Despertar
Kakashi divisó una conocida cabellera rojiza a lo lejos. Se quedó fijamente mirando a un algo desconcertado Gaara y después echó a andar hacia él. Sasuke no le prestó atención. El hombre caminó hasta ponerse enfrente del chico; Gaara lo miró con el ceño fruncido y se atrevió a preguntar:
–¿Sabéis algo?
–No. Aún no lo han sacado, si es que está ahí, y si no está, no ha llamado. –Gaara asintió levemente y se puso a mirar a su alrededor, viendo a gente herida por doquier, policías, bomberos y ambulancias.– Vamos –dijo Kakashi dándose la vuelta. Comenzó a andar hacia donde estaba Sasuke. El pelirrojo dudó un momento en si seguirle, pero después de pensarlo un poco decidió que era mejor estar con ellos a estar solo.
Al llegar donde estaba el moreno, éste no les prestó atención. Tenía la vista fija en los escombros de la estación y le temblaban las manos. Como a Naruto le hubiese pasado algo... En ese momento vio como sacaban a varias personas. Le pareció ver a un rubio así que echó a andar hacia allá.
–Disculpe –le interrumpió un policía–. No puede pasar.
–¿Cómo que no? –preguntó él.
–Hay heridos, señor. Debemos dejar que los médicos y los bomberos se ocupen. Por favor, permanezca alejado.
–Cállate –le espetó empujándolo con todas sus fuerzas.
Kakashi lo llamó pero no hizo caso. Echó a correr hacia las personas heridas hasta pararse frente a aquel tipo que le había parecido rubio. Tenía un gran corte que le atravesaba la cara, desde la sien hasta la barbilla. Una pierna le sangraba demasiado y le faltaba la zapatilla izquierda. Estaba manchado de sangre y polvo y toda su ropa estaba hecha jirones, pero sin duda no era Naruto. Se tranquilizó un poco al ver que no era él y miró los demás cuerpos. Los médicos traban de reanimar a todos los que podían mientras iban sacando a más gente del derrumbamiento.
No sabía qué hacer. Estaba al borde de la histeria, pero trataba de respirar hondo y ser positivo, aunque el pesimismo parecía tentarle. Se rascó la mejilla izquierda, después el cuello... si el cuerpo empezaba a picarle era mala señal.
–Sasuke... –Alguien le puso la mano en el hombro. Volvió un poco la cabeza y vio la angustiada cara de Kakashi–. Vamos, no haces más que molestar.
El moreno asintió levemente y comenzó a caminar, seguido de Kakashi, quien observaba con preocupación como se rascaba la cara y como le temblaban las manos.
Una vez llegados donde estaba Gaara, se sentaron en el bordillo de una acera próxima. Los minutos pasaban tensos y llenos de impotencia. Sasuke tenía la vista fija en los escombros, Kakashi lo miraba a él y Gaara miraba el cielo con el entrecejo fruncido.
…
–Diga –contestó Sakura impaciente.
–¿Sakura Haruno?
–Sí, ¿quién es?
–¿Podría venir a la Universidad? Nos han llamado para que llevemos gente a la estación de Vergara para curar a los heridos, por el asunto de la explosión. Supongo que lo sabrá. ¿Podría venir, por favor?
–Cla... Claro –dijo–. Irá también Ino Yamanaka.
–De acuero, os esperamos –le dijo la voz antes de colgar.
–Sí.
–¿Quién era? –preguntó la rubia.
–De la Universidad. Dicen que necesitan médicos para lo del atentado. Vamos. –Se levantó y se escurrió entre la multitud, con su amiga siguiéndola. Itachi observó como se iban a toda prisa y se levantó del sofá en el que descansaba. Se despidió de la chica con la que había entablado conversación y siguió disimuladamente a la pelirosa y su amiga.
Media hora después ya estaban atendiendo los cientos de heridos que se habían recuperado de los escombros. Ninguno de ellos eran Naruto o Sai, y cada vez se ponían más nerviosas. Se habían encontrado con todo tipo de gente: mutilados, quemados, algunos con apenas rasguños...
