¿Volviendo a la normalidad?
–Wah... Gaara... Me has asustado –murmuró Naruto aún pálido por el susto que se acababa de llevar.
–Tengo que hablar contigo –le dijo el pelirrojo, más serio de lo normal.
–¿De qué quieres hablar? –Naruto frunció el entrecejo. Hacía poco que habían vuelto a pelearse, ¿y ahora quería hablar? No sabía si debía fiarse, aunque de mala gana lo siguió cuando el pelirrojo comenzó a andar hasta un banco alejado, entre las sombras de los árboles. Naruto pensó que sería una trampa y que allí tendría escondidas a algunas personas, pero se equivocó: el lugar se encontraba totalmente vacío. Gaara se sentó y el rubio lo imitó.– Habla, no tengo todo el día para perderlo contigo.
– Quiero pedirte algo. –Alto y claro. Aunque fuese una puñalada para su orgullo, tenía que hacerlo. Durante toda su vida había tratado a la mayoría de la gente como a meros objetos, incluidos sus hermanos, y era por ellos por quienes estaba allí, hablando con Naruto.
–Dispara –le dijo el rubio extrañado.
–Quiero que me ayudes a que mis hermanos vuelvan.
Uzumaki lo miró aún más sorprendido de lo que ya estaba. No contestó al rato, sino que miró a Gaara con una ceja alzada. ¿Gaara pidiéndole un favor? ¿Ese tipo de favor? Desde luego nunca se habría imaginado que le fuese a pedir algo así, por lo que empezó a reír tontamente.
–Jeh... ¿Quieres que yo te ayude a recuperar a tus hermanos? ¿Después de como estamos? ¿Sabes una cosa? Si quieres volver a verlos ve a mi casa a hablar con ellos. Ahora mismo deben de estar allí. Además, Temari dice que no va a volver contigo, ella tiene su propia casa. No va a vivir más contigo.
–No iré a tu casa. –El pelirrojo frunció el entrecjo–. Y ya se que Temari no volverá a vivir conmigo. Me refiero a que quiero hacer las paces con ellos, y tú, aunque me cueste decirlo, eres el único que puede ayudarme.
–Lo siento, Gaara. No te debo nada –contestó el rubio levantándose del banco–. Le diré a Temari que has preguntado por ella, a lo mejor va a verte. Adiós.
A paso lento comenzó a andar hacia la salida del parque, camino de la casa okupa, cuando una mano lo agarró por el hombro fuertemente y lo hizo volverse hasta quedar frente a frente con el pelirrojo.
–¿No lo entiendes, o qué? –le preguntó–. Necesito que vuelvan.
–¿Lo necesitas? ¿Te has quedado sin trabajo y no hay nadie que te mantenga? –inquirió el rubio con burla. Gaara frunció el ceño, lo que significaba que estaba perdiendo la paciencia. Naruto sonrió prepotente.– ¿Así que ahora necesitas que un marica te ayude? Jaja... No me hagas reír, Gaara. ¿Sabes que con esto demuestras que lo que te dije en la cárcel era cierto?
No contestó. Miró hacia la derecha con expresión de enfado y chasqueó la lengua molesto. Tenía razón, sí.
–Jeh... ya decía. En ese caso te ayudaré.
–¿A cambio de qué? –preguntó mirándolo a los ojos, aún con el ceño fruncido.
–A cambio de que me pidas perdón –sonrió el rubio.
–Ni hablar. Mira, olvídate de mí y de que he venido a pedirte un favor.
Se dio la vuelta dispuesto a marcharse. Él no había pedido perón a nadie en toda su vida, no iba a comenzar a ahora, aunque al principio, cuando Naruto había desaparecido, sí estaba dispuesto a pedirle perdón, porque creía que la culpa de que el rubio hubiese desaparecido era suya.
–Si quieres que tus hermanos vuelvan contigo les tendrás que pedir perdón –interrumpió la voz de Naruto sus pasos.
