11. Sexo
El bar en el que se encontraba la mitad de la gente de la casa okupa estaba tan lleno que apenas se podía respirar a gusto. Sai animaba a Sakura y Naruto en la barra para que bebiesen más, ya que estaban haciendo una competición para ver quién aguantaba beber más chupitos. Ya estaban bastante borrachos por la gran cantidad de alcohol que habían ingerido. Por su parte, Ino trataba en vano de que dejasen aquella estúpida pelea.
–Shhh... –le susurró Naruto volviéndose hacia ella y tapándose los labios, entrecerrando los ojos como si no pudiese verla bien–. La tengo que ganar... porque ha dicho que ella puede más que yo, y toda la casa... juntosh... o juntash... o no se qué ha dicho... –añadió arrastrando las palabras, como si estuviese perdiendo la paciencia. Pidió otro vaso de licor al camarero y miró a Sakura mal antes de bebérselo de un sólo trago. La pelirrosa lo imitó y pidió lo más fuerte que tenían en el bar.
–¡Vamos, Sakura! ¡Tú puedes! –animaba Sai.
–¡Pero anímame a mi, qué soy tu amigo! –chillaba a su vez Naruto, sin apenas poder sostenerse de pie.
–Pero Sakura está buena y tu no.
–Vamos, lo que me falaba... –susurró Ino.
–¡Claro que estoy bueno! –saltó el rubio–. ¡Mírame, estoy buenísimo! –comentó comenzando a subirse la camiseta.
–Uooo... ¡Venga! ¡Streaptease! –animó Sakura–. ¡Bien, Naruto! ¿Te ayudo? –se ofreció bebiéndose lo que le quedaba en el vaso y pegándose al cuerpo del rubio, abrazándose a él.
–Claro... –sonrió el chico dejando que Sakura le levantase más la camiseta.
–¿Otra vez? –preguntó Shikamaru apareciendo de pronto entre la multitud, con un vaso en la mano.
–Jojojo... –rió Sai descaradamente. Después cogió a Ino de la cintura y la besó–. ¿Ves como no pasa nada? –le preguntó.
–¿Lo has hecho a propósito? –preguntó ella abriendo mucho los ojos, sin poder creérselo.
–Shhh... Pero no se lo cuentes a nadie, mucho menos a Sasuke... –rió–. Vamos a dar una vuelta... –La cogió de la mano y tiró de ella para sacarla fuera del bar.
–¿Voy a tener que pagar yo? –preguntó Shikamaru molesto. Sakura y Naruto ya no parecían estar en el planeta, ya que habían empezado a darse piquitos juguetones y a toquetearse como si el mundo no estuviese alrededor. Entonces, Sakura cogió de la mano a Naruto y tiró de él en dirección a los aseos–. ¿Y también vais a…? Joder… Qué gente.
De mala gana pagó, y salió del local entre molestos empujones. Anduvo durante un buen rato por las calles llenas de gente. Aquel día había sido un follón para todo el mundo. Un día demasiado largo para su gusto.
En el último tiempo pasaba los días en el nuevo piso de Naruto, tumbado en el sofá, viendo la televisión, fumando o hablando con Temari; sin embargo, aquel día Naruto lo había echado, Sasuke había llamado para decir que volvía, tuvo que aguantar los arrebatos de felicidad del rubio, las constantes llamadas de Temari para enterarse de los últimos cotilleos –ya que no iría a la okupa–, el salir de fiesta, tener que pagar todo lo que habían consumido Naruto y Sakura y, para colmo, quedarse solo.
Siguió caminando sin rumbo, por unas calles que poco a poco se iban vaciando. Calles más oscuras y silenciosas que las que estaban llenas de bares. Eran callejuelas estrechas en las que se encontró un sólo bar, en el que prefirió no entrar, ya que por el simple hecho de pasar por delante, los hombres que había dentro, todos ellos andrajosos y cansados, lo miraron con el odio reflejado en sus huesudas caras.
Hizo una mueca y siguió su camino, hasta llegar a una calle medianamente iluminada. Se sentó en las escaleras de una casa abandonada y a medio caerse y se sacó un cigarrillo del bolsillo, dispuesto a relajarse. Pero la tranquilidad no le duró mucho, ya que pronto comenzaron a oírse gritos fuertes por una calle perpendicular, muy cerca de donde él estaba.
–Vaya... Y yo que no quería malos rollos... –murmuró para sí mismo.
No se movió, sino que se quedó sentado donde estaba, esperando que aquel par de locos, ya que parecían dos, no pasaran por esa calle. A medida que las voces se fueron haciendo más fuertes reconoció una de ellas. Era la de una mujer, concretamente una rubia, amiga de Naruto.
