquella habitación definitivamente no iba a encontrar nada más que suciedad. Sólo quedaba una por mirar: su propio dormitorio.

Empujó la puerta con cuidado. La persiana estaba bajada y al entrar una capa gruesa de polvo amortiguó sus pasos. Se dirigió hacia la ventana y levantó la persiana que, como las otras, seguía en buen estado. Como vivía en el último piso, aún entró algo de luz natural.

Empezó a revolver los cajones, el armario y el escritorio, y como antes, no encontró nada. Buscó por todos lo rincones de la habitación, tal y como lo había hecho en las otras dos, pero no encontró nada.

Entonces se dirigió a la persiana para bajarla de nuevo. Con un poco de cansancio levantó el brazo para agarrar la cuerda cuando se le ocurrió algo.

–Claro... ¡Eso es! ¡La persiana! –se dijo.

Sasuke, no toques la persiana, ¿quieres?

¿Por qué?

Porque está estropeada –contestó Itachi.

No, no lo está –negó un pequeño de pelo moreno y ojos vivaces y oscuros.

Sí, sí lo está. Anda, vete a jugar mientras la arreglo.

-¿Por qué no juegas conmigo a la consola?

¿Te parece que tengo edad para jugar con un crío? –le preguntó Itachi a su hermano con aires de superioridad.

Tú siempre tan amable –contestó el pequeño haciendo una mueca y sacando la lengua.

Vete –exigió su hermano sin mirarlo, poniendo una silla frente a la ventana y subiéndose a ella.

¿Qué estás tramando?

He dicho...

Que me vaya. Que sí, que sí, ya me voy–-dijo poniendo cara de fastidio.

Sasuke hizo lo mismo que había hecho su hermano. Puso la silla de su escritorio en frente de la ventana y se subió a ella. Lentamente fue desencajando la tabla que cubría el mecanismo de la persiana hasta que la quitó completamente y la dejó en el suelo. Acto seguido encendió la pequeña linterna que tenía en la mano e iluminó el agujero. Dentro sólo pudo ver suciedad y bichos. Quitó como pudo las telas de araña y fue cuando lo vio: un simple trozo de papel sucio. Lo sacó y quitó una pequeña araña que estaba sobre él, y lo desdobló para leerlo. Estaba amarillento y lleno de manchas por la humedad. Algunas letras se veían borrosas. Pudo leer:

'Si qui res saberlo, búscame y en uéntrame. Te est ré esperando, hermanito.'

Aquello era todo. Una nota emborronada y vieja que no daba ninguna pista; nada. Sólo decía "encuéntrame".

–Desgraciado de mierda, cuando te encuentre juro matarte con mis propias manos y entonces...

–¡Sasuke! ¿Qué estás diciendo? –preguntó Naruto alterado desde el marco de la puerta.

–Nada. Vámonos –contestó el moreno secamente.

Salió de la habitación con la nota arrugada en la mano. Naruto lo siguió extrañado.

Media hora después estaban sentados en la cocina del rubio, comiendo las hamburguesas que habían comprado en la nueva hamburguesería americana de la esquina de enfrente del portal.

–Shi eftaba cantado que no enfontrarías nada, ¿para qué fuscaste? –preguntó Naruto con la boca llena, escupiendo mostaza en la mesa.

–No hables con la boca llena, que no se te entiende.

–Joder... –se quejó tragando–. Que si sabías...

–Porque sí, pensé que los maderos se habrían dejado algún rincón –contestó Sasuke.

–Como te gusta tocar los huevos –susurró Naruto entornando los ojos.

–Te encanta que te los toque, no me digas que no. ¿Te acuerdas de esto? "Sí... Sasuke... vamos sigue, trágatelos... vamos... así, sí... ahhh..." –imitó el moreno con voz burlona, sonriendo con malicia.

–Que-te-jo-dan –pronunció el rubio visiblemente sonrojado, más que por vergüenza, por rabia.

–Tú desde luego no.

–¿Ah, no?

