8. Últimos días

Día 1.

–¿Sasuke, qué te pasa? Hoy estás muy cariñoso.

–Nada, ¿qué quieres que me pase? –contestó besándole la nuca con dulzura.

–Jeje... me haces cosquillas...

–Te quiero –le susurró poniéndose en frente suyo y besándole los labios.

El rubio correspondió al beso y lo abrazó. Aunque no entendiera exactamente qué le pasaba a Sasuke le encantaba que por una vez se portara así, y no porque fuese un romántico, sino porque así podía relajarse y olvidarse de lo que había ocurrido con Gaara. Él lo creía su amigo, creía que si le contaba todo lo ocurrido Gaara lo comprendería, porque había sido su mejor amigo durante años. Pero lo que el pelirrojo hizo fue rechazarlo, renegar de él. Y todo eso le había dolido en el alma.

Tienes vista –le dijo el guardia.

Naruto se había quedado en el suelo de la celda, esperando a que Gaara llegase, tal y como le había dicho Temari que haría. Y allí estaba. Con sus ojeras de siempre, tal vez más marcadas que de costumbre, sus botas y su Bomber. Había echado mucho de menos ver a aquel tipo y su forma de andar, con tanta chulería. Pero tenía un corte en la cara.

¡Naruto! –exclamó el pelirrojo al verlo­–. ¿Cómo estás?

Me alegro de verte Gaara. Estoy bien, ¿y tú?

Mejor. Tío, me tenías preocupado. ¿Qué te han hecho esos putos sucios?

Nada, ¿no ves que estoy bien? –le dijo riendo. Se levantó del suelo y se acercó a los barrotes hasta quedar frente a él.– ¿Qué te ha pasado en la cara?

Na', movidas con los sucios.

¿Con qué sucios? –preguntó con una sonrisita irónica.

Con Kakashi y los suyos. Que puto asco, ¿dónde coño estabas? Y encima hoy Temari no ha venido a casa.

Temari está bien, no te preocupes por ella. Yo estuve con Sasuke.

¿Sasuke? ¿Qué hacías con ese gilipollas? No te habrá hecho nada, ¿no? –dijo funciendo el entrecejo.

Tranquilízate. No me ha hecho nada. Es buena gente.

Claro, todos los sucios son buena gente, por eso nos llevamos tan bien con ellos –ironizó cruzándose de brazos, visiblemente mosqueado.

Te lo digo en serio. Mírame, si no fueran buenas personas probablemente estaría muerto –le dijo Naruto riendo y señalándose la cara.

Sin embargo Gaara permaneció serio, con su actitud fría de siempre, mirando a Naruto sin verlo. No podía ser que su amigo hubiese abandonado todo en lo que creía. Ideología, raza, superioridad... Parecía que ya no quedaba nada de todo eso en Naruto. Pero, ¿qué era lo que lo había cambiado?

¿Qué ha pasado? –le preguntó Gaara.

Nada, ¿qué va a pasar?

Tú sabrás. Parece que te has olvidado de que teníamos algo en común por lo que luchar, un mundo...

Gaara, escucha –lo interrumpió Naruto cambiando su cara alegre por una seria–. Lo he estado pensando estos últimos días. Nunca hemos tenido algo por lo que luchar, sino algo para odiar. Toda la vida hemos estado solos a pesar de estar rodeados de gente y por eso nos volvimos así. Nos unió el odio hacia todo el mundo, aunque lo canalizábamos como odio hacia los anarquistas, los negros, los judíos... Pero en realidad nunca tuvimos nada por lo que luchar. Sólo era tratar de sobrevivir, hundir a aquellos que nos hundieron de pequeños... Gaara, mírame –le exigió al ver que el pelirrojo observaba las paredes, como ausente–. Ellos sí tienen algo por lo que luchar, pero nosotros dos no. Tal vez muchos de los NS que conocemos sí creen realmente en la ideología... pero nosotros no. Es sólo una fachada, admítelo.

¡No es una puta fachada! Lo tuyo es una fachada. Nunca has tenido amigos hasta que llegué yo, es normal que sea una fachada para integrarte, pero lo mío no. No me hables de nosotros, habla de ti. No me esperaba esto, tío, en serio. ¡Eras nuestro jodido líder! ¿Qué coño ha pasado? ¿Los sucios te han comido el coco? –preguntó señalándose la cabeza con el dedo índice–. ¿Es una de esas putillas? ¿Eh? ¿Te has cepillado a alguna y ella te ha hecho tirarlo todo a la mierda? Son unas manipuladoras y tú un imbécil que se deja manipular.

No digas gilipolleces, Gaara. Ni son unas putillas, ni son manipuladoras, ni me he tirado a ninguna.

Oh, vamos, ¿pretendes que me lo crea? Uno no cambia de parecer de la noche a la mañana. Algo te han hecho.

¡No me han hecho nada! ¿Por qué no puedes comprender que me he dado cuenta de cómo van las cosas? Realmente no hay razas superiores...

Nosotros somos la raza superior –lo interrumpió.

No, no lo somos. He conocido a un peruano. Es una tío cojonudo, de los mejores que he conocido. No es blanco, ni europeo... Y sin embargo es un tío de puta madre. Tú crees que ellos son unos ignorantes, pero ese tío sabe más que yo de muchas cosas. Yo al lado suyo soy un ignorante, tú mismo lo eres.

No me vengas con gilipolleces intelectuales –le espetó Gaara levantando la voz con cada palabra–. Ellos son una mierda. Nosotros, lo europeos fuimos los que dominamos el mundo. Ellos son simplemente retrasados que aún viven en la selva y comen carne cruda. Pero no es sólo eso. Ahora estás de su parte, de los "sin gobierno". ¿Te has vuelto anarquista también?

Nunca seré anarquista. Sabes muy bien que la anarquía no me gusta, pero sí estoy de su parte en muchas cosas. Ahora sí. Si algún día lo comprendes dímelo y entonces hablaremos –dijo con voz tranquila, volviendo a sentase en su rincón de la celda.

Gaara agarró los barrotes y se puso a gritar como un loco, sin importarle que se encontrase en una comisaría, con los ojos fuera de las órbitas.

ASÍ QUE AHORA APOLLAS A LOS MARICONES, NEGROS, JUDÍOS Y TODA ESA CLASE DE BASURA, ¿NO? ESO ES QUE TE HAS VUELTO UN PUTO MRICA DE MIERDA COMO ELLOS.

No es lo que tú crees.

