Visitas

Una semana para convivir; una semana para recordar.

Desde luego, Naruto haría ahora el menor esfuerzo posible para recordar, y eso, tanto él como Sasuke, lo sabían. Sin embargo, el moreno no permitiría que lo echara de su vida de aquella manera. Si no era haciéndole recordar, sería comenzando de nuevo, pero de ninguna manera desaprovecharía la semana.

La mañana siguiente, Naruto despertó por los gritos que provenían de otro lugar de la casa. Se levantó con dificultad de la cama y buscó su bastón en la penumbra de la habitación. Cuando al fin dio con él, apoyado en la cama, se puso de pie y fue hacia la puerta.

–¡No me voy a de aquí! Aunque esté a nombre de ese mocoso, ésta sigue siendo mi casa –decía Itachi intentando no perder los nervios ante Sasuke.

–Pero aquí no te puedes quedar –repitió el menor.

–Di lo que te dé la gana, tú a mí no me mandas –le dijo con una mueca de desagrado en los labios al ver quien se asomaba por el pasillo, dando por terminada la discusión.

–Los vecinos aún te recuerdan –susurró Sasuke.

–La mitad de los vecinos o se han muerto o se han mudado, y la otra mitad son viejos enfermos que no salen de casa. Me voy a un bar. –Empujó a Sasuke y salió del salón para después salir del piso con un portazo, no sin antes mirar con cara de perro antipático a Naruto, quien no se enteraba de nada.

Sasuke bufó molesto y cogió un paquete de tabaco que había encima del mueble. Encendió un cigarro e iba a salir de la estancia cuando vio a Naruto parado detrás de la puerta.

–¿Qué haces ahí? ¿No quieres comer algo?

–No... Luego iré a algún sitio a comer –contestó con desconfianza.

–No te voy a envenenar, ¿sabes? –dijo Sasuke saliendo del salón para ir a la cocina.

–Es que no como comida de anarquistas –susurró el rubio con desprecio, empezando a seguirlo.

–Claro, como comemos mierda... –Calló al oír como llamaban a la puerta–. Asqueroso Itachi... –susurró entre dientes. Volvió a darse la vuelta y fue a abrir con el entrecejo fruncido.

–Hola.

Sasuke se quedó con la boca abierta al ver a la persona que se hallaba frente a él. Un pelo rosa desteñido, tirando a gris, unas ojeras demasiado profundas. Los ojos sin brillo que en otro tiempo habían sido vivaces y bonitos, ahora yacían hundidos y menudos. Los pómulos retraídos y la boca seca. De lo que Sakura había sido ahora sólo quedaba un espectro delgaducho y cansado. A pesar de todo sonreía, con aquella cara que ponen los enfermos cuando alguien les visita al hospital.

–¿Qué diablos haces tú aquí? –le preguntó el moreno.

–Quería... despedirme de vosotros. He oído que Naruto ha despertado y... me apetecía verlo. Y a ti –añadió levantando una mano huesuda y marchita para posarla en la mejilla de Sasuke. Pero la retiró enseguida.

–Pasa –musitó el chico apartándose de la puerta para dejarla entrar. Ella lo hizo.

Naruto seguía en el pasillo, observando con curiosidad a aquella mujer que entraba por la puerta. Ella sí que tenía un aspecto deplorable. Lo miró y sonrió con ternura y melancolía. El rubio sin embargo frunció el entrecejo sin comprender quién era esa extraña que lo miraba como si fuesen amigos de toda la vida.

Sasuke cerró la puerta y puso una mano en el hombro de la chica. Ella volvió un poco la cabeza para mirarlo.

–¿No quieres comer nada?

–No, gracias. Ya he comido –contestó.

–¿Tú le preguntas a todo el mundo si quiere comer? –intervino Naruto con voz burlona.

–Naruto, cierra la puta bocaza y ve a la cocina –le ordenó el moreno con seriedad.

–¿Porque tú lo digas? Venga, no me hagas reír. ¿Qué me harás si no lo hago? –preguntó cruzándose de brazos.

–Estamparte contra la pared. Sabes que puedo y aún no me recuerdas, pero si lo hicieras te darías cuenta de que soy muy capaz.

–Que te jodan –dijo el rubio elevando la voz. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la cocina.

–¿No se acuerda...? –preguntó Sakura. Pero Sasuke la interrumpió.