Sasuke estaba al lado de Sakura, impacientándose cada vez más, con el teléfono móvil en una mano y marcando sin parar el número del rubio, pero no había forma de contactarlo. Itachi no sabía cómo hacer que se calmase, para poder llevárselo de allí.
...
Los bomberos ya habían llegado hasta uno de los metros, el único afectado con gente dentro, según parecía. Uno de los vagones estaba totalmente destruido, y se podía oír gente gritando, pidiendo ayuda. Tras lograr apartar los hierros y las piedras por fin empezaron a aparecer las personas. Había entre ellos siete muertos y mucho heridos.
–¡Oigan! –llamó una voz. Uno de los hombres, alto y fuerte, se volvió y observó como un chico moreno trataba de salir de debajo de unos hierros y asientos, tirando con todas sus fuerzas de una de las silla, para lograr arrancarla.
–¿Estás bien, chico? –le pregunó el bombero.
–¿Qué le parece a usted? –le contestó él con una desagradable sonrisa–. Joder... mi pierna –susurró–. Mi amigo está debajo, inconsciente. Ayúdame, porque si muere me estrangulan –bromeó.
El hombre tiró con todas sus fuerzas del asiento, logrando desencajarlo, y ayudó a Sai a salir. Tenía una pierna totalmente magullada, y apenas podía sostenerse en pie. Juntos, sacaron al rubio, quien sangraba generosamente de la cabeza, pero por lo demás parecía que estaba bien, a excepción de algunos rasguños.
El bombero les ayudó a salir y pronto vinieron médicos a ayudarlos, cuando Sai oyó un grito.
–¡SAI, NARUTO! –Miró en la dirección de la que provenía y pudo ver a una preocupada Ino haciéndoles señas. El moreno les dijo a los médicos que les estaban ayudando que los llevasen hasta allí–. ¡Dios mío! ¿Estás bien? ¿Naruto está...? –preguntó la chica con el miedo reflejado en los ojos, mientras tendían al rubio en el suelo. No tardó en llegar Sasuke corriendo, que había visto todo desde donde estaba Sakura, unos diez metros a la derecha de Ino.
–¡Naruto! –gritó arrodillándose frente a él. Sai se sentó como pudo, haciendo muecas de dolor.
–Sólo está inconsciente –susurró.
…
–¿Te piensas quedar aquí toda la noche? –preguntó Itachi a su hermano, ya en el hospital, esperando en los pasillos a que los médicos les dijeran algo de Naruto.
El menor simplemente le echó una mirada asesina y siguió paseándose por la sala. Ino llegó por un pasillo con Sai en silla de ruedas, algo triste.
–Vamos, déjalo. No te ha pasado nada a ti. Soy yo el que se va a quedar cojo –trataba de animarla el moreno sonriendo.
–Deja de reir, Sai. Esto no es una broma –le contestó ella fríamente.
–¿Crees que me voy a morir por esto? –le preguntó él.
–¿Sabéis algo de Naruto? –preguntó la muchacha a Sasuke. Éste no contestó, sino que lo hizo Sakura por él.
–No, aún no nos han dicho nada. Antes he visto al médico pero dice que aún no hay nada seguro. Ni siquiera me ha dicho si está fuera de peligro –susurró tapándose la cara con las manos.
En una esquina, Gaara observaba a toda aquella gente con el ceño fruncido. Desde luego, en tan poco tiempo Naruto se había ganado más amigos de los que había tenido en toda su vida. No podía evitar envidiarle en cierta forma. Si a él le hubiese pasado algo como aquello pocos se habrían preocupado.
Pasaron lo que les parecieron horas hasta que un hombre con bata blanca vino por el pasillo y se plantó en frente de Sasuke, para después mirar a todos los demás.
–No sé cuántas noticias malas tendré que dar hoy, pero de verdad, lo siento en el alma –habló. El moreno se temió lo peor y el médico lo pudo averiguar en su mirada–. Lo siento mucho, de veras. Vuestro amigo está en coma. No corre peligro de muerte pero no sabemos cuándo despertará. Puede hacerlo mañana o dentro de 20 años. No lo sé. Lo siento –acabó diciendo, cabizbajo.