SI ES LO QUE YO CREO. TE HAS VUELTO UN PUTO MARICA, ¿VERDAD? ¿Y QUIÉN ES EL "AFORTUNADO"?

GAARA, DEJALO YA –gritó también Naruto, harto de los insultos del que él creía su amigo.

CALLAOS LOS DOS –gritó un guardia entrando por la puerta del pasillo–. Y usted, salga de aquí. ¡Ahora! –le exigió a Gaara.

¿QUIÉN ES? ¿EH? ¿EL PERUANO, KAKASHI, UCHIHA O ALGÚN OTRO? –le preguntó Gaara sin escuchar al guardia.

¿Está usted sordo? –preguntó éste a su vez.

TÚ CIERRA LA PUTA BOCA O TE QUEDAS SIN ELLA –le gritó el pelirrojo al hombre. Después volvió la cabeza hacia Naruto y volvió a preguntar, pero esta vez sin gritar, aunque igual de alterado.– ¿Es Uchiha?

¿Por qué sacas conclusiones precipitadas? Yo no te he dicho nada de eso.

¡Contesta a mi puta pregunta!

SÍ, ES ÉL. ¿Y QUÉ? ¿QUÉ HARÁS AHORA? CREÍA QUE ERAS MI AMIGO PERO YA VEO QUE NO ERES MÁS QUE UN GILIPOLLAS DE MIERDA. ¡QUE TE FOLLEN, GAARA! ¡YA NO HACE FALTA QUE ME VENGAS A VER NUNCA!

NI SIQUIERA TENÍA PENSADO HACERLO, MARICÓN DE MIERDA.

Después de seguir insultándose entre ellos, y Gaara al guardia que intentaba que pararan y sacar al pelirrojo de allí, el hombre llamó a varios policías más que lo sacaron a la fuerza, y casi lo meten también entre rejas por agresión, pero lo dejaron en libertad y el chico se fue de allí enfadado.

–Jejeje... Me haces cosquillas, Sasuke –reía el rubio, mientras Sasuke le besaba el torso, por debajo de la camiseta.

Él sólo sonreía mientras iba subiendo cada vez más hasta alcanzar uno de los pezones del rubio. No tuvo tiempo ni de comenzar a hacer algo más que besarlo cuando la voz de Sakura al otro lado de la puerta de su habitación lo interrumpió.

–¡Vosotros dos! ¡No seáis comodones y salid de ahí inmediatamente! ¡Tenéis que ayudar a limpiar esto, como todo el mundo! Os quiero ver abajo en 5 minutos. ¿Me oís?

Después de soltarles todo aquello oyeron como sus pasos se iban alejando. Sasuke sacó la cabeza de debajo de la camiseta del rubio con la cara más asesina que Naruto le había visto nunca.

–La voy a matar... La voy a matar... –murmuraba apretando los puños.

–Será mejor que bajemos –sugirió Naruto con nerviosismo.

Unos minutos más tarde el de ojos azules estaba con la pelirrosa, recogiendo trozos de muebles, cristales y demás en el salón, y a Sasuke, la chica lo había mandado a la cocina con Sai.

–Oye... ¿por qué tenemos que limpiar hoy? –preguntó Naruto con voz llorona. Por una vez que Sasuke estaba de buenas y no lo podía aprovechar.

–Porque sois todos unos putos vagos y ya llevo varios días viviendo en una pocilga y encima sin puerta.

–Vamos Sakura... compadécete de mi... Hoy hacía buen día...

–No entiendo a qué te refieres...

–Sasuke estaba de buenas, y eso es bastante raro en él...

–Ya –dijo Sakura dándole la espalda.

–Oye –la llamó el rubio acercándose–. Lo siento...

–¿El qué? –preguntó ella con una sonrisa que pretendía ser despreocupada y alegre.

–Lo de Sasuke... Ya se que tú le quieres, y que yo le acabo de conocer y... bueno, ya sabes.

–No te preocupes, hombre –rió la chica. Pero de repente su cara se volvió seria y triste. Le cogió por los hombros y le miró a los ojos mientras le decía:– Mira, Sasuke no me quiere, nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Ya intentamos una vez estar juntos pero no funcionó. Yo tenía esperanzas pero él no me quería. Si te soy sincera me alegro mucho de que esté contigo. Hasta lo prefiero antes de verlo con cualquier otro u otra.

Naruto asintió con cara triste.

–¡Y basta ya de distracciones! ¡A trabajar ahora mismo, hombre ya! –exclamó la chica con una gran sonrisa.

El rubio también sonrió ante aquello y se puso a ayudarla. Varios minutos después Shikamaru apareció con un saco lleno de trastos a la espalada, lo dejó en el suelo y se tumbó en uno de los sofás del salón. Naruto, en cuanto vio la cara de Sakura se alejó disimuladamente de ella, sabiendo lo que iba a pasar a continuación. Y sin embargo no fue su voz la que resonó por toda la casa, como él esperaba, sino la de Ino desde las escaleras.

–¡TÚ! ¡PUTO VAGO DE MIERDA! ¡TE HE MANDADO A LIMPIAR, NO A HOLGAZANEAR! ¿ES QUE NO PUEDES HACER NADA SI NO ESTOY ENCIMA TUYO TODO EL DÍA? HOY NO TE VAS A ESCAQUEAR, ¿ME OYES?

Shikamaru hizo unos movimientos raros hasta que cayó del sofá al suelo y trató tontamente de esconderse cuando Ino comenzó a andar hacia él.

–Vamos, mujer, sólo estaba tomando un respiro –se lamentó.

–Claro, claro, un respiro. Para ti los respiros duran dos horas, ¿no?

–Pero si me acababa de sentar.

–Tumbar –lo corrigió enfadada.

–Bueno, pero sólo estaba descansando unos segundos.

–Levanta del suelo... ahora... ¡MISMO! –gritó con cara de psicópata la muchacha.

–¡Vale, vale, ya voy, ya voy! –exclamó Shikamaru levantándose rápida y torpemente. Cogió su saco arrastrándolo por el suelo y salió fuera de la casa para tirar lo que había en él.

–¡Qué gentuza! –susurró Ino yéndose hacia la cocina, donde Sasuke y Sai no paraban de gritar como locos.

–Vaya genio tiene Ino... Me recuerda a alguien –dijo Naruto para sí mismo.

–Narutooo... no me busques que me vas a encontrar –le dijo Sakura tranquilamente.

–Oye, oye... relaja tus pezones, ¿quieres?

Al oír eso la chica dejó lo que estaba haciendo, y miró a Naruto por encima del hombro con los ojos muy abiertos.