Sasuke negó con la cabeza sonriendo con la prepotencia de siempre.

–¿De veras? –preguntó Naruto bajando la voz hasta convertirla en un susurro apenas audible.

–De veras.

–No estés tan seguro.

–Oh, estoy más que seguro –afirmó Uchiha convencido.

–¡Como quieras! –exclamó el otro sonriendo, levantándose de la mesa y tirando a la basura lo que le quedaba de hamburguesa–. Me voy a duchar.

Se metió en el baño silbando una conocida canción de Hardcore(2). Se deshizo rápidamente de su ropa y se quedó dando vueltas un rato por el baño, simulando hacer cosas mientras esperaba que Sasuke picara el anzuelo. Y como la curiosidad mató al gato, Sasuke tiró también su hamburguesa poco después de oír como Naruto abría el grifo de la ducha.

Se quitó en el salón toda la ropa, menos los boxers y se metió en el cuarto de baño. Naruto había dejado la puerta abierta y estaba seguro de que lo había hecho aposta, pero aún así entró con el mayor sigilo posible. Se deshizo de la única prenda que aún portaba y corrió la cortina de la bañera de un manotazo, entrando en ella sin pudor alguno.

–Sabía que picarías... –oyó la voz burlona del rubio. Antes de que se diese cuenta, un chorro de agua helada le estaba mojando la cara, dejándolo completamente desconcertado y bajando la guardia, por lo que Naruto aprovechó para estamparlo contra la pared.– Te pillé.

–Capullo.

–Qué tonto eres –se burló Naruto haciendo presión a la altura de un riñón, en un punto muy doloroso, haciendo que Sasuke soltara un quejido y cayera de rodillas, momento que aprovechó para abrir el grifo del agua caliente y dejar que ésta se ajustara sola mientras él también se ponía de rodillas detrás del moreno y comenzaba a lamerle el cuello con lujuriosa lentitud.

–Basta... –dijo Sasuke intentando empujarlo, aunque tampoco tenía ganas de librarse de Naruto. Su cuello era uno de sus puntos débiles, y ahora el otro lo sabía.

–Sé que te gusta –ronroneó Naruto cerca de su oreja derecha para después comenzar a morderla.

Sasuke sólo soltaba gemiditos de placer mientra sentía como la mano magullada del otro muchacho se movía paciente por su pecho, acariciando los ya duros pezones de paso pero sin detenerse a prestarles atención, mientras con la otra mano, tras haber dejado el mango de la ducha en la bañera, le iba echando gel de ducha en la espalda. Besaba con ansia su nuca, haciéndole cosquillas, adormeciéndolo pero a la vez entregándole un placer paradisíaco.

Se dejó hacer apoyando las manos en los azulejos húmedos por el vapor, suspirando con cada caricia, con cada roce. El rubio dejó su pecho para subir la mano hasta su cara y volverla un poco hacia atrás, para así cazar sus labios dulces durante largo rato, mientras la otra muñeca le enjabonaba todo el cuerpo con suaves masajes insinuantes, sobre todo en la zona púbica. No tardó en bajarla hasta su pene endureciéndolo más de lo que ya estaba, consiguiendo que se tensara y calentara.

–Ah... –suspiró Sasuke–. Más... –rogó con voz tremendamente ronca pero a la vez infantil.

–Como ordenenes –le contestó el rubio con picardía, sujetando el miembro del moreno y comenzando a subir y bajar la mano, cada vez más rápido, arrancando gemidos roncos de la boca del de ojos pardos.

Su escurridiza lengua se perdió delineando el blancuzco mentón del chico mientras éste pedía cada vez más. Pero no iba a dárselo todo a cambio de nada. Intentaba mantener su pelvis lo más alejada posible del trasero de Sasuke, pero la tentación era grande. Entonces dejó su miembro y su mentón para enjabonarse su propio cuerpo y atender un poco a su amigo del piso inferior, quien pedía un poco de interés por parte de su dueño.