–Tiene amnesia temporal. O eso espero –musitó más que nada para sí mismo–. Vamos. –Empujó levemente a Sakura y ésta empezó a andar.

Al entrar a la cocina vieron como Naruto rebuscaba algo en un armario.

–¿No decías que no querías comida de anarquistas? –le preguntó Sasuke. Sakura se sentó.

–No busco comida, so subnormal –lo insultó Naruto.

–Otra cosa no vas a encontrar, cariño –gruñó poniendo especial énfasis en la última palabra.

–Como vuelvas a decir eso te parto la puta cara, maricón de mierda. –Naruto cerró el armario con furia y se volvió para mirarlo con odio.

–Tranquilizaos –intentó poner paz Sakura.

–Es verdad. Naruto, ésta es Sakura. ¿Te acuerdas? –preguntó con maldad.

El rubio la miró y abrió los ojos como platos. Pronto su cara se torció en una mueca contraída, como si le hubiesen dado una patada.

–¿Ella? –comentó señalándola.

–Yo –rió Sakura.

–Pero... Yo... ¿He estado contigo? –preguntó con algo de asco reflejado en la cara. Sasuke hizo ademán de levantarse, pero Sakura habló antes.

–No. Fue... un lío –susupiró. Después se dirigió a Sasuke.– ¿Le contaste que...?

–Íbamos a tener un hijo –la interrumpió el rubio. La mujer asintió con la cabeza gacha.– Él me lo dijo –prosiguió Naruto señalando a Sasuke–, y también que después de eso te volviste loca.

Sakura se tapó la boca con una mano para no empezar a reír, y miró a Sasuke, quien desvió la cara molesto.

–¿Loca? –preguntó–. Sí. Algo así. Me volví loca y cometí la mayor tontería de mi vida –sonrió con tristeza.

–¿Cuál? –preguntó Naruto con curiosidad y desprecio.

–La de dejaros.

Silencio. Nadie contestó a eso y Sakura siguió con la cabeza agachada. Hasta que no tardó en hacerse presente su llanto. Se llevó las manos a la cara y se tapó los ojos. Sasuke se levantó y la abrazó, y ella correspondió al abrazo.

Naruto salió de la cocina escuchando como la pelirrosa pedía disculpas una y otra vez. No quería oírla. Era un ser que sencillamente lo repugnaba. O tal vez era el hecho de no tener un pasado, como ella, como Sasuke. El pasado que todos trataban de recordarle pero que para él era nulo.

Se dirigió hacia su habitación y cerró de un portazo al entrar. Se tumbó en la cama. Varios minutos después no tardó en aparecer Sasuke. No había oído la puerta, por lo que Sakura debía seguir ahí.

–¿Vas a estar aquí todo el día?

–Eso no es problema tuyo. Lárgate y que ella también se largue. No quiero volver a verla –susurró con odio.

–Se está muriendo –contó Sasuke.

El rubio tragó saliva y se volvió con cara de susto, pero ésta enseguida cambió.

–No me importa. Ella... mató a mi hijo. Así que no me importa –susurró volviendo a darse la vuelta. Se abrazó a sus rodillas y se quedó mirando la pared, como si su blancura pudiese borrar de su mente todo lo que había pasado desde que había "conocido" a Sasuke, como si no fuese verdad el hecho de que hubiese tenido alguna vez un hijo; como si el mundo no existiera y él volviera a tener veinte años y un montón de recuerdos.

–Naruto...

Pero la voz femenina que provenía de la puerta lo sacó de su ensimismamiento. Se le humedecieron los ojos. Odiaba a Sakura. Y a Sasuke. Pero sobre todo se odiaba a sí mismo por no ser capaz de recordar nada.

–Lo siento mucho, pero... –susurró Sakura, con la voz quebrada–. Yo no quería hacerte sentir mal... Ni que me odiaras. Eso era lo último que quería... Pero estaba tan desesperada que no sabía qué hacer: si tener al niño o no. No sabíamos cuándo despertarías, o si lo harías alguna vez. –Su llanto hizo que no pudiera hablar más.

Volvió a formarse un incómodo silencio, aunque Naruto fingió no darle importancia y centró sus pensamientos en lo que Sasuke le había dicho un rato antes. Sakura se estaba muriendo. ¿Por qué? Debía tener alguna enfermedad, de ahí su aspecto. ¿Pero qué enfermedad?

–Tengo el SIDA, Naruto –susurró la mujer entre lágrimas. El rubio se volvió para verla.– Voy a dejar la medicación. Y por eso venía a despedirme.