Suspiró y se quedó mirando el lugar del que procedía el ruido, y se concentró en oír la conversación:
–¡Qué mas te dará a ti con quién esté y qué haga! ¡Tú no eres una mierda en mi vida, creo que te lo dejé claro! –decía Temari intentando que su voz no sonara demasiado alterada.
–¿Que no soy nada? Hemos estado juntos durante dos años, ¿Y AHORA NO SOMOS NADA? –gritó una voz masculina, visiblemente furiosa.
–Deja de perseguirme o te partiré la cara –le contestó la chica con voz serena.
–¿Ah, sí? ¿Como ese mierdas de tu amigo hippie?
–¿Ahora te dedicas a espiarme? Me alegré cuando volviste pero ya veo que no debí hacerlo. Eres un completo gilipollas.
–¿QUIÉN ES UN GILIPOLLAS, EH? –gritó el hombre agarrándola del brazo y tirando de él hasta que ella lo miró a los ojos. Unos ojos grises y fríos.
Era un hombre bastante robusto, aunque sin exageraciones. Llevaba ropa de estilo skinhead y todo tipo de parches racistas, homofóbicos y demás. Llevaba el pelo rapado, y una cadena en una mano, con claras intenciones de querer usarla.
–Tú eres el gilipollas. Si crees que me asustas, te equivocas –le contestó Temari sonriendo con asco.
El hombre hizo ademán de golpearla pero ella se apartó y le dio una patada con la puntera de acero de sus botas en una rodilla. Volvió a sonreír pero no se movió, sino que observó al chico, que se agarraba la rodilla y la miraba con odio, llamándola "perra de mierda". Temari no se inmutó ante los insultos del chico.
–¿Ves ahora que no te tengo miedo y que a míi no me amenaza ni Cristo? –le preguntó.
–¿De verdad quieres que me ponga serio contigo, Temari?
–Tú... ¿serio? Jaja... no me hagas reír. Los payasos no pueden ponerse serios; si no, dejarían de ser payasos. Tú nunca vas a dejar de ser un payaso –reía, como si le hubiesen contado el mejor chiste del mundo.
–Jodida perra... te voy a... ¡AH! –Temari le volvió a dar una patada, sólo que esta vez iba dirigida al costado, y si no le rompió un hueso, fue un milagro.
–Creo que me conoces demasiado bien como para saber que si empiezo en serio acabo, ¿verdad? Será mejor que te vayas a tu puta ciudad. Aquí ya no te quiere nadie. Por mucho que yo intentara hacerles ver que no eras lo que ellos decían, al final tuvieron razón. Eres un perro arrastrado y mamón. Será mejor que te vayas... –Otra patada, en un hombro.– a tu puta casa... –Un puñetazo lo golpeó en plena cara, y cayó al suelo sin remedio. Temari comenzó a caminar por la calle en la que estaba Shikamaru, y éste confió en que no lo viera cuando pasara por su lado. Así fue. El hombre al que había golpeado la chica, se levantó silenciosamente del suelo, se enroscó la cadena en los nudillos y rápidamente echó a correr hacia Temari, con el puño alzado...
El ruido que hacía el hombre al correr hizo a Temari volverse, para ver a tiempo el golpe seco que lo derribaba. Una tabla de madera impactó de lleno en su cabeza, rompiéndose en dos pedazos, abriendo una profunda herida en la cabeza del chico, haciéndolo caer a suelo con un ruido sordo. Temari miró al autor de aquel brutal golpe y lo que vio la sorprendió de verdad. Shikamaru yacía en las escaleras de una vieja casa, con la tabla partida en la mano y con una mueca de cansancio en su cara.
–¿Qué coño...? –musitó la chica. Shikamaru la miró.
–Iba a matarte –dijo a modo de disculpa.
–¿Qué? ¿Cómo diablos...? ¿Qué haces tú aquí? –logró al fin preguntar.
–Intentar descansar... Intentarlo, porque hoy parece que no os apetece dejarme hacerlo –suspiró–. No hacéis más que dar problemas todos.
La rubia miró el cuerpo que yacía en el suelo, viendo como brillaba, con la débil luz que iluminaba la calle, la sangre que salía de su cabeza, como si fuese rubí líquido. Se sacó algo del bolsillo y se agachó junto al hombre. Levantó un poco su cabeza y le puso un pañuelo sobre la hemorragia.
–Te has pasado –le dijo a Shikamaru.
– Un poco...
–Y eso que eres pacifista... que si no lo llegas a ser, lo descuartizas –rió la chica.
–Deberías agradecérmelo. Ese cabrón iba a matarte –se quejó.