Sasuke asintió y tragó saliva. Volvía a pasar. Volvían a arrebatarle a un ser querido. Sintió como las rodillas temblaban y como alguien le ponía una mano en el hombro, pero no lo miró, ni lo escuchó. El médico se fue, dejándolos ahí solos, no sin antes decirles que podían ir a verlo. Sakura y varios más se levantaron y lo siguieron hasta su habitación.
–Sasuke... vámonos a casa –le dijo Itachi tratando de que su voz sonara suave.
–No –negó el menor.
–Ya has oído al médico. Si despierta te avisarán.
–No –volvió a negar.
–Mírate, tienes un aspecto deplorable. Tienes que descansar o te volverás loco –insistió.
Sasuke movió la cabeza negativamente y su hermano suspiró. Le pasó un brazo por los hombros y lo empujó hacia la salida. Las piernas del muchacho se movieron automáticamente.
–Ya sé que eres la primera persona que quiere verle despertar, y todo eso. Pero no te puedes quedar aquí. Tarde o temprano te acabarían echando y tu sólo te deprimirías, esperando el momento en el que despierte.
Al cabo de un rato salieron del hospital. Sasuke caminaba lentamente, mirando el suelo con cara inexpresiva, sin decir una palabra. Itachi pidió un taxi, y cuando llegaron a casa Sasuke siguió igual. No cenó y ni siquiera se molestó en ducharse o cambiarse de ropa. Se sentó en el sofá, mirando sus manos sin decir absolutamente nada.
–Como si no hubiese tenido bastante cuando eras un crío –suspiró Itachi, para después empezar a tirar de él para que se levantara.
…
5 años después...
"No sé cuánto tiempo pasó desde aquello hasta que me fui de la ciudad, pero el suficiente como para que pasaran muchas cosas.
No fui ni una sola vez a ver a Naruto al hospital, ni tampoco fui a trabajar a ninguna parte. Me pasaba los días en un bar con Gaara, aquel nazi amigo de Naruto. Él se parecía a mí en cierto modo. No era de muchas palabras pero tampoco alguien que se callara cuando algo no le gustaba. No sé exactamente como pasó, pero el caso es que nos reuníamos todas las tardes en el mismo bar, y no salíamos hasta que no cerrara o hasta que nuestros respectivos hermanos nos viniesen a recoger. No nos emborrachábamos, sino que nos pasábamos ahí las horas, hablando de cosas que ni siquiera venían a cuento, pero ni una sola vez de Naruto.
Aún recuerdo como sangraba aquel día. Fue meses después, habando con Gaara cuando decidí buscar a los cerdos que le habían hecho aquello y acabar con ellos. Si hasta entonces había pensado que el gobierno era inútil, después me di cuenta de que no servía para absolutamente nada. Sus diálogos y todas sus mierdas eran una máscara. Enmascaraban a la policía y a toda esa mierda, que en realidad tampoco me fue demasiado útil. Todo lo que he hecho hasta ahora lo he hecho con mi hermano.
No conocía a Itachi como lo conozco ahora, y aunque sigo pensado que no es buena persona, Kakashi tenía razón. Me quiere más de lo que nunca admitirá. A él Naruto no le preocupa en absoluto. Si fue al hospital cuando aún seguíamos en esa miserable ciudad solamente fue por mí. Hizo lo imposible para que le vieran buenos médicos, pero todos decían lo mismo. A veces me arrepiento de haberle causado tantos problemas, pero me debe lo que ha hecho hasta ahora por mí y más.
Al final resultó que Sakura se había quedado embarazada de Naruto. Para ella fue muy difícil tomar una decisión, pero concluyó que lo mejor era abortar. Yo le había dicho desde un principio que lo hiciera. Ese niño se merecía algo mejor, pero tal vez debería haber nacido.