Se dio la vuelta lentamente para ver al rubio de frente. Se quedó mirándolo un par de minutos, hasta que por fin decidió decir algo.
–Si te pidiese perdón... ¿me perdonarías? –preguntó en voz baja.
–Supongo... –sonrió el Naruto, mirándolo con un deje de tristeza en sus orbes–. Gaara... creo que esto ha ido demasiado lejos.
El mencionado se encogió de hombros. Sí, había ido muy lejos. Ellos llevaban años siendo amigos, y sin embargo Gaara se dio cuenta de lo poco que conocía al rubio en aquel instante. Naruto no perdonaba tan fácilmente. ¿Cómo era de verdad aquel chico? ¿Cómo había sido su vida de verdad? ¿Seguía considerándolo su amigo?
–¿Quieres... que vayamos al bar ese al que íbamos hace años? –le preguntó con la esperanza de descubrir las respuestas a todas aquellas preguntas.
–... Está bien.
Naruto comenzó a andar de nuevo y Gaara lo siguió. En cuanto llegaron al bar se sentaron en la mesa más alejada de la puerta y pidieron cerveza. Ninguno de los dos habló durante un buen rato, sino que se dedicaron a mirarse en silencio, como si así pudiesen averiguar lo que pasaba por la cabeza del contrario. Cuando Naruto por fin se decidió a romper el silencio Gaara se le adelantó.
–Tenías razón.
–¿La tenía? ¿A qué te refieres? –preguntó el rubio con cara de confusión.
–Eso que dijiste en la cárcel. Eso de que odiábamos al mundo en general y que canalizábamos ese odio fingiendo odiar a los negros, judíos y todo eso –explicó frunciendo gravemente el entrecejo.
–Lo sé –sonrió Naruto. Gaara asintió y le dio un trago a su birra.
–¿De verdad quieres a ese Uchiha?
–¿A qué viene eso? –se extrañó el rubio. Le había pillado muy de imprevisto que Gaara le preguntase aquello.
–Contesta.
–Sí... supongo... –dijo en voz baja, como dudando de sus palabras y de sus sentimientos. En realidad ya ni sabía lo que quería. Echaba de menos a Sasuke, y sabía que lo que le había dicho respecto a sus sentimientos era en serio, pero tras dos meses sin él ya no sabía si lo que sentía era amor intensificado o puro rencor por lo que el moreno había hecho. El sentimiento era tan extraño que bien podía ser cualquiera de las dos cosas, aunque lo que sí sabía era que lo quería ver. Quería ver a Sasuke de nuevo.
–¿Aunque te haya abandonado? –volvió a preguntar el pelirrojo sin mostrar expresión en su rostro. Naruto asintió.– Bueno... ¿Sabes lo que he pensado? Que no te conozco en absoluto. Has cambiado demasiado en tan poco tiempo...
–Tal vez... Pero la gente cambia.
–La gente no cambia de una día para otro, por eso iba a decir que tal vez no hayas cambiado, y sólo te comportes tal y como eres.
–¿Sí? –preguntó sin entender.
Gaara asintió y se quedó mirándolo.
–Bueno... –susurró Naruto–. Tal vez tengas razón... y no me conozcas realmente. –Un halo de misterio envolvió esas palabras, y Gaara entornó los ojos, como incitándole a que continuara.– Hay una cosa sobre mí que no sabes. Es lo que me hizo ser como tú piensas que era.
–¿Y...?
–Sólo lo sabe Sasuke. –Se rascó las marcas de la mejilla derecha con cierto nerviosismo al decir aquello, para después señalarlas con el dedo índice.– Estas son las secuelas físicas. Y el racismo, la violencia, el aislamiento y el odio, las psicológicas.
El pelirrojo lo miró sin entender. ¿Qué podía hacerle eso a una persona? Por su cabeza pasaron vagas ideas, pero prefirió oír de la boca del otro qué era lo que de verdad había sucedido.