–Pues gracias... supongo. –Se sacó el móvil del bolillo y llamó a una ambulancia. Después se levantó y miró a Shikamaru–. Será mejor que te vayas.
–¿Por qué? –preguntó éste frunciendo el entrecejo.
–Porque vendrá la ambulancia, posiblemente llamen a la bofia(1), y desde luego harán preguntas. Y no es conveniente que vean a un pacifista con un par de nazis... Te meterías en problemas y me meterías a mí en problemas. Cargaré con las culpas, diré que le han dado una paliza y no he podido hacer nada, que llegué tarde o cualquier cosa. Luego te llamo. –Shikamaru frunció más el entrecejo.
–¿Crees que no he pensado en eso? ¡Pero no dejaré que cargues tú con éste –señaló al otro hombre– cuando la culpa es mía! Va en contra a de mis principios no ayudar a una mujer cuando necesita ayuda. –Temari puso los ojos en blanco.
–También va en contra de tus principios medio-matar a una persona, y lo acabas de hacer. Además, fue culpa suya. Si me hubiese dejado en paz a la primera esto no habría pasado. Y ahora lárgate o te hago lo mismo que a él –lo amenazó con tranquilidad.
–Qué no.
–Que sí, coño. Vete y luego te llamo. Le dejaré en el hospital y que se busque la vida. Lo que le pase luego no es asunto mío. Mira –añadió al ver que el chico iba a protestar–, ve a casa de Naruto y quédate allí hasta que yo vaya.
De mala gana tuvo que aceptar y hacer lo que la chica le decía. Temari se quedó junto al otro hombre, que yacía en el suelo, al lado de un charco de sangre. Cuando vinieron del hospital, lo subieron en una camilla y se lo llevaron en ambulancia, ella fue con él.
…
Sakura se terminó de colocar la ropa, todavía riendo, y Naruto siguió con la cabeza debajo del agua fría del grifo.
–Jeje... –reía la muchacha–. Hacía tiempo que quería hacer eso... Hmm... –Se frotó los ojos con cansancio.– Quiero una birra.
–Me estoy mareando... –susurró Naruto adormecido.
–Pues... llevas con la cabeza bajo el grifo media hora... Se te habrá enfriado, jaja... –rió tontamente.
–Estás borracha –susurró el rubio sin ganas, sacando la cabeza de debajo del agua.
–¡No estoy borracha! ¡Pedazo de bobo! ¡Tú si que estás... borracho... eso, borracho! –exclamó llevándose la mano a la cabeza, mareada–. Creo que voy a vomitar...
–Pero lejos de mi...
Sakura apartó corriendo una de las dos puertas de lo retretes y se agachó sobre uno, haciendo una mueca desagradable antes de echar todo lo que había comido y bebido aquel día. La nariz le picaba y el asqueroso y ácido sabor de su boca hacía que vomitase más, hasta que lo hubo echado todo. A Naruto le entraron arcadas y musitó, antes de salir del lavabo:
–Te espero fuera...
Salió y se quedó parado al lado de la puerta, apoyado en la pared, buscando a algún conocido con la mirada. Se topó con Moegi, quien a su vez parecía estar buscando a alguien con la mirada, y la llamó. Cuando la joven lo vio fue hacia él y se quedaron hablando hasta que Sakura salió del servicio, diciendo que quería irse. Naruto no tuvo más remedio, así que la acompañó hasta la okupa y después se fue a su propia casa.
…
De nuevo el molesto teléfono sonaba. Naruto había comenzado a odiar los teléfonos por la nueva costumbre que habían adquirido de despertarlo por las mañanas. Si no era el jaleo que reinaba en el apartamento, era el teléfono. Se levantó con pesadez de la cama, bostezando y, estirándose, sacó el móvil de debajo del montón de ropa que había en el suelo y miró la pantallita, pasándose la mano por las comisuras de los labios. Tenía la boca pastosa.
–¿Qué quieres, Sakura?
–¡Tú! ¡Ya era hora de que cogieras!
–¿Ah, sí? ¿Y por qué? –preguntó haciendo gran esfuerzo por hablar.
–¿Cómo que por qué? –se alteró la chica–. ¿Tú sabes...? ¿Eres consciente... de lo que hicimos ayer? –preguntó casi gritando.
–Sí... salir a celebrar que Sasuke vuelve y... mierda. –Palideció enseguida al darse cuenta de a qué se refería Sakura.
–Sólo dime una cosa... dime que te pusiste condón... –dijo tratando de calmar su alterada voz.
–Creo que sí. Siempre llevo uno conmigo... Espera un momento. –Se agachó y recogió su pantalón del suelo, rebuscó en el bolsillo trasero, pero no encontró nada.– No tengo nada en el bolsillo, así que supongo que lo usamos –le dijo.
