BANG!

Kakashi abrió la puerta medio dormido. Se quedó un instante mirando a su visitante, como si no supiese exactamente quién era, y cuando por fin la información le llegó al cerebro, abrió al máximo su único ojo, de la sorpresa.

–¿Qué coño haces tú aquí? –atinó a preguntar.

–He vuelto. ¿No te alegras? Qué gentuza... Y yo que creía que tendría mejor recibimiento en esta casa... Ya veo lo equivocado que estaba –asintió Itachi cruzándose de brazos a la altura del pecho.

–Bueno... No es que fuera la ilusión de mi vida verte, pero... Bueno, ya que estás aquí, pasa –añadió rápidamente abriendo del todo la puerta. El moreno entró y cerró tras sí.– ¿Y qué te trae por aquí?

–Ver tu jeto... –dijo sarcástico.

–¿Sasuke está con Naruto?

–Sí... Ahora mismo, si no me equivoco, estarán follando como perros en celo... En fin –suspiró. Kakashi se sentó en la cama y bostezó mientras observaba el atuendo de Itachi. Éste no tardó en contestar a su pregunta imaginaria.– Sasuke dice que doy vergüenza ajena con esta ropa, sólo la llevo por eso. En realidad es lo más hortera que me he puesto en mi vida. –Tiró un poco de su camiseta y la observó con una ceja alzada.

–Vale... A todo esto, no has contestado a mi pregunta. ¿Por qué has venido?

–Estoy de vacaciones... ¿Y no puedo venir a saludar a mis viejos colegas? –sonrió con cinismo.

–¿Tus viejos colegas...? –le preguntó el mayor, mirándolo receloso–. Seguro que vienes a eso –ironizó–. ¿Qué quieres en realidad?

Itachi sonrió con el misterio y la maldad reflejados en sus oscuros y afilados ojos.

–O sea, que no sabes donde está Orochimaru.

–Ni idea. Lo tendrán Itachi y sus amigos, si es que todavía lo tienen.

–Pues vaya... y yo que le quería dar una patada en la cara... Sucia rata comunista –siseó Naruto apretando los puños y frunciendo el entrecejo.

–Bah... Dejémoslo.

–Vale. ¿Sabes que Temari y Shikamaru tienen algo?

–¿Qué? ¿Están saliendo? –preguntó incrédulo el moreno.

–No sé... pero están raros. Digo, no es normal que pasen tanto tiempo juntos si supuestamente no se tragan, ¿no?

–No me digas. La gente es rara. –Sasuke se rascó la cabeza y se hundió más aún en el sofá, dejando reposar la barbilla sobre el pecho.

–Ya... Oye, ¿eres consciente de que me vas a tener que mantener, ahora que has vuelto? –preguntó el rubio riendo con malicia.

–¿Y sigues con eso? Igual que has podido sobrevivir todo este tiempo sin mí, puedes hacerlo durante toda tu vida...

–Y no sabes cuánto he sufrido... –interrumpió Naruto dramatizando–. Tantos sacrificios, tanta hambre, tantas duchas con agua fría... –dramatizó aún más. Sasuke puso los ojos en blanco–. Bueno, pero el caso no es ese. El caso es que me tienes que mantener. –Recuperó su cara normal y lo señaló amenazador.

–Y una mierda que te vas a comer.

–No. Y por cierto... ¿Sabes que disfruté lo de Sakura? –le volvió a preguntar el rubio, sonriendo de nuevo maliciosamente.

–Bueno, no me extrañaría, aunque... –Se levantó de su sofá y se sentó a horcajadas sobre Naruto, en el otro. Acercó su boca a la del rubio y le susurró:– Haré que te olvides de que Sakura existe. –Comenzó a comerle la boca con ansia, y cuando terminó se dedicó a lamerle los restos de saliva de las comisuras.

–No creo... Lo recuerdo como uno de los mejores polvos que he echado en mi vida –mintió.

–Jeje... Pues tendré que follarte mejor, supongo –rió. Después, comenzó a mordisquearle levemente la mejilla.

–Me estás llenando de babas... ¡O... oye! –exclamó el rubio al sentir como Sasuke le mordía más fuerte–. ¿Te muerdo yo a ti otra cosa?

–Vale –contestó el otro, sin dejar de mordisquearle la cara.

Naruto sonrió un poco, llevó sus manos hasta el borde de pantalón de Sasuke e introdujo una dentro. Agarró uno de los testículos del moreno y lo apretó entre sus uñas, haciendo que Sasuke pegara un bote y se apartara de él rápidamente. Tiró un poco de su pantalón y boxer y miró lo que tenía entre las piernas con el ceño fruncido.

– Me cago en tu puta vida –le dijo a Naruto haciendo una mueca.

–Bueno, es que la boca no me llegaba para morderte... –dijo éste como si nada, rascándose la mejilla que el moreno le había mordido y secándose los restos de saliva.