–Ya me has encontrado –susurró antes de comenzar a perseguirlo por toda la sala.

En la cocina...

–Mira gilipollas, no me toques lo cojones, ¿vale?

–No me los toques tú a mi. ¿Sabes? No eres más imbécil porque no puedes. No se cómo haces para tener a todo el mundo detrás tuyo.

–¿Celoso? –inquirió Sasuke.

–Sí, claro, no tengo nada mejor que hacer, ¿no? –ironizó Sai, cruzándose de brazos.

–Sinceramente, no se cómo hace Ino para aguantarte.

–Yo tampoco entiendo a Naruto.

–No metas a Naruto.

–¡Y tú no metas a Ino!

–¡Te voy a partir la cara, so subnormal!

–Empieza, pedazo de gilipollas –lo provocó Sai. Sasuke no iba a ponerse chulo con él. Ya se encargaría de bajarle los humos al muy imbécil.

–A vosotros os estaba yo buscando –oyeron la voz de Ino desde la puerta de la estancia. Llevaba dos escobas en una mano y dos recogedores en la otra. Se acercó a ellos y les dio una escoba y un recogedor a cada uno–. Aquí tenéis. Basta ya de peleas e id a barrer, coño, que parecéis críos.

Los chicos obedecieron sin dejar de insultarse. Sai salió primero, murmurando un "anormal" antes de salir por la puerta. Sasuke lo siguió llamándolo "mamón retrasado". Ino se quedó allí de pié, suspirado.

–Nunca van a cambiar.

–¡Gaara, abre la jodida puerta!

–Temari, lárgate.

–Y una mierda. ¿Qué coño ha pasado? ¿Te has peleado con Naruto?

–¡NO ME HABLES DE ESE DESGRACIADO! –rugió Gaara detrás de la puerta de su habitación.

–No me grites, Gaara.

–Cállate y lárgate.

–No me voy a ninguna parte hasta no saber qué ha pasado –se negó la chica dejando el pomo de la puerta al ver que era imposible abrirla.– Cuéntamelo... Gaara, no pases de mí, y habla.

Pero el pelirrojo estaba decidido a ignorarla completamente. Sin embargo Temari no callaba y no paraba de decirle cosas sin sentido y de repetirle una y otra vez que le contase lo que había ocurrido con el rubio, pero Gaara no quería ni oír hablar de él. En su opinión lo había traicionado, había traicionado su amistad y había traicionado a todo el mundo. Aunque a pesar de todo, en el fondo, muy fondo, le seguía importando. Al fin y al cabo habían sido amigos durante años.

–Gaara... ¿quieres que esté aquí todo el día o vas a dignarte a contarme lo que ha pasado? Por mí no hay problema, hoy no tengo nada que hacer.

"Mentira, vete a trabajar", pensó Gaara. "Vete ya y déjame en paz."

–¿Quieres que eche la puerta abajo? Por mi tampoco hay problema, tengo la fuerza suficiente y después ya la arreglarás tú si quieres intimidad.

El chico se levantó, ya harto del palabrerío de su hermana mayor y abrió la puerta con el enfado reflejado en la cara.

–¿Te quieres ir a tomar por culo, por favor? –le dijo en voz baja.

–No me hables así. Quiero saber por qué os habéis peleado y me lo vas a decir.

–No, no te lo voy a decir, y tú te vas a ir y me vas a dejar en paz.

–¿Y si no, qué?

Gaara suspiró. Pero Temari tenía razón. Si no quería irse, qué le iba a hacer. ¿Pegarla? ¿Tirarla por la ventana? No, él no era partidario de la violencia doméstica, como la llamaban en los medios.

–Escucha, hoy no estoy para hablar con nadie.

–Tú nunca estás para hablar con nadie. ¿Sabías que Naruto ya ha salido de la cárcel?

–No me importa –dijo tajante, aunque sabía que en el fondo sí le importaba.

–Es igual. Declararon que las pruebas eran falsas según he oído.

–¿Y a mi no me oyes? Que no me importa lo que le pase a ese jodido maricón.

–¿Qué? –preguntó la chica incrédula.

–Lo que has oído. Ahora lárgate y déjame tranquilo –exigió cerrándole la puerta en las narices.

Temari sólo se quedó asintiendo embobada delante de la puerta. Después sacó el teléfono del bolsillo de su chaqueta y buscó en la agenda el número de Shikamaru. Se fue por el pasillo hacia el salón, cogió sus llaves y salió por la puerta.

¿Qué quieres? –contestó después de un rato el chico.

–Gaara me ha contado una cosa y quería saber si era cierta. ¿Está Naruto con alguien?

Eso tiene dos respuestas. La primera: está con Sakura. La segunda: con Sasuke.

–Entonces es cierto... No me lo puedo creer.

–¿Lo de que esté con un tío?. Sí, es muy raro viniendo de un nazi homofóbico, pero no me extraña tanto habiendo existido Hitler.

–No digas bobadas.

Estoy convencido de lo que digo. Y aparte maricón me da que también era pederasta. Él y su gran raza aria de pacotilla.

–¿Qué tienes contra los arios? –preguntó la chica molesta.

¿Qué tienes contra los negros?

–No me cambies de tema –exigió aún más molesta.

No tengo nada, por eso te he preguntado qué tienes contra los negros. Tú tampoco tienes nada contra ellos, ¿no? Puede que tengas contra unos cuantos, pero es imposible que tengas algo contra todos... Ya me entiendes, no seas problemática y llámame luego, que tengo trabajo –se quejó. Y sin decir adiós colgó.

Ya de noche Naruto y Sasuke caminaban cansados y con mala cara hacia el piso del primero.

–¿Vas a quedarte hoy a dormir? –preguntó Naruto bostezando.

–sí... Como vuelva a ver a Sakura... Dios, que manera de joder –murmuró rascándose la mejilla derecha.

–Tengo que hablar con todos los skins y decirles que no vayan más a la okupa.

–Déjales o te buscarás problemas.

–Pero algún día tendré que hablar con ellos, ¿no? –opinó Naruto.

–Bueno, tú los conoces mejor que yo, pero creo que si se enteran de lo que has estado haciendo te fríen con patatas.

–Sí, pero... Ellos han sido mis amigos durante mucho tiempo. No decirles nada sería como traicionarles...

–¿Es que no lo comprendes? –interrumpió Sasuke poniéndose delante de él, obligándole a pararse.– Ya los has traicionado. El simple hecho de que estemos ahora hablando tan pacíficamente supone una traición hacia ellos y sus estúpidas ideologías.