Tras eso Sakura fue unas pocas semanas más a la Universidad y cayó en un depresión profunda. Se largó de la okupa y de la ciudad, y me he enterado de que se empezó a dedicar a la prostitución. Lo último que he podido averiguar de ella es que pilló el SIDA y dejó de prostituirse. Supongo que ahora estará investigando una cura. Conociéndola, seguro que es así. O eso o está en un psiquiátrico. No sé cómo pudo acabar tan mal.
Ino también cayó en una depresión que le duró meses. Los psicólogos no ayudaban nada y cada vez estaba peor. No tenía ganas de hacer nada. Apenas si iba a la Universidad, pero era por Sai. Al final se prometieron, y pareció animarse. Se casaron el año pasado y ella está embarazada. Ya no viven en la okupa; alquilaron un piso. Sai está cojo pero Itachi me ha dicho que le van a operar. Con suerte podrá volver a andar con normalidad. Lo cierto es que Sai no me importa lo más mínimo, pero espero que Ino sea feliz otra vez.
Hinata se fue con aquel primo suyo, a buscar no sé qué de su familia, y por lo que sé, ahora donan dinero a un hospital infantil, o algo así. Lo cierto es que no me esperaba eso de un nazi, pero tal vez el poder de convicción de Hinata sea mayor de lo que yo pensaba... o hay algo muy raro de por medio.
Kakashi sigue igual que siempre, intentado sacar adelante a la "familia". Una vez cada seis meses le mando una carta por medio de mi hermano para que vea que sigo vivo. Itachi va a entregársela personalmente. La última se la mandé hace dos meses. No sé si Naruto ha despertado, pero una cosa es segura: no pienso volver hasta que no cumpla mi misión.
Konohamaru estuvo a punto de morir en las carreras de motos. Dos años después de que Naruto entrara en coma comenzó a meterse en lo de las carreras ilegales. No se le da mal y gana un buen montón de pasta. Después del accidente estuvo otra vez al borde de la muerte, porque Moegi le dio tal paliza que guardó cama durante varios días. Ella es ahora una experta en King Boxing.
Shikamaru sigue siendo igual de "amigo" de Temari, la hermana de Gaara, y éste último tuvo no sé qué movida con la policía y le falta un mes y medio para salir de la trena. Él me solía mandar mensajes a través de mi hermano cuando iba. Una vez me dijo que debería haberle dicho a dónde me largaba. No, realmente no debería. Itachi y su colega, Deidara, son los únicos que lo saben. De momento me tengo que fiar de ellos.
En cuanto a los demás... supongo que siguen con lo de siempre. Realmente no me importa demasiado. Y en cuanto a mí... Pues he estado haciendo varias cosas. Lo primero es que he aprendido mucho de ordenadores. Deidara es un experto. Hemos entrado en las bases de datos de las policías de varios países y hemos jodido a varias mafias. Eso a mi no me beneficia para nada, pero tenía que ayudar a Itachi y los suyos si quería que ellos me ayudaran a mí. Después conocí a tres personas. Una chica y dos tíos. Uno es muy alto, y el otro le hace gracia a mi hermano. Son buena gente, dentro de lo que cabe, y me han ayudado mucho.
Itachi... Bueno, no me quiere decir nada, porque es demasiado orgulloso, y el hecho de que yo fuese mejor que él en algo le jodería demasiado, pero... Ha heredado la enfermedad del abuelo, y cada vez ve peor. Al paso que va, y con su cabezonería, necesitará que le operen de los ojos. Siempre solía decir que sus ojos eran sagrados, y tan importantes como un arma de destrucción masiva... Vamos, que se creía que por sus preciosos ojos -nótese la ironía- tenía a tantas tías a su disposición.
Y sobre lo que estoy haciendo ahora... Pues cabe la posibilidad de que muera dentro de 10 minutos. Quién sabe. Estoy en medio del desierto, armado hasta los dientes con mis nuevos tres "amigos", esperando al jefe de los terroristas que pusieron la bomba que ha dejado a Naruto como lo ha dejado. No me importa matar a cuantos haga falta con tal de que pague. A los que pusieron la bomba no los puedo matar ya. Eran suicidas y sólo cumplían órdenes de este idiota..."