–Ya... sin boca te voy a dejar yo a ti.

–Tú tócame un sólo pelo y te quedas sin ese tipin' playero(1) que tienes –lo amenazó cruzándose de brazos.

–¿Mi qué? –preguntó el moreno aturdido.

–Tipin' playero –repitió Naruto levantándose del sofá.

–¿A dónde vas?

–¿Es que no quieres ver a los de la okupa? Te vas a llevar muchas hostias, pero como ahora tienes súper-fuerza... –ironizó.

–Joder... –suspiró–. Vale, vamos...

Itachi caminó por el corredor a paso lento, como si estuviese tremendamente concentrado, tratando de recordar algo de vital importancia. Pero esa aparente concentración fue interrumpida por un grito en la sala de abajo. Parecía un grito de alegría, y le pareció oír el nombre de su hermano. Bajó las escaleras y asomó la cabeza para ver qué ocurría. En esos momentos una chica rubia abrazaba a Sasuke, y éste no sabía qué hacer para librarse de ella.

–¿Y Sai? –preguntó Naruto.

–Ha ido a ver a no sé quién –le contestó Ino soltando por fin al moreno–. Oye... Ya podrías haber avisado de que venías hoy. Te habríamos hecho una fiesta o algo.

–No hace falta, Ino, gracias –negó Sasuke.

–¿Cómo que no? Las cosas buenas hay que celebrarlas. Me alegro de que hayas vuelto. Ya verás que contenta se pondrá Sakura cuando te vea –le aseguró.

-–Y cuándo vuelve Sai? –preguntó de nuevo Naruto.

–Ah, pues no sé. ¿Habéis quedado?

–Dijo que me acompañaría a hacerme un tatuaje... Es que tiene él el dibujo y yo no sé a donde vamos –aclaró.

–¿Cómo que un tatuaje? –preguntó Sasuke.

–Pues un tatuaje. Ya lo verás, está muy guapo –le contestó emocionado.

–Joder... Y se quejaba de que no se podía dar caprichos –se dijo el moreno.

–Es que va a ser gratis.

–¿Qué?

–Hola –saludó una voz desde las escaleras.

–¿Y tú qué coño haces aquí? –preguntó Sasuke con fastidio, volviéndose al reconocer la voz de su hermano.

–Venía a ver a viejos amigos... ¿Es que no puedo?

–Haz lo que quieras... Como si te suicidas.

–Sí, yo también te quiero –le contestó sonriendo con falsedad.

–Psss... Sasuke. –Ino le dio un codazo al moreno para llamar su atención–. ¿Es que no me vas a presentar?

–Ah... sí. Ino, éste es Itachi... Es un vagabundo loco que recogí porque me dio pena. No le prestes mucha atención.

–Gracias, Sasuke. Tu hermano te aprecia enormemente por tus bonitas palabras. En fin, mejor me presento yo. Soy Itachi, el hermano mayor de Sasuke –le dijo a Ino sonriendo vagamente.

–Ah... ¿sí? –preguntó la rubia de repente, cambiando su cara de emoción por una de total desconfianza. Ella sabía lo que aquel hombre le había hecho a Sasuke, y desde luego no era algo que le agradara–. Hola –saludó con un poco de frialdad.

–Vaya... veo que ya has oído hablar de mí –rió Itachi.

–Un poco... –contestó ella.

Itachi asintió y después saludó a Naruto con la mano.

–Hola –contestó éste–. Ino, ¿dónde está Sakura?

–Está en la universidad haciendo no sé qué. No me lo ha querido decir, pero parece importante. Normalmente no va a hacer prácticas a menos que sea necesario.

–Ah... bueno... Espera... –susurró al notar algo vibrar dentro de su bolsillo. Sacó el móvil y miró la pantallita. Era Sai, pero no entendía qué hacía el teléfono en silencio–. ¿Qué pasa? –contestó.

Oye, ¿dónde estás?

–En la okupa, ¿por? le preguntó extrañado el rubio.

No, nada. Es que iba a ir a recogerte a tu casa porque me pilla cerca de donde estoy ahora, pero voy a la okupa entonces. En quince minutos estoy ahí, ¿de acuerdo?

–Vale, luego nos vemos. –Colgó y volvió a guardarse el móvil.

–¿Y cómo así que te haces un tatuaje? –preguntó Sasuke sospechado.

–Pues estuve el otro día hablando con Sai de tatuajes, y decidí hacerme otro. ¿Qué pasa, que no puedo? –le preguntó al moreno de malas maneras–. Además, me sale gratis, porque vamos a ir donde su tío, y no me va a cobrar.

–Ah, creo que Sai ya me habló de él. Un día íbamos a ir a que me hiciese yo algo... Se lo tengo que comentar –dijo Ino asintiendo.