–¿Que vas a hacer qué? –intervino Sasuke–. No. Ni hablar. No voy a dejar que te suicides.

–No es suicidio. Voy a dejar que la enfermedad consuma mi cuerpo. De hecho... Mírame, parezco un desperdicio –sonrió con amargura–. No quiero parecer una momia varios años más. Mejor que sean unas semanas...

–No. No puedes abandonar la vida así como así –negó el moreno.

–Ya lo he hecho, ¿no lo ves? Ya no podré estar con nadie, ni tener hijos, ni...

–¿Para qué quieres tener hijos? –preguntó de repente Naruto, sentándose en la cama–. ¿No mataste ya a uno? Al mío, por cierto –dijo con rabia–. ¿Quieres más?

–Naruto, cierra la boca –susurró Sasuke enfadado.

–No. Tengo razón. Ella mató a mi hijo. ¿Sabes que si lo hubieses tenido las cosas no habrían sido así? Ahora puede que los anarquistas ya no me parecieran tan escoria. Tú, tal vez, porque no me importa como te contagiaste, no te estarías muriendo y todos seríamos más felices, ¿no crees?

–Te estás pasando...

–Tiene razón –interrumpió Sakura–. Pero entonces, eso habría significado darlo todo por ese niño. Dejarlo todo. Ahora es diferente. ¿Crees que si pudiese volver atrás no lo haría? ¿Crees que volvería a matar a ese niño? –La voz le temblaba con cada palabra.

–Puede... ¿Quién sabe? –susurró Naruto. Estaba descargando toda su ira con Sakura, y el único que pareció darse cuenta fue Sasuke.

–Déjalo. Si estás cabreado págalo conmigo o date cabezazos contra la pared, pero deja de decir estas gilipolleces o te las vas a ver conmigo –lo amenazó.

–¿Y tú qué coño eres? ¿Su guardaespaldas? Esto no es asunto tuyo.

–Es asunto mío desde que te conocí. Me gustaría haberte visto en su lugar. ¿Qué habrías hecho tú?

–Desde luego tener al niño. Nunca lo mataría.

–Ya...

–Será mejor que me vaya –los interrumpió Sakura secándose las lágrimas– Espero que te acuerdes de todo, Naruto, y que vuelvas a estar bien con Sasuke... Por cierto, Sasuke. Quiero pedirte un favor –le dijo al moreno.

–Dime.

–Despídete de Ino y todos los de la okupa por mi, ¿quieres?

Sasuke puso cara de enfado pero asintió. Sakura era cabezota y nadie iba a hacerla cambiar de parecer. Estaba decidida a ponerle fin a sus días.

–Gracias. Y Naruto –añadió–, ¿me perdonarás algún día?

–... No lo sé –musitó éste con frialdad.

Sakura sonrió con cansancio y los miró por última vez antes de salir de la estancia. Los dos oyeron la puerta de entrada cerrarse, pero ninguno dijo nada. Sasuke tenía la mirada perdida sobre el suelo, y Naruto lo observaba a él como se observa una estatua.

Pasó el día en silencio, hasta que Itachi llegó y volvió a discutir con Sasuke. Dijo que se iría dos días después, que hasta entonces lo dejara tranquilo, y salió por la puerta tal y como había llegado.

Al día siguiente Naruto despertó con nauseas y dolor de cabeza. Sasuke y él volvieron a discutir porque el rubio se negaba a comer nada. A pesar de todo, Naruto salió de casa y no volvió hasta la noche.

–¿Dónde has estado? –le preguntó Sasuke al llegar.

–¿Te importa mucho? Creo que tengo la edad suficiente para irme a donde me salga de las pelotas –contestó el otro con arrogancia.

Sasuke apretó los puños con notable enfado. Le daba rabia que Naruto no pusiera nada de su parte, y la ira estaba empezando a guiar sus pensamientos y sus acciones, así que se puso frente a Naruto de una zancada y lo cogió por el cuello de la sudadera.

–¿Es que voy a tener que darte por culo para que te acuerdes de todo y dejes de hacer tonterías? –le preguntó con ojos de asesino.