–Tienes razón –concluyó Naruto con un suspiro. Reanudaron la marcha y no volvieron a hablar hasta que no llegaron al piso del rubio.– ¿Te di la otra vez un cepillo de dientes? – le preguntó apoyándose en el mueble de la cocina.

Sasuke se encogió de hombros tirándose a una silla de la cocina y poniendo la cabeza sobre la mesa. Cerró los ojos dispuesto a dormir. Ya no tenía ganas ni de meterse en una cama.

–Vamos, levántate. Te voy a dejar uno nuevo y un pijama o algo que se le parezca –le dijo tirando de él para levantarlo. A duras penas lo consiguió.

Después de terminar de cambiarse y lavarse, se metieron a la cama y no tardaron en dormirse, el uno encima del otro.

Día 2.

Lo primero que Naruto vio al abrir los ojos fue a Sasuke con las manos sobre su pecho y la barbilla apoyada en ellas, mirándole con sus penetrantes ojos negros.

–¿Qué haces? –preguntó bostezando.

–Mirarte –contestó el moreno dándole un beso sobre una mejilla–. Vamos, levántate, hoy tenemos cosas que hacer –le dijo poniéndose de pie. Después se dio la vuelta y salió del dormitorio.

–No quierooo... –se quejó el rubio hundiendo la cabeza en la almohada.

–Naruto... ¿quieres que te despierte de maneras poco ortodoxas? –sugirió Sasuke volviendo a aparecer, asomándose por el marco de puerta.

Al oír aquello, Uzumaki se levantó rápidamente y miró con atención a Sasuke, con los ojos muy abiertos.

–No me toques –susurró.

Sasuke se puso a reír y fue hacia el baño, a lavarse los dientes y ducharse, mientras Naruto iba a la cocina. Abrió el frigorífico y lo encontró vacío, sólo con latas y botellas de cerveza.

–Mierda... –susurró. Las tripas le empezaron a rugir ruidosamente pidiendo a gritos comida.– Callad... ¡Sasuke! –lo llamó–. ¡No hay comida y tengo hambre! ¿Qué hacemos?

–Espérate a que salga –le contestó este aún desde la ducha.

A los diez minutos ya estaba aseado y vestido, sentado en la cocina con Naruto.

–Bueno, pues... como ya son las doce pasadas podemos ir a comer al restaurante japonés de la otra vez, ¿no?

–Si invitas tu, yo estoy sin blanca –le dijo Naruto intentando contener su emoción. Iba a comer Ramen de nuevo.

–Si no hay más remedio... –suspiró el moreno. Naruto se abalanzó sobre él llenándole la cara de besos.

–¡Te quiero!

Después se fue al baño a ducharse también y después de veinte minutos salió, vestido con sus típicas botas y vaqueros piratas, aunque levaba una camiseta de Sasuke, suspenders y su Bomber a la que le faltaban los parches.

–Todo un skin –sonrió Sasuke al verlo.

–Pues claro. Puede que no sea NS pero sigo siendo Skinhead, y a mucha honra –dijo orgulloso de sí mismo.

Sasuke comenzó a reir y como siempre, empezaron una discusión tonta, que acabó en besos.

El moreno había comenzado a besarle juguetonamente cada vez que Naruto le insultaba, y al final habían acabado enfrascados en una serie de besos poco inocentes. Sasuke había comenzado a besarle el cuello mientras le quitaba la Bomber, y Naruto le desabrochaba los pantalones rápidamente, sintiendo su excitación. Cuando ya los hubo desabrochado del todo, abrió la cremallera de la chaqueta y se la quitó tirándola a saber dónde.

–Espera... –interrumpió entonces el rubio–. ¿Quién va...?

–Tú –contestó picaronamente Sasuke.

–No me jodas.

–Va a ser inevitable –sonrió con perversión.

–Pero...

–Tendré cuidado... –susurró antes de volver a apresar su boca, besándolo con bestialidad.

Empezaron a quitarse otra vez la ropa rápidamente hasta quedar completamente desnudos. Comenzaron a andar, sin dejar de besarse, hacia un sofá para poder estar más cómodos, pero justo antes de llegar, Naruto se tropezó con la pata de la mesa y cayó de espaldas, con el moreno encima. Por suerte cayó en el sofá por lo que no le dieron mayor importancia y siguieron con los suyo. Estaban tan extasiados el uno con el otro que no podían pensar en nada más.

Sus miembros comenzaron a rozarse, excitándolos aún más si cabía, hasta que Sasuke no pudo aguantar más, levantó las piernas de Naruto y se las colocó en los hombros. Se agachó un poco hasta quedar a la altura de la boca de Naruto y le tendió una mano que el rubio cogió sin rechistar. Se metió dos dedos a la boca y comenzó a lamerlos como si la vida le fuera en ello, excitando a Sasuke con cada lamida y gemidito que soltaba. El moreno retiró la mano cuando lo creyó oportuno y la llevó hacia la entrada del de ojos azulesl.

–Ten cuidado –le dijo éste entre jadeos.

Sin decir más introdujo el primer dedo, a lo que Naruto soltó un gemidito. Comenzó a moverlo en círculos, tal como le había enseñado hacía varios años una novia que tuvo. El rubio comenzó a gemir más, y no porque le doliese sino por el placer que eso le estaba causando. Sasuke introdujo el segundo dedo y repitió el movimiento en círculos, sólo que más lento. Naruto tenía una mueca en la cara. Esta vez lo que Sasuke le hacía sí le molestaba y tardó en acostumbrarse, pero justo cuando comenzaba a gustarle, el moreno empezó a sacar y a meter lo dedos, cada vez más rápido. A Naruto eso no le desagradaba, es más, le estaba gustando, pero pronto sintió como su cuerpo pedía algo más, y así se lo hizo saber a Sasuke.

–Vamos, házlo ya, me estás poniendo nervioso...

–Como quieras... –susurró con voz grave dándole un beso sobre los labios.

Sacó los dedos de la entrada de Naruto y rápidamente le penetró con cuidado. El rubio quería gritar. Ya no le gustaba nada aquello, le hacía daño. Quería gritar pero los gritos se ahogaban en su garganta y se convertían en gemidos que Sasuke no sabía distinguir, ya que por la cara que ponía parecía no gustarle nada aquello.

–Relájate –le aconsejó.

–No puedo... Me duele...

–Si te relajas no te dolerá tanto.