–Pues bien. Sasuke, vámonos –llamó Itachi a su hermano.

–¿Cómo que vámonos? Lárgate, yo no voy a ninguna parte contigo –negó el menor frunciendo el entrecejo.

–Oh, vamos, no seas borde. Tenemos que recuperar el tiempo perdido, y esas cosas.

–¿Tú te has golpeado la cabeza o te pinchas?

–Que no... Pero qué gentuza hay en esta ciudad. Yo no sé ni para qué me molesto en venir. En fin, que no importa. Vamos, coño, que tengo que hablar contigo –dijo yendo hacia él. Lo cogió por un brazo y tiró hacia la salida, sin embargo Sasuke se soltó y lo miró mal.

–Habla con la pared, por lo menos te escuchará.

–Qué gracioso eres, ¿te lo he dicho alguna vez? –le preguntó Itachi totalmente serio–. Era mejor cunado eras un crío. Eras más obediente.

–Sasuke, ve –los interrumpió Naruto.

–No. Y tú no irás con Sai a ninguna parte.

–¿Es que estás celoso? –preguntó el rubio con burla.

–Te voy a... –empezó Sasuke, levantando el puño, pero Itachi le cogió de la muñeca, obligándolo a bajar el brazo.

–Te pillé –comenzó a reír Naruto.

–Dejadlo ya –les interrumpió Ino–. Sasuke, no tienes por qué ponerte así; y Naruto, deja de meter tanta bulla, o cobras –amenazó.

–Bah... Vámonos –susurró Sasuke empezando a irse. Itachi lo siguió con una sonrisita divertida en los labios.

Naruto se quedó mirando como los dos hermanos salían por la puerta, después se tiró en un sofá, bostezó y cerró los ojos, dispuesto a echar una cabezadita hasta que Sai llegara. Ino, por su parte, se encogió de hombros y se sentó en otro sofá, reanudando su tarea: estudiar.

A los 15 minutos Naruto despertó algo extrañado. Realmente no había dormido del todo, sino que había estado oyendo lo que ocurría a su alrededor y a la vez soñando. Y es que había tenido un sueño muy extraño. No sabía de qué iba, sólo que salían cuervos.

–Ino... –llamó a la muchacha, quien seguía escribiendo en un cuaderno.

–¿Qué quieres?

–¿Qué significa cuando sueñas con cuervos?

–No sé. Más tarde subo a la habitación y lo miro en el libro –le contestó sin dejar de escribir.

–Vale. ¿Sai no ha llegado aún?

–No.

Naruto se levantó y se desperezó. Fue al baño y desde ahí oyó como alguien llegaba a la casa. Sin duda debía ser Sai. Se lavó las manos al terminar la faena y salió a saludarlo.

–Hola, Sai.

–Ah, hola. Bueno, ¿nos vamos? –preguntó.

–Sí... Oye –llamó–. ¿Y a dónde vamos exactamente? ¿Está muy lejos?

–Bueno... Pues tenemos que coger el metro desde la estación ésta que hay a veinte minutos de aquí... No me acuerdo como se llama...

–Vergara(2) –interrumpió Ino.

–Eso. Cogemos la línea cuatro y llegamos en diez minutos, más o menos.

–Entonces está en el quinto cojón –replicó el rubio.

–Bueno... Si tienes algo mejor que hacer...

–Es igual, vámonos.

Sai le dio un beso a Ino antes de marcharse, y Naruto se despidió gritando. Ino se quedó sola, y siguió así media hora más, hasta que Moegi bajó de su cuarto en pijama y con cara de sueño y se tiró en un sofá para después levantarse y buscar el mando de la televisión.

–¿Qué haces? –le preguntó a la rubia, aún buscando entre los cojines de los sofás.

–Estudiar.

–¿Tenéis exámenes? Pues yo no... Bueno, no importa mucho de todas formas... Llevo siglos sin aprobar un examen –admitió encontrando al fin lo que buscaba. Miró con los ojos entornados los botones del mando y encendió la televisión, volviendo a uno de los sofás. Cogió un cojín y se tumbó abrazándolo. Cambió tres veces de canal, hasta que se paró en uno de noticias para levantarse e ir a la cocina a por algo de comer.

... Y no tenemos información de las víctimas. Sabemos que la línea cuatro de la estación de metro Vergara ha quedado totalmente inutilizada. Parte de ella se ha derrumbado, llevándose consigo un parque infantil que había encima, hundiendo a las personas que había en él. De momento se sospecha que ha sido una bomba. Parece ser que el terrorismo no deja de azotar el planeta, y los diálogos con las bandas terroristas nacionales no sirven de nada... –decía la periodista dentro de la pequeña pantalla.