–Me das asco –susurró Naruto negándose a mostrar el miedo que lo había invadido de repente. Su orgullo era demasiado grande.– Eres un gilipollas de mierda, y no voy a dejar que tus sucias manos me toquen nunca. ¿Me oyes? ¡NUNCA! –gritó de repente, olvidando el pavor para darle paso al enfado. Sasuke lo soltó y empujó, quedándose con la cabeza gacha.– El trato no era así –bajó de nuevo la voz Naruto–. Se supone que debía recordar las cosas por mí mismo. Entonces tú te largarías de una vez por todas...

–Vete –musitó Sasuke.

–¿Qué? ¿Me vas a echar? –cuestionó sin poder creérselo.

–Exacto. ¡Lárgate! –dijo elevando la voz y la cabeza a la vez, dejando ver una cara de loco–. Eres un mierdas. Ni siquiera te mereces que te quiera ni que nadie haga nada por ti, porque eres un puto egoísta...

Pero la puerta lo interrumpió. Le echó una última mirada de odio al rubio y susurró un "gilipollas" que Naruto sólo pudo entender por el movimiento de sus labios.

Fue a abrir la puerta, y de nuevo quien se hallaba detrás de ella le dejó boquiabierto. Tres personas de pelo llamativo. Dos peleando, y uno observando fijamente a Sasuke, sin decir palabra, hasta que los que estaba discutiendo advirtieron su presencia.

–¡Sasuke! –exclamó la única chica, de pelo rojo fuerte, colgándose de su brazo–. Hacía tiempo que no te veía... –susurró insinuándosele descaradamente.

–¿Qué coño hacéis vosotros aquí? –preguntó el moreno con frialdad empujando a la muchacha para despegarla de su cuerpo.

–¡Veníamos a verte, hombre! –exclamó el más bajo de los chicos.

–La verdadera razón –pidió el moreno perdiendo la paciencia.

Suigetsu miró al más alto con preocupación mal disimulada, y éste le devolvió la mirada antes de decir:

–Nos manda tu hermano.

–¿Qué? –preguntó sin poder creérselo Sasuke.

–Quiere que vuelvas a Los Ángeles –añadió Karin poniendo los brazos en jarras y cerrando los ojos–, y tiene razón. Ese es tu lugar.

–Zorra –susurró Suigetsu con voz despectiva antes de cambiarla a una alegre y despreocupada y decir–: ¡Vamos a entrar! –Empujó un poco a Sasuke y entró dentro del piso. Deambuló unos instantes hasta encontrar el salón y a la única persona que yacía de pie sobre el suelo, con la mirada perdida.– ¿Tú eres Naruto? –le preguntó.

El rubio se volvió con cara de psicópata y se quedó mirándolo fijamente hasta que los demás llegaron al salón.

–Parece que sí –dijo el peliblanco.

–No volveré a Los Ángeles –anunció Sasuke.

–¿Cómo que no? –exclamó Karin con enfado–. ¡Ese es tu lugar!

–Mi lugar no es asunto tuyo.

–¡Jo, tío, qué ojeras! –dijo de repente Suigetsu–. Parece mentira que hayas estado durmiendo cinco años.

Naruto sonrió con cinismo. En realidad se moría de ganas de partirles la cara a todos. Lo que Sasuke le había dicho lo había afectado. No merecía que lo quisieran...

–¿Y nos vas a dejar por este... adefesio? –preguntó la chica colocándose bien sus gafas y observando a Naruto a través de sus cristales como si estuviese observando un cadáver en estado de putrefacción.

–¿Y a ti qué coño te importa? –le preguntó Naruto furioso–. Si está conmigo será por algo...

Sasuke lo miró sorprendido, con una ceja alzada. ¿Eran celos lo que acababa de demostrar Naruto o simplemente egoísmo?

–Ah, no le hagas caso –susurró Suigetsu acercándose a él. Le puso una mano en el hombro y dijo–: Es que es rusa, y por eso odia a los nazis –sonrió.

–Pero Rusia invadió Alemania –dijo Karin sintiéndose insultada.

–Sí, pero Alemania se ha recuperado y ahora es uno de los países europeos más fuertes. ¿Y Rusia? ¿Sabes? –se dirigió ahora a Naruto–. Mi abuelo era alemán. Luchó por el Führer(1) y fue compañero de colegio de Bormann(2). Te sonará.

–Claro –contestó Naruto con desconfianza. ¿Por quién lo tomaba?

–Y mi abuela fue japonesa, de ahí mi nombre, Suigetsu. Por cierto, encantado –volvió a mostrar una amplia sonrisa–. Sus hermanos lucharon bajo el imperio de Hirohito(3). ¿Sabes quién es? –Naruto volvió a asentir.