El rubio asintió y se relajó un poco. Entonces Sasuke comenzó a moverse e su interior, lento, a la vez que cogía su miembro y comenzaba a masturbarlo. Pero Naruto le dijo que fuera más rápido y así lo hizo. Sentía una sensación de placer total. Tener a Naruto entre los brazos estando sobrio era algo que le encantaba. Memorizó aquel momento. Uzumaki sonrojado, con la boca levemente abierta, soltando gemiditos tremendamente excitantes y respirando entrecortadamente. Era más de lo que habría pedido, y le encantaba. Su estrechez, el calor que desprendía su cuerpo, el olor de su pelo... Todo quedaría grabado en su cabeza para siempre.

Naruto estaba entre el placer y el dolor, aunque este último comenzaba a desaparecer. De repente una sensación de embriagador goce le invadió el cuerpo. Sus gemidos y jadeos ya se habían olvidado del dolor y se centraban en el gusto del momento. Sentían cerca el momento del clímax.

–Ya... ya no aguanto... –jadeó el rubio.

–Un poco más... vamos a hacerlo juntos...

Naruto trató de aguantar, sin demasiado éxito; necesitaba venirse. Y sin poder aguantarlo más lo hizo, con un grave gemido, contrayendo la entrada y estrujando el miembro de Sasuke quien también soltó un suspiro profundo al tiempo que liberaba todo su elixir dentro del rubio.

El moreno se dejó caer sobre el pecho de Naruto, respirando con agitación. Sin previo aviso las tripas de los dos empezaron a rugir violentamente.

–Joder... –dijo Naruto con cara cansada.

–Vamos a ducharnos, anda –sugirió Sasuke levantándose.

–Y a comer –añadió Naruto.

–¡Hola Sai! Hostia... ¿Qué es eso? –preguntó Naruto quien acababa de llegar a la gran casa okupa, acompañado de Sasuke.

–Un monstruo –sonrió el aludido, volviéndose hacia Naruto y apartándose un poco para que el rubio pudiese ver lo que estaba dibujando en la pared del salón.

Era un monstruo blancuzco y asqueroso. Parecía de gelatina. Tenía los ojos negros y afilados y una cresta en lo que parecía su cabeza del mismo color que los ojos. Tenía gruesas cadenas apretándole su viscoso cuerpo y un bocadillo de cómic en blanco aún estaba sin acabar, muy cerca de su cresta.

–Está chulo. ¿Es qué te has basado para dibujarlo?

Sai señaló a Sasuke sin borrar la sonrisa de la cara. Este puso cara de malas pulgas y lo miró con odio. El rubio se apartó un poco y lo observó detenidamente, después observó al monstruo y dijo, más que nada para sí mismo:

–Hombre... Tiene un aire.

Sasuke lo miró sin poder creerse lo que había oído y le dijo, aunque más que nada era una orden:

–No hables con este gilipollas.

–¿Por qué no? –protestó el rubio–. No me puedes prohibir que haga una cosa, primero porque eres anarquista y segundo porque no te pertenezco. Y además, Sai me cae de puta madre.

–Jódete, Uchiha –pinchó Sai.

Sasuke hizo un gesto raro, como si fuera decir algo pero se calló. Naruto hizo un gesto de interrogación con los brazos y él susurró:

–Vámonos, tenemos cosas que hacer –y comenzó a andar hacia su habitación, con Naruto correteando alrededor de él, preguntando qué iban a hacer.

–¿Ya lo has terminado? –preguntó Ino que acababa de llegar sin apenas ser vista.

–¿Eh? Ah, no, todavía no.

–Te he traído los sprays que me pediste.

-–Gracias. Oye... ¿No te parece raro que Uchiha quiera hacer cosas?

–¿Te quiere hacer cosas? –preguntó la rubia riendo.

–A mí no. Quiere hacer cosas con Naruto –contestó desconcertado.

–Bueno... Si se quieren veo muy bien que hagan cosas.

–¿Uchiha y el amor? –preguntó Sai irónico.

–¿Por qué no?

–Vamos, Ino. La persona con la que más ha durado ha sido Sakura, y eso porque acordaron intentarlo durante un mes. Me pregunto cuánto tardará en dejar a Naruto -dijo pensativo.

–¿Y yo cuánto tardaré en dejarte? –le preguntó la chica abrazándolo por la espalda.

–¿Me quieres dejar?

–Sí - dijo Ino con maldad fingida–. Había pensado que como mañana por la noche no salgamos a emborracharnos y a hacer guarradas, te voy a dejar.

–Entonces saldremos a emborracharnos y a hacer guarradas –sonrió el chico dándose la vuelta para besarla.

En ese momento Shikamaru bajaba las escaleras con el teléfono en la mano y bostezando. Temari lo había despertado para que le contara todo acerca de Naruto y sin remedio había tenido que quedar con ella. Nunca se habría imaginado que fuese tan cotilla.

...

–¡Dime a donde vamos! –exigió Naruto por vigésimo quinta vez.

–No –contestó Sasuke con paciencia, también por vigésimo quinta vez.

–¿Pero por qué nooo? –preguntó el rubio haciendo pucheritos.

–Ni aunque llores te lo voy a decir, así que deja de intentarlo.

–¿Vamos a la feria? ¿Al cine? ¿A Hawai? –preguntó imitando el baile hawaiano–. ¿O vamos a pegarnos con la policía? -volvió a preguntar haciendo como que pegaba a alguien–. ¿O me vas a comprar algo? ¿O...?

–¿Te quieres callar? –preguntó Sasuke ya harto de ignorarlo. Sacó varios billetes de un cajón y se quedó mirando al rubio durante un rato.– Vámonos.

Hasta que llegaron a la calle, Naruto estuvo preguntando a dónde iban a ir hasta que Sasuke le dio un capón en la cabeza. Naruto lo miró mal pero se quedó callado.

Media hora más tarde estaban frente a un taller de tatuajes.

–¿Vamos ha hacernos un tatuaje? –preguntó el rubio ilusionado, olvidando su enfado.

–Sí.

–Joder... ¡Pues ya podrías habérmelo dicho! ¡Siempre he querido un tatuaje! ¿Pero pagas tú, no? –preguntó acercándosele mucho, con una cara que pretendía ser intimidante.

–Sí... –suspiró el moreno.

–¡Toma! ¡Pues ahora me voy a aprevechar de ti, jajaja! –comentó riendo a carcajada limpia y entrando en la tienda.

–Dios... Si existieras te odiaría por esto –musitó para sí mismo.

Él también entró en la tienda y se encontró a Naruto charlando animadamente con un hombre musculoso, lleno de piercings y tatuajes que tenía la cabeza rapada.