–Nunca te lo he contado porque no me quería volver a quedar solo, y pensé que tú no lo aceptarías, y que pensarías que soy un maldito monstruo...
Se quedó un momento en silencio para recibir la aprobación de Gaara para poder seguir continuando. Éste asintió y el rubio continuó con lo que estaba diciendo.
–Cuando tenía once años me violaron. –La voz le tembló un instante al decirlo, pero siguió sin vacilar.– ¿Te acuerdas de aquel tío negro al que apalizamos hasta la muerte hace dos años? Fue él. ¿Recuerdas la rabia con la que le pegué en la cabeza y cómo le machaqué la puta polla? Pues fue por eso. –Entornó los ojos con odio y asco al acordarse.– Ese hijo de puta se merecía eso y más... y sin embargo me arrepiento.
–¿Qué? –Gaara no podía creerse lo que el rubio había dicho. ¿Arrepentido?
–No por él, sino por su familia. Si hubiesen matado a Tsunade, por ejemplo, de esa manera creo que hubiese rebuscado por cielo y mar hasta dar con los cabrones.
–Sí... supongo que cualquiera haría eso –musitó el pelirrojo.
–Sí... ¿Soy un monstruo, Gaara?
–No... Yo soy peor que tú. –El pelirrojo trató de sonreir.– Yo he matado. No a una persona, sino a varias, comenzado por mi madre.
–Gaara... Tú no mataste a tu madre –le dijo Naruto con cara de preocupación. Sabía que la madre de su ya recuperado amigo había fallecido al darle a él a luz.– Tú no podías haberlo evitado. Nadie podía.
–Claro que sí... Los médicos dejaron que yo la matara... Habría preferido mil veces haber muerto yo a que hubiese muerto ella. ¿Sabes lo que me ha contado Temari? –Naruto negó con la cabeza.– Me dijo que nuestro padre la maltrataba. Dijo que la pegaba y la hacía sentir como a una basura... Y mi padre dijo que ella no quería tenerme, que él la obligó. Todo el mundo me ha odiado siempre porque mi madre murió...
–¡Pero no es tu culpa! –le interrumpió el rubio–. Si la gente es tan estúpida que no puede darse cuenta de que sólo eras un niño inocente...
–No. Tengo un demonio dentro de mi –le contó con misterio en la voz.
–¿Qué dices?
–Por la noche, cuando no puedo dormir... Oigo voces. Vienen de mi cabeza. Es como un monstruo que me incita a hacer daño a las personas que conozco. Siempre he tratado de dominarlo pero a veces me controla... y es cuando mato sin querer. Hasta ahora sólo ha pasado tres veces, pero han sido suficientes para acabar con tres vidas...
–Me estás asustando... –susurró el rubio sintiendo como el vello de los brazos se le erizaba.
–A mi también me asusta. De pequeño me llevaban al psiquiátrico cuando me daban ataques de rabia. Me daba miedo ir...
Naruto se quedó con la boca abierta... Así que no era el único que tenía un gran secreto. Entonces se acordó de por qué había salido aquel día de casa y abrió más aún los ojos.
–¿Qué pasa? –le preguntó Gaara.
–Bueno... –suspiró el rubio–. Verás... Ya sé quien es mi familia.
–¿En serio?
–Sí... Tsunade es mi abuela. ¿Te acuerdas de aquel tío al que llamaban Yondaime? –Gaara asintió–. Era el hijo de Tsunade. Kakashi tenía algo de su sangre así que me hizo una prueba de paternidad sin que yo me enterara, y dio positivo –le contó.
–¿De verdad? Pues... me alegro por ti –trató de sonreír el pelirrojo.
–Pero no se quien es mi madre. Nunca le he preguntado nada a Kakashi de ella, pero hoy quería hacerlo. A lo mejor está viva –dijo Naruto esperanzado.
–¿Y has ido a ver la tumba de tu padre?