–Sólo te falta Italia para completa el trío(4)... ¿Y tú crees que le importa tu vida? –preguntó Karin irónica.

–Tú cierra la boca y déjame en paz –le contestó el chico volviendo una cara molesta hacia ella–. ¿Y tú de dónde eres? –le preguntó a Naruto mirándolo de nuevo–. Eres ario, así que debes de tener antepasados germanos, ¿no?

–Es huérfano –contestó Sasuke por él.

–Ya no –le recordó Naruto.

–Te has criado sin padres. Eso es ser huérfano. Y ahora tampoco tienes padres. Están muertos –le recordó Sasuke por su parte, al rubio, con la maldad reflejada en la voz y las palabras.

El de ojos celestes esbozó una sonrisa falsa y dijo:

–Muérete.

–Bien, no voy a volver a Los Ángeles... –dijo Sasuke ignorando al chico.

–Hasta dentro de una semana –lo interrumpió Naruto

–Así que podéis iros y decirle a Itachi que se vaya a la mierda, también –comentó sin hacer caso de las palabras de Naruto, pensado en la bronca que volvería a tener aquella noche con su hermano mayor.

–Está bien. Nos quedaremos en la ciudad hasta que acabe la semana. Si cambias de parecer díselo a tu hermano –habló por primera vez Juugo. Sasuke asintió.

–Ya nos veremos –se despidió Suigetsu de Naruto antes de seguir a Juugo, quien ya se dirigía a la puerta.

Karin se acercó a Sasuke, lo sujetó levemente por los hombros y se puso de puntillas para susurrarle al oído con voz provocativa:

–Espero que cambies de parecer...

Después se separó de él, con un leve sonrojo en las mejillas y le sonrió. Siguió a sus compañeros y Sasuke y Naruto escucharon la puerta cerrarse.

–Qué zorra –dijo Naruto frunciendo el entrecejo.

–¿Celoso? –preguntó Sasuke con burla, olvidando su enfado.

–¿Por qué? No tengo por qué estar celoso.

El rubio se dispuso a salir de la estancia para dirigirse a su dormitorio. Ya era de noche y quería descansar. Había estado todo el día tirando piedras al río con Gaara, hablando de cosas sin importancia. Pero al final se había enfadado cuando su pelirrojo amigo sacó a la luz el nombre de Sasuke.

Sin embargo, el moreno no iba a dejarlo salir de ahí tan fácilmente. Cuando llegó a su altura se abalanzó sobre él y lo abrazó por la espada, agarrándole las manos en el proceso para inmovilizarlo.

–¿Qué coño crees que estás haciendo? –se alteró el rubio.

–¿Karin es una zorra? –preguntó Sasuke divertido, olisqueándole el cuello.

–Sí. ¡Y quítate, joder! –chilló retorciéndose entre los brazos de Sasuke, tratando de soltarse. Al moreno comenzaron a darle pinchazos de dolor en su brazo malo, pero no lo soltó, sino que apretó más el agarre.

–¿Y por qué es una zorra? –Ahora había comenzando a rozar sus labios con el cuello de Naruto.

–¡No hagas eso y suéltame! ¡Maldito capullo! ¡Maricón, subnomal! –le insultaba una y otra vez.

–No hasta que me digas por qué Karin es una zorra –rió Sasuke con maldad.

–Porque lo digo yo.

En ese momento, el moreno comenzó a besuquearle el cuello, logrando causar escalofríos y espasmos en el pálido y delgaducho cuerpo de Naruto. Hacía tanto tiempo que no besaba aquella piel que no creía poder parar ahora que había empezado.

–¡Suéltame! ¡Y no me beses! –se quejaba Naruto. Entonces, un fuerte y agudo dolor sacudió su cabeza, y el corazón le dio un vuelco.– ¡AH! –gritó.

1.Führer: Hitler.

2.Martin Bormann: Fue general de las SS y jefe de Estado Mayor. Cuando Hess abandonó Alemania para ir a Londres, Bormann ocupó su puesto como jefe de Cancillería, y se convirtió en uno de los hombres de mayor confianza de Hitler.

3.Hirohito: Emperador japonés que gobernó antes, mientras y después de la Segunda Guerra Mundial.

4.Japón, Alemania e Italia tuvieron una alianza en la Segunda Guerra Mundial, formando así el llamado "Pacto Tripartito".