–¡Oye! ¡Deja de beberte todo el agua, pedazo de inútil! –Una voz femenina y chillona interrumpió los pensamientos de Sasuke. Se volvió a tiempo para ver como Suigetsu esquivaba un golpe de Karin.
Suigetsu era un tipo raro. Tenía el pelo blanquecino, hasta los hombros, y unos dientes afilados que a primera vista impresionaban. Era una persona bastante alegre, lo cual no camuflaba muy bien su carácter malvado. Karin, por el contrario, era seria. Tenía el pelo de un rojo encendido y llevaba gafas de pasta negras. Solía insinuársele a Sasuke, por lo que se ganaba las burlas del peliblanco, y éste sus golpes. No se aguantaban el uno al otro, a pesar de que se conocían desde hacía años.
–No me da la gana –le contestó burlón.
–Callaos los dos –los interrumpió Sasuke con voz tétrica, y les echó una mirada fiera. Suigetsu solamente sonrió, pero Karin se quedó quieta, con cara de buena.
–Vamos, Sasuke, sabes que si no bebo agua me deshidrato –dijo Suigetsu.
–¿Te deshidrato yo a base de hostias? -preguntó Karin.
–He dicho que cerréis la boca.
–Sasuke –lo llamó alguien. El moreno se volvió hacia Juugo, quien miraba la pequeña pantallita de lo que parecía un GPS.
Juugo era muy alto. De pelo anaranjado y gesto sereno y maduro, era un chico bastante normal. A veces le daban ciertos ataques de rabia, pero por lo demás se podía considerar hasta bueno (si un mafioso puede ser bueno, claro está).
–Vosotros –les dijo el moreno a Suigestsu y Karin–, a vuestros puestos.
Obedecieron. Karin se puso de rodillas tras el montón de tierra y fijó su rifle de asalto. El peliblanco se colocó la bazooka al hombro y observó el terreno por la mirilla. Los terroristas ya se acercaban en coches militares y tan armados -o más- como ellos. Juugo se colocó tras su enorme ametralladora y Sasuke preparó las pistolas y las granadas. Estaba dispuesto a salir al campo de batalla y lo que hiciese falta, pero mataría a todo aquel que se interpusiese en su camino. Tenía una puntería inmejorable y muchos reflejos. No se dejaría matar tan fácilmente.
…
–Mmm... –Intentó hablar, pero no podía decir nada. Volvió a intentarlo, pero las palabras no salían de su boca, y su vista estaba borrosa. Tampoco podía mover las extremidades, lo cual lo estaba poniendo nervioso.
–¿Naruto? –oyó como alguien lo llamaba. Trató de decir algo, pero no pudo–. Tranquilízate. No te muevas, ¿vale?
Escuchó un ruido como de pasos y después silencio. Esa voz le resultaba conocida. Sí... era muy conocida. Cerró los ojos y trató de pensar. ¿De quién era aquella voz? Casi lo tenía, estaba a un paso de recordarlo... Gaara. Aquella voz pertenecía a Gaara. ¿A quién, si no? Volvió a abrir los ojos, pero seguía viendo borroso. Trató de moverse. Estaba tumbado en algún cómodo lugar. Intentó levantarse, pero...
–No te muevas –le dijo otra voz. Esta vez no la reconocía–. Uzumaki, soy tu médico, tranquilízate.
–Cu... Ga... a... –Las palabras no le salían. Quería llamar a Gaara y preguntarle dónde estaba, cómo y cuándo había llegado. ¿Y qué significaba que ahí había un médico?
–Tranquilo –volvió a decirle el hombre. Le levantó un párpado y le examinó el ojo–. Tranquilízate, pronto volverás a ver bien. ¿Recuerdas por qué estás aquí? –le preguntó.
–No... –dijo con esfuerzo.
–¿Recuerdas cuando subiste a un tren?
Iba a preguntar de qué tren hablaba, pero se limitó a volver a negar. Lo único que recordaba era a Gaara y a los suyos, las peleas con los anarquistas y al último hippie al que apalizó junto a su amigo. ¿Qué decía ahora aquel tipo de un tren?