–Buff... No sabes el peso que me quitas de encima –suspiró Sakura aliviada.
–Oye...
–Dime.
–¿En serio lo hicimos? –preguntó aún sin poder creérselo.
–Sí... Lo siento, fue mi culpa, no debí haber bebido tanto. Normalmente no lo hago, pero es que salió lo de la competición y claro... –suspiró.
–No te preocupes... Yo también tengo parte de culpa... aunque no tengo ni idea de cómo comenzó todo... –dijo con nerviosismo.
–No importa. Vamos a olvidarlo, como si no hubiese pasado, ¿vale?
–Bueno... No sé yo...
–He dicho que vamos a olvidarlo –volvió a decir la pelirrosa, con voz autoritaria.
–Claro, claro –le dio la razón el otro–. Bueno, luego nos vemos, si eso.
–Adiós.
Naruto salió de la habitación y se encontró en la cocina con Temari y Shikamaru, los dos durmiendo sobre la mesa.
–Buenos días –habló en alto, para que se despertaran.
–¿Woa...? –Temari levantó perezosamente la cabeza y miró aturdida a su alrededor.
–¿Qué, de juerga anoche? –preguntó el rubio, abriendo el frigorífico, sacando la caja de leche. Después buscó en uno de los armarios y sacó un vaso y un bote, el de chocolate; buscó en un cajón y cogió una cucharilla.
–Algo así... –musitó la chica–. ¡Tú! –llamó a Shikamaru, zarandeándolo.
–¿Qué quieres? Déjame dormir... –farfulló el otro volviendo la cabeza para el lado contrario.
Naruto se agachó a su lado, apoyando la barbilla en la mesa y susurró, mientras Temari lo miraba con curiosidad:
–Shika... me han dado dos vuelos en primera clase para ir a Holanda... Te invito.
Como perro sabueso que busca su comida, Shikamaru levantó la cara para observar a Naruto, con los ojos entornados, intentando saber si lo que decía era verdad. Desde luego que no, pero una vez que levantaba la cabeza ya no podía volver a dormir, y eso era algo que, por desgracia, Naruto sabía. El rubio sonrió, se levantó, cogió otra silla y se sentó entre Temari y Shikamaru.
–Bueno... ¡Qué vida! –dijo alegre.
–Problemático de mierda... ¿Por qué me tenéis que fastidiar siempre el sueño?
–No sé... –contestó Naruto rascándose la barbilla, sin darle importancia al asunto.
–Voy a recoger mis cosas –dijo Temari levantándose del asiento mientas bostezaba y estiraba los brazos. Entonces, su cara adquirió una mueca de dolor.– Mi espalda... –se quejó.
–¿Te vas a ir? –preguntó Naruto antes de meterse una cucharilla rebosante de chocolate a la boca.
–Sí... Ya es hora de que me largue a mi propia casa... Creo que te hemos rayado demasiado, ¿no?
–Hmm... Pero sin gente me voy a aburrir –reflexionó el rubio.
–Éste me ha dicho que Sasuke vuelve –comentó señalando con la cabeza al otro muchacho, que se rascaba la cara soñoliento–, así que no creo que vayas a tener tiempo para aburrirte –rió.
–Ahora que lo dices... Por cierto, ¿te lo he dicho? He hecho las paces con Gaara –la informó Naruto sonriendo ampliamente.
–También me lo ha dicho éste. –Lo volvió a señalar. Después salió de la cocina y fue a recoger sus cosas.
–¡Oye! –la llamó Naruto.
–¿Qué?
–¿No irás a hablar con él?
–Esta tarde –contestó desde otra habitación.
–Vale.
–Me debes dinero –dijo de repente Shikamaru, observando fijamente como el rubio rebuscaba chocolate en el bote y bebía la leche directamente de la caja de cartón, olvidándose del vaso.
–¡Qué dices! Yo no me acuerdo de que me hayas prestado nada –protestó.
–Ayer pagué todo lo que bebisteis Sakura y tú, y no creas que salió barato. –Hizo una mueca de desagrado, se levantó y fue al cuarto de baño.
…
Algo más de una semana más tarde...
Y de nuevo algo desagradable lo tenía que despertar. Esta vez era el timbre de la puerta. Con lo bien que se había sentido al no tener a nadie que lo despertara por las mañanas... El móvil había dejado de sonar, los gritos habían cesado de escucharse por todo el apartamento, y justamente cuando Naruto dio todo por acabado algo volvía a molestarlo. Juró que como fueran otra vez religiosos que venían a intentar que se uniese a su secta los iba a apalizar de tal manera que no volverían a pisar ese barrio en la vida.