–No. Es que... si voy allí, ¿qué le diré?
Gaara estuvo a punto de decirle que era un muerto y que no lo iba a escuchar, pero se acordó de él cuando era pequeño, de cuando le hablaba a su madre aún sabiendo que no estaba y que no lo escuchaba, y nunca lo haría.
–¿Y si empiezas por decirle "hola"? –le preguntó pensativo.
–¿Hola? –se extrañó Naruto–." Hola, ¿qué tal? Soy tu hijo". ¿Eso? –Gaara se encogió de hombros.– Jeh... no creo que vaya –dijo después de un rato–. Siempre he querido saber quiénes eran mis padres, pero me da miedo saberlo de verdad. Mi madre no me quería y puede que mi padre muriera por salvarme la vida. Aunque sí quiero saber cómo era mi madre. Por qué no me quería, y un montón de cosas más.
–Bueno, por lo menos tú no naciste porque tu padre le ordenara a tu madre que así fuese.
Naruto suspiró. No sabía ni por qué había nacido. Se terminó la cerveza y se levantó de la silla.
–Me voy a hablar con Kakashi. Les diré a tus hermanos que vayan a verte, ¿vale? Te llamaré otro día. –Gaara asintó–. Adiós.
…
–Sasuke... ¿qué es lo que pasa? No entiendo para qué me has llamado aquí –dijo Orochimaru algo extrañado y molesto por tanto misterio. Sasuke sonrió, se sacó la pistola de la chaqueta y le apuntó directamente a la cabeza.– ¿Qué?
–Te voy a matar.
–Jaja... ¿Estás de broma? –rió divertido el hombre.
–Para nada. –En cambio Sasuke se quedó serio, mirándolo con profundo odio.
–Vamos, Sasuke... El plan era matar a tu hermano, no a mí. –El joven no contestó, sino que lo miró con los ojos entornados.– ¿Qué pasa ahora? ¿De veras me vas a matar tras haber sido tu maestro durante todo este tiempo?
–No lo dudes.
–Muy mal, pequeño, muy mal... –musitó Orochimaru. Entonces, por detrás de él apareció alguien con un arma, al igual que Sasuke, que a su vez apuntaba al menor.– ¿Ves por qué no deben los pequeños mocosos como tú rebelarse? Jaja... ¡Tú me perteneces, Sasuke! –Otro hombre apareció por detrás del mayor, apuntando con su arma a Sasuke, al igual que el anterior.
Orochimaru era como una fantasma. Delgado, de piel blanca y pelo negro y largo; sus ojos amarillentos parecían los de una vil serpiente y su sonrisa podría provocar escalofríos incluso en el más valiente sicario.
De repente se oyeron dos disparos y los dos hombres armados cayeron al suelo.
–¿Pero qué...? –preguntó Sasuke con confusión. Inmediatamente después de decir aquello otros dos hombres salieron de las sombras, por detrás de Orochimaru.
–Sasuke, suelta el arma.
Sasuke enseguida reconoció aquella voz tan tranquila: su hermano. No podía creérselo. Itachi había dicho que no lo vigilaría más, para demostrarle así que confiaba en él, pero aquello le hizo darse cuenta del engaño. Al otro lado, apuntando con otra pistola la cabeza de Orochimaru se encontraba un hombre rubio y delgaducho, de pelo largo y coleta alta.
–¿Qué coño haces tú aquí? –preguntó Sasuke a su hermano, frunciendo el entrecejo.
–¿Qué iba a hacer? ¿Quedarme de brazos cruzados viendo como te mataban? –le preguntó Itachi sin inmutarse y sin mirarlo. Tenía la vista fija en las manos de Orochimaru.
–Nadie te ha pedido ayuda –gruñó el menor.
–Estamos juntos en esto. ¿Ves por qué te vigilo? Por estupideces como esta. Podrías haber muerto y todo el plan se habría ido a la mierda, sólo por tu maldita impaciencia.