Escuchó murmullos en la sala, pero no pudo distinguir lo que decían. Algunos pasos y alguien que se acercaba a él. La vista se le aclaraba. Pudo ver un pelo rojizo. Aquel debía ser Gaara. Volvió a tratar de hablar.
–¿Don... de estoy?
–En el hospital. Tranquilo, no corres peligro –le dijo su amigo.
Entrecerró los ojos. Le dolían por culpa de la luz. Sentía el cuerpo pesado, tal vez algo dormido. Le costaba moverse y hablar. Trató de volver a levantarse, pero no tenía fuerza.
–¿Que ha... ha pa... sado? –preguntó con dificultad.
–¿No recuerdas absolutamente nada? –El rubio negó.– Mierda... El médico dijo que posiblemente sufrirías una amnesia temporal. Ya te acordarás de todo... ¿Te acuerdas de los anarquistas, los de la okupa? –le preguntó de repente. Naruto se extrañó. ¿Qué okupa? ¿Amnesia?
–No... sé. Me... me acuerdo de... el hippie. Sí. El hippie... ese que pe... pegamos.
–¿Hippie? –Ahora fue Gaara el extrañado.
¿De qué hippie hablaba? Hacía mucho tiempo que no pegaban hippies juntos. Que él recordara, el último al que habían apalizado había sido unas dos semanas antes de que Naruto conociera a Sasuke. Si ese era su último recuerdo significaba que no recordaba ni al Uchiha ni a nadie que estuviese relacionado con él.
–¿De verdad no recuerdas a Uchiha?
–¿Quién? –preguntó Naruto desconcertado.
–Sasuke Uchiha. Ese anarquista con el que... –Calló.
El médico había dicho que era mejor esperar un tiempo para contarle lo que no recordara, o podría volverse loco. No podía decirle nada sobre Sasuke aún... Ni mucho menos que había dejado embarazada a una mujer y ella había abortado. Tampoco que ya no estaban metidos en esos rollos con los nazis. Naruto aún creía que era aquel chaval violento de hacía algo más de cinco años.
–¿Qué? –le preguntó el rubio, incitándole a que continuara.
–Nada, no importa. Nos peleamos una vez con él. Da igual –añadió–. Espera dos minutos, ¿quieres? Enseguida vuelvo.
El pelirrojo salió de la habitación sacándose el teléfono del bolsillo. Tenía que avisar a Kakashi y a todos los demás.
Naruto se quedó extrañado, pensado en lo raro que era aquello. Tenía amnesia. Y Gaara estaba raro. No le había podido ver bien la cara, pero le parecía algo cambiado. ¿Y él? ¿Por qué tenía amnesia? ¿Habría tenido algún accidente... de tren? ¿Y aquel Uchiha? ¿Quién demonios era y por qué Gaara le había hablado de él? Demasiadas preguntas surcaron su mente, y ya le empezaba a doler la cabeza.
Y la cabeza le empezó a doler más cuando vino todo aquel montón de gente a verlo. Estaban Temari y Kankuro. También había venido aquel tío tan raro. Ese Rock, y Tenten estaba con él. A ellos y a los Sabaku los recordaba, pero no tenía ni idea de quiénes eran los demás. Y sin contar eso, todo el mundo estaba muy cambiado. Parecían haber madurado físicamente. Era extraño que tantos fueran a verle y que de todos ellos sólo conociera a cinco. Pero más extraño que su amnesia era el hecho de que tanta gente se alegrara de verlo. ¿Qué diablos había pasado para que se alegraran tanto?
Fue cuando ya todos se habían ido cuando Gaara y un hombre que a Naruto le resultó muy familiar desde el principio se lo contaron. Aquel hombre era Kakashi. Ese anarquista que Naruto tantas ganas tenía de pegar, y lo que había pasado era que él había estado en coma. No quisieron decirle cuanto tiempo, pero Naruto se alteró. ¿Anarquistas y NS juntos? Aquello era una auténtica locura.