–¡YA VOY! –gritó de malas maneras.
El timbre dejó de sonar. El rubio se levantó de la cama, fue al baño y salió un minuto después, con la cara y la boca lavadas. Fue hacia la puerta y abrió con la mueca más desagradable que le fue posible poner en esos momentos, pero no tardó en cambiarla a una totalmente diferente. Sus ojos se abrieron al punto de que creyó que iban a salírsele volando de las cuencas.
–Hola –saludó el visitante con cara de mosqueado. Pasó por su lado y penetró en la casa. Naruto se volvió, al igual que volvió su cara de malas pulgas y gritó.
–¿CÓMO QUE "HOLA"? ACABAS DE LLEGAR DESPUÉS DE DOS MESES, ¿Y LO ÚNICO QUE ME DICES ES "HOLA"?
–Hola –dijo otra voz a sus espaldas.
–¡WAHHH...!
Naruto pegó un bote y se dio la vuelta para observar a la segunda persona, que estaba de pie, sonriente, enfrente de él. Un chico de pelo largo y moreno, ojos del mismo tono, varios centímetros más alto que él y vestido con ropa veraniega y unas chanclas que dejaban ver las uñas de sus pies, pintadas de negro.
–¿Tú eres...?
–Itachi, encantado –dijo tendiéndole una mano para estrechársela. Naruto hizo caso omiso, sólo le miró con una ceja levantada y se dio la vuelta para entrar en la casa. Itachi creyó hervir de rabia, y a punto estuvo de saltar sobre Naruto, pero cuando vio la mirada asesina de su hermano prefirió estarse quieto.
–¡Sasuke, desgraciado! O sea que, vienes, después de tanto tiempo sin verte, ¿y no me das ni un reglo, ni un beso, ni un abrazo de buen amigo, ni...?
–Cállate ya.
–¿CÓMO QUE "CÁLLATE"? ¡A MI NO ME MANDES CALLAR!
Sasuke hizo una extraña mueca, se acercó a Naruto, lo agarró por los hombros y le dio el beso más húmedo que había dado en su vida. Cuando al fin se separaron, después de bastante tiempo, el moreno se quedó mirando al de ojos azules con el ceño fruncido.
–¿Contento? –preguntó de mala gana.
Naruto no contestó, sino que saltó sobre él y comenzó a devorarle la boca con ansia, siendo correspondido por Sasuke. Itachi miraba con los ojos muy abiertos la escena, riendo con perversión. Cogió con la mano derecha la maleta más grande y con la izquierda la más pequeña y entró en el piso. Después volvió a salir y cogió otras dos maletas para, a continuación, dejarlas en el suelo, cerrar la puerta, abrir una de las valijas y rebuscar algo en ella. Cuando al fin lo encontró, sonrió divertido, se acercó a los dos chicos -que aún seguían besándose sin notar su presencia- y comenzó a acribillarlos a fotos. Entonces, los dos muchachos pararon en seco, se separaron y miraron a Itachi con cara asesina. Éste los miró con una sonrisa de superioridad, y Naruto gritó:
–¡OYE! ¡A HACER ESO A TU PUTA CASA!
–Hmm... Estoy en mi casa... ¡Cuánto tiempo! Aunque parece que por aquí haya pasado un huracán –comentó examinando el lugar–. Y además... veo que Sasuke y tú compartís modales.
–Itachi... –susurró Sasuke.
–Tranqui, tranqui, ya me voy a mi cuarto. Te pareces a tu puto padre, ¿te lo he dicho alguna vez? –preguntó el mayor volviendo a sus maletas. Como pudo, y arrastrando una, se las llevó todas por el pasillo al que había sido su dormitorio. Abrió la puerta con dificultad y metió todas sus cosas dentro–. ¡Coño! –exclamó–. ¿Pero qué ha pasado aquí?
–¿Eh? –Sasuke lo siguió y entró dentro de la habitación. Ésta tenía todas las sábanas por los suelos, más algo de ropa interior femenina. El armario estaba abierto y todo lo que había en él estaba tirado, el sillón volcado y la lámpara de la mesilla rota–. Naruto... –llamó Sasuke tranquilidad fingida.
– Emm... No es mi culpa. Lo juro... Joder... les dije que limpiaran.
–¿Acaso has usado la casa como puticlub? –preguntó Itachi.
–No, joder. Es que han vivido algunas personas conmigo.
–¿Personas? –preguntó el menor de los hermanos–. ¿Mujeres, más concretamente?
–Pobre Sasu –dijo Itachi abrazando a su hermano y acariciándole el pelo–. Él que ha sido buen chaval y te ha sido fiel, y tú vas y le haces esto.