–¡Sasuke! Mira, te presento a Pit. Iba conmigo al instituto hace mucho.

–Hola.

–¡Hola! –saludó Pit alegremente–. Bueno, Uzumaki, ¿y cómo es que has decidido hacerte un tatuaje?

–Es que paga él –dijo Naruto distrayéndose mientras miraba un dibujo con una espiral y varios dibujitos alrededor de ella–. Que bonito... –musitó embobado.

–No jodas que quieres ese –dijo Sasuke.

–Pues sí. Quiero este. Y para ti este –comentó señalando un dibujito en el que se veían tres aspas alineadas en círculo con una circunferencia de letras extrañas alrededor.

–¿Y quién te ha dicho que quiera eso? –preguntó Sasuke.

–Nadie. Lo digo yo, y con eso basta. ¿A cuánto saldría, Pit?

–¿Por qué me has hecho venir hasta aquí? –preguntó Shikamaru con pesadez sentándose en la barra de una bar lleno de gente chunga–. No te bastaba con despertarme de buena mañana, ¿no? Ahora me tenías que traer aquí.

–Pero si eran más de las dos cuando te llamé. ¿Y qué tiene de malo el bar?

–Nada. ¿Qué quieres?

–Que me cuentes todo lo de la semana pasada –le contestó Temari con impaciencia.

–Dios... Es muy largo, me da pereza contarlo todo.

–Pues cuéntamelo.

–Oye, ¿por qué las mujeres sois tan malas?

–No somos malas pero como no me cuentes todo lo que ha pasado vas a desear no haberme conocido –le amenazó.

–Está bien... A ver... Uchiha trajo a Naruto a la okupa. Estaba inconsciente, con un brazo o una mano rota, que, por cierto, la sigue teniendo o finge tenerla, y con una herida no sé dónde, y Sakura lo curó. Después Uchiha lo encerró en la habitación o algo así, tuvimos una discusión y Kakashi dijo que le diéramos una semana para conocerlo. En fin, que al día siguiente bajó y esas cosas. Nos hicimos muy amiguitos y ahora somos felices y comemos perdices... Bueno, tanto no, que no hay dinero. Fin.

–¿Cómo que fin? –preguntó la chica alarmándose–. ¡Cuéntalo todo, joder!

–Emm... A ver: bajó, y nos hicimos amiguitos. Iba por ahí, ¿no? Bien, pues... Se hizo bastante amigo de un chaval llamado Konohamaru, y de uno tío que se llama Iruka. El viernes hubo una fiesta y bebimos mucho alcohol y yo les di de fumar... a Uchiha y a Uzumaki. Y entre que bebieron y tal pues acabaron liándose y supongo que follando o algo así. Después se fueron a casa de Uzumaki y no volvieron en dos días. Ah, sí, sí que volvieron, y tuvieron cisco con Kakashi, y después vinisteis vosotros y el resto creo que lo sabes. En fin, que no me importa mucho la vida de los demás. Ya tengo yo suficientes problemas como para interesarme por los otros –acabó, rascándose la cabeza.

–¿Y cómo se llevan? –preguntó Temari.

–¿Quién?

–Naruto y el Uchiha ese.

–Como el culo. Se pasan el día discutiendo. Bueno no. Estos últimos días Sasuke ha estado muy cariñoso, así que algo chungo está pasando. ¿Por qué lo preguntas?

–Porque Naruto nunca se ha llevado bien con ninguna de las tías con las que ha estado.

–Sasuke es un tío.

–Y vaya tío –musitó–. Pero no es a lo que me refiero. Digo que no se puede llevar bien con nadie con quien salga. Naruto es un busca-pleitos por naturaleza.

–Sí, lo se. Pero creo que no están saliendo. Por lo menos no formalmente.

–Eso es lo de menos. Gaara fue a ver a Naruto cuando estaban en prisión y discutieron. Fue por lo de Uchiha.

–¿Y qué?

–Pues que no sólo te he llamado para que me cuentes lo que ha pasado, sino para pedirte ayuda.

–¿Una nazi pidiendo ayuda a un "hippie"?

–No digas gilipolleces –le dijo Temari pegándole una hostia en la cabeza–. Quiero que me ayudes a hacer que Naruto y Gaara hablen.

–¿Por qué yo? ¿No puedes hacerlo tú sola o con tus amigos?

–Si mis amigos se enteran de lo de Naruto querrán matarlo; por lo tanto, no. No puedo hacerlo con ellos y no me da la gana hacerlo sola porque es demasiado trabajo, por lo que me vas a tener que ayudar.

–¿Y por qué no hablas con Sasuke?

–Porque no le conozco y a ti sí.

–No me jodas...

–Vale. ¿Ya sabes que no le debe dar el sol y cómo echarte las cremas y todo, verdad? –preguntó Pit. El rubio asintió.– Bien. De todas maneras te lo explicaré mejor mañana. Ven temprano, mejor.

–Bien –dijo Naruto sonriendo–. Entonces nos vemos mañana. Vamos, Sasuke.

Salieron de la tienda y comenzaron a caminar hacia la casa de Naruto. Sasuke tenía cara de mala leche y un tic en la mano derecha que le hacía abrir y cerrar el puño. En cambio Naruto iba sonriente y feliz de la vida. El moreno no pudo aguantarse más las ganas de hablar y le dijo:

–¿Tu eres idiota o qué?

–¿Y a ti qué te pasa ahora?

–¿No se te ha ocurrido elegir algo más grande y difícil para hacerte? ¿Tu sabes cuanto tiempo lleva eso?

–Sí, unas 6 horas.

–¿Y te parece poco? –preguntó Sasuke al borde de la desesperación.

–No, pero tengo todo el tiempo del mundo.

–Pero yo no.

–Nadie te obliga a venir –contestó el rubio despreocupado.

–¡Bobo! ¿Y para qué me haces hacerme este tatuaje? –comentó señalándose el omóplato.

–¿Y tú por qué te dejas? Si es que... No te puedes resistir a mis encantos, ¿no lo ves?

–Te pegaría, pero es que todavía me duele la mierda esa –se quejó Sasuke.

–¿Vas a pegar a un inválido? –preguntó poniendo cara de perrito abandonado.

–Un inválido, ¿eh, hijo de perra? Pues bien que mueves el puto brazo cuando hay que moverlo.

–Lo tengo que hacer aunque me joda –respondió el rubio haciéndose el dolido.

–Ya voy a hacer yo que te duela.

–No.

–Sí.