Ino levantó la vista horrorizada y miró las imágenes, en las que se podía ver la estación totalmente destruida, y los equipos de salvamento intentado quitar los escombros, otros atendiendo heridos... La policía trataba de que la gente no se acercara, cuando de repente se oyó un fuerte ruido. Al parecer una explosión, porque parte de los escombros saltaron por los aires, y de dentro comenzó a salir polvo en grandes nubarrones grises. La gente gritaba y huía, mientras la periodista se tapaba la cabeza inútilmente y le decía a la cámara, con voz temblorosa y llena de miedo:

Parece una nueva explosión... La gente está como loca. Al parecer todavía hay bombas dentro. Será mejor que todo el mundo se aleje de aquí y que la gente de la zona desaloje sus casas.

–¿Pero qué...? –Ino se levantó corriendo del sofá, dejando que los libros cayeran al suelo. Cogió su móvil y buscó en la agenda el número de Sai.

El número al que está llaman...

–¡Mierda! –exclamó asustada. Buscó el de Naruto.

Información gratuita de...

–¡CÁLLATE! –gritó perdiendo los estribos.

–¿Qué diablos pasa? –preguntó Moegi volviendo de la cocina con un paquete de galletas y un tazón de leche.

–Son... Joder... Sai y Naruto... La estación... ¡Sai y Naruto están en el metro!

–¿Y? –preguntó la pelirroja sin entender.

–¡Que el metro ha saltado por los aires! –casi chilló la rubia, perdiendo totalmente su paciencia–. Necesito llamar a Sakura... No, a Sasuke. No, a Kakashi... –decía alterada. Estaba a punto de llorar, con los ojos abiertos como platos, totalmente histérica y asustada.

–No me jodas... –pronunció lentamente la menor, dejando la leche y las galletas sobre un sofá. Se acercó a Ino y trató de abrazarla–. Tranquilízate. No creo que les haya pasado nada... ¿no? Seguro que no tienen cobertura. Estarán bajo tierra, y ahí no hay cobertura. La explosión ni debe de haberles alcanzado –decía sin conseguir siquiera convencerse a ella misma.

–Tengo que llamar a Sasuke –concluyó Ino buscando su número en la agenda. Se llevó el auricular a la oreja–. Vamos, vamos... Contesta, joder...

¿Qué pasa? –contestó una voz después de un buen rato.

–Sasuke, Sasuke... –dijo la chica un poco más aliviada–. Menos mal que contestas... Ha pasado una cosa horrible –dijo sin poder contener más las lágrimas.

¿Sí? ¿Ha muerto el papa? –preguntó la voz.

–¡NO SEAS IDIOTA! –contestó Ino en un sollozo.

Bueno, bueno, tranqui. Ahora te paso a mi hermano. Es que estaba meando... Joder que genio con las mujeres de hoy en día... –farfulló la voz.

Se oyó un poco de ruido y una mini-discusión, y después Sasuke preguntó de mala gana:

¿Quién es?

–Sasuke... –susurró la muchacha gimoteando.

Ino, ¿qué te pasa? –le preguntó él preocupado.

–Naruto y Sai... ha habido un atentado... –Se tapó la boca. No podía continuar. Moegi, que aún seguía algo firme le quitó el teléfono de las manos.

–Sasuke, soy Moegi. Acaba de salir en las noticias que ha habido un atentado en una estación de metro. Ino dice que Naruto y Sai están allí... o estaban... Quiero decir, que a lo mejor ya están en la superficie, que ya han salido del metro –se apresuró a decir al darse cuenta de la interpretación que podía tener el "estaban".

Pero... ¿No los habéis llamado?

–Tienen los móviles apagados... o sin cobertura –volvió a añadir–. Ya sabes que bajo tierra no hay cobertura.

Claro... –susrró el chico–. Voy para allá. Ten cuidado de que Ino no haga ninguna tontería y avisa a Sakura y a Kakashi, si es que no lo habéis hecho ya.

–Vale.

Veinte minutos después el salón de la okupa estaba lleno de gente pendiente del televisor. Sasuke y Kakashi habían decidido ir a la estación para ver si podían averiguar algo; Itachi se dedicaba a observar a las mujeres que había en aquel lugar, envidiando a Sasuke por tener amigas así; Ino y Sakura estaban pendientes del teléfono, intentando contener las lágrimas, y todos los demás comentaban entre sí la noticia, mientras llamaban a sus conocidos para comunicarles lo que había ocurrido.

Temari, que se había enterado de las primeras, llamó a Gaara, y éste desde su casa, estaba pendiente del teléfono y el televisor, hasta que no pudo aguantar más, se levantó y fue a la estación.

1.Tipin' playero: no se lo he oído a nadie más que a mis amigos. Tipin' viene de tipo, o tipazo, jaja.

2.En realidad Vergara es una ciudad chilena... Ya veis que poca originalidad tengo...

Capi dedicado a Yukinita por su cumple J