–¿Y a ti qué te importa que me muera o no? ¡Eso es asunto mío! –Trató de controlarse para no gritarle, pero no podía. Cada palabra la decía más alta.
–Suelta el arma.
–¡Ni hablar!
–Sasuke, no seas cabezota. –Itachi volvió el arma que apuntaba a Orochimaru hacia su hermano y lo miró con el entrecejo fruncido, perdiendo la paciencia. Sasuke hizo lo mismo, y dejó de apuntar a Orochimaru para volver la pistola hacia su hermano mayor.
–Deja de tratarme como a un puto crío. Puedo matar. Igual que tú eres capaz de hacerlo, yo también lo soy. Y si no quieres probarlo en carne propia será mejor que te largues. –Estaba furioso. Pasaba igual que cuando era pequeño. Itachi nunca le dejaba hacer nada por considerar que lo hacía mal.
–¿Es que no entiendes que esto ya no es un puto juego? Estamos hablando de matar. Tú no debes matar, ¿comprendes eso?
–¿Qué sabrás tu lo que debo y lo que no?
–Soy tu hermano, por eso mismo me importa. –Itachi, al contrario que Sasuke, estaba tranquilo, o eso trataba de aparentar.
De repente se oyó un golpe fuerte y los dos Uchiha miraron hacia el lado del que provenía el ruido. Orochimaru había logrado coger al hombre rubio del cuello y quitarle el arma, con la que ahora apuntaba a su sien.
–Ya basta de charla. O dejáis las pistolas en el suelo ahora mismo, o mato a tu amigo, Uchiha –dijo la voz de Orochimaru a Itachi.
Sasuke al oírle volvió a dirigir la pistola hacia su maestro.
–Sasuke... –lo llamó Itachi.
–¡Cállate! –lo interrumpió éste.
–Haz lo que ha dicho.
–¿Desde cuándo te importa a ti alguien, Itachi?
–Sasuke...
–Lo voy a matar –le volvió a interrumpir el menor, hablando rápido.
Apretó el gatillo un poco, sin llegar a disparar, preparándose para lo que iba a hacer.
–¡NO LO HAGAS! –gritó el hombre rubio.
¡BAM!
Demasiado tarde. Sasuke permaneció con la pistola elevada hasta que por fin reaccionó y vio a quien había disparado. Itachi se agarraba el hombro izquierdo con una mueca en la cara. La pistola se le había caído al suelo y estaba delante de Orochimaru.
–¿Qué coño has hecho? ¿ES QUE ESTÁS LOCO? –le gritó Sasuke a su hermano perdiendo los papeles y mirándolo desquiciado.
–Jeh... –Orochimaru golpeó fuertemente al rubio, tirándolo a varios metros de distancia y dejándolo medio inconsciente. Echó a Itachi al suelo y se subió encima de él, agarrándolo del largo pelo y tirando hasta levantar su cabeza. Le apuntó la nuca con la pistola, bajó su cabeza hasta la altura de la de Itachi y escrutó con sus ojos amarillentos la cara de pánico de Sasuke. Después, con voz siseante, le dijo socarronamente al mayor al oído:– No sabía que los muertos pudiesen hacer todas las cosas que has hecho tú, Itachi.
–Vas a morir esta noche. Lo sabes, ¿verdad? –le preguntó el mayor de lo Uchiha con voz serena.
–No creo... ¿Crees que después de lo que acaba de hacer, Sasuke será capaz de volver a disparar? –sonrió.
–No, no vas a morir por él, sino por mí.
Hizo ademán de levantarse, pero justo cuando iba ha hacerlo otro ruido sordo lo paró en seco. Un nuevo disparo. Itachi abrió mucho los ojos y los dirigió a su hermano, quien respiraba con dificultad. Después sintió como Orochimaru dejaba de agarrarle del pelo, y acto seguido cayó encima de él, y la pistola a su lado. Miró a Orochimaru. De su frente salía un pequeño río de sangre oscura y brillante. Volvió a mirar a su hermano.