–Suelta –farfulló Sasuke empujando a su hermano.
–Pero es verdad. Pareces su perrito, ¿no te das cuenta? –insistió Itachi.
–Cállate.
–No me voy a callar. Si hubieses aceptado las proposiciones de orgía te dejaría en paz, ya que estaríais en iguales condiciones.
Naruto flipaba con todo lo que decía Itachi. Él pensó que para ser un parricida tenías que tener mucha sangre fría, y lo cierto era que aquel hombre, con su ropa de verano –sin estar en verano– y con todas las cosas que decía más bien parecía un loco.
–Bueno, déjalo. Naruto, ¿quién ha estado viviendo contigo? –preguntó Sasuke volviendo a su lado.
–Buff... Un montón de gente. Primero vino Temari, ¿sabes quién es, no? La hermana de Gaara. Por cierto, he echo las paces con Gaara –sonrió–. Después vino Kankuro, su otro hermano. Después Ino se peleó con Sai y vino aquí, y Sakura también... –vaciló al nombrar a la pelirrosa. Desde que había pasado "aquello" no había sido capaz de mirarla a la cara.– Y después Shikamaru se pasaba los días aquí... Así que básicamente he estado viviendo con... –contó con los dedos– cinco personas.
–Ahora se explica lo de la ropa interior... –se dijo Itachi–. ¡Sasu, te ha puesto los cuernos con tres mujeres!
–¿Quieres dejar de llamarme Sasu? –le preguntó haciendo movimientos exagerados de "te voy a matar".
– Si te llamas Sasu... –dijo su hermano restándole importancia–. Además, la cuestión es otra. Y es que Naruto te ha puesto los cuernos, y por ende, deducimos que tú también debes ponérselos a él. Y la mejor forma de hacerlo es montándote una orgía...
–¿Quieres dejar el asunto de la orgía? –le volvió a preguntar Sasuke elevando la voz–. ¿Y no querías ir a la okupa?
–Es verdad. Hala... Volveré tarde así que tienes tiempo para pensarte lo de la orgía... y te daré otro punto a tu favor. ¡Naruto se puede apuntar! Ah... y a ver si me limpiáis la habitación. –Sin decir más salió por la puerta, pero no la cerró, sino que volvió a asomar la cabeza–. Naruto, dame unas llaves.
–¡Pero tendrá cojones! –habló al fin el rubio–. ¡Encima que le dices esas cosas a Sasuke de mí! ¿Y ahora me tratas de "Naruto"?
–Cierra la boca, mocoso, y dame unas putas llaves –murmuró Itachi poniendo cara de psicópata, y entonces Naruto vio que realmente era un asesino. Aquella cara daba miedo, y no sólo la cara. Fue a su dormitorio y cogió de un cajón uno de los pares de llaves que tenía allí guardados. Salió y se las dio al mayor de los Uchiha. Éste sonrió cínicamente, y se fue.
–Qué tío... –dijo Naruto horrorizado.
–Pasa de él.
Naruto se dio la vuelta para mirar a Sasuke, pero este pudo notar su nerviosismo.
–Oye... tengo algo que decirte.
–No jodas... Itachi tiene razón y me has puesto los cuernos –dijo en broma. Naruto asintió–. No me jodas...
–¡Pero no es lo que tú crees! –se apresuró a decir–. Es que bebí demasiado... y con el calentón del momento...
–¿Con quién? –suspiró el moreno poniendo mala cara.
–Sakura –dijo Naruto en voz tan baja y cohibida, que Sasuke apenas logró entenderlo.
–¿Sakura? –preguntó sin poder creérselo.
–¡Estábamos borrachos! ¡Entiéndelo! De otra manera nunca lo habría hecho...
–Bueno... –lo interrumpió Sasuke– es igual. Al fin y al cabo estabas en tu derecho, ¿no? Yo me fui, así que tú podías hacer lo que te diese la gana con tu vida.
–Supongo...
Naruto miró a Sasuke con una sonrisa triste y melancólica en la cara. Éste se acercó a él, le dio un beso sobre los labios y lo abrazó. Naruto correspondió al abrazo y permanecieron así, dándose leves besitos mutuos en el cuello durante un buen rato.
–Siento haberte dejado así –susurró Sasuke.
–No importa... ¡aunque si lo vuelves a hacer te...! –le amenazó, pero Sasuke no lo dejó acabar y lo besó sonriendo.
–¿Qué me vas a hacer tú que no me vaya a gustar? –insinuó.
–Eres un guarro –rió el rubio colando las manos por debajo de la chaqueta de Sasuke.
–¿Y tú qué? –preguntó el otro, tirando de la camiseta de su pijama hasta que Naruto dejó que se la quitara–. Y era yo el guarro...