Y le concedió la atención que pedía con la mano sana, mientras la otra, tras acabar de echarse gel por todo el cuerpo, volvió a la cara del moreno para acariciarla y comenzó a darle besitos alrededor de los labios entreabiertos.

Dejó su miembro para poner su mano sobre el trasero de Sasuke, masajeándolo y haciendo mimitos con las uñas, consiguiendo que el ojinegro se estremeciera. Bajó la mano hasta el muslo derecho empujándolo un poco para separar las piernas y después al izquierdo, repitiendo la acción. Dos de sus astutos dedos enjabonados se encaminaron hacia la entrada tan ansiada de Sasuke, y comenzaron a masajearla sin llegar a penetrar, logrando arrancarle más gemidos de placer y relajándolo. Rápidamente los retiró, llevó la mano hacia su miembro y, sujetándolo para indicar el camino exacto, comenzó a penetrarle sin pedir permiso.

–AH... –gritó el moreno con un espasmo.

Naruto lo ignoró y siguió con su trabajo, introduciendo el pene hasta que lo creyó adecuado. Entonces comenzó a besar los hombros de Sasuke con delicadeza.

–Eres un bruto –dijo éste. De los ojos le salían lágrimas por el dolor–. Ni siquiera se te ha ocurrido avis...

Naruto lo acalló tapándole la boca con su mano mala, introduciendo el dedo índice en aquella cavidad.

–Shhh... Tranquilízate –murmuró.

Sasuke mordió el dedo del rubio sin hacer demasiada presión y en cuanto lo soltó Naruto comenzó a moverse, penetrándolo con suavidad al principio y con brutalidad a medida que aumentaba la velocidad y los gritos y gemidos de Sasuke. Sus jadeos y suspiros se perdían en el cuello blanco que estaba besando, junto al ruido que hacía el agua que aún seguía haciendo remolinos en sus pies.

–Ah... no tan... no... Vas muy rápido... –dijo el moreno apoyando la frente en la pared.

–Calla... –susurró Naruto mordiéndole el cuello y después succionando con fuerza la mordedura, dejando marcas rollizas por toda la blanca espalda.

Sasuke, por su parte, trataba de acostumbrarse a la invasión relajándose, y cada vez sentía menos dolor desagradable, hasta llegar al punto de llegar a un dolor erótico y agradable, incluso placentero, que invadía su cuerpo y alma por completo, nublando su sentido. Gemía, gemía de placer y suspiraba el nombre del rubio. Comenzó a subir y bajar su pelvis pidiendo un aumento del ritmo que el otro chico llevaba; aumento que le fue concedido con mucho gusto, ya que Naruto se moría por embestirlo con todas sus fuerzas.

–Ah... Naruto... ¡Naruto! –gemía–. Ya... ya no lo puedo aguantar...

El rubio cogió el miembro de Sasuke con su mano sana y comenzó a masturbarlo con fuerza, haciendo que el otro gritara más su nombre. Con la otra mano empezó a pellizcarle los pezones.

–¡NARUTO! –gritó Sasuke antes de venirse sobre su mano, contrayendo involuntariamente su entrada, haciendo que, sin poder evitarlo, el rubio también se viniese en su interior.

–Ah... Sasuke... joder... –jadeó apoyando la frente en la curvatura de su hombro izquierdo–. Te quiero... en serio... –susurró saliendo de su interior.

–Yo también... –musitó Sasuke dándose la vuelta para abrazarlo.

Acabaron de ducharse y de vestirse y aquella noche durmieron como ninguna desde que se conocían. Abrazados, sólo tapados por la única manta de la casa, sus respiraciones tranquilas bailaron una danza al son del TIC TAC del reloj de mesilla de Naruto, totalmente ajenos a cualquier ruido, incluidos sus móviles, uno en el salón y otro en el cuarto de baño que no pararon de sonar en más de una hora.

1.Creo que es hora de resolver el misterio del Speed. La verdad es que hay gente que se pone cachonda cuando se mete, así que... ahí está la cosa.

2.El Hardcore es un subgénero del punk-rock, más rápido y desgarrado.