–¿Qué diablos...? –Siguió mirando a Sasuke durante un buen rato, hasta que vio como éste se tambaleaba y comenzaba a caminar hacia atrás, con cara de pánico. Se quitó al muerto de encima y fue hacia su hermano, al tiempo que este caía de rodillas. Se agachó a su lado y le quitó suavemente la pistola de la mano. Lo abrazó y le acarició la cabeza.– Dios... Qué idiota eres, Sasuke.
–No... Yo... no –apenas fue capaz de pronunciar, con la voz quebrada–. Está... muerto...
–Sí... -suspiró Itachi–. Está muerto.
–No... lo he matado...
De repente Sasuke comenzó a reír con voz estridente, para parar de hacerlo sin previo aviso. Bajó el rostro y apartó a su hermano de él. Se levantó del suelo y con paso lento e indeciso comenzó a caminar hacia el cadáver de su maestro. Cuando por fin llegó hasta donde estaba lo miró con los ojos muy abiertos y susurró:
–Te lo merecías.
–Ah... –A varios metros de allí alguien comenzó a quejarse y despotricar. Itachi fue corriendo a ver cómo estaba su amigo.– Estoy bien –gruñó.
–Vale... Deidara, ve a traer las cosas para limpiar la sangre, y los sacos.
–Sí, jefe –contestó levantándose y saludando a Itachi cual militar, pronunciando la palabra "jefe" con burla. Al instante perdió la compostura y comenzó a apretarse las costillas con mala cara.
Se fue del lugar aún quejándose por el dolor. Itachi se miró el hombro, que aún sangraba y después a su hermano menor, quien seguía junto al cadáver de Orochimaru, y se acercó a él. Depositó su mano derecha en el hombro de Sasuke, ya que la izquierda le costaba moverla por la herida. Su hermano volvió lentamente la cabeza hacia él. Sus ojos estaban cristalinos, y parecía a punto de llorar. Itachi sonrió y le pasó el brazo por los dos hombros.
–Esta me la vas a pagar, renacuajo de mierda –le dijo.
–Lo siento –se disculpó Sasuke. Una lágrima que enseguida se encargó de secar resbaló por una de sus mejillas.
–Más te vale, porque de hora en adelante vas a ser mi esclavo hasta que se me cure el hombro –contestó con seriedad fingida.
–Eso ya lo veremos –replicó el menor dándole un codazo en el estomago, sin ninguna fuerza. Se apartó de él y musitó mientras se frotaba los ojos con la manga de la chaqueta–: Qué viento más molesto.
–Seguro que sí –sonrió Itachi, agachándose para recoger la pistola que se le había caído a Orochimaru, y después la suya propia. Se las guardó en el cinturón de los pantalones y se quedó mirando los tres cadáveres que había en el suelo. No había contado con unos matones tan grandes, porque realmente eran enormes.– Bueno, por lo menos has elegido un buen lugar para hacer estupideces –le dijo a su hermano, volviéndose para verlo. Éste miraba el cielo, entre las copas de los árboles. Itachi siguió su mirada y se topó con una enorme y blanca luna.
Estaban en un parque alejado del centro de la ciudad, en una zona un tanto deshabitada con pocas viviendas, si se podían llamar así.
Sasuke dejó de mirar el cielo para mirar a su hermano a la cara. Este sonrió con burla.
–Ven aquí y ayúdame, anda –le dijo.
En cuanto Deidara volvió con los sacos y un maletín lleno de productos desinfectantes y demás, limpiaron la sangre del suelo, recogieron los casquillos de las balas y metieron los cadáveres en sacos. A continuación metieron éstos en el coche en el que habían venido Deidara e Itachi.
–Deidara, deshazte tú de los matones y lleva a Orochimaru con el líder –le dijo Itachi al rubio.
–¿Y vosotros cómo volveréis?