Entonces Naruto comenzó a reír y acto seguido echó a correr, y no paró hasta llegar a su casa. Entró antes que Sasuke y se tiró al suelo, muerto de cansancio. Poco después llegó el moreno y se le tiró encima.

–Jódete –le dijo jadeando.

–Capullo bastardo... Que te den... por el culo –susurró el rubio intentando quitárselo de encima y respirando con dificultad.

No dijeron nada más, sino que se durmieron así como estaban, en el suelo, uno encima del otro. Sólo eran las nueve de la noche pero ya ninguno se iba a levantar hasta la mañana siguiente. Discutirían como era habitual. La discusión la empezaría Naruto por haberse resfriado por dormir en el suelo. Le echaría la culpa a Sasuke y le mandaría a la mierda. Sasuke se iría a resolver unas cosas y Naruto a hacerse el tatuaje. Llamaría a Sai para que lo acompañase.

Día 3.

Ya estaban en la okupa. Naruto tumbado en un sofá con la tripa al aire observando su recién hecho tatuaje y Sai seguía pintando las paredes del gran salón. Sasuke estaba en su habitación, y los demás que estaban en la casa se repartían en dormitorios, la cocina y un dormilón Shikamaru en un sofá arrinconado del salón.

–No creía que fuese tan chungo –se quejaba Naruto.

–Es que te has pasado un poco para ser tu primer tatuaje.

–¿Cuántos tienes tú?

–Tres. ¿Esto queda bien? –le preguntó a Naruto señalándole la gran anarquía mezclada con el símbolo okupa que había dibujado junto a la puerta de la cocina.

–Sí... –dijo el ojiazul observándola detenidamente.

Era de color morado con sombras negras. El círculo parecía estar en llamas y los palitos de la A eran flechas, igual que el que atravesaba toda la circunferencia, haciendo así el símbolo okupa.

–A mi no me termina de convencer. Kakashi me dijo que hiciese una anarquía y un símbolo okupa por algún sitio así que las junté porque me daba pereza dibujar dos.

–¿Vas a salir esta noche? –le preguntó Naruto.

–Sí. Ino dice que si no salimos me deja.

Naruto comenzó a reír alegremente.

–¿Tú vas a salir? –preguntó Sai.

–Sí. Quiero emborrachar a Sasuke.

–¿Por qué no os venís con nosotros? –le preguntó volviéndose para mirarlo.

–Por mí bien, pero el señor Uchiha no va a querer.

–Yo tampoco quiero que venga él, pero si no hay remedio... Secuéstralo.

–¿Me ayudas? –sugirió el rubio.

–Claro –le sonrió Sai.

–Bien. Oye, ¿a ti no te parece que está raro?

–Lo raro es que aún no te haya dejado.

–En realidad no estamos saliendo –aclaró rascándose la cabeza.

–¿Ah, no? Bueno, no importa, pero si que está raro. Nunca había estado tan cariñoso con nadie.

–¿No? Bueno, tampoco tiene mucha pinta de ser cariñoso.

–No lo es –le dijo el moreno yendo hacia el sofá en el que estaba el rubio y sentándose–. Ya no sé qué dibujar, y aún me queda una pared.

–Pues... ¿por qué no dibujas monstruos mitológicos o demonios?

–Si me traes un libro donde los describa o donde salgan imágenes, por mí bien. Aunque ahora que lo pienso... leí algo sobre un perro de tres cabezas. ¡Buena idea, Naruto! –exclamó levantándose y recogiendo los sprays de enfrente de la anarquía recién pintada y llevándolos hacia otra, que estaba blanca porque Kiba e Iruka habían quitado todo lo que había antes por orden de Sakura.

Entonces comenzó a sonar un móvil. Shikamaru se levantó con pesadez y miró la pantallita. Temari.

–Mierda... –susurró–. ¿Qué quieres, mujer? –contestó.

–¿Dónde está Naruto?

–En la okupa, ¿por qué?

¿Vas a salir esta noche?

–No tenía pensado hacerlo, la verdad. Tenía ganas de dormir.

Entonces quedamos hoy a la una y media de la mañana en el bar Big Bang, ¿sabes cuál es?

–Sí… –contestó sin ganas.

Vale. Nos vemos ahí –dijo antes de colgar.

–Joder... –suspiró. Entonces miró a Naruto, quien examinaba los dibujos de las paredes.– Oye tú –lo llamó.

–¿Yo? –preguntó el rubio.

–Sí –contestó Shikamaru. Se levantó y fue a sentarse en el mismo sofá que él.– Oye... ¿me puedes hablar un poco de Temari?

–¿Conoces a Temari?

–Sí... por eso.

–Joder... –dijo impresionado–. Pues mira. Es bastante activa y borde, aunque conmigo no tanto como con los demás. Es bastante cotilla y no le gusta que le jodan por lo que es mejor tratarla bien. Tiene una fuerza impresionante. Y físicamente ya sabes como es.

–Sí.

–¿A que está buena?

–También.

–Pero no le gusta nada la gente vaga.

–¿Y por qué no me deja en paz, entonces? –se preguntó a sí mismo.

–No sé. A lo mejor eres una excepción, pero tampoco le gustan los hippies.

–Que no soy hippie, y dale. Además no le gusto, ni ella me gusta a mí, es solo que me ralla con... en fin, asuntos –dijo levantándose con pesadez.

Por la noche...

–¿Y a dónde vamos?

–Al Génesis.

–Por una vez has tenido una buena idea, Uchiha –comentó Sai sonriente.

–Te voy a partir la cara un día –le contestó Sasuke sonriendo con la misma falsedad que Sai.

–Joder... qué panda de inútiles –musitó Ino.

–Vamos a dejarles aquí –sugirió Naruto comenzando a andar. Ino lo siguió mientras los dos morenos seguían peleándose sin prestar atención.

Los rubios estaban ya bastante lejos cuando Sasuke se dio cuenta de que los habían abandonado y comenzó a echarle la culpa a Sai.

–Puto clon de los huevos. Si no existieras esto no pasaría.

–Que te jodan. El clon eres tú, y que asco, joder.

–Pues sí, que asco que tú existas.

–Lo mismo digo –musitó Sai comenzando a andar.

Sasuke lo siguió y no volvieron a hablar el uno con el otro. Cuando por fin alcanzaron a Naruto e Ino, Sasuke se puso a hablar con Naruto y Sai con la chica. Llegaron al bar y pidieron chupitos.

–¿Licor de hierbas? –preguntó Naruto oliendo el líquido.

–Vaya mierda –susurró Sasuke bebiéndoselo de un trago–. Sabe a flores, qué asco.