Sasuke comenzó a lamerle el cuello desatando toda la pasión que había tenido encerrada durante tanto tiempo. Bajo una mano hasta la entrepierna de Uzumaki y comenzó a acariciarla, sacando leves suspiros de la boca del otro, haciendo que no tardara nada en endurecérsele. La otra mano la desplazó por la espalda, bajando hasta su trasero, el cual agarró con fiereza. De su cuello, paseó la lengua por su pecho y llegó hasta un pezón, el cual se puso duro ante el sólo contacto de la lengua. Lo mordisqueó levemente, y le dio un par de lamidas más antes de dejarlo y volver a la boca de Naruto, para volver a besarlo.
El rubio se creía morir de placer. Hacía tanto tiempo que no había tenido a Sasuke a su lado que el simple contacto con su cuerpo lo había calentado. Entonces sintió como el ojinegro le agarraba ya el duro y palpitante miembro -por encima del pantalón- y comenzaba a subir y bajar la mano por su longitud, sin hacer demasiada fuerza, en una simple caricia. Jadeó en su boca, pero Sasuke volvió a apresarla, apretando sus labios, sin llegar a rozarse sus lenguas. Entonces, agarró el pantalón y tiró de él hasta dejarlo por los tobillos del Uzumaki.
–Vamos... –gimió éste–. Date... ah... prisa... –suspiraba entrecortadamente.
Sasuke obedeció, dejó su boca y se acuclilló frente al otro chico. Le bajó el boxer y se quedó observando su miembro, pero un impaciente Naruto colocó la mano en su nuca y lo empujó contra él. Viendo que no podía esperar más, Sasuke decidió hacerle pasar un mal momento al de ojos azules. Le dio una rápida lamida a la base de la erección, y Naruto sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Llevó sus manos hasta el borde de sus pantalones, y con paciencia y lentitud comenzó a desabrochárselos, mirando a Naruto a los ojos, quien también lo observaba, algo rojo por la excitación, con los ojos entrecerrados y mordiéndose el labio inferior.
–Sasuke... –pronunció– o lo haces tú... o... –Se agarró el pene y comenzó a masturbarlo, mirando fijamente a Sasuke, suspirando su nombre. Entonces éste lo agarró de la mano, haciéndole parar.
–Aún no... –susurró.
–No lo aguanto... No lo aguanto más... Vamos.
Sasuke se quitó los pantalones, y de paso la ropa interior, después la chaqueta, y por último la camiseta, de la cual el rubio tiró para que se apresurara. Entonces, con movimientos gatunos se acercó a la entrepierna de Naruto y comenzó a acariciarla con las uñas. Naruto gimió con descontrol ante aquello, así que el moreno cogió con una mano el miembro y se lo introdujo en la boca. Succionó una vez y se lo volvió a sacar, viendo como el rubio iba perdiendo los estribos. Comenzó a lamer toda la longitud y a mordisquear muy levemente el glande, arrancando más suspiros de la boca del otro.
–Como no te des... ah... prisa, te juro... que... que... te pongo a cuatro patas y... ah... capullo, no muerdas... No, sigue... –jadeó cuando Sasuke le mordió la punta de la erección, haciéndole un poquito de daño. Pero al ver que se apartaba, Uzumaki volvió a agarrarle de la nunca, pegando su mejilla al miembro palpitante–. Vamos... hazlo de una vez...
–Tsk... qué impaciente –musitó el pelinegro antes de meterse el miembro del rubio en la boca, hasta la mitad. Entonces comenzó a subir y bajar, una y otra vez... Naruto cada vez gemía más y pedía que lo hiciera más rápido; no aguantaba más, sentía que iba a explotar de placer. Gemía y gemía sin parar, dejando que de sus labios escapara el nombre de Sasuke.
Ya no faltaba mucho para que la cumbre del placer se derribara y llegara al clímax... Pero el moreno no iba a ponérselo tan fácil, por lo que se sacó la longitud de la boca y se levantó, haciendo caso omiso de las protestas del rubio. Con una mano le apartó el flequillo de la frente, y con la otra comenzó a frotar su miembro contra el del rubio, quién soltó un gemido por la sorpresa y el placer. Sasuke lo besó mientras frotaba su miembro contra el de Naruto con más fuerza.
El de ojos azules agarró de los hombros al moreno y lo besó con más furia, moviendo los caderas para hacer que el tocamiento entre sus erecciones fuera más placentero; introdujo su lengua dentro de la boca de Sasuke, por fin después de tanto desearlo, y comenzaron un bailoteo rápido, al mismo ritmo que sus acelerados movimientos, juntando sus lenguas, mezclando saliva... Hasta que Naruto dejó de besar al ojinegro y de intentar fusionarse con él, con el frotamiento; bajó la lengua por su barbilla, después por su cuello, pecho, y al fin llegó hasta su duro y erecto pene.