–Llamaré a Kisame.
–Vale.
Arrancó el coche y se fue de allí a toda pastilla. Itachi se sacó un móvil del bolsillo de los pantalones y se lo llevó a la oreja. Sasuke se quedó mirándolo como si no lo viera. Habló rápidamente con la persona que había al otro lado de la línea, y menos de diez minutos después estaba allí un hombre bastante más alto que los dos hermanos, con la piel pálida y ligeramente azulada por la luz de las farolas. Venía en un BMW negro, último modelo, y llevaba unas gafas grandes y negras de sol.
Se subieron al coche y partieron de allí rápidamente. Cuando llegaron al piso de Itachi, éste se quitó la ropa de cintura para arriba, para poder examinarse la herida del hombro izquierdo.
–Mira lo que me has hecho –le dijo a Sasuke, quien llevaba ya bastante rato sin decir nada. Parecía drogado, mirando la pared como si fuese la cosa más interesante del mundo.– Vale, no te preocupes, si total, no hace falta –ironizó el mayor molesto.
–Ven –dijo Sasuke sin mirarlo.
–¿Por qué?
–Para ver cómo tienes el hombro.
–¿Ah, sí? ¿Sakura te ha enseñado a extraer balas? –le preguntó.
–Tanto como balas no, pero puedo hacerlo –dijo seriamente, mirándolo al fin.
Itachi suspiró y fue a otra habitación. Varios minutos después volvió con un botiquín en la mano. Se sentó en el sofá, al lado de Sasuke y lo abrió.
–Vamos. Y como se me infecte por tu puta culpa, te juro que te quedas sin cabeza.
Sasuke no le hizo caso y rebuscó en el botiquín unas pinzas, gasas y desinfectante. En cuanto encontró lo que buscaba echó el líquido sobre las gasas y comenzó a limpiarle la herida a su hermano. Después cogió las pinzas y las desinfectó primero, para luego introducirlas en la herida. Agarró la bala, que estaba bastante profunda y poco a poco la fue sacando, hasta que la tuvo sobre la palma de la mano. La dejó sobre unas gasas y volvió a limpiar la herida de Itachi, de la que había comenzado a salir mucha sangre otra vez. Le vendó el hombro y se quedó mirando los vendajes.
–Será mejor que vayas a dormir. Parece que estés colocado –le dijo Itachi con preocupación.
Sasuke no se movió, hasta que varios minutos después metió la mano en un bolsillo y sacó un móvil. Marcó unos números y se lo llevó a la oreja, pero segundos después Itachi se lo quitó de la mano y colgó.
–¿A quién ibas a llamar?
–A Naruto. Me largo de aquí.
–No lo llames desde un móvil, te podría localizar.
–¿Insinúas que Naruto también me vigila? –preguntó sin poder creérselo.
–No lo sé. Pero es mejor prevenir que curar, ¿no? –dijo mirándolo con ironía.
…
–¿Qué quieres, Naruto? –e preguntó Kakashi desde la puerta de su dormitorio, con cara de sueño.
–¿Puedes bajar?
- ¿Ahora?
–Sí... es importante.
–Joder... Enseguida voy –e dijo sin ganas. Cerró la puerta de su cuarto y Naruto fue al salón y se sentó en el sofá. Poco después aparecieron Sakura e Ino, riendo animadamente.
–¿De qué os reís vosotras? –les preguntó Naruto.
–He hecho las paces con Sai –anunció Ino.
–¿Ah, sí? ¿Eso significa que os vais? –dijo animándose ligeramente.
–Sí.
–Ah... yo también he hecho las paces con alguien –sonrió el rubio.
–¿Gaara?
Justo cuando Sakura lo dijo, el móvil de Naruto comenzó a sonar. El chico miró la pantalla, en la que ponía "Número oculto".
–¿Quién es? –contestó extrañado.
–Naruto... –susurró una voz al otro lado del aparado.
–Sí, ¿quién es?