Naruto también se bebió su licor y pidió dos cervezas. Cuando se las hubieron traído le dio una a Sasuke y se adentraron entre la multitud del bar. Anduvieron hasta llegar a una esquina donde la música sonaba más alta que en otros lugares porque estaba uno de los grandes altavoces. En esos momentos se oía Kromagnon, de Korroskada.

–Ya la había oído en alguna parte –comentó Naruto poniéndose a bailar Ska.

Estuvieron un rato más haciendo tonterías cuando llegaron Ino y Sai riendo a carcajadas.

–¡Vámonos al río! He oído que están haciendo unas hogueras quemando banderas y chorradas del gobierno –dijo Ino riendo.

–Vamos –dijo Sasuke acabándose de un trago la cerveza que le quedaba.

–¿Vamos a quemar cosas? –preguntó Naruto ilusionado.

–Sí, te vamos a quemar a ti –le contestó Sasuke.

–Pero tú me acompañas, ¿vale?

–No es la ilusión de mi vida morir quemado, pero bueno...

–Igualmente me acompañas, ¿no?

–Claro, claro.

–Pero antes compramos algo para beber, ¿no? –preguntó Ino.

–Creo que tú ya has bebido demasiado por el momento –le dijo Sai–. De todas maneras, en los chinos venden birra.

–Pues vamos –dijo Naruto.

Fueron a una tienda de chucherías que pertenecía a unos chinos y compraron tres botellas grandes de cerveza(1). Después se encaminaron hacia el río de la ciudad. Desde el puente más grande se veían dos hogueras y un montón de gente a su alrededor. Bajaron a la orilla del río y se acercaron a una de las hogueras.

–¡EH! –los llamó alguien–. ¡NARUTO, SASUKE!

Naruto se volvió hacia el lado del que procedía el grito y vio a Konohamaru y Moegi saludándolos.

–Vamos –le dijo el rubio a Sasuke.

–¿Qué hacéis vosotros por aquí? –preguntó Konohamaru cuando ya habían llegado.

–Hemos venido a quemar cosas –contestó Naruto.

–¡Naruto! –exclamó Moegi acercándose a él–. ¿Qué tal? –preguntó abrazándolo y besándolo sobre lo labios–. Cuánto tiempo, ¿no?

–No le hagas mucho caso, está pedo(2) –le dijo Konohamaru a Naruto, cuya cara era un poema.

–¡No lo estoy! –protestó ella–. ¡Vamos a quemar cosas, Naru!

Cogió al rubio de la mano y se lo llevó hacia una de las hogueras.

–¿Venís solos? –preguntó Konohamaru a Sasuke.

–No. Venimos con... –se volvió tratando de localizar a sus acompañantes– esos –dijo señalando a Ino y a Sai.

–¡HOLA! –saludó Ino desde la distancia. Después, sin prestarles más atención se colgó del cuello de Sai para comenzar a besarlo.

–¿Y cómo así que venís?

–No hay nada más que hacer. Ino se enteró de que había hogueras y dijo que viniésemos. Sin más.

–¿Todas las tías están así hoy? Joder... Vamos a quemar cosas, anda.

–Vamos, ¿no sabes caminar tú solo? –le preguntó Sasuke a Naruto agarrándolo por la cintura para que no se cayera.

–Quita... –dijo Naruto soltándose del agarre del moreno. Fue hacia una esquina y volvió a vomitar. Ya era la tercera vez en aquella noche.

–¿Quién coño te manda beber tanto? –le preguntó Sasuke arrugando el ceño.

–Cállate. ¿Por qué has tirado mi cerveza? –le preguntó con mala cara. Se acercó a él y reanudaron la marcha.

–Porque te has pasado.

–Bah... Tenía la intención de emborracharte a ti...

–Ya... Qué bobo eres.

Se tiraron un rato más insultándose antes de llegar a la casa del rubio. Éste abrió la puerta, entraron y en cuanto vio la cama fue directo hacia allí, se tiró sobre ella y no tardó en dormirse, pero Sasuke lo despertó.

–¿Te vas a dormir así?

–Sí... A menos que me cambies tú porque no me pienso mover.

–Pues lo llevas claro.

–Buenas noches –susurró Naruto ante de volver a caer rendido.

Sasuke lo miró entristecido. No quería marcharse y abandonarlo de esa manera. No se lo merecía. ¿Pero qué podía hacer? Orochimaru tenía más poder que él. Si se quedaba, el rubio iba a sufrir más de lo que sufriría si se marchaba sin más.

Salió del dormitorio cerrando la puerta con cuidado, aunque no hiciese falta, y fue a la cocina. Se sentó en una de las sillas pero enseguida se levantó. Fue al salón y buscó un papel y un bolígrafo. En cuanto los encontró volvió a la cocina y se puso a escribir. Al terminar se sacó unas llaves del bolsillo y las dejó sobre la hoja. Se levantó de la silla y volvió a la habitación del rubio. Había comenzado a roncar y no se enteraba de nada de los que pasara a su alrededor, ni siquiera de que Sasuke había comenzado a desvestirlo. Lo dejó en ropa interior y lo cubrió con la manta. Le dió un beso, que duró varios minutos, sobre los labios y se puso de pie.

–Te quiero... –musitó antes de apagar la luz y salir de la habitación. Le echó un último vistazo al pequeño apartamento y entonces se acordó de una cosa.

Volvió a la cocina, sacó un fajo de billetes del bolsillo trasero de sus vaqueros y lo dejó sobre la mesa. Suspiró y salió del piso. Bajó las escaleras lentamente y así echó a andar hacia la okupa. Al llegar ahí no encontró a nadie despierto. Entró en su cuarto, sacó de debajo de la cama la mochila con las cosas que se iba a llevar y salió. Abajo se encontró con Sakura.

–¿A dónde vas? –le preguntó sin apenas abrir los ojos.

– A ninguna parte. Vete a dormir.

–Vale. Buenas noches –se despidió comenzando a subir las escaleras hacia su dormitorio.

–Buenas noches –murmuró él cuando ya había desaparecido.

Salió de la casa y comenzó a andar hacia el lugar que figuraba en el papel que le había dado Kabuto, sin mirar atrás.

1.Y os preguntareis qué hace la cerveza en un tienda de chucherías. Pues es de los chinos, y como todo el mundo sabe, lo chinos tienen de todo. En mi ciudad hay una tienda de esas en la que venden hasta figuritas de anime importadas desde Japón.

2.Estar pedo: se dice de alguien que está borracho.