Comenzó a lamerlo como si de un helado se tratase. No un helado dulce, sino todo lo contrario. Lo devoró con tal ansiedad, esperando los graves gemidos de Sasuke... Éstos no tardaron en llegar, susurrando gravemente el nombre del rubio. Naruto se introdujo el miembro en la boca y comenzó a succionar con fuerza, subiendo y bajando los labios, de arriba abajo, tragándose toda la carne que podía.
Sasuke también sintió como llegaba a su límite, pero cuando sus gemidos se fueron haciendo más graves Naruto dejó su miembro y subió hasta su cara, para comenzar a besar cada milímetro della. Entonces fue el moreno el que se impacientó, tumbó a Naruto en el suelo y se subió a horcajadas sobre él para comenzar a besarle con fogosidad, introduciendo su lengua dentro de la boca contraria, volviendo a rozar sus miembros desesperadamente.
Con algo de rudeza, Sasuke levantó los muslos de Naruto, y en un movimiento un tanto bestia, sin dejar de besarlo, introdujo su miembro en su interior. Naruto gritó, y se agarró con fuerza a la espalda del ojinegro. Entonces, éste comenzó a embestirlo con toda su energía, sin dejar de besarlo, acariciarlo, comenzando a masturbar su miembro. Naruto gritaba y gemía, gozoso de placer tras acostumbrarse a tener a Sasuke dentro, lo cual no fueron más que unas cuantas embestidas.
–Más... –susurró el rubio con voz excitada, moviendo sus caderas, jadeando en la boca del ojinegro–. Vamos... ¿es que no... ah... no sabes hacerlo más fuerte? –provocó a Sasuke.
Entonces, éste comenzó a aumentar la velocidad a la que movía su cuerpo, y Naruto gimió aún más al tocar el moreno un punto que no sabía que tenía. Al final le había acabado gustando aquello que en un principio le había destrozado la vida. Era tan exquisitamente contradictorio que sólo de pensarlo se ponía más cachondo. Se abrazó con las piernas a la cintura de Sasuke para ponerse más cómodo.
–¿Te gusta... eh? Maricón... –le insultó el moreno en un ronco gemido.
Poco faltaba para que los dos alcanzaran el orgasmo. Unas cuantas embestidas profundas por parte de Sasuke y Naruto bajó las manos hasta su trasero y, en un acto reflejo, empujó al ojinegro más dentro de sí, llegando al cielo, y haciendo llegar al moreno con él. Gritó roncamente mientras una ola de adrenalina le recorría todo el cuerpo, y no tardó en venirse sobre su pecho y vientre; Sasuke no tardó en imitarlo, para después dejarse caer sobre él, respirando aceleradamente. Naruto también se relajó y bajó sus piernas, apoyando los pies en el suelo. Impelió al moreno levemente.
–Levántate...
Sasuke salió de su interior con pereza y se sentó en el suelo, apoyando las manos en éste, respirando aún con dificultad.
–Ya no estás tan bueno como antes, ¿sabes? –se burló.
–Ya verás cuando te ponga a cuatro patas... en una noche verás lo cachas que me pongo. –Naruto hizo una mueca y se levantó del suelo, suspirando mientras su corazón volvía a latir con normalidad.
–Y eso pasará... pues... nunca –le dijo Sasuke fingiendo pensar.
–¿Eso crees? Desgraciado... perdí mi trabajo y mi forma por tu puta culpa, ahora me las vas a pagar... y violentamente... No voy a tener compasión contigo y te voy a dejar el culo hecho trizas. Pero no te preocupes, "amor", te gustará –sonrió con cinismo.
Echó a andar hacia el cuarto de baño, rascándose el cuello. Sasuke se levantó y fue rápidamente a abrazarlo, y con voz melosa le dijo al oído, mientras le besaba detrás de la oreja:
–Vamos, vamos, sabes que no puedes conmigo. No puedes golpearme ni una sola vez... y no se si te has fijado en que estoy más buenorro ahora, y en que tengo más fuerza que antes... –susurró con malicia.
–Desde luego, te voy a partir en dos... tú espera y verás como me suplicarás que te dé por ese precioso y duro culo que tienes. –Se deshizo del abrazo y entró en el cuarto de baño. Sasuke simplemente se quedó en el pasillo, sonriendo con prepotencia. Si Naruto creía que se iba a dejar dar por culo tan fácilmente estaba muy equivocado.
…
1.Bofia: policía.