–Soy... Sasuke –El rubio abrió mucho los ojos, pero no dijo nada.– ¿Me oyes?
–S... Sí... claro –contestó, aún sin reaccionar.
–¿Quien es, que te has quedado con esa cara? –curioseó Sakura.
–Sasuke... –contestó este–. ¡Sasuke! –reaccionó al fin–. ¡Tú, pedazo de desgraciado! ¿Qué coño haces en Los Ángeles? Cuándo te pille te voy a retorcer los huevos hasta que me...
–¿Cómo sabes tú que estoy...?
–Porque yo lo sé todo. Ya verás. Te voy a coger y te voy a estrangular y luego...
–Entonces no es plan de volver, ¿no? –le preguntó Sasuke, interrumpiéndolo.
–¿Qué? ¿Vas... Vas a volver? ¿En serio? ¿De verdad? ¿No mientes? ¿No es bro...?
–No, no es broma, voy a volver. Pero aún tardaré al menos una semana.
–¿Por?
–Tengo que arreglar unos asuntos con mi hermano...
...
Miró mal a Itachi. Éste sonrió con arrogancia.
–¿Tu hermano? ¿Qué vas a hacer con tu hermano?
–Nada –se apresuró al contestar.
–Sasuke, no mates a tu hermano –se apresuró a decir Naruto, con voz temerosa.
–No te preocupes, no lo hará –contestó Itachi arrebatándole el teléfono de la mano a Sasuke.
–¿Tú eres su hermano? –preguntó Naruto confuso.
–Sí. Encantado.
–¿Cómo que encantado? ¿No fuiste tú el que mató a toda su familia dejando a Sasuke solo, haciendo que se volviera un amargado de mierda? ¿Eh? ¿Eh? ¿EH? –preguntó molesto.
–Bueno, bueno. Te paso a Sasuke, para que veas que me quiere mucho, mucho, y ya no me odia, ¿verdad Sasu? –le preguntó a su hermano revolviéndole el pelo.
–¡CÁLLATE, DESGRACIADO! –le gritó a su vez Sasuke, volviendo a quitarle el teléfono de las manos–. No lo mataré porque me ha ayudado –le dijo a Naruto.
–¿De verdad?
–Sí –contestó Itachi volviendo a quitarle el teléfono a Sasuke. Éste estuvo a punto de saltar sobre él y golpearle la cabeza hasta dejarlo inconsciente.– Tu novio es taaan bobo que de poco la palma esta noche. Ay... Si no llega a ser por mí, ¿qué sería de ti, Sasuke? –le preguntó a su hermano menor con voz falsamente compasiva.
–Oye, dame el jodido teléfono, Y VETE A TOMAR POR CULO –gritó intentando coger el aparato.
–Además, me ha disparado –le contó Itachi a Naruto evitando a Sasuke.
–¡Sasuke!
–Fue su puta culpa, se metió entre el arma y Orochimaru –dijo el aludido alzando la voz para que Naruto lo escuchara.
–¿Orochimaru?
–Sí, Sasuke se lo ha cargado.
–¡Sasuke!
El menor por fin logró quitarle el aparato de las manos a su hermano y le dijo a Naruto rápidamente, antes de colgar:
–Te lo contaré todo cuando vuelva. Adiós.
–Qué aguafiestas que eres. ¿Ves? Ahora tendré que volver contigo para conocer a Naruto.
–Jeje... tú no vas a ver a Naruto en tu puta vida –contestó Sasuke apretando los puños con fuerza.
–¿Qué te apuestas?
…
–Oh... ¡SASUKE VUELVEEE! –gritó Naruto levantándose del sofá para abrazar a Sakura y a Ino a la vez. Éstas le devolvieron el abrazo, riendo felices, al igual que él.
–¡Esto hay que celebrarlo! –dijo Sakura.
–¡Sí! ¡Esta noche hay que salir a celebrar! –le dio la razón Ino.
